domingo, febrero 01, 2026

«Ex Ponto (Última carta de Ovidio a Roma)», de Joseph Brodsky

Traducción de Ernesto Hernández Busto


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A ti, cuyos hermosos rasgos
no deberían temer marchitarse,
a mi Roma que sigue, como tú, inmutable
desde que nos vimos por última vez,
le escribo desde el mar. En su orilla. Las naves
han recalado aquí luego de la tormenta,
confirmando que estamos en el confín del mundo.
Y no es la libertad lo que hay en sus bodegas.



1965


















sábado, enero 31, 2026

«Inscripción para una pintura», de Po-tzu T’ing

Versión de Juan Carlos Villavicencio


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El árbol mustio se yergue alto, arrugado 
como un monje viejo.

azotado por el viento, embarrado por la lluvia: 
de mente simple

llega la primavera; el otoño parte, mudo, invisible; 
sus ramas se alzan solitarias, sin inclinarse ante el mundo.








Pintura original: Cuervos sobre árboles viejos, de Luo Zhichuan (s. XIV temprano)

















viernes, enero 30, 2026

«Versión (post) moderna de una pieza antigua», de Osmany Echevarría Velázquez



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Yorick amaba con la furia de un loco amaestrado. Sonreía al confundir las cabezas de jóvenes amantes con las arpas que Dalí no supo configurar. El invierno arreciaba en la intemperie de un año común. La nieve no daba forma a los sueños. La muerte se escurría como la más detestable muchacha. Yorick creyó ser poseído por una aguja, una dosis de desdén o alguna eterna canción de los Beatles; y entendió el significado de ser clásico, como aquel que sueña con el sexo de la vecina y al alba su rostro es sorprendido por la duda entre ser y no ser, o quizás todo fue un pretexto para dictaminar la realidad con cierto toque de tragi-comedia; como aquella en que las cuerdas de una guitarra gorjeaban en su garganta y por primera vez, en una estación cualquiera, preguntó el origen de su nombre.





en Teorías imprecisas para el año del Pez Lunar, Ediciones Acirema, 2025










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jueves, enero 29, 2026

«El autobús de la pesadilla», de Najwan Darwish

Traducción de Alí Calderón


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Los vi rellenar bolsas de plástico con los cuerpos de mis tías
En las esquinas de las bolsas se anega su sangre aún caliente
(Pero no tengo ninguna tía)
Supe que asesinaron a Natasha mi hija de tres años
(Pero no tengo ninguna hija)
Me dijeron que violaron a mi esposa que arrastraron su cuerpo 
            por las ​​escaleras
que la tiraron a la calle
(Pero ni siquiera estoy casado)
De hecho esos son mis anteojos​​ 
esos que fueron aplastados por sus botas
(Pero jamás he usado anteojos)
 
Me quedé a dormir donde mis padres y tuve un sueño sobre una casa
Al despertar miré a mis hermanos
suspendidos en la horca​​ 
del techo de la Iglesia de la Resurrección
El Señor dijo inmisericorde: este es mi propio sufrimiento
Junté el orgullo que les quedaba a los ahorcados  ​​ 
respondí: en mi opinión es el nuestro
 
El dolor alumbra todo y yo lo amo más que a mis peores sueños
 
No voy a huir al norte
Señor
no me cuentes entre los refugiados
 
En breve continuaremos este informe
 
Debo dormir ahora
no sea que pierda el autobús de pesadilla​​ 
que se dirige a Sabra y a Shitila




en Cuando la nieve mata a las flores del narciso, 2008















miércoles, enero 28, 2026

«Caminando como un petirrojo», de Bernadette Mayer

Traducción de Juan Carlos Villavicencio


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da 3 o 4 pasos luego se detiene 
mira huele saborea toca & escucha 
¿hay algo para comer? 
oh mira, hay algo de caviar ahí
debe ser mi cumpleaños, gracias 
debo estar muy vieja, como de setenta 
supongo que me estoy desarmando, sólo 
tendré que volver a coser mis partes pero ¿durará? 
por favor lleva un trozo de mí de vuelta a casa, cada trozo 
es contrario a la guerra así es que no pagues el arriendo, de hecho 
recuerda: la propiedad es un robo, dale todo lo tuyo
a todo el mundo, otros pájaros caminan también así



