Tu madre, la oca, cuentos del ahora,

con acompañamientos de Ravel

«Ahórase una vez» una palingenesia de tres pares de cojones como un trombón atronando en la mitad de la noche, cuyas notas resonaban a través de la arboleda que crece alrededor de la anciana mansión silenciosa. Es como una gran fiesta de pijamas en su última fase, donde ya todos duermen, menos los padres, que escuchando el bolero de Ravel, se preparan para una fiesta privada, con la luz baja y la televisión alta, para engañar a su hija o sus amigos los criados y que sigan durmiendo profundamente. Lo harán, si, no despertarán en cien años. Cayeron bajo el embrujo de la fiesta de pijamas. Bajo los efectos de los potentes polvos suministrados por las hadas.

Este párrafo se podría titular:

Pitufos y blancanieves. Podreduras de manzanas fuji. Pancartas y protestas. Posible caso de familias separadas por el sopor.

«Léase el cuento la bella durmiente del bosque, de Charles Perrault.» Esa nota pertenece a la cortesía de la miga de pan, manos a la masa.

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Si estuviéramos hechos solo de palabras. Si fuésemos verbo. No buscar, como la alquimia, sino ser la palabra que haga renacer al mundo.

Tu madre la oca -Raúl Campos

Quiero comenzar diciendo que esto es una reseña de algunas de las caras este Hectoedro que es Tu madre la oca, no la abordo en general sino en específico en los tropos, juegos y formas que me han llamado más la atención (entre otros que dejo que los descubráis sin ninguna pista). Después de esta pequeña explicación, continuemos:

Tu madre la oca es un novela exigente con el lector, pues la literatura, como leviatán cultural que es, debe contener laberintos, puzzles, juegos, monstruos. Cuando leemos despertamos zonas del cerebro que permanecían nubladas hasta ese momento y entonces nuestras cabezas se convierten en una suerte de París en sus mejores tiempos. Más o menos.

El caso es que pocas veces he detenido la lectura de un libro para leer otros libros con el objetivo de comprender mejor el que estoy dejando pausado. Eso me ocurrió con Tu madre, la oca. Me sentí perdido sin ser conocedor de los cuentos de Charles Perrault. Ahora, después de terminar de leer ambos libros, me doy cuenta que también me habría venido fenomenal leer los cuentos de hadas de Madame D’ Aulnoy.
¿Conocéis a Charles Perrault? ¿Y a Madame D’aulnoy? A la segunda no he tenido el gusto, pero ya tengo anotado Los cuentos de hadas y viaje a España para continuar este viaje por el inicio de la fábula escrita.
Lo que sí hice bien es escuchar la música del compositor Maurice Ravel, principal creador de la banda sonora incorporada en esta novela. Enserio, poned sus canciones, si lo conocéis seguro que hasta podréis afinar cual canción va para mayor goce de la lectura en los respectivos capítulos. Que por cierto son cien. Cien capítulos. Un hectoedro. Una figura geométrica basta y brutal capaz de expresar la creatividad humana con buenos resultados. Como lo hace Tu madre, la oca.


Alguien sabe por qué elaborada perversidad el hada buena no sedó también a la reina y al rey, lo mismo que al resto, por cien años? Ya son ganas de dejar los cadáveres por ahí.

Tu madre la oca – Raúl Campos

Mi madre la oca es el título original para la recopilación de cuentos de Perrault, se puede apreciar fácilmente el juego de palabras que realiza Campos con su título respondiendo a a Charles. Quiero comentar también, que la oca es un símbolo muy usado por el cristianismo. Se usa su pata donde la pierna se divide en tres dedos para expresar la trinidad de Dios, cosa que usa Perrault para reafirmar su posición de buen cristiano y Raúl Campos mete debidamente un chascarrillo para que todos podamos disfrutar de romper con lo políticamente correcto. Viva la literatura valiente.

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Quiero disculparme por la dispersión, sin embargo necesito redactar este análisis así, con un seguido de párrafos que describen varias caras de el Hectoedro que es Tu madre la oca. Os recomiendo leer la reseña en el Yunque de Hefesto para leer un texto más clarificante.

Quiero comentar al menos un cuento de los que Campos se sirve para su novela: Barba azul, el personaje más nombrado en Tu madre la oca, creo. Y no es para menos, se trata de un noble francés bien educado, rico, riquísimo, asquerosamente rico y con la particularidad de lucir una espesa barba azul. El azul, en la barba, al igual que las rosas, denota algo grotesco, extravagante, artificial y misterioso. Tan es así que el señor, a pesar de su riqueza y buenos modales le costaba encontrar esposa. No ayudaba tampoco que varias ex esposas desapareciesen sin dejar rastro alguno. Y ahí nos acercamos a la clave del cuento, pues toda la fábula se sujeta bajo la idea del peligro de la curiosidad. Una larga barba azul invita a preguntarse qué esconderá. Y luego el grotesco barbudo inicia un viaje y deja todas las llaves a su actual esposa. Tan solo le impone una condición… NO ENTRAR EN EL SÓTANO que se abre con la llave, azul, por qué no, allí no hay nada que ver. Imaginaros que puede hacer un aristócrata francés en un sótano al que no deja entrar ni a su esposa. Pues bien, ahora imaginad a un poeta contemporáneo leyendo este cuento. Notando como la bilis se le retuerce en el estómago de pensar en lo absurdo del final que le da Perrault y cómo no tiene sentido alguno leerle esto a un hijo ni a una hija. Qué menos que dedicarle una novela entre una venganza y una reivindicación, entre un ejercicio criptográfico y un poema… Eso es Tu madre la oca.

A Papá Perrault no le gustan las manzanas. Esas que saben a arena son asquerosas. Y las ácidas, granny smith le dan dolor de muelas. Pero las que más odia, las que no puede soportar ni aún muerto de hambre, son las manzanas japonesas.

Tu madre la oca – Raúl Campos

Perrault tiene la actitud de un diplomático. No sin motivo formaba parte de la corte del rey Sol, Luis XVI, quizá uno de los reyes más famosos de la France y probablemente el más poderoso que ha gobernado el reino del champagne, el queso y los perfumes. ¿A qué me refiero con diplomático? Pues que tiene un objetivo político en sus cuentos cuyo valor supera el literario con creces, a mi humilde entender. Ofrece una moraleja después de los cuentos, una moraleja integrada en el cuento y cuya importancia es mayor que la propia historia sin duda alguna. Se podría decir que hay un ejercicio de adoctrinamiento social incluso, y un blanqueamiento de las figuras que representan los personajes en otras.
De regreso a Tu madre la oca, Barba azul es novio de la condesa Bathory, esta vez un personaje real de la historia y no de un cuento. Una pareja ideal sin duda alguna si creemos a pies puntillas lo que quedó escrito sobre ella. Y dicha pareja de enamorados, amantes de la sangre, el poder y la riqueza, deciden caminar juntos por la narrativa de Tu madre. Es fascinante como Raúl Campos va construyendo capítulo a capítulo un mundo enorme, plurirealista, liminal, donde se encuentran decenas de personajes históricos y de cuento y todos ellos hablan, opinan y a su vez son juzgados por el autor, que se pasó una afeitadora por la lengua para asegurarse que no tenía ni un pelo que le obstruyese sus vocablos como cuchillos precisos a quien haga falta. Y eso hace, todo el rato, a ritmo milímetrado y preciso de una composición raveliana. Por otro lado, este viaje incluye una cantidad de juegos que habrían divertido a Perec y fascinado a Cortázar, sin duda. Yo he encontrado algunos ¿Cuántos descubrirás tú?

