con acompañamientos de Ravel
«Ahórase una vez» una palingenesia de tres pares de cojones como un trombón atronando en la mitad de la noche, cuyas notas resonaban a través de la arboleda que crece alrededor de la anciana mansión silenciosa. Es como una gran fiesta de pijamas en su última fase, donde ya todos duermen, menos los padres, que escuchando el bolero de Ravel, se preparan para una fiesta privada, con la luz baja y la televisión alta, para engañar a su hija o sus amigos los criados y que sigan durmiendo profundamente. Lo harán, si, no despertarán en cien años. Cayeron bajo el embrujo de la fiesta de pijamas. Bajo los efectos de los potentes polvos suministrados por las hadas.
Este párrafo se podría titular:
Pitufos y blancanieves. Podreduras de manzanas fuji. Pancartas y protestas. Posible caso de familias separadas por el sopor.
«Léase el cuento la bella durmiente del bosque, de Charles Perrault.» Esa nota pertenece a la cortesía de la miga de pan, manos a la masa.

Tu madre la oca -Raúl Campos
Si estuviéramos hechos solo de palabras. Si fuésemos verbo. No buscar, como la alquimia, sino ser la palabra que haga renacer al mundo.
Quiero comenzar diciendo que esto es una reseña de algunas de las caras este Hectoedro que es Tu madre la oca, no la abordo en general sino en específico en los tropos, juegos y formas que me han llamado más la atención (entre otros que dejo que los descubráis sin ninguna pista). Después de esta pequeña explicación, continuemos:
Tu madre la oca es un novela exigente con el lector, pues la literatura, como leviatán cultural que es, debe contener laberintos, puzzles, juegos, monstruos. Cuando leemos despertamos zonas del cerebro que permanecían nubladas hasta ese momento y entonces nuestras cabezas se convierten en una suerte de París en sus mejores tiempos. Más o menos.
El caso es que pocas veces he detenido la lectura de un libro para leer otros libros con el objetivo de comprender mejor el que estoy dejando pausado. Eso me ocurrió con Tu madre, la oca. Me sentí perdido sin ser conocedor de los cuentos de Charles Perrault. Ahora, después de terminar de leer ambos libros, me doy cuenta que también me habría venido fenomenal leer los cuentos de hadas de Madame D’ Aulnoy.
¿Conocéis a Charles Perrault? ¿Y a Madame D’aulnoy? A la segunda no he tenido el gusto, pero ya tengo anotado Los cuentos de hadas y viaje a España para continuar este viaje por el inicio de la fábula escrita.
Lo que sí hice bien es escuchar la música del compositor Maurice Ravel, principal creador de la banda sonora incorporada en esta novela. Enserio, poned sus canciones, si lo conocéis seguro que hasta podréis afinar cual canción va para mayor goce de la lectura en los respectivos capítulos. Que por cierto son cien. Cien capítulos. Un hectoedro. Una figura geométrica basta y brutal capaz de expresar la creatividad humana con buenos resultados. Como lo hace Tu madre, la oca.
Tu madre la oca – Raúl Campos
Alguien sabe por qué elaborada perversidad el hada buena no sedó también a la reina y al rey, lo mismo que al resto, por cien años? Ya son ganas de dejar los cadáveres por ahí.
Mi madre la oca es el título original para la recopilación de cuentos de Perrault, se puede apreciar fácilmente el juego de palabras que realiza Campos con su título respondiendo a a Charles. Quiero comentar también, que la oca es un símbolo muy usado por el cristianismo. Se usa su pata donde la pierna se divide en tres dedos para expresar la trinidad de Dios, cosa que usa Perrault para reafirmar su posición de buen cristiano y Raúl Campos mete debidamente un chascarrillo para que todos podamos disfrutar de romper con lo políticamente correcto. Viva la literatura valiente.

Quiero disculparme por la dispersión, sin embargo necesito redactar este análisis así, con un seguido de párrafos que describen varias caras de el Hectoedro que es Tu madre la oca. Os recomiendo leer la reseña en el Yunque de Hefesto para leer un texto más clarificante.
