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        <title><![CDATA[Stories by luz en bajito on Medium]]></title>
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            <title>Stories by luz en bajito on Medium</title>
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            <title><![CDATA[notas de extraños y tu propio juicio]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 06 May 2026 19:26:31 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-05-06T19:26:31.203Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>no eres el centro del mundo (y qué alivio)</h4><blockquote>aceptar nuestra maravillosa insignificancia es el acto de amor propio más grande que existe.</blockquote><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/735/0*R2xgCmChgPwyvKjW.jpg" /><figcaption><a href="https://mx.pinterest.com/pin/844987948859546579/">https://mx.pinterest.com/pin/844987948859546579/</a></figcaption></figure><p>Iba en el autobús, peinando mi cabello que ese día decidió amanecer un poco más rebelde de lo habitual. Mientras lo hacía, me invadió una pequeña urgencia: la certeza de que me veía desalineada y de que la gente lo notaría de inmediato.</p><p>De pronto, comencé a prestarle demasiada atención a mi ropa. Me entró la duda de si era un buen outfit o si pasaría la “prueba de fuego” cuando el autobús se comenzara a llenar y la gente me viera de arriba a abajo, juzgando mi vestimenta en silencio. Para colmo de mi paranoia, accidentalmente golpeé a alguien con mi bolso. La pena me invadió al instante. Me sentí torpe, pequeñita, y me dio mucha vergüenza que alguien más hubiera visto eso. Pensé que seguro se reirían de mí por ser tan distraída.</p><p>Con tanta pena y prisa, bajé del autobús y comencé a caminar rápidamente. Preocupada por cada persona que se giraba en mi dirección, me convencí de que tenía el maquillaje corrido o el pelo aún más alborotado. Para protegerme, saqué el celular; necesitaba un escudo.</p><p>Fue ahí cuando me llevé la sorpresa. Al revisar Instagram, lo primero que apareció en las notas de mis seguidos fue un mensaje claro: <em>“Qué canción tan fea, jaja”</em>. Mi cerebro no tardó ni un segundo en conectar los puntos: pensé que esa persona había visto la canción que yo acababa de compartir en mi historia y que se estaba burlando de mí. La borré de inmediato.</p><p>Estaba frustrada. Sentía que no podía tener un momento de paz conmigo misma, que nada encajaba. Pero en medio de esa frustración, me cayó un balde de agua fría.</p><h4>la herencia del “qué dirán”</h4><p>Este no es un problema nuevo para mí; es una sombra con la que he lidiado toda mi vida. Crecí en un entorno donde las personas a mi alrededor (mi familia) me enseñaron, quizás sin querer, a priorizar el “qué dirán” por encima de lo que realmente estaba sucediendo. En mi casa, la mirada de los demás no era un comentario simple, lo era todo. Aprendí a monitorearme constantemente, a intentar leer a la gente antes de sentir mis propias emociones, a creer que mi valor dependía de no causar una mala impresión.</p><p>Cuando creces así, tu cerebro se entrena para enfocarse más en la percepción externa que en la realidad interna. Te vuelves un experto en construir escenarios hipotéticos donde tú eres el problema. Pero hoy entiendo que esa hipervigilancia, tiene un nombre: <strong>egocentrismo.</strong></p><h4>la egocentrismo pasivo</h4><p>Nos han enseñado que el egoísta es solo aquel que presume o el que se prioriza por encima de todos. Pero hay otra forma de egoísmo, una que se disfraza de timidez o de “sensibilidad”: <strong>creer que todo lo que pasa a tu alrededor tiene que ver contigo.</strong></p><p>Pensar que tus problemas causan una molestia insoportable en tus amigos, asumir que tu presencia arruina el ambiente o vivir al pendiente de lo que los demás opinan sobre cómo te ves, es egocentrismo puro. Es una victimización. Nos pasamos la vida pensando que nosotros somos el problema de todo lo que ocurre, y aunque se siente como culpa, en el fondo es caer en el mismo juego de los egoístas: creer que somos tan importantes como para ocupar un espacio constante en la mente de los demás.</p><p>La realidad es mucho más simple y, honestamente, bastante liberadora: <strong>la gente está demasiado ocupada pensando en sí misma.</strong></p><p>La persona que golpeé con el bolso probablemente estaba estresada por llegar tarde. El que se giró en la calle tal vez solo le gustó el color de mi blusa. Y el de la nota de Instagram seguramente hablaba de una canción random que odió, sin tener la menor idea de lo que yo había subido.</p><p>Dejar de ser egoístas también significa soltar esa carga familiar y aceptar nuestra maravillosa insignificancia. Entender que no somos el centro del juicio de nadie, que nuestra presencia no molesta tanto como nuestra mente nos hace creer, y que los demás, al igual que nosotros, solo están intentando sobrevivir al viaje en autobús con sus propios asuntos.</p><p><em>luz en bajito.</em></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=f8af713a6c93" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[la trampa de la empatía]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 18 Apr 2026 03:30:11 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-04-18T03:30:11.597Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<blockquote><strong>la acción de cultivar en el intercambio.</strong></blockquote><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/736/0*NLlWovonSfHf0npO.jpg" /><figcaption><a href="https://mx.pinterest.com/pin/26669822787718357/">https://mx.pinterest.com/pin/26669822787718357/</a></figcaption></figure><p>Últimamente he estado observando mucho hacia adentro, apuntando a la introspección en mi persona. He sentido tantas cosas que me vi en la necesidad de analizar cada una de mis emociones, desde el enojo hasta la tristeza. En el trayecto me di cuenta de una cosa: <strong><em>sentir tanto pierde sentido si no hay una reflexión final. </em></strong>No importa cuánto estés sintiendo, incluso la más profunda decepción te dejará una posibilidad de crecimiento personal. No hay humano que no tenga la capacidad de cuestionamiento, cosa que me aterró, porque sí, todos pensamos dos veces, pero el accionar será distinto para cada uno de nosotros.