sábado, 31 de enero de 2026

La rueda de la fortuna: Dominio público

 

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Sábado, 24 de enero
POETA CON IMPRONTA

Este año concluye su andadura la editorial Impronta, que tuvo una primera etapa como Llibros del Pexe, y Marina Lobo ha tenido el detalle, acordándose de que comenzaron con mi Poesía reunida, allá por 1990, de pedirme una nueva recopilación para terminar el ciclo. Acepté encantado, por supuesto, y lo considero el mejor regalo de este 2026 que ha comenzado con no demasiado buen pie.

            Pero las poesías completas, sobre todo si se trata de un poeta que lleva más de medio siglo publicando con cierta asiduidad, suelen acabar convirtiéndose en un plúmbeo catafalco, satisfacen la vanidad del poeta, pero espantan a los lectores.

Como ya reuní los versos escritos durante el siglo pasado en Material perecedero, un manejable volumen fácil de conseguir y de poco más de trescientas páginas, se me ocurrió que la nueva recopilación debería recoger la cosecha poética de otro cuarto de siglo, el que llevamos del XXI.

            Comienzo a leer mis libros, para ir descartando algún texto, y compruebo que ya no soy el poeta que fui. A partir de 2007, tras la publicación de Légamo, mi poesía se hizo más ligera, irónica y juguetona. ¿Señal de decadencia? Es posible.

            De todas maneras, tanto en la primera como en la segunda etapa, hay poemas que leo como si no fueran míos y que no me desagradan del todo. Han resistido bien el paso del tiempo, a mi entender. ¿Lo seguirán resistiendo? Eso nadie lo sabe. Tampoco importa mucho. Me gusta repetir el apotegma clásico: “Yo he hecho lo que he podido, / Fortuna lo que ha querido”. 

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Domingo, 25 de enero
UN EXPERIMENTO

No me extrañan demasiado los resultados del experimento de la Universidad de Pittsburg sobre creación poética e inteligencia artificial. Lo leo en la revista El Ciervo mientras tomo un café en Los Prados antes de entrar al cine.

Con ChatGPT se generaron cinco poemas al estilo de diversos autores reconocidos; luego se les pasaron a más de un millar de lectores junto con otros cinco poemas escritos verdaderamente por esos autores. La mayoría no distinguió entre autoría humana y no humana.

En otro experimento, se trató de clasificar poemas atendiendo a determinadas características (belleza, emoción, ritmo, originalidad). A un grupo de los participantes se les dijo que los textos habían sido escritos por poetas reales; a un segundo grupo les dijeron que la autoría era de la IA y a un tercer grupo no se le dio ninguna información. El resultado fue que, si pensaban que no habían sido creados por IA, les dieron puntuación más alta, pero si no sabían quién los había escrito puntuaron más a los generados por ChatGPT.

La mayoría de los participantes no supieron distinguir entre un poema de Shakespeare, Walt Whitman, Byron, Eliot o Sylvia Plath y otros creados por inteligencia artificial. Y aún hay más: muchos creyeron superiores a los creados por la inteligencia artificial.

            La verdad es que no me extrañan nada los resultados del experimento. Si en lugar de realizarse entre lectores anónimos, se hubiera tomado como conejillos de India a los críticos de poesía que escriben habitualmente en El Cultural y en los suplementos culturales españoles sospecho que el resultado no habría sido muy distinto. Para ellos es la firma lo que añade valor a un texto.

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Lunes, 26 de enero
EL ORIGEN DEL MUNDO

Fragmento apócrifo del Génesis encontrado entre los manuscritos del Mar Muerto: “Dios creó primero el cielo, luego el infierno; más tarde vertió uno sobre otro, los agitó bien y apareció este mundo”. 

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Miércoles, 28 de enero
COSAS QUE PASAN

Leemos en la tertulia una maravillosa columna periodística de Leila Guerriero. Como todas las suyas, tiene poco que ver con el habitual artículo de opinión. “Manuel Jabois escribe hoy en un tono muy semejante”, dice Enrique Bueres. Y efectivamente “¿Por qué no hablas?”, que así se titula su columna, tiene el tono de una confesión ante el psicoanalista. “A los lectores le gustan mucho este tipo de escritos íntimos porque se identifican con esos momentos de debilidad que ellos no saben cómo expresar”.

            Leila Guerriero trata del amor y del desamor, de cómo pueden surgir en un momento. A ella le resulta difícil precisar el inicio, sus amores no comenzaron con un flechazo, pero le resulta muy fácil señalar la aparición del desamor: “Es como el instante en que un cable se corta: se ve clarísimo. Generalmente llega bajo la forma de un gesto que la otra persona hace de manera impensada. Una descortesía, una negligencia, un descuido que puede parecer leve. Algo que el otro no percibe, y de pronto, ese ser que parecía tan generoso se convierte en un egomaníaco egoísta, ese individuo que parecía tan inteligente se convierte en un imbécil, ese sujeto digno de admiración deviene deplorable. No hay nada que repare ese desastre”.

            Un contertulio afirma enfáticamente que eso es ridículo, que tal cosa no ocurre nunca, que esa periodista no conoce nada de las relaciones humanas, que una pareja no se rompe por un gesto, a no ser que sea una bofetada. Yo le respondo con mi falta de diplomacia y mi contundencia habituales: “Así será en (y aquí el nombre de su pueblo natal), porque en el resto del mundo un amor puede romperse por gestos más sutiles”. Y entonces él se pone a gritar, pierde los papeles y se marcha de la tertulia dando un portazo que no por virtual resuena menos en los oídos de todos.

