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        <title><![CDATA[Stories by Ángela Cantalejo on Medium]]></title>
        <description><![CDATA[Stories by Ángela Cantalejo on Medium]]></description>
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            <title>Stories by Ángela Cantalejo on Medium</title>
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            <title><![CDATA[Yo escribo para ti y para ti.]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Tue, 30 Sep 2025 11:31:30 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-09-30T16:13:31.289Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Yo escribo para ti y para ti. A lo mejor lo leen también otras personas, pero me da igual si eso pasa o no. Bueno, puede que no me de igual si me sale muy bien, aunque lo pienso todos los días para si que me de igual. Yo quiero escribir un libro para ti y para ti, y que podáis leerlo y tocarlo, y leerlo y tocarlo, y que os guste lo que leéis y tocáis. ¿De qué tengo que escribir entonces? ¿Qué queréis que escriba? ¿Queréis que escriba de tortugas? ¿Fútbol? ¿Bleyblades? ¿Queréis que escriba sobre gente muy pro? ¿Sabéis? yo quiero que tú y tú me leáis ahora, pero que tu futuro tú y tu futuro tú me lean también. Ambiciosa ¿eh? Ya, yo qué sé. ¿Creéis que podéis leer sobre unos patos o el inframundo? ¿O sobre una mujer a la que veo por las mañanas y en la que pienso mucho, mucho? Yo creo que sobre esta mujer sí. Tú y tú podríais leerlo ahora y ya después tú y tú también, así que lo voy a escribir:</p><p>Muevo las piernas y me fijo con atención en cómo van al compás los músculos del cuerpo. El corazón hace turún-turún, los pulmones se inflan y desinflan entre las costillas y los gemelos tiran con esfuerzo del cuerpo mientras intento ir lo más recta posible. Muevo los brazos, uno y después el otro, y alargo los sentidos hacia los dedos. Son mi parte favorita, sobre todo los de los pies. Los separo y estiro dentro de las zapatillas. Siento como tocan la suela, que toca el suelo, e imagino el castañeo que harían con unos palillos enganchados a los dedos gordos de los pies.</p><p>Son las nueve de la mañana. No ahora mismo mientras escribo, tampoco lo serán cuando lo pase a ordenador; son las nueve de la mañana cada día durante cuatro meses cuando la veo. Lleva un abrigo que abulta como dos y un pelo largo y rubio que brilla aunque no le de el sol. Las gafas que usa ocupan media cara y lleva los labios de un rojo perfecto, satinado. Creo que ronda los sesenta años, pero si me dicen que tiene doscientos quince para doscientos dieciséis y que sobrevivió a la peste bubónica también me lo creería. No estoy segura del color de sus ojos, así que es probable que los tenga de todos los colores.</p><p>Siempre está tranquila o por lo menos lo parece. La veo sentada en la terraza del bar de la esquina. Quiero que tú y tú os imaginéis la escena, es muy importante. Puedo ser más exhaustiva en mis descripciones y añadir algunos elementos que os sean lo suficientemente familiares para que os aparezca en la cabeza como por arte de magia. Puedo añadir que la luz de las mañanas suele ser limpia y nítida, y que el aire frío entra por las fosas nasales y obliga a hundir un poco más las manos en los bolsillos del chaquetón. Exactamente como os pasa cuando salís corriendo al colegio una mañana de invierno. Aquí no hay árboles cerca que hagan crecer la manta de hojas que se acumulan en vuestro camino, pero sí huele a rana y a cangrejos en descomposición muchas veces. Espero que no os resbaléis con las hojas, yo intento no hacerlo con la humedad de los adoquines. La acompaña siempre un señor calvo y arrugado que no parece nunca tan tranquilo y a gusto como ella. Los dos están tomando café. Bueno, él está tomando café, ella una cocacola. Para ser más exacta: dos cafés y dos cocacolas. Dos cafés, dos cocacolas y dos personas en la terraza de un bar a las nueve de la mañana, a lo mejor no parece mucha cosa. Los paseos a nuestra casa son cada vez más frecuentes. En el bolso llevo a ratos unos planos dibujados con lápices de colores o unos azulejos, o un grifo y una bombilla. Por las noches, cierro los ojos y pido algunos deseos. Mientras, los días pasan, las tareas se acumulan, se despachan y vuelta a empezar. Cuando me retraso y no la veo, siento que las cosas son mucho más tristes y pesadas.