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        <title><![CDATA[Stories by Fran Cus on Medium]]></title>
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            <title>Stories by Fran Cus on Medium</title>
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            <title><![CDATA[Ouroboros, desnortes]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 01 May 2022 14:40:25 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-05-01T14:49:19.404Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<blockquote>¿Es la prueba que toda cosa que haya sido bella sea pisoteada y toda cosa siempre miserable sea extendida y que no sea la culpa de lo hermoso y de lo miserable por el pisoteo o la extensión?</blockquote><blockquote>ANNE BOYER</blockquote><p>¿Cuál es tu lucha? ¿De dónde tomás fuerza? ¿Y cómo? ¿Tejés alianzas? ¿Enredo? ¿Manchaje? ¿Conjuro? ¿Asamblea de problemas? ¿Escuchás voces? ¿Qué te dicen? ¿Abierta o escondida? ¿Introvertida? ¿Obediente? ¿Errante? ¿Con plan o desnortada? ¿Cuánta desposesión podemos soportar? ¿Qué te interesaría expropiar? ¿Cuántos abrazos diste hoy? ¿Qué parte de tu cuerpo te gusta más? ¿Cuál te es más lejana y ajena? ¿Cuánto debés? ¿Tenés idea de lo que no podés? Y si no podés, ¿qué hacés? ¿Cuánto percibís cuando te digo ‘alma’? ¿Te hacés un alma al ver, al tocar, al acercar? ¿Y al trabajar? ¿Te interesa Marx? ¿Cuál de todos? ¿Te es útil la teoría? ¿Y los besos de lengua? ¿Hasta dónde? ¿En qué lugar alojás el sudor? ¿De dónde sacás las ganas? ¿Qué te hace ruido? ¿Cuántas cosas haces con el ruido?</p><p>Peligro de uroboro: no sabemos lo que podemos hacer con lo que no podemos<em>. No poder</em> no necesariamente tiene que ser otra forma de la autofagia, de comerse a una misma, de comer-lo-otro-en-una. También puede ser otra forma de la atención o de la gracia más próxima; paralaje desde el cual divisar otros horizontes y avistar nuevos paisajes para el vivir. En un texto escrito durante los meses más solitarios y desolados de la pandemia -donde me florecieron un nuevo nombre y algunas otras palabras terrosas, suaves, raigales- me digo que trabajar con lo que queda (de las palabras, del aliento del día) es una forma interesante, a veces la única disponible.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*tX9iF8Hc6QrbDj5OmIbHyQ.jpeg" /><figcaption>AARN GIRI en <a href="https://medium.com/u/2053395ac335">Unsplash</a></figcaption></figure><p>Lo que queda: V. dice que hay algo en ella que ya no responde. Que por más que le hablen de presencialidad, nueva normalidad, readaptación, algo muerto en ella se niega a seguir adelante. Necesita tiempo: su cuerpo funciona a la manera de un sarcófago o un continente de fantasmas, que le hablan desde un tiempo y lugar aun inubicable. Las palabras que escucha le son familiares, contundentes: <em>despacio — lentitud — silencio - deshace</em>r. Rozan su carne, le hacen ruido, pesan, pero no las puede tocar. V. dice que quiere quedarse un tiempo ahí, saboreando cada letra, cada rima, pero <em>la rutina, el trabajo, la socialidad, los deberes, la supervivencia…</em></p><p>Sobrevivir es importante. En el mejor de los casos puede ser un acto de resistencia y de creación política, a la manera de aquel memorable poema de Mariano Blatt sobre Diego Bonefoi, pibe asesinado hace 11 años por la espalda por la Policía de Río Negro;</p><p><em>“(…) Los que tomaron éxtasis</em></p><p><em>Los que tomaron éxtasis</em></p><p><em>Los que tomaron éxtasis</em></p><p><em>Que levanten las manos</em></p><p><em>Que levanten las manos</em></p><p><em>Que levanten las manos</em></p><p><em>En memoria de Diego Bonndefoi</em></p><p><em>En memoria de Diego Bonndefoi</em></p><p><em>En memoria de Diego Bonnefoi</em></p><p><em>En tributo a su espalda</em></p><p><em>En tributo a su espalda</em></p><p><em>En tributo a su espalda</em></p><p><em>Por eso también bailamos</em></p><p><em>Por eso también bailamos</em></p><p><em>Por eso también bailamos (…) “</em></p><p>A Diego no nos lo devuelve nadie. A nosotras nos quedan las fiestas, los éxtasis, levantar apenas las manos -como seña de luto, de relanzamiento y también de lujo comunal. Cuando nos leemos poemas como el de Mariano o los de Andi N. -muchas veces en la más tranquila soledad- o bailamos -juntas o solas, desnudas o con la pilcha más nueva- o pensamos en Diego, aunque no lo hayamos conocido, también estamos sobreviviendo, creando, politizando la ausencia y la memoria de aquellxs a quienes sobrevivimos y extrañamos.</p><p>Pero hay otro modo de la supervivencia, mucho menos inventivo me parece. La supervivencia que hace de la burocratización y de la securitización de la vida, del cuerpo, y de los mundos que circundan el único gesto para atravesar los días. Una contraseña para no perder la cara en alguna fiesta, ni levantar las manos por quienes extrañamos y fueron arrancados cruelmente del mundo. Un argumento para arrasar delicadezas, para transformar la cortesía en oportunidad de negocios, en una instancia de constante valorización económica. Cada fragmento de vida subordinado al imperativo de visibilidad, de deseabilidad, de influencia. ¿Una vida normal?</p><p>Resulta que hoy volví a dar clases en la universidad pública. Me encontré nuevamente con A. Conversamos sobre la meritocracia, las servidumbres voluntarias, automatizadas, cotidianas; eso que habitualmente condensamos en el nombre ‘neoliberalismo’, pero que suele resultarnos mucho más amplio, complejo e insidioso, menos tranquilizante que tal nombre. Pensamos en lo difícil de construir y habitar otros modos de transitar la universidad, no tan ásperos ni indolentizantes. Menos productivistas, competitivos, resolutivos. Menos violentos. Modos <em>crip,</em> le dije. Descubrimos también que el cisexismo, el patriarcado, la transfobia, el sexismo, la violencia epistémica, se alimentan de pequeños gestos naturalizados, indiscutibles. Acciones que para la teoría política que leemos en la universidad pública resultan todavía demasiado banales, poco políticos, sin relevancia epistémica ni académica. En la clase leímos un texto sobre Pasolini y el fascismo posmoderno, y nos preguntamos sobre la autorización: quiénes pueden pensar en y al interior de la universidad; para quiénes está hecha esta casa y habilitada la discusión, el reparto de bienes, los méritos, la palabra, los sentires. Y para quiénes el pensamiento y la supervivencia se autorizan casi únicamente en sostener relaciones criminales, piratas, de continuas deserciones activas al interior de las casas y de las instituciones que habitamos (la universidad, pero no sólo). A. me preguntó también sobre los costos psíquicos, económicos, somáticos que tiene para muchxs de nosotrxs habitar en medio de estas relaciones tan asimétricas. Quedé agotada y llena de preguntas molestas, zumbantes. Con algunas pistas, sin ninguna respuesta acabada. Aprender a maniobrar entre esas incertidumbres supervivientes se nos hace un movimiento necesario, dijimos.</p><p>¿Qué cosas hacen nido en vos? ¿Con qué parte de la boca saboreás tu deseo? ¿Se deja roer, rodear, comer? ¿Te duelen los dientes? ¿Bruxás? ¿Te falta calcio? ¿O un castañeteo de a ratitos? ¿Dormís bien? ¿Cuántas horas? ¿Tenés pesadillas seguido? ¿Qué trucos usás para terminar el día? ¿Cuántos gestos te cuesta vivir? ¿Te cuesta? ¿O es siempre otro el verbo? ¿Te alcanzan las palabras? ¿Tapás las ausencias? ¿O las dejás florecer? ¿Cuánto de melancólica un lunes? ¿Cuánto de eufórica un jueves? ¿Qué te hace un buen poema? ¿Escribís a mano? ¿Con cuál? ¿Cuántas alergias te habitan? ¿Te duele algún perfume en particular? ¿Qué hacés con la ansiedad? ¿Resolvés? ¿Te dejás florecer? ¿Rezás? ¿Te funciona alguna diosa? ¿Circulos perfectos? ¿O curvas sin destino?</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=8961f65d8d9e" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Un Desequilibrio Que Sostenga. Sobre Una Frase De Gloria Anzaldúa]]></title>
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            <category><![CDATA[oppression]]></category>
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            <category><![CDATA[gloria-anzaldua]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 16 Jan 2022 21:01:48 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-16T21:17:09.976Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h3>Un Desequilibrio Que Sostenga. Sobre Una Frase En Gloria Anzaldúa</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/748/1*UTnwtxgiNp5d2sHRHixoDw.jpeg" /><figcaption>Frank Romero // Still Life With Cats And Flowers (2000)</figcaption></figure><blockquote><em>La vez que me senté sola<br> en el frío de la cocina<br> y me dije la verdad y sentí<br> un amarillo que me venía<br> a dorar las pestañas<br> y estuve<br> en todos los amarillos a la vez,<br> como el recorrido de un hilo de oro<br> que al unir los puntos<br> hace perder la forma.</em></blockquote><blockquote>DAIANA HENDERSÓN — Poema Amarillo (2012)</blockquote><p>Gloria Anzaldúa escribe en uno de sus apuntes inéditos que la experiencia de la opresión es una <em>experiencia del extremo desequilibrio</em>. Llevo varios días pensando en esta frase, en sus dos últimas palabras. Las escucho una y otra vez, las muevo, las peso, busco hacerme un espacio entre ellas. Me traen el recuerdo de mi amiga, recuperándose de otra crisis personal (nada menos personal que una crisis, pienso). De nuestras últimas conversaciones, de nuestro hurgar en desequilibrios y caídas. La imagen de unos foquitos de luz cálida — luces con las que elijo alumbrar mi casa- en una de mis tantas noches de insomnio: incandescencia acogedora, continuamente resonante en el estilo preciso, agrietado, arrollador, tan característico de Anzaldúa. Sentir opresión puede ser también una experiencia del enigma, de luces opacas que alumbran y conectan misteriosamente puntos, formas. Que en su refractar apuntan a un lugar poco ubicable pero necesario. Donde hallar meridianos inesperados<a href="#_ftn1">[1]</a> .