            “Vaya manera de darme la razón”, pienso yo. “El bueno de Míster Equis acaba de demostrar que una amistad de casi cuarenta años puede romperse (espero que no) por unas palabras poco afortunadas, pero a las que debería estar acostumbrado”.

            Naturalmente, en la tertulia todos se pusieron de parte del desertor y yo acabé reconociendo que tengo que tratar con más delicadeza a mis amigos si quiero que cuando sea viejo (ya me queda poco) siga teniendo algún amigo.

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Jueves, 29 de enero
ME GUSTA PRESUMIR

Presentar libros, siempre que no se repita demasiado, también tiene su gracia. El viernes pasado la presentación de Entrada libre fue en Oviedo; hoy toca el turno a Avilés. Es un buen momento para saludar a los amigos que han tenido la amabilidad, a pesar del mal tiempo, de acudir. Y el azar me ofrece un espléndido regalo. En el portal de Culturias, que es la asociación que me ha invitado, hay unas estanterías para intercambio de libros. La mayoría no tiene ningún interés, pero hay uno que parece que me estaba esperando: La crítica literaria en la prensa, coordinado por Domingo Ródenas. No solo escriben los críticos de hoy, como Mainer o Jordi Gracia; también se ofrece una antología de los críticos de ayer, comenzando por Clarín. Solo por este hallazgo ya merece la pena el viaje.

Me gusta hablar en público de esto y de aquello, arremeter contra este y aquel, pero cada vez más detesto leer mis poemas. En Oviedo, me libré de ello gracias a Yasmina Álvarez, mi lectora favorita, que se ofreció a hacerlo en mi lugar; en Avilés, no pude escapar. Isabel Marina, que fue mi presentadora, me pasó la lista de los poemas que debía obligatoriamente leer.

¿De dónde me viene este rechazo, que ha ido creciendo con los años, a hacer de juglar? No sé. Quizá porque los poemas los escribo para que sean leídos cuando yo no esté presente, ahora mismo por alguien que no conozco o dentro de cien años. Mi manera preferida de intervención pública es la polémica, no mostrar un corazón al desnudo, aunque sea un falso desnudo, como suele ocurrir en la mayoría de mis poemas.

Al contrario que Yolanda Castaño, que quiere que los poetas vivan de su poesía, que ella considera un trabajo como cualquier otro, yo siento un rechazo visceral e irracional a monetizar mis versos. Aunque fuera posible (afortunadamente no lo es), convertir la poesía en una profesión me parecería como profesionalizar el amor.

A mí la poesía se me regala para que la regale. Desde el momento en que lo publico, lo que escribo es de dominio público, como me gusta repetir. Pero el poema solo vuela libre en Internet. Editar un libro tiene un coste. En mi caso, se venden los libros, el contenedor, pero no el contenido: yo no cobro derechos de autor.

Me gusta presumir de ello, pero la verdad es que tiene poco mérito. Si los cobrara, serían más bien escasos. Puedo permitirme así el gesto gallardo de Espronceda que, al llegar exiliado a Lisboa, vio que tenía tan pocas monedas en el bolsillo que las arrojó al Tajo. 

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Viernes, 30 de enero
LO SIENTO, AMIGOS

Respuesta de una imagen milagrera a ciertas oraciones: “Me piden que arregle el mundo / y que más quisiera Yo, / el mundo va dando tumbos / y no lo arregla ni Dios”. 

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sábado, 24 de enero de 2026

La rueda de la fortuna: Mi corazón y el mundo

 

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Sábado, 17 de enero
CONTRA LAS BIOGRAFÍAS

Resulta un poco paradójico que lleve más de veinte años contando en público todos los domingos mi vida privada y a la vez haya ido creciendo mi fobia a las biografías de escritores. No se puede seguir admirando de la misma manera a un autor después de que un Dalmau o un Benito Fernández hayan escrito su biografía. A las “triviales miserias de la vida cotidiana”, que diría Borges, nada les viene mejor que el misericordioso olvido. La obra literaria debe volar libre, sin las ataduras de las anécdotas biográficas que fueron su punto de partida.

            El año pasado fue el año María Beneyto en la comunidad valenciana, por celebrarse presuntamente el centenario de la escritora, que en realidad no había nacido en 1925, como ella dijo una y otra vez, sino en 1920, según se supo recientemente.

Tuvo su momento, en los años cincuenta y sesenta, cuando era una de las voces destacadas de la poesía social. Luego dejó de publicar y solo volvió a reaparecer en los noventa, gracias en parte a ser mujer y a haber escrito también en valenciano.

Se editan ahora por primera vez los poemas de amor que escribió en su última década. La editora, Rosa María Rodríguez Magda, nos da muchos detalles de esa relación. Demasiados. Fue un amor de senectud con el poeta José Albi, también valenciano y coetáneo suyo, que acabó de mala manera, con la familia del poeta, ya un anciano dependiente, cortando toda relación con su enamorada. Una historia muy triste, como de telenovela, con un amigo común que llevaba las cartas entre ambos porque la familia de él rompía las que llegaban por correo ordinario.

            Los poemas con tantas informaciones no los leemos como poemas, sino como desahogos, como ilustraciones de esos amores de senectud. El poema debe volar libre, con las menores ataduras posibles a las anécdotas –triviales o trágicas-- que le sirvieron de punto de partida.

            Todo lo que importa de la vida de un escritor para entender su obra cabe en una entrada de la Wikipedia.

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Domingo, 18 de enero
DELITO DE ODIO

Tengo un amigo, aprendiz de poeta, que trabaja y asiste a la escuela para adultos del Fontán. Me cuenta que uno de los profesores dedica las horas que tiene de clase a despotricar contra el gobierno –Pedro Sánchez es un delincuente que hace años que debería estar en la cárcel, Zapatero ayudaba a Maduro en el tráfico de drogas-- y con especial inquina contra los musulmanes, todos unos terroristas que se esconden en túneles armados hasta los dientes para salir un día y asesinar a mujeres y niños. Una alumna lleva velo a clase y a ella mira directamente cuando arremete contra los moros, como a veces los llama.

