domingo, 29 de diciembre de 2013

Harta del acoso publicitario.

Hace unos días me sucedió lo siguiente: Llegué a mi casa del trabajo, pero me tenía que ir pronto a clase de alemán y luego volver al instituto para dar las notas a los padres. Cosa rara en mi calle, había un sitio, así que, aparqué sin molestarme en meter el coche en el garaje. Desde lejos vi a un chico que estaba tocando todos los timbres de mi edificio y nadie le abría. Pero el tío insistía. Llego a la puerta y me pregunta: "¿Me puede decir el nombre del presidente?" Con todo el morro, sin presentarse ni nada. ¿Quién se cree que es? ¿Por qué tengo que darle información sobre mi edificio a un desconocido? ¿Por llevar una carpeta e ir bien arreglado ya hay que abrirle la puerta de tu casa y darle toda la información que quiera? ¿Qué más quieres, que te abra la nevera, te saque una cerveza, te deje mi sofá para ver la tele...? Es el colmo de la desfachatez. 

Supongo que sería un comercial, no lo sé porque no le di más opción, ya que él tampoco se había molestado en decirme quién era y qué quería. Le contesté: "Pues no, no se lo pienso decir." Se quedó pasmado y, entre incrédulo y chulito, lo cuál me dio la impresión de que era un machista que no acepta que una mujer le gane la partida, replicó: "¿Que no me lo piensa decir?" (Mira nene, ponte en plan adolescente enrabietado, que ya tengo experiencia de sobra en ese tipo de comportamientos y por ahí no vas a ningún lado, chaval.) Y yo: " Pues no, no tengo por qué. Así que, si lo quiere saber, averígüelo." Entré y le cerré la puerta en las narices para que no se colara en mi edificio. Se quedó despotricando contra mí, pero me da igual. Viene a molestar a todo el mundo a la hora de la comida/ siesta, que es el momento más íntimo que tenemos, sobre todo, con este ritmo de vida que llevamos. Tiene la mala educación de no decirme quién es y para quién trabaja y, encima, se cree con derecho a interrogarme y que yo le conteste. Hasta ahí podríamos llegar, que para eso estoy en mi casa. Desde luego, no sé qué piensan las empresas, porque con esas técnicas agresivas, a mí no me dan ganas de comprar ningún producto. Y supongo que, a la mayoría de la gente, tampoco.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Ella y yo.

Dicen que Luz Casal dedica esta canción de su último disco a la enfermedad, por todo lo que le ha enseñado. No sé si será verdad, pero se la dedico a dos personas que han vivido esa enfermedad y hoy es un día especial por ello.




"Entre el saber y el sentir, / la emoción de la vida / transforma la rutina / hasta hacerme sonreír. /Una rival que elegí/ en un mismo continente, /una amenaza inocente, /eso fuiste para mí. /A veces se gana /y las más se pierde./ Es cuestión de suerte /ser feliz. /Ella y yo/ a solas,/ manos tendidas/ cuerpos al sol. /Ella y yo,/ dos olas /que se entrecruzan en un adiós, /las dos./ El cielo estaba incendiado/ atardecer anunciado,/ únicas en el rosal/ con collares de coral. /A veces se gana /y las más se pierde. /Es cuestión de suerte /ser feliz. /Ella y yo /a solas,/ manos tendidas, cuerpos al sol. /Ella y yo, /dos olas/que se entrecruzan en un adiós, /las dos./ Descubrimos tanto juntas,/ ella y yo."

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ocho años de blog.

¡Cómo pasa el tiempo! Hace ocho años que empecé este blog sin saber cuánto iba a durar. Ha cambiado de formato varias veces (porque cambió Blogger, yo no suelo hacer cambios de plantilla y demás), ha ido cambiando de lectores, mucha gente dejó de escribir y, por tanto, de leer otros blogs como el mío. Empezaron a existir Facebook, Twitter, otros formatos que no había hace ocho años y eso fue matando poco a poco los blogs. Sin embargo, aún quedamos algunos románticos que seguimos escribiendo y publicando de vez en cuando aquí. 



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                       Gaviotas en Asturias.

   El blog me permitió relacionarme con gente, conocer cosas nuevas, aprender, viajar a conocer a blogueros en persona... Ha sido una experiencia maravillosa y espero que siga durante muchos años. Gracias a todos los que estáis ahí, al otro lado de la pantalla. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Afónica.

Me he resfriado y, como siempre, me ha atacado a la garganta. He intentado resistir porque tenía un montón de exámenes esta semana y las evaluaciones a la vuelta de la esquina, así que, he ido a trabajar. Creo que los alumnos se han portado mejor que los profesores, han visto que estaba afónica y, aunque han hecho sus travesuras habituales, han dado por hecho que les iba a reñir con una mirada o un gesto, que tenían que leer más de lo que habitualmente hacen la pizarra (muchos ni la miran, no tiene pantalla táctil, no interesa) para seguir instrucciones, escuchar más listenings, hacer el examen en silencio y ya está. Business as usual

Sin embargo, mis compañeras (la verdad es que los hombres pasan más y esta vez casi se lo he agradecido, así que eran compañeras las que más me han hablado) me han agobiado un poco con tanto querer protegerme. "¿Qué te ha pasado? No hables." Y: "Haz gárgaras con bicarbonato. Con tomillo, con orégano"... cada una me decía una cosa. Vamos, que puedo hacer gárgaras con lo que sea, porque se ve que se hacen con todo. "¿Te estás tomando algo?" ¿Cómo no me voy a estar tomando algo, con el trancazo que llevo encima? Pero si tengo que explicarlo, me toca hablar y no puedo. Luego dos que me querían ayudar a cerrar los sobres de las cartas de las faltas de mis alumnos, que estoy afónica, ¡no manca! Al final tuve que dejar me ayudaran, aunque creo que lo hago mejor yo sola. Pero claro, no puedes discutir ni decir que ya te apañas sola si estás afónica.

De verdad, que se agradecen los mimos y la preocupación, pero me han puesto un poco de los nervios porque sólo quería que me dejaran en paz y hacer mis cosas como siempre. Luego me encuentro a la directora de camino al aseo y ella venía de la cantina: "¿Cómo vas?" Pero, no me hagas hablar, mujer. Y yo, susurrando: "Pues me he tomado un colacao caliente hace un rato." 

"¿Y cómo das clase sin voz?" Esto no me lo preguntaron profesores, sino mi madre, las que trabajan en secretaría y la de la cantina. Buena pregunta, pero es que no puedo contestar hoy. Todo el mundo queriendo hablarme más que nunca. En mi asignatura, hay mil maneras de dar clase sin hablar: listenings, vídeos, exámenes (en los que no se habla), presentaciones orales de los alumnos (que hablen ellos) y ya, si no hay más remedio, hojas de ejercicios que cada uno/a hace y yo voy por las mesas susurrando dónde se han equivocado y dónde no. O escribo las soluciones en la pizarra explicando por qué es la respuesta correcta. Por cierto, no sé por qué tengo la impresión de que mis mejores clases las hago cuando estoy afónica. Incluso varios alumnos y alumnas me dijeron que les había gustado más que otros días...

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Los olivos de Belchite.

Nunca he estado en Belchite, pero recuerdo que había una página que hablaba sobre el tema en un libro de español que usaba para dar clase a unos ingleses que se habían jubilado y se habían venido a vivir a España sin saber nada del idioma. No sé por qué, el sonido de la palabra "Belchite" les hacía mucha gracia. El caso es que, como me gustó La maestra republicana, decidí comprarme también Los olivos de Belchite. Me llegó el jueves por correo y el sábado ya estaba leído. 

