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        <title><![CDATA[Stories by Beatriz Guerrero García on Medium]]></title>
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            <title>Stories by Beatriz Guerrero García on Medium</title>
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            <title><![CDATA[El verano en el que todo ardió]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Thu, 21 Aug 2025 15:54:09 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-08-21T15:54:45.192Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>Ya no hay luz ni color, solo el zumbido constante de los hidroaviones y una mortaja gris repleta de pavesas que cubre todo lo que en un tiempo pasado fue.</h4><p>Escribo estas palabras durante el verano en el que todo ardió desde el sitio donde nací. La brisa entra por la ventana abierta, pero impregnada de un olor a humo y acompañada de un resplandor naranja que no es más que el reflejo de las llamas. Las nubes negras impiden ver el cielo de ese añil tan característico que seguía vibrando y recordando a infancia por mucho que pasaran los años y yo crezca. La humareda también tapa la montaña que hace unas semanas estaba cubierta de lenguas de fuego y en la que ahora solo quedan piedras y fantasmas. Ya no hay luz ni color, solo el zumbido constante de los hidroaviones y una mortaja gris repleta de pavesas que cubre todo lo que en un tiempo pasado fue.</p><p>Escribo estas palabras durante el verano en el que todo ardió pensando en el sitio en el que crecí, a kilómetros de aquí. Llevo toda mi vida oscilando entre distintos puntos de la Vía de la Plata: León, Cáceres y, desde hace un par de años, Salamanca. Allí, en la ciudad dorada, me reconfortaba atisbar por la ventana el otro lado de la montaña donde crecí, al norte de Extremadura, cuando me sentía lejos de la montaña donde nací, al norte de León. Pero ahora no estoy segura de poder hacer el acopio de valentía necesario para asomarme al balcón volver a ver columnas de humo alzarse donde una vez estuvo mi hogar y observar con impotencia desde la lejanía cómo la fuerza destructora avanza y arrasa con el recuerdo.</p><p>Tampoco me atrevo a emprender el camino de vuelta que he de realizar cada septiembre y recorrer los 245 km de distancia tan familiares que siempre implican volver a casa sin importar la dirección del trayecto, pero esta vez moteados de hectáreas calcinadas, de pueblos arrasados por las llamas, de vidas pausadas y congeladas en el tiempo. Porque duele ver cómo los lugares de los que vienes y donde se ha ido escribiendo tu historia han caído en el olvido y ahora se han convertido en el esqueleto de esa España vaciada que tú, armada solamente con tus dos manos y gritos de socorro, no has podido salvar. Imagino que por eso escribo estas palabras durante el verano en el que todo ardió, en un intento de grabar en piedra la memoria y recrear lugares ahora reducidos a cenizas en páginas que el fuego no pueda quemar.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*5ekCnPIgEkTFhcs7-8WO1w.jpeg" /><figcaption>Imagen: Beatriz Guerrero García</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=23dffe763f29" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[lunes.]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 19 May 2025 06:55:48 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-05-19T06:55:48.447Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>De camino a la facultad, recorro por calles que no conoces ni conocerás. Y si algún día lo haces, no será conmigo. Calles que tienen tu nombre aunque nunca las hayas pisado, donde nos he imaginado juntos cientos de veces. Te visualizo en esa librería por la que pasaba todos los días, pero en la cual nunca había reparado antes; concentrado, deslizando tus dedos por libros de segunda mano cuyo papel desgastado es del mismo color que mi pelo.</p><p>También te he imaginado fumando en mi balcón mientras yo te miro desde el sofá. Estás de espaldas, nos vuelve a separar un cristal que no logro romper y no puedo verte la cara, pero sé que no estás pensando en mí y yo lo ignoro porque quiero saborear ese momento en el que mi casa, por un instante, sea <em>nuestra</em>. Entonces te giras, vienes hacia mí y te sientas a mi lado, porque yo seguía quieta, esperándote.