en Works and Days, 2016












Walking Like a Robin

take 3 or 4 steps then stop / look smell taste touch & hear /  is there anything to eat? / oh look, there's some caviar /  it must be my birthday, thanks / i must be very old, like seventy / i guess i'm falling apart, i'll just / sew myself back together but will it last? / please take a piece of me back home, each piece / is anti-war and don't pay your rent, in fact / remember: property is robbery, give everybody / everything, other birds walk this way too











martes, enero 27, 2026

«Cóndor. Obra en cinco actos», de Raúl Ignacio Valenzuela

Cuatro fragmentos


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          I

Hubo aquí un jardín. Brotaban del suelo toda clase de árboles. De aquí salió un manantial que regaba el jardín y que se repartía en cuatro brazos. Nuestros cuerpos no eran trashumantes: eran la cordillera y todavía la habitaban las palabras.

Cada animal del campo y las aves del cielo tenían un nombre y nosotras las llamábamos y guardábamos. Tenía nombre el ganado, tenían nombres los peces, tenían nombres las aves y todo animal que repta sobre la tierra.

Toda hierba y su semilla, todo árbol y su fruto de semilla.

Todo era tocado por nuestras bocas. Todo servía de alimento.




          II

A qué llama silencio.
Silencio hay en las alas del cóndor y se puede oír el paso del viento.


Seguía las caravanas que avanzan desde las altas tierras.
Pero no era silencio el que cargaban las caravanas.
No era silencio el de la puna bajo nuestro calcañar.
No era silencio el de los quebrantos.
No es silencio el lugar en el que nos perdimos.




          III

Las cabras nos han apacentado.
Nos guían por las quebradas.


Nacimos extrañas acá.


Trozos de cosas rotas. Nos subieron a sus máquinas. A nuestros hijos los subieron a sus máquinas.


Las cabras comen los pastos secos.


Nuestros rastrojos subidos con nosotras en sus máquinas sin saber distinguirnos de nuestros restos. No sabíamos dónde estábamos. Era de noche y no sabíamos. Alguna tenía que averiguar qué lugar era y caminamos en la noche. Las cabras nos apacentaron en sus entrañas. Por eso fuimos las que caminamos en la noche. Porque las cabras comen hasta los pastos secos. Porque conocemos estos precipicios como ellas nos eligieron a las tres.
Y caminamos en medio de la noche sabiendo de memoria estos vacíos.

Alguien tiene que averiguar en qué lugar estamos.


Fuimos nosotras las que caminamos en la nada.




          IV

Hubo aquí un jardín.
Ahí donde el silencio se encarna
como dicen que hace el desierto
cuando nadie ve.


Y nuestros cuerpos no eran trashumantes:
eran la cordillera y todavía la habitaban las palabras.


Hubo aquí un bosque.
Donde usted siente desierto y frío,
había leña, luz y fuego para las noches.




Publicado por LOM Ediciones, 2024











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lunes, enero 26, 2026

«Defensa de la metáfora», de Luis Rogelio Nogueras



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El revés de la muerte (no la vida)
el que clama por agua (no el sediento)
el sustento vital (no el alimento)
la huella del puñal (nunca la herida)
Muchacha antidesnuda (no vestida)
el pórtico del beso (no el aliento)
el que llega después (jamás el lento)
la vuelta del adiós (no la partida)
La ausencia del recuerdo (no el olvido)
lo que puede ocurrir (jamás la suerte)
la sombra del silencio (nunca el ruido)
Donde acaba el más débil (no el más fuerte)
el que sueña que sueña (no el dormido)
el revés de la vida (no la muerte)