Quiero comentar al menos un cuento de los que Campos se sirve para su novela: Barba azul, el personaje más nombrado en Tu madre la oca, creo. Y no es para menos, se trata de un noble francés bien educado, rico, riquísimo, asquerosamente rico y con la particularidad de lucir una espesa barba azul. El azul, en la barba, al igual que las rosas, denota algo grotesco, extravagante, artificial y misterioso. Tan es así que el señor, a pesar de su riqueza y buenos modales le costaba encontrar esposa. No ayudaba tampoco que varias ex esposas desapareciesen sin dejar rastro alguno. Y ahí nos acercamos a la clave del cuento, pues toda la fábula se sujeta bajo la idea del peligro de la curiosidad. Una larga barba azul invita a preguntarse qué esconderá. Y luego el grotesco barbudo inicia un viaje y deja todas las llaves a su actual esposa. Tan solo le impone una condición… NO ENTRAR EN EL SÓTANO que se abre con la llave, azul, por qué no, allí no hay nada que ver. Imaginaros que puede hacer un aristócrata francés en un sótano al que no deja entrar ni a su esposa. Pues bien, ahora imaginad a un poeta contemporáneo leyendo este cuento. Notando como la bilis se le retuerce en el estómago de pensar en lo absurdo del final que le da Perrault y cómo no tiene sentido alguno leerle esto a un hijo ni a una hija. Qué menos que dedicarle una novela entre una venganza y una reivindicación, entre un ejercicio criptográfico y un poema… Eso es Tu madre la oca.
A Papá Perrault no le gustan las manzanas. Esas que saben a arena son asquerosas. Y las ácidas, granny smith le dan dolor de muelas. Pero las que más odia, las que no puede soportar ni aún muerto de hambre, son las manzanas japonesas.
Tu madre la oca – Raúl Campos
Perrault tiene la actitud de un diplomático. No sin motivo formaba parte de la corte del rey Sol, Luis XVI, quizá uno de los reyes más famosos de la France y probablemente el más poderoso que ha gobernado el reino del champagne, el queso y los perfumes. ¿A qué me refiero con diplomático? Pues que tiene un objetivo político en sus cuentos cuyo valor supera el literario con creces, a mi humilde entender. Ofrece una moraleja después de los cuentos, una moraleja integrada en el cuento y cuya importancia es mayor que la propia historia sin duda alguna. Se podría decir que hay un ejercicio de adoctrinamiento social incluso, y un blanqueamiento de las figuras que representan los personajes en otras.
De regreso a Tu madre la oca, Barba azul es novio de la condesa Bathory, esta vez un personaje real de la historia y no de un cuento. Una pareja ideal sin duda alguna si creemos a pies puntillas lo que quedó escrito sobre ella. Y dicha pareja de enamorados, amantes de la sangre, el poder y la riqueza, deciden caminar juntos por la narrativa de Tu madre. Es fascinante como Raúl Campos va construyendo capítulo a capítulo un mundo enorme, plurirealista, liminal, donde se encuentran decenas de personajes históricos y de cuento y todos ellos hablan, opinan y a su vez son juzgados por el autor, que se pasó una afeitadora por la lengua para asegurarse que no tenía ni un pelo que le obstruyese sus vocablos como cuchillos precisos a quien haga falta. Y eso hace, todo el rato, a ritmo milímetrado y preciso de una composición raveliana. Por otro lado, este viaje incluye una cantidad de juegos que habrían divertido a Perec y fascinado a Cortázar, sin duda. Yo he encontrado algunos ¿Cuántos descubrirás tú?
Procrastinar es deporte nacional. Como lo de los huesos de aceitunas, pasar farlopa o leer a Pérez-Reverte.
Tu madre la oca – Raúl Campos
Es un reto concluir esta reseña, Tu madre la oca es un libro que incluye muchos libros, hasta hay loros, que como todo el mundo sabe son los verdaderos autores de todas las obras decentes escritas y por escribir. Imagino que somos como un soporte físico para esas criaturas majestuosas, tan bien recompensadas por la naturaleza con el don literario y el tiempo… el tiempo. El tiempo que se distorsiona como en un agujero de gusano en el interior de esta novelette. Un juego de la oca hiperlinqueada. Una rayuela descarada y honesta.
Después de esta confusa parrafada diréis: ¿Pero de qué coño va esto?
Amigos, tenéis ante vosotros una obra que os quiere y os respeta y por ello os propone un laberinto, un juego, una aventura. Hay un hilo al que agarrarse pero dependerá de vosotros disfrutar de cada paso. Animaros a ello, en un mundo hiperconectado y saturadísimo de información Tu madre la oca es un oasis para tu cerebro, una bocanada de viento primaveral, una selva repleta de vida por explorar.
Podréis haceros con ella aquí:


