</p><p>Un día con la luz de media mañana, voy concentrada en mi cadera y mi útero. El corazón sigue haciendo turún-turún y la rodilla que cruje a veces, a veces cruje. Los pájaros pían, los bebés pasean bajo el sol caliente y pasan los coches y las carretillas volando por las calles. No volando, volando, simplemente volando. En la mesa de un bar veo dos cocacolas pero no es la hora ni el lugar de siempre, ya la vi antes. Aún así, allí está. Dejo de pensar en mis caderas y en mi útero, desde luego no son tan importantes y me concentro en ella. Creo que su pelo es una peluca pero que su abrigo si está hecho con el pelo de algún animal y que sí: dos más dos son cuatro.</p><p>¿Cómo de grande es una barriga? ¿Cómo de grande es un estómago? En algún momento tú y tú aprenderéis que el pipí es sangre filtrada. También que el gas que rellena nuestro cuerpo en realidad está solo en los intestinos ¿Cuántas cocacolas caben entonces en un cuerpo? Yo no lo sé. En la barriga que todavía considero mía, hay algunas cosas que no tendrían que estar ahí pero están y aún así siento que guardo tantos gases de distintos tipos, que algún día se harán un lío y estallaré como un cañón de confeti. Yo como fibra y levanto pesas por si acaso.</p><p>Ojalá escuchar uno de los pedos de la señora de las cocacolas. Ojalá poder presenciar aunque sea uno de sus eructos. Seguro que son tan fuertes y bien estructurados que no huelen a nada. Salen de su cuerpo como pompas de jabón gigantes, donde duerme la siesta mientras flota, de bar en bar, esperando las siguientes cocacolas. Creo que eso es exactamente lo que acaba de pasar. ¿Os gusta a ti y a ti que escriba sobre pedos? A mí sí. Espero que tú y tú, y más tarde el tú y el tú de cada uno, os peguéis unos pedos increíbles y unos eructos asombrosos.</p><p>A veces cierro los ojos y pido unos deseos.</p><p>Puedo escribir sobre una cosa y otra cosa y otra cosa en papeles muy chicos. Puedo guardarlos en una casa y vosotros podéis entrar siempre que queráis. Allí estarán todos los papelitos que he escrito esparcidos por todos lados. Esto es bastante cursi, pero es así como lo imagino cuando quiero escribir para ti y para ti, y para ti y para ti, que es siempre que quiero escribir.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=da29f7f1d6e5" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Dos palomas revolotean en el filito del bloque de ladrillos de en frente.]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 20 Apr 2024 18:05:39 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2024-04-20T18:12:38.099Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Dos palomas revolotean en el filito del bloque de ladrillos de en frente. No las ves muy bien, así que te imaginas que una está más gorda de lo normal y que otra es de las que tienen el pescuezo del mismo color que los patos esos que también tienen como un collar blanco y que es como terciopelo verde pero bien hecho. Dentro de un par de semanas se casarán, decides, lo harán en uno de los naranjos que ya están en flor de tu calle y tú, no solo serás la invitada de honor, sino que también llevarás unas alianzas diminutas de oro macizo como en la boda de la prima Rocío.</p><p>Entre las ramas del naranjo, llevas el vestido que nunca te has podido poner porque a las palomas les da igual que te esté grande y brillas como el cristal tallado de la Sagrada Familia que te trajo Felipe de recuerdo de Barcelona. De una boda sale otra, pero no tienes muchas ganas de emparentarte con unos pichones tan pronto, así que te vas lanzando un beso al aire y despidiéndote en italiano; <em>arrivederci, arrivederci,</em> elegante y grácil como solo tú sabes hacer. Todavía distraída, pensando en cómo flotaría la tela de tu vestido prendida de un árbol, rebuscas entre la pila de cuadernos y sacas tu favorito. Del estuche, ceras blandas, dos lápices con distintas minas, como las profesionales y un rotulador azul para pintar la escena. De repente, son veinte hojas llenas de dibujos de pájaros, flores y vestidos que flotan en el aire primaveral y a ti te crecen en el pelo ramitos de azahar y jazmines que lanzas a los admiradores que te cantan serenatas debajo del balcón. Esto que cuento es un recuerdo.