</p><p>Ciertas frases pueden funcionar también como huellas misteriosas para orientarnos en las encrucijadas; operar al modo de <em>bestias-sombra</em><a href="#_ftn2"><strong><em>[2]</em></strong></a> compañeras, con quienes sostener algunas preguntas que no cesan de insistirnos ni quieren abandonarnos. Abrir un espacio para compartir y poner en común heridas que vienen de muy lejos, vulnerabilidades que nos reclaman y a la vez nos exceden. Ayudarnos también a crear otras vincularidades y composiciones, a no desfallecer en esos intentos, a encontrar apoyos para sostener las redes gestadas desde esas frágiles conexiones. Palabras que son leídas en un momento particular y su eco permanece titilante por un largo tiempo, como valiosos amuletos sonoros mediante los cuales orientar y reparar nuestros cansancios; a cambio, tal vez, la promesa de nuevas orillas para detenernos, escuchar, prestar atención -grado máximo de la generosidad, según escribe Simone Weil-, descansar. Tomar distancia de esos extremos desequilibrios. Poder habitarlos, perder nuestra forma aparentemente tan clara, distinta, transparente, sin tanto miedo</p><p>La frase de Gloria. La opresión no es la experiencia de cualquier desequilibrio, sino más bien de uno lo suficientemente extremo como para transformarse en intransitable. Ese lugar donde las energías quedan absorbidas, verticalizadas, apelotonadas, al punto de volverse contra sí mismas (este proceso tiene un nombre específico que tomo prestado de la inmunología: <em>autoinmunidad</em>). En los inicios del siglo pasado, el biólogo alemán Paul Erlich nombró este desencadenamiento de un modo un tanto sentimental, literario quizás: <em>horror autotoxicus</em>. Un cuerpo cuyo sistema inmunológico, destinado a la función de defensa frente a determinados agentes patógenos, entra en estado de aberrancia, atacando y eventualmente destruyendo a las mismas células, tejidos, organos que debería proteger. ¿Suena familiar? ¿Cuántas de nuestras experiencias cotidianas de la opresión riman con la imagen de un cuerpo en estado de autocaníbalización? Me pregunto si la misma imagen no puede funcionar como una pista -seguramente arriesgada, problemática- para desprivatizar y repolitizar vivencias que suelen resultar muy debilitantes.</p><p>¿Cómo hacer cuando parece que nada, ningún fragmento, puede ser desplegado, organizado, transformado en materia de vivires más ligeros y delicados? No estoy hablando de la ligereza cínica más habitual y extendida, que se complace en justificar y celebrar los chantajes, brutalidades y abusos cotidianos. Sino de un andar ligero más bien <em>raro,</em> que se obstina en develar funcionamientos, capturas, sin proponer nuevas visiones morales del mundo como alternativa. La moral -cualquiera sea- nunca libera; solo ofrece oportunidades inexploradas al ejercicio de la opresión. Vuelvo a pensar en la frase de Anzaldúa, en el insomnio, en los desafíos y tareas que deja abierta, a partir de mi propia experiencia. Una experiencia atravesada cotidianamente por la violencia cuerdista, naturalizada y capilarizada. Notable por el desequilibrio extremo que dicho habitar provoca en muchas vidas -no sólo la mía.</p><p>Cuerdismo: una particular pasión por la norma social. El cuerdismo es el conjunto de sentidos comunes que producen segregación, discriminación, manicomialización de las vivencias neurodivergentes, locas, crip, que no terminan cuajan con dicha norma social. El cuerdismo opera hoy en nombre de la salud mental. Vaya perversión. En nombre de la salud mental colectiva, nos sobremedican, nos cronifican, nos silencian, nos encierran, nos niegan los apoyos materiales y psicosociales que tanto necesitamos. Nos empujan al desequilibrio extremo, y cuando esto sucede, nos dejan solxs. Esta salud mental merece discutirse y confrontarse, desde la singularidad de nuestras experiencias, y no desde otra moral presuntamente loca o trastornada. En este campo de fuerzas y de disputas llamado salud mental, no se trata de reivindicar prioridad o superioridad alguna (eso es lo que justamente hace el cuerdismo), sino más bien de erosionar un aparato de clasificación psicopolítico que nos empuja a vivir de forma cada vez más indigna y miserable.</p><p>Cuerdismo no es lo mismo -pero rima bastante- con capacitismo, con hetero-cis-sexismo, con racismo, con trans*-exclusionismo, con gordofobia, con aporofobia. Son modos de una guerra difusa y socialmente validada. Esas rimas también pueden ser puentes donde encontrarnos y justamente hallar meridianos comunes.</p><p>Qué importante sería entonces poder pensar ese campo llamado s<em>alud mental, </em>a partir de las diferentes experiencias de la opresión. Dar cuenta públicamente y sin tanta vergüenza o culpa, de los desequilibrios, variaciones y divergencias más o menos extremos que nos atraviesan, y que forman parte casi irreductible de nuestro estar en el mundo. Construir relaciones menos odiosas y estereotipadas <em>con y entre</em> estos modos de existir. Promover un tratamiento efectivamente despatologizador de nuestras vivencias psíquicas, disputando y desnaturalizando la orientación felicista y homeostática, imperante en nuestro sentido común sobre la salud mental. Salud mental no es -ni puede ser- sólo deseo de bienestar, de felicidad o de integración a un tejido psicosocial roto por donde se lo mire.</p><p>Encuentro en la frase de Gloria, en el poema de Daiana, el desafío y la invitación a poder sentir y experienciar otra cosa que opresiones. A trazar puentes, meridianos, entre nuestras heridas y dolores; superficies comunes donde nuestros desequilibrios sean transitables, posibles, deseables quizás. Comunidades de atención y cuidado — donde haya tiempo para el trabajo y el esfuerzo, pero también para el descanso, la generosidad, el silencio y las delicadezas mutuas. Que siempre son sin porqué, como ese amarillo que de a ratos viene a dorarnos las pestañas, y nos regala alguna verdad informe sobre nosotrxs mismxs.</p><p><a href="#_ftnref1">[1]</a> En su discurso <em>El Meridiano</em> (1960) -ofrecido en ocasión de la recepción del Premio Georg Buchner- el poeta Paul Celan escribe que hallar un meridiano puede ofrecernos un cambio de aliento, de dirección y destino.</p><p>[2] La <em>bestia-sombra</em> es una figura creada por Gloria Anzaldúa a partir de la resignificación personal, situada, mestiza, de elementos arquetípicos de la psicología junguiana. Operar como bestias-sombra se me antoja a mí –transfeminidad neurocrip del sur-sur- una posibilidad de suspender o de abrir grietas al desmembramiento y al silenciamiento epistémico, estético y político, que continuamente se descarga sobre nuestras identidades y formas de sentir y vivir. Frente a la búsqueda frenética de distinción, transparencia, claridad, conjuros de ambigüedad y de aliviadora confusión. Ver más en Anzaldúa, G., <em>Luz en lo oscuro. Re-escribir identidad, espiritualidad, realidad</em>, Hekht Casa Editora, Buenos Aires, 2021 (trad. de Valeria Kierbel y Violeta Benialgo )</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=f37f8484eb7d" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Cartas Encrucijadas III]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 01 Jan 2022 14:45:04 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-02T00:39:45.803Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Hilos, nubes, meridianos</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/992/1*Zt-pAhatoyK-T6OBO9j86Q.png" /><figcaption>Mariette Lydis, <strong>Nostalgia de horizonte</strong>, 1965 (óleo sobre tela, 60×74 cm., Colección Sívori)</figcaption></figure><blockquote><strong>horas y horas</strong></blockquote><blockquote><strong>el corazón ablandado como un higo en almíbar</strong></blockquote><h3><strong><em>ADELIA PRADO</em></strong></h3><p><strong>09:56 PM</strong></p><p>Querida:</p><p>Vuelvo a escribirte, aunque nuestra conversación haya quedado por unos días interrumpida. O quizás te escribo gracias a que algo entre nosotras quedó suspendido hasta nuevo aviso, no lo sé. La última vez que nos encontramos conversamos sobre prestar atención -qué gesto más raro ¿no? <em>Descender sin rebajarse</em>, escribe por ahí Simone Weil. Puede que sea una buena guía para el ejercicio cotidiano (la atención, como cualquier otra facultad, si no es ejercitada se nos entumece, y a la larga termina por atrofiarse). Descender sin rebajarnos. Un viaje en paracaídas, infinito.</p><p>Siento que te entregaste a un silencio necesario, a la urgencia de una interioridad tan impostergable como misteriosa. Retirarte, repararte, con un poco más de espacio y de tiempo para la calma y la detención. Un golpe seco, difícil de ubicar, que frenó todo y te obligó a dar de nuevo, sin rodeos ni excusas. Me alegra -o eso creo. Te extraño en esta distancia, tampoco voy a negarlo. Me quedo de este lado del umbral, tras la línea de cal, en una quietud un tanto alimonada, esperando que pronto podamos volver a charlar y a caminar juntas, a la hora justa en que la ciudad distiende su cuerpo sobre la tarde, y la copa de algunos árboles (aquellos que sobreviven y se sostienen frente al avance del cemento y del lujo zombie), parecen grumos de nieve azucarados, de un color ámbar que insiste en incrustarse en la memoria, en encender y marcar con sus fogonazos nuestros andares.