</p><p>Entrando más en ese terrero tan amplio, me entró un cuestionamiento más grande: <em>¿entonces qué sucede con la empatía? </em>Esa es la pregunta que me mantuvo despierta un par de noches: ¿<em>es una mala persona quien no proyecta empatía, o simplemente es alguien que ha decidido que su mundo es suficiente? </em>Me di cuenta de que, si todos tenemos la capacidad de detenernos y pensar, entonces la falta de empatía no es una incapacidad mental; es una elección. Es decidir que el raciocinio solo servirá para justificar lo propio y que el entendimiento se detendrá justo donde empiezan los sentimientos del otro. Y es ahí en ese terreno donde la reacción se vuelve fría, donde entendí que no podemos obligar a nadie a cruzar esa línea. Porque la empatía, aunque nace de la capacidad de cuestionamiento que todos tenemos, se convierte en un acto de voluntad… y a veces, hay que ganársela.</p><p>No creo que sea maldad, al menos no en el sentido estricto. Creo que es una forma de evitarlo voluntariamente. Cuando alguien se pasa la vida poniendo sus necesidades sobre todo lo demás, el mundo a su alrededor se vuelve tan pequeño que deja de ver rostros para ver solo funciones. Es ahí donde la empatía se convierte en una herramienta de manipulación. Porque curiosamente, quienes menos la ofrecen son quienes más la exigen, convirtiendo un sentimiento genuino en una deuda: <em>tú debes entenderme a mí porque mis razones son más urgentes y más importantes que las tuyas.</em></p><p>Y así, casi sin darte cuenta, caes en lo que yo llamo <strong>la trampa de la empatía.</strong></p><p>Seguro conoces a alguien así. Son personas que pasan su vida poniendo sus asuntos en un pedestal tan alto que todo lo que les rodea, incluyéndote a ti, se vuelve pequeñito. En su cabeza no hay espacio para nadie más. Pero lo más curioso no es su egoísmo, sino lo que pasa cuando decides dar un paso atrás o exponer tu sentir.</p><blockquote><strong>“Es que no eres empático conmigo”.</strong></blockquote><p>Me tomó tiempo entenderlo, pero aquí está mi conclusión: no puedes obligar a los demás a ser empáticos contigo. La empatía, aunque nace del corazón, también se gana.</p><p>Hemos romantizado la idea de que debemos entenderlo todo, perdonarlo todo y “ponernos en los zapatos del otro” sin importar si el otro siquiera sabe en dónde estamos parados. Y ahí es donde el acto se vuelve injusto.</p><p>He visto a personas justificar su indiferencia hacia los demás diciendo que “tienen mucho que hacer” o “mucho en qué pensar”. Pero cuando tú no tienes la energía para escucharlos, entonces tú eres el problema. Es una forma muy sutil de lastimar: mi tiempo vale, el tuyo es disponible; mi vida es mía, y la tuya es un inconveniente.</p><h3>el puente de un solo lado</h3><p>La empatía es un puente. Y nadie puede cruzar un puente que solo está construido de un lado.</p><p>Si yo entiendo por lo que estás pasando, pero tú ni siquiera sabes cómo estoy yo, eso ya no es empatía. He aprendido que decidir <em>no</em> empatizar con alguien también es un acto de salud mental. Es decir: <em>“Entiendo que tienes mucho trabajo, entiendo que estás estresado, pero tu estrés no te da permiso de ser hiriente, ni de ignorar que del otro lado del chat hay un ser humano que también tiene una vida”</em>.</p><h3>el valor de la reciprocidad</h3><p>Como soy introvertida, paso mucho tiempo mirando. Y lo que veo es un mundo lleno de gente gritando por ser comprendida, pero muy pocos dispuestos a hacer silencio para comprender.</p><p>Hoy prefiero guardar mi empatía para quienes saben que el mundo no termina donde terminan sus problemas. Para quienes, a pesar de tener el agua al cuello, son capaces de preguntar: <em>“¿Y tú, cómo estás hoy?”</em>.</p><p>Esa pequeña frase es lo que nos devuelve la humanidad. Porque al final del día, aprender a querer los detalles que te afirman que un humano está detrás de una relación es lo único que vale la pena. Lo demás es ruido. Y yo ya tengo demasiado ruido en mi propia cabeza como para cargar con el de alguien que no sabe ni mi apellido.</p><p>— <em>luz en bajito</em></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=53c45a6617b1" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[extraño la imperfección]]></title>
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            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Wed, 04 Mar 2026 15:57:01 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-03-04T16:18:26.385Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>¿está hecho con IA?</h4><blockquote>decido dejar que me valga madres (¿pero no tanto?).</blockquote><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/735/1*aQuKvdVSf9u5FrE2WbPH6Q.jpeg" /><figcaption>pic from Pinterest.</figcaption></figure><p>Sé que esto puede venir desde mi propia personalidad, pues toda la vida sentí que debía hacer las cosas con cierta perfección o terminaría frustrada y sintiéndome insuficiente con ello.</p><p>Me gusta hacer las cosas bien, que todo esté en su lugar, organizar mi semana para saber a qué hora me voy a levantar mañana y cuánto dinero puedo disponer de aquí al domingo. Me gusta conocer los planes con anticipación y por supuesto que debo escoger mi ropa una noche antes.</p><p>Las mayúsculas deben estar en su lugar, los puntos y comas deben ser bien colocados, y que ni se me ocurra escribir mal una palabra.