</p><p>Ahora, en tiempo presente, en la mesita de la terraza se te enfría el café mientras piensas en cuál sería la palabra más exacta para terminar un verso: ¿un adjetivo? ¿verbo? ¿sustantivo? Escojas cual escojas, ¿es este un ejercicio de sinceridad ante el poema, ante ti? Decides levantarte, estirar un poco las piernas y ver qué hay en el frigorífico: un tomate, una lata de atún a medias, dos calabacines, una bandeja de champiñones que se están poniendo pochos y un bote que lleva tanto tiempo allí que ni lo cuentas. Hay más cosas, pero este ejercicio sigue sin servirte para nada. ¿Por qué un poema? Te pregunto yo, ¿por qué no? Contestas tú. He hecho tantas veces esta pregunta y he tenido otras tantas esta misma respuesta que escuchar otra cosa me parecería mentira ¿Pero por qué sí? Insisto. Me ignoras, pero creo que te enfadas. Recoges la taza, tiras el café por el lavabo del cuarto de baño y la dejas ahí encima como si ese fuese su sitio. Fuera, el sol no termina de salir detrás de una maraña de nubes que no deja claro si va a llover o no. En tu cabeza, empieza a sonar la cancioncilla de la virgen de la Cueva como cada vez que piensas en la lluvia. Apoyas la barbilla en la barandilla y decides cerrar los ojos como si esto fuese un ejercicio de concentración y no uno de contención ¿Qué pasaría si saltas? Pregunto ¿Crees que se esparcirían por el suelo las tripas? Estoy seguro de que, a esta altura, algún trocito de cráneo saldría dando botes como un chino en una charca. Abre los ojos y mírame, ¿de verdad no tienes curiosidad? ¿se asomarían los vecinos a ver qué ha pasado? ¿se sorprenderían al verte allí despanzurrada? Estarías tan guapa. Saldrían de ti borbotones de todos los rojos, te tirarían crisantemos y rosas amarillas, escogerían con cuidado los ramitos que ceñirían a tu nombre y los sollozos se convertirían en canciones que tocarían muy despacito arrullando el luto. De negro se teñiría el cielo y caerían mil rayos que sacudirían todos los cuerpos que no fueron los tuyos. Y yo, chiquita, yo te lloraría día y noche en el nido que me haría con tu pelo y llevaría orgulloso las plumas rojas que nacerían de mí al revolcarme en tu sangre. Abre los ojos y mírame, ¿no te parecería eso bonito?</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=b02b65cb15a9" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Hay una casa, dos casas, tres casas, cuatro casas.]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Tue, 24 Oct 2023 11:23:25 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2023-10-24T11:53:39.439Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Hay una casa, dos casas, tres casas, cuatro casas. En cada casa hay una bola de pelo que se engancha a cada silla que se mueve. Hay una pelota de goma dando bandazos de arriba abajo entre las paredes. Rompe un cuadro, tira una planta; rebota contra la pila de libros que hay en cada una de las mesitas de noche de las cuatro casas. Soy muy pequeña, soy muy flexible, estoy muy enfadada. Me expando y ocupo una casa, dos casas, tres casas, cuatro casas. Soy un pan a medio cocer, un trozo de chocolate derretido. Se me acercan los mosquitos y las moscas y anidan en mí sus gusanos que brotan de mi pecho que luego se esconden en los quicios de mis puertas. Me comen las hormigas, me comen los ratones y soy la hiedra que levanta la pintura que crea la humedad que recoge el moho que se convierte en musgo. Se tejen las telas de araña en una casa, dos casas, tres casas, cuatro casas. El plástico que vuelve a recubrirme amarillea y solo alcanzo a dar vueltas por el suelo donde se me pegan los pelos y el pis de los gatos que ahora viven aquí. Aquí mis ventanas, aquí las puertas. Las hormigas se amontonan en mis comederos y hacen cadenas para transportar los cachitos de pienso que caen al suelo al masticar. Me reblandezco, me endurezco y me cuelo minúscula por los caminos entre la tierra y los ladrillos de esta que sí es mi casa. Me amontono, me acurruco y tranquila me quedo dormida. Crecen en mí las paredes y las raíces y las ventanas y los pelos y el suelo y las uñas y los bichos y la tierra y los ratones y los frutos y la harina y las bocas y los ojos y las manos. Yo ahora te veo, yo ahora te palpo.