Ambas novelas tratan temas similares: las huellas de la Guerra Civil todavía en el presente, aunque la gente se piense que no, que eso ya es pasado remoto y pasaron las consecuencias (sigue siendo un tema tabú, mi abuelo nunca me contó que había estado en un campo de concentración, me tuve que enterar por una fotocopia de un documento del Archivo Militar de Ávila), el contraste entre pueblo o el campo y la ciudad, temas económicos de actualidad, las parejas de diferentes culturas, los hijos secretos o los padres y madres secretos que se descubren al cabo de los años...

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 Recogida de olivas en Matola (Elche). Foto cedida por A.Pérez.

Quizá lo que más me llama la atención de las novelas de Elena Moya es la vuelta a las raíces, a la tierra, al lugar donde has sido feliz. Supongo que me identifico de alguna manera con el amor de María, la protagonista, por los olivos centenarios porque pasé los veranos de mi infancia en el campo con los almendros de mi bisabuelo. Eso sí, reconozco que el olivo no es tan rugoso como el almendro y, por tanto, a la hora de trepar, no te haces tantos arañazos. Y bueno, aunque no es mi especialidad coger olivas, una también ha hecho sus pinitos, como ya conté: aquí. 

No quiero estropear la lectura, así que, no digo más. Os dejo que os perdáis por las calles de Londres o los campos de Belchite, las avenidas de Barcelona...

martes, 5 de noviembre de 2013

Por los Erasmus.

Porque fui Erasmus, porque nunca pagaron lo suficiente, porque los cuatro meses que pasé en la University of Ulster at Coleraine se los debo, sobre todo, a mis padres. Los sobresalientes y notables que saqué en el curso en que mejores notas tuve de toda la carrera, a pesar de tener que hacer los exámenes y los trabajos en un idioma que no era mi lengua materna, fueron la mejor manera de devolverles su sacrificio y su esfuerzo.





Por los Erasmus pasados, presentes y futuros, aquí van unos vídeos para dar voz a Ramsés, Aida,  Noelia y todos estos chicos y chicas que están estudiando en el extranjero actualmente. Además se lo dedico con cariño a Cristina, que está de Erasmus en Galway, como regalo atrasado por su cumpleaños.


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viernes, 1 de noviembre de 2013

miércoles, 23 de octubre de 2013

La maestra republicana.

Por recomendación de mi amiga Pilar he leído estos días La maestra republicana, de Elena Moya. Es un homenaje a las maestras republicanas que tanto lucharon por la Educación pública, por la igualdad de las mujeres, por llevar la cultura a pueblos remotos a través de bibliotecas o de misiones pedagógicas... Y, además, una parte importante de la historia transcurre en Morella, un pueblo al que le tengo cariño desde que estuve allí de viaje con mis padres hace varios años.

En el libro se hacen referencias a la época de la guerra civil y la postguerra, pero también a la corrupción urbanística y política actual. Algo parecido a unir ambas épocas históricas estoy haciendo yo buscando el rastro de mi abuelo durante la guerra civil (ver aquí) y, al mismo tiempo, viviendo momentos convulsos en estos tiempos de crisis. Por un lado, estoy leyendo cartas y telegramas de 1938 en el Archivo Histórico Municipal, cajas y cajas llenas de papeles que hablan de soldados desaparecidos o  muertos, de enfermedades de familiares con certificados médicos para que los soldados pudieran solicitar permiso y venir a verlos, de nacimientos mientras los padres andaban por el frente, de deserciones, de denuncias, informes policiales o de alcaldes pedáneos que afirman que alguien es "de probado carácter antifascista" y que no tiene familia "en territorio faccioso". Haberes que el ejército republicano no pagaba a tiempo, solicitudes de pensiones de viudedad... Cartas que terminan con: "salud y República", "salud y victoria", "saludos antifascistas" y empiezan por "cámarada". Miles de papeles en forma de cuartillas, reciclados (por detrás hay impresas otras cosas), algunos que se leen perfectamente, como si los hubiéramos escrito ayer, otros borrosos en los que casi no se distinguen las letras. Algunas cartas a mano con una caligrafía preciosa, de la que ya no hemos vuelto a ver ni veremos más, teniendo en cuenta que ahora casi todo lo escribimos a ordenador y ya no sabemos ni escribir con boli y papel. 

Vidas que existieron hace más de setenta años y vidas que existen ahora: estudiantes, padres, madres, profesores con los que me cruzo cada día. Manifestaciones con pancarta a la hora del recreo contra la ley de educación, huelga mañana... De alguna manera los maestros republicanos siguen existiendo y habrá que seguir rescatándolos del olvido, como proponen en esta web: http://lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com/2012/10/24/1976/ Y, no sé por qué, tras haber encontrado cartas y telegramas que se refieren a la desaparición de mi abuelo en esa maraña de papeles, tengo la intuición aunque no la certeza, de que pudo ser capturado en el frente cerca de Morella. Al final, la historia de ayer y la de hoy, acaban unidas por los mismos sitios.

martes, 8 de octubre de 2013

A los que se fueron y a los que nos quedamos.

Yo me fui porque quise (y pude volver) pero muchos se han ido obligados y no saben cuándo podrán volver, si es que vuelven. Dentro vídeo:


lunes, 16 de septiembre de 2013

Alumnos que nos marcaron.

En julio acompañé a mis alumnos a selectividad (sí, en julio, sí, los profesores trabajamos en julio) y allí me encontré un día con una compañera de otro instituto que me paró en el pasillo cuando ya habían terminado los exámenes de la mañana y me iba a comer con otro compañero. La conversación fue la siguiente: 

- Perdona, me suena mucho tu cara, pero no sé de qué. -me dijo. 

-Supongo que de vernos por aquí, porque tú también viniste en junio y el año pasado, ¿no? -respondí.

-Sí, pero creo que no es de eso, creo que nos conocemos de otra cosa, de antes. 

-Pues no sé, no tengo ni idea, igual hemos coincidido en algún curso para profesores, en la Escuela de Idiomas o en algún instituto... 

(La verdad es que yo soy bastante mala para recordar caras y nombres al cabo del tiempo. Quizá mi cerebro se resetea cada año para olvidar cientos de nombres y caras del curso anterior y dejar paso a los cientos de personas nuevas que voy a conocer.)

Empezamos a nombrar institutos y no habíamos trabajado las dos en ellos, además, vivíamos en lugares distintos, separados por unos 40 o 50 kms. así que, tampoco nos movíamos por el mismo barrio ni por la misma ciudad. Al final, me dijo: "Bueno, si me acuerdo de qué nos conocemos, ya te lo diré". Le contesté que vale, que bien, sin darle más importancia y me fui a comer. 

Al día siguiente, me estaba lavando las manos en el aseo cuando entró ella y me dijo: "Creo que ya sé de qué nos conocemos. Ahora te cuento." Le contesté: "Vale, te espero fuera". No íbamos a estar hablando en el aseo... Fuera estaba también mi compañera de castellano, que había venido a echarme una mano con los alumnos y me puse a hablar con ella. Cuando esta chica salió del aseo me preguntó:

-¿Has trabajado en el instituto X de Elche?