            No sé si mi amigo exagerará, si eso será posible en un centro público de enseñanza. Enfrente, en la pequeña sinagoga del Fontán, colocaron hace poco, durante la celebración del Yanuka, un cartel que decía: “El antisemitismo no es una opinión, es un delito”. La islamofobia también, aunque nadie la persiga y esté consentida socialmente. Pero convertir una clase en un mitin de Vox parece ya demasiado.

            ---¿Y los alumnos no protestan?, le pregunto a mi amigo.

            ---Somos muy pocos a los que nos indigna. Ha conseguido ya que la mayoría, aunque muchos sean emigrantes, pero no marroquíes, esté de su parte. 

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Lunes, 19 de enero
PUÑETAZO EN LA MESA

De pronto, cuando más distraídos estábamos con nuestras cosas, con el bueno de Trump cortando el bacalao y las “democracias avanzadas” bailando al son que él toca, un puñetazo en la mesa del Señor del Universo y todos nos echamos a temblar.

            Choque de trenes y muertos que irán aumentando con los días. Y la sensación de angustia, de estar perpetuamente en la cuerda floja. Y el alivio de que no nos ha tocado a nosotros ni a nadie que conozcamos.

            Luego todo se irá diluyendo en discusiones políticas. Y así hasta otra.

            Sin una cierta inconsciencia y una gran capacidad de olvido, ¿cómo seríamos capaces de seguir viviendo?

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Martes, 20 de enero
DON QUIJOTE Y YO

Leyendo el ensayo de Muñoz Molina El verano de Cervantes, un amigo se ha acordado de mí porque hay un pasaje en el que describe a don Quijote y se diría –en su opinión-- que me está describiendo: "Don Quijote tiene una opinión muy elevada de sí mismo. Una parte de su falta de sentido de la realidad no procede de los excesos literarios de su imaginación sino de su egocentrismo: está convencido de tener siempre razón y de que las cosas han de ser como él quiere que sean. Su locura no es la del delirio sino de la soberbia, la obstinación programática de ver lo que él quiere ver y no lo que tiene delante de los ojos".

            Y a pesar de pensar así de mí el bueno de Ricardo Álamo sigue siendo mi amigo. Tiene su mérito.

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Miércoles, 21 de enero
EL MILAGRO DE LOS MIÉRCOLES

Nos acostumbramos demasiado pronto al milagro. Esta tarde, mientras esperaba que la casa se me llenara de voces amigas, como todos los miércoles desde hace ya más de cinco años, se me ocurrió pensar en aquel adolescente solitario que se pasaba el día con un libro en las manos y que no tenía con quien hablar de literatura.

Ahora, gracias a la denostada tecnología, los contertulios se acercan semanalmente a un rincón de mi biblioteca. La reunión dura de siete a diez, cada uno –desde Huelva o Barcelona, desde Madrid o Buenos Aires-- entra y sale cuando quiere, pero siempre hay alguno que llega puntual a la cita y me acompaña hasta el final.

Tiene su mérito, porque yo no soy precisamente un conversador ejemplar: interrumpo con frecuencia, quiero siempre tener razón, me gusta hacer de abogado del diablo. Me sorprende que haya quienes llevan décadas aguantándome. Claro que hubo un admirado poeta, Jon Juaristi, que se fue dando un portazo y lanzándome maldiciones. Y no por razones literarias, sino por cruce de cables ideológicos.

             Hoy teníamos como punto de partida algunas publicaciones de María Beneyto y apareció por primera vez Elia Saneleuterio, que a ratos hablaba con un bebé de grandes ojos en brazos. Yo quedé fascinado. Parecía una Madonna del Renacimiento.

Discretamente, mientras nos comentaba como había coordinado una antología colectiva de Beneyto, curioseé en su currículum: quedé asombrado de sus doctorados, sus muchos idiomas, sus cursos en distintas universidades, sus varias líneas de investigación, incluso sus libros de poemas (que no he leído). Pero lo que no acabo de creerme fue lo que me respondió cuando le pregunté si tenía más hijos: “Sí, seis”. Supongo que habré oído mal.

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Jueves, 22 de enero
PARA UN LIBRO DE AUTOAYUDA

Mientras pierdas pelo, pero no capacidad de asombro, no todo está perdido. 

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Viernes, 23 de enero
EN BUENAS MANOS

Ayer noche, trasteando en las bodegas del ordenador en busca de otra cosa, me encontré con una carpeta rotulada Lisboa-Cascáis y fechada en 2007. La abrí y qué sorpresa encontrarme con Miguel d’Ors, con Francisco Brines, con Carlos Marzal, con José María Micó y con Xuan Bello.

Xuan, tan joven y feliz entonces, es el que aparece en más fotos. Recuerdo que comí con él y con Micó en un pequeño restaurante cerca del río, después de habernos divertido explorando las librerías de la Rua do Alecrim, y cuando volvíamos felices al hotel, ya cerca del Rossio, oír la voz de un niño que nos llamaba. Era el hijo de los dueños que nos había estado siguiendo para entregarnos la bolsa con los libros que tras la grata sobremesa nos habíamos dejado olvidados. “Esto solo puede pasar en Portugal”, dijo Micó. “Esto solo puede pasar si uno come con Xuan Bello, que en seguida se hace amigo de todo el mundo”, dije yo.