</p><p>Creía que estas ensoñaciones se iban materializar, al igual que aquellos sueños premonitorios. Aquel en el que tus ojos volvían a brillar al mirarme como ese día en el andén. Aquel en el que me besabas y te ibas sin decir nada, y yo me quedaba sola en un tren.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*EfRhHEKCaAUgycrLS6VO5g@2x.jpeg" /><figcaption>amanece el 19 de mayo</figcaption></figure><p>Hoy es lunes e iré a trabajar, a comprar, a correr. Iré sola a la facultad, romperé a llorar en la sección de congelados del Mercadona, correré hasta que me duelan las piernas para que el cansancio no me deje pensar y no volveré a dormir de lo que te echo de menos, por tener que volver a despedirme de ti en silencio. Y lo peor de todo es que, en un tiempo, no me acordaré del día de hoy. Quedará difuminado en otro lunes en el que vaya a trabajar, a comprar, a correr, y dará igual que sea 19 de mayo, 24 de agosto o 30 de septiembre. Será un día normal. Porque habremos dejado de existir y yo habré dejado de pensarte. Me habré acostumbrado a vivir sin ti.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=b2085bf3abcd" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[escapismo]]></title>
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            <category><![CDATA[despersonalizacion]]></category>
            <category><![CDATA[cuerpo]]></category>
            <category><![CDATA[mente]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 05 Mar 2025 11:18:09 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-03-05T11:19:47.606Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>drunk cigs</p><p>and drunk texts</p><p>porque tengo que inhibirme para ser quien quiero ser</p><p><em>my body is a cage</em></p><p>dicen algunos</p><p>pero la experiencia corpórea nunca me ha limitado</p><p>ya que es mi mente la que no me deja vivir con mi cuerpo</p><p>y me gustaría echarle la culpa al patriarcado o a mi entorno sociocultural</p><p>pero sé que la mayoría de barreras son autoimpuestas</p><p>puede que por eso coma tanto y luego salga a correr</p><p>me muerda el interior de las mejillas</p><p>me pase horas disociada en la bañera jugando con el agua hirviendo</p><p>lleve las uñas un poco largas para que se claven en las palmas de mis manos cuando las cierro</p><p>para sentir con mi cuerpo lo que mi mente no me deja</p><p>lo que <em>yo</em> no me permito</p><p>entonces siento la necesidad de apagarla, de apagarme, de inhibirme</p><p>y escribo a quien no debo para decir lo que verdaderamente siento</p><p>para luego pedirle un cigarro a un desconocido</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*SWr8ebo6kijdbd71rbQQLQ.jpeg" /><figcaption>todavía no soy más que una sombra platónica supongo</figcaption></figure><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=44a02741f0fb" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[04.01.2015]]></title>
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            <category><![CDATA[duelo]]></category>
            <category><![CDATA[pérdida]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 04 Jan 2025 09:45:12 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-01-04T09:45:12.881Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>El 4 de enero de 2015, me senté junto a mi hermana bajo un árbol y, arropadas por el sol de enero, hice una foto a las ramas sin hojas. Recuerdo que era un día cálido, aunque luego comprendí que el frío lo lleva dentro. Intentaba distraerme de la extrañeza de no ser capaz de sentir nada. Y de después sentirlo todo de golpe.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*fdJC64bQw0iGTsS9Ex0Sgw.jpeg" /><figcaption>04.01.2015</figcaption></figure><p>Hace diez años, tal día como hoy, nunca me había teñido el pelo ni había ido a ningún concierto concierto. No había terminado bachillerato, ni había hecho selectividad y no me había equivocado al escoger qué carrera estudiar. Todavía llevaba aparato, estaba mucho más delgada que ahora, tenía muchas menos cicatrices, mi nariz no estaba ligeramente torcida, ni tenía un diente reconstruido. No me había sacado el carnet de conducir. No sabía utilizar una cámara. No me había ido de casa. Nunca había estudiado chino y todavía no había olvidado lo poquito que aprendería. No había empezado a cortarme el pelo a mí misma. No me gustaba el sushi. No había vivido una pandemia. No sabía traducir. No era capaz a moverme sola en ninguna ciudad con metro. No me tomaba en serio lo que escribía. No sabía que el malestar que llevaba arrastrando toda mi vida era una neurodivergencia. No había confundido el maltrato con amor.