Procrastinar es deporte nacional. Como lo de los huesos de aceitunas, pasar farlopa o leer a Pérez-Reverte.

Tu madre la oca – Raúl Campos

Es un reto concluir esta reseña, Tu madre la oca es un libro que incluye muchos libros, hasta hay loros, que como todo el mundo sabe son los verdaderos autores de todas las obras decentes escritas y por escribir. Imagino que somos como un soporte físico para esas criaturas majestuosas, tan bien recompensadas por la naturaleza con el don literario y el tiempo… el tiempo. El tiempo que se distorsiona como en un agujero de gusano en el interior de esta novelette. Un juego de la oca hiperlinqueada. Una rayuela descarada y honesta.

Después de esta confusa parrafada diréis: ¿Pero de qué coño va esto?

Amigos, tenéis ante vosotros una obra que os quiere y os respeta y por ello os propone un laberinto, un juego, una aventura. Hay un hilo al que agarrarse pero dependerá de vosotros disfrutar de cada paso. Animaros a ello, en un mundo hiperconectado y saturadísimo de información Tu madre la oca es un oasis para tu cerebro, una bocanada de viento primaveral, una selva repleta de vida por explorar.

Podréis haceros con ella aquí:

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Tu madre, la oca, cuentos del ahora,

Últimos atardeceres en la tierra

Otro bello relato mexicano de Roberto Bolaño. Sin duda, México es la tierra literaria que más disfruto de todos los territorios que creó mi autor favorito.

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En estos últimos atardeceres en la tierra, B y su padre viajan desde Ciudad de México a Acapulco para disfrutar de unas vacaciones. Algo que por supuesto no será tan sencillo como descansar en la piscina de un hotel, comer tacos en restaurantes caseros, observar atentamente a mujeres hermosas o leer poemas surrealistas en la cama.
Comparando este relato con el anterior, me doy cuenta de que comparten parentesco. En ambos hay un juego de rotura de la realidad tal y como era y aceptación de una nueva. Un cambio de paradigma provoca en el protagonista una visión renovada de lo que es la vida. En el caso de Gómez Palacio vemos cómo alguien que se percibe a sí mismo como una persona muy desgraciada conoce a otra persona que también convive con ese mismo sentimiento personal con la valiosísima diferencia que ésta ve la poesía en la mediocridad cotidiana. Con ese descubrimiento, el protagonista logra aplicar ese prisma en sus ojos y un brillo especial le acompaña a partir de ese momento. Ahora, en Acapulco, seguimos a un joven B (Bolaño), menor de edad, transitando su ritual de hombría junto a su padre. Él es un chico erudito que vive de leer desmesuradamente y ser un joven sosegado, amarrado a la literatura. Su padre es su antítesis. Un hombre de acción, fuerte, simple, decidido. Le muestra cómo beben los hombres. Mezcal. Cómo comen los machos. Comida picante. Cómo se enfrentan al mundo, tan salvaje. Más adelante, en el hotel donde se hospedan, le comentan al padre acerca de un local donde además de comida picante y mezcal hay otros servicios, como jugar a cartas y hablar con mujeres. En esencia, un prostíbulo con sala de apuestas. Allí se dirigen. El padre quiere hacer de su hijo un hombre, cosa que jamás dice con esas palabras pero sí en cada acto.

En el tenderete ofrecen iguanas. ¿Las probamos?, dice el padre de B. Las iguanas están vivas y apenas se mueven cuando el padre de B se acerca a mirarlas.
BOLAÑO -Últimos atardeceres en la tierra

He de decir que la trama es muy interesante aunque como siempre sucede en la literatura de Bolaño lo valioso se encuentra en la forma. Es en unas aguas melancólicas como Bolaño relata una experiencia sucia, vívida, emocionante. Repleta de personajes extraños, con vidas cinematográficas, cargadas de dramas y violencia.
Me da entre rabia y gusto cada vez que leo un texto de Roberto, donde la acción ocurre en México, e imagino toda la escena bañada en esa luz dorada que nos han vendido los gringos. Cada vez que representan al país en una película yankee, usan ese filtro de color. Es cálido como el desierto, parece que tenga que hacer calor a todas horas y en todas partes. Toda la comida debe de ser picante y arenosa. Se diría que no se puede beber nada sin alcohol y que las mujeres o son esposas obedientes o prostitutas salvajes. Me da rabia por esa reducción de imaginario. Y me da gusto por la belleza que desprende un escenario de esas características. En este cuento, se podría decir que se hace una imaginaria cercana a esa, pero desde la visión de dos chilenos exiliados, creando una separación muy interesante. Consiste en un punto de vista extranjero pero latinoamericano, lejos, muy lejos de los caprichos turísticos de un devorahamburguesas. Padre e hijo viajan en su auto viejo, con poco dinero pero con las ganas de gastarlo despreocupadamente en placeres mundanos.
El narrador es omnisciente aunque sigue a B, el hijo, y no parece que disfrute las vacaciones que están dirigidas por los gustos y necesidades de su padre en todo momento. B funciona más bien como copiloto, como un lector para el autor. ¿Tiene sentido eso para ti?

Cuando vuelve a ponerse las gafas, B observa a su padre que lo está mirando desde la cocina. En realidad, solo ve la cara de su padre y parte de su hombro, el resto queda oculto por una cortina roja con lunares negros, una cortina que a B, le parece que no sólo separa la cocina del comedor sino un tiempo de otro tiempo.
BOLAÑO -Últimos atardeceres en la tierra

Los últimos amaneceres en la tierra apesta a final con cadáveres y moscas casi desde el principio. No voy a desvelar sus últimas líneas, pero sí diré que la belleza de un atardecer que ya termina es un buen modo de despertar del sueño de los infantes. El mundo es hostil, repleto de horror, y que tu padre te acompañe a mostrártelo puede ser visto como algo cruel o amable. En mi opinión, es un acto de amabilidad, respeto y cariño, pues tarde o temprano todos vivimos el despertar y somos golpeados una y otra vez. Poder pasar por una fase de aguas tibias me parece idóneo.

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Una vez más, Bolaño nos muestra un relato poético, bello y violento, al estilo de los detectives salvajes, donde se lucha por sobrevivir mientras se contempla la gran belleza de la vida. Es posible que éste sea uno de los relatos de más fácil inmersión de su obra. Es sencillísimo subirse al Mustang de la década de los 70 del padre de B y seguirles en su viaje allá donde vayan. Cosa que os animo a hacer, claro.

En la próxima reseña trataremos el relato: Días de 1978. En la anterior reseña hablamos de Gómez Palacio.

Últimos atardeceres en la tierra

La sencillez como motor poético: Gómez Palacio

Ha pasado un largo tiempo desde mi última reseña de un cuento de Bolaño. Toca remediarlo.