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=ac03e167103c" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Ante las posibilidades que se abren hoy ante mí (ponerme las gafas muy rayadas para ver o no…]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Thu, 16 Feb 2023 21:12:48 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2023-02-16T21:12:48.214Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Ante las posibilidades que se abren hoy ante mí (ponerme las gafas muy rayadas para ver o no ponerme las gafas muy rayadas para ver; recoger las miguitas de pan o no recoger las miguitas de pan; escribir sobre ti o no escribir sobre ti) escojo siempre las más divertidas: ponerme las gafas a ratos, recoger las migas para esparcirlas por el suelo, escribir sobre cualquier otra cosa que no seas tú.</p><p>En otro día, en otro momento, las posibilidades, siendo las mismas o no, arrojarían siempre los mismos resultados. Negarte la presencia en lo que escribo me parece un capricho que nunca, nunca, deja de divertirme. Tú no existes aquí.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=41ee4649703d" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Aprovéchate!!]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 12 Dec 2022 14:32:54 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-12-12T20:49:42.588Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Aprovéchate!! Confort &amp; relax. Calidad al mejor precio. Tres fuentes distintas han usado para escribir eso. El fondo es turquesa y a su derecha hay una foto de un chico y una chica sonriendo con la boca abierta y abrazados. Ella rubia y con el pelo largo, él medio calvo. Debajo, las medidas de un sofá en chiquitito(160, 105, 90), los colores en los que está disponible (bela 26 y bela 04) y el sofá en cuestión: “[94/05] chaiselongue con arcón en el chaiselongue, cabezales reclinables, asientos deslizantes y dos cojines decorativos. Ja, decorativos, pienso. Ahora por solo 699€. ¿Cuánto vale un sofá? ¿cuánto un chaiselongue con arcón en el chaiselongue?</p><p>Yo tengo uno, pero no tiene arcón. Lo compró hace tiempo mi hermana en la zona de oportunidades del Ikea. Dormí muchas veces en él. Recuerdo ver ahí la séptima película de Harry Potter con el ordenador en las rodillas, y sentir que estaba traicionando a alguien al mandar un sms. También recuerdo el día que me llegó uno a las 3:45 de la mañana mientras dormía en la habitación que ahora es la de mis sobrinos. Mezclo ambos recuerdos como su fuesen solo uno, pero da igual. Sale la misma persona, como en una pesadilla recurrente.</p><p>En la parte de abajo del sofá aparecen otros tantos dibujos explicativos:</p><ul><li>Una cremallera indicando que “los asientos y respaldos son desenfundables”</li><li>Un sofá de perfil con una flechita para indicar que los asientos son deslizantes</li><li>Otro sofá de perfil con la flecha en la parte de arriba circular: cabezales reclinables</li><li>El mismo sofá sin nada: brazos acolchados</li><li>El sofá con un cojín en perpendicular y otra flecha redondeando: chaise arcón</li><li>Dos presuntos cojines: dos cojines decorativos incluidos. Tienen forma de pastillas de jabón gastadas.</li></ul><p>El chaiselongue de mi hermana no es como este, solo es un chaiselongue. Berenjena, con la base de aglomerado y hierro, de tres cojines: el grande de la parte de abajo y otros dos casi iguales que hacen el respaldo trasero y el derecho. Si lo buscas en wallapop es posible que tenga otros nombres. Cuando pudieron comprarse uno de verdad lo trajeron a esta casa con el sofá que les dio mi tía. Lo pusimos en el hueco de la escalera. Me gustaba tumbarme ahí, mirar hacia arriba y ver la escalera extravagante y demasiado grande para esta casa, con el hueco hasta el techo enorme, como en las novelas de Telemundo pero en pobre. La hizo padre cuando acertó catorce en la quiniela, aún no había conocido a madre. Hubo allí durante mucho tiempo dos láminas de Murillo en dos cuadros marrón oscuro con una tirita dorada. Ahora está el marco de la foto de la comunión de mi prima con dos dibujos sobre los que cayó café y que adorné con perejil. La foto está enrollada encima de un ropero.