Recordé también la noche de fado, a la que asistieron todos los poetas españoles (nos invitaba Ramiro Fonte, director del Cervantes de Lisboa), menos yo, que jamás trasnochaba. “Te perdiste unos instantes mágicos –me dijo Xuan--. Marzal es muy divertido y Brines es como un sabio de la antigüedad, charló mucho conmigo y me parecía estar hablando con Sócrates”.

Luego, en sueños, o quién sabe, Xuan vino a sentarse a la mesa redonda de Los Porches en que por la mañana Carlos González Espina me dijo que querían cerrar su aventura editorial con mi poesía completa. “Comenzamos contigo en Llibros del Pexe y Marina piensa que sería una buena manera de cerrar el círculo”. “¿Y qué tal cerrar con algo mío? Publiqué bastante en Llibros del Pexe, pero nada en Impronta”, dijo Xuan. “Tú ya tienes un cachet que no está a nuestro alcance”, dijo Carlos. “Pues a mí me parece el lugar ideal para uno de los dos libros que tengo inéditos, el de los árboles o el de los animales. Me imagino que te estarás ocupando de ellos, ¿no es así, Martín”. “No, Xuan, pero no te preocupes. Tu obra está en buenas manos”, “No tan rápidas como las tuyas”, “Pero más eficaces. Ya lo verás”.

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sábado, 17 de enero de 2026

la rueda de la fortuna: Los renglones torcidos

 

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Sábado, 10 de enero
MENUDO PROFETA

Recuerdo que cuando las últimas elecciones norteamericanas (fueron hace poco más de un año y parece que fueron hace una eternidad) escribí que el candidato republicano podría ser un desastre en política interior, pero que en política exterior –acabar con la guerra en Ucrania, con las matanzas de Gaza-- tenía mejores ideas que quienes con Biden habían demostrado su inanidad. Acerté en lo primero, pero menudo patinazo en lo segundo. Está visto que no estoy yo muy dotado para el género de la profecía.

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Domingo, 11 de enero
SALDANDO CUENTAS

Ando estoy días un poco obsesionado con arreglar viejos entuertos. Nunca he sido un amigo demasiado cómodo. Pertenezco a la estirpe, no demasiado abundante, de los que son más amigos de la verdad que de Platón. He participado poco en la sociedad literaria, más bien he estado siempre al margen, pero sí he comentado libros durante bastante tiempo y eso parece que me ha hecho dejar más cadáveres por el camino de los que me gustaría. Y también he publicado no sé cuántos tomos de un diario personal en el que no siempre se consideran bien retratados los personajes y personajillos que aparecen.

            Hace casi treinta años un poeta al que admiro y al que entonces consideraba amigo, soltero recalcitrante, autor en prosa y verso de divertidas diatribas contra el matrimonio, me anunció que se acababa de casar. Yo, no ya sorprendido sino más bien estupefacto, lo conté en mi diario. Llevó muy a mal esa revelación de un secreto que yo creía que no era tal. Desde entonces, dejó de tener cualquier contacto conmigo y se ha referido a mí, en varios de sus escritos, no ya como un malvado, sino como la reencarnación misma del mal.

 Acaba de publicar un nuevo libro, un buen libro, y yo lo he reseñado como he hecho con todos los suyos, un poco con la esperanza de cerrar heridas. También le he enviado mi último libro de poemas (él, por supuesto, no me había enviado el suyo). Pero, como de costumbre, da la callada por respuesta. En fin, qué se le va a hacer. Fue un buen compañero en las guerras o guerrillas literarias de los años ochenta.

Pocas son las amistades que resisten el paso del tiempo, sobre todo en gente tan vanidosa como los poetas para los que cualquier mínimo reparo es una herida que no acaba de cicatrizar nunca. Somos hemofílicos de la vanidad, como a mí me gusta repetir.

Otro camarada de entonces, Andrés Trapiello, no ha tenido inconveniente en estrechar la mano que le alargué, tras sucesivos encontronazos, aunque milite ahora en trincheras tan opuestas a las mías. “Lo que la literatura ha unido que no lo separe la política”, le dije. Y él está de acuerdo.

            A Mister Equis, en cambio (callo su nombre, que no quiero darle motivo de enfado para otros treinta años; tampoco el secreto que revelé fue exactamente como acabo de contar: no quiero volver a incurrir en el error), aunque católico, apostólico y romano, no le resulta fácil perdonar las ofensas, ni siquiera las involuntarias y quizá imaginarias.

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Lunes, 12 de enero
EL BURRO FLAUTISTA

Un amigo editor me propone preparar esa antología de la que tanto he hablado, aunque la idea ya se les ocurrió a otros antes que a mí. Se titularía El burro flautista y reuniría los buenos poemas de malos poetas que aciertan a veces por casualidad.

            ---Tendría que ser una antología de haikus. Los malos poetas no escriben buenos poemas ni por casualidad. Todo lo más, algún verso suelto. Y es que un poema lo escribe el autor, pero un buen haiku puede escribirlo el azar. Lo mismo pasa con los aforismos, ese género que hoy parece al alcance de cualquiera. De pronto, en una sarta de ocurrencias sin interés, puede saltar la liebre de un chiste feliz: “Para que uno ronque, hacen falta dos”.

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Miércoles, 14 de enero
NO TENGO ENMIENDA

Resulta que esta tarde, mientras estoy de acompañante en la piscina, me entra un SMS que no es publicidad, sino un mensaje personal (creí que ya nadie los enviaba por ese medio) que me alegra el día. Es de Mister Equis, que me felicita el año “a pesar de todo” y que ha leído mi reseña y no le ha parecido mal y pelillos a la mar. Dice que siempre me ha estado agradecido por lo que he escrito sobre su obra, “por mala persona que me crea”. Y concluye: “Y ahora, por favor, no digas que he dicho aquí algo que no he dicho para poder criticarme, que te conozco”.