Hoy presento Gómez Palacio. Este relato tiene la particularidad de haberme hecho reflexionar sobre por qué amo tanto la obra de Bolaño. Una visión camusiana de ser feliz en el absurdo, de encontrarle el valor a la vida incluso cuando dedicas tanto tiempo del día a hacer cosas que no tienen ni valor ni sentido para uno mismo.

Gómez Palacio es una historia sencilla, en la que no ocurre nada extraordinario. Es más, cuando parece que vaya a suceder algo especial, no ocurre, y los personajes se dan cuenta del chiste que supone eso y se ríen. Lo que ocurre es la vida, la mediocridad de la vida cotidiana y la actitud de las personas en ella. En este caso, la actitud de los poetas. Poetas jóvenes con entusiasmo y pobreza, poetas maduros, con poco entusiasmo y diferente pobreza y aún así continúan el camino, riendo y contemplando la belleza en el mundo.

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Una tarde, en el taller de literatura de Gómez Palacio, un muchacho me preguntó que desde cuándo escribía poesía y hasta cuándo lo pensaba hacer. Por azar, le respondí. Opté por la respuesta más sencilla: no lo sé ¿y tú? Yo empecé a escribir porque la poesía me hace más libre, maestro, y nunca lo voy a dejar, dijo con una sonrisa que apenas ocultaba su orgullo. La respuesta estaba viciada por la vaguedad, por un afán declamatorio. Detrás de esa respuesta, vi al obrero del jabón, no como era ahora sino como había sido cuando tenía quince años o tal vez doce, lo vi corriendo o caminando por calles suburbiales de Gómez Palacio bajo un cielo que se asemejaba a un alud de piedras.
Fragmento de Gómez Palacio

Hoy, mientras escribo esto, recuerdo haber visto un vídeo sobre una película japonesa con el siguiente argumento:

Un hombre trabaja de limpiador de lavabos públicos en la ciudad de Tokio. El hombre es feliz. Realmente feliz. Valora cada minuto de su vida gracias al uso de una mirada que en Japón le pusieron un nombre y todo de la importancia que tiene para ellos. Lo llaman komorebi. Consiste en observar la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles. Ese ejercicio es pura meditación. Algo muy parecido ocurre en un fragmento de la película Cashback, que reseñé aquí, y también lo podemos observar en el color del desierto cuando es de noche.

¿De qué color es el desierto de noche? Era una pregunta retórica y estúpida en la que cifraba mi futuro, o tal vez no mi futuro sino mi capacidad para aguantar el dolor que sentía.
Fragmento de Gómez Palacio


Regresemos a Gómez Palacio. El protagonista viaja de la ajetreada ciudad de México, antes llamada DF, a Gómez Palacio, una ciudad en el estado de Durango, México. Localizada en el Bolsón de Mapimí, una zona desértica, esta ciudad tiene un clima seco y caluroso. Viaja allí para conocer a la directora de una universidad que le ofrece un trabajo como profesor en un taller de poesía. La labor no le entusiasma ni lo más mínimo, ni el lugar, es más, el protagonista no deja de sentirse angustiado por el rumbo que coge su vida, por todo lo que le rodea incluso. Siente un miedo irracional que lo lleva a cerrar la puerta de su motel con llave y a media noche se levanta para beber agua y comprueba de nuevo que esté bien cerrada la entrada. Es un acto que realiza sin ningún tipo de advertencia de peligro real, nadie lo amenaza, el ambiente no es hostil, todo es anodino, como beber un vaso de agua y luego ir a orinar. Sin embargo, como siempre ocurre en la obra de Roberto, se mantiene una sensación especial en el ambiente, ese efecto poético. El protagonista sin nombre, lo podríamos llamar, un mexicano perdido en México, viaja junto a la directora de la universidad en su carro. Ella le muestra la universidad, a los alumnos, que todos son jóvenes con ilusión y sin oportunidades, poco talento, o eso le parece, pero poseen una actitud positiva. Un hecho que Bolaño admira desde la nostalgia de los perros románticos, desde la valiosa e insensata actitud exploradora y valerosa de la juventud. A su vez, se desilusiona de saber que lo más probable es que ningún joven llegue a nada ni reciba reconocimientos, ni dinero, ni fama, ni lectores. Algunos morirán por accidentes, enfermedades, suicidio… y otros muchos malvivirán sin lograr cumplir sus sueños, o incluso dejarán de soñar, vencidos por una realidad pesada e impuesta. Pero luego, después de todo ese baño de negatividad y pesimismo, hay unas luces. Unas luces que la directora, igual que el protagonista, e igual que Bolaño e incluso del mismo modo que yo, podemos ver, admirar y disfrutar. Unas luces de unos autos que circulan en la lejanía, en plena puesta de sol, en mitad del desierto. Nada especial, un hecho anodino, como la luz que atraviesa las hojas de los árboles y con todo, nos da esa chispa de alegría, de felicidad o algo parecido a ello, una contradictoria sensación de esperanza.

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Eso es Gómez Palacio. Es observar cómo cae la gigantesca piedra que habéis arrastrado hasta la cima del monte. Verla rodar hacia abajo, impregnada de vuestro sudor y lágrimas. Y sonreír. Y seguir leyendo, escribiendo y apreciando la obra de Bolaño.

En la siguiente reseña hablaré del relato: Últimos atardeceres en la tierra. En la reseña anterior os hablé de El ojo Silva, que podéis leer aquí.

La sencillez como motor poético: Gómez Palacio

Primera presentación de Un Universo Compartiéndose

El día 22 de febrero de 2026 hice la primera presentación de la novela Un Universo Compartiéndose junto a mis queridos compañeros del podcast La mierda postmoderna.

Raúl Campos y Daniel Turambar han estado conmigo de charleta haciendo un ejercicio de disección literaria. Pues el tapiz que es Un universo compartiéndose requiere enfocar con una linterna detectivesca y revisar cuidadosamente cada zona. Quiero agradecerles de todo corazón su apoyo y también a Darío Méndez por su enorme trabajo y confianza.

Ha sido una maravilla lograr acercarse más y mejor a lo que trata un libro como este, sin una trama como tal, con una ambición de medidas universales.

Un universo compartiéndose es un libro gollum, lo amas y lo odias tanto como te amas y odias a ti mismo.

Aureliano Rocamora

Durante el trascurso de la presentación logramos que Lorena Escobar, brillante poeta, se sumergiera con nosotros en este universo de libros y se animara a comprarlo. Y no solo eso, también invitó al equipo a vivir la hermosa experiencia de un finde murciano y hacer una presentación en vivo allí!

No te preocupes por lo incomprensible, alguien dijo alguna vez que lo mejor es escribir como si no acabáramos de entender lo que estamos escribiendo. Dime, ¿Actualmente vives como si no acabaras de comprender lo que estás viviendo? Mi ficción no es distinta a tu vida.

Un universo compartiéndose – Eduard Balcells Cardó

Se habló de los procesos de corrección y se generaron expectativas por lo que no fue: los capítulos eliminados de la novela. Se espera un Director cut. No lo habrá. Pero sí habrá una novela acerca de la comedia con los fragmentos eliminados reescritos.