</p><p>Odio las playlist desordenadas y me estresa dejar las cosas incompletas. El texto de mi <em>Instastorie</em> debe tener los carácteres justos y la imagen debe ser previamente editada.</p><p>Odio eso.</p><p>Odio cada paso que me lleva a intentar hacer todo perfecto, todo armonioso, todo procesado y demasiado producido.</p><p>A este punto, me pregunto si de verdad soy solo yo o es que he sido afectada por la fiebre de<em> lo aesthetic, lo minimalista, lo ordenado, lo previamente calculado. </em>¿He caído en la trampa de la creación de contenido? Creo que sí, es decir, soy un poco perfeccionista por mi propia personalidad, pero es verdad que con el tiempo, conforme crecían las redes sociales y me convertí en un <em>monito más del internet,</em> mi perspectiva de lo que implicaba crear, cambió.</p><p>No quiero pensar demasiado lo que quiero decir, quiero escribir con el corazón. Escribir porque se me pega la gana y porque tengo mi propia manera de hacerlo. No quiero preocuparme por si no es perfecto, por si me tragué una coma, por si la portada no es linda, por si los párrafos no son simétricos.</p><p>QUÉ MÁS DA.</p><p>entre tanta inmediatez, tanto contenido y demasiados usuarios, a veces lo más valioso puede llegar a ser <em>esto</em>.</p><p>sí, este espacio que es tuyo y solo tuyo, el espacio en donde el pincel, la pluma, el teclado es tuyo. En donde la perfección se basa en lo auténtico del sentimiento y no el <em>copia y pega</em>. En donde encontrar humanidad es lo más hermoso y encontrar imperfección es lo más realista.</p><p>vivimos llenos de cosas perfectas, cosas que nos hacen cuestionarnos si fue hecho con IA, si fue editado más de diez veces, si siquiera hay un poco de tacto en eso que estas leyendo.</p><p>para mí, en la actualidad el oro equivale a encontrar imperfecciones en las cosas. Ese teléfono rayado de la pantalla, ese audífono de cable que no funciona, esa palabra mal escrita, esa foto borrosa.</p><p>no se trata de dejar de ser cuidadosos con las cosas, creo que se trata de aprender a querer los pequeños detalles que te afirman que un humano está detrás de ello.</p><p><em>— luz en bajito</em></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=e91b1bdbed3e" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[cuando el amor no llega a la hora que esperan los demás]]></title>
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            <category><![CDATA[philosophy]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Thu, 19 Feb 2026 05:14:35 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-02-19T17:05:47.405Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<blockquote>no hay nada más difícil — ni más honesto — que elegir tu propio ritmo cuando todos esperan que corras.</blockquote><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/736/1*5OElfQtOjY8OWA8UGMP8Nw.jpeg" /><figcaption><a href="https://mx.pinterest.com/pin/895442338426685518/">Pinterest.</a></figcaption></figure><p>La llamaban <em>rara</em> como si fuera un diagnóstico que alguien hubiera firmado en secreto. No lo decían con crueldad transparente, eso habría sido más fácil de rechazar , sino con esa suavidad que pretende ser preocupación.</p><p>Vivía en una casa donde las paredes parecían escuchar. Donde cada conversación terminaba, tarde o temprano, en el mismo punto: el futuro, la estabilidad, el matrimonio. Su madre no insistía, pero dejaba caer frases.</p><p>—No tienes que enamorarte de inmediato —decía— , el cariño llega después.</p><p>Ella asentía porque era más sencillo que explicar algo que ni siquiera sabía poner en palabras.</p><p>No era que rechazara el amor. Lo buscaba en todas partes: en los poemas que copiaba en una libreta, en los libros prestados de la biblioteca, en las historias que hablaban de encuentros improbables. Creía en el amor como quien cree en el mar sin haberlo visto: con una certeza tranquila, casi corporal.</p><p>Pero ninguno de los hombres que le presentaban se parecía a lo que sentía cuando leía. Eran amables, correctos, incluso atentos. Y aun así, algo en su pecho permanecía quieto.</p><p>Las cartas llegaban cada tanto, con caligrafías pulcras y promesas de matrimonio. Ella las guardaba en una caja de madera junto a flores secas y recortes de libros. No las rompía. Tampoco las respondía con entusiasmo.</p><p>En el barrio, las conversaciones bajaban de volumen cuando ella pasaba. No por escándalo, sino por desconcierto. Una mujer joven que no parecía apurada despertaba más preguntas que una que se equivocaba.</p><p>A veces se preguntaba si realmente había algo defectuoso en ella o si simplemente había aprendido a escuchar una voz distinta, más lenta, menos obediente.</p><p>Los domingos eran los días más largos. La mesa llena, los comentarios casuales, las miradas raras. Ella sonreía, servía el té, respondía con cortesía. Por dentro, sostenía su decisión con cuidado, con firmeza.</p><p>No quería una vida que comenzara por obligación. No quería decir sí solo para que los demás respiraran tranquilos.</p><p>Por las noches abría la ventana de su habitación y dejaba que el aire fresco entrara como una visita. Se sentaba en el borde de la cama con un libro en las manos, pero a veces no leía. Solo pensaba en la cantidad de vidas posibles que cabían dentro de una sola, si una se permitía esperar.</p><p>Había días en los que la duda aparecía. ¿Y si tal vez el mundo tenía razón? Tal vez el amor no era esa sensación que imaginaba, sino algo más práctico, más cotidiano.</p><p>Y aun así, cuando intentaba convencerse, algo en su interior se negaba con una calma obstinada.</p><p>No era rebeldía. Era fidelidad.</p><p>Fidelidad a una intuición que no sabía explicar, pero que sentía tan real como el latido en la muñeca.</p><p>Una tarde de otoño, mientras caminaba de regreso a casa con un libro apretado contra el pecho, pensó que tal vez el amor no era una meta que se alcanzaba, sino un reconocimiento. Algo que no se forzaba, que no se negociaba, que simplemente ocurría cuando la vida así lo quería.