De vez en cuando una minúscula saca la naricilla de su renglón y dirige la palabra a una mayúscula, así, de tú a tú, como si no hubiera diferencias entre ellas. Y la muy boba propone juegos, bombardea a ideas, ofrece su blando corazón y sus ingenuas elucubraciones.
Una desfachatez que, sin duda las mayúsculas considerarán totalmente fuera de lugar. ¿Dónde se ha visto algo así? Hay que tener un orden y respetar el estatus, hay que ser de una élite o de otra, hay que venerar y no hay que sacar las patitas del lugar en el que una lleva escrita desde el principio de los tiempos.
Piltrafillas, sin pedir permiso ni nada...