</p><p>Daban ganas de treparnos, despacito, compartir dudas, torpezas en altura. Quedarnos ahí un rato, perdernos de la rutina, las obligaciones, los trabajos, la pandemia que parece no querer abandonarnos -ni nosotrxs a ella. Esta tierra nuestra que quemamos y destruimos, y que nos devuelve un fuego que solo trae pena, agobio, rabia, dolor. Trazar un espacio delicado, protector, notable sólo para nosotras. Un remanso que aleje el zumbido y las demandas cada vez más absurdas de una realidad que no hace más que caer encima nuestro, sin pausa. Mirar desde más cerca esos grumos, atender con fruición a cada matiz de los colores, antes que desaparezcan en la noche. Poder saborear cada pedacito de árbol o de copo o de sol.</p><p>Me pregunto cómo será ese lugar en el que hoy descansás. Si te escuchan y te cuidan, o te aburrís, y entonces la soledad se te vuelve un collar demasiado pesado, que no hace más que dificultar tu nado — ¿el tuyo? ¿el mío?</p><p><strong>08:32 AM</strong></p><p>¿Ya amaneció? ¿Descansaste? ¿Sirven buen café ahí? ¿Hiciste alguna amiga? ¿Te reís? ¿Llorás? ¿Qué pensás cuando todo queda en silencio? ¿Extrañás a alguien por la noche?</p><p>Por aquí se oye apenas el bucheo de las palomas. Acaba de llover, muy sereno. Bajó el calor, se cuela algo de ese fresco cada vez más escaso. La ciudad silenciosa, como en desierto. Pupi mira fijo por la ventana, entra y sale al balcón, espera alguna mosca perdida que lo invite a jugar, a revolcarse desafiando la gravedad</p><p>En el borde es posible andar; fuimos sabiéndolo de a poco. Soltamos los disfraces y máscaras para sobrevivir en este mundo -a veces también al mundo. ¿Sabés? Ayer conversaba con otra amiga muy querida sobre ese ejercicio constante de llevar mil caras. De usarlas y deshacerlas, muchas veces a una velocidad de rayo, no siempre alcanzable ni disponible para muchas de nosotras. Nos pesan las máscaras, ¿verdad? A la vez hay algo interesante en ese juego. Inventivo, ficticio, plástico, sin orden previo ni acabado. Necesario para respirar y bajar un rato la guardia. Me da la impresión de que habría que intentar no descartar ni moralizar ese ejercicio, observar qué nos sucede en esos tránsitos de un paisaje a otro, sin ceder a esa tentación tan idiota de buscar nuevos apellidos para todo lo que no nos cuaja o se nos escapa de las manos.</p><p>Hasta que llega el estrés, el cansancio o el aburrimiento (y llegan siempre). Entonces poder deshacerlas. Desistir, suspender, descansar. Hilar sobre nuestra piel un tejido más neutro, menor, donde el rostro <em>personal</em> — apenas dibujado- pierda un poco de grosor y densidad. La cara se nos vuelva una mezcla de retazos, sabores y sueños. Enmascaramiento y ensoñación: visible-invisible. Abre un espacio mínimo, por donde vuelve a pasar el aliento y el aire. Sin tanto esfuerzo. Entrar, salir, quedarnos, salir, y así.</p><p>Entre hilos, cortes, interrupciones compartidas, recordé este poema de Chantal Maillard. Tan sugestiva ella.</p><blockquote><strong>El Cansancio ( De Hilos, 2007 )</strong></blockquote><blockquote><em>El cansancio. De nuevo, el</em></blockquote><blockquote><em>cansancio. El esfuerzo por</em></blockquote><blockquote><em>sobrevivir. Reiterado</em></blockquote><blockquote><em>Observar las nubes.</em></blockquote><blockquote><em>Dentro.</em></blockquote><blockquote><em>Barrer.</em></blockquote><blockquote><em>Dentro.</em></blockquote><blockquote><em>Elegir quedar.</em></blockquote><blockquote><em>Toda nube</em></blockquote><blockquote><em>lleva una trayectoria. Asumir</em></blockquote><blockquote><em>la trayectoria. Imposible</em></blockquote><blockquote><em>barrer todo siempre. Está el</em></blockquote><blockquote><em>cansancio.</em></blockquote><blockquote><em>Aunque también el de</em></blockquote><blockquote><em>las trayectorias. De ver pasar las nubes.</em></blockquote><blockquote><em>También ese cansancio.</em></blockquote><blockquote><em>Entonces,</em></blockquote><blockquote><em>por un momento, ahora.</em></blockquote><blockquote><em>Sin voluntad. Y casi está bien.</em></blockquote><blockquote><em>Hasta pensar en el bien y convertirlo</em></blockquote><blockquote><em>en nube. En trayectoria.</em></blockquote><p>Buen fin, inicio.</p><p>Buena nube y trayectoria.</p><p>Con amor</p><p>F</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=b8bbb53ec939" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[BAILAR LLORANDO. MERIDIANOS OBLÍCUOS DE UNA TIERRA A OTRA]]></title>
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            <category><![CDATA[vectorium]]></category>
            <category><![CDATA[politics]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 26 Dec 2021 15:01:46 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-01-04T15:41:29.644Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h3>Bailar Llorando. Meridianos Oblícuos De Una Tierra A Otra</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*7wS0XJ6krrgkch2dQzQC2w.jpeg" /><figcaption>Rodrigo Arangua // Santiago de Chile // Nov ´19 // AFP</figcaption></figure><blockquote><em>No lamentamos despedirnos<br> sino saber que por mucho que construyamos<br> la lluvia seguirá existiendo<br> y sin embargo<br> nadie se levanta.<br> Dije basta y mi eco encontró refugio<br> en la amplitud de esa palabra.</em></blockquote><blockquote><em>JULIETA MARCHANT</em></blockquote><p>Escribe Laura Wittner que se puede seguir traduciendo mientras se llora. Quizás hasta se pueda bailar así, en estado de llanto, de derretimiento, mientras los pies apenas se levantan del suelo, y un cielo nocturno e incombustible acompaña el ritual. Tan solitario como entramado a otros cuerpos que parecen querer estar en el mismo planear. El domingo pasado fui a ver a El robot bajo el agua, un grupo de brujos melancólicos y obstinados, que siguen buscando y tirando de ciertos hilos interiores, opacos, a prueba de cualquier épica desencarnada. Aullando se mueve el robot y nos movemos con é, a corazón abierto, en carne viva: todo un método. Escucharlo en vivo después de tantos años, es como avistar una orilla serena, un espacio donde mezclarnos y descansar de nuestros propios demonios y terremotos. Donde escondernos de <em>la horda de imitadores triunfantes, también</em></p><p><em>Barrenar, planear, escuchar con atención. Pienso y escribo en algún lugarcito de mi mente. La mente es un lugar. No tengo papel a mano; confío en el recuerdo, sus ecos desperdigados, torpes, sorprendentes. No tengo otra.</em></p><p>En el mismo momento en que escucho al robot, recibo una notificación en mi celular que me ayuda a transitar y a disfrutar de esa hora y cuarto de música, en un estado de calma, de templada alegría: Gabriel Boric daba el <em>sorpasso</em> esperado por muchxs, y vencía en la segunda vuelta a José Antonio Kast -una especie de <em>momento-Waldo</em> neopinochetista, hipercalculador y ultrareaccionario- con casi el 60% de los votos válidos, y con niveles históricos de participación electoral. Un candidato, Boric, que llega a la presidencia de Chile con la desmesurada tarea de comenzar a desandar el proceso de <em>neoliberalización</em> social -es decir, de conversión del cuerpo colectivo al funcionamiento competencial, endeudado, individualizado y privatizante- más largo y sostenido de nuestra historia contemporánea.</p><p><a href="https://www.youtube.com/watch?v=ColDBbzfUKs">El Robot Bajo el Agua | Ciclo MÚSICA EN LA RIBERA — YouTube</a></p><p>¿Por qué hablar de conversión? Pienso que tal vez nos pueda ser útil comprender esta fase tardía del capitalismo -la pluralidad de sus estrategias y modos de captura, integración y segregación- como una efectivo ejercicio -terapéutico, a su manera- de conversión económica y libidinal. Cuya operatoria consiste -me parece- en ordenar las energías y pulsos vitales, sus opacidades, anomalías y divergencias, al chantaje de la escasez, la austeridad y la necesidad. Método de saqueo y de transformación de los mundos y de los cuerpos en recursos y datos siempre disponibles<a href="#_ftn1">[1]</a>, desplegado en ese límite vidrioso y ambiguo entre lo social y lo individual, entre los procesos macropolíticos, institucionales, y las dinámicas micropolíticas, ligadas estas últimas al desenvolvimiento cotidiano de nuestros vínculos, afectos, sentires y derivas más personales.</p><p>Entonces me gustaría imaginar que algún segmento de esa línea automática de brutalización existencial y colectiva pudiera haber sido interrumpida el domingo pasado, mediante el uso del voto y la ocupación alegre de las calles, a lo largo y a lo ancho de ese país, presentado hasta no hace muchos meses por aquí como el único modelo a imitar. Mientras, otrxs, más introvertidxs quizás, nos acompañábamos sin casi sin tocarnos. Nos hacíamos nuevamente refugio entre las extrañas canciones del robot.</p><p>Boric y El robot resuenan para mí como los nombres y las rítmicas fortuitas para otra deriva posible. Los sonidos de un estallido rabioso, sorpresivo, un temblor de tierra amasado durante largos años; grieta abierta desde el interior de estos territorios <em>sin alternativa</em>, que hoy se deja ver y escuchar nuevamente gracias a la puesta en riesgo de cuerpos y almas rotas, cojas, disidentes, protestonas. También mutiladas, suicidadas<a href="#_ftn2">[2]</a>, empujadas durante demasiado tiempo a la frustración y al invierno permanente. Encarceladas sin más proceso ni derecho que el de quienes solo saben administrar la crueldad y la excepción dolorífica y excluyente.