Soy zurdo, Géminis y homosexual. Tengo 30 años, la dualidad de los psicópatas, el desdoblamiento de los genios y el 2×1 de un supermercado en oferta. Soy moderadamente guapo y moderadamente feo, demasiado listo y terriblemente tonto, obsesivo compulsivo, catador infatigable de whisky y fetichista de los ombligos. Mi nombre es Martín Lobo, y durante un tiempo vomité todas estas desventuras en ‘Blogback Mountain. Diario de un gay’, un blog-coctelera publicado en elmundo.es en el que mezclaba semen con ternura, venganzas y abucheos, prepucios y caricias a cambio de un módico sueldo de periodista arrebatador. Ahora, tras un año de silencio, publico una novela, ‘Diario de Martín Lobo’, por obra y gracia de mi talento y la editorial Plaza & Janes. Y como siempre he sido un animal de instintos, tengo el pálpito de que este año mi suerte va a cambiar. Porque no sólo de desastres vive el hombre…
Escuché hablar a Martín Lobo el uno de julio, en una entrevista radiofónica que le hacía Carles Francino en el programa ‘Hoy por hoy’ de la SER. Yo estaba en la playa. Él en un estudio. Sus palabras inteligentes se enfrentaron a mi pensamiento: seguro que este tío es el típico maricón que cuenta sus rollos en el libro que ha escrito, sin más.
Afortunadamente me equivoqué [Te pido perdón por ello, descorchador de orgasmos]. Cinco días después de aquella mañana de playa entro en una librería; quería tener para mí la ‘Nueva gramática de la lengua española’. Finalmente me llevé dos: la española y la gramática de Martín Lobo [Yo también tuve un pálpito]. Por último, metí en el carro de la compra ‘Identidades asesinas’, de Amin Maalouf, un libro que hace una denuncia apasionada de la locura que incita a los hombres a matarse entre sí en el nombre de una etnia, lengua o religión. [Aún no lo he leído pero me gustaría que en sus páginas apareciera alguna vez la cuestión kurda.]
Comienzo a leer ‘Diario de Martín Lobo’ dos días antes de la defensa de mi oposición, como antídoto para mis agobios. Empleo un día en leerlo y encuentro muchas similitudes entre Martín y el que os escribe: tenemos la misma edad, la misma orientación y otras afinidades íntimas que me guardo para mí.
A Martín le gusta la palabra ‘lisergia’, aunque tampoco desprecia la interjección ‘joder’. Su escritura la han parangonado con el estilo de Bridget Jones, supongo que en la versión masculina y gay. Yo la comparo con la de cualquier treintañero en apuros que tiene los cojones de escribir lo que hace, y lo que piensa, sin escrúpulos y sin tapujos… Lo cual no es poco.
Martín es un chico que se ha expuesto públicamente a través de un blog : la nueva forma de entrar en comunión cósmica con el género humano. Y lo ha hecho de una forma valiente, con una escritura incisiva y fresca. A partir de ahora me declaro públicamente fan de él: es mi Michel Houellebecq rosa.
El ‘Diario de Martín Lobo’ es la nueva novela de amor [¿gay? ] del siglo XXI. Por eso desde este blog imperfecto hoy hablamos de ella.