</p><p>Hay muchas más cosas que se me han olvidado ya, que me encantaría contarte, que nunca sabrás. Al igual que yo tampoco sabré si te gustaría quien soy ahora, si estarías orgulloso de mí, si me hubiera equivocado un poquito menos y aprendido un poquito más si siguieras aquí.</p><p>Solo hay una cosa que sé con certeza. El 4 de enero de 2015, dejaste de verme crecer.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=a3885d081f58" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[Alicia]]></title>
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            <category><![CDATA[espejo]]></category>
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            <category><![CDATA[identidad]]></category>
            <category><![CDATA[reflexión]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 24 Nov 2024 16:52:12 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2024-11-24T16:52:12.355Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p><em>Siempre haces sentir a todo el mundo muy cómodo.</em></p><p><em>Me gusta cómo soy cuando estoy contigo.</em></p><p><em>Creo que eres la única persona con quien me siento visto.</em></p><p>Con en paso de los años he aprendido que esos comentarios no eran necesariamente cumplidos, sino el resultado de amoldar mi comportamiento a lo que los demás esperaban de mí, perdiéndome a mí misma en el proceso. Si solo soy el reflejo de quienes forman parte de mi vida, ¿hasta qué punto formo yo parte de la suya, si cuando me miran no ven más que un espejo? ¿Habrá llegado alguien a conocerme realmente alguna vez?</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/563/1*UYWTA1u53D3eq2WVAYVj2A@2x.jpeg" /><figcaption>Reflejos capturados en algún momento de 2019.</figcaption></figure><p>Cuando me he aventurado a salir de mi escondite y adoptar mi verdadera personalidad, parecía no agradar mucho a quienes hasta ese momento estaban maravillados por la persona que proyectaba.</p><p><em>Esta no eres tú.</em></p><p><em>No seas ridícula.</em></p><p><em>¿No te das cuenta de que así molestas?</em></p><p>Tal vez por eso anhele que alguien me vea a mí, más allá de su reflejo. Pero precisamente puede ese sea el motivo por el cual me refugio tras el espejo y arruino primeras citas, donde me callo y me vuelvo pequeña, silenciosa, sumisa. Porque no estoy cómoda cuando me muestro como no soy, y así es más fácil huir de mí misma, sin darme la opción de ser, de reconocerme en los demás, de formar parte de algo más grande que yo, de pertenecer verdaderamente a algún lugar.</p><p>A fin de cuentas, de pequeña no me gustaba mi nombre. Quería llamarme Alicia. Puede que, de forma inconsciente, ya me hubiera dado ya cuenta de que estaba al otro lado del espejo. Me pregunto si alguna vez conseguiré romperlo. Me pregunto cuándo podré empezar a ser.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=ad7151d994b9" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Atenas 2004]]></title>
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            <category><![CDATA[recuerdos]]></category>
            <category><![CDATA[juegos-olímpicos]]></category>
            <category><![CDATA[historia-personal]]></category>
            <category><![CDATA[abuelos]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 21 Aug 2024 18:23:52 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2025-05-25T10:49:52.726Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Me enseñaste a jugar a la brisca, a dividir y lo que era la muerte. Sentada en el escaño de la cocina de casa, te reías porque una niña se daba cuenta de que hacías trampa a las cartas y te frustrabas porque no entendía cómo se incluían los decimales al dividir. Poco más tarde, yo seguía sentada en el mismo sitio, esta vez sola, y contemplaba cómo se enfriaba el plato de sopa que tenía delante, sin apetito, sin alcanzar a comprender la dimensión de lo que acababa de pasar.