</p><p>En esa escena de cruces y claroscuros, nos hacemos de barcas a cielo abierto, entre nuevos solsticios que invitan a la juntada y al festejo discreto. Cada quien a su modo, con las herramientas y conexiones que aprendió a desplegar; una forma de astillar la máquina de multiplicación de vidas entristecidas. De volver a respirar y a conspirar juntxs-solxs. De reconocer también, sin tanto espectáculo ascético y autoflagletorio, que eso que llamamos neoliberalismo<a href="#_ftn3">[3]</a> muta y se reproduce porque se nos vuelve un programa de vida deseable. O implacable. Hechizo y fetiche frente al cual no se trata, creo, de identificar esbirrxs, cómplices, participantes más o menos implicados y culpables. Muchos menos de estructurar fatídicas olimpiadas de privilegios u opresiones, o trazar líneas rojas y cordones sanitarios, sino de dar cuenta de los apegos íntimos, y muchas veces inconfesables, que nos ligan tentacularmente a la hidra<a href="#_ftn4">[4]</a>. Eludir los atajos supremacistas y morales a la mano, para poder identificar esos puntos indecidibles de exposición y de vulnerabilidad común, a partir de los cuales esta criatura emponzoñada ocupa y envenena nuestros gestos y estrategias de supervivencia cotidiana. Puntitos desde donde podríamos también articular un <em>basta, hasta aquí llegamos,</em> <em>a otra cosa amigxs, </em>paciente con las extrañezas que nos surcan cuerpo y alma. Ahí encuentro el hilo frágil -un poco disparatado, quizás- que construye un meridiano invisible desde el triunfo parcial de esxs muchxs, hasta el regreso a paso lento y cansino de El robot. En el medio seguimos bailando, llorando, traduciendo, escribiendo, mientras esperamos la próxima lluvia.</p><h3><strong>NOTAS</strong></h3><p><a href="#_ftnref1">[1]</a> Sobre el llamado extractivismo de la subjetividad, recomiendo escuchar la excelente intervención de Alejandro Kaufman aquí: <a href="https://www.youtube.com/watch?v=HjCCzN0wJyI">PULSIÓN DE RADIO, Episodio 19 / Alejandro Kaufman — Extractivismo de la subjetividad. — YouTube</a></p><p><a href="#_ftnref2">[2]</a> Según varios estudios, la tasa de suicidios en Chile entre 1970 y 2019 aumentó un 60 % (de 6,1 a 9,7 c/ 100.000 habitantes), observándose un fuerte descenso durante el período 2019–2020 (de 9,7 a 8,17 c/ 100.000 ha.). Ver más aquí <a href="https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2021/07/14/pandemia-y-suicidio-en-chile/">Pandemia y suicidio en Chile — El Mostrador</a>.</p><p><a href="#_ftnref3">[3]</a> Escribo esto y pienso si no está en lo cierto McKenzie Wark, cuando señala que probablemente estemos asistiendo a la emergencia de algo aún peor que el <em>capitalism</em>o, y que necesitamos de otros nombres más precisos para dar cuenta de sus operaciones y despliegues. Algo así como un <em>golpe de poesía y de vulgaridad</em> al interior de las teorías que se presentan como críticas, pero que no hacen más que girar en falso sobre sí mismas. Ver más sobre estas sugestivas hipótesis en McKenzie Wark, <em>El capitalismo ha muerto. El ascenso de la clase vectorialista</em>, Holobionte Ediciones, Madrid, 2021</p><p><a href="#_ftnref4">[4]</a> La hidra es un pequeño invertebrado de agua dulce que mide 2,5 cm de longitud con forma de tubo del que salen varios tentáculos, integrados entre sí, y que vive fijo en las rocas, alimentándose de microorganismos, y que se reproduce por gemación. La imagen de la hidra nos puede ser útil para caracterizar el complejo funcionamiento de los dispositivos neoliberales, en particular por su alta adaptabilidad y reproductibilidad en condiciones desfavorables u hostiles.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=78f6aa60e45" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[Pues mi misma vida espero / muriendo porque no muero]]></title>
            <link>https://medium.com/@francusita/pues-mi-misma-vida-espero-muriendo-porque-no-muero-apuntes-personales-sobre-depresi%C3%B3n-85bfc4205fc5?source=rss-f30692662fd3------2</link>
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            <category><![CDATA[depression]]></category>
            <category><![CDATA[crip]]></category>
            <category><![CDATA[notes]]></category>
            <category><![CDATA[political]]></category>
            <category><![CDATA[neurodiversity]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 19 Dec 2021 16:22:30 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-12-20T14:51:21.690Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h3>Apuntes Sobre Depresión, Política y Futuros Imperfectos</h3><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*RGVqan4-CD_5uwnpYwfR_g.jpeg" /><figcaption>Neuquén / Diciembre 2021</figcaption></figure><blockquote>¿Estoy exagerando? Sí, pero con razón</blockquote><blockquote>CATALINA SCICCHITANO (2021)</blockquote><p>Todas las semanas, desde que comenzó la pandemia de la COVID-19, me entero de que alguien decide terminar abruptamente con su vida producto de una depresión que se le ha vuelto insoportable. Verónica Forqué, Patricio Pardo… y tantxs otrxs anonimxs, de cuyos nombres e historias no sé ni sabemos nada. También recibo noticias de personas a quienes convivir con una depresión se les ha vuelto un esfuerzo intransitable e intentan levantar la mano contra sí mismxs, pero no logran cumplir con ese objetivo. La depresión se ha transformado en otra pandemia silenciosa, de la que nadie quiere oír ni hablar. En la que nadie quiere pensar.</p><p>Según los últimos datos de la OMS, aproximadamente el 5% de la población mundial atraviesa síntomas vinculados con los estados depresivos, porcentaje que traducido a números concretos alcanzaría la friolera de 300 millones de personas<a href="#_ftn1">[1]</a>. En nuestro país no existen datos fehacientes ni estadísticas publicas actualizadas y confiables sobre la prevalencia de la depresión, aunque por las informaciones que ofrece la misma OMS no seríamos la excepción a este porcentaje. Es decir, que unxs tres millones de argentinxs sufren sintomatología asociada a este padecimiento psíquico. Cifra sorprendente y ominosa, a la que debe sumarse el arrinconamiento y la invisibilidad social a la que se nos sigue empujando, gestos que no hacen más que aumentar el padecimiento y el dolor asociados a este habitar.</p><p>Pareciera que en relación con las personas depresivas (pero no sólo), vuelve al ruedo aquel lema terrorífico, popularizado en este territorio del sur durante la última dictadura cívico-militar-empresarial-eclesiástica (1976–1983), y grabado a fuego en nuestro sentido común: <em>el silencio es salud</em>. En estos terrenos tan fangosos y áridos, me da la impresión de que la mejor estrategia es siempre callar, silenciar, segregar, privatizar, encerrar, medicar (puede venir todo junto). Que el poder bio-médico-psiquiátrico-psicoanalítico cumpla con su trabajo. Que diagnostique y <em>contenga</em> todas aquellas anomalías y variaciones para las que no tiene tratamiento ni puede ofrecer apoyo, escucha u orientación precisa y adecuada. Que para eso se les paga a sus profesionales y con tal objetivo estabilizador se lxs financia. <em>Patologizar y estabilizar</em> ; esa es la única receta que nuestra sociedad demuestra tener a mano para no mirar de frente el sufrimiento que causa a muchxs de sus miembrxs. Y que el resto de los seres humanos (aparentemente más sanxs, o menos quejosxs) continúen su fuga hacia adelante. Aunque nadie sepa muy bien hacia dónde va ni de qué está hecho ese <em>adelante</em>.</p><p>Conozco de primera mano lo que es vivir y habitar una depresión: hace 14 años que sus síntomas atraviesan mi cotidiano. Ideaciones suicidas, hiperexigencia constante, autodesprecio, autoestima inexistente, imposibilidad de planificar, socializar y trabajar, anhedonia extendida, tiempo encallado en un puro presente sin futuridad posible, fueron -y en muchos momentos siguen siendo- la partitura en la que se desenvuelve mi tiempo. Aunque he logrado mejorar bastante mi ánimo y regular mis empozamientos gracias al tratamiento con psicofármacos, a los que sumo consulta psicológica, y a la que sumo consulta psiquiátrica periódica, estos síntomas lejos están de haber desaparecido. Aclaro, por si hiciera falta, que tengo trabajos precarizadxs -entre 3 y 5, según la época del año- que me brindan ingresos suficientes (por ahora) como para cubrir mis necesidades básicas y costear la medicación y las sesiones, lo cual pareciera ser una suerte y un privilegio en un territorio bajo constante asedio y saqueo neocolonial<a href="#_ftn2">[2]</a>, con una deuda externa impagable, con casi el 50% de su población pobre, y una tasa de desempleo que roza el 10%. <a href="#_ftn3">[3]</a></p><p>Hasta aquí, alguien podría preguntar, no sin legitimidad, qué tiene que ver la tasa de desempleo, el índice de pobreza, el monto nominal y relativo de la deuda externa, la informalidad laboral, la precarización general de nuestras vidas, con el crecimiento de la incidencia de las depresiones. Pues lamento decir que tiene mucho que ver. Dicho aumento no es un asunto fortuito o inexplicable. Como señala Mikkel Krause Frantzen (2019), detrás de este crecimiento exponencial de las depresiones y los síntomas de pánico y ansiedad, se esconde una cuestión de economía política: el reinado absoluto del competencialismo neoliberal. O lo que es lo mismo: el hecho catastrófico de vivir en entornos donde la mitología de la austeridad y la escasez, del abuso y la depredación, de la extroversión y el autoespectáculo meritocrático, individualizante y miserabilizado, se nos hayan impuesto como la única narrativa colectiva posible. El punto final -o más bien la internalización individualizada, sin alternativa- de una historia opaca de luchas, desajustes y antagonismos, que habría llegado a su límite absoluto, sin nada más para decirnos ni para ser desplegado. En lo absoluto de este límite, encontramos nada más que realismo capitalista y realismo depresivo, articulados en un áspero bucle político-personal. Violentamente alisado y transparente, sin grietas ni rugosidades. Rigurosamente infernal.</p><blockquote>“(…) ¿es la Historia, con H mayúscula, la que finaliza aquí? ¿atravesamos algo más que la confirmación de la premonición y el anhelo del depresivo: que todo finalmente ha terminado? ¿o se trata, más bien, de la verificación de su miedo último: que las cosas, de hecho, no lleguen a su fin? ¿la transformación que atestiguamos es testigo de una crisis en el tiempo, un tiempo no extático y sin fin: un fin sin fin? ¿de qué nos habla este nuevo tipo de cuenta regresiva? ¿contamos hasta cero y luego qué? ¿muerte lenta? ¿infinito? ¿inmortalidad? (..)”