-Sí, hace cuatro años, ¡ya sé de qué te conozco! Kevin (cambio el nombre por discrección), ¿verdad? Yo era la tutora y tú la profesora de castellano. -De repente, me vino todo a la cabeza. Ella era interina y sólo había estado el primer trimestre, por eso a  mí no me sonaba que hubiéramos trabajado juntas, pero al mencionar el instituto, los más de mil alumnos que tiene se concentraron en uno solo y ya supe de qué nos conocíamos. 

-Sí, Kevin, ahora me acuerdo yo también. Recordaba algo vagamente, pero ahora ya me va sonando lo que cuentas. 

Después empezó a hablar del chaval (era un alumno que estaba en un centro de menores y tenía muchos problemas) y de cómo le había marcado. A pesar de que le dio clase sólo un trimestre, se acordaba de su nombre y apellidos, del barrio y la ciudad donde vivía antes de que lo enviaran al centro de menores en mi localidad para alejarlo de su lugar de origen y los problemas que tenía allí, se acordaba de una redacción que le había escrito en la que decía que de mayor se iría a Sevilla y se casaría con una sevillana porque eran muy guapas. Me confesó que muchas veces ha pensado qué habrá sido de ese chaval y yo reconocí que también me lo he preguntado. Contamos anécdotas de él y le dije que, lo último que supe de él, es que el juez había autorizado a que volviera con su familia.

A mí ese chico, que este mes (el 23 si no recuerdo mal) cumplirá 19 años, siempre me recordó a esta canción de Revólver que pensé muchas veces en hacerle escuchar y nunca me atreví a poner: 

Ojalá haya futuro también para él. Ojalá esté en Sevilla buscando a la mujer de su vida y se aleje de las malas compañías, de todo lo malo que le influyó en la infancia y adolescencia.



"Cuando sólo era un niño quemaba los días  
y eran largos y eternos como en una prisión. 
Le dábamos vueltas a como sería, que no te mandaran y ser ya mayor: 
Yo quiero ir a China y yo a California, yo ver el desierto y yo romper una ola
Yo quiero ser rey, ¡joder! yo también, yo quiero ser rico y con eso me sobra

Yo lo que no quiero es ser como mi padre,  
que llega borracho después del trabajo. 
Mi madre le grita y se lían a golpes  
y acabo yo solo llorando en mi cuarto. 
Y acabo yo solo llorando en mi cuarto...

Tener un ferrari, no hacer los deberes,  
acostarme tarde y no bajar la basura,  
poder ver las pelis que tienen dos rombos  
y ver las revistas de chicas desnudas. 
Yo quiero hacerlo con dos mil mujeres,  
aunque diga mi hermana que eso es de guarros, 
pero yo la he visto tocarse y besarse  
con ese payaso que vive en el cuarto. 

Yo lo que no quiero es ser como mi madre,  
que nunca se ríe y nunca habla bajo.  Image
Se pasa la vida negando su suerte  
y acabo yo solo culpable en mi cuarto. 
Y acabo yo solo culpable en mi cuarto... 

El más alto de todos decía: "No quiero  
acabar con un tiro como mi hermano  
ni ser un fantasma como sus amigos,  
de esquina en esquina vendiendo caballo. 
Vivir a mis anchas en mi propia casa, 
Mi chica, mi pasta, mi curro, mi carro. 
Creer que hay futuro también para mi, 
Salir como un rayo de este puto barrio." 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cantabria infinita.

Hemos recorrido tres mil kilómetros por la meseta, la montaña y la costa. Hemos visto cuevas con estalactitas y estalagmitas, con dibujos prehistóricos o que fueron refugios de la guerra civil. Hemos visto valles con ríos y rías que dan al mar. Hemos visitado palacios, casas de indianos, molinos de río y de las mareas, iglesias, ermitas, colegiatas, una catedral y hasta un monasterio. Hemos estado en playas preciosas sin bañarnos porque teníamos frío y hemos hecho picnics con mesa y todo.

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Picos de Europa.

También hemos comido muy bien y hemos conocido a gente muy amable. Nos hemos perdido con los mapas y nos hemos encontrado. Hemos bebido sidra y devorado sobaos pasiegos.

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San Vicente de la Barquera.

Nos hemos alojado en casas preciosas y hemos visto varias puestas de sol. Hemos estado en contacto con la naturaleza, hemos visto muchos animales y hemos hecho senderismo. Hemos cargado el coche hasta los topes con el equipaje, regalos y comida para la vuelta.

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Picos de Europa.

Pero, lo más importante de todo, es que hemos sido felices, nos hemos relajado y hemos salido de la rutina. Así que, gracias por acompañarme.

domingo, 1 de septiembre de 2013

40.


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Hemos cambiado de década.

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martes, 20 de agosto de 2013

No al fracking.



Ni en Cantabria, ni en ningún sitio.

Pdata. del 31 de agosto:

Y ojo, porque nos la cuelan:  http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/08/30/actualidad/1377891090_236107.html

sábado, 20 de julio de 2013

La vida a los trentaytantos.

Me he permitido la licencia de continuar o ampliar una historia que Salva empezó en su blog,  aquí.

Ha sido un día largo para Ana. Los de primero de la ESO, más callados de lo habitual a primera hora porque aún estaban medio dormidos. No sabe si se han enterado mucho de la clase. Los de segundo de bachillerato mandando whatsapp con disimulo por debajo de la mesa en cuanto ella se giraba a la pizarra. Probablemente, usando el wifi del instituto y eso que cada dos por tres cambiaban la clave para que no la supieran los alumnos. "Las manos encima de la mesa, que no sospeche que estáis usando el móvil." Y ellos, haciéndose los ofendidos: "¿Qué móvil?, si está en la mochila. Me lo he dejado en mi casa. Está apagado. Sólo he mirado la hora." Las excusas típicas. Pero, si se acercaba a comprobarlo, con un arte que ya quisiera haber tenido Houdini, el móvil había desaparecido a saber dónde. Y, sin embargo, estaba 99% segura de que lo habían usado. Si no los pillaba in fraganti, no se lo podría quitar y dárselo al jefe de estudios para que lo recogieran los padres.
Tercera hora, atención a padres. Viene Sara, la madre de Laura, porque ha suspendido inglés. Ana es la profesora de inglés y la tutora. Sara empieza como muchos padres y madres: "No sé qué hacer con mi hija" y Ana piensa: "pues si no lo sabe usted que es la madre..." Le enseña los exámenes, le da una lista de las cosas que tiene que repasar y algunas fotocopias con ejercicios para que se las dé a la profesora particular, a ver si entre todos consiguen que Laura apruebe. Y, tras dejar que Sara se desahogue contando problemas familiares y laborales (Ana ya está acostumbrada a que los profesores sean como los camareros de los bares, que escuchan a los clientes y callan, como mucho, intervienen algo en la conversación para dar a entender que están escuchando, porque eso es lo único que los padres necesitan: alguien que los escuche), va en busca de Laura, que está en clase de historia. 
Cuando salen al pasillo Laura pregunta: "¿Ha venido mi madre?" y Ana, en dirección a la escalera, contesta que sí y que quiere tener una charla con las dos. "Pero, ¿es bueno o es malo?", insiste Laura y Ana contesta, parándose en el pasillo, dándose la vuelta y mirándola a la cara: "Ni bueno ni malo, sólo que ya tienes una edad, Laura, y ya es hora de que espabiles y apruebes los exámenes. Porque tú suspendes porque te da la gana. Y lo sabes." Se pone seria. Laura baja la cabeza, reconoce en un murmullo que Ana tiene razón. "Pues a ver si te pones las pilas, anda, vamos para abajo", replica Ana.