en Imitación de la vida, 1981
















Contribución indirecta a DscnTxt de Daniel Freidemberg




















domingo, enero 25, 2026

«Los indios juncos», de Melissa Castillo Villarroel

Tres poemas


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Alcances


Cruzar las piernas
los caminos
viajo a tantos kilómetros por hora
esconderse en el patio
enfermarse hasta compadecer
ante el pulgar de una herramienta
estar con dudas
de si el amor es todo lo que los pobres tienen
navegando me daría cuenta
si es una loma de isla o de animal
rogaría hospitalidad
siendo cortés como mamá
no irascible como mamá
la compañía es intensa
solitaria el resto de sus vidas
por acá los niños dicen estar de paso
la salud intachable se la debo a las sombras de las nalcas
si pudiese ser ellas
crecería en las laderas de los ríos
al pie del volcán.







Diario


Rara vez se perciben los milagros
me abruma todo ese encanto
                                     esa gracia
recolectar algas a la orilla del río
mientras al otro lado se devoran
                                cuidadosamente
                                dan inicio al culto
anotó
arbusto
llamado Huillipeta
todos los vegetales observados
entre Carelmapu y Maullín
alcanzan el número de 145
los animales son 3
9 las aves
en tanto los bravos juncos
aún no logran ser
domesticados.







Piensa la navajuela


Hay mañanas
en que amaneces pegado
al núcleo de la Tierra
y no hay nada que te levante.




Publicado por Editorial Aparte, 2021








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sábado, enero 24, 2026

«Sol de primavera», de Chu Hsi

Versión de Carlos Manzano de la traducción de Kenneth Rexroth


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El día de la Comida Fría, salgo 
A aspirar el perfume de las 
Flores, junto a la ribera del río.
Contento y relajado, dejo
Que el suave viento del Este me bañe 
La cara. Por todas partes, la 
Primavera resplandece con diez mil
Tonos de azul y diez mil de rojo.



en Cien poemas chinos, 1966




Pintura original: Antiguas flores chinas, de Yun Shou Ping

















viernes, enero 23, 2026

«Una voz desde el huerto de los olivos», de Mahmoud Darwish

Versión de Juan Carlos Villavicencio


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Desde el huerto de los olivos 
vino el eco –
mientras yo ardía crucificado.

No me despedacen, les digo a los cuervos, 
quizás regrese a mi hogar 
y acaso deje el cielo que llueva, 
quizás 
sofoque esta madera voraz.

Un día bajaré de mi cruz 
quién sabe… 
cómo volveré: ¿acaso descalzo y desnudo?




en The Music of Human Flesh, 1980



Fotografía original de Gil Cohen Magen-Pool



















jueves, enero 22, 2026

«Decreación», de Anne Carson

Traducción de Juan Carlos Villavicencio


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Él se vació de su divinidad. Debemos nosotros vaciarnos de
la falsa divinidad con la que hemos nacido.
          Una vez que se ha entendido que no se es nada, el ob-
jetivo de todos nuestros esfuerzos es convertirse en nada.
Con este propósito se consiente el sufrimiento, con este fin
se actúa, con este fin se reza.
          Dios mío, concédeme que me convierta en nada.
          A medida que me convierto en nada, Dios se ama a
través de mí.



2005



 

en Antología de mística femenina, 2023

Edición a cargo de Jimena Castro y Sergi Sancho Fibla




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Pueden comprar el libro en las mejores librerías
en Chile y Argentina, al menos, gracias a BigSur