            Espero que no se enfade una vez más. Solo digo algo que ha dicho y lo digo con todas las precauciones para que nadie pueda reconocerle. Le respondí manifestándole mi alegría porque haya aceptado mis disculpas y él responde: “Veo que con la edad te vas humanizando. Más vale tarde que nunca. A ver si no recaes en la maldad”.

            Me temo que, si me lee (espero que no), pensará que he recaído y que no tengo enmienda.

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Jueves, 15 de enero
CASI MEDIO SIGLO

Hoy emiten en la televisión pública, tras las noticias de Asturias, un breve reportaje sobre la tertulia Óliver, que ya ha cumplido cuarenta y cinco años. Un tiempo breve para la humanidad, pero largo para la vida de un hombre.

Más de la mitad de mi vida, bastante más, acudiendo todos los viernes, a las siete de la tarde, a una cafetería para hablar de libros y de cualquier cosa. No me puedo quejar ni andar por ahí presumiendo de solitario.

Con las imágenes de una tertulia grabada hace pocos días, alternan otras de hace veinte y treinta años. Qué jóvenes éramos entonces. Afortunadamente, algunos contertulios lo siguen siendo. De los habituales en los ochenta, ahí siguen Pelayo Fueyo y Javier Almuzara. Y también otros dispersos por el ancho mundo que se asoman los miércoles a la tertulia virtual, algo impensable cuando empezamos.

Me han emocionado los breves pasajes de un encuentro de 1994, el último al que asistió Víctor Botas, que mira a la cámara y se despide con una sonrisa cómplice. Xuan Bello no se despidió en una tertulia, pero casi. Como el día antes era lunes, no pudo pasar por ella, pero acudió a su versión diaria en la mesa redonda de Los Porches. Me lo imagino ahora discutiendo con Botas sobre lo que está pasando. Botas, tan admirador de Margaret Thatcher y de Ronald Reagan, estará entusiasmado con el nuevo vaquero que empuña el colt e impone su voluntad al mundo.

Ha durado ya cuarenta y cinco años la tertulia. A mí me gustaría que fuera infinita, pero como no hay que ser demasiado ambicioso me conformaría con que durara al menos otros cuarenta y cinco. Y yo hablando en ella más que nadie, como de costumbre.

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Viernes, 16 de enero
EN LA TERTULIA

Hay tragedias que parecen condenadas a ser siempre tragedias, como la del pueblo palestino, y otras que pueden acabar convertidas en sainete, como la de Venezuela. ¡El partido que le sacaría Valle-Inclán al encuentro, en un rincón de la Casa Blanca, entre Corina Machado y el actual inquilino! Él se detiene un momento entre explosiva declaración y explosiva declaración, ella se arrodilla y alza hacia él la medalla del Nobel de la Paz: “Presidente, os ruego aceptéis este modesto obsequio que no puede estar en mejores manos que las suyas y tenga en cuenta mi ofrecimiento para ser virreina de Venezuela y hacer que se cumpla allí el más pequeño de vuestros deseos, que son órdenes para mí”.

            ---No caricaturices a esa buena señora, Martín. Que por lo menos no es una narcotraficante ni una torturadora, como los que tú defiendes.

            ---Como los que defiende Trump, querrás decir. Si el gobierno chavista era una estructura mafiosa, como él afirmaba, lo único que ha hecho ha sido secuestrar al jefe de la banda, poner al segundo en su lugar y quedarse con el mando de la organización.

            ---Lo que no me podrás negar es que a partir de ahora Venezuela va a mejorar.

            ---Solo con que se eliminen las sanciones y le dejen explotar sus riquezas naturales, desaparecerá la mayor parte de los problemas. Si yo te estoy estrangulando y de pronto quito las manos del cuello, seguro que mejoras. A cambio, en lugar de hacer trabajosos negocios con Rusia o China, los hará con Estados Unidos. Las dos partes saldrán ganando, aunque una más que otra, claro. Pero esa son las reglas del capitalismo.

            ---O sea, que tú crees que ha sido bueno el secuestro de Maduro.

            ---Para la supervivencia del chavismo, seguro. Y esperemos que también para la mejora de la vida de los venezolanos. Son los renglones torcidos de Trump.

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sábado, 10 de enero de 2026

La rueda de la fortuna: No hablo de Venezuela

 

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Sábado, 3 de enero
EL REGALO DE SARA
 

Entre los regalos de primero de año, el que más me ha emocionado ha sido una carta que me manda desde el más allá una querida amiga, Sara Suárez Solís, a la que tenía un tanto olvidada. El año pasado fue su centenario, había nacido en 1925, como Ángel González, y no parece que nadie lo tuviera en cuenta. Ni siquiera yo le dediqué un recuerdo.

A la tertulia de ayer, me trajeron un artículo suyo, publicado en 1990, que yo tenía completamente olvidado. Formalmente es una reseña del libro Días de 1989, pero comienza hablando de mí: “José Luis García Martín, alumno mío en los lejanos tiempos en que daba clase de Literatura en el instituto Carreño Miranda de Avilés, y ahora compañero en la Escuela Normal de Oviedo, es persona que me inspira orgullo y admiración mezclados con una melancólica ternura. Lo dejé adolescente por los años sesenta, y me lo encontré de compañero barbado, aunque luego se afeitó, en el curso 80-81. Desde entonces, en estos casi diez años, hemos conversado mucho, hemos compartido problemas y bromas, lo he mareado con mi cháchara, me he divertido con su ingenio, hemos discutido por los más variados temas (sobre todo, por sus tajantes juicios literarios y su aguda misoginia), y lo he dejado por imposible en más de una ocasión ante su inaguantable displicencia y su pertinaz espíritu de contradicción. Pero es lo mismo, siento por este pequeño erizo una profunda amistad y una entrañable simpatía”.