Se habló de la promoción

Para la novela se han realizado varios vídeos con la ayuda de muchas personas que aman el universo.

Se han hecho pegatinas que inducen a las personas curiosas a iniciar una investigación para cambiar la narrativa de su vida.

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Se ha preparado una performance para cuando se hagan presentaciones presenciales. Murcia nos espera.

Ved la presentación completa aquí, os aseguro que os incentivará a tener curiosidad por la novela:

Primera presentación de Un Universo Compartiéndose

Micro estudio del gran infierno

La teoría del gran infierno, hechizada por Iván Humanes, invocada por la editorial Pez de plata.

Una novela río en forma de micro-relatos escrita con la delicadeza de un meticuloso asesino en serie fan de la música clásica, el canibalismo y el esoterismo. Eso sería, sí.

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Los faros, además de ofrecer un punto de referencia en la tierra, de ser como un ancla de cordura, también dan luz, lucidez, lucifer. A veces hasta pueden servir de sanatorios mentales y de lugares para aquelarres. Son versátiles, como una pierna ortopédica que como todo el mundo sabe, son recipientes para guardar lo que más aprecias: Alcohol de contrabando, tabaco de contrabando, drogas de contrabando, literatura, que como todos sabemos siempre es de contrabando, al menos la buena. Iván Humanes demuestra ser poseedor de un vasto conocimiento acerca de los faros, los sanatorios, las sectas y los infiernos de la humanidad (¿Apellido casual?). Sospecho que se ha amistado con más de un demonio, mantenido relaciones amantinas con brujas del bosque y probablemente se haya carteado con esquizofrénicos con personalidad múltiple y les haya escrito una carta por cada personalidad viviente. Todos ellos, gente valerosa y repleta de sabiduría ancestral, psiconautas sin miedo al caos ni a la geometría no euclidiana. Así imagino que Iván ha logrado aprender de los abismos. Lo que me pregunto es cuánto habrá sacrificado en el proceso. Como mínimo, un par de dioptrías consumidas en el fuego de la lectura extrema.

La vida es un fluir constante y en ese fluir de personas, el río en el que ellos se encuentran, tan solo están estáticos los dos, aunque las manos ya se han separado y uno enciende un cigarro y otra echa un ojo a la prótesis.

Iván Humanes

En la teoría del gran infierno encontraréis un conjunto de narraciones diabólicas cuyo protagonista parece ser casi siempre una mujer, una anciana o una niña. Sospecho que tiene que ver con el útero, el lugar donde se forma la creación, es decir, en este caso, el inicio del infierno. Y no tergiversen mis palabras, por favor, la mujer no es el infierno, es el ser creador, que da vida y así como Gea o Gaya engendran criaturas benignas también dan a luz a monstruos.

Todo comienza en un faro donde viven bajo custodia y tratamiento clínico un aquelarre secreto de brujas o quizás estudiantes de esoterismo. A partir de aquí la serie de historias, cada cual más macabra, original y misteriosa que la anterior, narran todo tipo de situaciones infernales que ponen la piel de gallina algunas veces, arrancan carcajadas culpables otras y reavivan traumas infantiles todas. Pero quizá lo que más he disfrutado es el placer de la búsqueda que ofrecen sus páginas. Personajes buscando fórmulas matemáticas, Discípulas buscando grietas que comunican con el infierno y viejos sortilegios para pactar con entidades exteriores e interiores. Todo ello conectando con centenares de referencias cinematográficas y literarias. Algunas hasta las he cogido. Como casa tomada de Cortázar o Thelma & Louise (bravisimo).

¿Fantasmas narrando sus acciones?

No es que odiemos a sus habitantes; lo nuestro es la conquista y el gran acontecimiento. Por tanto, tomamos la casa espaciosa y antigua de los hermanos. Nos gustaba Irene tejiendo y no soportábamos las erres al hablar de Julio Cortázar. (fragmento modificado de Teoría del gran infierno)

Más adelante, cuando ya estás aceptando que se trata de un conjunto de microrelatos cuya relación es la ambientación y la voz narrativa, comienzan a relacionarse las historias y los personajes. Hay un doctor, Albert Vilanova, que como su nombre indica es catalán, y como si saliera de una novela de Toni Sala, no puedes esperar buenas acciones de su parte. Hay una escritora, Kitty, que también es modelo, una mujer fascinante y tarantinesca (si se me permite el término palábrico) y hay madres e hijas, fantasmas y vampiros, algún zombi a medio pudrir incluso.
Debo decir que sus virtudes son a la vez lo que aleja el gran público. No imagino a un lector de Arturo Pérez Reverté o Juan Gómez Jurado leyendo La teoría del gran infierno. Pero sí a fans de David Lynch, por ejemplo. La lectura es exigente, enrarecida, bizarra sin duda alguna. Es como seguir a Igor por las zonas laberínticas del castillo del conde drácula en penumbras, evitando pisar ratas y lagartijas como buenamente puedes y sin escandalizarte cada vez que rompes órganos internos de dichas bestias con tus pisotones inevitables.

De verdad os digo que es una locura bestial, un verdadero descenso por el tobogán dirección a los círculos dantescos.

Lo que no se explica es cómo al llegar al suelo sus piernas se rompieron en mil piezas de porcelana fina. Y es que siempre adoró el color del barro de sus mejillas, la laca brillante de su piel. Y no esas piernas de mujer y brazos de carne imperfecta y dedos nerviosos que rellenaban la muñeca invencible que creía ser.

Iván Humanes

No puedo evitar añadir que la escritura de Humanes me recuerda a la mía en cuanto intereses literarios se refiere, salvando las distancias por veteranía que me lleva Iván, claro. Y es que como él, yo también adoro el enigma, la provocación, el seguir veredas perdidas y poco o nada transitadas hacia lugares esotéricos y documentar lo vivido, lo leído, lo experimentado. Por eso, he gozado y aprendido mucho de la Teoría del gran infierno. Agradecido quedo.
Quiero comentar un detalle que me ha parecido paradigmático y es el guiño que (quizá) dedica Iván a la editorial que publicó este libro, Pez de plata, en un fragmento. Salir de pesca de editores es un deporte divertido y emocionante para un escritor sin ánimo de complacencia y que no puede más que escribir lo que le place, lo que le corroe por dentro y tortura hasta que le da salida con una operación literaria de trepanación del cráneo.
He de reconocer que me ha costado terminar la lectura pero solo por un motivo: Cada micro-relato, si quieres, da para releer e investigar largo y tendido. Hay quizá más de doce que no he logrado entender hasta su cuarta lectura y algunas googleadas. ¿Y sabéis qué? ¡Qué me encanta! Humanes no solo tiene una voz reconocible que suena como un villano narrando sus maquinaciones sino que además te deja espacio para elucubrar misterios cual detective (salvaje). Ese hecho puede descartar lectores casuales, este libro no es para ellos, es, como digo, para detectives de antorcha en mano y sonrisa pícara en los labios.

Podéis comprarlo aquí

Por último comentaros que Iván hizo lo que creo es la mejor campaña de márketing literario que yo he visto nunca en su instagram, os lo dejo por aquí uno de sus vídeos, tiene más y todos buenos.