</p><p>Bebo otro sorbo de agua con gas recalentada y pienso que nos hace falta un sofá nuevo. Uno grande para cuando estemos todos y otros dos silloncitos chicos para mis padres. Aquí están los dos sofás de mi tía de cuando se casó en mil novencientos noventa y dos, el chaiselongue de mi hermana en el que ahora, tranquila, duerme la gata y el sofá azul hundido que compró mi abuela poco antes de morir en dos mil cinco y que recibí como una ostentación más que una necesidad, como todo lo que se ha comprado siempre: un jamón, un abrigo, unas gafas nuevas. Recuerdo sentarme por primera vez en él y pensar que era elegante y muy cómodo. Imaginaba que aquello debía haber costado mucho dinero y me sentía moderna y cosmopolita en medio de la campiña sevillana. Resultó no ser cómodo, mucho menos una pieza de lujo. También puede que el sofá no se comprara en aquella fecha o que en realidad yo no tuviera aquel pensamiento, pero ya da igual, hace poco decidí que voy a dejar de desconfiar de mí misma.</p><p>Paso la página y lo primero que veo es un precio: 1029€ “[94/02] sofá rincón fijo”. Con tejido antimanchas y patas metálicas elevadas del suelo, “facilitando la limpieza de su hogar”. Mide 280, 92, 198cm. ¿Puede un sofá ser tan grande? ¿puede un sofá ser tan caro? Está disponible en diamond blanco, diamond beige, diamond gris plata y diamond gris antracita. Me gusta en blanco, los pelos de la gata se camuflarían. Pienso en mi padre con los pantalones llenos de barro y en que el tejido es antimanchas, pero no sé si se podría soportar el roce de la navaja del bolsillo de atrás. En los niños saltando de un lado al otro del sofá jugando al pillar, en mi madre leyendo con las piernas en el respaldo y mis hermanos peleándose por el mejor sitio. Un sofá grande, bonito, cómodo y reluciente, uno de verdad.</p><p>Yo podría poner los pies encima en verano mientras me como un helado, pero la verdad, es que ya no como helados.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=5d6023feeb9d" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Carta abierta.]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Thu, 17 Mar 2022 14:17:59 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-03-17T17:38:41.456Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Carta abierta.</p><p>Esta noche he soñado que iba a hacer unas gestiones a un centro guadalinfo y que cogía de un ordenador un pendrive negro de esos que dan vueltas sobre sí mismos para guardar ahí mi gestión, y que de repente, empezaban a tocar muy fuerte en las puertas y las ventanas, como un terremoto pero de personas ,y al señor que estaba allí le crecía una sudadera con capucha y lamparones y me decía que tenía que correr, correr muy rápido, pero las escaleras del edificio eran larguísimas y tenía que bajarlas bailando todo el tiempo como lo del palo de la escoba que si te caes pierdes. Yo, la verdad, soy un poco claustrofóbica y otro poco padezco de cervicales y de espalda, así que decidí que mejor me iba por el falso techo sin olvidar el pendrive. Resultó que aquello estaba lleno, había un montón de chavales y chavalas jóvenes y cultos que también habían huido del guadalinfo y habían decidido quedarse allí viviendo en armonía, pintando en las paredes con las manos y haciendo trincheras con maderas recicladas mientras competían de tapadillo a ver quién era el más listo. Pero empezaron de nuevo los golpes en las puertas y las paredes y todo el mundo me miró con mucho pánico y yo veía cómo se iban a cayendo los sueños e ilusiones de esas personas, derrumbándose allí el futuro de la humanidad. Me iba arrepintiendo de haber cogido ese pendrive para mi gestión, que no era en realidad una gestión, era el archivo pocajontas.mp4 porque no sé descargármelo de otra manera y tenía todo