</blockquote><blockquote>MIKKEL KRAUSE FRANTZEN — Going Nowhere.</blockquote><blockquote>The aesthetics and politics of depresión (2019)<a href="#_ftn4"><strong>[4]</strong></a></blockquote><p>Ciertos diagnósticos, además de ser la expresión de fuerzas sociales en el cuerpo individual, son la puerta de entrada para habilitar algunas preguntas que pueden resultarnos interesantes. Para muchxs, entre lxs que me encuentro, hablar en primera persona de lo que nos ocurre no es la actividad propia de un narcisismo ocioso, sino un método posible de auto-concienciación y de auto-sanación. Repito: auto-concienciación, auto-sanación, no romantización. Aclaro que con el prefijo <em>auto </em>tampoco<em> </em>me estoy refiriendo a la <em>cerca de púas de la individualidad aislada</em><a href="#_ftn5">[5]</a>, sino más bien a un punto de encuentro y de exposición en la distancia y la diferencialidad de las heridas personales, con las cuales cada unx carga, camina y vive. Otra posibilidad de desandar <em>en juntidad</em> una historia de violencias, abusos, silenciamientos, microagresiones, patologización y segregación, que en no pocos casos se extiende hasta nuestros presentes, y frente a la cual nos resulta bastante difícil permanecer indemnes. Aunque muchas veces deseamos esa <em>indemnidad</em> más que cualquier otra cosa en el mundo, como una promesa necesaria de remanso y de reparación.</p><p>En nuestras depresiones pende el problema de la cura y de reparación, y de la posibilidad ciertamente inquietante de que ninguna de las dos sean necesarias (ni posibles). María Moreno escribió de forma vibrante sobre la necesidad de crear espacios abiertos a <em>las lenguas rotas e infartadas, a sus invenciones, que no pueden adjudicarse simplemente al concepto de reparación.</em><a href="#_ftn6"><strong><em>[6]</em></strong></a> ¿Y si al desligar nuestras depresiones, ansiedades, trastornos, de la utopía de la cura y la reparación, tiraramos de los hilos de un insospechado poder instituyente?</p><p>Tal y como interroga Frantzen, ¿qué queda luego del fin de esa Historia, con H mayúscula? ¿apocalípsis? ¿catástrofes? ¿una lenta y agotadora cancelación de todos los futuros? No necesariamente. Quizás también permanece e insiste el desafío de habitar y de dar territorio concreto a otras temporalidades -post-progresivas, no lineales, rotas, espiraladas, irresolubles- y a las disposiciones afectivas particulares que las acompañan, con paciencia y sin inflamaciones. O en todo caso exagerando, pero con débil razón.<em> La sola vida que espero, muriendo porque no muero</em>. Me lo repito a mí misma antes que a nadie, mientras vuelvo a hurgar en los restos sueltos de San Juán.</p><h3>NOTAS</h3><p><a href="#_ftnref1">[1]</a> Extraído de <a href="https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression">Depresión (who.int)</a></p><p><a href="#_ftnref2">[2]</a> En el momento en que escribo este texto, la coalición progresista gobernante (Frente de Todos) se apresta a firmar un nuevo Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF, por sus siglas en inglés) con el FMI, a fin de cancelar el préstamo usurario de 57.000 millones de dólares contraído con el organismo durante el último gobierno conservador, encabezado por Mauricio Macri (2015–2019). Acuerdo del cual aún no se conocen plazos, condicionalidades ni montos a pagar.</p><p>[3] Según estadísticas del CIFRA (Centro de Información y Formación de la República Argentina), más del 40 % de lxs trabajadorxs argentinxs empleadxs se encuentran hoy en la informalidad, lo que implica remuneraciones entre un 25 y un 30% más bajas que un salario formal y protegido por la Ley de Contratos de Trabajo vigente. A a lo que debe sumarse la ausencia de prestaciones y de protección social para este tipo de actividades laborales.</p><p><a href="#_ftnref4">[4]</a> La traducción me pertenece</p><p><a href="#_ftnref5">[5]</a> Ver más en Anzaldúa, G., <em>Luz en lo Oscuro</em>, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Hekht Libros, 2021</p><p>[6] <a href="https://www.infobae.com/cultura/2021/09/29/maria-moreno-regresa-con-un-emocionante-texto-por-los-diez-anos-del-museo-del-libro-y-de-la-lengua/">María Moreno regresa con un emocionante texto por los diez años del Museo del Libro y de la Lengua — Infobae</a></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=85bfc4205fc5" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Habitar Un Espectro]]></title>
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            <category><![CDATA[neurodiversity]]></category>
            <category><![CDATA[radical-tenderness]]></category>
            <category><![CDATA[autism-spectrum-disorder]]></category>
            <category><![CDATA[crip]]></category>
            <category><![CDATA[postcapitalism]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 11 Dec 2021 21:07:07 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-12-12T12:56:38.439Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/0*Sn4A5E2TOk3Cd2Fh" /><figcaption>Photo by <a href="https://unsplash.com/@lastly?utm_source=medium&amp;utm_medium=referral">Tyler Lastovich</a> on <a href="https://unsplash.com?utm_source=medium&amp;utm_medium=referral">Unsplash</a></figcaption></figure><blockquote><em>La ilusión de curar descarta la supervivencia, la telaraña de fracturas, grietas y costuras que nos atraviesan y nos constituyen. La promesa -de la cura- tiene poder precisamente porque ningunx de nosotrxs quiere estar rotx. Sin embargo, hay algo en todo esto que me genera mucha curiosidad: ¿qué pasaría si aceptáramos, reclamáramos, abrazáramos nuestros quebrantos?</em></blockquote><blockquote>ELI CLARE — Una brillante imperfección (2019)</blockquote><p>Este texto nace de la congoja. Se dice de la congoja que es un sentimiento que aprieta las vísceras. Que hasta puede hacerlas hablar, en lenguas inimaginables. Que puede empujar a un estado de desolación, es decir, al rumiar sin sol, a distancia o más bien lejos de la luz. Tal es mi modo de estar en este mundo, entre la congoja y la desolación, en sus entreveros y encrucijadas. Y de escribirlo. Procuro mantenerme separada del sol y de las luces y brillos demasiado incandescentes, en el escribir y en el vivir <a href="#_ftn1">[1]</a>. No los soporto. Me agotan muy rápidamente. Caminar y andar por la sombra, al fresco, cercana a cualquier rastro de brisa o viento, es para mí sinónimo de protección y alivio. Sobre todo, en días como hoy, donde los rayos rajan la tierra.</p><p>Algunxs suelen ligar el <em>acongojamiento</em> a la melancolía o a la depresión, es decir, a estados muy poco recomendables. Otrxs -más analiticxs y cautelosxs, quizás- prefieren situar la congoja en adyacencia a la angustia; ese mal del alma que anda como perdida, con poco o nulo objeto, desanclada de cualquier territorio o suficiente razón. <em>Ten paciencia, / que yo alcanzo razón y estoy ausente, </em>le escribe el acongojado Garcilaso a un can herido y desconcertado a la vera de un desierto, allá por el siglo XVI, en uno de los sonetos más conmovedores que se hayan escrito en esta lengua. La congoja está cerca de la conmoción, y no sólo por compartir prefijo. Sino también por el hecho de ser estados que producen movimiento, aun en la más amesetada quietud. Que buscan prolongarse hacia algo o alguien -criatura humana o no humana- que el propio yo ansía, pero que nunca alcanza a ubicar, a tocar ni a poner a disposición. Y por tal pasión ansiosa, siempre irresuelta, el cuerpo se mueve, lanza uno o varios quejidos al vacío; la congoja puede quebramos, como esas ramas débiles que ceden sin demasiada resistencia a los pajaritos que se posan en ellas. Abrir una marca en nuestra piel, muchas veces intraducible a las lenguas tan higiénicas y satisfactorias de la cura y la reparación. De eso me habla la congoja.</p><p>Perder -ese arte rarísimo del que tanto se escribe y se teoriza, las más de las veces para conjurar el terror que nos provoca- quizás sea en principio, un aprendizaje de la congoja. Aprehender lo que nos aprieta el pecho, los órganos, las vísceras; darle lugar, domicilio, cobijo. <em>Andar en congoja</em> -en tiempos obligatoriamente alegres, puerilmente festivos- puede ser una gran suerte, otra de las formas oblicuas y laicas de la gracia. Una grieta en la pretendida continuidad de trabajos y días, porfiada, pero también amable para con los quebrantos que forman y deforman una vida, y que insisten frente a cualquier comando logístico, competencial y/o meritocrático. Si el mundo empuja todo lo viviente a devenir información, recurso, dato, tal vez la congoja pueda ser una contra-disposición afectiva, no necesariamente reaccionaria, donde resguardarnos y habitarnos de maneras un poco menos brutalizantes. O una forma de autodefensa. Y la autodefensa -defender nuestros repliegues, nuestro derecho a andar en congoja, sin porqué- no me parece solo un gesto importante, sino urgente</p><blockquote><em>También yo salgo sin rumbo</em></blockquote><blockquote><em>y procuro una síntesis en las demoras</em></blockquote><blockquote><em>cazo obsesiones con fría temperancia y digo</em></blockquote><blockquote><em>de corazón: no supe y digo</em></blockquote><blockquote><em>de la palabra: no digo (todavía no puedo creer</em></blockquote><blockquote><em>en la vida) y demito el verso como quien saluda</em></blockquote><blockquote><em>y vivo como quien despide la rabia de haber visto</em></blockquote><blockquote><em>ANA CRISTINA CÉSAR — Psicografía (1986)</em></blockquote><p>Quería hablar, escribir sobre la congoja y me perdí. Vuelvo. Habito algo que la psiquiatría denomina espectro. En realidad, los psiquiatras suelen utilizar otras palabras, más agresivas, deshistorizadas y patologizantes (trastorno, déficit, síndrome, padecimiento, etc.) para referirse a determinadas experiencias que no termina de comprender. Habitares alejados de esa mitología polémica, compleja, y muchas veces intransitable, llamada salud mental.