19 octubre 2016

Volver

Hola, querido blog. Acá estoy. Acá estás. Tanto tiempo.
Listo, no me hagás escenitas. Ya sé que hace rato que no estoy y justo aparezco hoy. Si no querías que vuelva hubieses inventado esas cosas que inventan ustedes los blogs, como hacer que me olvide la contraseña pidiéndome que la cambie cada dos meses o dándote de baja automáticamente por no tener actualizaciones o, lo que es peor, contener textos ilegibles en las que encima me reconozco. Imperdonable.
Y fue por eso que me fui. Perdoname la cacofonía. No, no me olvidé la contraseña.
Me avergüenzo tanto de mí mismo al verte hoy como me alegraba de poder tener un lugar antaño para escribir y ensayar el que por aquel entonces no era. Sí, acá ensayé algunas cosas de lo que soy hoy.
Necesito poner por escrito algunas cosas -no preguntes cuáles- para tener alguna referencia. Mi proceso mental no es bueno, bulle, es desordenado como este post y a mí me suma mucho escribir. O me sumaba.
El problema es que no estoy padeciendo lo suficiente como para sacarme de mi zona de confort. Una linda zona, te diré; no es que sea TAN cómoda pero lo es comparándola con la que me acogía cuando te empecé.
Y no es que en esa comodidad esté tranquilo. Nunca lo estoy. En mí la comodidad significa libertad en cualquiera de sus acepciones. Libertad también es tiempo y eso hace falta para pensar. En mi caso particular, cuando pienso sin tiempo pienso mejor, sin duda, pero no hay creación ahí. Ahí uso herramientas. Voy a lo seguro, después de todo estamos hablando de sobrevivir generalmente.
Lo notable es que creo esas herramientas cuando escribo, cuando las anoto. Escribir también es una herramienta, querido blog. A veces no me sirve porque estoy -sobre- viviendo y la crónica nunca se me dio bien, ya sabés. Mi vida es importante para mí pero yo no soy importante.
'Pinta tu aldea', qué lindo me sonaba. Interesante, pero no es más que conventilleo. Que Fulano dijo, que aquel se ortibó, que no me alcanza la guita, que todo y que nada. En fin, para eso tengo al pajarito. Sí, no protestés. Ni siquiera valorás que deje toda la mierda ahí. 
Sos como todos, querido blog, querés que sólo escriba bien y que lo haga acá. Vas a tener que hacer terapia, me parece. No quiero cargar las tintas en este momento pero lo mismo me dijo el block cuando agarré el cuaderno, que después protestó cuando lo dejé por vos. Soy una mierda, sí.
Como dice mi amiga Celia, para nosotros escribir está demasiado conectado con el dolor y yo escribía para salir de ahí, para sacarme la piedra del zapato, no para quedarme describiéndola o buscando fama de recio soportador de piedras en los zapatos.
También pasaron cosas feas, para qué mentirte. A la mayoría las vivimos anticipadamente mientras te escribía esporádicamente en los últimos meses. Es que la mano se venía jodida y todo terminó según te anticipé: el cinismo, la hipocresía y el egoísmo lo han asolado todo. Quedan algunos pero están tan perdidos como yo y le ladran a luna o al que viene a dar una mano.
Cierto: las redes sociales han explotado. Todos tienen una cuenta o algo así en al menos una. Quiero que sepas algo: no he cambiado con respecto a eso. Te mantuve lejos de los buscadores, del keywording, del 'clickbaiting' y así mantengo a los otros. Después de vos, el que te sigue en antigüedad sufre la misma política al respecto: pocos pero que lean y que nos enseñen puntos de vista en las antípodas o más o menos cerca (que es lo más juntos que vamos a estar nunca). 
Pero hay mucho ruido, qué querés que te diga. Acá nunca hubo tanto, no sé si mérito tuyo o mío.
Hoy es un día raro, querido blog. Quiero volver a pensar un poco más a solas y en bolas. 
Cuento con vos.

14 julio 2014

Te digo cómo me siento.




BASTA DE FÚTBOL EMO





(EMPEZANDO POR USTEDES)



VIVA PERÓN


Update: Dejé el fútbol por Tristelme y recuperé el gusto por ver a veintidós tipos corriendo una pelota gracias a estos pibitos. Chúpenme bien un huevo. Y es todo lo que pienso decir del Mundial.

AH: PAPPO NO MURIÓ.

26 marzo 2014

101

Oportunidad. Esa es la palabra. Ganarle a la ruleta estadística.
Sumemos las veces que puse mi vida en riesgo. Las extremas e indudables, con tiros, accidentes, peleas, etc.. Contemos también a cada uno de los que puse en peligro, porque a veces pude ser la muerte de otros. Terminemos agregando las veces en las que me pusieron en peligro concreto a mí, muchas más de las que tengo constancia, seguro.
¿Cien? Cerremos en ciento uno, número ponderado que forma parte del conjunto infinito "más de cien", es decir: no sé cuantas pero muchas.
Acá estoy.

08 octubre 2013

Back to 2006

Cassandra me manda un meme por blog, lo hace a propósito. Le voy a hacer caso, pero no voy a trasladar esta tortura hacia otro ser humano. Que muera acá. En esta pareja tiene que haber alguien que piense en la gente.
Tengo que contestar 11 preguntas de Cassandra y luego nominar y formular otras once. Veremos.

1- ¿Cómo te gustaría que fuese el fin del mundo?

26 agosto 2013

Por qué no les creo.

Una sola vez fuimos a la Plaza, a verlas. Como me pasa con todo lo relacionado con esas circunstancias, la piedra en la boca del estómago era grande, apenas soportable. Tanto dolor, tanta infamia, tanta soledad. Me costaba por sobre todo entender por qué estaban solas: todas las madres del mundo estarían a los gritos sólo por intentar imaginar la putativa desaparición física de sus hijos y nietos. Ni hablar de una amenaza concreta. ¿Sentirían la necesidad del apoyo de las otras madres, las que tuvieron suerte, por ejemplo, las que recuperaron a sus hijos, o que ni siquiera los perdieron? Nunca me animé a preguntar.
Ellas estaban solas: me uní a un grupo de curiosos a un costado. Nos tomamos las manos, en un momento. Fue un gesto tímido,

20 junio 2013

Metalenguaje.

Iba un ruso a Moscú, en la época de Stalin, y cruza con compañero. "¿Adonde vas?", pregunta éste. Motiva su pregunta saber si primer ruso viaja o no: si dice  "viajas", primer ruso mentirá -por desconfiado- y él tendrá que meditarlo. Probable será si preguntar "adónde vas" no resulte en que diga va a alguna ciudad importante pero no a la capital, como para presumir, tan decadente, pero no comprometer. Moscú es Moscú. Si dice "Stalingrado" es que no viaja".
Primer ruso piensa: "si digo que voy a Moscú, este tan desconfiado dirá que dije a Stalingrado, y provocará problemas. Mas si digo que a Stalingrado, él dirá, por desconfiado otra vez, que a Moscú, que es lo que efectivamente haré y seré sincero con todo mundo".

05 abril 2013

Desaparecidos en democracia: niños muertos en La Plata.

Dice @barcolman en su FB:
Hoy fué un día repleto de emociones, de esas que son imposibles definir en pocas palabras. Necesitabamos decir presente, sacarnos los vendajes de los ojos y ayudar, contener, acompañar, estar cerca...
Viví mucho el día de hoy... sentí, me emocioné, abracé, lloré... Les regalo una de las tantas historias que me hicieron estremecer en lo más profundo de mi alma, pero como todo lo que hago en mi vida... poniendole el corazón...

18 marzo 2013

Papanatas

Esta humilde columna de desactualidad y pobreza humana detesta cualquier intento de hacer parecer la designación de cierto señor de nacionalidad argentina como autoridad máxima de un culto (acá evito cualquier alusión directa para gambetear a Google) como un avance o mejora en algo que tenga que ver con este país atrasado, subdesarrollado, voluble y supersticioso llamado Argentina.
Seguiremos siendo los mismos insoportables estúpidos que hacen todo lo posible por fracasar como seres humanos, una especie de avanzadilla de la Humanidad hacia su destrucción.
Sobre el tema no les voy a decir nada nuevo, les voy a linkear lo de Caparrós, que lo dice todo y ya.

01 febrero 2013

Diez años.

