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Nuestras vidas cambian con una velocidad de vértigo de la que no somos conscientes porque los movimientos que agitan nuestras conciencias son imperceptibles.
Unos editores jóvenes me mandaron el armado provisorio de un libro mío que saldrá el año entrante. Le´i algunas líneas que escribí el año pasado sobre inteligencias artificiales y encuentro que han quedado completamente desactualizadas. Primero, por la multiplicación de opciones y, segundo, por la modificación de las interacciones gracias a la "humanización" ilusoria de los robots.
Cuando yo escribí las IA no nos adulaban tanto como ahora: todo lo que les preguntamos les parece interesantísimo y nos consideran geniales. A los riesgos iniciales debemos ahora sumar el conformismo al que nos incitan.
Esta mañana, antes de sentarme a escribir estas notas, le pedí a Claude que evaluara un capítulo nuevo de una tesis de maestría que estoy dirigiendo, para ver si podía sumar algo a mis propias observaciones. Vio las mismas fortalezas y debilidades que yo ya había notado, pero sin el conocimiento que yo tengo de la tesista, lo que en algún sentido me tranquilizó porque contrabalanceaba mis propios prejuicios, mis humores, mis debilidades de juicio.
Cada vez que aparecía mi nombre en esa tesis, la IA consideraba que esos párrafos no me hacían justicia. Por supuesto, consideré esas chupadas de media indirectas completamente improcedentes.
Como, de todos modos, me gustó el trabajo de precisión que había hecho, le pasé el libro antes mencionado para que me hiciera una evaluación. Consideró (como yo) que la edición era deficiente, que no se entendían los criterios de selección ni los vínculos entre una y otra columna. Yo había pensado lo mismo. Deploró "decisiones que, bien tomadas, transformarían este libro en algo más cercano a lo que la voz de Link merece". Por supuesto, impugno por completo esta última presunción: yo no merezco nada que no tenga, nada que yo no pueda alcanzar por mi mismo.
Pienso todas estas cosas porque es evidente que Claude, o Gemini, o Perchance van a modificar nuestra relación pedagógica con la literatura y tenemos que encontrar el punto de equilibrio para que una herramienta no se transforme en un reemplazo.
En mis conversaciones, Claude me ha preguntado: "¿esto es tuyo, o está en conversación con alguien? ¿Con Deleuze, con Rancière, con Esposito, con Krauss? La falta de genealogía teórica hace que el aparato conceptual parezca flotante" o "¿Lo estás tomando de algún lugar (Derrida, la teoría poscolonial, el arte comunitario)? ¿O es una categoría que construís vos?"
Es exactamente lo mismo que les decimos siempre a las alumnas cuando corregimos sus parciales. De modo que tienen que saber (es decir, haber leído previamente y con atención) qué marco teórico de lectura están utilizando. Por eso, la lectura de primera mano no es obviable, porque ni siquiera un buen resumen puede darnos la cualidad de un texto (que no es sólo lo que comunica sino lo que significa con sus ritmos, sus elecciones léxicas, sus tensiones). Por eso Claude puede señalarme: "La dupla territorialización / desterritorialización del Anti-Edipo y Mil Mesetas es quizás el anclaje más directo para «ambiente estilístico». El estilo como territorio que se habita, se abandona y se recorre sin pertenecer a nadie es exactamente el movimiento deleuziano". Me encanta que Claude, que seguramente ha leído íntegramente mi Drive y todo mi sistema de archivos, sepa cuáles son mis debilidades teóricas y me gusta todavía más que, como un buen alumno (muy joven) escriba "del Anti-Edipo" y no "de El Anti-Edipo", como correspondería, asunto sobre el que yo me detengo en los márgenes de cualquier parcial, monografía o tesis porque nombrar y ser nombrado son asuntos delicados.
¿Cómo enseñar estas delicadeces? Porque yo sé exactamente qué quiere decir tomar partido por Deleuze o por Foucault y no por Derrida. ¿Pero alguien más puede tenerlo claro sin haberles leído con atención y con el amor que merecen?
Nuestras alumnas serán entrenadas en la lectura lenta que sostuvo siempre la disciplina filológica. Después, que le pregunten a Claude si han leído bien. O sea: que sometan sus fichas a un análisis exterior.
Estamos armando una carrera de Letras en un momento en el que, como durante el Renacimiento, las curriculas clásicas para la formación humanística (el Trivium y el Cuadrivium) se desmoronan para dar paso a una nueva pedagogía.
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