            Leía y volvía a escuchar la voz de Sara, mi admirada profesora de literatura (el único profesor de literatura que he admirado de verdad), y tuve que hacer un esfuerzo para que no se dieran cuenta en la tertulia de que estaba a punto de llorar.

En las últimas líneas de ese párrafo encuentro un elogio que me conmueve especialmente porque es el que más habría querido merecer. Dice que el aprecio que me tiene se basa, sobre todo, en su adhesión incondicional “a una cualidad que José Luis posee en grado sumo: su rectitud, su insobornable sentido de la justicia, que quizás le impedirá prosperar como se merece por su competencia y talento”.

            ¿Y cómo no recordaba yo estas palabras, que están entre las más cariñosas y hermosas que nadie me haya dedicado? Hago memoria y creo encontrar la razón. Están en la reseña de un libro mío y seguramente me parecieron fuera de lugar, demasiado personales. Incluso es posible que entonces me avergonzaran un poco. Tenía yo cuarenta años, ahora tengo los mismos que tenía Sara cuando murió en el 2000 y que a mí me parecían ya plena ancianidad.

            Muchas veces he contado que cierto día nos hizo en clase un dictado y a mí aquellas palabras, no nos dijo su autor, me parecieron tan hermosas que desde entonces –tenía yo catorce años-- las conservo en la memoria. “¿Cuánto podrá durar para nosotros / el disfrute del oro, la posesión del jade? / Cien años cuanto más, ese es el término / de la esperanza máxima. / Vivir y morir luego, / he aquí la sola / seguridad del hombre”. Tardé en saber que el autor era Li Po en la traducción de Marcela de Juan.

            Ahora, mi profesora en los mágicos días del Carreño Miranda, mi compañera después en la Escuela de Magisterio, me hace otro regalo. Si no he prosperado, si no he llegado muy algo en la cucaña de las letras, no es por falta de competencia y talento, sino por mi “insobornable sentido de la justicia”. No es que me lo crea, pero me gustar oírselo decir. 

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Domingo, 4 de enero
COSAS QUE NUNCA CAMBIAN

Abro al azar un libro de Rafael Sánchez Ferlosio, Campo de retamas, y lo primero que me encuentro es con esta frase: “Sería ridículo pensar que con los bombardeos de la Franja de Gaza los judíos quieren vengarse de Hamás”. Y continúa: “Los judíos no se vengan de Hamás, siguen vengándose del Holocausto, pues solo ellos son las legítimas víctimas, únicas y universales y por lo tanto eternas”.

            Miro la fecha de edición del libro: 2015. Se habla de la perecedera actualidad, pero hay temas que parece que siempre han estado ahí y que nunca van a dejar de estarlo, se hable o no de ellos, como la furia sanguinaria de Israel contra los palestinos. Qué sensación de impotencia. “Sucede que a veces me avergüenzo de ser hombre”, escribió Neruda. Yo me avergüenzo de ser ciudadano de la incompetente y pusilánime Unión Europea.

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Lunes, 5 de enero
NADA ME GUSTARÍA MÁS

Desde que me lo recomendó Unamuno, allá por los años de mi adolescencia, no he dejado de volver, aunque sea de tarde en tarde, al Obermann de Etienne Pivert de Senancour, pero nunca hasta ahora había reparado en una frase de Ricardo Baeza en la nota preliminar: “este libro singularísimo nunca ha perdido su popularidad entre un reducido círculo de lectores”.

            Ando yo ahora, cosas de la edad, dándole vueltas a lo que pomposamente podría llamarse mi legado, esto es, a la fortuna póstuma que tendrán los no escasos libros que he publicado. La verdad es que siempre conté con los lectores futuros y para ellos escribía tanto o más que para los de ahora mismo, pero últimamente me están entrando dudas: a quien no se le reconoce en vida, solo se le reconoce después si muere joven y con la mayor parte de su obra inédita, como Bécquer o Pessoa.

No es mi caso. Pero nada me gustaría más que, dentro de un siglo o de dos, alguien citara mi nombre y en nota a pie dijera: “este autor singularísimo nunca ha perdido el aprecio de un reducido círculo de lectores”.

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Martes, 6 de enero
POESÍA AL VUELO

Los Reyes me han traído una serie de breves poemas que de inmediato he echado a volar en Facebook. Me gusta mucho esta nueva manera de dar a conocer lo que uno escribe sin molestar a nadie.

Para los textos breves es lo mejor. Vuelan los versos o los aforismos como los vilanos del diente de león y algunos encuentran tierra fértil en los lectores.

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Viernes, 9 de enero
MUERTOS DE SEGUNDA

Llego a la tertulia y lo primero que escucho es: “¿Pero no vas a decir nada sobre Venezuela, Martín? Arden las redes sociales a favor y en contra de Trump, y siempre en contra de Maduro, y tú calladito o dedicándole elegías al crepúsculo y odas al amanecer”.