el mundo que salir despavorido y la verdad, si venían a por el pendrive pues debería ser importante, y con el jaleo que estaban montando seguro que no era nada bueno lo que había ahí, así que era mi deber seguir llevándolo conmigo y seguir corriendo hasta que se me salieran las higaíllas si hiciera falta. Yo estaba cansadísima por correr tanto y por haber visto a todas esas personas mucho mejores que yo en todo, pero el futuro de todo el Universo de repente recaía sobre mí y a ver qué iba a hacer yo si había decidido hacer esas gestiones en el guadalinfo porque la cosa, y aquí viene lo importante de todo esto, es que mi ordenador Macbook Pro de trece coma cuatro pulgadas de mediados del dos mil diez está roto, no solo en el sueño, también en la realidad asfixiante que nos ha tocado vivir. Estoy muy triste. Total, que a partir de ahí se generaba una guerra intergaláctica en un sitio que no sé cuál era, pero sí que era una playa, que es una cosa que bajo mi experiencia después de esta noche pues no recomiendo porque cansa muchísimo. Imagina una guerra con alienígenas en la playa, era horroroso. Todavía no me recupero.</p><p>Y yo la verdad, lo que quería decir con este pequeño testimonio, es que si tú, James Rhodes, me regalaras un Macbook Pro nuevo, pues yo no tendría que pensar en tener que ir al guadalinfo para hacer gestiones culturales y así no tendría que usurpar, por decirlo de alguna manera, un pendrive evitando así una guerra que a saber dónde nos llevaría. Así que por favor James Rhodes, dile a Apple que te de un Macbook Pro para mí, o cómpramelo tú y que si puedes pues también un Iphone de los minis, que tengo las manos muy chicas y los otros pueden causarme problemas de tendinitis pero esos chicos no. Y un Ipad Pro también, porque tengo el sueño de crear de la nada un imperio editorial y yo creo que decir que mi primera portada la hice a mano pero con la ayuda inestimable del Ipad Pro que me regaló mi amigo James Rhodes creo que quedaría muy bien para cuando me entrevisten para la Forbes. Yo solo quiero hacer algo nuevo y revolucionario pero no demasiado revolucionario, porque no soy de Madrid aunque una vez estuve allí, soy de la campiña sevillana. No sé si te he contado que soy del Betis. Soy del Betis James Rhodes, conozco personalmente a Palmerín. Si quieres cuando me mandes por correo certificado el Macbook Pro, el Ipad Pro y el Iphone mini y estoy pensando ahora que una cámara de fotos también me vendría bien, yo te podría contar, en una postal, mi relación personal con Palmerín. Yo solo puedo adelantarte que es muy tierna y que incluye muchas cosas preciosas de ser bética desde chiquitita, desde la cuna, como lo soy yo. Del betis, yo. Macbook Pro, Ipad Pro, Iphone chico y una cámara James Rhodes. El destino del Universo, yo no quiero decir nada pero en realidad es así, está en tus manos James Rhodes, yo me lo pensaría la verdad. Escribo tu nombre sin tener que buscarlo el Google, también tendría eso en cuenta. Bueno, ya me dices. Un beso.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=eb7e65d8fdbc" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[«Miau» dice la gata, «qué» le contesto. «Miaaauuu» vuelve a decir, «ya voy» le vuelvo a contestar.]]></title>
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            <category><![CDATA[relato]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Fri, 26 Mar 2021 14:13:14 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-03-26T21:53:51.950Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>«Miau» dice la gata, «qué» le contesto. «Miaaauuu» vuelve a decir, «ya voy» le vuelvo a contestar.</p><p>Yo no quiero tener una gata, yo no quiero nada. Me paso las horas sentada en el suelo con la espalda apoyada en el sofá, mirando cómo se mueve el ventilador, con eso me basta. A veces como pan y huevos y otras veces nada: No me apetece cocinar. Tampoco andar, pensar, moverme, escribir, leer, comer, dormir, fregar, limpiar o respirar. No quiero morirme pero no me importaría estar no viva, convertirme en un objeto sencillo y funcional, ser por fin algo práctico.