</p><p>Quizá el amor llegaría.</p><p>O quizá no.</p><p>Pero por primera vez sintió que su vida no estaba incompleta por eso.</p><p>Y aunque el mundo siguiera mirándola con curiosidad, ella empezó a sentirse menos extraña y más fiel a sí misma.</p><p>No tenía todas las respuestas, pero sí una certeza pequeña y firme, prefería esperar a algo verdadero que vivir algo correcto pero sin sentido.</p><p>El futuro seguía abierto frente a ella como una puerta que esperaba ser abierta. Y, sorprendentemente, eso ya no le daba miedo.</p><p><em>hola, gracias por leer. </em>⋆.𐙚 ̊</p><p>este texto forma parte de <strong><em>“manual para días imperfectos”</em></strong>, una serie de mini relatos y reflexiones sobre todo aquello que sabemos (o no) de la vida.</p><p><strong><em>nuevos textos cada semana.</em></strong></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=14172cbb9fd3" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[desearía no ser esa niña]]></title>
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            <category><![CDATA[childhood]]></category>
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            <category><![CDATA[nostalgia]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 07 Feb 2026 00:29:44 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-02-07T00:29:44.122Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/735/1*z4ZbTz5vQUU2kypTlcPnEQ.jpeg" /><figcaption>pic from Pinterest.</figcaption></figure><p>A veces me enojo más de lo que debería, como si dentro de mi aún existiera una niña enojada.</p><p>Hay días en los que no pasa nada grave. Nadie me grita, nadie me señala, nadie me hace daño.</p><p>Y aun así, algo dentro de mí se tensa.</p><p>Una mirada que interpreto mal, una voz un poco más dura, un gesto que me recuerda algo que ya no está, pero que mi cuerpo no ha terminado de soltar.</p><blockquote>no siempre reacciono al presente.</blockquote><p>No quiero ser esa niña, pero a veces sigue apareciendo.</p><p>La que aprendió a apretar los dientes. La que se tragó el llanto. La que confundió madurez con callar.</p><p>Crecí cargando cosas que no sabía nombrar. Exigencias, palabras duras, la sensación constante de tener que hacerlo mejor, de ser menos, de no molestar.</p><p>Me enoja haber aprendido tan pronto a hacerme pequeña, me enoja haber normalizado el miedo, me enoja no haber sabido decir que no, no haber puesto un alto, no haberme defendido cuando algo me dolía.</p><p>Pero el enojo más difícil es conmigo.</p><p>Por seguir reaccionando como si aún tuviera siete años, por llorar cuando alguien levanta la voz, por sentirme atacada cuando solo están siendo firmes. Por creer que fallar equivale a decepcionar.</p><p>No quiero ser la hermana mayor resentida. No quiero vivir con una herida abierta. No quiero esconderme en una victimización que ya no me representa.</p><p>Quiero dejar de sentir que me agreden cuando no es así. Quiero dejar de encogerme cuando alguien me pide silencio. Quiero dejar de temblar cuando siento que fallé.</p><p>Ya no soy una niña. Pero a veces mi cuerpo todavía no lo sabe.</p><blockquote>Quizás no se trata de dejar de sentir enojo. Quizás se trata de dejar de pelear con él.</blockquote><p>De aceptar que esa niña hizo lo que pudo con lo poco que tenía. Que no sabía defenderse distinto.</p><p>No quiero ser la niña enojada. Pero tampoco quiero borrarla.</p><p>Quiero ser la adulta que, por fin, la escucha.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=f79a8d466adf" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[el hábito de decir que todo bien]]></title>
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            <category><![CDATA[reflexiones]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 31 Jan 2026 19:42:12 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-01-31T19:42:12.570Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>ya no sé decir que estoy mal</h4><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/736/1*Eedwtw0f75kz0aFN4Jt2Mg.jpeg" /><figcaption><a href="https://mx.pinterest.com/pin/179510735145187640/">https://mx.pinterest.com/pin/179510735145187640/</a></figcaption></figure><p>Nadie dice <em>“estoy mal”</em>. Decimos<em> “estoy bien”</em>, <em>“todo tranquilo”</em>, <em>“ahí vamos”</em>.</p><p>Lo decimos rápido, sin pensarlo.</p><p>Durante mucho tiempo creí que me costaba hablar de mis emociones porque era reservada. Y sí, lo soy, pero entendí que no solo era eso. También aprendí a callar porque <strong><em>sentía que nadie estaba realmente preparado para escuchar lo que llevaba dentro</em></strong>.</p><p>Entonces hice lo que muchos hacemos: aprendí a parecer normal, tranquila, feliz. Lo suficientemente funcional para evitar preguntas.</p><p>Aprendí a sonreír lo justo, a cambiar el tema antes de que alguien se quedara demasiado tiempo en mí. Aprendí a responder ese <em>“¿cómo estás?”</em> sin decir absolutamente nada real.</p><p>Fui tan convincente que yo me lo creí un poquito, pero la actuación se rompía cuando estaba sola en la cama y los pensamientos me agotaban. Algunas noches solo contaba mis respiraciones porque el pecho me pesaba demasiado. Algunas mañanas negociaba conmigo misma para levantarme: <em>será fácil, da lo mejor de ti, tú puedes.</em></p><p>Nadie se dio cuenta por un largo rato.</p><p>No empecé a esconderme por fuerte. Fue por practicidad.</p><p>Mi mamá estaba cansada, mis amigos tenían sus propios asuntos, no quería molestar a nadie, y tampoco creía que era urgente lo que me pasaba. Así lo guardé y después se hizo costumbre.</p><p>Creo que también callamos porque el mundo ya no sabe escuchar.