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*tfHYISRqt_rPrVHBFprvrA.jpeg" /></figure><p>Recuerdo todas tus enseñanzas, pero la que reside más vivamente en mi memoria es la de aquella noche de agosto en 2004 en la que ni la leche merengada que tomabas religiosamente todas las noches de las vacaciones en La Manga del Mar Menor conseguía combatir el calor húmedo y pegajoso. Unos habían ido al cine, otros habían ido de paseo y, los más pequeños y los más mayores se habían ido a dormir. Pero tú querías aprovechar aquel momento para disfrutar de los Juegos Olímpicos sin que nadie te molestara y yo, que ya empezaba a tener problemas para conciliar el sueño, decidí hacerte compañía. En aquel salón con olor a salitre de paredes rosas y desde el cual se podía escuchar el mar, la televisión estaba al volumen mínimo y, en susurros para no disrumpir la quietud en la que estaba sumido el apartamento, me explicabas qué se consideraba falta en salto de longitud, cómo funcionaban las puntuaciones y cuánto debía de saltar el atleta español para optar a medalla. Lo que no recuerdo es el resultado; seguramente me quedara dormida y tú me llevaras a la cama que compartía con mi hermana para no despertarme.</p><p>Han pasado veinte años desde aquel verano. Ahora, mi cuerpo vuelve a estar sentado en el escaño de la cocina de casa y en la pantalla Ana Peleteiro se dispone a saltar, pero yo estoy contigo en Atenas 2004.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=f212b8798afd" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[Diario de chica]]></title>
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            <category><![CDATA[feminismo]]></category>
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            <category><![CDATA[feminidad]]></category>
            <category><![CDATA[patriarcado]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Thu, 21 Dec 2023 19:03:22 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2023-12-21T19:09:21.376Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*5Ft7ZoIJvtDJfNPTjMywOA.jpeg" /><figcaption>Diario de chica. [Fotografía: Beatriz Guerrero García]</figcaption></figure><p>A los 6 años, escribes en tu primer diario que quieres ser un chico, pues en clase toman más en serio a tus compañeros varones que a ti.</p><p>Con 11, sientes miedo en la calle por primera vez. Un señor lo suficientemente mayor como para ser tu abuelo no aparta la mirada de ti. Cuando hacéis contacto visual, te guiña un ojo, su expresión se retuerce de una forma, por aquel entonces, completamente desconocida para ti, y comienza a reírse. A pesar de ir acompañada por tu padre, empiezas a sentirte realmente incómoda, sin entender muy bien por qué.</p><p>A los 13 años, empiezan a “piropearte”. Feliz de estrenar tu nuevo vestido de flores, sales con tus amigas a tomar un helado. Apenas os sentáis en un banco a comerlo cuando desde un coche te gritan que quieren follarte tan fuerte que no sabrías si te estabas corriendo o cagando. Vuelves a casa con un nudo en el estómago y te metes en la ducha a intentar despojarte de la sensación de vergüenza y repugnancia que llevas arrastrando contigo desde ese día.</p><p>Una de las primeras veces que vas a una discoteca, con 16 años, alguien mete su mano dentro de tu pantalón y te toca el culo. Te bloqueas, dejas de bailar y te vas. Cada vez eres más consciente de la hostilidad del mundo que te rodea. Te enfadas, pero también vives con miedo. Miedo a que te miren con expresión lasciva por la calle, a que te griten desde los coches, a que te toquen sin tu consentimiento.</p><p>Con 20 años piensas que el haber abierto los ojos durante tu adolescencia a aquella hostilidad te hacía invencible, que no volverías a ser víctima, que sabrías reaccionar acorde a la situación, no quedarte inmóvil como habías hecho en el pasado. No obstante, aprendes que no sirve de nada que tu novio te acompañe a la marcha feminista si luego te prefiere callada, sin el pelo teñido, sin todas aquellas formas de expresión en las que tú te sientes realizada. Aprendes que una violación también puede tener lugar en un entorno hasta entonces seguro, perpetrada por una persona en la que confiabas.</p><p>Ahora, con 25, te das cuenta de cómo tu persona ha sido moldeada por el sistema que te oprime. Evitas cruzar la mirada con desconocidos, siempre sales de casa con auriculares para evitar escuchar aquello que puedan decirte, tus faldas poco a poco han sido cada vez más largas. No vuelves a pasar por esa calle ni a sentarte en ese banco. Apenas sales de fiesta. Te muestras demasiado reticente a la hora de entablar un vínculo romántico con alguien.