Ciervos

Hoy en el Censo Individual Universal, malamente llamado CIU —debí pensar mejor el nombre—, una de ciervos para mis queridos cortapichas. Estoy preparando un artículo eroticofestivo para el jugoso «Entrecuix» de Lletraferit y las cuestiones de la cornamenta me han llevado a este animal precioso al que mi discapacidad gráfica no hace justicia. Pero, como dijo Chesterton, a man must love a thing very much if he practices it without any hope of fame or money, but even practice it without any hope of doing it well. Ah, me ha salido una Huella.

«—Pero ¿es cierto que nunca habéis puesto los pies fuera de los árboles, señor barón?

Y Cósimo soltaba:

—Sí, una vez, pero por equivocación, subí a los cuernos de un ciervo. Creía que pasaba a un arce, y era un ciervo, huido del coto de caza real, que se estaba allí quieto. El ciervo siente mi peso en los cuernos y huye por el bosque. ¡Imaginaos qué mal paso!»

El barón rampante, Italo Calvino, traducción de Francesc Miravitlles, Bruguera, Barcelona, 1985.

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«También se destilaba en sales volátiles para damas que se desmayaban, del mismo modo que los cuernos del ciervo se elaboran como amoníaco.”

Moby Dick, Herman Melville, traducción de José María Valverde.

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«Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar al ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:

—Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.

—Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero —dijo la mujer.»

«El ciervo escondido», Liehtsé, en Antología de la literatura fantástica, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo. Penguin Random House Grupo Editorial, S. A., Buenos Aires, 2016.

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«Y el animal por fin se abrió paso entre la última maraña de robles esmirriados y de helechos, y se plantó, jadeante, al descubierto. Era un ciervo robusto y dotado de una poderosa cornamenta. Lo obvio sería que bajase a las marismas de Undercombe y desde allí se dirigiera al refugio preferido de los ciervos rojos, el océano.»

Cuentos de humor negro, Saki, traducción de Carlos José Restrepo, Grupo Editorial Norma, Bogotá, 1993.

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