</p><p>Preguntamos <em>“cómo estás”</em> pero ya estamos sacando el celular antes de que el otro termine de hablar. Queremos ser escuchados, pero nos da pánico que alguien nos suelte una verdad demasiado incómoda.</p><blockquote>si decimos “estoy mal”, se crea incomodidad. parece que hoy estar triste es falta de educación.</blockquote><p>Y entonces fingimos. Sonreímos. <em>“Todo bien”.</em></p><p>Obvio no se trata de vivir quejándose o de que el mundo gire alrededor de nosotros. Eso también agota, pero cansa igual romperse por dentro solo para que el resto esté cómodo.</p><p>A veces solo hace falta una persona. Alguien que sepa estar en silencio.</p><p>Quizás no se trata de dejar de decir <em>“estoy bien”</em> a todo el mundo. Se trata de encontrar con quién sí puedes decir <em>“hoy no puedo”.</em></p><p>Hablar no siempre cura todo. Pero callar para siempre te marchita por dentro.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=a67f7b4366ef" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[no todo necesita un cierre]]></title>
            <link>https://medium.com/@luzenbajito/no-todo-necesita-un-cierre-a985db593692?source=rss-eaeb2371354c------2</link>
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            <category><![CDATA[life]]></category>
            <category><![CDATA[this-happened-to-me]]></category>
            <category><![CDATA[vida]]></category>
            <category><![CDATA[letting-go]]></category>
            <category><![CDATA[salud-mental]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Fri, 30 Jan 2026 00:03:49 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-01-30T00:03:49.346Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/526/1*utOiLAdil4Z2dF-6pyUQPw.jpeg" /><figcaption>pic from Pinterest.</figcaption></figure><p>Nos hicieron creer que todo en la vida necesita un cierre.</p><p>Una última conversación, una explicación clara, un perdón.</p><p>Yo solía pensar eso también. Pensé y sentía que soltar significaba entenderlo todo, escuchar una versión que no fuera la mía, tener esa charla incómoda que supuestamente iba a acomodar las cosas por dentro. Pero con el tiempo entendí algo distinto: <em>no todo merece un cierre y no todo lo necesita.</em></p><p>Hay personas, momentos y situaciones que dejan de tener lugar en nuestra vida, así de simple. No porque no hayan importado, <strong><em>sino porque ya no lo hacen</em></strong>. Y aferrarnos a una explicación muchas veces es solo una forma de seguir sosteniendo algo que ya nos cansó hace ya mucho rato.</p><p>No siempre hace falta esa conversación, y no siempre es algo sanador.</p><p>Sin darnos cuenta, a veces es más agotador esperar por ese cierre y esa conversación, que simplemente seguir con nuestra vida.</p><p>Sí, hay cierres que alivian. Hay conversaciones que funcionan. Hay despedidas que sanan. Pero no todas las historias merecen un último capítulo. Hay vínculos que ya dijeron todo con sus acciones.</p><p>A veces, insistir en ese <strong><em>cierre</em></strong> es exponernos de nuevo a alguien que nos deteriora la energía, nuestra vitalidad, que no tiene la capacidad ni las ganas de hacerse responsable. Y no todos merecen nuestro tiempo, nuestra apertura, ni nuestra vulnerabilidad.</p><p>Soltar también es entender que no siempre habrá disculpas, que no todas las personas van a reconocer el daño que hicieron.</p><p><em>Y eso está bien.</em></p><p>No podemos obligar a nadie a hacerse cargo. No podemos forzar la empatía, ni el arrepentimiento, ni la madurez emocional. Pero tampoco le debemos reciprocidad a quien no supo cuidar el vínculo.</p><p>Soltar no va de la mano con borrar el pasado, mucho menos es fingir que nada pasó.</p><blockquote>Soltar es dejar de tensar la cuerda cuando ya somos los únicos sosteniéndola.</blockquote><p>Es elegir nuestra paz por encima de las respuestas. Es entender que hay cosas que ya no ameritan ya nuestra atención.</p><p>A veces, el acto más amoroso que podemos hacer por nosotros mismos es soltar la idea de que todo debe cerrarse de forma bonita, madura y explícita. La vida no siempre funciona así.</p><p>Cuidar tu energía también es una forma de amor propio. Aceptar lo que no controlas es crecimiento.</p><p>Y aunque no tengas todas las respuestas, aunque no haya un cierre perfecto, eres lo suficientemente fuerte para seguir adelante.</p><p>Incluso así.</p><p>Especialmente así.</p><p><em>— luz en bajito</em></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=a985db593692" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[la primera vez que estuve con una mujer (después de haber estado con un hombre)]]></title>
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            <category><![CDATA[lesbianas]]></category>
            <category><![CDATA[relaciones]]></category>
            <category><![CDATA[lesbian]]></category>
            <category><![CDATA[wlw]]></category>
            <category><![CDATA[lgbtq]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Sat, 17 Jan 2026 18:02:50 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-01-17T18:02:50.368Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>mi propio cuestionamiento</h4><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*2i9MetUuS2UgOeHaFeKwfw.png" /></figure><p>Nunca pensé que iba a ser así. No porque estuviera mal, sino porque durante mucho tiempo pensé que lo “normal” era otra cosa.</p><p><em>Estuve con un hombre, sí. Salí con un hombre. Intenté querer a un hombre.</em></p><p>Y aunque no voy a decir que todas las lesbianas pasamos por ahí, la verdad es que muchas sí. Por presión social, por confusión, por autoconocimiento, por miedo, por no saber todavía cual es nuestra preferencia.</p><p>En mi caso, yo me di cuenta que me gustaban las mujeres desde muy temprana edad, pero toda mi adolescencia (sí, toda), estuve con un hombre, lo que llevó, por consecuencia y <em>“sentido común” </em>a definirme como <em>“bisexual”</em>.