            ---Estoy tan pasmado como cualquiera, pero me he quedado mudo. Hasta ahora había películas y series de televisión basadas en “hechos reales”; ahora es la realidad la que copia, como decía Woody Allen, a las series de televisión. Si no fuera verdad, qué apasionantes los primeros episodios de esta serie sobre Venezuela. El secuestro de Maduro, con solo cien muertos de daños colaterales, pero ninguno entre los “buenos”, resulta apasionante. Y el inmediato giro de guion mandando a la belicosa Nobel de la Paz a freír espárragos y dejando intacto el régimen execrado resulta magistral. Y luego viene lo de Groenlandia, insuperable. “O me la entregáis por las buenas, a un precio de coste, o la tomo por la fuerza”, dice Trump. Y la Unión Europea se pone de rodillas, junta las manos y suplica: “Por la fuerza, no”. Quizá esté último giro sería demasiado inverosímil en una película de James Bond, pero esto es la realidad, amigos, y en ella el que manda es el Gran Zar de todas las Prusias, el Napoleoni de la película de Chaplin El gran dictador que juguetea con el globo del mundo como con un balón de fútbol (americano, por supuesto).

            ---¿Y tú qué harías, Martín?

            ---Por lo menos protestar, como Pedro Sánchez, y no pedir piedad y vaselina como Macron y el resto de los líderes europeos. Un país de la OTAN amenazando militarmente a otro país de la OTAN es materia suficiente para decretar su expulsión o, si eso no es posible porque es el socio militar más importante, disolver la Alianza. Y crear otra y actuar independientemente colaborando con los distintos núcleos de poder, como China, según convenga. Incluso con Rusia. Lo fundamental ahora es hacer un frente común contra Trump y sus vasallos.

            ---¡Colaborar con Rusia! ¡Tú estás loco, Martín!

            ---Tanto como Churchill o Roosevelt que no tuvieron inconveniente en aliarse con Stalin (a su lado Putin es un angelito) para derrotar a Hitler.

            ---¡Pero Trump no es Hitler! No masacra judíos.

            ---No, por supuesto, él solo colabora con los judíos, con el estado de Israel, en masacrar palestinos, que, como todo el mundo sabe, son seres humanos de segunda o tercera clase, como los supuestos narcotraficantes asesinados por orden de Trump o los militares y civiles que ejecutaron las tropas de élite norteamericanas. Todos muertos de segunda o de tercera, como en las películas de James Bond los sicarios del doctor No que vuelan por los aires mientras los espectadores aplauden como ahora los Ayusos.

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sábado, 3 de enero de 2026

La rueda de la fortuna: Callo lo que más me importa

 

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Sábado, 27 de diciembre
 
YO, ROBOT       

Me gusta repetir, medio en serio, medio en broma, que mi ideal es llegar a ser un buen robot, un modelo lo más perfecto de Inteligencia Artificial, alguien o algo que ni siente ni padece, pero que resuelve los más complicados problemas intelectuales y da siempre buenos consejos.

            ---¿Me conviene ya acabar con la guerra de Ucrania?, me preguntaría Trump.

            ---Ni se te ocurra –le respondería yo--. Alárgala un poquito más. Para tu país es un negocio redondo. Las empresas armamentísticas se han convertido en las más rentables (y una buena parte de los beneficios de esos estómagos agradecidos llega a las arcas del partido republicano). La Unión Europea paga a tocateja lo que se les pide, que a fin de cuentas –se dicen estos perfectos demócratas, la flor de la civilización-- los misiles que nos vendéis a buen precio son misiles humanitarios que defienden la libertad de Europa, Groenlandia por supuesto incluida. Un negocio redondo, y sin mala conciencia, al contrario de lo que ocurre con Gaza.

            ---¿Me conviene ya acabar con la guerra?, me preguntaría Zelenski.

            ---Ni se te ocurra –le respondería yo--, que habría elecciones, te mandarían a freír espárragos y no podrías ir de parlamento en parlamento de la vieja Europa exigiendo más y más ayuda humanitaria en forma de misiles. Ayuda, por cierto, que parece que riega con abundancia los bolsillos de tu entorno (y algún día se sabrá si también los tuyos).

            ---¿Cuándo va a acabar esta guerra? ¿Cuándo la OTAN va a dejar a los ciudadanos del Dombás ser lo que quieren ser, integrantes de la Federación Rusa?, me preguntaría Putin.

            ---Pues no lo sé, que solo soy un robot diseñado para analizar el presente y no estoy programado para el género de la profecía.

            Pero no soy un robot, que más quisiera, solo un ser humano que se llena de melancolía en estas fechas porque le recuerdan insistentes –“la Nochebuena se viene / la Nochebuena se va”-- que somos tiempo perecedero y que cada vez queda menos arena en la parte de arriba del reloj.       

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Domingo, 28 de diciembre
REGLAS PARA HURTAR LIBROS

El azar, que es mi mejor guía de lectura, me sorprende este domingo con Del oído a la pluma, de Francisco Rodríguez Marín, publicado en la Biblioteca Patria, creada a principios del siglo XX para salvar a los españoles de las novelas que propagan ideas nocivas. La literatura puede ser muy otra cosa “si los actuales poseedores de la riqueza, en cualquier grado, le prestan su decidida ayuda por instinto de conservación”. 

El Patronato Social de Buenas Lecturas, que publica la Biblioteca Patria, “llama a cuantos tienen algo que perder a cobijarse bajo su sombra salvadora” y dotar generosamente premios personales y colectivos “en honor de sus vírgenes tutelares por los caballeros y damas que combaten las lecturas deshonestas, corruptoras de los pueblos, para galardonar a los artistas productores de novelas honradas”. El Premio del Principado de Asturias en honor de la Santísima Virgen de Covadonga lo patrocina don José Tartiere, conde de Santa Barbara de Lugones.

No es una novela, afortunadamente, el libro de Rodríguez Marín, sino un conjunto de divertidas anécdotas, una de las cuales se titula “Reglas para hurtar libros”. Parece que el Patronato Social de Buenas Lecturas no le puso ningún reparo a ese pecado contra el séptimo mandamiento. Claro que nadie se lo pondría a las reglas formuladas por don Francisco Orchell y Ferrer, un sabio orientalista valenciano, catedrático de lengua hebrea. Son las siguientes:

Que el libro no esté a la venta en las librerías, porque si lo estuviera yo debo rascarme el bolsillo y comprarlo.