miércoles, enero 21, 2026

«Sobre la forma del pasto en los jardines», de Víctor López Zumelzu



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Las palabras me dijeron al oído escríbenos & yo las fui escribiendo, fueron creciendo de a poco como hierba en la hoja, sin forma, sin control. Eran delicados copos de nieve en mis manos. «Este es mi cuarto, esta es mi cama, este es mi mundo», parecían decir. Yo te extrañaba. Aun así era feliz mirándolas, observando cómo empezaban a relacionarse, a encontrar conexiones. A veces sueño cosas raras que nadie más sueña, por ejemplo con Robert Walser en una película que no existe, basada no en su vida sino en su muerte, con nieve artificial cayendo en medio de un bosque & nosotros que la miramos también nos congelamos, nos hacemos un témpano. Otras veces sueño con cuántas palabras existirán para designar el frío, la nieve, la escarcha. El aire frío pasa a través de nosotros, aun así yo describo la velocidad, los sonidos filosos que se albergan en un lugar bajo la lengua & entre los dientes, las estaciones que queman. Estamos esperando que suene el teléfono, estamos esperando, sólo esperando. El mundo ha sido destruido una & mil veces pero aun así después de que yo también muera, esta melodía va a seguir. Pero ¿qué es lo que quieren decir estas palabras? ¿Quién duerme esta mañana al lado mío? ¿Será éste el verdadero color del campo, el pasto, el cielo?



en Erosión, Alquimia Ediciones, 2014


















domingo, enero 18, 2026

«Crueldad», de Daniel Matamala



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Después del fallo que lo absolvió, Claudio Crespo publicó un meme en sus redes sociales. En él aparece haciendo el signo de la victoria, sonriente, frente a una lápida con una foto de Gustavo Gatica, ciego tras el disparo de su escopeta. «Q.E.P.D. octubrismo» es el texto.

¿De cuánta crueldad somos capaces? ¿Cuánta podemos fomentar, aplaudir, celebrar?

El fallo que Crespo festejaba confirmó judicialmente que fue él quien disparó y dejó ciego a Gustavo Gatica. Pero ni siquiera en ese momento Gustavo Gatica fue capaz de algún gesto de empatía. De un mínimo de humanidad.

Imagine por un minuto, estimado lector, que usted, por una negligencia, por un accidente desafortunado o una mala decisión, provoca un daño así de espantoso a otra persona. ¿No sentiría un pesado remordimiento sobre sus hombros? ¿No trataría, dentro de lo posible, de hacer algún gesto de reparación? ¿De, al menos, empatizar con el dolor del otro ser humano?

Crespo, en cambio, habló de «victoria» y la celebró con un meme burlándose de su víctima. En los mismos días en que cegó a Gatica, Crespo dejó huellas de su comportamiento agresivo y poco profesional durante las protestas. Cuando las lesiones oculares se multiplicaban, Crespo amenazó a un detenido: «¡Cagaste, flaco, cagaste. Te vamos a sacar los ojos, culiao».

A otro detenido le cortó un mechón de pelo, cuya foto luego envió, como un botín de guerra, al grupo de WhatsApp «La tijera». Se le ve incitando a una violencia indiscriminada: agarra violentamente del cuello a un joven que no oponía resistencia, sentencia que «hay que matar a todos estos culiaos», instruye a un carabinero a apuntar las lacrimógenas directamente al cuerpo de personas que lanzaban piedras. Ordena a otro que cruce hacia un quiosco y «agarre a palos a los culiaos que pasen».

En otro momento, un carabinero le advierte que una persona se está quemando. La respuesta de Crespo hiela la sangre: «Que se queme el culiao, que se queme». Luego reconviene al subalterno diciendo que no debe comunicar esos hechos por radio.

«No me arrepiento de nada» y «me importa un comino», fue su respuesta al salir a la luz esos videos.

Pese a todo, Crespo fue levantado como un héroe por algunos sectores políticos. No sólo se trató de contextualizar los hechos, o de discutir los límites de la acción policial ante una persona, como Gatica, que estaba tirando piedras. Fueron mucho más allá. 

Su crueldad fue festejada como un ejemplo a imitar por una barra brava que incluye a parlamentarios y al excandidato presidencial Johannes Kaiser, quien lo homenajeó en el acto de cierre de su campaña y prometió indultarlo si era condenado.

Pero Crespo no era un buen policía. De hecho, Carabineros lo sacó de sus filas por incumplir sus normas. No es un buen policía aquel que abusa de su poder e intenta no restablecer el orden ni hacer cumplir la ley, sino hacer daño a otras personas.