</p><p>Para mí era lo lógico: si estoy con un hombre, pero me gustan las mujeres, entonces soy bi, no había más vueltas en mi cabeza. Y al final del día, yo llegué a querer mucho a esta persona, lo que no me hacía replanteármelo dos veces.</p><p>Pero sí tardé en darme cuenta de la realidad y entonces empecé a normalizar cosas que en el fondo se sentían raras.</p><h3>algo no encajaba: me sentía diferente</h3><p>Con un hombre todo se sentía… correcto, pero al mismo tiempo, había este aire de que me faltaba algo.</p><p>Es decir, había cariño, había compañía, había rutina. Pero también había incomodidad. Pequeñas cosas que no sabía explicar: no me gustaba tanto el contacto físico, el sexo no me llamaba la atención, los besos no me derretían. Yo pensaba que así era yo, que era cosa mía porque “era poquito fría”, que “era diferente al resto de las chicas y sus novios”, que “éramos una pareja distinta”.</p><p>Hasta que empecé a mirar a las mujeres con más atención.</p><h3>cuando nace la curiosidad por lo que nunca has probado</h3><p>Entonces comencé enfocarme en mis sentimientos. En la forma en la que me sentía cerca de una mujer, la atención que me provocaba, la conexión emocional, la atracción que ya no podía justificar como “admiración”.</p><p>Y ahí empezó el conflicto interno.</p><p>Porque aunque yo admitía que me gustaban las mujeres, el hecho de replantearme que no me gustaban los hombres, me daba miedo. Porque todo estaba bien mientras fuera bisexual, porque así era restarle importancia a los hechos: “está bien que seas bisexual mientras estés solo con hombres”.</p><p>Nos enseñan a gustarles a los hombres. A ser deseables para ellos. A medir nuestro valor en función de cuánto nos miran.</p><p>La cultura heterosexual es tan fuerte que incluso cuando no te gustan los hombres, te quedas con uno. Porque eso es lo que toca. Porque eso es lo que se espera. Porque eso es lo que está bien.</p><p>Y encima está el machismo, que romantiza la idea de que una mujer “necesita” a un hombre.</p><p>Como si amar a otra mujer fuera un “desperdicio”.</p><h3>terminar con un hombre y empezar con una mujer</h3><p>Cuando terminé con él, sentí culpa, mucha culpa, culpa por no poder quererlo como él me quería. Culpa por elegir algo que el mundo todavía cuestiona.</p><p><em>Y luego llegó ella. </em>Y todo fue distinto.</p><p>La forma de hablar, la forma de mirarnos, la forma de tocarnos, la forma de entendernos. No fue perfecto, de hecho, me atrevo a decir que fue muy difícil, con muchos retos y caídas, pero por primera vez tenía algo que se sentía real.</p><h3>la primera relación con una mujer no siempre es un cuento de hadas</h3><p>Se romantiza mucho el primer amor lésbico, como si por ser dos mujeres todo fuera perfecto.</p><p>Y no es así.</p><p>Hay relaciones tóxicas, hay relaciones inmaduras, hay relaciones llenas de celos, dependencia y estereotipos.</p><p>En mi caso, mi primera relación con una mujer llegó en un momento de mucha conciencia personal. Yo ya sabía quién era, qué quería, qué no estaba dispuesta a repetir. Y eso hizo toda la diferencia.</p><p>No fue perfecta, nos costó mucho trabajo, pero logramos construir algo sano y maduro.</p><h3>la diferencia entre estar con un hombre y estar con una mujer</h3><p>Y sí, hay diferencias.</p><p>No voy a generalizar diciendo que estar con una mujer siempre es así, de hecho, hay relaciones sáficas en donde hay muchas ausencias e inmadurez con muchas cosas. Pero si pudiera ejemplificar ese mayor porcentaje en dónde sí hay una diferencia, diría que están en los detalles, en la forma de cuidar, en la forma de escuchar, en la intimidad y en el contacto.</p><p>Con una mujer me sentí más comprendida, más segura y más libre.</p><p>Y el sexo… fue otra historia, una completamente nueva. Una que por primera vez me hizo sentir presente en mi cuerpo.</p><h3>los cuestionamientos sociales</h3><p>Las preguntas nunca faltan, siempre hay personas cuestionando todo.</p><p>Los que preguntan si es una etapa, los que creen que se te va a pasar, los que no se lo toman en serio, los hombres que dicen que eres un desperdicio, la familia que espera que “regreses” a la normalidad.</p><p>Como si amar a una mujer fuera algo provisional.</p><p>La verdad es que no me arrepiento de haber pasado por ahí. Porque fue parte de mi camino y gracias a esas decisiones es que pude llegar a donde estoy.</p><p>En la libertad de decidir a quien amar.</p><p><em>— luz en bajito</em></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=0d32e2d144b8" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
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            <title><![CDATA[¿por qué es más fácil ser infiel y más difícil decir la verdad?]]></title>
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            <category><![CDATA[infieles]]></category>
            <category><![CDATA[relaciones]]></category>
            <category><![CDATA[parejas]]></category>
            <category><![CDATA[infidelidad]]></category>