Al llegar al departamento de inglés, donde ha dejado a Sara, madre e hija se miran como pensando: "¡Qué raro vernos aquí!, en este ámbito fuera de casa". Por las caras que ponen ambas, Ana ve que parecen dos alumnas a las que ella, como profesora, vaya a regañar. Saca un folio y hace que Laura escriba que promete estudiar más y sacarse todas las asignaturas a final de curso, que ponga la fecha y lo firme, delante de su madre y de ella como testigos. "Y ahora lo pones en la nevera o en un sitio donde lo veas todos los días, para recordar tu promesa.", añade. Laura vuelve a clase aliviada porque la bronca ha sido más suave de lo que se esperaba, Sara también parece relajarse cuando su hija sale por la puerta. Ana termina la conversación diciendo que le recuerde su promesa y que en un par de semanas se vuelven a ver para ver si la está cumpliendo, que es bueno que Laura vea que están en contacto. Se despide de Sara con dos besos, la acompaña a conserjería para que le abran la puerta de la calle y va a la sala de profesores a recoger sus cosas porque se ha quedado sin recreo y ya le toca ir a clase. Le quedan cuatro horas todavía por delante, tiene hambre, no le ha dado tiempo a ir al aseo, irá en el segundo recreo, y esta tarde tiene aún exámenes por corregir y clase de alemán en la escuela de idiomas de 7 a 9. La vida a los treintaytantos no es tan fácil como a los quince o los veinte se imaginaba. Sin embargo, cuando en junio Laura apruebe todo y su madre venga a darle las gracias en la fiesta de fin de curso, sentirá que ha valido la pena.



martes, 2 de julio de 2013

Mi sobrino.

Sobrino: "Un avión."

Yo mirando por todas partes y, al final, lo veo pequeñísimo allá arriba. ¡Qué vista, tiene el tío! Le contesto:

-Está muy alto.

-Está muy alto, no se puede coger. -me dice.

-No, no se puede coger. - confirmo.

-Con una escalera.

¿De dónde ha salido este niño que con dos años contesta esto?

jueves, 20 de junio de 2013

Comida.

En estos últimos meses he donado comida siempre que me he enterado de una campaña de recogida de alimentos. Sin embargo, me siento fatal cada vez que lo hago, me dan ganas de llorar de rabia, impotencia, frustración. De ver cómo esta gentuza egoísta nos machaca cada vez más quitándonos dinero y derechos adquiridos durante generaciones. Afirma que hay que trabajar más y ganar menos, pero ellos siguen trabajando poco y ganando lo mismo o más a costa nuestra. No hay dinero para Sanidad y Educación, pero sí para evadir a Suiza. No tenemos derecho (según ellos) a ponernos enfermos ni tampoco a hacernos viejos, porque salimos muy caros y no trabajamos,  ¿Qué es eso de cobrar sin trabajar? Fuera bajas remuneradas, fuera pensiones. Si nos quedamos sin trabajo o nos ponemos enfermos y no podemos trabajar ni cobrar, por tanto, no podemos pagar la hipoteca, se quedan con nuestra casa, si pueden, también la de los padres pensionistas que nos avalaron, y, encima, nos reclaman una deuda que no podremos abonar jamás en la vida. Etc. Etc. Eso, ¿no se ha llamado siempre esclavitud?

sábado, 15 de junio de 2013

La nota en la nevera.

Anoche fue la fiesta de graduación de 2º de bachillerato y en la cena un alumno de mi tutoría me dijo: "¿Sabes? Todavía tengo la nota en la nevera". Le contesté: "Déjala ahí, y sigue esforzándote que te quedan dos semanas." Por febrero llamé a su madre porque tenía un montón de asignaturas suspensas y estuve hablando con los dos. La madre me decía que no pudo estudiar más porque tuvo que ponerse a trabajar desde muy joven, debido a la situación familiar, y que le gustaría que su hijo estudiara. Él acababa de cumplir 18 años y le dije que ya era mayor de edad, ya era un hombre y los adultos se comprometen y cumplen las promesas. Le hice escribir en una hoja en blanco que prometía estudiar y sacarse todas las asignaturas y firmarlo. Le dije que era un contrato consigo mismo y que, a partir de los 18, los contratos son una cosa muy seria porque, si no los cumples, te pueden pedir responsabilidades, incluso ir a la cárcel. "Y te lo vas a poner en la nevera o en un sitio donde lo veas cada día, para recordar tu promesa, estudiar y cumplirla. Dale una alegría a tu madre, anda." Por lo visto, la nota aún sigue en la nevera.

En los exámenes de finales de mayo aprobó todas las asignaturas menos dos y dentro de dos semanas le toca presentarse a la recuperación. Como ya no hay septiembre, los exámenes se hacen a finales de junio. A ver qué pasa. Os dejo con un vídeo que demuestra por qué vale la pena el esfuerzo y el estudio.




domingo, 9 de junio de 2013

La mula.

 La mula es una novela sobre la guerra civil que demuestra que siempre ganan los mismos, que si eres pobre, da igual que estés en el bando de los vencedores porque vas a perder de todas formas. Mi sobrino se acerca a ver qué hago, le enseño la portada y le digo, señalando el título: "La mu-la". Y le enseño también una foto de la portada para que vea qué es una mula. Repite: "La mula", coge el libro, señala la foto que le he enseñado y se va a donde está su madre, así que, sigo leyendo. Vuelve a los cinco minutos y se queda mirándome a mí y al libro. Le señalo una frase y se la leo: "¡A sus órdenes mi comandante!" Se va a donde está su madre y le dice: "¡A sus órdenes mi comandante!" Y nos partimos de risa. Hace varios viajes más, de su madre a mí, para ver lo que leo, así que le voy leyendo frases sueltas en voz alta, que después retransmite a su madre. En una de sus visitas, vuelvo a la portada y leo: "La" y se lo señalo también en la palabra "mula" y en los apellidos del autor, cuyo nombre completo está también en la portada. De punto de lectura tengo una postal de Málaga, se la enseño y leo: "Málaga", señalando otra vez "la". Me mira con curiosidad y mi cuñada me dice: "Es muy pequeño todavía para aprender a leer". Sí, pero, "si tú lees, ellos leen", ¿no?

miércoles, 29 de mayo de 2013

Fin de curso.

Salgo del examen oral de alemán, ayer hice las otras partes, así que, he acabado ya. Arranco el coche, abro las ventanillas, pongo un CD de Ana Belén y me voy a trabajar. ¡Por fin puedo escuchar la música que me dé la gana y no grabaciones para practicar alemán! Subo el volumen, hace buen día y me gustaría tener un descapotable para ir con los pelos al viento y la música alta, como en las películas. ¡Qué sensación de libertad! Así da gusto ir a trabajar. Ahora, a esperar al día 19 para saber los resultados.


miércoles, 22 de mayo de 2013

Ley de Murphy o peripecias en la Renfe.

Todo parecía muy sencillo: ir a Alicante, recoger a Alberto, subir en el cercanías, bajarme en Elche y él seguía camino a Orihuela, donde lo recogía Rosa. Sin embargo, no contábamos con la Ley de Murphy ("si algo puede salir mal, saldrá mal", también conocida como: "la tostada siempre cae del lado de la mantequilla", de la mermelada o del aceite, añado yo). En resumen, que la Ley de Murphy empezó pronto a hacer de las suyas, para darle vidilla al asunto. 

