Entre los ganadores del 29N destacan dos fuerzas de centroizquierda que pueden tener la llave de la legislatura: el partido Social Democrats, fundado en 2015 y cuya líder Holly Cairns dio a luz felizmente una niña durante la jornada electoral, que casi ha duplicado sus votos y sus escaños (4,8%) aupándose como cuarta fuerza de la Dáil, y el histórico Labour Party, que gracias a conservar su nivel de voto (4,6%) ha incrementado notablemente sus escaños hasta duplicarlos.
Algunos analistas consideran que la división de la izquierda en tres candidaturas (SF, SD y Labour) han regalado el gobierno al centroderecha y han impedido lo que hubiera sido un giro inapelable hacia la agenda social. Ahora todas las miradas se centran en que socialdemócratas y laboristas quieran sumarse para apuntalar la coalición gubernamental.
Para los analistas todo es fácil: FF y FG se acercarán a la mayoría absoluta y necesitan un tercer socio, siendo los Socialdemócratas y/o los Laboristas las mejores opciones. Pero nada es tan sencillo. Las primeras reacciones desde estos partidos son de cautela. Sin descartar explícitamente unirse a una gran coalición FF-FG, su primera opción será dialogar dentro del bloque de la izquierda. El domingo, la líder laborista Ivana Bacik reiteró que la prioridad de su partido es construir una plataforma «a la izquierda» antes de hablar con Fine Gael y Fianna Fáil sobre su posible entrada en el gobierno. La líder de los socialdemócratas, Holly Cairns, declaró que sentía que su partido estaba en una posición muy fuerte para “desempeñar un papel importante en la próxima Dáil. En qué posición, en el gobierno o en la oposición, aún está por verse”. La cautela se debe al coste que tendrá acceder al gobierno (recordemos la debacle verde) y al precio realista que se podría exigir a cambio de apoyar una coalición que probablemente necesitará muy pocos votos para alcanzar la mayoría absoluta. «No tenemos la influencia necesaria», declaró el domingo un alto dirigente laborista, mientras otras figuras creen firmemente que no deberían considerar la entrada en una coalición sin otro socio más pequeño a bordo.
Ciertamente la suma FF-FG podría quedar a uno o dos escaños de la mayoría absoluta (que estará en 88 tras la ampliación de la Dáil). En ese caso, es probable que el futuro Taoiseach (primer ministro) se conforme con atar el apoyo de algunos independientes (lo que le saldrá más baratos en términos políticos y presupeustarios).
A medida que avanza el escrutinio, gana peso entonces la otra alternativa que tendría un segundo gobierno FF-FG: buscar el respaldo de un puñado de diputados independientes. En este sentido, varios independientes ya han expresado su disposición a buscar un acuerdo con los grandes partidos. Algunos de ellos ya hablan de conformar un bloque como el Grupo Regional de Independientes de la anterior legislatura, del que formaban parte Seán Canney, de Galway Este, Michael Lowry, de Tipperary, y Verona Murphy, de Wexford, que han repetido mandato. Se muestran abiertos a colaborar con quien gobierne, hablan de sentido común y ponen por delante las necesidades de los electores de sus circunscripciones. También coinciden en eso los hermanos Micheal y Danny Healy-Rae, de Kerry.
Los perdedores: ministros sin escaño
Ilustres parlamentarios que han perdido sus escaños: desde el principio del escrutinio se veía que varios ministros iban a tener problemas para revalidar sus actas, y así ha sido finalmente. No repetirá en la Dáil Catherine Martin (del Partido Verde), ministra de Turismo, Cultura, Gaeltacht, Deporte y Medios, ni tampoco los ministros del Fianna Fáil Stephen Donnelly, de Sanidad, y Anne Rabbitte, de Infancia, Igualdad, Discapacidad, Integración y Juventud.
Otro ilustre que se queda sin acta de parlamentario es el veterano Bernard Durkan, del Fine Gael, que ha ocupado escaño en Kildare Norte desde 1982. Ahora, 42 años después, los electores le han «jubilado».
También han perdido sus escaños de forma estrepitosa dos parlamentarias que fueron elegidas por el Sinn Féin en 2020 y que en esta ocasión han concurrido como independientes: Patricia Ryan, por Kildare South, y Violet-Anne Wynne, por Clare, eliminadas en los primeros recuentos sin ninguna opción.
Mejor suerte ha tenido Brian Stanley, que ha revalidado su escaño como independiente tras abandonar el SF en medio de acusaciones de abuso sexual. Superó por menos de 3.000 votos a la candidata oficial del SF Maria McCormack y ganó el último escaño en liza. A finales de julio una mujer le acusó de abuso sexual, la líder del SF Mary Lou McDonald tomó cartas en el asunto, escuchando primero a la denunciante y después a Stanley, que alegó que la mujer le había exigido 60.000 euros para no seguir adelante con la denuncia. McDonald aseguró que el partido había hecho todo lo que estaba obligado a hacer. En octubre, descontento por cómo se estaba desarrollando la investigación interna, el diputado abandonó el partido. El viernes sus electores “lo absolvieron” en las urnas. Su esposa, muy activa en esta campaña, ha declarado que estos meses han sido un infierno para toda la familia.