Por cierto, miles de carabineros estuvieron en esos días bajo una presión enorme, soportando violentas agresiones en su contra. Hubo problemas de armamento, de suministro y de reglamentos. Pero no todos fueron Crespo. No todos dispararon a la cara, sabiendo el espantoso daño que esos disparos estaban provocando. No todos dieron instrucciones de apalear y dañar. La mejor evidencia es el contraste entre el carabinero que advierte de una persona quemándose y la reprimenda de Crespo hacia ese subordinado que estaba mostrando una falla imperdonable: un poco de humanidad hacia una persona en peligro.

El festejo de esa crueldad hoy se extiende sobre nuestras sociedades. Líderes mundiales exhiben su impiedad como una demostración de poder. Trafican salvajismo como si fuera fuerza, confunden sadismo con autoridad, reemplazan los principios con atrocidad.

Este discurso público no es inocuo. Es una mancha que envenena la sociedad, deshumanizando al que es percibido como el otro, el ajeno, el enemigo.

Hace una semana, un oficial de la guardia migratoria, convertida en una milicia paramilitar trumpista, asesinó a Renee Good. Era un crimen complejo políticamente, porque a primera vista la víctima no era una de «los otros»: no era inmigrante, latina ni negra. Era una ciudadana estadounidense, mujer blanca y madre de tres hijos.

Inmediatamente el gobierno de Trump culpó a la víctima, acusándola de ser una «terrorista doméstica». El vicepresidente JD Vance dijo que el crimen «es culpa de esta mujer y de todos los radicales».

La prensa oficialista se aseguró de encabezar cada información enfatizando que la mujer era lesbiana, y los agentes federales recibieron la orden de investigar a su pareja en busca de algún trapo sucio (varios investigadores han renunciado en protesta).

El New York Post llevó la foto de la víctima en portada con el título: «Guerrera de la izquierda». La página dedicada al tirador, en cambio, se titula «Hombre de familia». Incluye una gran foto del agente con su esposa, y lo describe como «un cristiano comprometido, partidario de Trump, veterano de guerra y un tremendo padre y marido».

Lo importante no son los hechos. Mucho menos la empatía humana con una persona. Lo urgente es establecer que la víctima, pese a ser blanca y estadounidense, es una de «los otros»: lesbiana, woke, izquierdista, por lo tanto ¡terrorista! Mientras, el victimario es «de los nuestros»: heterosexual, trumpista, cristiano, veterano: ¡hombre de familia!

Renee Good también tenía familia: una pareja y tres hijos que ahora son huérfanos. Pero no califica para un titular que la presente como «mujer de familia».

La deshumanización del otro es un arma política. La crueldad es una fortaleza para encerrarse en las propias certezas: no admite dudas, no acepta vacilaciones, no tiene resquicios.

Frente a tanta crueldad, la actitud de Gustavo Gatica da esperanza. «Yo no estoy satisfecho con el resultado, sin embargo, hay algo que tranquiliza mi corazón (...) No quería morirme en unas décadas más sin saber quién fue la persona que me disparó. Hoy eso me tranquiliza muchísimo».
Al valorar que al menos se sepa la verdad, la de Gatica es una reacción que reconforta. No hay odio ni afán de venganza. Es, simplemente, la respuesta esperanzada de un ser humano frente a tanta, tanta crueldad.