</p><p>La gata no tiene nombre. La gata maúlla y yo le digo qué y ella vuelve a maullar y yo vuelvo a preguntarle que qué quiere. La gata se hace una bola y me da con una patita en la mano para que la acaricie y me muerde la nariz. Yo la acaricio y le pido por favor que no me muerda. La gata juega con el árbol de navidad, la gata se come las mijillas que quedan en el suelo de pan. La gata me hinca las uñas en las piernas y me lame la sangre que brota. Fantaseo en este momento con ser devorada.</p><p>«Miau, miaaauuu» me dice, «Qué quieres?» le contesto. Me subo al sofá y ella se sube encima mía y a mí se me meten sus pelos en los ojos mientras se enrosca en mi pecho. Aprovecho para llorar un rato y después me limpio los mocos en su lomo.</p><p>A ella sí le preparo la comida: atún, pavo, queso, jamón, sardinas, bacalao, pan y un trozo de bizcocho. Todo lo que yo no quiero comer y que compré en algún momento en el que pensé que ahora sí que sí, iba a cambiar. «Miau, miau, miaaaauu», «qué, qué, queeeéee»; Le acaricio la cabeza, me muerde la mano.</p><p>Abro Google: «cómo cuidar de una gata» tecleo. Me paso las siguientes quince horas leyendo y viendo vídeos de youtube de gente explicándome cosas, gatos saltando, gatos maullando, gatos que parecen que hablan, gatos meando y gatos cagando. Me acuerdo del documental de Netflix de los gatitos y quiero vomitar. Pongo otro vídeo: ahora también sé cómo se aparean. Ya mismo le toca el celo. Vomito. Cierro los ojos, respiro profundamente y la miro hecha un gurruño en una esquina: «no quiero que tenga el celo». Ya quiero una cosa.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=ce7e9f0401d6" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[He confundido a un gallo con mi madre, no suele pasar muy a menudo, pero sí de vez en cuando.]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Fri, 01 Jan 2021 17:08:48 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-01-01T17:21:55.261Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>He confundido a un gallo con mi madre, no suele pasar muy a menudo, pero sí de vez en cuando. Andaba yo en busca de los huevos y he visto a mi madre que ha resultado no ser mi madre, solo era uno de los gallos. Mi madre estaba en la otra esquina, lamiéndose las patas, hecha un gurruño, como un gatillo chico. Yo le digo siempre « Madre entre para dentro que se va a helar ahí» pero ella no quiere, hace como que maúlla mientras se limpia los bigotes. De luto riguroso y con un roete como el de Doña Angelita, mi madre se mezcla con los perrillos, los gatos, las gallinas, los palomos, las ovejas, las tres vacas… y muchas veces no la encuentro, aunque sé que siempre está; ya no tiene celo para ir por ahí buscando por los corrales de las vecinas. Mi madre ya no habla porque no lo necesita y escucha solo cuando le conviene. Se me restriega por los pantalones cuando salgo a tender y recibe gustosa las caricias detrás de las orejas pero me saca los dientes y las uñas si intento cogerla. De vez en cuando le corto un poquito de jamón y le pongo al laíto una muda nueva, oliendo a limpito. El jamón siempre se lo come; la muda a veces la usa, pero otras tantas solo la desperdiga por ahí. Está la primera cuando salgo a regar con la manguera, pega saltos intentando coger el chorro del agua « Madre apártese usted que va a coger una pulmonía con tanta agua». Desde que cogió esa manía engancho la goma en el tanque del termo, e intento que el agua no esté tampoco demasiado caliente porque el cambio de temperatura se me la lleva por delante. Cuando dejó de usar la cama que le saqué fuera, le puse unas cuantas de mantas viejas para que se echara, le gustó aquello. Con lo del agua tampoco me rechaza las toallas de su ajuar: no sé si es por el recuerdo, la propiedad o lo bien que se lo pasa jugando con los encajes. A veces, cuando no están ninguno de mis chicos en casa, me tiro con ella al suelo y me revuelco bajo el sol mientras pienso en el tiempo que me queda para perderme yo también entre las piernas de quien tiende, en si me cortarán jamón o no y en si querré entrar en casa con ellos para meterme debajo de la mesa camilla. En si ellos querrán acariciarme detrás de las orejas, cepillarme el pelo y cambiarme a diario de muda.