jueves, diciembre 27

dentro de cinco minutos serás el aire

Si nos despertamos y hace frío, te levantas desnuda y protestas. Pero sonríes. Buscas entre los cadáveres de la ropa en el suelo un jersey, una camiseta, tus calcetines y desapareces. Pero sonríes. Vuelvo a quedarme dormido y, de repente, siento encima de mí el peso de tu cuerpo y abro los ojos con pereza. Me miras. Me besas. Y sonríes. Dentro de cinco minutos serás el aire.

el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.gijón.febrero2006

jueves, diciembre 20

la belleza de los ombligos verticales

Tal vez haya visto todas las películas que terminan con un avión que despega.

Yo tengo el sabor del mar en los labios y restos de tu piel debajo de las uñas. Yo necesito firmar un pacto con la tristeza, sentirme cómodo en el silencio, llegar al lugar donde descansa el equilibrio. Yo necesito encontrar una partida de póquer en el sótano de esta madrugada. ¡Qué tristes las manchas oscuras que los cuadros cuando los descolgaste dejaron en las paredes blancas! Aquellos días llenabas la casa de campanas.

Dudo que los amaneceres sean ciertos. La aurora y abrazado a tu cintura sentir tan intensas las ganas, sentir que quisiera matarme todos los días, en algún momento, apenas dos o tres segundos que, como ráfagas de metralla, me alcanzan por la espalda. Camino en el equilibrio del mar el día en que olvidé pagar los impuestos y recuerdo tus lágrimas en mis hombros y las canciones que se cantan en inglés y la guitarra recién afinada cuando llegaron las semanas en las que en los bolsillos el polvo y las espinas se convirtieron en avellanas. Tú vuelves a perderte y me arrastras. Yo me siento bien. Yo quiero estar contigo. Nada te escondo. Dudo que los amaneceres sean ciertos y dudo que escribir sirva para algo. Abrazado a tu cintura las ganas intensas siguen intactas. Nada. Nada. Nada. Claro que me quisiera matar. Dos o tres segundos como ráfagas de metralla que me destrozan las vértebras. Por eso siempre vuelvo a ti cada día, todos los días. Porque me siento bien. Me siento bien, aunque sigo sin entender muchas cosas y perdí la cuenta de las veces que dije nada cuando quería decir te quiero. Llegaste a casa y estabas borracha.

Sentado en la acera aguardo el momento en que seré capaz de oír el ritmo de las estaciones. Observar inerme como julio alcanza el azul prístino del mar en el celaje del atardecer un martes cuando el sol desenvaina las espadas milenarias de la noche.

La belleza de los ombligos verticales. Respiro profundo y se me llenan los pulmones de ti. Invento una palabra. Yo. Y la escribo en tu vientre. Landia. Mis manos se cierran y la tarde termina. Mis manos se vuelven peces. Mis manos nada saben de aniversarios o de aviones que revientan la tranquilidad de la primera mañana del verano en que tú dijiste me apetece cenar pescado. Hormiguita paciente. Barrios judíos. No encuentro las autopistas. ¿Quién tiene valor suficiente para ponerle un nombre a la tormenta? Pasean mis dedos por el filo de tu ombligo, trapecistas y titiriteros, índice y corazón pinito del oro sin red caminito de san fernando un poco más abajo, sigue un poco más abajo. Hormiguita paciente. Invento. Mi tierra.

Las cosas que nos dijimos el viernes por la noche, el ruido de una caricia, un bocadillo de queso mientras te quitabas la camiseta en la cocina. Podría ser tan fácil, sería espectacular si fueran reversibles aquellas noches de incendio.

Salí de la reunión a tiempo para pasar media hora en casa. Pero cuando llegué sólo la ropa tendida en la cocina me estaba esperando. Tú conducías un coche rojo. No tengo prisa por regresar a la ciudad en que no estás. Paso al lado del aeropuerto donde despega un avión que no voy a coger.

Si pudiera formar parte de esa raza de hombres valientes que gritan versículos que perduran en el tiempo. Yo sólo tengo las palabras para pelear contra el tiempo.

tres cisnes negros
tu cuerpo para que yo
vuelva a la poesía
cruza la plaza de noche
pisando la hojas amarillas
de los plátanos como islas
en un mar de piedra negra y brillante
tu cuerpo desnudo cubierto
por el abrigo de pana tan viejo
colgado en la espalda de la puerta
de tantos colores cuando aparece
el sol en el puerto e ilumina la casa
las hojas otra vez las hojas otra vez

interludio.gijón.diciembre2007

martes, diciembre 18

Verdades

sonia me habló de ti

me dijo que eras traductora
en ginebra y nueva york
debe ser un trabajo apasionante
una vida diferente de allá para acá
no
yo soy empleado de banca
y llevo seis meses con éste
sin echar un polvo gratis

por supuesto sólo dije los primeros ocho versos

todavía somos capaces de mentir diciendo verdades


diario de irrealidades.salamanca.febrero2001

viernes, diciembre 14

supongo

Supongo que vivir instalado en la tristeza es una forma de vivir tan buena o tan mala como cualquier otra. Y, sin duda, la más sincera.

Supongo que nadie escapa porque nadie puede dejarse atrás. Es una quimera. Huyes de una canción, de una esquina en la ciudad, de un recuerdo, de unas manos, de una tarde... de nada más. Cambias. Y cambiar requiere dosis de inconsciencia que aturden cuando estás quieto. Cambias.

Yo cambié una vez. Dos. Tres. No recuerdo. Yo cambié una vez. Y, si no me hubiera servido de nada, al menos me sirvió para verme en tus ojos.

montando estanterías.gijón.marzo2007

domingo, diciembre 9

despertares

Vengo estrenando carreteras, asfalto sucio aún del polvo que desprenden los neumáticos enormes de camiones de obra, cunetas cinceladas y artificiales, un viento que llega desde el mar y arremolina las vedijas de lana de dos ovejas que ramonean olvidadas y tranquilas una primavera inquieta.
El autobús se detiene. Gente silenciosa abandona sus asientos y puesta en pies impacientes aguarda que se abran las puertas. Desconecto el ipod. Me quito los cascos. En el cristal, la mañana son seres humanos que no se detienen en los semáforos rojos. Saco del bolso de la mochila el mapa arrugado de una ciudad futura.

interludio.gijón.mayo2007

martes, diciembre 4

Trepa el sol la espalda


de esta ciudad invierno

tibia luz quebrada en las aceras
convierte en cenizas
los charcos de sombra
que la noche olvidó
se hace añicos la luna
de un escaparate

una taza de café es buena excusa
mientras te espero

me gustan las mujeres de mirada triste.gijón.diciembre2003

sábado, diciembre 1

fotos

Imagefotosdeunviajeencasa.gijón.noviembre2007


"Ando estos días vagabundeando de tu mano fría
hasta el final del mundo.
Y esta es la vida que yo quería para mí"
Quique González, Doble fila.

lunes, noviembre 26

Fabián (IV y V)

Fabián se ha levantado con tiempo suficiente para preparar un buen desayuno antes de empezar la estéril búsqueda de un trabajo para un presidiario cojo y sin más experiencia que la de haber pasado media vida en la cárcel. Para él un buen desayuno es un café bien cargado y galletas mojadas, deshechas en el mar negro. Sin azúcar.
Las ventanas del dormitorio no tienen persianas, así es que puede tranquilamente observar, mientras se despereza, el mar rojo de tejados poblados de antenas que son mástiles de los barcos que surcan el mar añorado de Fabián. Y, sobre el mar, el mismo cielo que asomaba entre los barrotes. Sigue hablando con las nubes. Ellas le enseñan lo que tuvo. El recuerdo le obliga a cerrar los ojos.
La luz del día va inundando los rincones de la casa mientras abandona el dormitorio y se dirige hacia el cuarto de baño. Le encantaría ducharse, si hubiera agua caliente.
Fabián ante el espejo se descubre viejo. Nacen canas en la barba descuidada que ha dejado crecer en los últimos días y sus ojos son de anciano. Debería buscarse una mujer que en la maleta trajese juventud. Aunque después de lo de Charo le ha dolido tres noches el corazón. Dolía mucho. Quiere olvidarlo, pero estuvo llorando.
Sobre la mesa del salón reposan los restos de la noche anterior. Dos latas de cerveza abandonadas a la mitad y las pajaritas de papel de periódico que utilizó para espantar el aburrimiento. Se acerca a la pecera y Johan mira sin ver. También tiene ganas de desayunar. Tendrá que ir de caza a la cocina. Dos o tres moscas antes de las diez.

A Fabián le gusta la música. De pequeño, cuando ser pequeño significaba ignorancia y despreocupación, quiso aprender a tocar la guitarra. Sin embargo, todo lo que recibió, cuando fue a pedir el recambio para una cuerda rota, fue la bofetada que voló en el aliento de borracho del segundo de sus padrastros mientras su madre, con los ojos llorosos, dejaba ver su cuerpo semidesnudo, sólo cubierto por una sábana, en el quicio de la puerta.
Esa fue la primera noche que decidió abandonar su casa. Y lo hizo. Pero no pudo aguantar el frío de la madrugada acechando su pequeño cuerpo y tuvo que regresar, cuando el alcohol había vencido a su padrastro y éste dormía tendido en el sofá del destartalado salón. Su madre, con el puño del hombre en la cara, acarició el vedijoso pelo de Fabián antes de desearle buenas noches y decirle tranquilo, hoy no irás al colegio. Pero él quería ir, porque la escuela era el único lugar donde se sentía a gusto y donde, gracias al enorme y viejo atlas de geografía, podía viajar a cualquier lugar del mundo. Y ayer paseaba desafiante por la Gran Muralla China.
A Fabián le gusta la música. Enciende el transistor prehistórico que dormita en la mesa del salón y la voz del locutor anuncia una vieja canción que reconoce al instante.
Estuvo toda la noche ignorando las ganas, pero las notas que se escapan de la radio decoran las paredes y disfrazan la ocasión perfecta. Se acerca al dormitorio y abre la caja de zapatos escondida bajo la cama. De uno de los bolsillos del abrigo rescata el regalo de despedida que le hizo Artemio. Minuciosamente coloca los utensilios encima de la mesa. Se sienta en la silla e inicia el ritual tantas veces repetido.
El pulso temblón le delata nervioso, el mechero tarda en encender y la cuchara ennegrecida por el uso. Las burbujas que aparecen como por arte de magia anteriores a la conquista amarga del vapor en el paladar. Y el arma estéril. Entonces el sabor acre de la goma al hacer el nudo. El tacto en la búsqueda del punto exacto. Y el pequeño dolor que precede a cualquier momento de placer.
La mezcla lenta pero firme de los líquidos.
El sudor frío que baña el cuerpo y perlas de agua sobre la frente. Los músculos relajados y el color perdido en los ojos.
La mejilla contra el suelo.
La canción se ha terminado. Fabián ya no la oye.