en La Tercera, 17 de enero, 2026
















sábado, enero 17, 2026

«Correcto, y a la vez equivocado», de Huang Canran

Traducción de Miguel Ángel Petrecca


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Desde hace cinco años toma
cada día el micro desde la bahía de Tongluo
hasta la autopista central para ir al trabajo,
a la vuelta desde la autopista otra vez el micro
hasta la bahía, hojeando a veces un diario,
cambiándose la ropa cada dos días,
en una semana tres veces los zapatos,
en un mes un corte de pelo;
su expresión no ha cambiado en cinco años,
la contextura de su cuerpo tampoco,
en vez de 28 ahora tiene 33,
y al parecer no ha sufrido otro cambio;
el paisaje también más o menos el mismo,
salvo por algún hecho ocasional
como un desagüe que revienta,
el arreglo de una calle o una tubería,
carteles de «estamos trabajando»
o algunos banners de liquidación,
eslóganes de protesta o de demanda,
algunos negocios, carteles y ventanas
percibidos sólo durante un embotellamiento,
o la escena ya vacía de algún accidente;
podés pensar, por todo eso, que lleva una vida monótona,
una vida inmutable y rígida,
derrochada entre días repetidos,
y pensar que la tuya es mucho más feliz, 
ya que, al fin y al cabo, sentiste amor y odio,
te caíste y te levantaste, al borde del precipicio:
tendrías razón, y a la vez estarías equivocado:
en estos cinco años él se enamoró
y se casó, tuvo un hijo, y luego se divorció.
Todas tus experiencias afortunadas él ya las pasó:
las que él atravesó todavía te esperan a vos.




en Un país mental. 150 poemas chinos contemporáneos
Gog y Magog, 2023 




















viernes, enero 16, 2026

«'Virgen de Guadalupe', de Roger Santiváñez. Una lectura», de Patricia Matuk



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Efímeras son las palabras dichas, por lo que la poesía es, en cierto modo una encarnación. Virgen de Guadalupe que a primera vista es el nombre de las infinitas estatuas de una misma adoración, aparece desde sus primeras líneas como inmersión. Los pliegues secretos de las vestiduras son alegoría de un intento de nombrar en carne –más que en hueso– el enlace con eso otro. Por esa vía, el «tú» que por momentos es la voz misma del poeta, se posiciona en un ir y venir de la emanación de la voz: nexo entre lo amado y el amor absoluto e inasible. Y la fuerza de «reflejos dorados me sacaban de mis casillas» p. 30 es la voz del poeta que rompe también el lenguaje cuando por momentos el sujeto da saltos del uno al todo y del todo a la subjetividad íntima.

Comenzando por la unidad fálica del río, la evocación de la sensualidad carnal, es una de las presencias del agua en el poemario, las otras son el mar, la piscina estancada o el lago protegido, forma final de la potencia del deseo. Las transformaciones sucesivas en Virgen de Guadalupe tienen resonancia en algunas invenciones, como el verbo «subxiste» resultado del desliz entre el universo inexistente y ansiado hacia el recreado y poético.

Mi amigo Roger Santivañez me pidió que comentara su libro en diez líneas, pero como creo haber transgredido esa consigna, me tomo la licencia de formular un par de asociaciones a riesgo de que parezcan  subjetivas: la «sustitución del mimbre por el miembro» es frase evocadora del gran asiento de mimbre –de moda en algunas tapas de discos de fines de los 60– pero también es referencia al afiche de Emanuelle película y saga coetáneas de las protestas sociales y culturales de mayo del 68 en París, de cuya repercusión en el mundo el autor se reivindica heredero.

Retornar al agua en un inevitable estar a la deriva se vuelve en el libro un volver al recíproco naufragio, naufragio como condición del encuentro amoroso cuya aspiración de fundirse en la divinidad, en igualdad carnal, es elevación no recíproca y asimétrica, pero alcanzada... después del vuelo, el retorno, al ineludible quehacer en un reiterado ir y venir que más que aleteo, es péndulo generador de imágenes, cuyo impulso radica en la necesidad inalterable de traducir sobre el cuaderno lo sagrado. Profanación contrita o sacralización de lo prosaico hasta casi renegar del «azul con que escribo».

Y ya que «Chapotean las bellezas, semejan los amores extraviados» el milagro es posible cuando alguno de esos amores se banaliza y «esta orilla tiene tu fulgor de Virgen» ilustra bien que lo latente es tan táctil que hasta se toca y palpita en el poema.