Vandaliza el infierno

Mi puntuación final es:

Aguda y esquizo-convexa. No puedo más que recomendaros valentía y que bajéis a este sótano de las delicias literarias del horror que ha creado Iván Humanes.

Micro estudio del gran infierno

C y la utopía de las palabras

Reseña de la novela: Un hombre bueno, de Cecilio Gamaza Hinojo, publicada por Niña Loba editorial

En la utopía de las palabras se late con ambas solapas, se abraza con toda el alma, los recuerdos, la inocencia, la bondad y las ganas de construir un mundo mejor.

He pasado horas recordando. Acostado en la playa, por ejemplo, he dejado que mi mente vuele por el cielo o por encima de las olas mientras olía la sal y el protector solar en el ambiente. No tarda mi mente en viajar por otros lugares, como recuerdos del pequeño Omduart en una cabaña construida en la zona boscosa más cercana al colegio, con sus amigos, riendo, felices de lo construido que es poco más que una madriguera enmueblada con madera reciclada, algunas cuerdas, cañas, astucia y paciencia. Y que gran nostalgia recuerdo cuando vi por primera vez a alguien ponerse rojo de vergüenza porque la chica más bonita de la clase había abierto su regalo del amigo invisible, un gran corazón dorado. O los primeros cuentos que recuerdo escuchar narrados por mi abuela, que me los leía en la cama, cuando pasaba el verano con ella, que olía la casa y ella, a un perfume muy suave de lavanda. Los leía en catalán, con cariño e infinita paciencia.

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Nunca me hablaron de guerras, creo que la primera guerra de la que oí hablar, sin pertenecer a la historia antigua, fue la guerra de estados unidos contra Iraq por el petróleo y por la demostración de fuerza ante el mundo, como siempre. En la televisión, obvio. Esta bien eso de tener al menos una época de inocencia, es como un caramelo que queda dentro y sabe a ternura, a calidez, a paz y puedes degustar con tan solo quedarte un rato absorto en tus recuerdos. Cada vez que te sientas ansioso, triste, deprimido, ante un mundo que no parecía, visto desde la niñez, tan loco, insensato, descabellado, irracional, perdido en una ignorancia y avaricia descomunal cuando todavía eras pequeño y te protegían de él. Así es como te trata un Hombre bueno, de mete en un viaje de recuerdos y reflexiones acerca del presente contrastado con ese pasado recordado. Una novela estructurada en cuatro bloques: un prólogo de nada, El balcón de mi infancia, C y la utopía de las palabras y epílogo de nada.

El prólogo no es un prólogo al uso escrito por un amigo del autor, es una introducción hermosa y sincera sobre las ciudades literarias, es decir las ciudades imaginadas o mejor dicho pasadas a palabras por escritores. En este caso Cecilio Gamaza nos habla de San Julián, su ciudad literaria. Quiero arriesgarme y decir que está basada en Granada. Si algún lector quiere darme su opinión estaré encantado de leerla en comentarios. Este inicio es precioso, de verdad, un paseo bellísimo del brazo, como una belle epoque a la española, como Miguel Delibes describiendo un día de paz y armonía en un pueblito continental.

El primer bloque, El balcón de mi infancia, es un gran recordatorio del pasado, de la visión de un infante, de la familia, de los maestros y los recuerdos más impactantes, para bien y para mal, las primeras muertes cercanas, los sabores intensos los olores que se fijan en el cerebro y activan esos recuerdos de nuevo al volver a olerlos.

Se le dispara la imaginación y no sabe si escribe soñando o recordando, y se le mezcla esa realidad que guarda, que quiere guardar, con la de un niño que hace décadas que no está, y que también soñaba, y que también se aferraba a los recuerdos con la misma fuerza, sin éxito.
Un hombre bueno – Cecilio Gamaza
Hinojo

El segundo bloque continua recordando pero esta vez a través de la literatura y comparte, con astucia y sutileza su visión de todo tipo de eventos sociales. Guerras, pobreza, generosidad, trabajo en equipo… y literatura, claro. Habla de libros y autores que le han hecho reflexionar, habla de amor, de acopio irracional de libros, como si de una ardilla lectora se tratara, habla de muros protectores al alcance de los niños… y de una utopía basada en la cultura, la ternura, el juego, el respeto.
De verdad os digo que no es fácil alcanzar ese nivel de sensibilidad tan bello en una novela sin una trama directa. Pues la trama en Un hombre bueno son los recuerdos, las reflexiones del autor, el cariño hacia la vida y el rechazo de la maldad y el dolor que se inflige. Y aún sin establecer una trama tradicional, algo que muchos lectores pueden echar en falta, os aseguro que no impide para nada disfrutar profundamente la lectura. A C, el protagonista, se le conoce muy bien y a su entorno directo también, incluso aunque no los presente, conocemos a la mujer de C, a su hijo y a su hija, a su abuela lectora, a sus compañeros de trabajo y a sus autores favoritos como lector.

Escribir y rendir homenaje a todos los que lucharon, luchan y lucharán por abrirles ventanas al muro ciego y compacto de la guerra, a los que permiten que les atraviese la luz de los días soleados.
Un hombre bueno — Cecilio Gamaza Hinojo

Florentino Pérez leyendo Un Hombre bueno.
Fotografía real de Florentino Pérez leyendo la novela: Un hombre bueno. Link a noticia hablando de ello.

Gamaza termina en su epílogo con una hermosa metáfora de la vida que simplemente debéis leer con vuestros propios ojos, emocionaros y sentir la atracción irremediable por el lado florido de la vida, el que esta en la única lucha buena, la lucha por no luchar y comprender que el mundo no es como es, es como queremos que sea, pues las personas nos hemos antepuesto contra viento y marea a todo lo natural: faltas de recursos, depredadores, efectos meteorológicos, a nosotros mismos, a nuestra semejanzas y diferencias, a nuestras debilidades, a nuestro infierno incluso… y también nos ha arrollado todos y cada uno de esos sujetos que menciono. Así que debemos ser responsables con nuestra posición de modificadores de la vida, del orden natural y asumir que sí podemos vivir en un mundo mejor con tal de luchar realmente por ello. He de decir que esta es mi lectura, quizá Cecilio no quería decir eso, no sé, recordad que cada lectura es personal y cada libro tiene su propia versión de él en la mente del lector.

De verdad espero que leáis esta reseña y seguidamente compréis Un hombre bueno. Salud.

C y la utopía de las palabras

Ocho Gallinas y una red de sueños

Reseña de la novela Ocho Gallinas, del autor José Aguilar Civera, publicada por Niña Loba editorial.

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No se equivoca Paco Santos al decir que José Aguilar es un alquimista en el prólogo que escribió para acompañar la entrada de Ocho gallinas, pues, el autor maneja las palabras con la habilidad de un químico, midiendo proporciones y causando las reacciones pretendidas en una búsqueda entre mística y artística. A su vez, probablemente por la influencia del jazz, José Aguilar se deja llevar por la melodía que improvisan sus personajes denotando gran placer por la aventura y por dejar que el viento empuje la vela a tierras desconocidas. Es así como a través de Ocho gallinas, el humor y la música, iremos transitando por este hermoso libro.