</p><p>Todo empieza a cobrar sentido. Todos aquellos episodios no fueron tu culpa, no fueron ataques aislados hacia ti. Desgraciadamente, esa opresión ha afectado y afecta a las mujeres de tu entorno, sin excepción: a tus amigas, a tu madre, a tu abuela antes que a ella; a todas tus hermanas. Y aún con todo, sabes que eres una privilegiada, pues sigues viva y respirando; todavía no has sido asesinada por el mero hecho de ser mujer. Pero no puedes evitar preguntarte si el mayor acto de amor a tus hijas sería no tenerlas para que no vivan en un mundo que va a ser tan cruel con ellas.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=6f444af73a4f" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Vientos de otoño]]></title>
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            <category><![CDATA[autoficción]]></category>
            <category><![CDATA[reflexiones]]></category>
            <category><![CDATA[otoño]]></category>
            <category><![CDATA[escritura-creativa]]></category>
            <category><![CDATA[crecimiento-personal]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 05 Nov 2023 12:54:44 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2023-11-05T12:54:44.494Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>Este otoño, el fantasma soy yo.</h4><p>Siempre he sentido una predilección especial por el otoño. Sus colores, el recuerdo de comer calbotes en un recóndito pueblo extremeño rodeada del calor de la leña y el olor de las castañas. Me cobijo en su familiaridad cada año, permitiéndome abrazar y conectar con mi niña interior; si bien para muchos esta estación es el marchitar del verano y la antesala de la muerte, para mí siempre fue un festín de colores y sensaciones inaccesibles el resto de año. Y una excusa para conectar con los fantasmas. Resulta inevitable recordar a quienes ya no están y sentir su vacío. Pero, este otoño, el fantasma soy yo.</p><figure><img alt="Pareja de hojas otoñales sobre cielo levemente nublado." src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*OerOL93JBlQBExhhFLUFFg.png" /><figcaption>Pareja de hojas. Fotografía: Beatriz Guerrero García.</figcaption></figure><p>Si bien la maravillosa experiencia de estudiar en la Universidad es algo en boca de todos, poca gente menciona el purgatorio donde te adentras al acabar, la dolorosa experiencia de encontrarse entre planos, transitar de tu época de joven estudiante a la de responsable trabajadora. Al terminar el grado y abandonar la ciudad universitaria, mi identidad y la idea de quién era empezaron a desdibujarse; empecé a convertirme en un fantasma a la deriva, sin rumbo. Y lo peor de todo es el no haber sido consciente de ello hasta dos años después de graduarme, cuando mi cuerpo ya estaba demasiado lejos como para poder recuperarlo sin pasar por uno de los procesos más dolorosos de mi corta existencia. Pero entonces, llegó el otoño y me recordó quién era, quién soy. Los vientos del destino comenzaron a soplar en otra dirección y me empujaron a tomar decisiones por mí misma por primera vez en mucho tiempo, las cuales me han alejado doscientos kilómetros de casa, pero me han acercado como nunca a mi verdadero ser.</p><p>Tal vez no se trate del otoño. Tal vez sea la voluntad de un ente divino o el colofón de la sincronicidad junguiana, la cual después de haber leído sobre ella este verano, parece perseguirme allá a dónde vaya. Pero si las hojas se marchitan, las aves migran, y la naturaleza se adapta a su destino, también ha llegado la hora de dejar de resistirme y soltarme de las ataduras. De empezar a vivir mi vida, si bien el comienzo es un paraje frío e inhóspito, asolado por tormentas; pero es precisamente esa agua la portadora de vida, la llave para convertir el desierto en un vergel. Por ello, mientras vuelvo poco a poco a mi corporeidad, paseando por la ciudad donde ya una vez me encontré a mí misma, agradeceré cada gota de lluvia otoñal, disfrutaré del crujir de las hojas bajo mis pies y me aferraré a la compañía de los escasos rayos de sol que decidan acompañarme en el camino.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=28d5f03a649a" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Punto de inflexión]]></title>
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            <category><![CDATA[reflexión]]></category>
            <category><![CDATA[autoficción]]></category>
            <category><![CDATA[diario]]></category>