...la sangre aún me hierve
cuando pienso en mi mala suerte
y cuando me levanto en el jergón
os maldigo

sigo hablando con las nubes
ellas me enseñan lo que tuve
y ésto que no me sube desde el jergón
os maldigo

porque dios se pasó conmigo

salamanca.junio1999

sábado, noviembre 24

Fabián (II y III)

A Fabián le gusta el mar, pero nunca ha pisado la arena de la playa. Una vez, en el trullo, estuvo a punto de cumplir su sueño, cuando organizaron la excursión de fin de semana a Castro Urdiales; pero a alguien tenían que echarle la culpa de la revuelta en el comedor, el día que hicieron volar las bandejas en protesta por la comida, y malgastó el fin de semana encerrado en la celda, sentado en el suelo con la cara sobre las manos crispadas y clavadas las uñas en la palma, hasta hacer brotar sangre de las heridas cuyas cicatrices aún acaricia dolido cada vez que el tacto las descubre.
A Fabián le gusta el mar. Por eso ha decidido comprarse un pez, que le haga compañía en la soledad de su viejo piso y que le acerque un poco al océano que tanto anhela. La pecera ocupará en el mueble del salón el hueco del televisor que no se puede permitir.


Fabián calado hasta los huesos en medio de la calle. Fabián contra el escaparate. Su reflejo dibujado en el cristal. Fabián contra Fabián. No es la imagen que recuerda de veinte años atrás pero se le parece. Muchas veces lo ha hecho. Sólo tendría que agarrar la silla de la terraza en el bar de al lado, lanzarla contra el cristal, recoger cuanto pudiera y salir corriendo. La pierna inerte aguantaría hasta el escondite en el callejón. Se siente impotente y, por un instante, cree que volverá a caer. Un viento extraño le ciega. Su piel es agua y las rodillas, temblando, se acercan al húmedo suelo. Esconde la mano en el bolsillo del pantalón sin apartar la vista de la silla y sus dedos acarician la moneda de quinientas pesetas.

Corre bajo la lluvia protegiendo con su abrigo la pecera donde, nervioso, nada el pez que acaba de comprar. Uno de esos peces domésticos: pequeño, cubierto de escamas anaranjadas y con multitud de aletas casi transparentes que no ofrecen una imagen de verdaderos timones para surcar las aguas cloradas en la pecera de cristal, sino que parecen volantes diminutos de un traje flamenco.
Fabián sube precipitadamente las escaleras de su piso, invadido por una perdida y lejana felicidad que le ha devuelto, no sabe si la vieja libertad nuevamente recuperada o el pez. Cuando llega al primero, las vecinas con rulos en la cabeza interrumpen su animada conversación de cuchillos al verle. Sin dejar de correr, Fabián saluda y, al llegar a la puerta de casa, junto al ritmo acelerado de su corazón, escucha: nada bueno puede ocurrir si ya está de nuevo aquí este mangante.
Abre con dificultad la oxidada cerradura y sin tan siquiera quitarse el abrigo entra en el salón para colocar la pecera en el sitio elegido.
Perfecto, queda perfecto. Ahora sólo falta el nombre.
El griterío de unos niños jugando al fútbol en el patio interior trae a la memoria de Fabián los tiempos en que él jugaba con los amigos de la barriada y soñaba con llegar a ser como ese espigado futbolista al que tanto admiró. Las fechas se volvían borrosas después de tantos años pero sería el verano del setenta y cuatro cuando se sentaba en el banco enfrente de la tienda de electrodomésticos a verle jugar, sólo a él, esperando que burlase a los defensas con ese regate magnífico y eléctrico. Escondía la pelota tras la pierna izquierda y con la derecha cambiaba bruscamente de dirección, dejaba al defensor perdido en su equilibrio y corría a toda velocidad hacia el pase certero de gol. No le importó que perdiera esa final porque era el mejor de los veintidós, blancos o naranjas.
Ya está. Bienvenido a casa Johan.

miércoles, noviembre 21

Fabián (I)

"la sangre aún me hierve
cuando pienso en mi mala suerte
y cuando me levanto en el jergón
os maldigo

a este lado de la puerta
llegaban tus cartas ya abiertas
yo las necesito tanto en el jergón
y no llegan

y sin ellas dime que me queda"



A sus espaldas la puerta del patio se cierra con violencia y el sonido metálico se diluye en la vida cotidiana de la calle: el taxi libre que surca el asfalto, la velocidad de los hombres sobre las aceras y el quiosco que todos los días veía desde la ventana de la celda.
Una vez más, la séptima, Fabián deja atrás los muros de la cárcel. Aún le duelen los brazos de cargar las sábanas en la lavandería. Aún le duele el culo del día en que le engañaron para que llevara un paquete de cigarrillos al enfermo de la trescientos uno. Y cinco le aguardaban. Y ninguno estaba enfermo. Aún le duele la cabeza de contar los días dentro. Más que fuera.
Dirige sus pasos por la acera que abraza la prisión y se encamina, renqueante y sombrío, a la mísera casa que, milagrosamente, aún conserva en el segundo piso de un inmueble en el barrio más pobre de esta ciudad que le ha visto nacer y que le atrapa como una madre celosa a la que no puede abandonar.
Renqueante, por la pierna ortopédica que sustituye al pie amputado por culpa de esa enfermedad que nunca ha sido capaz de pronunciar, y de la que sólo sabe que termina en itis y que nació por meterse el caballo en las venas del tobillo.
Sombrío, porque no está seguro de querer salir.

Fabián no tiene maleta pero, en verdad no la necesita; porque su único equipaje es el cuaderno de tapas verdes desgastadas donde escribe los poemas que, sin saber por qué, siempre hablan de horizontes y de mar, de niebla y de llanto, de olvido y... de nada más. Le hubiese gustado escribir poesías de amor y, para ello, cerraba los ojos, se concentraba y dibujaba la imagen de Charo en su frente; pero nada conseguía. Por eso, en la última visita, le dijo no quiero volver a verte. Estaba harto de no saber amar. Más harto incluso que del salido del guardián que les observaba por el circuito cerrado de televisión mientras echaban el triste polvo mensual.

Antes de regresar a casa, tiene algo que hacer. Comienza a llover.

viernes, noviembre 16

Conseguí un trabajo


de vigilante de costas

cuento las olas
que llegan a la playa
guío los barcos
con el fuego del sol
en la palma de la mano
y sello mis labios
con el dedo índice
para pedir silencio
a las gaviotas

callad necias
no chilléis
la muerte se acerca

desde hace tiempo
me gusta una sirena
y esta noche
la quiero invitar a cenar

buscaré un restaurante
en el que no pongan pescado

la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.gijón.diciembre2004


domingo, noviembre 11

0

Image
Desheredados los últimos reyes de la tierra con manchas de grasa en las solapas, el pelo sucio y alborotado y los ojos hinchados persiguen octubre en estaciones de tren, se acuestan con putas baratas aunque podrían hacerlo con las más caras y gastan balas de plata disparando al cielo de los vampiros en los pantanos, comparten palabras en vena con los heroinómanos del bulevar y duermen los días tirados en los suelos limpios de los aeropuertos o en las camas de hoteles de cinco estrellas en los que les dejan entrar sólo porque caminan descalzos y donde las chicas de la limpieza les preguntan sorprendidas cómo fueron capaces de cruzar el río y encontrar la ciudad agazapada en la noche. Desheredados. Los últimos reyes de la tierra. Avanzan. Decididos.

gijón.hoy

miércoles, noviembre 7

7

¿Puedes conseguirme un poco de gasolina?, preguntó pensativo mientras engullía con hambre de tres días una hamburguesa.

Terminó. Saciado se limpió los labios con la servilleta. La estrujó en su mano izquierda y, al tiempo que lanzaba la bola de papel al plato vacío, encaró la mirada de su mánager quien, frente a él, conservaba aún una mueca de sorpresa en el rostro.

Voy a quemarla.