Yo sabía que la estación de Alicante estaba en obras por lo del AVE (se supone que llega en junio, ya veremos...) porque la había visto hace unos meses. Pero es que ahora ya no son obras, es zona de guerra llena de edificios vaciados totalmente por dentro (sólo quedan las paredes y el techo), zanjas por todas partes, vallas metálicas, obreros con casco, ingenieros haciendo fotos de los progresos y consultando con otros... Total, que de los andenes al vestíbulo sólo queda un estrechísimo pasillo por donde se agolpan los pasajeros. 


Alberto, por venir de Madrid, tenía gratis el cercanías. Con una condición: hay que validarlo. Y, para ello, sólo hay una máquina en la entrada de la estación o el mostrador de venta de billetes. Le dije que le preguntara al personal de RENFE que le iba a ayudar al llegar (a mí no me dejaban pasar, sólo podían estar en el andén los viajeros con billete, no los familiares y amigos que iban a recoger a la gente), pero aquella señora sólo le aclaró que había que validarlo y, en cuanto vio que yo me hacía cargo, salió corriendo con la excusa de que tenía que ayudar a más pasajeros. Además, sólo teníamos veinte minutos entre los dos trenes, pero el de Madrid llegó diez minutos tarde, con lo cual, nos quedaba la mitad de tiempo. 

Así que, dejé a Alberto junto a una valla de las obras (el de Madrid había parado justo al lado del cercanías, pero tenía que cruzarme toda la estación para ir a validar el billete) y me fui hasta la otra punta, sorteando viajeros y maletas lo más rápido posible. Llegué a la máquina, había un señor delante y luego, cuando intenté validar el billete con el código de barras, no había manera. Hala, tira para el mostrador y haz toda la cola, claro. Cuando por fin me atiende una señora, me dice que es en el mostrador de al lado. Otra cola. Por fin llego, el hombre intenta validar el billete, el lector de códigos no lee nada, lo pasa varias veces, a la cuarta o quinta, por fin, sale el billete para el cercanías. Salgo corriendo, literalmente, y oigo: "próxima salida cercanías con destino Murcia". Corro aún más que mi hermana en la media maratón de Almansa, consigo llegar entre las vallas hasta donde había dejado a Alberto, nos metemos corriendo en el tren. Todo lleno de gente, claro, éramos los últimos. Con maletas por enmedio, había sitios vacíos, pero sólo para una persona. Al cuarto vagón o así, por fin conseguimos encontrar dos sitios y sentarnos. ¡Uffff! ¡Prueba superada!

Paramos en San Gabriel y Torrellano, como siempre, y el tren se detiene más tiempo del normal para dejar pasar a otros. Ya llevamos quince minutos de retraso, pero lo peor es que no funciona la megafonía que anuncia las estaciones y entonces Alberto lo va a tener difícil para saber cuándo llega a Orihuela. Tampoco pasa el revisor, para avisarlo y que le ayude. Para más inri, en Torrellano se apagan las luces del vagón y el tren hace un ruido raro, parece que no va a arrancar, aunque al final arranca. Si es que, yo conozco los mismos trenes mugrientos toda la vida, en todas las otras líneas de cercanías he visto trenes mucho más modernos. Estos deben de tener como treinta años o más.

Para rematar ya la faena, Alberto se ha equivocado y le ha dicho a Rosa que llega una hora más tarde. Cuando se baja la gente en la primera estación de Elche, nos cambiamos de sitio y dejo a Alberto más cerca de la puerta. Me espero a la segunda y entonces veo al revisor trasteando en el cuadro eléctrico para intentar arreglar las luces, que siguen sin funcionar, y le aviso de que tiene que ayudar a Alberto a llegar a Orihuela. Llamo a Rosa en cuanto me bajo y me dice que está de camino, que no ha hecho caso de Alberto y se ha adelantado, menos mal, están entrando a Orihuela, pero hay obras y se tienen que desviar del camino usual. 

Al día siguiente cuando llego a Orihuela y veo la estación... se me cae el alma a los pies. "¡¡¿Esto qué es?!!  ¡¡Si lo llego a saber, no mando a Alberto aquí!!" Yo conocía (y además, había visto una foto en internet, buscando la dirección para hacerme un plano y saber ir de la estación a la librería donde se hacía la presentación del libro de Alberto) una estación de cristal, modernísima y maravillosa, pero resulta que la cerraron en octubre (de eso me he enterado después) por las obras, creo que del AVE también. Y ahora llegas a lo que llaman: "estación intermodal provisional", que han construido a cierta distancia de la estación real y es, atención: dos andenes sin valla ni nada, vamos, que si, como Alberto, no ves, te puedes caer a la vía fácilmente, un conjunto de prefabricados donde están los aseos, las taquillas de renfe y las de los autobuses ("intermodal" significa que hay unos diez espacios para aparcar autobuses un poco más allá) y poco más. Te hacen bajar en un andén, seguir recto, bajar por una rampa hasta otra vía, cruzar andando la vía, subir por otra rampa al otro andén y luego, por rampa o escaleras, bajar a la parte de las taquillas y la calle. Una carrera de obstáculos, vamos. Y más, si eres discapacitado.


sábado, 18 de mayo de 2013

Este fin de semana.

Ayer, primero fue lo del vídeo y, por la tarde, ir a Alicante a recoger a Alberto, que ha venido a pasar el fin de semana en Orihuela para dar dos charlas sobre su libro, una en Pilar de la Horadada esta mañana y otra esta tarde en Orihuela a las 19 h. en la Librería Códex. Fue toda una odisea que ya contaré proximamente. Esta mañana he estado practicando alemán con tres compañeras de este curso y el pasado, mañana intentaré ver a mi sobrino, corregir todo lo que me falta y estudiar alemán... Me faltan horas cada día para hacer todo.

 

domingo, 12 de mayo de 2013

Lo que me contaron de la Guerra Civil.

Esto no es lo que leí en los libros, ni en internet, ni me enseñaron en la escuela (que no recuerdo que me enseñaran mucho, tres generaciones después aún lo seguimos ignorando casi todo y es un tema que se pasa por alto siempre), ni vi en las películas. Esto es lo que me llegó por tradición oral, de padres a hijos o de abuelos a nietos, hasta llegar a mí. 

Por un lado, mi abuelo Joaquín, del que ya hablé hace varios posts. Se fue voluntario a la edad de mis alumnos (16 años), lo hirieron y estuvo prisionero en un hospital, lo dieron por desaparecido, pero al final volvió. Se cambió la fecha de nacimiento para parecer un año mayor y haberse ido obligatoriamente. No podía soportar ver serpientes, ni siquiera en la tele. Se ve que se le enrolló una en aquellos tiempos y lo pasó fatal. Y siempre que nos dejábamos comida en el plato nos reñía diciendo: "¡Con el hambre que pasamos en la guerra!" Eso era lo único que contaba del tema, porque nunca quiso hablar de la guerra. 