            <category><![CDATA[cheating]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Fri, 16 Jan 2026 22:27:48 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-01-16T23:03:02.234Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<h4>engañar es lo más repugnante que he visto en el amor.</h4><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*RyUE4jB5pox4q_-H-Q_cuQ.png" /></figure><p>Sé que moveré mucha arena con este tema, pero no puedo simplemente callarlo, y menos cuando es algo que veo en la vida real.</p><p>¿A cuántas parejas no hemos visto terminar porque alguno decidió ser infiel? He visto matrimonios romperse debido a ello, parejas con muchos años de relación alejarse por una tercera persona, miles de corazones heridos porque uno decidió fallar. Lo he visto tanto, incluso en mi propia familia, que mi repulsión es incontenible.</p><p>No seré suave con este tema, seré dura, mi intención es abordarlo punto por punto y si no te gusta leer mucho, quizás este artículo no sea para ti. Y si en cambio, quieres entender muchas cuestiones (quizás un despertar o quizás un poco de empatía), entonces gracias por quedarte.</p><h3>¿por qué las personas infieles prefieren mentir antes que enfrentar la verdad?</h3><p>Es una pregunta que toca las fibras más complejas de la psicología humana. A simple vista, parece contradictorio: <em>¿cómo puede ser “más fácil” mantener una mentira elaborada que simplemente decir que fuiste infiel o que ya no amas igual?</em></p><p>He decido abarcar la respuesta en tres puntos clave:</p><h4><strong><em>1. Miedo.</em></strong></h4><p>Es decir, las personas sienten miedo a enfrentar las consecuencias inmediatas (llanto, gritos, ruptura, reclamos), mientras que mantenerlo en secreto crea una seguridad (mantener la relación “a salvo”). Ocultarlo es una solución rápida, ya que no conlleva un bienestar a largo plazo sino momentáneo y eso es más fácil.</p><h4><strong><em>2. Es más fácil.</em></strong></h4><p>Enfrentar la verdad requiere un trabajo emocional agotador: terapia, conversaciones incómodas o reconstrucción de la confianza. Para muchos, es más “fácil” buscar un escape que reparar los cimientos de una relación que se siente perdida.</p><h4><strong><em>3. No quieren cambiar su autopercepción</em></strong></h4><p>Sí, no quieren ser los “malos” de la relación. ¡Ya! Lo dije, si pudiera nominaría a este como el motivo uno. Simplemente no quieren ser el motivo por el cual la relación se dañó. Mientras no lo digan, pueden seguir fingiendo ante su pareja, su familia y ante si mismos que son una “buena persona”.</p><p>Concluyendo estos puntos, es más “fácil” ser infiel porque es un acto de <strong>evasión</strong>, mientras que decir la verdad es un acto de <strong>confrontación</strong>. La evasión siempre requiere menos esfuerzo emocional que la valentía de decir que la cagaste.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/168/1*QTaqR1O8iWirJmh8IbvAXg.png" /></figure><h3>¿cuáles son las consecuencias de ser infiel?: impacto en la pareja</h3><p>Por si no era más que obvio, engañar tiene una consecuencia, porque toda acción tiene una reacción. Sin embargo, estoy cansada de ver como se minimiza el dolor ajeno en cada ámbito de la vida. Esto va para aquellas personas que no tienen ni un gramo de empatía, lo vemos en redes, lo vemos en la calle, lo vemos en la familia, incluso entre amigos y la propia persona que fue infiel.</p><p><em>“Te engañaron, pero no fue para tanto”, “Deberías dejar de sufrir porque te engañó, no le des más importancia”, “Supéralo, ni siquiera estaba guapa/o”, “Ya hablaste suficiente de ello, ya pasó mucho tiempo”, “Era de esperarse”, “No solo te engañó a ti”, “Ni duraron tanto”.</em></p><p>A mí nunca me han engañado <em>(que yo sepa, jaja)</em>, pero de verdad que estoy harta de escuchar estas frases cada vez que alguien intenta hablar sobre el dolor que le causó una traición. Todos tienen derecho a sentir, cada quién vive un duelo a su manera, nada te da el derecho a opinar. Y por si no es suficiente, me atreví a numerar las consecuencias (reales e investigadas) que causa una infidelidad en la pareja.</p><h4><strong><em>1. El trauma (estrés postraumático).</em></strong></h4><p>La persona engañada desarrolla <strong><em>flashbacks</em></strong> sin control, imágenes recurrentes sobre el engaño. También presentan <strong><em>hipervigilancia</em></strong>, es decir, analizan todo, buscando señales de mentira. Después, se genera un <strong>insomnio y ansiedad </strong>constante, ya que permanecen en estado de alerta física permanente.</p><h4><strong><em>2. Comparación y autoestima</em></strong></h4><p>La víctima suele preguntarse: <em>“¿qué tiene la otra persona que no tenga yo?”</em>. Lo que genera <strong><em>insuficiencia</em></strong>, y además una <strong><em>disonancia cognitiva</em></strong> que hace que todo lo que creía real en su vida, ahora sea como una mentira y se cuestione cada cosa.</p><h4><strong><em>3. Destrucción de la confianza (en el futuro)</em></strong></h4><p>La consecuencia más difícil de reparar no es solo la pérdida de confianza en el infiel, sino la pérdida de la <strong>confianza básica</strong> en los demás. Aparece el miedo a que cualquier persona en el futuro les haga lo mismo.</p><h4><strong><em>4. Impacto físico y psicológico</em></strong></h4><p>El cuerpo puede generar una <strong><em>depresión y apatía</em>, <em>problemas digestivos y dolores de cabeza</em>, <em>y un estado de “shock”</em></strong> donde la persona se siente desconectada de sus propios sentimientos para no sufrir.</p><h4><strong><em>5. El Fenómeno del “antes y después”</em></strong></h4><p>Incluso si la pareja decide intentar perdonar, la relación nunca vuelve a ser la misma. El engaño se convierte en una sombra que puede aparecer en cualquier discusión futura.</p><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/240/1*CJHuO1l86Q94p8Y-wOaOYw.png" /></figure><h3>la gente que es infiel, ¿de verdad ama?</h3><p>Me he alargado bastante, pero tratando de sintetizar un poquito la información que pasa por mi cabeza, traté de darle énfasis a cuestiones que me hago una y otra vez, y esta es una de ellas: <em>me fue infiel, pero dice que me ama, ¿es verdad?</em></p><p>La respuesta corta es: <strong><em>Sí, pueden amar, pero es un amor inmaduro o incompleto.</em></strong></p><p>Muchas veces la infidelidad no tiene que ver con dejar de amar a la pareja, sino con <strong>haber dejado de amarse a uno mismo</strong> en esa relación. Se puede amar a alguien y aun así traicionarlo, pero es un amor que pone el placer propio por encima del dolor del ser amado. Es un amor que carece de la voluntad de proteger al otro.</p><h3>¿una infidelidad es justificable?