Que quien lo posee no sea capaz de vendérmelo ni de regalármelo.

Que la posesión del libro me sea útil por relacionarse con mis estudios favoritos.

Que quien lo posee no pueda o no quiera utilizarlo y no saque de él ningún provecho.

Que haya ocasión propicia para hurtarlo.

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Lunes, 29 de diciembre
SEGURO QUE LO CONSIGO

Como se acerca el fin de año, voy llenando una página del cuaderno que llevo siempre conmigo de buenos propósitos. No son cosas muy dificultosas: ser más paciente, escuchar más y hablar menos, no querer tener siempre razón, quejarme menos, practicar la falsa modestia, disimular mejor la buena opinión que tengo de mí mismo.

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Martes, 30 de diciembre
SE ME ROMPE EL CORAZÓN

Quiero hacer creer que todo lo cuento, que soy un hombre sin secretos. Pero no es verdad. Me gusta quejarme de que nadie me hace caso, de mi falta de éxito literario, pero lo cierto es que no me preocupa demasiado.

Me pasa lo mismo con la lotería. No me importaría nada que me tocaran de pronto, qué sé yo, un millón de euros o dos o tres. No es que yo los necesite para nada, pero podría ayudar a alguien que lo necesite. Lo malo es que no podría enviarlos a Gaza porque enseguida Netanyahu y Trump me pondría en su lista de terroristas y no podría volver a Nueva York.

No me importaría, en cualquier caso, ganar, aunque fuera una pequeña cantidad, cien mil o doscientos mil euros, pero ese premio no me importa tanto como para molestarme en comprar un billete de lotería. Lo mismo me pasa con el éxito en el mercado literario. Conozco de sobra los mecanismos necesarios, aunque no suficientes, claro, para conseguirlo, pero no me apetece utilizarlos solo para vender un poco o un mucho más.

            Me quejo de lo que no me importa nada –el prestigio sí me importa, pero eso tiene poco que ver con la fama o las ventas-- para no hablar de lo que me rompe el corazón.

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Miércoles, 31 de diciembre
UNA MODESTA PROPOSICIÒN

No suelo mirar las noticias antes de ir a la cama. Pero hoy, no sé por qué, enciendo el teléfono y leo en el titular de un diario: “La Fiscalía acusa al Supremo de ‘crear’ un tipo penal para condenar a Álvaro García Ortiz”. Sigo leyendo y me parece todo muy razonado y jurídicamente impecable, al contrario que la sentencia, que lo único que demuestra es que el fiscal general no fue capaz de probar su inocencia, cuando de lo que se trataba es de que ellos probaran su culpabilidad.

            ---¡Claro, como tú has votado a Sánchez!, me dice ese contradictor que yo me invento cuando no tengo uno delante.

            ---Es cierto, a eso hemos llegado. La verdad la decide la ideología, no los hechos. Bueno, siempre ha ocurrido así en el caso de los tertulianos de café, pero no me imaginaba yo que semejante ceguera llegara hasta los jueces del Supremo.

            ---¿No te lo imaginabas? ¿De verdad?

            ---Bueno, sí. Ya se vio durante el juicio contra los independentistas catalanes, cuando las leyes y los hechos se retorcieron todo lo posible para lograr un castigo ejemplar contra los que habían atentado contra la sagrada unidad de la patria. Solo que entonces la derecha y la izquierda españolas aplaudían con igual entusiasmo dándose golpes de pecho y gritando: “España, España, una, grande y libre”.

            ---No saque a colación de nuevo ese tema, que bastante nos ha costado pasar página.

            ---En cuestiones en que se ha tomado previamente partido por una u otra opción es difícil llegar a entenderse. Es como poner a debatir a un musulmán y a un cristiano sobre cuál es la religión verdadera. Por eso yo, en casos como el del fiscal general, no en otros como el de los pícaros, Leandro y Crispín, o sea, Ábalos y Koldo, en los que nada tiene que ver la ideología, propongo que los jueces del Supremo sean sustituidos por distintos modelos de Inteligencia Artificial: GPT-5, Claude 4.5, Gok-4, Gemini 2.5 Pro, DeepSeek (V-Series), Llama/Mistral/Qwen (open-weights), por citar unos cuantos que me vienen ahora a la cabeza. Pueden tener también un sesgo ideológico, según cómo hayan sido adiestrados, pero comparado con el que parecen tener los jueces del Supremo resulta prácticamente despreciable. Introducimos las leyes aplicables, los hechos probados, las declaraciones de los testigos y a esperar el fallo, que no tardaría en llegar.

            ---¿Y tú crees que lo iban a declarar inocente?

            ---Le declararan lo que le declararan seguro que su resolución estaría mejor razonada que la de la mayoría conservadora del Supremo. Y saldría bastante más barata. ¿Tú sabes lo que cobran esos señores que ni siquiera se preocupan de parecer imparciales? 

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Jueves, 1 de enero
LO MÁS COMÚN

En el desordenado almacén de libros en que se ha convertido mi casa, tropiezo con un montón de ellos y aparece, qué casualidad, La ciudad de los libros, de Raúl Montero Bustamante, que ni siquiera recordaba que tenía.

Lo abro al azar, por un capítulo titulado “Vindicación de lo trivial” y encuentro esta frase subrayada, la primera que leo en el nuevo año: “¿Hay algo más común y sabido que el dolor y el placer, la amistad y la muerte? Y sin embargo, ¿quién se atrevería a hablar con desdén de la vulgaridad de esas cosas?”

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