Amigos de Béjar y sus historias

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1/30/2026

El duque y la madrastra. Un caso de damnatio memoriae en Béjar a finales del siglo XVI (2ª Parte y final)

 Autor: José Muñoz Domínguez

2. La damatio memoriae de Francisco III contra Brianda Sarmiento de la Cerda  

Me he ocupado de este caso de damnatio memoriae desde 2008, si bien entonces desconocía el documento clave para atribuirlo específicamente al duque Francisco III, un aspecto ya corregido en trabajos posteriores (nota 1). El documento fue localizado por Juan Félix Sánchez Sancho y se trata de un inventario de mediados de 1592, relacionado con un pleito por los bienes en herencia, que se realizó meses después del fallecimiento del duque Francisco II, ocurrida en septiembre del año anterior. 

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Figs. 1 y 2. Localización de los escudos estudiados en la coronación heráldica de las ventanas del palacete de recreo de El Bosque (fotos de José Muñoz Domínguez, 2025 y 1996, respectivamente).

 Hasta conocer ese inventario, la ausencia de la heráldica de la segunda esposa del duque difunto y la reiterada memoria de la primera –Guiomar de Mendoza y Aragón, fallecida en 1548–, carecían de explicación lógica en edificios tan representativos como el palacete de recreo de El Bosque, renovado en 1566-1567 (figs. 1 y 2), o el Palacio Ducal urbano, con sus reformas sustanciales fechadas en el período 1567-1569 (figs. 3 y 4), un lapso temporal alejado en más de dos décadas del fallecimiento de la primera esposa y coincidente con los tres primeros años de matrimonio con la segunda. Todavía más: ¿cómo era posible que Francisco II ordenara inscribir el nombre de Guiomar en todas las cartelas que coronaban los vanos del palacete –y en origen fueron 28–, precisamente en el primer año de su segundo casamiento? Un acto tan despreciativo y extemporáneo contra la reciente esposa, impropio de la convivencia marital y de la mentalidad aristocrática, sólo podría haber sido realizado tras la muerte del IV duque y por alguien con suficiente autoridad y poder ejecutivo: obviamente su heredero y V duque, hijo de Francisco y Guiomar, que mantuvo un serio enfrentamiento con su madrastra Brianda, motivado por la herencia de su padre y posiblemente por una pésima relación previa. 

1/23/2026

El duque y la madrastra. Un caso de damnatio memoriae en Béjar a finales del siglo XVI (1ª Parte)

 Autor: José Muñoz Domínguez

En la mentalidad aristocrática del Antiguo Régimen, la trascendencia del linaje estaba por encima de los intereses individuales, un estatus hereditario basado en tres pilares irrenunciables frente a la muerte y el olvido: la transmisión del legado genético a través de la descendencia –preferiblemente por vía legítima–, la transmisión de la herencia material a través de la institución del mayorazgo –con la consecuente preservación o acrecentamiento de los bienes raíces, inmuebles, muebles y semovientes, también de los privilegios, acumulados en la figura del primogénito–, y el honor y buena fama de cada miembro de la misma progenie desde sus ancestros, reforzada o significada mediante la creación de lugares para la memoria en capillas funerarias, fundaciones religiosas o asistenciales, palacios y quintas de placer. 

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 Portada de la disertación jurídica de Christoph Schreiter, Damnatione memoriae..., de 1689 (imagen tomada de https://www.digitale-sammlungen.de/de/view/bsb10648131?page=,1).

La representación más evidente o pregnante de esa triple herencia radicaba en la heráldica, ese conjunto de formas codificadas que desde tiempos medievales permitía y permite identificar a las distintas casas nobiliarias europeas con la misma eficacia que, en nuestros días, consigue el diseño de un logotipo respecto de una marca o empresa. En el caso del linaje Zúñiga, basta observar un escudo de plata con banda de sable, orlado de cadena de oro con ocho eslabones y timbrado por corona ducal –o su versión labrada en piedra, generalmente acromática– para reconocerlo como símbolo inequívoco del patrimonio de esa familia de origen navarro, duques de Béjar desde 1485. Y, del mismo modo que una alianza empresarial obliga a la coexistencia o a la fusión de los logotipos de cada socio en la nueva imagen corporativa, tras cada alianza matrimonial entre dos linajes se cuidaba la exhibición de sus correspondientes signos heráldicos con el debido orden de prioridad. 