He disfrutado ampliamente de la lectura de esta estupenda novela de principio a fin. Cada gallina empuja la narrativa a escalar un pico ibérico, un juego con los nombres muy bien encontrado.

La gente no da crédito: ¡Aves de corral codeándose con la más contemporánea modernidad!

Ocho Gallinas – José Aguilar Civera

Con una prosa bellísima y poética, José Aguilar nos habla de unos músicos bohemios de Madrid, que tocan en una banda de jazz llamada Escolopendra. Desde el inicio se puede escuchar de fondo una melodía dulzona sin empalago, como un paseo al lado del mar en calma. Por unas páginas, me embriagué de esa nostalgia rara, por un tiempo que no he vivido, unas calles que no he recorrido y una música que no he tocado. Y aún con eso, no creo que se trate de una prosa melancólica, por lo contrario José Aguilar valora el presente, vive los sueños y los expone como un rompecabezas parecido a armar una caja de cables, como un gigantesco cerebro que interconecta a los soñantes y transmiten mensajes directos del inconsciente colectivo. Una maravillosa trama que se desvela bajo el ojo atento de Ciro Karami.

Ciro Karami me recordó al gitano de Melquíades en Cien años de soledad. Un personaje fascinante y fascinado por la vida. Un explorador apasionado, honesto y dispuesto a enfrentarse a cualquier riesgo con tal de satisfacer su curiosidad. Es así como Ciro se encuentra con Tito Miralles, Tere y sus amigos. En realidad, Ciro no actúa de protagonista sino más bien de vehículo del protagonista para descubrir el misterio que encierran los sueños, que son la esencia de la novela, pero se trata de uno de esos personajes secundarios que con pocas frases se comen la escena. Karami es rico, muy rico y es el tipo de rico que yo creo deberían aspirar a ser los millonarios, pues el dinero es un flujo de energía que nos pertenece a todas las personas aunque el manejo de las manivelas grandes esté en muy pocas manos. El dinero puede ser un poder para hacer cosas maravillosas, interesantes y positivas para todos y no ser malgastado en lujos y excentricidades absurdas por puro hedonismo. Así es como Ciro Karami se enfrasca en una aventura sin fin, un experimento a lo largo del tiempo para aprender más sobre el inconsciente colectivo. Aquí entraría mi admirado Carl Gustav Jung. Ensayista, psicólogo y estudioso del inconsciente colectivo, los sueños y los símbolos. Jung podría ser el cuerpo filosófico de Ocho gallinas igual que Madrid es su escenario. Jung estudió en profundidad los sueños que sus pacientes le relataban en sus consultas como psicólogo y llegó a varias conclusiones: entre ellas que el inconsciente colectivo es real y nos habla a través del símbolo.

Ah, no puedo no hablar un poco de la magnífica portada, una bella obra del gran Goya, una de sus pinturas negras, ¡y es que Goya sale en la novela! Y no os podréis creer de que modo tan interesante.

Porque los algoritmos de Ciro han demostrado que proximidad y lejanía se unen en un sueño.

Ocho Gallinas – José Aguilar Civera

Pero regresemos al interior de Ocho Gallinas. Algo que me ha impresionado sobremanera es como el autor se desvía de la trama para contar un conjunto de pequeñas historias vividas por sus protagonistas que si se tratara de una serie se podrían considerar tramas secundarias para mantener la tensión y alargar la serie para seguir monetizándola. Pero en este caso lo he leído como embellecedores de la historia principal, como unos complementos que aumentan la veracidad de la trama al hacerla más cercana a la realidad. Porque el mejor modo de esconder un árbol es en un bosque. Para terminar quisiera decir que Ocho Gallinas deja con ganas de más, y que quizá, aunque no haya ningún tipo de confirmación de ello, se presente una segunda parte que podría permitirse ampliar su mundo, cosa que me encantaría leer.

Una vez más, Niña Loba editorial nos trae otra novela original, fresca y que vale muchísimo la pena de descubrir. Es más, no hay pena alguna que pagar, tan solo su precio en euros para la manutención de sus creadores.

Podéis adquirirla aquí o pedirla en tu librería de barrio:

Ocho Gallinas y una red de sueños

Disco Sinners

Para la agradable lectura de este artículo se recomienda escuchar de fondo música ambiental del videojuego Disco Elysium:

He decidido hacer un ejercicio de literatura comparada un tanto peculiar. Voy a comparar una serie que he visto hace poco llamada The Sinners y un videojuego del que me he enamorado profundamente y que he jugado hace uno o dos años, no estoy seguro, llamado Disco Elysium.

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Curiosamente, mi intención era reseñar Disco Elysium hace tiempo pero cada vez que pensaba en él me quedaba bloqueado como me ocurre con las grandes obras que he leído, que no logro encontrar el modo de hablar de ellas…

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Comenzaré hablando de The Sinners, un thriller policíaco muy original. Antes de conocer esta serie solo conocía otro thriller policial llamado Life, que por cierto he vuelto a ver y que me parecía la serie policíaca más original que conocía. Bien, Pero de Life hablaré otro día. The Sinners sigue la historia de un bastante hermético policía llamado Harry Ambrose. Es muy curioso como la primera temporada se sabe muy poco, casi nada, sobre él y todo se centra en el asesino perseguido. El punto de originalidad de la serie es que Harry, aun queriendo atrapar al asesino, siempre tiene una actitud muy amable y de verdadera sinceridad para con el criminal, como queriendo ayudarle lo mejor posible y comprenderle lo mejor que sepa. Y esto viene por su propio trauma que no desvelaré porque os gustará descubrirlo por vosotros mismos y vosotras mismas. El caso es que nuestro amigo Harry arrastra una culpa que no puede perdonarse y lo mantiene en una condena perpetua de la cual intenta reducir su peso al ayudar a quienes les ocurre lo mismo. Todos los asesinos de esta serie lo son por causas extrañas y siempre sienten un cierto grado de culpa y un gran terror por lo que están viviendo, no son los típicos psicópatas orgullosos de matar, ni tampoco hacen planes de venganza rebuscados ni matan por dinero o por drogas, siempre hay un trasfondo más personal y psicológico. Durante toda la serie, se practica un gran ejercicio de conocer al ser humano a través de ese enfrentamiento con la muerte. Y aquí conecta con el detective Harry Debois, del videojuego Disco Elysium.

La trama es simple pero transcurre en un universo ficticio enorme y con una historia prolongada en el tiempo lo cual lo hace mucho más complejo.

Disco Elysium es la historia de un hombre que está agotado de tantas tragedias vividas y decide pasar unos días de autodestrucción intensa en el barrio de Martinese, donde lo han reclamado para investigar un crimen. El cual él ignora y se dedica a beber a unos niveles de total caos y desenfreno, llevándolo al extremo más absoluto y acabando casi con su vida. Despierta en la habitación de hotel que ha alquilado amnésico. Digamos que en Disco elysium se ponen el listón muy alto al usar clichés de los que se han abusado y aún así logra ser un videojuego encantador, brillante, hermoso y poético…

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Harry Ambrose (Sinners)

En ambos casos tenemos a un policía llamado Harry, de mediana edad, en unas condiciones mentales deplorables, obsesivo y luchando por comprender el género más humano de todos, la tragedia, el dolor, el sufrimiento. Es el más humano porque es el que se quiere evitar y rehuir, pero no se puede, es inevitable como la muerte y a eso se dedican los detectives de homicidios, a investigar la muerte. Por eso antes el género policíaco no me llamaba la atención respecto la parte policial y los tecnicismos pero ahora me fascina a no poder más, al profundizar en un tema que lo engloba todo. Mi profesor de escritura creativa me enseñó que hay unos temas que si los tratas en demasía en una novela acaban por comérsela por completo: La muerte, el amor, la venganza. Los tres se tratan como temas principales en The Sinners y Disco Elysium… Y lo hacen impecablemente.