  • Ponele que tomás un tren y si no choca contra la estación, no se lleva puestos colectivos, no descarrila, no te caés de arriba del vagón del que te tuviste que trepar para que no te descuenten el día porque vienen hasta las pelotas o que no te pungueen, igual tenés que pasar por todo eso cada vez que viajes. Todos los días.
  • Ponele que podés tomar subte en vez del tren: están en iguales o peores condiciones, salvo que ahí es culpa de Macri, claro. Que el subte no pueda chocar colectivos es un logro K, no confundirse, por eso soterrarán algún día el Sarmiento.
  • Ponele que tenés celular. Sos el boludo ideal: te facturan cualquier cosa, lo que se les ocurra, nadie controla. Te cargan servicios, te facturan SMS que te mandan a vos por servicios que te suscribe Montoto (que es socio de la prestadora telefónica), mientras el servicio anda cada vez peor, si es que anda. Un día, cansado, decidís darte de baja. JajahahajahAJajAJAhakjajhajaAJJAjajaja. Qué boludo sos.
  • Ponele que tenés la suerte, como tuve yo, de ajustarte el cinturón

22 enero 2013

La incapacidad.

Me puedo definir más por mis incapacidades que por sus opuestos, porque las cosas para las que soy hábil no las conozco del todo, ni aún sus límites; pero me es imposible andar por la vida diciendo "no soy esto", "no puedo hacer aquello", "soy un croto en eso".
Menos mal que tengo un blog.
  • No soy bueno para recordar secuencias.
  • Me cuesta recordar nombres.
  • Me es difícil recordar fechas.
  • Tengo memoria selectiva, y

Crisis.




























Estoy vivo.




























04 enero 2013

La Tragata Fitanic.

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Uno se termina volviendo preclaro a fuerza de que todas las pavadas que predice son perfectamente posibles y que hay gente realmente dispuesta a todas ellas.

Escribí esto hace cuatro años:
El Estado acuático.
Hace unas semanas, el tema era la movilidad jubilatoria. Se gastaron hectolitros de saliva en el tema. Oficialistas, opositores, periodistas, jubilados, pensionados. Todos salivando como perros esperando el almuerzo. Creo que si la juntábamos toda en una pileta se llenaba una olímpica.
La producida previamente (les recuerdo algunos temas: la 125, el pago de la deuda al FMI, el bicentenario, déficit energético, tren bala y todas las cosas que han ocurrido en menos de un año) alcanza para llenar una sima igual a la del Océano Atlántico, y quizá eso explique la sensación de que estamos en alta mar. Apenas flotamos a la deriva en nuestra propia baba.
No, a la deriva no. Tenemos dos capitanes, a falta de uno; dos enamorados del timón.
Quince días después de discutir el rumbo nos han dicho que si bien este Titanic es inundible, un par de destinos se van a retrasar (París, por ejemplo) porque habrá que corregir la derrota. Las tormentas severas que se atisban en el horizonte así lo piden. Calma. El líquido a la altura de las pantorrillas es porque se taparon los desagües y este barco será pobre pero limpito. Y no son treinta centímetros, son sólo ocho: el vaivén del barco hace que parezcan más. El contramaestre Moreno acaba de medir su altura real, entre otras cosas preguntándole a las ratas de la bodega.
Al final, no se ponen de acuerdo: bueno -sostienen- el barco es fuerte, pero por las dudas (y por las deudas) en realidad vamos a tener que virar en redondo. A la mierda toda la discusión previa. ¡Acá los capitanes son ellos y cualquier discusión es amotinamiento!
Empiezan a verse agitados estos fríos mares australes (aunque sean de saliva) y una vieja carta marina les está dando la ruta al nuevo mundo. Calma, dijimos. ¡Calma!.
Entonces (basta de parodia), afuera las AFJP. No me parece mal: yo voto, desde hace años, por los que prometen estatizar todo: para empezar, ferrocarriles, correos, caminos y, obvio, las jubilaciones. Los servicios públicos, eso seguro. No me voy a quejar ahora.
Igual, si mañana viene un tipo y quiere hacer una autopista desde Jujuy a Tierra del Fuego, pone la tarasca y cobra peaje, me parece bien. Cobramos una concesión suculenta y rehacemos la cuarenta. ¿Querés hacer un tren bala? Dale, poné la mosca, pagame la concesión y arreglo con la guita el sistema ferroviario estatal. Diez trenes balas, si querés, te autorizo. No, no te doy un catzo de eximiciones impositivas. Es tu negocio, tu capital de riesgo. Si no es rentable, andá a poner el tren en Estados Unidos.
Entonces, no tengo problemas con el qué. El problema no es qué estatizar -podemos ser muy creativos- sino quiénes lo hacen.
Como están las cosas, entre que me roben unos banqueros que ya me cagaron cincuenta veces y que me caguen los políticos de siempre, no es ni mejor ni peor. Ambos prenden habanos con billetes de cien dólares, ambos tienen justificaciones sobradas para cuando tienen que pagar y la guita no está, ambos viven en un mundo sin consecuencias.
¿Qué cambiará? Harán uso de sus prerrogativas (el Mercado, el Estado, la prensa, la justicia, las leyes, los fueros, el off shore, el cohecho, la coima y un larguísimo etcétera) y yo no tengo nada que hacer. ¿Votar? ¿En qué parte de la plataforma de CFK decía que iban a estatizar las AFJP?. ¿En que parte dice que van financiar a D'Elía? Ah, no. Por eso no la voté.
O sea, el problema no es el Titanic. El problema podría ser el cambiar de rumbo cada dos por tres; después del desayuno, porque a algún capitán le cayeron mal las medialunas. Porque jamás sabemos qué esperar, a qué puerto vamos. Porque les hacen finitos a los icebergs, porque cuando nos dijeron que estabamos prontos a llegar descubrieron que las costas seguían igual de lejos que siempre.
Pero, sobre todo, lo que más me molesta, es que sigan perforando el casco para apagar los incendios en la carbonera.


12 diciembre 2012

Marita.