Para vencer a la muerte, el amor es perpetrado, cometido, consumado con la poesía como elevación y búsqueda, pero también como batalla existencial. Es cierto que la Virgen de Guadalupe es mexicana, pero ninguna referencia es más potente hoy entre los millones de latinos residentes en EEUU –de que Roger Santivañez es representativo– que ese ícono multitudinario. La impávida calma serena de la Virgen de Guadalupe juega como punto de convergencia para la plegaria colectiva. La escritura de estos poemas reivindica una identidad amenazada, pero también abre caminos cuando, desde la tercera persona singular, se da naturalmente el salto a la primera del plural, obligatorio y necesario. Y en esa construcción, el poeta que se topó con «la infinita tristeza de vivir» perpetúa la expulsión primigenia del paraíso y se confronta con la tarea de comenzar desde el recóndito deseo, frente a la imagen inamovible del ícono. En ese sentido, la propuesta del libro es el re-set de un culto popular que, vuelto poema revendida la necesidad de una rebeldía reveladora de su propia fortaleza.

Si bien no es de mi gusto el «cálatos» me pregunto si decirlo de otra manera no sería perder la ocasión de subrayar la peruanidad profunda de su autor. De la misma manera, el hambre de las gaviotas devuelve al sujeto a la frágil condición de quien duda de «este cuaderno» despojándolo incluso de la gracia (divina) que lo precedió. Por lo que se encomienda al tú tumultuoso que nombra «floresta» entre «deshechos alhelíes» como imperativo de entrega reiterada, no importando si el encuentro es posible. La superposición de lo banal con lo culto acentúa además la adversidad cuando por ejemplo en la aliteración de «fanales que afanan» el animal urbano y coloquial se debate entre el estar y el ser: la referencia a dichas plantas es evocador de lo que en la mitología griega simbolizaba también la muerte y el más allá. Como si al ser nuevamente arrojado al mundo se tuvieran todas las de perder, a menos que no se abrigue la certeza de una flor que renace como victoria y como el canto, que para el poeta es la forma suprema del amor.

El milagro segundo en Virgen de Guadalupe (que no se nombra como tal) está en el poema que surge con la mecánica aprendida de la experiencia anterior «tarde abolida o detritus de la canción que perdí ayer» como si la voz dijera «porque la perdí, vuelvo al jardín y al comienzo... despojado de melodía, en una suerte de a capella» (las comillas las puse, no son cita). En este caso, lo material, el cuerpo físico, se inmoviliza en la percepción de «esta página» o «la canción que aquí te toco». Con lo cual la vuelta al deleite salvador se impone como necesidad de hallar el espejo verbal de lo carnal (ya no en el mar, sino en la piscina –agua inmovilista–) «con el oratorio de esta fantasía». Y cuando aparece el «gozne» en lugar de su sinónimo «bisagra» nos invita a una subjetiva e hipotética formulación en que el fonema «n» se mantiene en equilibrio o es puente de la confrontación entre dos mundos, volver a los opuestos es necesario para el «encuentro fronterizo semejante al vértigo» generador de «goce». La delgada fantasía de la amada, como bálsamo sanador de la soledad intra-muros, devuelve al sujeto a la plegaria «vuélveme a sonreír piadosa alucinación» arrastrada por la bahía de Lima hasta su norte natal, en el canto de la chiroca.

Y el milagro tercero que tampoco se llama así, es un tercer poema, dedicado esta vez al poeta Javier Sologuren, importante figura de los años 50, a quien Santivañez rinde homenaje en un estilo pulido que rememora lo importante que es el peso del silencio y la idea de la pureza.

La caída de la tarde en Gardesana, como en los poemas anteriores, no es el final del día sino la permisión del amor nuevamente, tan carnal como soñado. Y el poema y el libro terminan con la magia como recompensa, la Gardesana que es gentilicio de los habitantes del Lago de Garda en Italia sería, en esta modesta lectura, una referencia a la guardiana innombrable de esas aguas que el poeta venera, por tratarse del ente dinámico que perpetúa el don, surtidor de los deseos y del secreto de la curación de los males.