Por otro lado, mi abuelo Julio. Estaba segando en Salamanca cuando el ejército de Franco se lo llevó. El dueño de la finca o el capataz, no sé, fue tan cabrón que no lo avisó hasta el día anterior a pesar de tener la orden de que se tenía que presentar desde muchos días antes, para que siguiera segando y acabara el trabajo. Así que, llegó casi por los pelos al sitio y hora donde se tenía que incorporar. Llegó a ser alférez y, al acabar la guerra, se le entregaban todos los republicanos diciendo que estaban cansados y él no sabía qué hacer porque hubo un momento en que tenía más prisioneros que hombres en su unidad.

Mi bisabuela Concha se empeñó en hacer cocido, que es tradicional aquí el día de Navidad, a pesar de que se lo habían prohibido. Mi bisabuelo compró el terreno donde se ubica mi edificio actual en abril de 1936 y ahí se construyó una casa. En esta misma calle se ve que había un cuartel o algo así y vinieron unos milicianos casa por casa a decir que no se podía celebrar la Navidad y amenazando a quién comiera cocido ese día. Pero mi bisabuela no era una mujer que se dejara amenazar, así que, hizo cocido. Eso sí, en Nochebuena, no en Navidad, por si acaso. Que una cosa es no dejarse amenazar y otra ser temeraria. Tampoco es cuestión de dejarse fusilar por un cocido más o menos. Luego no vino nadie a comprobar si comían o no cocido y no pasó nada pero, como lo que va delante, va delante, mis bisabuelos y abuela ya se lo habían zampado.

Y esto es lo que me quedó de la guerra: un abuelo campesino que no tenía nada que ver con las armas y estaba tan tranquilo segando hasta que se lo llevaron, otro abuelo campesino y zapatero que se fue voluntario a una edad en la que hoy en día la gente está estudiando aún y que lo pasó tan mal que nunca más quiso hablar del tema y una bisabuela que no se dejaba intimidar, por la que como cocido cada Navidad. Sólo faltaba que, ahora que soy libre para comerlo, no lo hicera. Va por mi bisabuela, que no sabía leer ni escribir, ni siquiera hablar castellano, sólo hablaba en valenciano, pero seguro que hacía unos cocidos impresionantes. Fuera Navidad o no, hubiera guerra o no. Su cocido era sagrado.

jueves, 9 de mayo de 2013

Europa.

Estoy haciendo un cursillo de la UNED que va sobre el bilingüismo, leyendo directivas europeas que promueven el aprendizaje de dos lenguas aparte de la propia, pero siempre para encontrar trabajo, para la movilidad entre los países europeos. Traducido: para ser mano de obra barata en países del norte de Europa. Encima, ahora piden esclavos con idiomas, el colmo de los colmos... Nunca se menciona en todos esos artículos, directivas, etc. aprender idiomas porque sí, por curiosidad, para conocer gente nueva, para enamorarte, para poder leer o ver películas en otra lengua, para tender puentes entre los que no se pueden entender porque no hablan ese idioma y tu país, tu lengua, tu cultura, lo más tuyo. 
Los idiomas han sido siempre muy importantes para mí, han sido mi vida, mi hobby y mi profesión. Pero así no, así me niego tanto a aprender como a enseñar idiomas. Me niego a ser esclava.

jueves, 2 de mayo de 2013

Ya tienes dos años.

Ya tienes dos años. Lo celebramos el sábado con una tormenta que te asustó y te hizo esconderte en el comedor y no querer salir a soplar las velas de tu tarta. Ya tienes dos años y estás contento con tus regalos, tus juguetes. Te sorprendes al vernos a todos juntos, todos tus abuelos y tus tíos, porque siempre nos ves por separado. Pero te acostumbras enseguida.



Hoy, los dos solos y sin lluvia, hemos arrastrado el tractor hasta la puerta. Tú querías salir a la carretera, yo quería volver a casa. Entonces ha ladrado el perro del vecino y te has asustado. Me has echado los brazos para que te cogiera, así que te he llevado en brazos de vuelta a tus padres, a tus abuelos, a la seguridad de la casa. Te preocupaba dejar el tractor allí, pero te has convencido cuando has visto que agarraba la cuerda para llevarlo a rastras con nosotros de vuelta. Te abrazabas a mí buscando protección y te besaba en la frente. Después te he columpiado y cantado canciones infantiles en inglés, que has coreado con tu lengua de trapo. También te he cantado canciones irlandesas como "Molly Malone" y "Oh, Danny boy" y me has llevado al puzzle que hace de alfombra en el comedor para sacar la A y decirme: "La A de Ana". Antes de todo eso, te lo has pasado bomba jugando con "la pala azul", "la pala verde" (aquella que encontré el año pasado abandonada en la playa y te la traje), "el rastrillo", "el camión", "los caracoles", todas esas cosas que ya sabes nombrar. "¡Cuántas flores!", has exclamado al ver las margaritas que había cogido tu abuela. Ya tienes dos años y se te nota.



sábado, 20 de abril de 2013

Mi abuelo en internet.

 El otro día encontré por casualidad en esta web: http://www.elche.me/ una referencia a un hombre con el mismo nombre y apellidos que mi abuelo:

"Lugar de muerte: 
Desaparecido en frente de guerra
Fecha de muerte: 
3 de diciembre de 1938
Biografía: 
S. M., Joaquín (¿? - 3-XII-1938). Durante la Guerra Civil desapareció en los frentes de guerra. Formó parte de la 49 Brigada Mixta.
A.H.M.E., legajos de correspondencia (1936 - 1939)."

¿Qué hace mi abuelo en internet? Yo sabía que estaba la entrada de mi blog que le dediqué en marzo de 2006 (el enlace está en este post, pinchar en la primera vez que pone "abuelo"). Sé que mi abuelo desapareció en la guerra, pero regresó al cabo de un tiempo así que, ¿era la misma persona? Pero mi abuelo no murió el 3-12-1938, si no, no estaría yo aquí contando esto porque no habría tenido hijos ni nietos. ¿Entonces? Desconozco en qué brigada estuvo y cuándo desapareció y ahí no pone la fecha de nacimiento para poder contrastar la información. Contacté con el administrador de la web y me contestó que era muy probable que fueran la misma persona, porque sería mucha casualidad que hubiera dos con el mismo nombre y apellidos y desaparecidos por las mismas fechas. Así que, ha dado por hecho que son la misma persona y ha ampliado la biografía con la información que le he dado sobre mi abuelo.

Parece que el 3-12-1938 es la fecha en la que se recibe la notificación en el ayuntamiento de que mi abuelo (supongamos que es la misma persona) ha desaparecido. Así que, he escrito al Archivo Militar de Ávila a ver si me pueden proporcionar más información sobre mi abuelo y salimos de dudas.

viernes, 5 de abril de 2013

Primavera verde.




Porque cualquier día nos puede tocar, que también tenemos hipoteca.

Más información, aquí:  aquí

viernes, 22 de marzo de 2013

Mi sobrino.

Te pregunto en inglés de qué color son las cosas y me contestas en castellano, diciendo las última sílabas de los colores: "ul" es "azul", "erde" es "verde", "coco" es "rojo", "illo" es "amarillo"... Pero no te equivocas nunca, te lo sabes todo y da igual que te lo pregunte en inglés porque también me entiendes, aunque no sepas los colores en inglés. Y te digo: "¡Excellent!" y tú repites: "lent". Jugamos con la carretilla, te señalo la rueda diciendo: "It's a wheel" y repites: "wheel". Sin darte cuenta, estás aprendiendo inglés. Tu padre te mira sorprendido, sin decir nada, mientras te canto: "Head, shoulders, knees and toes" y tu repites sólo "head", pero me entiendes, sabes decirlo en español ya y no te sorprende que yo llame a la cabeza, los hombros, las rodillas y los dedos de los pies de otra manera. Tienes un camión con unas letras, te señalo la A y la pronuncio en español. Tú dices "na" para completar mi nombre, Ana, y te como a besos porque eres muy listo y estoy muy orgullosa de ti, porque aún no tienes dos años y las primeras palabras en inglés de tu vida te las he enseñado yo.

sábado, 9 de marzo de 2013

Día de la mujer.