Aquella noche del pacífico, después de un concierto mediocre, jimi hendrix prendió fuego a su guitarra.

san francisco.noviembre2007

jueves, noviembre 1

14

"... te escribo para decirte que el misisipí no es tan ancho como lo imaginaba, que de los barcos cada noche lanzan al agua tahúres vencidos y apaleados, que los caimanes custodian su festín de huesos en los meandros y duermen al sol en las orillas hasta el atardecer, que huelen la sangre cuando escuchan los disparos... "

nueva orleans.octubre2007

sábado, octubre 27

21

yo jamás te hubiera esperado en la entrada de los apartamentos dakota

yo jamás te hubiera disparado por la espalda


yo jamás hubiera encendido velas por ti en aquel parque

nueva york.octubre2007

domingo, octubre 14

28

Image

mete cuatro cosas en la maleta y lárgate de aquí
nos han encontrado

pero...
date prisa están subiendo por la escalera

gijón.hoy

martes, octubre 9

cada hombre tiene su tiempo

cada hombre tiene su tiempo. Cada noche espera la llegada del frío. Porque la única revolución pendiente es la de las palabras, seamos valientes. Arder en una llama infinita. Y tu nombre como fuego azul permanece invisible en la palma de mi mano y duerme en la habitación, olvidado entre las páginas de los libros malditos y culpables. Una gata rayada de ojos de miedo busca el calor que la noche le niega encaramada al capó del coche. Y los perros, animales sin tiempo, no ladran. Con ojos ciegos se rascan detrás de las orejas y su aliento, visible tan sólo un segundo, es el heraldo de la madrugada.

el invierno acecha como una manada de leonas.gijón.marzo2006

viernes, octubre 5

Gijón

Imageregalodeguille.gijón.octubre2007

"ojalá dispusiera de frases no conocidas, de expresiones extrañas
en algún nuevo lenguaje jamás empleado antes,
libre de repeticiones, de palabras rancias,
ya desgastadas por los antepasados."

khakhepeneseub, escriba egipcio
(hace más de cuatro mil años)

lunes, octubre 1

Si tiene que llegar el invierno


decidle que lo haga despacio decidle
que mida bien los pasos que sea prudente
que no fuerce las cerraduras
y no reviente los quicios de las puertas
que sus labios no soplen con rabia de vendaval

si tiene que llegar el invierno
si no nos queda otra
y tiene que llegar el invierno decidle
invierno
andate con pies de nieve

me gustan las mujeres de mirada triste.gijón.diciembre2003

miércoles, septiembre 26

ella dijo por mí como si te vas a curar la sífilis con mercurio

Ella dijo por mí como si te vas a curar la sífilis con mercurio. Ella dijo que lisboa se construyó sobre siete colinas. Igual que roma. El día de todos los santos de mil setencientos cincuenta y cinco un terremoto reventó las calles que llegaban hasta la orilla del tajo, convirtió en escombros los pedestales de las estatuas, incendió las casas de alfama donde vivieron los marineros que viajaron con vasco de gama, hizo llorar de miedo a pescadores y calafates en belem, brillar los dientes podridos de los corsarios que acechaban en el estuario, temblar las tierras de Portugal y de España, tambalearse las piedras de la iglesia en la calle donde naciste. Ella dijo un terremoto le otorgó a lisboa una segunda oportunidad.

Ella dijo que el verano en lisboa es frío y arrugado, dijo quiero coger el veintiocho, camino de graça alcanzar las puertas del castillo de san jorge, quiero ver los muros blancos de la ciudad desde la cerca moura, tomar una cerveza en el mirador de adamastor barbudo insensato que perdió la cabeza por tetis sirena cantante nereida desnuda, quiero leer en voz alta las frases escritas en las paredes, maldecir a los hombres grises cerdos hijos de puta de la pide que tienen en las manos balas y mentiras, quiero comprar una docena de claveles rojos en un puesto del rossio y que tú no estés aquí y que esta tarde sea abril veinticinco mil novecientos setenta y cuatro, grandola vila morena terra da fraternidade, quiero gritar gol de verde y de blanco en alvalade, quiero escuchar un fado mozambiqueño en las cuestas del barrio alto, amalia, rodrigues, cristina, branco.

Ella fumaba en la ventana de espaldas, desnuda y sucia. Y dijo, ya ves, por mí como si te vas a curar la peste con sangrías.

las moscas no saben volar en círculos.lisboa.julio2007

lunes, septiembre 17

Gata de luna negra

al tatuaje en tu espalda

gata de luna negra
reino de lo inasible
fuerza del todavía
rapto de un imposible

cuerpo de miel y vientre
naciente de la ardentía
hueco de mis palabras
pan mío de cada día

sueño de esta vigilia
bola que torna en cuna
para tu dulce relieve
gata negra de luna

diario de irrealidades.salamanca.febrero2001

jueves, septiembre 13

dolor de corazón

Entra cojeando en la consulta y presiento que exagera. Dice buenos días, con tristeza, y respondo buenos días, con tristeza, para que la broma le arranque una sonrisa. Me mira dolida.
Los ojos arrugados y llorones me dan la clave. Nada grave le ocurre a su cuerpo.
Me duele mucho la rodilla, dice.
La exploro con atención, porque sé que en eso se fija mucho, y nada tiene.
No es nada, Eugenia. El tiempo.
Sí, el tiempo. Porque me duele mucho la cabeza y con el analgésico que me receta habitualmente, ya no se me pasa.
¿Quiere morfina? Bromeo de nuevo.
No sonríe.
Tómeme la tensión, doctor, porque siento palpitaciones. No quiero que me dé un infarto.
Trece, ocho, Eugenia, como siempre. Hay chavalas de diecinueve años más hipertensas que usted.
No me encuentro bien, doctor. Debe ser la gripe. Recéteme algo que me calme y me cure este catarro que me está entrando.
Cuando lo tenga dentro del todo, vuelve, y le prometo que se lo curo.
No se burle, dice, resentida. Quizá son los primeros síntomas del Alzheimer.
Ya me cansé de seguirle el juego. Cruzo los brazos en un gesto que revela paciencia, apoyo la espalda en la silla y le digo a los ojos:
Cuénteme qué le pasa, Eugenia.
Aparta la vista y se echa a llorar. Dejo que lo haga. No hay prisa y le vendrá bien.
Dos minutos después, entre sollozos aún, confiesa:
Ayer fue el día de la madre y estuve sola. Ninguno de mis cuatro hijos tuvo tiempo para venir a verme y, dos de ellos, ni tan siquiera llamaron.
Ahora, el que se pone sombrío soy yo. Olvidé llamar a mi madre.

aprendiz de dios.salamanca,junio2001

sábado, septiembre 8

Te miro

y me entran unas ganas salvajes de comerte

yo soy un lobo si tú te vistes con una capucha roja

no grites
que no nos oiga tu novio
vestido con ese absurdo
disfraz de abuela

la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.gijón.diciembre2004

martes, septiembre 4

La noche más oscura del mundo

llena de lluvia encontramos una casa en llamas

una mujer llora sin lágrimas porque no sabe dónde está su gato

los ojos de los gatos brillan en la noche como el fuego en las ventanas de la casa

se me murió el verano entre las manos.llanes.septiembre2005

sábado, septiembre 1

siete

Image
El amor es un dragón de alas oscuras que lo devora todo. La tarde que no merece ser vivida. Cruza el corazón de un país y la noche sentado en un autobús. El amor es un dragón de alas oscuras que lo devora todo. El tacto frío de una bala de plata en el bolsillo del pantalón.

diario de puños y catedrales.salta.octubre2006

miércoles, agosto 29

las linternas de la guardia civil

Cuando tengas dinero regálame un anillo. Siento que esta noche me acostaría con cualquiera si así fuese capaz de anestesiarme un poco. ¿Quieres que duremos para siempre? Si te quedas conmigo te enseño a navegar. Duele. Duele y no soy capaz de arrancármelo. Desnuda a mi espalda miras el mar como yo leo el periódico que acabamos de comprar. Desnuda me abrazas, me besas, buscas el sabor de un cuerpo en una playa mecida por el aliento cálido de un viento que nace en tierras de otro continente. Y yo necesito escribirlo para que jamás se me olvide. Esta noche no sirven las canciones ai guet sou taier of misin yu ni una película a oscuras en un cine en ruinas si te quedas conmigo te enseño a navegar. Agárrate fuerte a mí maría. Esta noche nada sirve porque no estás. Ni que el madrid haya vuelto a jugar bien. No estás. Desnuda me haces a medias un amor torpe de manos torpes que son las mías. Cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca. Nada. Dos cervezas, un mojito y el primer disco de manu chao. ¿Tú crees que hará demasiado calor en la furgoneta? Un cocinero que se parece a keith richards, con la t tómbolo y trafalgar, lengua de tierra que une una antigua isla o un islote con el continente. Diez tipos gritan y empujan un elefante atrapado en la arena con seis tablas de surf atadas al lomo. Más. Más. Más. Cuando estoy solo en casa a menudo abro las puertas de tu armario. Duele. Lo intento aunque ya sé que no voy a ser capaz de arrancármelo. Hasta el lunes por la noche. Vendrás. Abiertas las puertas traseras a tu espalda el mar. Yo te miro ojos borrachos manos de vértigo. Después escaparemos del viento y veremos anochecer. Sabes a sal. Sabes a sal. Sabes a sal. Yo te miro salir desnuda del agua. Cuando no sepas qué hacer vente conmigo. La luna que crece, un faro que te muestra, los pecios de una batalla contra los ingleses, una estrella sin brújula y las linternas de la guardia civil que gritan que tenemos que irnos de aquí. Y no termino de creer que estemos en el sur, que estemos juntos, que estés conmigo, que te sientes a mi lado en vez de hacerlo en cualquier otro lugar de la playa, que conozca tu nombre aunque nunca lo use para llamarte. Necesito escribirlo para que no se me olvide. Necesito escribirlo para poder arrancármelo. Siento que esta noche me acostaría con cualquiera si eso sirviera para anestesiarme un poco. Yo conducía camino de puerto lápice molinos de viento gigantes de energías alternativas y tú dormías en la parte de atrás de la furgoneta. Pero luego no digas que no sabes lo que haces. Vámonos a casa. Meca: lugar que atrae por ser centro donde una actividad determinada tiene su mayor o mejor cultivo.

las moscas no saben volar en círculos.gijón.agosto2007

sábado, agosto 25

Antes de empezar a caminar


quiero tenerte
antes de abrir puertas cerradas
quiero tenerte
antes de andar ojos vendados
yo quiero verte
antes de nada
antes después
antes la muerte

me gustan las mujeres de mirada triste.gijón.diciembre2003

viernes, agosto 17

Cierro los ojos

barcelona, la ciudad de la rabia, los incendios y las ideas

vengo de lejos
de un lugar sin aurora
mi celda
los guardianes de la noche
descansan dormidos y borrachos
sobre el vientre liso
de prostitutas enfermas

cierro los ojos y ya no te veo

todo lo que ha ocurrido por fuera es ya ceniza.barcelona.enero2005

sábado, agosto 11

carta de un soldado (y IV)