1/16/2026

Compra de materiales para el Tinte del Duque en 1707

 Autor: Anselmo Rosales Montero

El documento que da pie a este escrito se encuentra archivado como “Cuentas de gastos en materiales”, dentro de “Documentos y correspondencia referentes a la muerte y entierro del flamenco Rumbault, fabricante de paños; y correspondencia con los duques de Béjar sobre diferentes asuntos administrativos: diezmos, pleitos, compraventas y otros”, fechado el 19 de agosto de 1707[1]. Se trata de una relación de componentes que, aunque no se indica, eran los necesarios para fabricar tintes.

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 Cochinilla

El texto transcrito dice:

            Cochinilla 18 libras a 96 reales la libra                              1728

            Cristal. 18 libras a 12 reales y medio                                  0225

Salitre. 30 libras a 5 reales y medio la libra                       0165

Gengibre. Dos libras                                                             0029

Rasuras. Una arroba                                                            0090

Estaño. Media arroba a seis reales la libra                       0099

Importa todo                                                                         2276 reales

                        En 19 de agosto de 1707

 

1/09/2026

Las siete casas de don Francés de Zúñiga (3ª Parte y final)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

       La relación de los bienes de mayorazgo que don Francés dejó al tiempo de su muerte y que fueron incluidos en la descripción que de ellos hace su hijo Álvaro es muy precisa en el detalle de las tierras y casas que eran de su propiedad, pero no hay datos concretos sobre los bienes muebles y capitales. Tan solo se cita que deja a la iglesia de Santa María "una ropa morisca de oro y seda que yo tengo para que de ella se haga una capa procesional".[1]  

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Paraje de Navarredonda

 

        De la hacienda dineraria del escritor no nos especifica  cantidades aunque refiere que con su capital rápidamente se compren más terrenos para seguir engordando el mayorazgo, y es que a inicios del siglo XVI el prestigio de un caballero se demostraba con la posesión de tierras por lo que el dinero tendía a invertirse en fincas. Sin duda la más vinculada a la historia de don Francés de Zúñiga (aunque quizá no la más grande) ha sido la llamada “heredad de Navarredonda”, una pequeña villa situada a cuatro kilómetros de las murallas de Béjar, junto al río Cuerpo de Hombre y por debajo del Tranco del Diablo. Leyendo textualmente era "una huerta e casa e linares e dos molinos e una viña e tierras de pan llevar que linda por una parte con el río Cuerpo de Hombre e con el camino real de la plata e por otra parte con el camino viejo de los romanos que va a la Calzada e con prado de la fuente del Aliso e con viñas de Juan Muñoz zapatero e con la cerrada de las matas e con camino que va de los molinos a Béjar".[2]  

1/02/2026

Las siete casas de don Francés de Zúñiga (2ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Semanario Béjar en Madrid, 

          La vigencia de los mayorazgos en España durante la Edad Moderna supuso el enriquecimiento de los primogénitos y el desheredamiento del resto de los hijos dentro de las familias que detentaban ese privilegio, circunstancia que permaneció inalterable hasta la primera década del siglo XIX en la que paulatinamente se van aboliendo. Este hecho fue especialmente significativo en el caso del mayorazgo de don Francés, muy cotizado por lo grueso de su patrimonio, en el que los sucesores rivalizaron y pleitearon fuertemente por su titularidad mientras que los hijos más jóvenes, especialmente las mujeres, quedaban en situación crítica y necesitados del amparo de su familia. 

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 Calle Mayor de  Pardiñas de Béjar

 

         Así sucede en el caso del penúltimo de los titulares, José de Zúñiga y Trejo, que acoge a su hermana Casimira, que había quedado sin recursos, en una habitación de su casa de la plaza Mayor bejarana, es decir en el edificio junto al ábside de El Salvador al que hicimos mención en nuestro anterior artículo[1]. Distinto fue el caso de alguno de los segundones como Juan Gómez de Jérez, nieto de don Francés, que logró en la segunda mitad del siglo XVI ejercer el muy cotizado puesto de escribano. De su puño y letra salieron las primeras actas del concejo de Béjar, así como las conocidas Ordenanzas de 1577.