Desde hace unos veinte años, más que la política y los políticos, me frustra la falta de Justicia. Ahí está -pienso- el nudo gordiano de nuestros problemas. El otro, la falta de entendimiento del juego electoral, la perversión del sistema democrático, lo dejo para cuando llegan los tiempos pre y post electorales, en los que tenemos que hacer valer nuestro voto. Están relacionados, pero elijo el huevo y no la gallina.
Los argentinos, triunfalistas y futboleros como somos, creemos que los partidos se ganan o se pierden en una o dos jugadas. Creemos que un fallo como el que absolvió a los Alé y a sus secuaces puede basarse en un acto individual o coyuntural, un capricho o un acuerdo traidor de último o primer minuto, pero no es así. La negación de justicia, una de las conculcaciones más evidentes y crueles de los derechos humanos, opera a toda hora y es constante, una bajada de línea sobre todos los actores y que tiene, encima, muchos colaboradores entusiastas y espontáneos. Hay jueces a los que no les paga nadie, su machismo hace todo el trabajo ad honorem.
La denegación de justicia es en general una construcción larga, penosa, llena de agachadas, impericias y avivadas. Es una enorme mentira colectiva que va pudriendo todo, que vulnera todo, que elimina cualquier posibilidad de verificación o revisión, por el mero hecho de que, al ser puesta en convicción, muchas pruebas o testimonios son destruidos para siempre o sus efectos anulados por el mero acto de ser puestos a la luz pública en las peores condiciones. La verdad termina agonizando en un galimatías legal y lo que quede de ella se sacrifica para hacer tablas en un juego abstracto en el que todos pierden salvo los culpables, que sobreviven -encima- con ventaja porque han sido juzgados y ya saben que han sido medidos y considerados inocentes, saben qué pruebas hay en su contra, qué testigos los complican, cuáles no. Se les acaba la incertidumbre. Un mal proceso es lo mejor que le puede pasar al culpable, es mejor incluso que no tener proceso alguno. La incertidumbre te mata pero quedás libre de ella con esta (in)Justicia.
Por otro lado, el tiempo transcurrido es el enemigo más difícil porque está del lado de los inútiles, los muleros, los vagos, los crotos y los corruptos del sistema judicial argentino. Esos tiempos permutan en mártires a los sospechosos y en bestias vengativas a las víctimas y sus familiares, y convierte a los justos en tibios y a los ladinos en tranquilos hombres con la frente alta.
Un proceso pervertido necesita de jueces, fiscales y abogados imbéciles, mendaces y/o corruptos; mucha gente operando por destruir toda posibilidad de verdad, repito. Todo está corrompido cuando falla la Justicia operando a pleno y en todos sus estamentos: la cadena de pruebas por la policía y los peritos, los testigos por fiscales y/o abogados necios o llenos de desidia, la fiabilidad de una cadena de acontecimientos  queda carente de toda sustentación lógica y probatoria por jueces de instrucción tilingos y corruptos, el rito ridículo que exige procedimientos cuyos resultados todos conocen de antemano y que solamente sirven para posponer, una y otra vez, cualquier posibilidad de justicia, en manos de cualquier cosedor de expedientes. 
La verdad es la que muere con este fallo y proceso en Tucumán: quizá nunca sabremos qué pasó. Nos ocurrió hace no tanto con María Soledad; en ese caso, incluso con condenados firmes como Tula y Luque. Lejísimos estamos aún de saber qué pasó con ella y si todos los culpables recibieron castigo. La Justicia catamarqueña, en ese entonces y ahora, no es muy distinta que la tucumana. Que haya habido un fallo con culpables en semejante proceso viciado no nos tiene que tranquilizar. Es lo mismo que con Marita.
Los ecosistemas humanos que perviven, como las selvas, de su propia corrupción merecen ser arrasados. No tiene sentido seguir con un sistema que no tiene depuración, que es una especie de jungla multiforme que se adapta a todo intento de desmalezarla, una ameba que se regenera con sus propios detritos. Creer que la Justicia argentina tiene el sostén ético para renovarse es como apostar en la quiniela clandestina: nadie conoce a ningún ganador, no hay pruebas de que funcione. Es de ilusos que merecen lo que les pase. Como con los políticos, tenemos la Justicia que nos merecemos.
Pero hubo un 2001 para los políticos: algún día, deberá haberlo para los funcionarios judiciales, tal vez.
La Justicia Argentina, mejor dicho, el cadáver insepulto de la Justicia Argentina, está corrompiendo todo. No hay mejor aliciente para el crimen que la impunidad. No importa mucho a quien votemos, con esta Injusticia, tarde o temprano se corromperá: la tentación es insoportable con esta impunidad. No son solamente los políticos, que ya bastante podridos están, es el sistema que los cobija y los riega con esmero. Todos corruptos, todos negociando sus corruptelas, todos prendidos. Nosotros, como materia inerme en sus manos crueles y avaras.
No hay que creerle a nadie: el Gobierno necesita jueces corruptos, las megaempresas necesitan jueces corruptos, las potencias extranjeras necesitan jueces locales corruptos, los poderosos necesitan jueces corruptos. Todo el que tiene dinero suficiente quiere ser dueño de un juez, y todo aquel que está en el sistema judicial quiere sumar su costo individual a lo que sale un juez. Tiene que haber un límite y tenemos que buscarlo nosotros. El sistema está en equilibrio hace décadas.
Políticos, policías, poderosos. Triple P. Todos protegidos por ese grupo de cretinos malnacidos, cobardes y sin atisbos de dignidad. Nos van a terminar liquidando como país. Ellos, y nosotros también si no nos deshacemos de esa lacra por la vía institucional o por la otra.
Porque nosotros somos culpables, nosotros fallamos la libertad de los Alé y sus secuaces y las condenas de miles de chivos expiatorios que no tuvieron el dinero suficiente para comprarse un juez.
Basta de indignación. A desalambrar.

11 noviembre 2012

Equilibrio.

La fe no se me da bien. Sin embargo, cada tanto, pequeños pozos en los que parece conservarse un residuo detecto no por su humedad; más bien, porque se quedan secos de repente. Con la desaparición de esos reservorios inútiles se me abren los ojos un poco más y veo mejor. Y me maldigo.
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Mi carrera como cínico tiene algunas agachadas épicas, casi todas explicadas por esas lagunitas. Esperanzas vanas, casi todas. Ser otro para ser mejor, para ser aceptado, por ejemplo.
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Nunca me dediqué a ser un mejor Ello desde mi Super Yo. O sea, abolir el Yo y perfeccionar un poco mis viarazas. 
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Me tengo que volver más yo mismo, dejar la caja de resonancia, aprender de mi mismo, descarnado y descargado. Ser el que me gusto y dejar de pensar en el que les gusta.
Es difícil, toda una vida negociando con eso. Quizá llegó el punto de mi vida en el que el cinismo sea lo único valorable que me queda: ser despreciable también tiene su encanto.
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El tema es que yo me desprecio cada vez más. No puedo encontrar un punto de equilibrio entre odiarme por hacerme querer o quererme por hacerme odiar.

24 octubre 2012

Ouroboros de cínicos e hipócritas.


Moyano se saca la foto con Macri para que la publique Clarín, el PRO vota una ley presentada por el FpV y piloteada por los garcas de la UIA que limita las posibilidades de litigar de los trabajadores accidentados. Moyano -que está contra, ahora que no es el "garante del modelo" sino de la "oposición" (¿dónde estará la "oposición"?)- se pelea con su ex socio, Recalde, que ahora es un K prócer de los trabajadores -según Verbitsky- mientras Clarín, para no llamar la atención sobre la ley que, como empresa le cae simpática, desvía la mirada al cachengue sindical como una demostración de lo incoherente que es el oficialismo y sus figurones entrantes y salientes. El PC suma su enésima contribución quintacolumnista (apoyó a la Fusiladora, a Videla y ahora a una ley antiobrera), así que es coherente, bien por ellos.
Como nota aparte, ya coinciden en otros tópicos: el PRO bloquea el proyecto de aborto no punible utilizando siempre el brazo que está menos visible, mientras el FpV y el PJ (doble y uno) se hacen los sordos, ciegos y mudos porque el rechazo no mide bien en la progresía que los apoya. 
Elija usted el cínico o el hipócrita menos peor y rompa los huevos, sobre todo eso, ROMPA BIEN LOS HUEVOS haciendo alharaca de sus férreas convicciones para sustentar ese apoyo y -repito- ROMPA BIEN BIEN BIEN LOS HUEVOS con que los caceroleros esto, que soy soldado de Cristina, que el aborto lo otro, que la inseguridad aquello (CLAN CLAN CLAN), que la Fragata (CLAN CLAN CLAN CLAN CLAN), que los dólares (CLAN CLAN CLAN CLAN CLAN CLAN CLAN CLAN CLAN CLAN), que la clase media cipaya (¡Néstor no murió!), que

váyanse todos a cagar bien lejos, con cacerolas o sin ellas, con bombos, Eternestors y carteras de Prüne


PS: Mientras escribo esto, previo a la votación, Radio Mitre filtra que el PRO no votaría la ley. Parece que no le da el piné para irse tan a la derecha o bien Magnetto los manda a defender esos trabajadores que en las empresas del Grupo no se pueden organizar. Lindo todo.

05 octubre 2012

Política mágica (1 minuto).