José se presentó voluntario en el cuartel de Zamora. Entró como corneta, pero pronto ascendió a cabo. Cuando estalló la guerra civil se enroló en la primera partida de infantería que se trasladó a Valladolid, donde se organizaría el avance nacional hacia Madrid para luchar contra los republicanos.
En la batalla del Alto del León los hicieron prisioneros cuando se protegían dentro de una casilla de camineros. Los mataron a todos excepto al capitán, al que dejaron renco. Por medio de éste se permitió a los familiares ir a Villacastín a reconocer los cuerpos. El padre de José supo que era su hijo por el cinturón y por un colmillo característico, de herencia, como de espaldas a la luz. Después los metieron a todos en ataúdes de madera idénticos y cubiertos con la bandera de la España Nacional. Los trasladaron a Zamora (de donde eran originarios) y de allí, algunos fueron hasta Fermoselle.
A la familia le quedó siempre la duda de si el ataúd que enterraron bajo tierra en Zamora sería en el que estaba el cuerpo de José. Por lo menos, cierto era el consuelo de saber que, bajo alguna tierra, su hijo descansaría para siempre.

salamanca.mayo2001

sábado, agosto 4

carta de un soldado (III)

José entró en la garita y descubrió al sargento degollado y sentado en la silla donde le sorprendiera la muerte. Antes de poder reaccionar, una sombra detrás de la puerta le propinó un fuerte golpe de culata en la cabeza que ahogó el grito de alarma y le robó la consciencia. Cuando despertó, se descubrió atado de pies y manos junto a sus cinco compañeros de retén en el cuarto donde antes escribía, robándole horas al sueño, a la familia.
Les trataron con dureza pero con respeto. No hubo ninguna agresión gratuita ni ningún insulto. No fueron torturados. Los milicianos parecían nerviosos y hablaban poco. Pero decían cosas con la mirada. Cuando José cruzó la suya con la del que parecía estar al mando supo que iban a morir. Intentó decir algo para defenderse, pero un terrible dolor de cabeza y la sangre reseca que le acartonaba el rostro y la nuca le hicieron desistir. Quiso hablar con Ramiro, el más joven y al que todos cuidaban como un hijo, al ver el miedo de sus diecisiete años reflejado en los ojos aterrados, pero de las sombras, donde había permanecido hasta ahora escondido, apareció un joven alto y delgado que, mirándole fijamente a la vez que se quitaba la gorra, le dijo: guarda silencio, José.
Era Román. José agachó la cabeza abatido. Sentía el peso del mundo en el cuerpo y tenía tantas preguntas por hacer que enmudeció. Román había abandonado el pueblo hacía un año, cuando Mosén Martín, desde el púlpito, acusó a varios vecinos, entre ellos el padre de Román, de ser enemigos de Cristo. Pero José no imaginaba que la guerra le convertiría en su verdugo.
Haz que la carta llegue a mis padres, por favor, le pidió señalando con la cabeza el pliego inerte encima de la mesa donde José lo abandonara para comenzar la guardia. Román asintió gravemente. Después, los dos se comportaron como desconocidos. Nadie adivinaría que fueron más que hermanos.

Los fusilaron frente a la tapia trasera del cementerio. Fueron seis detonaciones secas que rasgaron el silencio virgen aún en la amanecida del cinco de agosto de mil novecientos treinta y seis. Después, dos de los soldados que habían disparado, vomitaron. Un gallo cantó.
No se cumplía el plazo mínimo de cuarenta y ocho horas desde el apresamiento que las leyes militares imponían; pero eran tiempos de guerra y sublevación, y se ordenó el ajusticiamiento para no demorar la partida de las milicias hacia la capital y engrosar así, cuanto antes, las tropas que defendían Madrid como gato panza arriba. El parte interceptado por los nacionales era un simple ardid republicano para hacer bajar la guardia al enemigo y poder atacar amparados en el alba y la sorpresa. Madrid estaba bien provisto de defensas, más ahora que se acercaban, desde los Pirineos, los voluntarios de las Brigadas Internacionales. Pero nunca estaban de más armas y manos compañeras que ayudaran en la defensa de la ciudad.

En el remolque de un viejo tractor confiscado para la causa, los cuerpos fueron trasladados hasta la iglesia que, adornada por dos nidos de cigüeña en la torre, dominaba el pueblo desde lo alto. Una vez allí, los finados fueron colocados en hilera sobre el frío suelo de enormes lajas alisadas por el tiempo apilado y los pasos repetidos. Junto a los seis militares debelados, se situaron los cadáveres del sargento, del dueño del tractor, que se había negado a prestarlo, y del párroco, asesinado la noche anterior. Cubiertos con mantas, allí aguardarían hasta la llegada de los familiares que quisieran identificarlos y llevarlos a casa para darles descanso bajo la tierra que habían conocido.

La noticia de la muerte de José cayó en la casa de sus padres como rayo sobre árbol vencido. Su padre se refugió en el campo. Su madre perdió el habla y se quedó sentada en la cocina, con la vista perdida más allá de la ventana por la que se colaba la luz viva del verano, y con una carta en las manos que en días no soltaría. Muchas lunas pasaron hasta que se oyeron de nuevo sus palabras.

José Pérez Fonseca, cabo de infantería de Toledo nº 26 enrolado en el ejército nacional al inicio de la Guerra Civil, fue asesinado por las milicias populares en Villacastín, provincia de Segovia, el 5 de agosto de 1936. Contaba 19 años de edad.

martes, julio 31

joni

a veces sin palabras intento explicarte que tengo las entrañas sujetas al cuerpo con alfileres, que si alguna vez no hice las cosas bien fue porque no quise, y eso no conlleva penitencia alguna, que cuando follamos como lo hicimos anoche, bajo las uñas me queda el sabor de tus ojos hasta la náusea, que adelanto pisando líneas continuas sólo por el gusto de dejar atrás bemeuves, que soy una habitación y una ciudad y un billete de diez euros olvidado en el bolsillo del pantalón y un tejado y un nido de gaviotas y una playa y tu lengua en el borde del bote de la miel, que soy, que si en mi espalda arroyas lluvia de otoños caducifolios que no quiero olvidar, me descubro cantando ai never zot dis laif guos posibol y entonces una pared, un mapa y cualquier lugar de un mundo en el que estéis tú y una cerveza. Yor de yelou verd aif bin güeitin for.

las moscas no saben volar en círculos.gijón.julio2007

jueves, julio 26

carta de un soldado (II)

Hola, madre. ¿Qué hace? ¿Leyendo una carta?

Me envía padre para que le dé una noticia. Pero no sé cómo empezar.

Madre, han matado a José. Llegaron las listas de bajas y es el primero. Fue hecho prisionero cerca ya de Madrid y lo fusilaron como preso de guerra. Este país se está volviendo loco.
Dicen que alguno de la familia tiene que ir a Villacastín a reconocer el cuerpo. Que si nos negamos no veremos el cadáver y lo enterrarán en una fosa común o se lo llevarán al campo para alimentar a las bestias. Usted no debe ir, madre, ni la dejaríamos; pero alguien tendrá que hacerlo. El primo Aurelio... no me mire así madre, claro que está llorando. Nada tiene que ver el que no piense como nosotros. Quería a José como el que más. Aunque usted siempre dijera que acabaría por meterle cosas raras en la cabeza. Igual si así hubiera sido, ahora José vivo estaría. Quién sabe...
... el primo Aurelio dice que él puede acompañar a padre. A él no han tenido que decírselo, tan siquiera. Veníamos fatigados del campo y al entrar por el costado de la iglesia vio el coche del general aparcado en la plaza del ayuntamiento y supo que José estaba muerto. Algo le ha pasado a tu hermano, Carmencita, fue lo que me dijo. Por algo le llaman el Brujo, ¿no? Dio media vuelta entonces, y regresó por donde habíamos venido. Quiere estar solo. No volverá hasta la noche.

Dígame algo, madre, no esté tan callada. Este silencio duele y...
...llaman a la puerta. Yo abriré.

Es don Matías, el médico, madre. Dice que si puede acompañarle a casa de Benjamín. A la hija, la Luciana, se le ha adelantado el niño.

lunes, julio 23

Lisboa

Image
adamastor.lisboa.abril2001

"Tal vez la vida sea esto,
el hueso de la tristeza rodeado de la pulpa jovial
de sardinas asadas y cohetería"
Antonio Lobo Antunes, Memoria de elefante

martes, julio 17

carta de un soldado (I)

Alto del León, a 4 de agosto de 1936

Querida familia:

Espero que a la llegada de la presente os encontréis todos bien. Que el tiempo en que hemos estado separados, que ojalá no se prolongue más allá del requerido por la patria, no diluya los lazos que nos unen. Y que no se olviden de este hijo que les quiere y espera pronto verse reflejado en sus ojos. Quisiera sepan también disculpar mi mala caligrafía. Ahora me arrepiento de haber derramado de forma tan inconsciente los consejos y enseñanzas que, con paciencia, padre se esforzaba en inculcarme para hacerme entrar en el complejo mundo de las letras que él tanto ama. Al recordarle, padre, me vienen a la memoria las tardes en que usted me encerraba con los libros en el corral y yo me escapaba saltando la tapia en cuanto el silbido de Román en la tarde queda anunciaba el comienzo de los juegos infantiles.

Regreso a esta humilde estancia en que me atrevo sobre este sucio pliego, mientras dos de mis compañeros descansan, a escribir palabras de nostalgia y esperanza acompañado de la poca luz que me cede este desvencijado quinqué. Abandono los recuerdos en que ustedes son los protagonistas para iniciar mi relato.
Tras salir de la Academia en Toledo terminamos nuestra instrucción en los montes de Madrid y el inicio de la guerra nos sorprendió de campamento en la sierra de Guadarrama.
Viendo que el enemigo conservaba con suficiencia Madrid, comenzamos la semana pasada la marcha hacia la capital, con el fin de intentar recuperar la ciudad más importante de España. Los altos mandos del Movimiento Nacional opinan que el ejército republicano no tendrá capacidad suficiente para defender el resto de España si el Frente Popular pierde Madrid. El general Varela siempre dice: “ganar Madrid, soldados, es ganar España”, cuando el ánimo de la gente anda decaído.
Anoche coronamos el Alto del León y aguardamos en este pequeño pueblo de Villacastín el próximo movimiento de las tropas republicanas. Corren noticias de que se ha interceptado un parte del bando enemigo. Desde Madrid, se dirigía a las milicias que asedian Toledo, para solicitar refuerzos porque la tropa se encuentra mermada. Muchos han caído, al parecer, enfermos de sífilis por las continuas visitas a los burdeles castizos. Por eso presentimos una noche en calma e, incluso, no se esperan novedades para el día de mañana. Nada ocurrirá hasta que lleguemos al frente de Madrid. Entonces sí, la cosa se va a poner cruda.