Harry Ambrose parte de la empatía y la perspicacia para conectar con el criminal en cuestión temporada tras temporada, y éste le da una lección de humanidad al compartirle su punto de vista y todo el relato que es el suceso que lo ha conducido al asesinato. Destacaría en especial la temporada dos, donde el asesino es un niño, algo que jamás había visto en ningún sitio enfocado así, sin tratarse de una película de terror. Una locura increíble, y Harry hace todo lo que está en su mano para proteger al niño, comprenderle, ayudarle a afrontar las consecuencias de sus terribles actos y en todo el proceso Harry sufre, cambia, se explora profundamente…

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harrier Debois (Disco Elysium)

Por el otro lado, el señor Debois inicia su viaje desde el fondo del pozo, con una resaca descomunal, sin acordarse de nada de lo que hizo, ni de su nombre tan siquiera ni del mundo donde vive. Partes de su cerebro le hablan directamente, animándole a morir, a aceptar la muerte que se ha buscado con su autodestrucción. A duras penas entiende que es un ser humano y que debe comer, beber, caminar… Y a cada paso va aprendiendo más sobre el mundo y sobre sí mismo con el jugador que lo descubre a la vez. Lo cual es magnífico, mezclando el tradicional rpg con la cinematografía de un modo delicioso y perfecto. Harry Debois tiene un compañero llamado Kim Kitsuragi, que cuando aparece se inicia la pareja de detectives idónea solo superada por don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, pareja a la que sin duda referencian, pues Harry es el loco idealista y Kim el sensato materialista. Ambos investigan un crimen que aparentemente es muy sencillo y claro, un hombre colgado de un árbol, casi desnudo y con moratones por todas partes. Se sabe que en aquel barrio no manda la policía sino el sindicato, una organización de trabajadores portuarios que defienden sus intereses frente a la gran empresa propietaria del puerto. En el barrio de Martinese no hay un departamento de la RNC, es decir la policía de Revachol, que habitan los personajes en este mundo. El caso es que un grupo de miembros del sindicato reconocen rápidamente ser los asesinos afirmando que fue un linchamiento perpetrado contra el hombre asesinado para proteger el barrio y sus habitantes de él, quien se trataba de un mercenario peligroso, armado y amenazante. Se daría por resuelto si no fuera porque la historia se enrevesa más y más conforme recuperas algunos recuerdos, conoces a más miembros del barrio y el caso se desarrolla. El mayor paralelismo entre ambas obras lo encuentro en el trato tan cercano y humano que ofrecen. Sin duda el elemento central en ambos casos es la empatía por el mundo real, más allá de leyes y formas, más allá del horror, el crimen, las armas o la acción… Un mundo repleto de caos, dolor e injusticia, donde unos detectives, con su pequeño espacio de poder, intervienen para hacer lo que creen que es lo más justo, lo que más se acerca a la justicia… que no existe y ellos mismos son conscientes de eso, y asumen el absurdo vital con la mayor valentía y alegría de la que son capaces.

Os recomiendo encarecidamente que juguéis Disco Elysium y veáis la serie The Sinners. Altamente recomendable.

Disco Sinners

Un universo compartiendose

El día 13 de octubre de 2025 salió publicada mi primera novela titulada Un universo Compartiéndose. Estoy tan feliz que sigo encegado.

Desde que empecé a publicar relatos, artículos y ahora mi primera novela, a participar en certámenes literarios de todo tipo, ya sé que el mundo literario tiende a la crueldad. Más ahora en esta época de sobreproducción donde el ruido ensordece a cualquiera y invisibiliza a quien no tenga un megáfono bien grande e insistente. ¡Pero! yo llevo un amuleto, un amuleto que viene a ser una mujer de mediana edad, desdentada, sonriente y luchadora. Con ese amuleto, al que podemos llamar Auxilio Lacoulture, me siento a salvo, protegido de todo mal. Moriré en paz, escribiendo, independientemente del éxito, de la fama, del dinero. Escribo alegremente incluso cuando lo hago con rabia. Escribo con felicidad mientras lloriqueo y hablo de los peores dramas que viva e imagine. Escribo, aunque tenga que trabajar de cocinero a turno partido y sin findes de semana libres. Todo está bien, y escribir me ayuda a darle sentido a mi perspectiva personal de la vida, una perspectiva plurirealista, basada en comprender los prismas de los demás por mero gusto… porque lo mejor es el paseo, el camino, el destino ya está cubierto cuando decides y encuentras el modo de caminar relajado, sonriente.

Un Universo Compartiéndose trata sobre como la literatura de ayuda a apreciar el gran mundo, el mundo que engloba todos los mundos. Para ello conoceremos a El Soñador, un ser que vive en los sueños y desde esa realidad tan solo puede conectar con el mundo desde la lógica del sueño, un lugar sin personas, excepto Valeria, la bibliotecaria de Un universo compartiéndose, una biblioteca que se encuentra en el interior de un carro. ¿Os imagináis un espacio infinito repleto de libros? Como la biblioteca que ideó José Luis Borges, donde descansan todos los difuntos estadísticamente posibles, es decir, todos los libros que se pueden escribir en las lenguas humanas. Pues eso, de un modo más modesto, es Un universo Compartiéndose. Valeria es como una bruja que es capaz de, a través de la literatura, conectar con cualquier ser humano y abrirle la perspectiva, conectarlo con otras realidades hasta acercarla a la Gran realidad de la que hablamos anteriormente, la que las engloba todas. Puede que suene muy grandilocuente, y puede que hasta lo sea, y sin embargo he de decir que se trata de un ejercicio para volver a poner los pies en el suelo, yo, un hombre acostumbrado a vivir en las nubes. La historia transcurre siguiendo el camino de estos dos personajes, Valeria y el Soñador, que viven aventuras a través de los libros y conocen todo tipo de personajes, hasta que un día, Valeria conoce a Roche Servana, el editor del diablo. Un editor que desea dominar el mundo literario, corrompiéndolo usando todos los recursos de los que dispone como editor y brujo.

Si aún no os he convencido de leerlo, continuaré hablando de algunos de los capítulos más reseñables. Como es el que unos personajes hacen un «ataque» a la Real academia española, llegando a retar a un duelo al señor Muñoz y al señor Reverté. En otra ocasión, la compra de un libro extraño lleva a todo un recorrido por Praga. Conoceréis a Firmón, el que quizás sea el personaje más entrañable de la novela, quien aprenderá a leer y acabará viviendo por y para la literatura. También hay un lector que solo lee a autores muertos. Un crítico que se obsesiona con ser el mejor crítico del mundo y una Diosa que monta a caballo y azota a sus acólitos con un knut.
Tu, yo, Un universo Compartiéndose, una mantita, un té calentito, nubes rociando agua suavemente detrás de la ventana… No sé, piénsalo.