Todavía creemos en la magia. Tenemos una concepción política, como país, basada en el pensamiento mágico, en las consecuencias sin antecedentes lógicos, explicables y capaces de seguirse con una cadena lógica. Por ejemplo, creemos que cada golpe que se le da a una cacerola generará una onda de choque esotérica que hará reflexionar a quienes, también mágicamente, confían ciegamente en una sola persona como única capaz de gobernar un país tan complejo, cambiante y excesivo desde lo individual como es la Argentina. Y eso si no se quiere, todavía más mágicamente, que esa persona-deidad al escuchar el tan tan repetitivo, desista de hacer el mal o huya a las profundidades del Averno.
Dicha deidad -en pleno uso del poder terrenal, algo que creyeron conseguir, entre otros, los egipcios- queda a salvo del debate lógico e ideológico y construye una metafísica del poder que, si bien enfurece a los no creyentes y excomulga a los críticos, tranquiliza a los que sí creen. Creyentes, no ciudadanos, no votantes, no militantes, no sujetos políticos. Creyentes. La lógica "non sequitur" de los caceroludos y la "mística" pavota de esos creyentes está muy lejos de mover el mecanismo democrático, sólo embruja o desembruja a los permeables, los crédulos, a la sociedad chamánica.
Con este paradigma los medios de comunicación, más que de noticias, lo son de conjuros, mantras, sortilegios. Repetir, repetir, repetir. Y repetir. Hay hasta una especie de juego esotérico en la imprimación a fuerza de repetición: entre Magnetto (que repite en cadena las mismas noticias) y el "eje" Gvirtz-Szpolski (que repiten párrafos totalmente completos como si lo necesitáramos escuchar tres o cuatro veces) han hecho de la iteración el corazón de estética y ética mediática: pobreza contextual, sesgado ideológico, desenfoque, sustitución. Y repetir-repetir-repetir.
El culto a los muertos no ayuda a mejorar esta pulsión mística; más bien la empeora, claro. Como cuando nos quieren hacer creer que lo que importa del muerto no fue lo que hizo, sino lo que haría ahorita mismo. O que se sabe qué haría. Que se lo llene de heroísmos, que se le abroche el saco, que se lo imagine más alto y buen mozo, que se lo bruña como metal, no es tan grave (que lo es). Lo peor es que se le hable, se le rinda culto, o peor todavía, cuentas. Y que nos pidan que le rindamos cuentas a los muertos debe ser la cosa más injusta del mundo. Al cabo que no llegaron hasta aquí, hasta este momento, por más supermanes que los quieran hacer parecer.
La combinación "política mágica-conjuros mediáticos-muertos milagrosos" nos está haciendo mal. Muy mal. 
Sabemos que algo está mal en cuanto prendemos el televisor o leemos un diario, pero, embadurnados de sobrenaturalidad como estamos, revestimos toda esta estructura metafísica de una pátina lógica. Nos da vergüenza comulgar en presencia del contrario y escondemos la sotana y la hostia: nos la pasamos debatiendo si esto es a consecuencia de aquello, si aquello es motivo de esto, buscamos contextos como conjuros, parecemos jesuitas resolviendo el sexo de los ángeles. Intentamos usar esa vieja inútil, la lógica, pero como no estamos convencidos de ninguna serie "A entonces B" (porque siempre creemos que nos hace trampa, o que la hacemos nosotros) ni siquiera creemos en lo fenoménico. Si puede describirse, puede conjurarse. 
La realidad nos hace trampa, nuestra percepción está torcida y tenemos cientos, miles de personas que nos agitan desde el púlpito, incluyendo nuestra deidad en uso del poder, que nos dicen qué tenemos que pensar, cuándo y cómo. Todo suma más retortijo al revuelto gramajo diario: falta leer alguna red social después de un hecho importante para ver qué difícil es que dos argentinos siquiera interpreten similarmente un acto que esa realidad torva les diluye en cuanto más fijo la miran. 
Si hay un dios verdadero, se nos debe estar cagando de risa.
Y esto tiene otras consecuencias, las más graves: tratamos a los que nos tienen que gobernar como benévolos chamanes o malévolos mefistos de acuerdo a ese falso debate que, de antemano y mágicamente, ya ha sido resuelto en su base con una revelación o una retahíla de credos repetidos como rosarios con una base más o menos sencilla: si hace crecer las cosechas, es bueno; si hay plaga, es malo. Si crece en mi campo, bueno; si crece en el campo de al lado, malo. 
Vamos a un ejemplo: durante el debate previo a las elecciones presidenciales de 2011 no escuché ningún serio interés, desde quienes decidieron por antemano reelegir a Cristina Fernández de Kirchner, por conocer qué iba a hacer. Más o menos, lo que me dijeron -promedio- es "confiamos en que va a hacer lo mismo que hasta ahora, que nos parece perfectible pero es mejor que cualquier otro oponente que se presente". Y ahí la clave no es "mejor que cualquier otro oponente" sino "confiamos". A nadie de los que pregunté le interesó saber de antemano (y de paso, repetírmelo porque CFK se cuidó muy bien de decirlo) qué será de la educación, salud, distribución de la riqueza (es decir, qué se hará con el dinero de todos los argentinos, oficialistas y opositores e indiferentes), de la política energética, de los servicios públicos, y un larguísimo etcétera: el creyente confiaba. Tenía fe en que ella haría lo necesario y que lo que hiciera sería "lo mejor". "No nos des detalles", parecían decirle a CFK, "vos goberná que nosotros confiamos en vos y mientras no nos hinches las pelotas, dale para adelante". Faltaría decirle: "mientras llueva y haya prósperas cosechas, oh diosa de la tierra".
Toda esta magia, claro está, es neurosis. No nos gusta laburar, no nos gusta saber que tenemos que hacer un montón de cosas por nosotros: ir a reuniones, discutir acciones y llevarlas a cabo, manifestarlas, peticionar, respetar las decisiones del colectivo, en fin, ser sujetos activos de la política. Ni siquiera hablo de militancia, eso es distinto. La militancia es hacer de una idea la vida: mi idea, mi vida y mis compañeros. De diez asambleas con cien participantes, apenas diez personas serán, alguna vez, militantes. Pero eso es otra cosa.
Con la magia, la responsabilidad es de otros: nosotros cumplimos yendo a misa. Arraigada en el fondo del inconsciente político nacional, está la creencia de que los políticos crecen en macetas o son iluminados como los profetas o son "seres especiales". Como sea, no tienen nada que ver con nosotros. De una vez: "Argentinos, a las cosas". 
Y déjense de boludeces, agregaría yo.

04 octubre 2012

Los Heidis J.


Resulta que un grupo de los que son mandados a partirle la cabeza a los manifestantes tienen como guías espirituales a Seineldín y no a Néstor Kirchner o a Evita o al Che o a León Trotsky. Aparentemente descubren gracias a un cartel medio escondido entre los sublevados de Prefectura, que las fuerzas de seguridad son de derecha.
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¿Tan ingenuos son? ¿Son niñas huérfanas que viven en Los Alpes cuidando ovejas y cantando "oioioioioIÚ oioioIÚ!" o simplemente cuando no conviene, no suma, como con Moyano, todo se vuelve de derecha, aunque lo haya sido siempre? ¿Cuánta derecha hay todavía en el gobierno filoperoprogrezurdo esperando ser reconocida? ¿Cuántos millonarios despreciando el sueldito, el viajecito, la comprita de dólares del burgués cacerolero, espera ver tocados sus intereses (o puestos en evidencia) para revelarse como son, "abogados exitosos" sin una gota de sudor, prendidos de la teta del Estado desde hace décadas, viviendo en los solitarios y recoletos guetos de los ricos? ¿Queda algún "no millonario" en este gobierno, capaz de acusar sin miedo de "prebendarios" a los jefes de Prefectura y Gendarmeria sin sonrojarse?
Las contradicciones son cada vez más profundas y empieza a verse que eso que incomoda tanto al J* cuando abre el diario corporativista y opositor ya no tiene tanto que ver con "operaciones de prensa" (operaciones de prensa hacen todos, también los medios oficialistas) sino con que se vuelve incómodo ser J, es como que no lo dejan en paz a uno con ser J. Uno quiere ser J y ya vienen estos a decir que Berni esto, que Garré lo otro, que el decreto no lo firmó Magnetto, la puta madre déjenme vivir en paz.
Quiero la montaña límpida de nubes de tormenta, quiero una imagen que me tranquilice. No quiero dejar de creer en el peronismo, no quiero creer que me equivoqué otra vez. Quiero un cantón nacional y popular, la latinoamérica soñada por Galeano. Pero esto es Lanús.

(*) J: dice no ser K, pero es lo más cercano que existe.

28 agosto 2012

Otra vez, pero distinto.