</p><p>Qué lejano e incierto me parece todo; qué a gusto estoy aquí llena de barro y caíllos.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=7d6561238a90" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Un agujerito por el que se cuelan hilos, piedritas, un poco de barro, pintura, bolsas de plástico…]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 02 Nov 2020 20:19:26 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2020-11-02T20:19:26.080Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Un agujerito por el que se cuelan hilos, piedritas, un poco de barro, pintura, bolsas de plástico, un rinoceronte y el río Bembézar. Uno que moldea las cosas que lo sobrepasan.</p><p>Una película cambia de forma y de tamaño y se convierte en un vídeo de dos segundos, negro, que ahora es una canica que cae de forma infinita por las escaleras. Una lámpara se quedó atascada y tuvieron que venir los bomberos con destornilladores y palancas y ahora es una silla hecha de pelos y arcilla. Una mesa cayó dentro y en ella se apoyan todos los cachibaches y la chatarra con el rinoceronte encima, un poco incómodo pero contento.</p><p>Entraron flores una vez: soltaron sus semillas y se pudrieron. Desde ese momento crece poquito a poco una selva de olivos, celindas y yerbajos. De potos que flotan en el río, de verdina pegada en los bordes, líquenes que trepan y salen poco a poco del agujerito y se pegan a los demás rincones de este cuerpo que también es el mío.</p><p>Yo, con un agujerito en el pecho y llena de líquenes, observo la canica que cae, el agua que corre, el rinoceronte que ronca y el aire que no llega.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=566b74ea0640" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[En la tele hay una marabunta de pájaros que se alimentan los unos a los otros metiendo pico y…]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Ángela Cantalejo]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 28 Oct 2020 16:12:16 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2020-10-28T16:12:16.531Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>En la tele hay una marabunta de pájaros que se alimentan los unos a los otros metiendo pico y cabeza por el pescuezo con toda probabilidad de terminar en el corbejón. Aletean y tienen unos picos afilados y unas plumas negras y otras blancas y una mirada sin párpados fijas en un horizonte mientras le presta su esófago a su cría. Después sale una foca que nada y te dicen que mires a la foca que mira como nada una experta la foca cazadora y después salen más pájaros y una masa gigantesca de agua y yo pienso en el mundo lo que no sé lo que no soy la tortuga marina que va a vivir millones de años si no se muere antes con un plástico de la cocacola que no reciclaste correctamente en mil novecientos noventa y ocho y la compresa que una vez tiraste al váter en el instituto porque no había papeleras y a ver cómo ibas otras vez a tu clase con una compresa usada para guardarla y tirarla en tu casa los arrecifes de corales qué es una arrecife de coral qué son los corales porqué son como plantas y son animales y otros parece que a lo mejor son animales pero son plantas y luego pienso en que no he hecho la cama y que al mismo tiempo que yo pienso en mi cama no hecha hay un pájaro comiéndose un pescado que ha cogido dentro de una masa ingente de agua que es agua que no bebemos porque bebemos agua dulce y ese agua es salada y cada vez hay más agua porque se derriten los polos pero eso no es bueno porque se mueren los pingüinos rey que tampoco se les ven los párpados y también se mueren las morsas que si miras fijamente una morsa da muchísimo asco y te sientes mal porque sientes asco de otro ser vivo pero es que da mucho asco casi tanto como los pavos o no los pájaros esos que tiene el pico como un zapato que ayer salieron por la tele mirad que majestuoso este bicho y a mí me entran ganas de vomitar.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=637fca075868" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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