Saben padres, que a veces sueño con la entrada triunfal de los nacionales en Madrid y, con ello, el final de esta joven contienda que nadie quiere se prolongue. Entonces, podré recoger mis pertenencias y regresar a casa donde me aguardan asuntos importantes. Echo de menos el calor del hogar y, a menudo, cuando cierro los ojos me nace la risa de Carmen en los oídos y, maldita sea, que me parta un rayo si no se me saltan las lágrimas.
Hoy, cuando cruzábamos una aldea, desde una ventana nos han llamado fascistas. Y no sé lo que significa. Yo no nací para luchar, padre. Ya me lo decía usted; pero hay que defender España de la ruina, hacerles entrar en razón y comenzar a construir un país para todos. Yo, de ella, me conformo con un trocito de tierra al lado de la nuestra y sentir el olor fresco del suelo húmedo por el rocío en la mañana recién nacida mientras camino por la trocha escuchando las historias de padre.

Antes de acabar quisiera decirles algo que he ido demorando y creo es hora de que sepan: el hijo que, si Dios quiere, tendrá Luciana a finales del verano, para la virgen de la Vega, es nieto suyo. Si algo me pasara considérenlo como sangre suya que es y, por favor, si es niño, pónganle mi nombre.

Pidiendo disculpas de nuevo por mi mala caligrafía me despido porque en estas horas que anuncian el alba, antes de que el gallo cante, comienza mi ronda de vigilancia. Y debo presentarme ante el superior para iniciar el hastío de la guardia. La semana entrante volveré a escribirles contando como siguen las cosas.

Atentamente, se despide su hijo que lo es con gratitud y afecto:
José.

p.d: le pido, madre, que cuide a Luciana. Me tranquiliza saber que cuando traiga el niño al mundo, usted estará allí para ayudarles.

viernes, julio 13

Volver al olor de sus calles


es volver a tus brazos abiertos

volver es revolver
partículas de sentimientos
suspendidas en un espacio
en un tiempo

en la tienda de música de la esquina
compré un disco de pj harvey
porque te pareces a ella
en la fotografía de la portada

historias de la ciudad
historias del mar


la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.salamanca.diciembre2004

sábado, julio 7

cuatro segundos cada día

calma tiene nombre de canción y diez velas encendidas en la yema yerma de los dedos, el mar en las venas, heroína en los ojos, soldados y tardes de julio, cerezas, cervezas y cuatro segundos cada día para abrazado a su espalda escapar al galope

interludio.gijón.julio2007

jueves, julio 5

Un caracol duerme en el alféizar de la ventana cada noche

deja un rastro de baba en sus paseos pacientes por el tejado

sin orejas escucha a las siete el despertador y alarga las antenas para verte desayunar con el pelo mojado aún después de la ducha

yo creo que se arrastra por el tejado en busca de otro alféizar
el de la ventana del cuarto de baño

los caracoles son animales
el instinto le dice que allí tendrá mejor vista

se me murió el verano entre las manos.gijón.agosto2005

domingo, julio 1

la encontré

cuando había perdido en los contenedores de basura la esperanza, los barcos abandonaban el puerto desolados, las luces de las farolas temblaban en mitad de una noche de calor, lluvia y vapor de asfalto, cuando parecía que el madrid perdía la liga y los niños lloraban fiebres que no eran suyas, las mujeres no me miraban por la calle y el verano se dormía en los laureles de la primavera.

interludio.gijón.junio2007

lunes, junio 25

Cien pasos


sobre una tierra que no tiene nombre
ni bandera

la noche
la aurora señalada en el día que esperamos

una articulación desencajada
lágrimas de cocodrilo en dramas de sobremesa

tengo un millón de pesetas
escondido bajo las baldosas de la cocina

quiero llegar a ser
un astronauta en los lugares invisibles
de las ciudades con mar

quiero extrañar
tu abrazo desnudo antes de que la noche
estalle en mil pétalos negros

andaos con ojo porque
os estoy vigilando sin descanso


la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.gijón.diciembre2004

martes, junio 19

Ánimo y sigue participando

¿Tan mal empieza el día que hasta la tapa del yogur del desayuno tiene que echarme un cable?

acecha el invierno como una manada de leonas.roses.mayo2006

domingo, junio 17

Los ojos del invierno

Image
en las azoteas cubiertas de escombros
los ojos del invierno son palabras

los ojos de la ciudad.gijón.diciembre2003

miércoles, junio 13

treinta

Prefiere mirar en la pantalla del ordenador la fotografía de sus pies descalzos antes que hablar con ella en un lenguaje de palabras azules, manos cortadas, cuencas vacías de ojos sin lágrimas.

diario de puños y catedrales.roses.noviembre2006

sábado, junio 9

mutis por el foro

Manuel no recuerda si empezó a beber porque se sentía solo o se quedó solo porque bebía demasiado.
Manuel fue un buen actor de teatro. Uno de los grandes. De los de verdad. De aquellos que desoyen los cantos de sirena de la televisión y del cine porque cuando el director dice ¡corten!, no se escuchan los aplausos.
Pero llegó un día en que Manuel entendió que se quedaba solo. Que un velo de silencio se tendía entre él y los demás. Cada vez tenía más miedo de comunicarse y cuando intentaba hablar, la gente no le entendía. Y cuanto menos le entendían, Manuel más bebía.
La tristeza se instaló en su vida como un huésped del que no sabes cómo escapar. Él ponía todo su empeño en expresarse, pero el de enfrente se quedaba perplejo y nunca contestaba lo que Manuel quería. Pocos aguantaban a su lado porque pocos tenían tiempo y paciencia suficiente para descifrar lo que Manuel quería decir.
Muchos afirmaron que eran excentricidades de artista, de genio. Pero pronto se acabaron las propuestas de trabajo y los contratos.
Manuel acabó en una residencia de ancianos gracias a la caridad de la Casa del Actor. Dejó de beber porque no tenía dinero para ello.

Hace días ingresó en el hospital. Hablaba solo, tenía tics nerviosos y pasaba largos ratos sumido en un sueño del que despertaba, de súbito, levantándose y dando gritos mientras se agarraba la cabeza con las manos.
Los médicos intentaban comunicarse con él, pero era imposible. Si le hablaban de su enfermedad, él lo hacía de religión. Si de religión, él de fútbol, Si de fútbol, él de su enfermedad. En una ocasión, un médico comenzó a hablar de teatro y Manuel le dio la espalda y comenzó a gritar mientras se tapaba los oídos con las manos.

Una tarde de lluvia, cansado de no sentirse entendido, Manuel se tiró por la ventana.
El verano se acercaba lentamente.

aprendiz de dios.salamanca.junio2001

domingo, junio 3

Son líneas blancas que van y vuelven


que se posan en la tierra
y se despiden con tristeza

es sal volando en el viento que surge de donde nace el mundo
vientres de nubes que se miran en el espejo añil de las mareas
pájaros que gritan como cantan
y cantan libertad en cada ala

es arena de un reloj que no mide el tiempo
que lo detiene en su doble embudo de leyenda

farallones de piedra cincelados a caricias de frío desafiantes
manos de un sol cálido y lejano cierto
manos de un sol miel derramándose sobre sus pechos

hilos de luna que tejen un manto de niebla
sobre la superficie forjada antes de todos los tiempos
y la dirigen allí y la devuelven acá y la abandonan
en un baile sublime y perfecto hecho de música


qpqtceunv.oviedo.agosto2001

miércoles, mayo 30

Sencillo es ser viento


y cobijar en manos invisibles
necias palabras que se han de olvidar
y permitir impasible que las aves
perforen tus entrañas