La sensación de sentirme moribundo es vasta en mi experiencia pero, por lo general, fruto del momento y tan efímera como éste. Suelo volver renacido de esos vislumbres, como si fuera una tonta moraleja de Paulo Coehlo.
De chico soñé varias veces con mi propia muerte, generalmente violenta. ¡Era una muerte de gángster!, moría siempre en un auto; reventado por una bomba, en un tiroteo entre pandillas o en un choque provocado. Autos gigantes, Fords o Chevrolets u Oldsmobiles, modelos todos cuarenta y pico; negros, recuerdo que eran grandes y negros. Autos bien de gángsters. ¿Por qué había gángsters y por qué había autos?, me pregunto y tal vez no es que soñé tanto con eso, tal vez me acuerdo más de esos sueños que de otros en los que moría, pongámosle, deglutido por un dragón.
En mi adolescencia hacíamos con mis amigos el jueguito torpe y peligroso de desmayarnos adrede, y experimenté un par de veces una sensación que pensé cercana al no-ser de la muerte. Después un médico me explicó lo cerca que estuve de morir sin ningún tipo de anticipo o conciencia real de lo que me iba a pasar. Morir de estupidez, básicamente.
La primera vez real de encontrarme con la plausibilidad de mi propia muerte -violenta- fue tiempo después, adulto joven, casualmente huyendo en un auto grande, un Ford verde y rojo, y también casualmente rodeado por algo así como gángsters del conurbano bonaerense. Debo aclarar que yo no quería estar ahí, como en una comedia de enredos -pero sin la comedia- pero ahí estaba mientras todos (se y me) gritaban y todos (se y me) disparaban. Debo haber sido un blanco de fortuna, pero tal vez no les di demasiado tiempo para apuntarme; no estaba muy claro en ese momento y rajar era mejor estrategia que pedir explicaciones. Recuerdo pensar que sentiría una quemazón -tal vez- pero que no iba a sentir un dolor muy fuerte y eso me desconcertaba, me revisaba a cada rato buscando una mancha roja fatal en la camisa. Como decía, parecía una comedia, una de las tempranas de Woody Allen: mientras zumbaban las balas, pensaba quién le iba a decir a mi vieja que me habían cosido a tiros. Un plato.
Hubo otra oportunidad, también hace mucho, pero esta vez con la plena certeza de mi muerte. Era  una propuesta seductora, una promesa de descanso para el desfalleciente, la disolución del ser para el atribulado. Y yo estaba desfalleciente y atribulado. Al cansancio y a la confusión habrá que agregarle, para entenderme un poco mejor, que me invadía también la figuración de ser un sorete marrón cagado sobre una alfombra ídem, esperando pasivamente que alguien se tropezara conmigo y que de la indignación diera con el culo desubicado y desprolijo que me había dejado tirado ahí y lo reventara a patadas. Cosas que se le pasan a uno por la cabeza cuando está solo, triste y cansado. Sobre todo, cansado. Apareció el que se tropezó conmigo y salí renovado, como quiere Coelho -supongo.
Para terminar, hace unos días tuve una experiencia onírica fuerte, tan fuerte como los otros anticipos de mi muerte. Soñaba esta vez con que me moría porque el cuerpo lo decidía, me abandonaba. De nuevo pensaba que transitaba el camino que lleva a las recónditas cuevas del no-ser, hacia la nada cósmica, la sopa de sustancias. Esta vez, aún en sueños, no me entregué. Al contrario de lo que podría pensarse, o a favor si se me conoce un poco, básicamente lo tomé como un tema de fontanería o de hardware/software. Sabía que no era real, que soñaba, aunque sintiera la muerte tan cerca pude haberla sentido en otras ocasiones más reales. Pensé que la solución era resetearme, lo cual implicaba cierta fe en que hubiera una especie de frontón metafísico contra el que rebotar y volver -podría interpretarse como cierta flaccidez de convicciones, pero debo decir en mi favor que lo encontraba muy dudoso y que preferí atenazarme a la poca conciencia que me quedaba- mientras mi corazón y mi sangre se detenían. Sin embargo, morirse no fue lo peor, mayormente lo fue el dolor insoportable de los recuerdos sinestésicos que conseguían aparecer por última vez, mi memoria comportándose como una estrella moribunda que da gritos desesperados, rehusándose a volverse una singularidad sin tiempo y sin espacio.

22 agosto 2012

Ponele que no sos tan pelotudo.

  • Ponele que se dispone todo para que no choque ni descarrile, ni colapse o se suspenda ningún tren o subte o cualquier otro servicio público más administrado por el Estado o concesionado por él. 
  • Ponele que no se cae más ningún edificio ni ningún balcón, marquesina o cornisa por falta de control.
  • Ponele que no se inunda más nada de manera crónica.
  • Ponele que los organismos de control de servicios públicos funcionan a pleno.
  • Ponele que no hay habitantes en todo el territorio argentino a los que se les vulneren sus derechos de parte del mismo Estado.
  • Ponele que el Estado le obliga a hacer lo mismo a los privados.
  • Ponele que cada vecino puede -con datos objetivos de organismos imparciales- decidir democráticamente si un emprendimiento fabril, minero, del que sea, puede instalarse de por vida (su vida) en su localidad o región.
  • Ponele que Atucha no explota. 
  • Ponele que hay libertad sindical y que se acaba la trama patronal-gremio-Estado en el que el único que pierde es el trabajador. 
  • Ponele que la policía, en vez de coordinar ataques a manifestantes con parapoliciales, controla las protestas con la Constitución, la ley en la mano y de la mano de la Justicia.
  • Ponele que el Estado denuncia a los jueces y fiscales que se desentiendan de sus deberes como funcionarios, en vez de coleccionar sus agachadas para apretarlos.
  • Ponele que el Estado deja de hacer inteligencia interior.
  • Ponele que el Estado retoma su potestad de acusador de oficio y empieza a denunciar todo lo que huele decididamente a podrido en Argentina y de lo que si tirás del piolín sale todo junto: trata de personas, prostitución, tráfico de drogas, lavado de dinero, robo de automóviles, corrupción policial, etc.. 
  • Ponele que se verifican las conexiones entre grupos policiales, parapoliciales, organizaciones políticas, barras bravas y sus clubes. 
  • Ponele que el Estado hace del bienestar general su política más importante y pone toda su inteligencia en resolver los conflictos de intereses que surgieren por la vía del diálogo y no por la extorsión, pública o privada, la amenaza, la prebenda y/o la compra de conciencias.
  • Ponele que en las comisarías se les da prioridad a las víctimas, con castigos severísimos para los que obstaculicen esas diligencias ante la Justicia.
  • Ponele que el Estado también decide atender como prioridad todo aquello por lo que el ciudadano paga impuestos: educación, hospitales, infraestructura, seguridad social, etc.. 
  • Ponele que hay negociados y patrocinadores de obras y coimeros y recaudadores para la corona y vaselina como ahora, pero con la condición de que no sea evidente y que no se nos pida creer las disparatadas excusas que se nos ponen. 
  • Ponele que entonces los funcionarios responden por sus actos (y se jode el que llama la atención) y que son denunciados, cuando así lo entendiere, por el propio Gobierno y dejado el proceso a la tutela del Poder Judicial. 
  • Ponele que el Gobierno evita ser un obstáculo en cualquier proceso judicial que tenga a un funcionario suyo como acusado.
  • Ponele que el límite para hacerse el estúpido con una acusación sea el procesamiento dictado por un Juez.
  • Ponele que se articulan las normas para que las prebendas de pertenencia a determinado grupo político, social o económico sean perseguidas como delitos lisos y llanos.
  • Ponele que los servicios públicos son los mejores posibles y no al límite del caos social.
  • Ponele que las cárceles son el castigo necesario y no el posible.
  • Ponele que el Gobierno que maneja el Estado pelea con todos los monstruos (reales o imaginarios) que quiera, pero básicamente habla a través de sus actos de gobierno. 
  • Ponele que "todos los habitantes" son "todos los habitantes" y no "los que nos votaron", con especial cuidado de no dejar afuera a las minorías.
  • Ponele que la única condición para recibir una ayuda estatal preestablecida es necesitarla de manera fehaciente.
  • Ponele que "la agenda" es todo aquello que le concierne al bienestar del pueblo y por lo que el político en campaña postuló su representación y no las necesidades electorales, de construcción de poder político o económico, actuales o futuras, del partido o alianza que lo propuso a administrar los bienes públicos.
  • Ponele que se tomen como actos de gobierno los anuncios y/o promesas desde el comienzo mismo de la campaña electoral y hasta la finalización del mandato correspondiente y que los mismos pueden ser interpelados en cualquier momento por las Cámaras correspondientes y/o tribunales específicos, dictándose la "inhabilidad electoral" por ejemplo de los mentirosos con carisma (o con Duranes Barbas) que incumplen de manera continua y a sabiendas todos sus compromisos con el electorado.
Ponele que, después de eso, vienen y te dicen: "¿Querés que hagamos más? Votanos de vuelta". ¿No los votarías con los ojos cerrados? ¿Y por qué los votás sin pedirles nada? ¿Sos pelotudo o qué?

25 julio 2012

El menos peor.


Queda cada vez menos espacio para el "apoyo crítico". Escapa a la política y a la posición que cada uno tenga acerca de si la derecha esta acá o allá. Quizá ya estemos pisando terreno psicológico en muchos casos, fenómenos tales como la "persistencia en el error", síndrome de Estocolmo, o simple falta de ganas para pensar qué queremos y a quién queremos cuando nos toque elegirlo.
Pero está produciéndose una divisoria de aguas, ciertas cosas están tomanto un matiz preocupante y del que no se puede permanecer ausente: estás de acuerdo con esto o no, es cortito.

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23 julio 2012

Correr en bolas hacia el abismo.