</p><p>La pretendida salud mental es una casa demasiado exigente y hostil para los espectros.</p><p>Suele ser más fácil pensar la salud mental en términos de diagnóstico, cura, o aún peor, resiliencia, que en función de la necesidad de redistribuir apoyos, recursos, cuidados y acompañamientos. Abonar esa <em>lógica manicomial, </em>isomórfica a la forma de vida capitalista contemporánea, alérgica a los espectros- contribuye a evitar el conflicto, la sorpresa, el asombro, la ausencia de palabras, de explicaciones más lentas y opacas. Ni la psiquiatría biomedicalizante ni el psicoanálisis más institucionalizado y eclesial son la excepción a este modo de intervenir y de operar sobre nuestros cuerpos-mentes.</p><p>Habitar un espectro, entonces, siempre es distinto; se dice de modos singulares, divergentes, desbordantes. Nadie habita un espectro de igual manera. No existe un habitar el espectro igual a otro. Cosa indefinible, molesta, reacia a la generalización. Medio-vivo, medio-muerto; un espectro puede arrasar con los circuitos, las circulaciones, los trabajos, los negocios y negociaciones que puntúan tu vida cotidiana. Dejarnos en pampa y la vía. Un espectro puede deshabituarte, invitarte a construir un tiempo distinto, oblicuo. Respirable: no exigirte linealidad ni rectitud. Un espectro puede hacerse un lugar en tu vida y darle tiempo. En el andar en congoja hay espectros. Y hay tiempo.</p><p>O quizás sea que entender nuestras anomalías y variaciones sólo al modo del diagnóstico y la cura, sea otra forma de hacerlas producir, de ponerlas a trabajar, de integrarlas a un dispositivo de daños mutuos, de sosegarlas. No sea cosa que los debilísimos diques que nos inventamos para sobrevivir se vean de pronto súbitamente arrasados, y no sepamos muy bien qué hacer.</p><p><strong><em>¿Qué sucede cuando un cuerpo en estado de crisis, de dolor, rechaza las soluciones, los diagnósticos, las recetas? ¿Y cuando ese cuerpo pide un poco más de tiempo para saber de qué se trata? ¿Derecho a la no explicación, a la distancia, a la abstención? ¿Y si suspendemos por un rato ese afán exasperado de curar, de reparar, de recuperar todo aquello que consideramos dañado o roto? ¿Acaso querer curar, reparar, recuperar no pueden devenir también en modos un tanto romantizados y aceptados del daño mutuo? ¿ No va siendo tiempo de reconocer y de habitar la ambigüedad irreductible de los procesos vinculados al diagnóstico, a la cura y la reparación?</em></strong></p><p><a href="#_ftnref1">[1]</a> <em>Escribir y vivir no son para mí actividades homogéneas ni continuas. No me interesa ni la homogeneidad ni la continuidad; prefiero los agujeros, los lugares vacíos, las grietas. Tal diferencialidad menor, débil, entre escritura y vida, puede ser también lugar de florecimiento y germinación.</em></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=9bc9e72a26eb" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Post Pandemia]]></title>
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            <category><![CDATA[neuro]]></category>
            <category><![CDATA[politica]]></category>
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            <category><![CDATA[postpandemia]]></category>
            <category><![CDATA[crip]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 05 Dec 2021 13:28:24 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-12-11T21:17:03.222Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/0*uFPjzVPkBTbZPb3J" /><figcaption>Photo by <a href="https://unsplash.com/@pawel_czerwinski?utm_source=medium&amp;utm_medium=referral">Pawel Czerwinski</a> on <a href="https://unsplash.com?utm_source=medium&amp;utm_medium=referral">Unsplash</a></figcaption></figure><blockquote>“es importante -dirás</blockquote><blockquote>levantando los vidrios-</blockquote><blockquote>pensar en los basureros</blockquote><blockquote>aquí nadie necesita</blockquote><blockquote>más heridos”</blockquote><p>MARIANA SPADA /<em>Ley de conservación</em> (2019)</p><p>¿tengo que explicar</p><p>todo el tiempo</p><p>con palabras</p><p>de este mundo</p><p>mi dificultad</p><p>para transitar reuniones</p><p>virtuales</p><p>que duran más de 1 hora y media?</p><p>nadie tiene que explicar</p><p>porqué puede hacerlo</p><p>y está muy bien</p><p>que así sea</p><p>yo sí tengo que justificar</p><p>porqué no puedo</p><p>raro, como asimétrico</p><p>¿no?</p><p>la cabeza me chilla</p><p>al modo de un chimango</p><p>herido</p><p>me falta el aire</p><p>me aprieta el pecho</p><p>mi cuerpo queda</p><p>hecho un flan</p><p>después de semejante</p><p>esfuerzo</p><p>¿suficiente amiga?</p><p>¿nos parece justo?</p><p>¿qué chillidos nos importan?</p><p>¿qué aullidos nos conmueven?</p><p>¿qué quebrantos nos movilizan?</p><p>¿cuántas heridas entran</p><p>en nuestras causas?</p><p>(siempre tan sacrosantas</p><p>ellas -las causas)</p><p>todo el tiempo soportar</p><p>las caras de asombro</p><p>sospecha</p><p>de molestia</p><p>frente a mi actitud</p><p>ortiva</p><p>poco colaborativa</p><p>“sos un poco haragana”</p><p>“ponele onda”</p><p>“te cuesta comprometerte”</p><p>¡no doy más querida!</p><p>¿en cuántos idiomas</p><p>querés que lo diga?</p><p>soy lenta</p><p>nunca pude</p><p>ni podré</p><p>con la rapidez</p><p>y la exigencia</p><p>managerial</p><p>transversal</p><p>capilar</p><p>además</p><p>decime la verdad</p><p>¿no te pasa a veces</p><p>lo mismo?</p><p>¿no es también</p><p>la obligación</p><p>de argumentar</p><p>de tener que hacer</p><p>un informe</p><p>con todas las anomalías</p><p>que nos atraviesan</p><p>a lo largo de un día</p><p>otra forma de trabajo</p><p>no reconocida</p><p>ni remunerada</p><p>es decir</p><p>otra forma de violencia</p><p>y de daño?</p><p>¿cuándo vamos a hacernos cargo</p><p>del miedo, del daño y del desamor?</p><p>pregunta marie gouiric</p><p>en su último poemario</p><p>¿cuántos rugosidades</p><p>y dolores caben</p><p>en nuestra militancia?</p><p>¿y en nuestro llamado</p><p>a la disidencia</p><p>permanente?</p><p>si necesito una pausa</p><p>para descansar</p><p>o cortar un rato</p><p>o quedarme</p><p>todo el día</p><p>en casa</p><p>en cama</p><p>o tengo un ataque</p><p>de ansiedad, pánico,</p><p>depresión</p><p>o estoy quemada</p><p>de tanto ver gente</p><p>o simplemente necesito</p><p>silencio</p><p>para observar</p><p>registrar</p><p>donde carajo</p><p>estoy parada</p><p>¿dejo de disentir?</p><p>¿quepo en tu lucha?</p><p>¿o soy otra cobarde</p><p>moral?</p><p>¿me vas a escuchar</p><p>amiga?</p><p>¿o me vas a acusar</p><p>de individualista</p><p>y traidora</p><p>por no “activar”?</p><p>¿normie?</p><p>¿amargada?</p><p>¿infeliz?</p><p>¿debo correrme</p><p>de tu orga</p><p>si los trabajos</p><p>con los que necesito</p><p>cumplir</p><p>para sobrevivir</p><p>me cansan?</p><p>¿no será mucho</p><p>querida?</p><p>digo</p><p>o pregunto</p><p>¿no nos estará faltando</p><p>política</p><p>(de esa que se hace</p><p>preguntas</p><p>re difíciles y molestas</p><p>inclausurables</p><p>y se toca</p><p>y se sufre</p><p>y se come</p><p>con las manos)?</p><p>¿lo personal</p><p>sigue siendo</p><p>…………………….?</p><p>¿o volvió a ser</p><p>un lujito burgués?</p><p>¿hablamos un rato</p><p>amiga</p><p>sobre lo que estamos</p><p>haciendo</p><p>con nuestros cerebros</p><p>con nuestros sistemas</p><p>nerviosos</p><p>con nuestras</p><p>culturas de apoyo</p><p>y colaboración</p><p>antes de que lo hagan</p><p>un par de reventaditos / as</p><p>por nosotras</p><p>y sea</p><p>demasiado tarde?</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=89c89c8c90a6" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Cartas Encrucijadas II]]></title>
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            <category><![CDATA[creative-process]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Thu, 25 Nov 2021 19:42:04 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-12-11T21:19:08.924Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/0*S3RezYAVmMRTpmji" /><figcaption>Photo by <a href="https://unsplash.com/@giodi_94?utm_source=medium&amp;utm_medium=referral">Giulio Del Prete</a> on <a href="https://unsplash.com?utm_source=medium&amp;utm_medium=referral">Unsplash</a></figcaption></figure><blockquote>Creo que lo “inadecuado” lo es porque perturba al poder que define aquello sobre lo que conviene (o no) hablar; que allí donde las cosas incomodan es donde más intensamente operan las formas de poder que dan luz a lo que importa y sombra a lo que se calla (y a menudo se interioriza), allí donde descansa la raíz de la desigualdad<em>.</em></blockquote><p>REMEDIOS ZAFRA</p><p>Querida:</p><p>Vuelvo a escribirte. Es de noche por aquí. Puse las luces al mínimo necesario, para evitar molestias visuales que me interrumpieran el hilado de estas palabras. Ya sabés: mis ojos no son demasiado afectos a los reflectores ni a las incandescencias excesivas de la luz. Prefieren desde siempre la sombra, los rincones menos visibles. Si la radiación es demasiado intensa, no acompañan el deseo de articular algunas sensaciones esquivas. La fatiga llega rápido, toma su lugar, rectifica cualquier movimiento, y no hay mucho que hacer. Hay quienes pueden adentrarse en ese ejercicio -escribir- gracias a los estados de cansancio. No es mi caso.