            <category><![CDATA[descubrimiento-personal]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Beatriz Guerrero García]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 29 Oct 2023 11:45:49 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2023-10-29T11:45:49.942Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>En nuestras vidas, puede que el mayor impacto lo tengan aquellos momentos pequeños, camuflados en la cotidianidad, que pasan completamente inadvertidos.</h4><figure><img alt="Bifurcación de caminos junto al mar." src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*VJGNqK28n7tR6Vx65UPeAg.jpeg" /><figcaption>Bifurcación de caminos. Fotografía: Beatriz Guerrero García.</figcaption></figure><p>Resulta curioso cómo ciertos acontecimientos cambian el transcurso de nuestras vidas, condicionándolas para siempre. Ir por ciencias o por letras en el instituto, seguir estudiando o empezar a trabajar, elegir una carrera en vez de otra, mudarnos de ciudad, irnos a trabajar al extranjero. Y cuando echamos la vista atrás, nos asaltan millones de dudas. ¿Y si tan solo ese instante hubiera sido diferente? ¿Y si no hubiera tenido nunca lugar? ¿Y si hubiéramos sabido ver las implicaciones a largo plazo de aquella decisión?</p><p>Sin embargo, puede que el mayor impacto lo tengan aquellos momentos mucho más pequeños, camuflados en la cotidianidad, que pasan completamente inadvertidos, se olvidan y entierran en las profundidades de nuestra memoria. Solamente años más tarde, cuando vuelven a nuestra mente por azares del destino, llegamos a percatarnos del punto de inflexión que supusieron en nuestras vidas.</p><p>Cuando era niña, mi familia y yo acostumbrábamos a realizar excursiones en coche a la montaña, bosques, santuarios escondidos al final de hoces y otras ubicaciones similares. En algún punto de mi viajera infancia, decidí comenzar a escribir en un cuaderno un pequeño resumen de esos viajecillos express para plasmar sobre el papel la sensación de grandiosidad al alcanzar el alto de una montaña, la libertad de sentir el aire frío en la cara y la belleza de la luz entre los árboles iluminando los senderos. Rápido me di cuenta de que disfrutaba tanto de los paseos por la naturaleza como de escribir sobre ellos, por lo que llevé ese cuaderno conmigo a una de las primeras vacaciones familiares con la intención de registrarla minuciosamente. No obstante, mis ilusiones se vieron frustradas ya el primer día cuando, al salir del baño, vi que mi padre había sacado el cuaderno de mi mochila y lo estaba leyendo con una ceja enarcada; sacudió la cabeza y volvió a guardarlo, como si nada hubiera pasado, sin percatarse de que yo había vuelto a la habitación. Recuerdo observar la escena completamente paralizada, incrédula de que alguien hubiera trasgredido los límites de mi pequeña privacidad infantil y, para más inri, reaccionado de esa forma. En cuanto estuve sola, arranqué las hojas que había escrito, las tiré en una papelera del hotel y no volví a escribir. Ni en ese cuaderno ni en ningún otro.</p><p>Un gesto completamente inocente, sin maldad, pero que aquella niña se encerrase en sí misma y se sintiera completamente subyugada, que dejase de realizar aquellas actividades de las que disfrutaba por miedo a ser juzgada, a no estar haciendo aquello que se esperaba de ella, a salirse de todo lo que se considerase su “deber”. Carga que selló sus labios y ató sus manos, mientras su alma y su mente agonizaban en su interior, ansiosas por liberarse a través de la escritura.</p><p>Ahora, a mis 25 años, es imposible no plantearme qué rumbo hubiera tomado mi vida de no haber presenciado ese instante. Tal vez no me hubiera costado años aceptarme a mí misma y despojarme del peso de la opinión de los demás. Tal vez me importaría menos lo que los otros piensen de mí. Tal vez confiaría más en mi trabajo y en mí misma. Y tal vez no me vería inclinada a tomar las decisiones que prefieren aquellos que me rodean en detrimento de mi propia felicidad. O tal vez, simplemente, hubiera seguido escribiendo con más asiduidad.</p><p>Así, que esto sirva a modo de cuaderno para darle a la Beatriz de 10 años aquello de lo que se le privó: voz.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=8e76d071536d" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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