Muchos se consideran interpretados y se identificaron, la semana pasada, con la nota aparecida en La Nación de Alejandro Katz; de hecho, me resultó bastante paradójico que en La Nación se preocupen del progresismo; más bien, creo que les interesa más sus críticas al kirchnerismo que su condición de progresismo en sí.
Sin embargo, hace rato que creo que debatir con el kirchnerismo su relato es aceptar atacarle su muñeco de paja. La cuestión no es señalar su necesidad de la cadena nacional por día, sino confrontarlo con su incapacidad evidente de convertir en realidad eso que relata y su creciente necesidad de disociarse de esa incapacidad. 
Para quienes no profesamos la fe, está muy claro que para sostenerse el kirchnerismo necesita de prensa adicta, estadísticas falsas, intelectuales aplaudidores, épicas ficticias, revolucionarios a sueldo y llevar el quid pro quo a la categoría de ideología. Sabemos que toda alusión a la realidad cruda y global se considera destituyente (casi por definición), incluso salirse del canon oficial de santos y demonios lo es. Pero lo último que necesitamos es un 678 opositor para predicarle a los conversos. Más bien, todo lo contrario.
Las mentiras de los Szpolski y los Gvirtz -por mandato- son un espacio cada vez más grande entre la realidad argentina y la ficción kirchnerista y cada cadena nacional un episodio más extremo de la neurosis del Poder; lo que es mucho más preocupante: estamos mal pero vamos a estar peor porque estamos cada vez menos posibilitados de aplicar soluciones.
El problema no es la prensa adicta, el intelectual torvo, la presidente como showoman. El problema no es aplaudir los ropajes del rey desnudo; el problema es que el rey corre en bolas y a los gritos hacia el abismo y nosotros vamos tres pasos detrás de él.

29 junio 2012

Luces peligrosas.


Me ilusiono cuando alguien me tiene que dejar por algo mejor. No es que me sienta poca cosa o que mi estándares sean pequeños; todo lo contrario. Entonces, siempre supongo que es algo tan bueno, superior, superlativo, que hasta siento admiración por quien tiene la oportunidad de trascenderme. Coartarle el acceso a sus sueños sería el más mezquino acto del mal llamado amor, que no es más que egoísmo y desprecio por el otro.
Sin embargo, aprendí que a veces es una mera excusa para ocultar un descenso a los infiernos. Se abandonan a sus flaquezas en una derrota que venden por victoria augusta. Es difícil verlos, me pasó con ex parejas, amigos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos. Me pasó a mí, tantas veces.
A veces es mala suerte (si la suerte existiera), también.
El premio, como toda consecuencia de nuestros actos, es también castigo; y no faltan velas para las mariposas de la noche.
Siempre, el peor y más habitual de los enemigos es uno mismo.

28 junio 2012

Conmigo no, Moyano.

No puedo entender a la izquierda argentina -y mirá que intento. Hace aproximadamente dos décadas que me confunde su tontería infantil, su análisis torcido, la interpretación neurótica de sus actos y los ajenos, que, como ejemplo reciente, la lleva a pretender soplarle el movimiento obrero al justicialismo (tentación que viene de hace mucho más que veinte años) en sus propias barbas, aún a costa de perder a sus propios compañeros en el camino.
En la cabeza de los dirigentes y de cada dirigido que fue hoy a la plaza, se instaló esa tonta ilusión: se puede agujerear la bolsa de la burocracia sindical, no mientras duerme su pachorra entreguista, sino cuando está en plena actividad, cosechando eso que no cosecha la izquierda: más compañeros, más voluntades.
Los argumentos usados, sin que quieran darse cuenta -o sí, qué se yo cuánto cinismo puedan tener- eran de doble vía y bastante cacofónicos: "vamos a usar a la burocracia para disputarle a la burocracia un acto de la burocracia con las mismas consignas de la burocracia". Yo no las entendí en particular, pero en general no comparto nada que signifique seguir el programa de Moyano, que no es obrero y a quien le niego, por eso mismo, su representatividad. Esta estrategia -o excusa- delirante se mezcla con una especie de ética obrera (como si los obreros que permanecen en los gremios que adhieren al kirchnerismo o a ninguno de los dos no fueran obreros) y una esperanza casi religiosa en tener esperanza, fe en que un día la tarea de socavar la credibilidad de la burocracia dará frutos.
Lo peor es que esta cuestión tendrá a la izquierda entretenida y enfrentada por décadas: mientras iban por los peronistas insultaron al compañero que encontró reluctante sumarse a semejante comparsa llamándolo carnero. Linda forma de construir una izquierda a la que se acerquen los desilusionados ex peronistas. Ojalá esta nueva desconfianza no sea larga, ojalá sepamos los que no fuimos a la Plaza perdonar. Dudo que los que fueron tengan la valentía de ver el error.
El espectro completo está enfermo, y es terminal. Lo más grave es la tolerancia a una agenda que no es socialista, sea opositor o no, poniéndose a su servicio en un intento torpe y fabulador por ganar poder y poner en funcionamiento un supuesto reflujo de masas desde el peronismo hacia el socialismo desde adentro. La historia demuestra que al peronismo en general y al sindicalismo peronista en particular no se lo puede abordar desde la efusión de su liturgia. Para qué abundar, el que no lo sabe no entiende al peronismo. Y yo, es evidente, no entiendo a la izquierda.
Hoy parte de esa izquierda que no había transado con el kirchnerismo y en quién yo había depositado mis esperanzas, le perdonó tácitamente a Moyano su reciente asociación con los responsables del despojo a los trabajadores, su función como desmovilizador de reclamos y cientos de otras cuestiones imperdonables y fundamentales, muchas denunciadas en cientos de los propios panfletos como los que entregaba Mariano Ferreya. Su muerte a manos de la burocracia sindical aliada a las patronales es la más reciente y la más imperdonable afrenta.
Seguirán, en el futuro, entregando panfletos a los indiferentes laburantes que corren a Once, panfletos en los que tratarán de explicar que fueron a la Plaza por esto, que la lucha de clases aquello, que la izquierda que no marcha es carnera, que Moyano es un instrumento, que blablabla. Palabras.
Hoy, en la Plaza, una parte de la izquierda independiente dejó los pantalones cortos, se puso el conchero y se sumó a la comparsa.
Nos vemos cuando despierten, como les digo a los zurdos desorientados que forman parte del cada vez más menguante 54%.

23 mayo 2012

El dólar como arma política.


Dicen que la diferencia entre el dólar oficial que ya nadie puede comprar y el paralelo es de casi 20%. La verdad, entre un dolar que es difícil (el "blue") y otro que es virtualmente imposible de conseguir la diferencia tiende a infinito. Si hasta yo sé eso (traducido a que cuánto más difícil sea conseguir dólares, más caros se van a pagar), entonces no me extrañaría que esta corrida esté siendo provocada por quien, precisamente, está secando de dólares la plaza. No digo que sea adrede, que estemos ante un operativo orquestado desde la necesidad política, sino que no es más que pragmatismo puro: "tenemos este problema, y este y este otro también, así que la solución sería...". Miedo.
Es aventurado, pero lo pensemos un poco. Desde el punto de vista económico, una corrida, catástrofe y posterior "inevitable" devaluación:

  • resolvería el problema de las estadísticas del Indec, que están volviéndose en contra mismo del Gobierno, porque atrasan tanto que parece que fueran de otro país, inaplicables a la vida real y con un falta total de gravitación económica, política o periodística;
  • acomodaría las tarifas deprimidas por el kirchnerismo en su afán de combatir la inflación mintiéndola y que no pueden subirse ni siquiera siguiendo la falsa línea del Indec, produciendo desinversión y que todo termine, directamente, en manos del Estado porque no existe interés legítimo entre los privados (o las provincias) por las concesiones de servicios públicos masivos sin los multimillonarios subsidios que se hicieron hasta ahora, necesarios sólo para hacerlos atractivos y no para mejorarlos ("nadie va a pagar el mejor servicio con aumentos");
  • también licuaría los subsidios;
  • desbloquearía el atraso del precio de los combustibles; ahora que YPF es estatal;
  • bajaría la presión del sector agroexportador, que se está sentando sobre las cosechas y amenaza con seguir haciéndolo; 
  • aliviaría cierta iliquidez en pesos de las provincias que claman por efectivo para pagar sueldos y hasta menguaría el problema de que algunas (Córdoba, Entre Ríos) se larguen a imprimir confetti;
  • permitiría establecer ciertas leyes restrictivas que no son muy lógicas en un estado de bienaventuranza económica;
  • Lavagna como un nuevo Cavallo, porque ya no está "Él" para la caja y está claro que se siente la falta de ministros de economía;
  • un larguísmo etcétera.
Desde el punto de vista político:
  • solucionaría la actual sensación de "fin del recorrido" kirchnerista, que alimenta a los buitres peronistas como Scioli o le da esperanzas a vivillos como Macri y le da aire a Clarín, adelantando una crisis en una etapa todavía popular y de potencia, evitando que llegue durante la desbandada del final del segundo medio período, cuando haya que resolver la re-re (o Alicia y Máximo sigan sin medir) y todos se empujen dentro y fuera del palacio; 
  • aprovecharía la mayoría relativa en las cámaras, con algún "pacto de caballeros" entre los sectores afines al kirchnerismo más conservadores (gremios, oposición-clase media) y con el progresismo que se dolerá por los sumergidos;
  • permitiría al Gobierno victimizarse: "golpe económico", "corrida cambiaria" y un largo etcétera que sería fogoneado sin descanso desde los medios kirchneristas y que le permitiría cambiar de lugar: una cosa es dar cachiporra para mantener el status quo y otro para "salvar a la patria del caos" como hizo Duhalde (ya está todo el dispositivo casi armado: Garré en Seguridad, Ley Antiterrorista, Proyecto X, Gendarmería movilizada como fuerza de choque federal, etc.);
  • Convertiría a la AUH como la herramienta de salvataje para los "compañeros" que queden por debajo de la línea del agua, ya que para eso estará a valores históricos o apenas actualizados (para comprar fideos y polenta, suficiente) y ganar todavía más clientela agradecida por no fenecer de inanición;
  • otro larguísimo etcétera.
Con el kirchnerismo todavía en poder y con posibilidades de seguir o al menos pelearla, el escenario es terrible, pero tiene cierta lógica macabra peronista, kirchnerista y hasta histórica.
"Vamos por todo", dijo en cierto acto, a la "militancia", Cristina Fernández.
No me extrañaría.

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10 abril 2012

Formal y cortés.

"¿Sabés que? Sos una mierda, una bosta de persona. Un desagradecido, un egoísta cruel, un eterno insatisfecho que nunca fue capaz de mirar a otro si no es para sacarle algo, incapaz de aportarle nada a nadie: no importa si lo que podías dar te lo ganaste en buena ley o se lo curraste al gil que te tuvo lástima de tanto escucharte llorar. No importa. Te encanta la puesta en escena de llorar miseria: si hay miseria, que se note, pero sobre todo si no la hay. Esconder todo lo bueno y dejar la miseria afuera, a la vista de todos. Cuando disfrutás algo lo hacés en secreto; no querés que te salten al cuello tus acreedores materiales y espirituales. Existe la posibilidad de amargarle la felicidad a otro, esa felicidad que tanto te incomoda y tanto envidiás. Sos tan malo que hasta te molesta la felicidad del que no tiene nada porque es generoso o despreocupado. Te solivianta que dilapide tu posibilidad de serte útil en algo".
Hasta te olvidaste de sonreír, por miedo a que te estén mirando, no vaya a ser que alguno al que le mentiste la muerte de un familiar, la enfermedad de un hijo, un desengaño, la perfidia cruel de un socio, para conseguir que bajara la guardia, simpatizara, te tuviera lástima, justo esté mirando. La sonrisa es peligrosa y la derogaste o la vendiste. Sonreír es como silbar, se hace con el alma. La tuya, pérfida y ponzoñosa, la empeñaste hace años por un cuarto de helado, o para que te perdonaran una mentira o por tu eterna falta de puchos".
"Te escuché reír, sí, fuerte, con esa risa chabacana y cruel que busca la hilaridad general, la complicidad del grupo, el descerebramiento colectivo, el aturdimiento. Tu risa también es tranquilidad para vos: -¿cómo nos vamos a llevar mal, cómo vas a sospechar de mí, si nos reímos? -te decís aliviado. La risa graznada del payaso triste que intenta contagiar y, en tu caso, distraerla de tu intranquilidad de estafador pasado o futuro. Te encanta reír, por eso. Siempre hay alguien que te provoca reír, sobre todo, involuntariamente y a su costa. Porque tu risa denigra, es mala, una tiña asquerosa. En el fondo, cualquier persona cercana es alguien que te pone incómodo, si está en silencio, peor. Porque el silencio te mata, abre camino a la observación, a la contemplación, y ser objeto de atención sin tu control te pone muy nervioso, porque pueden aparecer preguntas o definiciones. No aguantás estar solo, pero es preferible a compartir el quieto rumor de los pastos creciendo, la mirada mansa que busca en tus ojos una emoción auténtica, la posibilidad de que quieran entreabrir la lóbrega puerta que guarda tus tripas. Porque para vos hablar no es hablar, comunicarse, no. Es inocularle al otro una parte de tu Yo que lo infecte, lo turbe y lo estropee; tus opiniones siempre llenas de prejuicios, sospechas, pareceres perversos, es lo peor de lo que queda de tu humanidad. Porque tu papel es el de un Yago eunuco, esclavo eterno del personaje de agente putrefactor, incapaz de erguirte, deforme e impío, entre los leales y dignos si estos no se mutilan entre sí por tu veneno".
"Ahora que lo pienso, venís de una jerarquía de esclavos e imbéciles que dotan a su progenie con lo peor de cualquier alcurnia: tu padre, el dominado de tu abuelo, que dominaba a todos en tu casa, especialmente a tu madre; ésta, que se afanaba especialmente en vos para devolverle al padre la humillación en forma de hijo; vos, cóctel de trastornados, que te descargaste con tu mujer y tus hijos simplemente porque fuiste incapaz de dejar de ser un niño miedoso. Para ellos sos grande: te llevan en los genes, pero especialmente, en sus cabezas, tus víctimas primigenias. Si tienen suerte, un día se rebelarán y en esa rebelión, sólo por oposición, serán buenas personas. Así de malo sos".