   Hace un mes vi este anuncio en la web y me pareció indignante que en un seguro para mujeres se nos llamara "el asegurado". ¿Acaso en un seguro para hombres, por si tienen cáncer de próstata, se les llama: "la asegurada"? No creo, jamás habrían cometido ese error. Pero claro, nosotras sólo somos mujeres y no nos deben importar estas sutilezas. Un hombre sí tiene derecho a enfadarse si se le trata con un adjetivo femenino. Pues bien, protesté al banco en cuestión el 7 de febrero y, a día de hoy, ni se han dignado en contestar. Por lo cual les he vuelto a mandar un e-mail avisándoles de que pensaba publicarlo en mi blog, para que se viera lo que les importan realmente las mujeres. Les he exigido también una disculpa y que cambien el anuncio. De paso, les he propuesto que pueden comentar aquí si tienen algo que decir al respecto. Además, ya puestas, me he tomado la libertad de enviar el anuncio de marras al Observatorio de la imagen de la mujer. En cualquier país europeo, menos aquí, habrían contestado inmediatamente y rectificado. Pero en España, hasta que no haces una denuncia formal, nadie te hace ni caso.

 

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miércoles, 6 de marzo de 2013

Orla.

Antes de la foto de la orla las chicas ensayan en el espejo del aseo su mejor sonrisa y pose. Todos han venido bastante arreglados. Bueno, casi todos. Un chico le dice a otro: "¿No te da vergüenza? Tu novia tan arreglada, ¡y tú en chándal!" Algunos repetidores se hicieron ya la foto el año pasado y no quieren volver a salir. Las chicas me riñen por ir siempre con la cara lavada y me dicen que me van a maquillar. Me dejo hacer: una me pone base de maquillaje, otra me pinta la raya de los ojos, otra me la repasa... Todas van dando su opinión experta: "Ponle esto, ponle lo otro, mejor así, quítale de ahí, ponle allá..." Uno de los chicos también participa, mientras los otros se quedan a distancia observando el universo femenino en plena actuación. Al final, todas alaban el resultado. Me dejan un rincón en el espejo del aseo para mirarme y la verdad es que estoy muy bien, aunque esos ojos no son los míos, son de repente los de mi hermana, que se pinta todos los días. Aunque los míos son más oscuros.

Nos hacemos fotos en grupo antes de la oficial, para poder ponerlas después en el vídeo de la graduación. Tras la orla, seguimos haciendo fotos a la entrada, con el nombre del instituto en la fachada. Luego habrá que reunir todas y hacer una selección de las mejores. Tenemos tiempo de aquí a junio.

domingo, 24 de febrero de 2013

Alemán.

Por fin vuelve a ser de día cuando voy a clase de alemán y cuando voy a trabajar por las mañanas. Me gusta que alarguen los días, preludio del buen tiempo. Conduzco con un CD del libro de lectura que aún no me he leído en alemán y van surgiendo las palabras, las frases... A veces presto atención y me sumerjo en la historia, otras estoy distraída y no me entero, otras aunque ponga todos los sentidos en ello, no hay forma de descifrar nada. "La gente de sitios distintos canta distinto", decía Alcaraz y tenía razón. (Para pedir que le pongan una calle en Alicante a mi profesor, pinchar aquí.) El alemán tiene su propio ritmo y no es tan duro como dice la gente que no ha estudiado jamás alemán. Tiene su corazoncito, su forma de expresar amor y más sentido del humor del que habríamos pensado. Se puede ser alemán y ser gracioso, aunque parezca que ambos conceptos son contradictorios.

¿Y la magia de aprender idiomas? Saber que hace año y medio no habría entendido ni jota y ahora escucho y me entero de bastantes cosas. Vale que son historias cortas, sencillitas, narradas despacio. Pero es un logro y es bonito, es como un mensaje secreto que se descifra de repente. Trabajo en inglés, vuelvo a casa y redacto un trabajo para un cursillo de la UNED en inglés. Durante el día también he hablado en español y valenciano. Los idiomas me acompañan cada día y es como vivir varias vidas en una, porque, como dijo Sapir: "Los mundos en que viven sociedades diferentes son mundos distintos y no sólo el mismo mundo con distintas etiquetas pegadas."

sábado, 16 de febrero de 2013

Cool Food Valencia.

Como hay mucha gente en paro, algunos valientes emprendedores se animan a impulsar sus propios negocios, por ejemplo, mi amiga Adela. Junto con su hijo y una compañera de carrera han decidido montar una empresa que se encarga de organizar cursos de cocina en inglés, visitas a las bodegas locales y excursiones por los alrededores. Desde aquí les deseamos mucho éxito en esta nueva aventura empresarial. Os dejo con su página web y un vídeo de la zona de Valencia donde viven, que es preciosa:
coolfood Valencia from Coolfood Valencia on Vimeo.

Contacto:  www.coolfoodvalencia.com/

Y esta entrañable canción de Obrint Pas dice así: 

"Al país de l'olivera
hi ha un riu de paper
unes galtes color terra
i un somriure d'argent
al país de les riberes
hi ha un canyar sota els estels
i un mural de fulles seques
a l'ombra d'un taronger

Al país de l'olivera

Al país que dorm a l'era
hi ha polsim de fruites velles
bicicletes entre sèquies
arracades de cireres
al país de les teulades
hi ha besos d'aigua llimó
arrapades a les cames
parotets a dins del cor
Al país que dorm a l'era

Al país de la infantesa
hi ha il·lusions a les palpentes
somnis dibuixats a l'aire
promeses a les orelles
Al país que jo ara enyore
hi guarde un tresor secret
un lligam que mai no es trenca
un amor que mai no es perd.

Al país de cases blanques
hi ha pins banyats en sal
margallons entre baladres
peus descalços dins el mar
al país de les marines
hi ha un sol roig a les vesprades
catxirulos a les platges
i uns dits pentinant onades
Al país de cases blanques

Al país de les rialles
hi ha raïm a les porxades
ametles i olives negres
un arròs fet amb costelles
al país de les costeres
hi ha llaüts i guitarrons
i la veu de les rondalles
pessigant les emocions

Al país de les rialles

Al país de la infantesa
hi ha il·lusions a les palpentes
somnis dibuixats a l'aire
promeses a les orelles
Al país que jo ara enyore
hi guarde un tresor secret
un lligam que mai no es trenca
un amor que mai no es perd."

martes, 12 de febrero de 2013

martes, 5 de febrero de 2013

Mi sobrino.

