La contradicción más interesante, si no la principal, la enfrenta don Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint y capo dei capi de los grandes grupos industriales locales. En estos dos años apoyó decididamente al presidente Milei y sus reformas. Pero cuando reclama por una licitación, muy importante por cierto pero sólo una entre muchos negocios que hace con el Estado argentino, Milei lo acusa con grosería -lo llama «Chatarrin»- de conspirar contra su gobierno y dice que merece ir a la quiebra.
Esta contradicción es muy parecida a la que enfrenta el «círculo rojo», como bautizó Mauricio Macri a sus pares, los dueños de grandes empresas que manejan medios de comunicación y tienen «conexiones» en el Poder Judicial.
A casi todos ellos les gusta mucho el discurso de Milei, aunque no todas sus políticas concretas. Y la gran mayoría -este es hoy el punto decisivo, en mi opinión- prefiere esas políticas suyas, en conjunto, a las de los gobiernos peronistas de este siglo. (Las de la gestión 2015-19 de Macri, que terminaron en un fracaso que hizo posible un regreso peronista, prefieren olvidarlas).
Hay una contradicción más … estratégica acá. Señalada hace 2.500 años, al menos. La de individuos o familias poderosas con aquel que reúna un poder personal hegemónico. En este caso, un presidente con autoridad, Después de todo, el Estado es el grupo económico más grande, y de sus decisiones dependen los beneficios empresarios.
En un plano muy menor, también sufre esta contradicción, o al menos lo desconcierta, el «mileísmo» actual. Repite el discurso aperturista de su líder, e idealiza un «mercado» imaginario, que reparte sus beneficios a cada cual según lo merece (a ellos les dan sus cargos y prebendas Peluca, su Hermana y Santiago, que serían los avatares de ese mercado ideal). Pero no les gusta pelearse con los empresarios realmente grandes. Nunca se sabe…
Una contradicción inversa la sufre la dirigencia de primera y segunda línea del peronismo y de las fuerzas nacional-populares, industrialistas. Son críticos de las grandes empresas transnacionales -el Grupo Techint lo es, por supuesto- sobre todo cuando esa dirigencia está fuera del gobierno. No les resulta fácil salir en defensa de un gran empresario que apoyó abiertamente las políticas de Milei, incluso la anunciada reforma laboral.
Quien no parece sufrir contradicciones es Peluca. Los cuadros psicológicos de su tipo usualmente no las tienen.
Ahora, en lo que hace a la licitación de caños de acero que fue la ocasión de este enfrentamiento, considero que el debate entre el aperturismo y el proteccionismo, en abstracto, pertenece al mundo académico y a la propaganda política.
En el mundo real, se manifiesta en decisiones en cada caso que toman presidentes, ministros, secretarios y subsecretarios de Estado. Y generalmente dependen de las circunstancias de cada caso, como debe ser. Ningún país, ni siquiera China, deja de importar materias primas, productos y servicios. Y ninguno, ni siquiera Singapur, deja de discriminar entre sus proveedores por motivos políticos o de sus intereses de largo plazo.
Así, vuelco aquí la información que tengo sobre este caso. Sobre ella, ofrezco mis opiniones.Que seguramente ajustaré si hay que ajustar los datos.
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La licitación para la provisión de caños de acero para el gasoducto que conecta Vaca Muerta con Río Negro, parte del proyecto exportador de Gas Natural Licuado (GNL) de Southern Energ y fue la chispa que encendió este conflicto. Tenaris (del Grupo Techint) perdió frente a la empresa india Welspun, principalmente porque su oferta inicial fue alrededor de un 40-45% más alta (unos USD 296 millones versus USD 203 millones de Welspun), aunque luego intentó bajarla e igualarla, pero el contrato ya se había adjudicado.
Si Tenaris hubiera ganado la licitación, los tubos se habrían fabricado en Argentina, específicamente en la planta de Tenaris en Valentín Alsina, Buenos Aires, que emplea a unas 420 personas y produce tubos con costura mediante doblado y soldadura. Sin embargo, el acero (la chapa principal) no sería argentino: Tenaris importa esa materia prima desde Brasil (principalmente de Usiminas), ya que no se produce localmente en cantidades y especificaciones adecuadas para este tipo de caños de gran diámetro.
En contraste, Welspun (la ganadora) usa chapa china más barata, lo que explica parte de la diferencia de precio, y generó las acusaciones de dumping por parte de Techint.
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Resumen: Fabricación local sí (en planta argentina), acero argentino no (importado de Brasil).
Otro punto clave: aunque jurídicamente se trate de decisiones entre privados -la participación de YPF entre las empresas que licitan el oleoducto es minoritaria), al tratarse de un proyecto exportador, la opinión del gobierno es decisiva para su viabilidad.
Este caso se diferencia de una situación similar en EE.UU., apuntada por EconoJournal y reproducida en AgendAR. Fue durante el 1er. mandato de Trump, y el Donald intervino en favor de los productores locales de acero, a pesar de la diferencia de precios.
En Argentina, no se produciría localmente ese acero,
Así, en mi falible opinión, son varios los factores que debería evaluar el Estado. Si estuviera impulsado por políticas de desarrollo de largo plazo, y no por fantasías ideológicas absurdas o apetencias personales de figuración y poder.
Un factor es si a Argentina le conviene que trabaje desde su territorio, y proporcione empleo de calidad, una industria siderúrgica que pueda competir en el mercado global. Si es así, debe contemplar qué exigencias está en condiciones de reclamar a esa empresa. Qué políticas de largo plazo, en inversión, incorporación de tecnología, formación de personal y de proveedores locales,…
Al mismo tiempo, debe considerar si puede evitar que posibles sobreprecios locales -evidentes en este caso- no le sirvan a esa empresa para financiar sus actividades en otros países.
Por supuesto, en este punto la responsabilidad principal es del Estado argentino. Los sobreprecios, si existen, necesitan de la complicidad de diferentes niveles de la administración pública.
La comunicación política comete un error gravísimo cuando ignora este factor, o, como ahora, lo menciona sólo para atacar al Otro Lado. Está claro que una mayoría de los que votan están muy conscientes de la corrupción.
También de la actual, por supuesto. Lo corean en las canchas.

Escrito por Abel B. 