Ahora quiero hablaros un poco de la editorial que ha publicado Un universo Compartiéndose. Y es Niña Loba editorial. Una editorial independiente dedicada a la literatura contemporánea, muy original y bella. Vaya, hasta ahora no he leído ni un libro que no me sorprendiera su frescor, calidez y valentía. Destacaría el escritor Jorge Morcillo, un amante de la literatura como pocos se pueden encontrar vivos en España, autor de libros como De cielos y escarabajos, El emperador de los helados o Tormentas de Mierda. Pocos autores derrochan más talento y mala baba con tanta elegancia como Morcillo. Quizá Rafalé Guadalmedina, otro autor de Niña Loba que ha escrito Fuerte Bochorno, una crítica hilarante a la fauna que recorre el mundo literario, la sinvergonzonería que nos caracteriza y la actitud altiva que nadie sabe muy bien de dónde nace. También podéis leer grandes obras preciosas y durísimas como las que escribe Yordanka Almaguer, como La mujer de los pájaros, una novela intimista sobre una mujer que vive varias experiencias con el sexo, la religión y el comunismo en Cuba. Menos mal que existe la auténtica amistad para protegernos de los males de este mundo… También podéis leer relatos, como los de Mayte Blasco en su libro La mejor familia del mundo, una antología de relatos que exploran las relaciones familiares, una joya que tengo pendiente, pero os aseguro que Mayte Blasco goza de una pluma afiladísima que vale cada palabra. Y así podría seguir, pues os aseguro que cada obra está ahí porque logra algo especial, reivindica el espíritu literario de la vida, aquel que nos empuja a vivir sonrientes, a asumir la tragedia, el amor y el fuego que supone respirar cada día en un mundo repleto de complegidades, odio y belleza, injusticias (porque la justicia no existe) y sin embargo tenemos qué leer, y tenemos mucho por lo cual vivir. Y eso está bien. Por último quiero recomendaros Humanimal, de Emilio Picón, una novela que me fascinó y de la cual podréis notar su presencia en Un Universo Compartiéndose.

¡Comparte este Universo! Adéntrate en él.

Podéis comprarla aquí, con la fantástica Niña Loba editorial.

Un universo compartiendose

El Ojo Silva: De la violencia no se escapa

El ojo Silva nos narra la incapacidad de huir de la violencia. Bolaño explica que, al menos, para los latino-americanos, es imposible… Yo, aunque sea español, catalán, europeo, o solo persona, sé que la violencia es inevitable. Aunque se luche para erradicarla lo que ocurrirá es que se meterá en un lugar más oscuro y profundo, pero seguirá existiendo. A veces he fantaseado con la idea de hacerla lo más visible y “honrada” posible. A la violencia. Recuperar las batallas a lanza y escudo, pero ahora con cámaras también y poder ver lo horrible que es la guerra pero que solo la hagan los que estén dispuestos a matar y a morir. Que no son tantos. Así, los demás, los que no queremos vivir en un mundo violento pero no podemos evitarlo, podemos aprender cosas… Podemos, por ejemplo aprender artes marciales y así usar la violencia conscientemente y recibir daño de manera “segura” y seguir aprendiendo de ello… No como los niños cuyos padres deciden ofrecer como “reencarnación” de algún dios hindú para una festividad macabra. El Ojo Silva es un chileno de izquierdas exiliado más en México en la época de la dictadura de Pinochet. El ojo es homosexual y sus compañeros le miran mal por ello, aunque él no lo ha admitido, circula el rumor de su orientación sexual “distinta”. Eso hará que se vaya, que abandone México y a sus compañeros para irse a Francia a vivir una nueva vida, a fantasear con una vida lejos de la violencia, con mayores libertades. ¿Qué mejor sitio que París, la ciudad del amor? Pero primero efectuará un intento migratorio fallido en Argentina, que coincidirá con otro golpe de estado, siendo perseguido por homosexual, extranjero y fotógrafo. El Ojo se llama así por fotógrafo. Qué maravilla ¿no? Nada más terrible que un periodista o un artista que hable de las atrocidades que cometen los dictadores.. estoy seguro que un dictador prefiere que sus enemigos cojan las armas y luchen frontalmente contra él que la lucha cultural, convenciendo a la gente de rebelarse o ni siquiera tanto como eso, convenciendo a la gente de pensar, de tomar decisiones… Eso creo, y sin embargo no lo entiendo realmente. ¿Por qué es un problema que los gobernados piensen para quien gobierna? Debería ser un alivio de responsabilidades por su parte. Debería ceder a la gente aquello que la gente pueda pensar por sí misma liberándose así de eso y simplificando su función. Bueno, me voy por la tangente, como siempre. Volvamos a México, donde el Ojo conoce a Bolaño en un centro para exiliados chilenos de izquierdas y se hacen amigos, o algo así, algo menos que eso, quizá, pero lo suficiente para generar el recuerdo de sus personas. El Ojo no soporta más las habladurías acerca de su sexualidad y una oportunidad como fotógrafo en París le lleva a viajar allí, desapareciendo de la vida de Bolaño, que es Bolaño porque es el narrador. Pero Bolaño, que tampoco podía permanecer quieto en el mismo país por mucho tiempo, decide viajar a Europa también… La literatura en movimiento fluye mejor y se vive con mayor virtud, que no facilidad. Una vez en el mismo continente, coinciden de nuevo los dos personajes. Y ahí está el clímax. El reencuentro es un gran evento. El pasado choca frontalmente contra el presente, se renuevan conexiones, se hace un gran ejercicio melancólico de aprendizaje de quien fuiste y cómo te ha llevado hasta el ahora.

De la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende.


Tengo un amigo que dice que el tiempo no existe. Lo cual estoy de acuerdo. Lo que existe son los relojes, es decir la necesidad de medir el movimiento aunque no vaya necesariamente hacia una dirección. Esa tangente que tanto me atrae. Disculpen. El caso es que el Ojo y Roberto hablan de lo que fueron, de lo que son, repasan lo vivido y el Ojo confiesa sentirse muy mal por haber observado de tan cerca el horror del que es capaz el ser humano… Otra vez… Como si exiliarse de Chile no les evitara salir del horror de una dictadura, que, como todas las dictadores, se imponen por la fuerza. La chilena tiene la característica de ser muy precisa, mezclando el estilo estadounidense en cuanto lo económico, la parte católica del franquismo y la parte metódica del nazismo. Os aseguro que no estoy borracho, esta mañana está nublado, estoy tomando menos café y mis ideas fluyen rápido, no necesariamente bien. Gracias por acompañarme en este viaje literario. Ojo Silva es un bello relato sobre el horror ineludible y el reencuentro con el pasado. Todo ello dinamiza los pensamientos introspectivos…

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Seguiré reseñando todos los relatos de Roberto Bolaño.

El siguiente relato que reseñaré es Gómez Palacio, el anterior fue Vida de Anne Moore.

El Ojo Silva: De la violencia no se escapa