Tus padres se han ido a comprar y te has quedado con tus abuelos y conmigo. Hace frío y viento fuera, por eso estamos en el comedor de la casa con la estufa puesta, pero te has cansado de jugar allí y de explorar las otras habitaciones en busca de las bicicletas muertas de risa hace años, desde que dejamos de ser adolescentes. Te empeñas en tocar los pedales mientras te digo: "Es la bici de tu tía N., es la bici del papa" y contestas, señalándola: "Papa, papa". Te has cansado de tocar los imanes de la nevera en la cocina, de tirar de todas las puertas de los armarios y de ir a la habitación de tus abuelos a ver el ventilador, que te encanta. Ahora quieres salir a los bancales, a coger caracoles del suelo y guardarlos en tu jarrón, a pisar la tierra, coger limones, señalar a las hormigas... 

Sin embargo, hace frío y no encuentro ninguna chaqueta tuya. Quizá tu madre no la trajo porque ibas a estar dentro de casa. Da igual porque ni el viento huracanado ni la falta de chaqueta nos va a impedir salir, tu tía Ana es una mujer de recursos. Me quito el forro polar y te lo pongo. Ni protestas ni te parece extraño, me gusta que no seas un niño delicado. Te doblo las mangas que te vienen gigantes, claro. El resto no lo puedo doblar, te queda como una especie de falda encima de tu ropa, pero puedes andar, por tanto, no hay problema. Afortunadamente, eres un niño alto para tu edad. Me llegas casi a la cintura y mido 1'70. Yo me pongo mi abrigo y salimos a coger limones, que te guardo en los bolsillos. Luego nos vamos a pasear por el camino pero, a la mitad, me da miedo que cojas frío en el cuello porque mi forro polar te viene tan grande que no te lo tapa bien, así que nos volvemos.

Tu abuela sale a la porchada a ver por dónde estamos, te ve con esas pintas que llevas y se parte de risa. Se va a por la cámara, pero como no puede parar de reirse casi no atina a sacarnos una foto.

jueves, 31 de enero de 2013

En el supermercado.

Sábado a mediodía en un supermercado de barrio. Estoy en la cola para pagar cuando se asoma por la puerta un chico joven, de color, y le pregunta al cajero si hay pan. Le contesta que queda poco, pero aún hay algo, así que entra. Coge el pan y se pone detrás de mí en la cola. Cuando pago me sale un descuento de Coca-cola light y el chico le dice al cajero: "¡¡¡¡Pero tíoooooo!!! Así, ¿cómo vais a vender? ¡Coca-cola light! Lo que tenéis que ofrecer es leche, comida... Pero... ¿Coca-cola light?" Me río porque tiene razón y el cajero le contesta, de broma: "¿Por qué no? ¿Porque es muy negra?" El chico, en el poco español que sabe, intenta explicarse, aunque yo lo había entendido desde el principio: "Porque... ¿quién necesita Coca-cola light? Yo no y esta chica (refiriéndose a mí) tampoco." Me río y digo que yo no tomo Coca-cola, ni light ni de la otra. "¿Ves?, ¿ves?", dice el chico, triunfador. Salgo con el papelito de la oferta en la mano y, al ver un contenedor, lo tiro a reciclar. Esas cosas inútiles que nos ofrecen en los supermercados.

sábado, 26 de enero de 2013

Sábado de enero.

Estoy en Alicante, en unos grandes almacenes donde venden libros y artículos tecnológicos, mirando unos CDs cuando, de repente, oigo una voz a mi izquierda: "¡Ana!, ¿eres tú?" Me giro y me encuentro con R., un alumno del año pasado que ya terminó el instituto. Va vestido de negro, con un pendiente y el pelo lila, siempre ha sido muy moderno. Se nota que se alegra de verme, yo también a él. Me pregunta si I. (otra compañera) me pasó un saludo suyo. Le digo que no, pero que le pregunté a su hermano (a quién también le doy clase este año) por él y me estuvo contando cómo le va. 

(Unas horas más tarde.)
Estoy en el tren de vuelta tras la manifestación. Llega el revisor, se le nota contento y de buen humor, hablando con todo el mundo. Hasta que llega casi a mi altura y le pide el billete a una chica de color que está sentada en el asiento delante de mí, pero en el otro lado del pasillo. Se hace un poco la loca y luego saca unas monedas. El revisor dice que el billete se compra en la estación, no en el tren. Ella contesta en inglés que no habla español y se pone a mirar por la ventana. "¡Encima, pasa de mí!", exclama él. Me recuerda cuando estoy en clase y alguno se pone chulo. Está en público y sabe que todo el vagón está pendiente de cómo resuelve el asunto. De ello depende si se gana o no el respeto de los pasajeros. Le pregunta a la chica que a dónde va y le contesta que a Elche. Entonces le comunica que debe pagar 21.10 euros de multa y se lo enseña en la maquinita que lleva, para que la chica vea la cifra. Ella sigue diciendo que no habla español y lo ignora. 


Llevo un rato dudando si meterme o no en la conversación y se me debe de notar en la cara, porque el revisor ya me ha echado varias miradas. Al final, como siempre, me meto. Saber inglés implica hacer de puente comunicativo, de enlace. Le digo al revisor que hablo inglés y que si quiere, le traduzco. Contesta que no, que no es por el idioma, que lo que pasa es que la chica le echa un morro que se lo pisa. A mí también me da un poco esa impresión, pero no sé. El revisor le dice: "You've got a problem" y luego, en español, que cuando lleguemos a Elche, avisará a los de seguridad y le pedirán la documentación. Se va a seguir con su trabajo y se queda en el vagón siguiente. 

En Torrellano me da la impresión de que la chica se va a bajar. Saca dinero del bolsillo, se le cae un billete de diez y la pareja de detrás, que está al lado mío, pero después del pasillo, lo recoge y se lo devuelve. Lleva por lo menos treinta euros, ¿por qué no ha pagado, en vez de meterse en líos? No lo entiendo.

Al llegar a Elche, cuando estábamos a punto de bajar, me encuentro con una compañera que trabajó conmigo hace unos años y empezamos a hablar. Llega el revisor y me pregunta: "Do you speak English?" Le contestó: "Yes, I do." Está de broma otra vez. Va a bajar a buscar a los de seguridad. Le vuelvo a decir que, si quiere, traduzco. Vuelve a contestar que no, que últimamente le pasa mucho y es morro, para no pagar. Al final, mi compañera y yo bajamos y nos vamos, así que, me quedo sin saber cómo acaba la historia.

domingo, 6 de enero de 2013

Empieza el año.

Empieza el año después de las típicas comidas y cenas, a ver cómo se nos da. Estas navidades, aparte de las familiares, las ha habido también reuniones con los amigos y amigas. Celebramos el cumpleaños de M.Esther en grupo, luego Alberto nos invitó a comer a su casa un viernes y anoche cenamos en mi casa otra vez, como viene siendo ya una tradición desde que vivo aquí. Además, he estrenado el juego del Uno que compré hace unos años (aún estaba con el plástico puesto) y una fondú que me regalaron mi hermano y mi cuñada cuando me mudé y estaba muerta de risa en el armario de la cocina. Así que, aprovechando que era la noche del Roscón, hicimos una fondú de chocolate y nos lo pasamos muy bien jugando al Trivial, hacía siglos que no jugaba. Vamos, creo que desde el siglo XX.

Por otro lado, el miércoles quedamos tres compañeras de carrera en casa de una, más otra amiga con la que estudiamos las oposiciones dos de nosotras. Porque en las oposiciones también se hacen amistades, no es todo rivalidad. Vinieron las parejas, vinieron los hijos... ¡Cómo cambia la vida a lo largo de los años! Y es bonito seguir en contacto con gente a la que conociste cuando tenías 18 años.