</p><p>Nuestros ojos -al borde de la extenuación- también precisan y reclaman silencios, demora, reposos, ¿verdad? Un campo de claroscuros para poder enfocarse y no perderse en la dispersión ni en el brillo caníbal que nos llega de todas partes, desde todos los puntos, todo el tiempo. Es justamente esa ubicuidad y esa transparencia de la luz -tramposa y seductora a la vez- la que creo que muchas veces puede aparecer como un gran hoyo infernal, capaz de puntuar, roturar y absorber nuestras energías y fuerzas; nuestros temblores y pequeñas dichas de días y noches. La utopía turbo mercantil, siempre reactualizada y apuntalada, de un cuerpo que abjura de cualquier paréntesis para el remanso y el sueño. Mejor dicho: un dormir y un soñar vigilados y controlados en la cerca del mérito, de la tasa de ganancia y de su economía depredadora y debilitante.</p><p>Ese aparato que J. F. Lyotard denominó, no sin cierta hálito poético, <em>economía libidinal</em>. Pienso que nuestras encrucijadas y desconciertos necesitan hoy mucho más de la imaginación y de la poesía que de la gestión y del santo espíritu utilitario, ciudadano y demócrata. Es falso — y terrible, quizás- seguir diciendo y creyendo que el capital no tiene una poética propia, una forma particular de integrar, modular y colonizar el mundo, nuestros mundos. Y hasta de revolucionarlos, si así lo necesita para seguir operando. Desde Pinochet hasta aquí, ¿a qué otro espectáculo asistimos sino a aquel en el cual esta máquina de lectura incansable ha fijado las reglas, límites, posibilidades y modos de fabular sobre lo que hay, sobre lo deseable y lo indeseable, lo posible y lo imposible? ¿No estimula con artilugios <em>up-to-date</em> estos juegos del hambre, de la austeridad, del abuso mutuo y de la escasez, inscribiéndolos en nuestros inconscientes, de modos quirúrgicos y arteros? Estas preguntas no quisieran seguir alimentando el cinismo ambiente, sino más ser pistas para describir con un poco menos de autocomplacencia e ilusión aquello que nos gustaría conjurar y alguna vez, dejar atrás. Que nuestro mover con otrxs pueda interrumpir su comando.</p><p>Toda esta voltereta para poder conversar con vos sobre las intimidades que descubro entre abuso y entusiasmo. La sensación de que va siendo hora de bucear juntas al interior de una cierta desconfianza hacia lo que hacemos por obra y gracia sagrado entusiasmo. Si existe algo así como una brujería capitalista, no tengo dudas que toma su mayor fuerza y energía de los cuerpos que nos decimos y muchas veces nos presentamos como entusiastas. Me pasa que en el último tiempo he recibido innumerables invitaciones a exponer o a conversar sobre algunos temas de investigación que me acompañan y me trabajan, hace ya un largo tiempo. Todas esas invitaciones llegaban con el mejor y el más positivo de los espíritus y las intenciones. Casi nunca mencionaban la palabra trabajo, intercambio, mucho menos honorario. Por el contrario, aclaraban que, por razones diversas, todo aquello por producir en común sería <em>ad honorem. </em>Al particularizar en la lectura comprobé una regla -nada original- pero precisa; cuanto menos se haga referencia al trabajo, y a la remuneración que, creemos, le corresponde, mayores deberán ser las dosis de alegría y de motivación. La motivación, el entusiasmo, entonces, podrían ser la clave de bóveda para seguir desentrañando muchas de las fuerzas sociales que nos habitan (y nos agotan y debilitan). Sobre todo cuando creemos obrar “en absoluta libertad”.</p><p>Apelaciones a la importancia de sostener conversaciones en contextos aparentemente tan adversos <em>(¿cuáles? ¿para quién?</em>); referencias a lo interesante que resultaría difundir “mi perspectiva” y “mi trabajo” –vaya operación aquella que visibiliza invisibilizando-; infatuación de adjetivos y frases hechas con tal de lograr la entrega de tiempo a pleno beneficio de parte. No se ahorre esfuerzo alguno en ornamentar si de extraer (capital, contenido, visibilidad) se trata. A toda esta operación -extorsiva y cada vez menos sofisticada- la llaman hoy cultura colaborativa.</p><p>¿Y si nos negamos al chantaje? ¿Qué hay después de eso? ¿Desilusión? ¿Desierto individual? ¿Ripio en la boca? ¿Intolerable soledad? ¿Aridez sin fin?</p><p><em>“(…) No hay que vivir así, hay que dar</em></p><p><em>y escuchar otra nota, su descenso melodioso,</em></p><p><em>su caída impar y no</em></p><p><em>un ejército de monos oponiendo</em></p><p><em>el pulgar a cualquier cosa. Me opongo</em></p><p><em>a eso (…)” *</em></p><p>Y desconfío.</p><p>Te abrazo</p><p>F</p><p><em>*La Inconstancia</em>, Mirta Rosenberg (1998)</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=cf9a7f474ae" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[Cartas Encrucijadas I]]></title>
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            <category><![CDATA[conjuros]]></category>
            <category><![CDATA[escritura-libre]]></category>
            <category><![CDATA[politica]]></category>
            <category><![CDATA[crip]]></category>
            <category><![CDATA[implosiones]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 15 Nov 2021 12:30:44 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-11-15T14:37:34.431Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<p>Estruendo, silencio -y seguir</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/512/1*YlYjsRvCIzVnisVs0CPH_w.jpeg" /><figcaption>Afredo Jaar (2015)</figcaption></figure><blockquote>Incendiaría esos corazones</blockquote><blockquote>grafiteándolos en las paredes</blockquote><blockquote>para ver todo lo hermoso</blockquote><blockquote>en el mute del silencio</blockquote><blockquote><em>ANALÍA GIORDANINO (2014)</em></blockquote><p>Querida:</p><p>Ni ayer ni hoy pude dormir lo necesario. Los ansiolíticos hicieron efecto parcial, y lo único que conseguí es dar vueltas, permanecer en una tensa vigilia. ¿Qué nos trae todo este peligro circundante?, pregunto, te pregunto. ¿Dónde ubicamos el peligro? ¿Dentro? ¿Fuera? ¿En sus cruces insidiosos, muchas veces invisibles? ¿Todxs estamos en peligro? ¿O asistimos a la previa de otro matadero, con los mismos perpetradores y víctimas propiciatorias? Me acuerdo de la frase de Pasolini que da título a la última entrevista que ofreció el último día antes de ser asesinado. El miércoles pasado, luego de una larga jornada de trabajo, ví también ese homenaje tan rabioso y conmovedor de Alex Ferrara al poeta, que siento lleno de pistas y de analogías con nuestro presente. <em>El testimonio de lo poco que sabemos, </em>dice la voz en off, fragmentada, en la antesala del encuentro callejero con varios desconocidos.</p><p>El cuerpo en crepúsculo. Luces que se están yendo, demasiado rápido. Al modo en que lo hacen las luciérnagas -¡qué fortuna encontrarme una luciérnaga!- o la tonalidad de algunos árboles, en esta ciudad del sur profundo sitiada por las torres, el cemento y el ruido ansioso de los propietarios. Un paisaje que se recorta más parecido a la trinchera bélica, miserable, que al tupido verdor donde podríamos comenzar el trabajo de reparación y florecimiento de todo aquello que fue objeto de injuria, de violencia mutiladora y de daño. Se siente el olor ácido en el aire, como si asistiéramos en tiempo real a una gran implosión, mucho más amplia y quizás audible que la que ya veníamos atestiguando.</p><p>Te comparto que hace días vengo pensando en esa palabra. Implotar, según el diccionario, se dice del estallido brusco hacia el interior de un cuerpo. Estruendo fuerte y a la vez centrípeto, <em>enmudecido</em>. Una cierta ilusión epocal — de ciertos hombres blancos, enojados, coherentes, cuerdos, firmes, íntegros, bajo amenaza permanente- de recuperar un centro perdido. No se sabría muy bien cuándo, ni dónde, ni porqué esa centralidad a estos hombres parece escapárseles todo el tiempo. Un centro, chiquito, donde depositar argumentos, explicaciones, frases hechas, decires más o menos correctos, o directamente gritos descarnados para ahuyentar la malaria. Y huir de todas las encrucijadas. Que el estallido -si acontece- no se escuche demasiado, que no penetre ni erosione lo poco que insiste en permanecer de pie, ni la solidez desvanecida entre nuestras pérdidas, nuestros cansancios e impotencias. Pantomima un tanto boba, número obligado para fingir no dar cuenta de esa herida profunda que nos hace el tiempo en que vivimos, que nos invita a quedarnos en soledad. El deseo de un centro estable, protegido, en medio del asedio y la ruina general. Tan necesario y absurdo a la vez, el centro ¿no?</p><p>¿No te da la sensación de que, al menos desde la llegada del virus (¿se fue?) implotar es casi nuestra única forma de transitar las dificultades propias del vivir? ¿De que nuestras vísceras, órganos, tejidos, cueros, comunican sus protestas e incomodidades desde el fondo intraducible de esos estruendos? ¿Que nos llenamos de coartadas, trabajos, compromisos y excusas para no oír ni prestar atención a su perturbador idioma?</p><p>Creo que por allí comienza toda la extrañeza que me empuja a la vigilia y que me dificulta el sueño. El sudor que no es lo que nuestros trabajos dicen que es. Algo en la fricción del presente, en todo aquello que lo desencaja, y nos posibilita a observarlo en tornasol. Como a esos bichitos alados y pequeños, que aparecen en mi casa con la caída del sol, y que Pupi persigue entre siseos y maullidos. Hasta caer rendido y desparramado sobre el piso. Sin atenuantes, él.</p><p>Cariños, cuidate</p><p>F</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=c62ebd18743c" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[Mis días en el suelo. Apuntes íntimos]]></title>
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            <category><![CDATA[slowliving]]></category>
            <category><![CDATA[neuroqueer]]></category>
            <category><![CDATA[traducción]]></category>
            <category><![CDATA[crip]]></category>