me gustan las mujeres de mirada triste.gijón.diciembre2003

domingo, mayo 27

busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca III

Lo anuncias. Te corres y nos quedamos en silencio. En el silencio del ruido de la calle a las seis de la tarde. Me gusta comerte el coño y besarte la boca después. Si muriera ¿te matarías? No. Me faltan huevos. Pasaría el resto de mis días buscándote en todas las mujeres que me salieran al paso. En unas uñas, en una espalda, en un tatuaje, en una cicatriz, en unos dedos, en un olor, en una lengua, en una arruga, en un coño... y enfrentaría la muerte con la certeza de una profunda infelicidad. El grito de un niño, el motor de un coche, la lluvia. Contigo todo duele demasiado, escribes en la pared. Mientras, el segundero modifica la espiral. Me miras. Sonríes. Tírate a quien quieras. Pero vuelve. Me meo.
El lenguaje se articula. En ocasiones, tú y yo no articulamos el mismo lenguaje. Porque tenemos miedo. Tenemos café. Tenemos sábanas. Yo te miro dentro de los ojos e intento hacerte daño. ¿Pueden algunas tardes de marzo tener tus ojos el color del agua estancada en las piscinas de invierno? Tenemos miedo. Tenemos café. Tenemos sábanas. Quiero parar. Tenemos miedo. Necesito parar. Aprender a vivir con esta impaciencia que es a veces dulce y a veces negra. Busco el nombre de las flores azules que en abril aparecen en los bancales. Después de la lluvia. Después de tus labios. Antes de la ira. Ahora que está más cerca el verano, vente conmigo a la sombra del almiar.
Me despierta el ruido que hacen las bisagras oxidadas. Diez segundos de amnesia. Tengo miedo y duele. Ya me cansé de tomarme las pastillas. Bebo un café, pasa el autobús de las tres, me ducho y cierro la puerta de casa. Arañan las sirenas de los barcos que entran en el puerto. Paseo. He tenido días mejores. Paseo con la esperanza de que todas las cuentas estén pagadas y la casualidad nos acerque.
Un burka de silencio te separa de mí esta noche. Un velo de humo tras la explosión. Una pared invisible de tacto rugoso y desagradable. Ocupo el vacío de tu ausencia con chicles de menta usados, pelusas de polvo, astillas de madera y bolas de papel arrugado manchado con palabras de siete letras. Esta masa informe, amalgama sucia y mal construida en nada a ti o a tu ausencia se parece. Pero no puedo contenerme e intento acariciarla. Mi mano es un avión blanco con las entrañas repletas de queroseno y esta torre de manhattan doméstica se desmorona. Las pelusas regresan a los rincones, las bolas de papel ruedan a sus anchas por el suelo de la casa, desprendiéndose de las palabras que mueren agitadas como brasas que se apagan lentamente y los chicles, pegados a la suela de mis zapatos como emigrantes moribundos en pateras destartaladas, bajan conmigo a la calle. A conocer la ciudad y a intentar, en vano ya lo sé, encontrarte.
Abandono la cafetera encima del fuego y regreso a la habitación. La taza me quema la yema de los dedos. Las primeras moscas de la primavera persiguen la libertad en los cristales. Nubes despiertan la mañana en los valles, ancladas como están por cabos invisibles al cauce de los ríos oscuros que nutren de azogue el mar verde. Yo cedo el paso en las rotondas. Yo escribo desde el borde del hastío. Tenemos sábanas. Y me pregunto por qué. Porque sabías el nombre de la protagonista de un libro. Porque escribías palabras en las paredes desnudas de tu casa.
¡Cuántas veces borracho cerré los ojos y besé las paredes de los bares recordándote! Anoche te llamé lisboa. Me pidieron que te dibujara y te imaginé con unas manos descomunales, con ojos sin miedo, con un ombligo como vórtice de tormenta.
Ya no quiero escapar. Ya no rescato de las páginas polvo y poemas que hablan de ciudades que no existen. Ciudades destruidas por el fuego, arrasadas por la furia, vencidas por los años. Me gusta mirar mis manos cuando te acarician, mis dedos que se hacen preguntas en tu piel y examinan los hilos que conectan tu pecho y la aurora. Los brazos extendidos. Los días.
Hoy entendí el peso de tu cuerpo. Hoy los calendarios se detuvieron un poco. Las preguntas que mis dedos se hacen en tu piel. Hoy ese conocimiento me fue dado. Sólo si soy capaz de conmover a los boxeadores y a los soldados. Sólo si soy capaz podré llegar.

Busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca: ducados, mentira, campana, canción. Palabra.

gijón.abril2007

miércoles, mayo 23

Otur

Imageotur.marzo2007


"quiero saber si fue realmente buenoo solamente duele un poco más"
quique gonzález (a cara de perro)

miércoles, mayo 16

El día que está por llegar

salamanca en el día que está por llegar

el sol se fue para que tú llegases
como una maldita vía láctea
mi guía
ahora lo pienso y sé que planeado
no hubiese salido mejor
eras tú en el tiempo preciso
eras tú y yo y lo demás puede quemarse

tuvimos que levantar diques
que aguantasen nuestras palabras
y líneas eléctricas tendidas entre los ojos
que recuerdo me dolían
cuando dejaba de mirarte
entonces el sabor del tibio café
como excusa para mis sentidos
fijos en tu imagen
atrás quedaron malena y cortázar
led zeppelin benedetti los beatles y tantos más
atrás quedaron todos
alguien nos rodeó en círculo
para descubrir nuestros perfiles y
cuando el día parió la noche
nos quedamos solos
dicen que en la hora azul

murió la tarde
murió la noche
el día primero

capaces de soñar
pusimos sobre la mesa del tiempo todas las cartas
incluso las escondidas en la manga
pintamos las horas de plata
y planeamos curiosos juegos de azar
sabiendo que un encuentro casual
era lo menos casual en nuestras vidas y
que la gente que se da citas precisas
es la misma que necesita papel rayado
para escribirse o que aprieta desde abajo
el tubo del dentífrico
jugando a rayuela
porque nada en este mundo es tan fácil
como saberte a cada instante
como tenerte
vivirte y lo peor
renunciarte
y si ahora vuelves a columpiarte en mi nariz
gritando misterios
se debe a los besos que robamos y derrochamos
en las escaleras de anaya
días antes de que saliese el sol para declararnos culpables
duerme

murió la tarde
murió la noche
el día segundo

y cómo será el futuro que reinventamos
qué murmurará la gente a nuestro paso
realmente no importa
las sombras alargadas del pasado
huidizas huellas de infancia y
sencillas trampas de amor
secarán los mares de tu cuerpo breve
para llegar al congo chile san sebastián
nadie podrá arrebatarnos ya el tesoro
de ti depende y de mí
escoger la misma luz que nos guíe
hacia ese fabuloso minuto de felicidad

nació la tarde
nació la noche
el día que está por llegar

el viento me dirá tu nombre.salamanca.abril1999

sábado, mayo 12

La luna hiena

da miedo amor escuchar en el silencio de la noche la risa maliciosa de la luna hiena

se me murió el verano entre las manos.llanes.septiembre2005

miércoles, mayo 9

busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca II

Puedes medir la distancia que separa dos ciudades en tiempo, tres días, o en longitud, mil doscientos kilómetros. Una conversación por el teléfono. Esta noche habrá luna nueva. No será tarea fácil dormir. Tres días o mil doscientos kilómetros.
Hueles a madera a la orilla de un río sin nombre. Vente conmigo a los marjales. Hueles a madera. El vagabundo, el perro y yo te buscamos a la orilla de un río que no tiene nombre. Vente.
Leo me gustas como para convertir en mantequilla todos los tigres de las junglas del mundo entero. La noche. La noche detiene el viento que silba en las aristas. Venzo la última página del libro. Ladran los perros y la lluvia hiere los cristales. Cierro los ojos y me masturbo pensando en ti. Busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca: cancela, orgullo, perfume, cerveza.
Huele a eucalipto. La carretera es estrecha y está sembrada de hojas secas que los neumáticos aplastan y los pasos desordenan. Llego a la playa de castello cuando las pistolas disparan al aire el silencio. Las manos salobres de un mar amarillo acunan, como pequeñas muertes dormidas, guijarros eternos que murmuran un lamento en un lenguaje que desconozco. Qué tristes los ramos de flores marchitas en las cunetas de las carreteras recordando muertos. Apoyada la espalda en una pared derruida, siento la sangre inquieta en mis venas y las pistolas enmudecen. La línea del mar retrocede en su batalla contra el tiempo. Otra batalla perdida. ¿Quién puede explicarme el engranaje de las mareas?
Me detengo antes de llegar a la fábrica. Tengo tiempo y tengo frío y me apetece pensarte. Me gusta sentir los golpes del viento en los viaductos. Aparco el coche en el arcén y busco la cámara en el fondo de la bolsa. El cuaderno y un par de pendientes, una manzana, una pequeña piedra redonda, tesoro de oribe. Los bordes el mar ha ido lamiendo con besos salados durante siglos. Hago fotografías de la fotografía de unos pies descalzos. En blanco y en negro. Unos pies descalzos que duermen. Cuatro pies. ¿Duermen los pies cuando dormimos? Las sábanas están arrugadas. La cama es grande. Tal vez amanece. Nunca quise escribir mi nombre en la piel de tu espalda. Sólo escuchar el ruido que tus pies desnudos hacen al moverse debajo de las sábanas mientras duermes. Ahora busco los arañazos futuros de mis dedos en la piel de tu espalda.

domingo, mayo 6

busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca I

¿Quién puede explicarme el engranaje de las mareas? ¿A quién le alcanza el conocimiento sin tener que ponerse en puntas de pie?

Tres días anduve perdido, buscando palabras de siete letras en viejos hoteles de carretera sin estrellas, ni servicio de habitaciones, ni moquetas rojas. Lugares olvidados. Rincones vacíos donde recepcionistas presos de la halitosis, las hemorroides y el tedio se acuestan con prostitutas brasileñas y resuelven crucigramas invisibles. Imposibles. Hoy estoy de vuelta y la casa está fría, la nevera vacía y la cama llena de ausencias y de labios. Descubro en las sábanas gastadas los restos de saliva que deja su boca cuando se lo hago por detrás. Su boca. El mapa de su boca.

Una playa de febrero y un mar de cinabrio. Hojas vencidas de almanaques antiguos acuchillan un aire límpido y triste. Una boca que sabe a tabaco y a menta cuando rastreo con la punta de la lengua lugares más profundos. Los lugares más profundos. El mapa de tu boca. Busco palabras de siete letras con las que nombrar tu boca: batalla, octubre, caracol, granada. Me gusta sentir los golpes del viento en los viaductos camino del trabajo. Un vagabundo y su perro caminan por el arcén de la carretera. Despacio, regresan del lugar hacia el que yo me dirijo.

viernes, abril 27

trepa por las paredes blancas de la habitación la sombra de tus manos

la sombra de tus manos trepa por las paredes blancas de la habitación y acaricia mi piel un segundo después que tus manos. Cierro los ojos y te veo, los abro y desapareces en la noche más oscura del invierno. Te vas y queda el sonido de tu respiración, tu boca entreabierta, la forma en que te mueves encima de mis caderas y buscas y buscas y, a veces, encuentras y sonríes. Tus brazos me atrapan y me sueltan en un abrazo certero de serpiente. Empieza a sonar una canción de charly garcía y te miro a los ojos y alcanzo tu ombligo y encuentro el camino hacia la ciudad que me muestras y esa luz tan blanca y tu cuerpo que tiembla y la vida se apaga, los relojes destrozados entregan el segundero en las paradas de autobús de la ciudad, perros hambrientos ladran lamentos moribundos a la madrugada y cientos de pájaros, abatidos en pleno vuelo, caen muertos al suelo.