23 marzo 2012

Fuera de la pared

Recuerdo la tarde en que al fin rompí el hielo con Mónica, después de haberla visto deambular por el pueblo por casi dos años. Era apenas dos o tres años más grande, pero a mis catorce eso era casi una generación de diferencia y era aterrador; terror quizá algo exagerado porque las fijaciones secretas temen ser descubiertas. Yo estaba realmente obsesionado con las chicas "más grandes" y lo vivía como una anormalidad más en mi vida, que debía quedar sujeta a mi fuero interno y lejos de la mirada ajena.
Teníamos un par de amigotes en común, mi hermano era amigo del suyo, había puntos de contacto cercanos pero no tenía una oportunidad de presentarme. Se dio, muy impensadamente, a raíz de "The Wall", la película de Pink Floyd dirigida por Alan Parker. En una incómoda reunión improvisada en la calle, con esas tardes eternas de adolescencia de pueblo sin Internet ni Wii ni nada parecido, nos encontramos junto a varios amigos en común, al fin, llenos de aburrimiento etario -el aburrimiento en común suele creerse más ameno, sobre todo a esa edad.
Mónica, por hablar de algo, contó que había visto "The Wall" en Córdoba. Toda mi timidez desapareció instantáneamente: le pedí que me la contara, de punta a punta. Le brillaron los ojos, hacía tiempo que quería compartir con alguien esa experiencia pero aún no había encontrado una oreja dispuesta. Me senté junto a ella, en un banco de la plaza del pueblo, un poco separados del grupo y mientras ella cargaba mi entrenado "proyector" cerebral con las imágenes de la película. Mi conocimiento exhaustivo del disco nos permitió digresiones temporales pero no definitivas, y fuimos tema por tema, deteniéndonos cada vez más en sus impresiones, sus juicios y mis intentos de entender la montaña de datos que faltaba. Dos horas después quedamos solos, cerca de las ocho de la noche en invierno, con frío, llegando por fin a "The Trial".
Mónica fue después una gran amiga y la compañera ideal para jugar al truco, capaz de mentirle una falta envido al Viejo Vizcacha en su propia cara y ganarle. Ahora es abogada; hace poco me la crucé en Tribunales, cuando fui con mi ex esposa a la audiencia obligatoria previa a nuestro postergado divorcio.
Volvamos un poco a las nubes de Úbeda:
La primera versión que tuve de "The Wall" cayó en mis manos por febrero o marzo de 1980, unos dos años antes de la tarde en que conocí a Mónica. Nos pasamos, con mis amigos, todo ese verano escuchando "Another brick in the wall Part II""Last train to London" de ELO (era un poco anterior pero se puso de moda con el calor, como suele pasar). El recuerdo está bastante reforzado porque ese verano fue particularmente intenso: el primero del exilio interior en la villa serrana, el momento en que me descubrí adolescente, tuve mi primera novia y escapé a un boliche por primera vez. Todo pasaba por su primera vez, ese verano. Doloroso.
Esa primera versión, editada por EMI Argentina, estaba cortada por la censura de la Dictadura: no tenía las letras en el sobre y faltaban "Another brick in the wall Part II", "In The Flesh?" y el solo final de "Comfortably Numb" estaba cortado después del segundo estribillo, omitida toda la gloria de Gilmour. Sin embargo, como estaba de moda "Another...", me lo grabé en cassette de algún amigo que lo tenía. Gritábamos, con el puño arriba, "Hey! Teachers! Leave the kids alone!", con una significación totalmente argentina, cargada de bronca por la represión escolar que estaba siendo aprovechada vilmente, al calor de la coyuntura política que odiaba todo lo joven y lo nuevo, por profesores y autoridades educativas conservadoras (la mayoría) para su conveniencia y nuestro agobio. Gritarlo era gritar contra nuestros padres, maestros, autoridades, contra los que sospechábamos cómplices por el silencio o el directo aprovechamiento de lo que sabíamos que estaba pasando. Yo lo sabía, por lo menos, y también mis amigos.  Esa canción, una crítica al represivo sistema educativo inglés que inesperadamente cobraba significado en Argentina, sería el preámbulo de otra coincidencia tremenda apenas dos años después: los adolescentes que en la Argentina de 1980 tenían dieciséis años se enfrentarían con los hermanos mayores de los adolescentes de allá en una guerra estúpida que dejaría la tierra regada de tripas, sangre y preguntas que todavía siguen sin respuesta.
"The Wall" significó la comprensión -por primera vez y verificada en tiempo real- de que se estaban metiendo en mi cabeza y que el objetivo primordial de ese mundo adulto al que ingresaba era que no juzgara por mí mismo, que la "pureza" de mi mirada de niño reciente fuera abandonada por el bien de la sociedad que acepta e impone situaciones fuera de toda lógica y posibles porque, en realidad, comulgan con lo peor de todos nosotros. Siempre me resistí a asimilar mi cordura personal a la locura mundana, disfrazada de cordura. 
Crazy,
Toys in the attic, I am crazy,
Truly gone fishing.
They must have taken my marbles away.
Crazy, toys in the attic he is crazy.
A medida que crecí, "The Wall" fue un acompañamiento de etapas de acuerdo a la edad y a la experiencia. Una vivencia personal renovada y que se realimentaba, siempre la escuché de principio a fin, desde "In the Flesh" hasta "Outside the Wall"; en la intimidad, a oscuras, y sobre todo si tenía alguna pena importante en el alma. Hubo lustros enteros en que no pude o no quise escuchar el disco ni ver la película (la cual es mi record personal absoluto de "películas vistas más veces", en una estimación grosera, que va de cien a doscientas). Siempre sospeché de los que se dicen "fanáticos" y se aburren o adelantan la parte entre "Young Lust" y "Comfortably numb". Dudo mucho que la entiendan, incluso. Me separan demasiadas cosas de ellos. Como de este Roger Waters que vino recientemente a la Argentina: no fui a ver "The Wall".
Antes y después de la primera separación de Pink Floyd coleccioné los discos de casi todos los integrantes, sobre todos los de Waters y Gilmour, seguí sus carreras y sigo teniendo en algún formato digital casi todo, aunque con los años sólo seguí realmente al único músico que siguió adelante: David Gilmour. Roger Waters, en mi opinión, cayó en un pozo profundo como letrista y agotó su mirada musical sobre el rock de los setenta y la psicodelia de los sesenta en "Radio Kaos", su mejor disco solista. Sin los necesarios aportes del resto de Floyd quedó reducido al actual poeta abrumado por la controversia ideológica del liberal multimillonario, un tanto conservador y timorato que es el que compuso "Amuse to Death". Intentó, atento a sus limitaciones como músico, rehacerse con otros "gilmours" putativos como Beck o Clapton pero terminó en un gran negocio unipersonal, digno de su actual estado de artista acabado: hacer el "Cirque du Soleil" de "The Wall". Dudo que sepa por qué hizo nueve estadios en Argentina, qué puntos de contacto hay entre esa muchedumbre sudorosa que cantaba "Daddy what you leave behind for me?" y sus propios daddy issues que lo inspiraron en buena parte. Ni la muchedumbre ni él, tampoco, se parecen demasiado.
"The Wall", me puso en guardia, cuando era cada vez menos niño sobre los consensos masivos, las multitudes enardecidas y llenas de certezas; a buscar adentro de uno lo que vociferan aquellos que sacan provecho con la masificación, la alienación y hasta con la amenaza de la soledad. Porque el mensaje principal que leo en The Wall es "te vas a quedar solo si no aceptás la locura general". La locura de ir a estadios, por ejemplo.
Por último, después de tanta negrura introspectiva, "The Wall" me dijo (y me dice) que es necesario salir, que todo lo que denuncia y subraya no es excusa para no vivir, y que hay que buscar a los corazones sangrantes y a los artistas, fuera de la pared:
All alone or in twos,
the ones who really love you,
walk up and down outside the wall.
Some hand in hand,
some gathering together in bands;
the bleeding hearts and the artists
make their stand.
And when they've given you their all,
some stagger and fall -after all it's not easy;
banging your heart against some mad buggers wall
Solitarios o en parejas,
los que realmente te aman
pasean fuera de la pared.
Algunos de la mano,
algunos reuniéndose en grupos;
corazones sangrantes y artistas
hacen su intento.
Y cuando te han dado todo,
algunos tambalean y caen -después de todo no es fácil;
golpeando tu corazón contra un maldito muro enloquecedor.

08 febrero 2012

Canción para los días de la vida.


No sé, no entiendo mi tristeza. Hacía años que no lo seguía, que nos habíamos distanciado como público y artista. Por supuesto, yo estaba al tanto de sus cosas, era imposible no estarlo, y mi respeto habitualmente pensaba en él antes que en ningún otro, cuando quería poner un ejemplo -quizá porque nunca tuve que reprocharle nada; más bien, todo lo contrario. Dejó tanto para tanta gente que pretender que se quedó con algo es de muy ingrato; a mí su talento me había excedido sobradamente.

Los discos (o cassettes, claro) que tuve de él:
Todos los de Almendra.
El de Pescado que no es Artaud (que nunca conseguí).
Todos los de Invisible.
Todos los de Jade.
Spinettalandia y sus amigos.
A 18' Minutos del Sol.
Only Love can Sustain.
Kamikaze.
Bajo Belgrano.
Téster de Violencia.

Hablé con él una vez, no recuerdo si para una de las reuniones de Jade (después de Bajo Belgrano o Tester, los últimos discos que compré), hace muchos años. Actuó como un tipo normal que sabe que es especial, éramos tres o cuatro fanáticos acosándolo a preguntas estúpidas típicas de fanáticos de Spinetta; es decir, nos creíamos re inteligentes y esperábamos de él un reconocimiento que llegó más bien en forma de cariño y en una voz muy bajita y cálida "porque tengo que cantar". 
Andaba caminando, solo, con una camperita azul eléctrico de tela de avión y un pantalón rojo (que me parece usó muchas veces) por cierta capital del interior del país, en la que iba a tocar por la noche como "capítulo cultural" de una feria. Hablamos de música, claro, porque nos interesaba saber qué escuchaba, "mucho rock inglés", nos dijo, "ahí está todo". Tiempo después leí "Guitarra Negra" y lamenté no haberle preguntado qué leía, aparte de Castaneda. Le pregunté de su famosa Roland de grafito, y me dijo que era "una guitarra difícil".
En aquellos años discutíamos de quién era realmente "Castillo de Piedra" y en vez de preguntarle si era de él o de Pappo, le preguntamos si seguía enojado con él (por lo de la guitarra que le regaló al Carpo y que éste le vendió a Nebbia) y nos dijo que andaban uno de noche y el otro de día y que por eso creía que nunca se iban a volver a encontrar. Mucho después me enteré que esa pregunta era una de las pocas realmente incómodas que le podías hacer, porque lo había idolatrado de verdad y casi se había muerto por eso.
El Flaco, entre otros que ya no están. Podría no dolerme.