            <category><![CDATA[ficción]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Fran Cus]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 08 Nov 2021 14:45:15 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-11-15T15:21:52.375Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h3>Mis días en el suelo.</h3><h3>Apuntes íntimos</h3><blockquote><strong><em>Una misma detrás de una, escondida — <br>Debiera darnos menos sobresalto —</em></strong></blockquote><blockquote><strong>Emily Dickinson — Poema LXIX *</strong></blockquote><h3><strong>miércoles</strong></h3><p>nunca supe muy bien qué significa el suelo. siempre me produjo más escozor que entusiasmo, una sospecha preventiva, diría, dados los usos profundamente destructivos y terribles que se han hecho -y aun hoy se hacen- de esta noción. tampoco me importan demasiado sus significaciones ni sus herencias históricas, al menos para este momento. más bien traer esta palabra y dejarla ahí, suspendida, orbitante. me explico: en los últimos días la superficie del suelo (<em>de mi casa, pequeña; de madera un tanto gastada por usos y desusos, por cuidados y abandonos</em>) cobró una importancia elemental. debido a algunas experiencias corporales que atravieso -la mayoría de ellas bastante incómodas y dolorosas- tuve que permanecer acostada más tiempo que el habitual. me digo habitual, porque habitar los suelos son gestos para mí ineludibles. no una opción ni una mera posibilidad. estar en el suelo, caer hacia él, dejarme contener, despanzurrarme: disponer un cierto estado de horizontalidad, de frágil e íntima protección, doméstico, que no hallo en otros espacios. <em>ser de otro modo que bípeda</em>, escribí en un papel de servilleta que luego perdí. tretas para el desconsuelo; entretejo costumbre, trabajo y reposo necesario para sosegar un rato las bestias y urgencias de mi adentro. si no cumplo con mi rutina de elongación, probablemente deba acortar mi actividad cotidiana al mínimo deseable. si no me tomo unos minutos hacia el final del día para aplicarme crema con aroma a eucaliptus y anís, desde la cintura hasta los pies, mi descanso nocturno no está para nada asegurado (hábito este último que aprendí y adopté observando durante algunas tardes a mi amiga Mirta). si no logro dormir ni descansar lo suficiente, el reencuentro áspero con esa materia es inevitable. ciertas asperezas que hoy preferiría evitar.</p><h3>sábado</h3><p><em>mi cuerpo, mi monstruo, mi juguete favorito. chiquito, porfiado. le quiero hacer trampas, eludir su osamenta gastada, ser yo un poco más misterio para él. pero entonces, entonces me distraigo, tan en mi yo-yo; tira él de la cuerda, mejor dicho, de las fibras. me sacude todo el tejido, me cincha hasta el borde, descenso y ascenso de mi carne entre la belleza, como una cabra loca. bajo hasta lograr mirarme y tocarme los pies -hasta hace pocos días eso no lo podía y es para entonces toda una alegría comprobarlo. un bucle de vértigos, me hago tan de pronto; agua y ajo, decía mi abuela Titi ante la llegada de la tristeza; mezcla de alivios y sabores que desconocía, que desconoceré para siempre. sensual criatura mi cuerpo; no paro de hablar de él, como si fuera vaya a saber qué, ni de babearme entera, solita. se te cae la baba, estúpida. también un par de chorritos se te escapan de los ojos y te invaden el bozo; tu caída inaudible; casi que te meas, te cagás y ni sabés porqué. ¡qué cosa! me arrastro, quedo en ascuas. por fin, che: ¿para qué querés un yo? ¿a porfiada, profiada y media? ¿yo? ¿pasarías en otro momento por favor?</em></p><h3>lunes</h3><p><em>una fuerza de dolor / que no encuentra donde apuntar / destruye y se autodestruye</em>. así escriben lxs compañerxs del colectivo catalán Espai en Blanc, en uno de sus <em>pressentiment</em>. pressentiment = presentimiento; tengo un presentimiento que no puedo articular ni decir, que me acompaña y me cuida y me escribe desde que tengo algo de memoria. ¿decir <em>inadecuación </em>en castellano entreverado? atender, prestar atención a nuestros presentimientos puede ser un modo de supervivencia política. ¿un agarre desde el cual dar testimonio sudoroso de nuestros agotamientos? ¿caja de herramientas para repensar y recomponer los vínculos — siempre menospreciados- entre política y misterio? ¿qué politización para nosotrxs sin misterio?</p><p><em>presentimient</em>o: campo de resonancias donde aproximar políticas y poéticas. un aquí impuro, plural. una forma de habitar aquello que no encuentra solución. para mí la política nunca estuvo desligada del misterio, de todo aquello que en este mundo se resiste a las lecturas e interpretaciones acabadas, completas. <em>hija, de la vida no se huye</em> (Sonia Scarabelli); de la áspera materia que me sostiene, tampoco. mi primera maestra política fue mi abuela materna, Titi, quien también sufría de dolores varios, los cuales no le impedían una extraña y compleja dignidad, incombustible a la abrasión del trabajo, de los roces y las fricciones de la vida cotidiana. las fuerzas de dolor que también somos, entre las que habitamos y construimos nuestras vidas, podrían también transformarnos en seres un poco más opacos. puntitos donde la razón algorítmica y devorante se desvanece y no termina de hacer pie. un presentimiento que piensa, que pregunta e invita al encuentro: <em>¿cómo habitar esas fuerzas-de-dolor-que-somos sin destruirnos -ni autodestruirnos?</em></p><h3>viernes</h3><p>entre el <em>odio a la realidad</em> -que liga y religa el deseo-de-vivir a sus movimientos, variaciones y arrastres improgramables, y en esa reconexión talla otro suelo- y el <em>auto-odio</em> -puro aullido interior de la carne expuesta al daño de los días, sin escucha, eco ni resonancia- hay distancias e intersticios que se me antojan posibles y explorables</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/720/0*FpWjPXvbkPH2Kgsd" /></figure><h3>martes</h3><p><em>Querida Amiga:</em></p><p><em>Te escribo, procuro despejar algo de lo que me pasa. Tal vez resuene en vos, tal vez no. No quisiera clasificar ni clarificar; casi nada claro hay por aquí… tengo la impresión de que algo se cierra y se densifica en el aire compartido, en nuestros entornos, demasiado rápido. Cada quien observa e intenta prolongar con todas sus fuerzas aquella fisura que infecta el paisaje de sus pares, el espacio arrancado con enorme esfuerzo al trabajo de vivir, ¡qué espectáculo más triste! Sin embargo, prolongar podría ser otra cosa. Un gesto conectado al descanso, a la invitación, al apoyo sin porqué. A regalar silencios, como quien repele el ruido que arrasa los ambientes, y se desvanece sin remordimientos.</em></p><p><em>El animal que vive y descansa conmigo me ha dado de aprender su serenidad. Su juego atento con lo que no tiene importancia (bichitos, viento, polvillo). Un caleidoscopio en su mirada concentra en este momento toda la delicadeza del universo</em></p><p><em>Prolongar, arrastrarnos, decir no. Descascarar nuestros aislamientos. El dosaje es importante</em></p><p><em>Y este poema de Emily D</em></p><p><em>El Cuerpo toma un Revólver prestado</em></p><p><em>Echa el Cerrojo</em></p><p><em>Sin notar a un espectro superior —</em></p><p><em>O a Otros —</em></p><p><em>Cariños. Te abrazo.</em></p><p><em>f</em></p><h3>jueves</h3><p>La poesía podría comenzar con un intento de agarre al pulso de los días. De echar raíces en medio del ruido -y cuidarlas, que no se pudran</p><p>Entonces</p><p>la alegría</p><p>la alegría difícil</p><p>la alegría difícil revolotea</p><p>la alegría difícil revolotea en la casa</p><p>la alegría difícil revolotea en la casa una mosca</p><p>la alegría difícil revolotea en la casa una mosca que hurga</p><p>la alegría difícil revolotea en la casa una mosca que hurga en la basura</p><p>la alegría difícil revolotea en la casa una mosca que hurga en la basura los restos del día</p><p>la alegría</p><figure><img alt="PH: Fran Cus (18.09.21" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/0*67jiM7HAwFLWvqoK" /></figure><h3>lunes</h3><p><em>línea de ambigüedad: atravesarla -quizás disfrutarla</em></p><p><em>o repudiarla -padecerla</em></p><p>café y conversación con S. hablamos de lo ambiguo, de ciertas imágenes que se nos adhieren como una carne supletoria, proteica, a veces infernal</p><p>entre ellas:</p><p><em>ellos-nosotros</em></p><p><em>bien-mal</em></p><p><em>oscuro-claro</em></p><p><em>raro-normal</em></p><p><em>arriba-abajo</em></p><h3>domingo</h3><p>Querida amiga:</p><p>¿a dónde se vuelve? ¿a la normalidad? ¿quienes? ¿no era la peor de las plagas? ¿qué pasó durante estos largos meses? ¿no es cierto también que estamos muy cansadxs y exhaustxs? ¿o es sólo una queja impertinente de algunos cuerpos que rozan su límite físico y psíquico? ¿olvidar? ¿borrar y volver al inicio, como aquel entrañable personaje del film de Gondry? ¿tan rápido? ¿es posible? ¿por qué? ¿hasta dónde? ¿y si no queremos? ¿cabe aún esa chance?</p><p>verás que las preguntas corren como una corriente imparable, mientras pupi golpea mis pantorrillas pidiendo atención</p><p>la brisa sigue insistiendo con hacerse un lugar entre nosotrxs</p><p>precisión: inconstancia</p><p>en el blanco estrecho</p><p>de la cocina</p><p>o en el silencio, una ventana</p><p>a medio abrir</p><p>cierto estado de dicha -su territorio</p><p>cotidiano</p><p>elude esa generalidad</p><p>pastosa, feliz</p><p>y abre paso</p><p>disculpá el bombardeo, quisiera saber si resuena, retumba, despliega otros ecos</p><p>aquí sigo escribiéndote, escondida, no sin sobresaltos</p><p>cariños</p><p>f</p><p>(*) Las versiones de los poemas citados pertenecen a <em>Eleonora G</em>onzález Capria</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=d0d3bf798cbc" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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