el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.gijon.febrero2006

lunes, abril 23

Llenarse de viento


es subir las escaleras de tu cuerpo eléctrico
y sumergirse en el oscuro piélago
de tus ojos morfina
que custodian el secreto de la vida
e inundan y anegan y duelen y
aterran de tan vivos y
arañan y
hieren de muerte

de la ausencia y de ti.salamanca.septiembre2000

jueves, abril 19

Gijón

Imagelafotoquemerobóvalen.gijón.septiembre2005

domingo, abril 15

Pídeme que me quede contigo


que despierte la mañana
empapado en el sudor de la noche
la batalla del tráfico
entre nosotros
olvidadas en tu vientre y en tu espalda
las huellas de mis manos
como dos pequeñas alas

los días se derrumban
como esas piezas de dominó
que caen una tras de otra
y descubren una alfombra
de colores

lo que más me gusta de tu cuerpo
son los tobillos
el tacto firme y anguloso de los huesos
la piel blanca
besarlos despacio o con rabia
los ojos cerrados
sentir la sangre que invade a borbotones
las oquedades de mi sexo
y aguantar a duras penas
las ganas de salir corriendo
y nadar en el mar
hasta ahogarme
como matilde

la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.gijón.diciembre2004

sábado, abril 7

dudar

hay que dudar hay que dudar hay que dudar se repetía en voz baja mientras leía el periódico sentado en la terraza del bar aquella mañana de verano en que sentía tener las cosas tan claras

acecha el invierno como una manada de leonas.cadaqués.agosto2006

miércoles, abril 4

los colores del invierno II

Testigos de ella y de su amor, las mira como un devoto ante su imagen, sentado en el sillón de nubes, en el ruido a borbotones de la comida bullendo en el fuego. Se queda pensativo, cara y cruz, cara o cruz, cara... cruz. Y les pregunta en voz baja, casi inaudible, decidme preciosas cómo es su tacto, cómo su olor, cómo su vida. Lanza una de ellas al aire a la vez que se levanta y abandona el salón dejando atrás el tintineo metálico que la moneda construye con las baldosas. Cara y cruz, cara o cruz, cruz... cara. No quiere mirar.

En la habitación rescata el violín de su funda y acaricia sus curvas y sus ángulos, su cuerpo. Tumbado en la cama, Dimitri se duerme a él abrazado...

... es el espacio colmado de sus cuerpos, los ojos zarcos de él, los negros de ella, que se mezclan en una mirada que rasga el aire de la habitación donde los colores se diluyen para formar el mar que azota, pausado pero constante, tam, tam, tam-tam, las paredes derribadas en el mundo levantado al abrigo de sus palabras ahogadas, sus gritos medidos, su sexo inacabado. Es el ruido de las manos que alisan su piel, más bello quizá que la música del violín, los labios posados en los párpados cerrados que se estremecen, sus dedos precisos que le amamantan, los dientes que atrapan un labio indefenso y lo hieren. Es sangre que mana, herida restañada con su saliva, remedio mágico o sortilegio. Su boca de luz, el movimiento imperceptible de las pelvis atrapadas. Armaduras batientes. Y dolor.

Es silencio en la casa agotada que ahora, al fin, descansa. Nada parece moverse. Momento eterno. Mas, de súbito, la ira del viento destroza los goznes, hace añicos los cristales de lo que fue una ventana. Tiemblan ya vencidas las cortinas blancas, viaje de ida y vuelta a merced de un dios alado. Y es entonces olor de carne amada, caminos que la saliva aún no ha abandonado, sábanas mancilladas que acunan un seno y abandonan el otro tras su doblez de sombras. Pasos desnudos regresan al santuario. El cuerpo ella recupera la forma, vuelve desde su quietud de cera amasada, de cuerdas tañidas, de pentagrama arrasado por sus labios.
Cerca, muy cerca, de pronto, se escucha un violín reír a carcajadas.

oviedo.enero2001

viernes, marzo 30

dieciocho

El día en calma. El olor de la ropa recién lavada. Las últimas páginas de un libro. El tacto de las sábanas diez segundos antes de despertar en vez de su piel. El sonido del mar en la noche del suicida. Una canción nueva en las manos. Nacho vegas. El dolor en el hombro derecho después de nadar hasta la orilla. Ella desnuda ceba la cafetera en la cocina. El sabor de un cigarrillo en el cristal de un escaparate en el born. Una empanada de cebolla y queso. Unos ojos tristes rompen el aire en las esquinas de la ciudad vieja. Entre el dolor y la nada…

diario de puños y catedrales.roses.septiembre2006

miércoles, marzo 28

los colores del invierno I

Una silueta de hombre, trazo negro acaso perfilado en el horizonte, lentamente empequeñece. Su mano izquierda, borrosa ya en la distancia, empuña el arma. Silencio en las calles colmadas de viento. La figura del hombre se funde con la línea del horizonte inalcanzable y los colores, entonces, dejan atrás el invierno...

... sombras pintadas por el sol, adormiladas tras las esquinas del barrio aún no construido. Cientos de pasos de rumbo incierto componen melodías: tam, tam, tam-tam. En el cielo afectado, nubes acompasadas al caer de los minutos. Tiempo presente en que, de repente, el quejido de un violín asombra la tarde.

En las aceras de la ciudad aún dormida, sólo el umbral de un piso bajo permanece vivo. Danza de un fuego tiempo atrás avivado. Con parsimonia, entre rutina y sortilegio, manos amasan el nuevo maná blanco, polvo de las alas de un ángel caído. Levadura que lo torna dorado y esponja. Valentina escucha y siente erizada la piel de sus brazos, cansados ya de amasar el manjar que nace de la tierra y del sol. A lo lejos, se escucha un violín sollozar.

Si el amor tuviera ojos sería con los que él la mira mientras le dice, en su idioma: un pan de cuarto. Le gusta observar el movimiento diminuto de sus pies sin alas, la dulce expresión de las manos al tocar el pan o al recibir las monedas del cambio, lágrimas doradas que dibujan el río de la vida común entre los dos, un hilo de oro que va y vuelve, que va y vuelve, que va...

... si el amor tuviera ojos sería con los que ella le mira mientras le dice, en su idioma: la vuelta, señor. Dimitri contesta gracias, ruborizado, aguantando la mirada antes de agachar la cabeza y posar los ojos en la palma de su mano, donde descansa ese pequeño tesoro, luces doradas que antes acariciaron la piel de Valentina y ahora están en su poder. Las siente en el bolso del viejo pantalón de fieltro, por encima del aire, entre sus pasos de vuelta a casa.


oviedo.enero2001

lunes, marzo 26

Las puertas del cielo

bob dylan llama y las puertas
del cielo no se abren
a veces pienso en destrozar a patadas
el reloj de la cocina y entonces
detener así el tiempo
sentirme libre para poder
caminar sobre las aguas
convertir la sangre en cerveza
resucitar al fantasma de lázaro
o mejor a elvis si es que está muerto
hacer de un filete de ternera
un banquete para todos los niños
de áfrica devolverle la vista
a steve wonder para que no mueva
la cabeza de ese modo tan tonto
y quitarle quince años
y veinte kilos de coca a maradona
para que vuelva a reírse de los ingleses
y entonces sí contar contigo
y saber que vas a estar ahí
cuando te necesite

los ojos de la ciudad.gijón.diciembre2003

martes, marzo 20

Coimbra

Image coimbra.abril2000

ven a buscarme / sácame de aquí / déjame bien jodido / róbame los discos / tírate a todos mis amigos / son una mierda / con una sonrisa en el rostro / hazlo otra vez / ojalá lo hicieras
ryan adams (come pick me up)

sábado, marzo 17

poema de ojos cerrados

remanso entre mis ojos al apagarlos cansado
en el esfuerzo que ya sé inane
tu cuerpo no de mujer

devasto tus muñecas mientras gimes
a descender tus vísceras de miel
como si del gran cañón se tratara
me atrevería

repartirte en el vacío de mis sienes
y mis preguntas
yo quisiera

de la ausencia y de ti.salamanca.noviembre2000

miércoles, marzo 14

tristeza

Si se ríe, por ejemplo, ¿se fatiga?

No lo sé, doctor. Hace tiempo que no me río.

aprendiz de dios.salamanca.junio2001

sábado, marzo 10

en la ventana de enfrente un tipo fuma un cigarrillo a oscuras

la ciudad se despertó con las aceras llenas de salitre que la lluvia pertinaz de estos días no ha conseguido limpiar. Si sopla el viento del norte puedo escuchar, mientras desayuno en la cocina, el ruido del mar cuando golpea contra el rompeolas. En la ventana de enfrente, un tipo fuma un cigarrillo a oscuras todas las noches desde que llegué. Luego le duele la tripa.

las gaviotas chillan y se suspenden nerviosas en el aire, inmóviles las alas. Se alejan del mar y alcanzan las antenas en los barrios del sur. Los viejos pescadores del puerto agachan la cabeza, escancian la sidra que aguardó enero en los galpones oscuros de las aldeas y murmuran que mañana volverá a llover.

montando estanterías.gijón.enero2007

miércoles, marzo 7

Las ciudades del ruido

a veces soy un jaguar
y camino de puntillas
por las ciudades del ruido

recomiendo con vehemencia
la invisibilidad como forma de vida
ver sin ser visto
escuchar sin ser oído
tener siempre la posibilidad
de desaparecer
sin ser echado de menos

me gustan las mujeres de mirada triste.gijón.diciembre2003

lunes, febrero 26

Quédate así,

desnuda en medio de este calor, dormida a ratos, sonriente, ágil, hábil, tenue. Quédate así para mí, para siempre, cógeme, hazme el amor, fóllame y después vete para sentir una vez más lo que siento cuando vuelves, cuando apareces bañada en oro y despeinada, despistada, desprovista de adornos que no te mejoran, tú sola, sin el resto del mundo que arde.