</h3><p>Y como cereza del pastel, finalizo con esta pregunta. Como respuesta personal desde <strong>MI ÉTICA Y COMUNICACIÓN, </strong>yo diría que <strong>no</strong>, no es justificable. Y aquí te explico por qué.</p><h4>1. “Me trataba mal”</h4><p>Si hay maltrato, abandono o infelicidad, la respuesta ética es la <strong><em>separación o la denuncia</em></strong><em>.</em> Usar el maltrato como razón para ser infiel es, en esencia, intentar “vengarse” o buscar consuelo sin cerrar la herida principal.</p><h4>2. “Me dio miedo el compromiso”</h4><p>El miedo es real, pero la infidelidad es una forma cobarde de gestionarlo. Es lo que se llama<em> </em><strong><em>sabotaje</em></strong>. En lugar de hablar del miedo o ir a terapia, la persona rompe el vínculo para “probar” que no puede estar comprometida.</p><h4>3. “No teníamos sexo” o “La chispa se apagó”</h4><p>Estas son crisis de pareja. Las crisis se enfrentan con diálogo, terapia o, si no hay solución, con una ruptura. La infidelidad en este caso es una “curita” que permite al infiel quedarse con la comodidad de su casa y la emoción de la calentura.</p><p>No hay ninguna situación en la que la infidelidad sea la única salida. Siempre existe la opción de hablar, pedir un tiempo o terminar la relación.</p><p><strong>Concluyendo, malditos infieles (y queridos lectores), </strong>se pueden entender los motivos, pero no se puede validar la acción, porque la infidelidad siempre implica una traición donde la otra persona no tiene la oportunidad de defenderse o elegir.</p><p>Y como extra, hablando con mi pareja de esto, me brindó la mejor definición sobre lo que para ella es una infidelidad: <strong>una decisión consciente y egoísta. L</strong>a cual traiciona la confianza, crea vulnerabilidad en la dignidad y autoestima de la pareja, destruye los acuerdos y el vinculo sobre el que se sostiene cualquier relación monógama.</p><p><em>— luz en bajito</em></p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=090b37046b66" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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            <title><![CDATA[manifestar es egoísta]]></title>
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            <category><![CDATA[manifestar]]></category>
            <category><![CDATA[egoismo]]></category>
            <category><![CDATA[manifestation]]></category>
            <category><![CDATA[this-happened-to-me]]></category>
            <category><![CDATA[personal-growth]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[luz en bajito]]></dc:creator>
            <pubDate>Fri, 09 Jan 2026 20:56:59 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2026-01-09T20:56:59.371Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<blockquote>cuando la espiritualidad se convierte en un capricho.</blockquote><figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/1024/1*y4s_kEY-ID_rEgG3BjHP7w.png" /></figure><p><strong>Se perdió el verdadero significado de la manifestación.</strong></p><p>Y lo digo como alguien que cree en ella. Como alguien que desea, que sueña, que escribe en libretas, que prende velas, que habla con el universo, con Dios. Pero también como alguien que entendió que manifestar no es solo pedir.</p><p>Hoy pareciera que manifestar se volvió una excusa para no hacer nada. <em>“Universo, dame esto porque me lo merezco”. “Manifiesto esa casa”. “Manifiesto ese trabajo”. “Manifiesto esa pareja”. “Manifiesto esa vida”. </em>Y luego, ¿qué? ¿Eso es todo? ¿Pedir y esperar? ¿Encender una vela y cruzar los brazos? ¿Escribirlo en una libreta y confiar en que el universo te debe algo?</p><blockquote><strong>¿Qué te hace pensar que eres tan importante para el universo?</strong></blockquote><p>La realidad es que somos un grano de arena en medio de tanta vida. No somos el centro. No somos especiales por existir. No somos los favoritos de nadie allá arriba. Y manifestar dejó de tener sentido cuando empezó a venir desde el ego, desde ese lugar donde crees que el mundo te debe cosas <strong><em>solo porque las deseas</em></strong>. Desde ese lugar donde confundes <strong>propósito con capricho</strong>. Desde ese lugar donde invalidas tu propio esfuerzo diciendo: <em>“Lo logré porque lo manifesté”</em>, y no: <em>“Lo logré porque trabajé por ello”.</em></p><p>Yo también lo hice. Yo también escribí listas. Yo también deseé con todas mis fuerzas. Yo también esperé. Y cuando no se cumplían, pensaba que quizá no manifesté lo suficiente, que quizá no creí lo suficiente, que quizá no lo deseé lo suficiente. Cuando la verdad era mucho más simple: <em>no había hecho nada para alcanzarlo.</em> La vida no me lo dio porque yo no moví ni un dedo.</p><p>Y claro que creo que los tiempos de la vida son perfectos. Que a veces algo no se da porque no era para ti. Que hay caminos que se cierran para protegerte. Pero otra cosa muy distinta es esperar oportunidades sin sembrar nada. No todo llega por arte de magia. No todo se cumple por escribirlo en una hoja. No todo se materializa por meterte debajo de la mesa en año nuevo.</p><p>Soñar es hermoso. Desear es humano. Creer es necesario. Pero creer no significa quedarte quieto.</p><p>Hoy aprendí a acompañar mis manifestaciones con planes, con metas, con acciones, con decisiones, con trabajo real. No pido desde el ego, no imploro, no exijo. Agradezco. Agradezco por los caminos que se abren, por las oportunidades que llegan cuando estoy lista para sostenerlas, por la fuerza que tengo para ir por lo que quiero.</p><blockquote>Porque manifestar no es pedir que te caiga el cielo. Es estar listo para sostener lo que estás llamando. Y eso, también es una forma de fe.</blockquote><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=12e520d2ed70" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
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