lástima grande que no sea verdad tanta belleza.iguazú.marzo2005

viernes, febrero 23

Yo te creía

mira las azoteas de roma
son ojos que nos espían

hacíamos el amor de tarde
en una pensión a dos pasos
del quirinale
el borde de tus hombros era el balcón
donde veía pasar los días y
en tus pezones dibujaba
espirales de chocolate
cuando gemías en mis brazos
y gritabas un nombre que no era el mío
y hablabas de coger el primer avión
azul que despegara en fuimicino
yo te creía
y te moldeaba con unas blancas manos imberbes
que agradecía me pertenecieran
y fueran para mí
faros en el acantilado
de las mañanas en que el día de italia
me despertaba a tu lado

yo te creía

la madrugada llora lágrimas de cocodrilo.roma.septiembre2003

martes, febrero 20

Roses

Image
elpezdeojosrabiosos.roses.noviembre2006

domingo, febrero 18

dieciséis

ella, ella, ella, ella.

diario de puños y catedrales.buenosaires.octubre2006

sábado, febrero 17

Eran otros tiempos


oscuros inviernos de azogue
en los que me tatuaba en el brazo
los nombres de mujeres
a las que ya no amaba

aquellos meses pasaron
se fueron pero tardaron años
yo gastaba los días caminando
incapaz de sentarme a escribir
una sola palabra

todas las veces que lo intenté
aparecía una tras de otra en el papel
la primera letra del silencio amargo
con que aprendí a nombrarte

breve muestrario de catedrales.gijón.diciembre2005

sábado, febrero 10

Me acuerdo de ti y sin embargo


olvidé la forma en que agarrabas
el cigarrillo perfil de tu cuerpo en la ventana
llovía y una canción de ryan adams
espirales de pelo negro recortadas
sobre la fina piel de tu nuca
seis pecas en el escote
como puntos de la estrella polar
el guiño eléctrico de tus ojos de miedo
el sabor almizcleño de tu sexo de mar
y el sombrero de copa de tu abuelo el mago
que desnuda después de hacer el amor
te ponías

me gustan las mujeres de mirada triste.gijón.diciembre2003

miércoles, febrero 7

dibujando fotografías

a guille

no sabría bien decir que fue antes. Tal vez la lluvia o las palabras. Tal vez la música. El sabor dulzón de la cerveza amarga. Miércoles era gris porque el sol habitaba en sus corazones. De eso puede estar seguro. Porque la ciencia no explica el calor de su pecho si la tarde prendía la luz de la noche, la lluvia gritaba niebla furiosa y desafiante y el otoño acechaba agazapado como una manada de leonas en el aliento de un viento taimado que mecía hojas marchitas de flores eternas.
Son lugares para guardar en una bola de cristal como esos paisajes de invierno nevados por pequeñas esferas de corcho. Entre las manos, como fuego, los dos o tres sueños que aún les quedan intactos o, al menos, sólo con los bordes desconchados. Y, como no podía ser de otro modo, un final que estuviera a la altura. Para la tregua de las nubes con la barriga llena de agua el arcoiris encendido y ellos, imbéciles, dibujando fotografías. Como si fueran capaces de detener el tiempo.

acecha el invierno como una manada de leonas.gijón.agosto2006

sábado, febrero 3

Para mi vicio de voyeur


un trabajo de limpiaventanas
el otro día descubrí a dos mujeres y un hombre
follando

los ojos de la ciudad.gijón.diciembre2003

martes, enero 30

diecinueve

el tiempo detenido. El lugar donde no hay miedo, no hay palabras, no hay relojes de arena, no hay monedas falsas, no hay ojos, no hay manos, no hay luz, no hay dolor de estómago, no hay ruido, no hay llamadas de teléfono, no hay gritos, no hay bocas, no hay dudas, no hacen falta aún las certezas, no hay canciones, no hay recuerdos, no hay primavera ni octubre, no hay brazos, no hay besos en habitaciones de pensiones con toallas blancas, no hay días de julio, no hay obligaciones ni existen las ganas ni quedan fuerzas.

diario de puños y catedrales.tarragona.julio2006

viernes, enero 26

Evinayong

“... cuando regresó al pueblo ya no le quedaban amigos, María. A todos los mató esta guerra. Igual que a tu padre, a pesar de ser teniente coronel y de lo altivo que se ponía en los desfiles. Tenía la carne igual de blanda para que le atravesaran las balas.
Llegó en el tren de la tarde, María. Y caminó por la calle del puerto sin levantar la mirada del suelo. Detuvo sus pasos en la casa, que nosotros estábamos enfrente y lo vimos. Abrió con esfuerzo la puerta de bisagras herrumbradas por el aliento del mar y volaron las cucarachas de caramelo, señoras del lugar. Entró despacio, como con miedo, decían los muchachos, de enfrentarse a los fantasmas en que se habían convertido los muebles. Dio media vuelta para cerrar la puerta tras de sí y me miró, María, lo sé, pidiéndome ayuda. Pero yo no podía levantarme. No podía hacerle eso al pueblo. Tuve que bajar la cabeza y entonces oí como pasaba el cerrojo. ¡Cuántas veces lo he pensado, María! Que esa puerta no volvió a abrirse hasta ayer, cuando sacaron el cuerpo.
Desde que lo abandonaste no volvió a ser el mismo. Y, sobre todo, después de que tu prima le soltó que te casabas, así, a la cara, sin tacto. Y ya sabes como era. Dejó de venir a jugar a las damas y de vender en el mercado las figuras de miga de pan que hacía cuando estaba aburrido. Y ya no era capaz de sostener el fuego en la palma de las manos. Yo pasaba a verle cuando estaba varios días encerrado y tenía los ojos rojos. Él decía que era el polvo del desierto, pero yo sé que lloraba por ti.
El médico vino ayer a visitarme porque dice que soy el único en el pueblo con quien puede hablar de él. Me contó que se lo llevó una infección pulmonar. Pero yo sé que se murió porque quería. Que él era así de terco, ya sabes. Aprovechó el paludismo que contrajo para abandonarse.
Aquí te mando la pluma que le regalaste, con la que te escribía poemas, el cuaderno donde los abandonaba y la fotografía que os hicisteis en la finca, aquel verano. Seguro que la rompió por equivocación o alguna de esas noches de miedo, en lugar de ir a buscarte para dios sabe qué. No te lo tomes a mal, María, pero tú lo mataste. No te culpo. Cada uno tiene que seguir su propio camino. Pero ya sabes como era.
En fin, que seas feliz. Procura no volver por aquí. Yo ya no quiero verte...”

mil palabras.evinayong.julio1999

martes, enero 23

En algún lugar he leído

el horizonte es el futuro la noche es una gran carpa de circo y la suerte es la mujer barbuda fea la mayoría de las veces

si el horizonte es el futuro y la noche una gran carpa de circo qué suerte que tú seas la mujer barbuda

se me murió el verano entre las manos.llanes.agosto2005

domingo, enero 21

quién eres cuando no estás

quién eres cuando no estás, cuando te mueves en las calles de la ciudad de noche, tus pies descalzos en las aceras recién regadas, hablan de ti los tipos del camión de la basura, tu cuerpo reflejado en los escaparates, envidia de los maniquíes que, furibundos, mueren desmembrados, un brazo, una pierna, la cabeza que rueda por los suelos y hace un ruido -cabecita hueca- de cartón piedra contra asfalto. Quién eres cuando vuelves y abres la puerta del día después de traspasarla en humo, cuando me hago el dormido y ríes a carcajadas que convocan a la lluvia y a los pianos en los balcones, cuando te quitas la ropa para vestirte y buscas tu sonrisa en mis brazos, enciendes un cigarrillo con los ojos y sabes a café y a luz de farola solitaria en el callejón sin salida donde aquella noche tanto te divertiste crucificándome.

el ruido que la puerta de un coche hace al abrirse.barcelona.julio2006

jueves, enero 18

Lectura de tu nombre


la luz eléctrica tiembla
y los discos de jazz
no son ya sorpresa

busco una certeza que no se nombra
fluye en los días
para hacerse olvido
sencillez manipulada

lectura de tu cuerpo
los ojos arena de playa
zozobra del oleaje en las manos
que descansan
en la concavidad de tu cuerpo

si en este instante se hiciera la noche
y todos los niños durmieran
después de haberles leído un cuento
no sería tristeza la palabra
de ocho letras que se esconde
en el concurso de televisión
que triunfa en el país

lectura de tu sombra
silencios acompasados
en el pentagrama de tus pechos
camino del mar
camino solo
aún te espero

necesito una llamada de teléfono
la línea que separa dos cuerpos que se abrazan
el peso de las palabras en el aire
la vida es encontrar rincones
en los que hallar descanso
el abrigo en el salón un día de frío
la noche de verano que no oscurece
una mirada que vale por diez palabras
la tregua del tiempo
tu vientre

me gustan las mujeres de mirada triste.gijón.diciembre2003

lunes, enero 15

ángel y las palabras esdrújulas

ángel escribe palabras esdrújulas en las paredes blancas de su casa. Trabaja de vendedor de entradas en el único cine que todavía queda en la ciudad y por las mañanas da largos paseos por la playa, cada vez más lejos, que cualquier día de estos no regresa. Tuvo una novia que se parecía a julieta venegas; pero le abandonó una mañana después de hacer el amor porque aquello había sido tan bueno que jamás iba a ser capaz de repetirlo.
Ángel come queso, manzanas, nueces y vino blanco porque son los alimentos del invierno. Toma un café solo en la misma mesa de la misma cafetería del puerto desde hace tantos años que no recuerda cuántos camareros y camareras han pasado por allí, ni cuántos muertos regresan cada mañana a desayunarse, ni cuántas historias de amor han empezado o terminado dentro de esas mudas paredes que tanto dicen. Cuando se encienden las farolas en las calles y los gatos planean su cacería de palomas en los parques, Ángel regresa caminando a la casa de muros blancos. Enciende la luz, se quita el abrigo que deja colgado en la percha pegada a la espalda de la puerta y permanece a pie quieto, absorto apenas dos o tres minutos. Toma en la mano derecha un rotulador negro y, en el hueco entre último y cántaro, escribe: máquina.

acecha el invierno como una manada de leonas.gijón.febrero2006

días

cuadernos