<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:cc="http://cyber.law.harvard.edu/rss/creativeCommonsRssModule.html">
    <channel>
        <title><![CDATA[Stories by Marta Bou on Medium]]></title>
        <description><![CDATA[Stories by Marta Bou on Medium]]></description>
        <link>https://medium.com/@martabou_writer?source=rss-67cbedbea0cf------2</link>
        <image>
            <url>https://cdn-images-1.medium.com/fit/c/150/150/1*60if_-oCopm7f-l-Keg3IQ.jpeg</url>
            <title>Stories by Marta Bou on Medium</title>
            <link>https://medium.com/@martabou_writer?source=rss-67cbedbea0cf------2</link>
        </image>
        <generator>Medium</generator>
        <lastBuildDate>Thu, 14 May 2026 20:10:43 GMT</lastBuildDate>
        <atom:link href="https://medium.com/@martabou_writer/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/>
        <webMaster><![CDATA[yourfriends@medium.com]]></webMaster>
        <atom:link href="http://medium.superfeedr.com" rel="hub"/>
        <item>
            <title><![CDATA[Recuerdos de agua, sol y sal]]></title>
            <link>https://medium.com/@martabou_writer/recuerdos-de-agua-sol-y-sal-f62b403cf39d?source=rss-67cbedbea0cf------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/f62b403cf39d</guid>
            <dc:creator><![CDATA[Marta Bou]]></dc:creator>
            <pubDate>Fri, 22 Apr 2022 19:14:42 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2022-04-22T19:27:10.629Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/736/1*tJSTHVyUWHBUzb_uI-7AtA.jpeg" /></figure><p>Aquí estoy. Sentada en el mismo lugar que hace tantos años. Casi cinco.</p><p>Todo parece exactamente igual, como si el tiempo se hubiese detenido. Pero a la vez, completamente distinto. Cambiado. Yo he cambiado. La vida ha pasado. Arrasando y sin avisar. Puede que eso tenga algo que ver.</p><p>Pero la arena y el olor a agua salada, siguen estando aquí. Y el solecito en la cara. Y la brisa. Así es como huele el recuerdo de una casa convertida en hogar durante los meses de tantos veranos.</p><p>Pero aquí estoy otra vez. He vuelto. A uno de los lugares donde más feliz he sido, que yo recuerde. Y qué bien sienta.</p><p>Qué bien sienta escucharse. Escuchar partes de ti que, aunque gritaban tan fuerte y desde hace tanto tiempo, no hacías caso.</p><p>Qué bien sienta volver a sentir una parte de ti que hacía tanto tiempo que no sentías.</p><p>Qué bien sienta sentir el sol en la azotea, rodeada de macetas, arena y una manguera rota.</p><p>Qué bien sienta leer rodeada de ropa tendida con pinzas de mil colores y tamaños y el olor a sal.</p><p>Qué bien sienta la familia. Y el acento. Y el <em>pescaíto</em> frito y las almejas. Y qué bien sienta el mar. Y el viento de cara.</p><p>Qué bien sienta sentirse así. Bien. Y reconectar contigo misma. Y alejarse, aunque sea por unos días de todo lo demás.</p><p>Y volver a escribir, también.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=f62b403cf39d" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[A veces se me arruga un poco el corazón.]]></title>
            <link>https://medium.com/@martabou_writer/a-veces-se-me-arruga-un-poco-el-coraz%C3%B3n-3039b797f7bf?source=rss-67cbedbea0cf------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/3039b797f7bf</guid>
            <category><![CDATA[writing]]></category>
            <category><![CDATA[christmas]]></category>
            <category><![CDATA[narrative]]></category>
            <category><![CDATA[short-story]]></category>
            <category><![CDATA[narrative-journalism]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Marta Bou]]></dc:creator>
            <pubDate>Fri, 31 Dec 2021 16:58:41 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-12-31T16:59:03.516Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/776/1*wq_dI7C7Mc3u7OfCbvZYlw.png" /></figure><p>Otro año más. Campanadas, comida, uvas, vino, turrón, burbujas, música, gente a la que llamamos familia pero que no lo es, y otra que lo es porque lo hemos decidido nosotros mismos.</p><p>Los días pasan a un ritmo vertiginoso y muy lento al mismo tiempo. Hay días en los que parece que te has quedado a vivir para siempre. Parecen todos iguales. Cortados por el mismo patrón.</p><p>Hay otros en los que te levantas con ganas de comerte el mundo, con un chute de energía que no sabes muy bien de dónde nace, pero ahí está. Y otros en los que te quedarías a vivir debajo de tus sábanas, mirando por la ventana durante horas. Viendo amanecer, llover, atardecer, nevar y anochecer. Pero con música de fondo. Eso siempre.</p><p>Llegan estas fechas y esa energía está latente, aunque intermitente. Aparece y desaparece. Estos días te abruman. Tanta felicidad impuesta te satura. Pasar tiempo con gente que no quieres, poner buena cara, estar bien… Y es que, en estas fechas siempre se te arruga un poco el corazón.</p><p>Empiezas a sentir nostalgia, que tampoco sabes de dónde te nace. Empieza a asomar en Nochebuena, se junta con Navidad y siempre vuelve a aparecer en Nochevieja. Te pasa desde hace tiempo. Pero desde que él no está, te ocurre más. Más fuerte y más a menudo.</p><p>Y es que en estas putas fechas se nota mucho quién falta. Y tendemos a hacer como si nada. Lo maquillamos con comida, regalos y villancicos. Y aunque se aprende a vivir con ello, en fin de año pesa más.</p><p>Por estas fechas también tendemos a hacer un repaso de todo nuestro año y al final, es inevitable que sintamos que no hemos hecho nada nuevo, nada reseñable, nada destacable. Que no hemos cambiado el mundo, ni la vida de nadie. Aunque puede que esto último sí y no lo sepamos.</p><p>Hay años que puede que sí que haya sucedido algo digno de mención y suele ser una boda, un nuevo trabajo, hijos, cumplir tu sueño publicando un libro o un disco… Pero no es lo habitual. Vamos creciendo, cambiando y evolucionando tan poco a poco, que ese proceso es casi imperceptible. No se ve de un año para otro. Pero ahí está.</p><p>También tendemos a ponernos nostálgicos, a querer llenar un folio en blanco de propósitos que somos plenamente capaces de cumplir pero que los terminamos posponiendo porque «tenemos tiempo».</p><p>Pero es que no es así. Asumimos que lo tenemos pero en realidad no lo sabemos. Y eso es algo que he interiorizado este año, después de una larga conversación en un bar de Malasaña. Llevo bastante tiempo pensando que se me está pasando la vida y no pasa nada. No hago nada. No hago que pase nada. No estoy contenta conmigo misma, o al menos no durante el tiempo que a mí me gustaría.</p><p>Así que, mi propósito de este año nuevo, que escribiré en una página en blanco y que espero no dejar pasar en ese tiempo que no sé si tengo, es eso: hacer que pasen cosas. Mis cosas. ✨</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=3039b797f7bf" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[El poeta fugaz]]></title>
            <link>https://medium.com/@martabou_writer/el-poeta-fugaz-ff1f49708c6b?source=rss-67cbedbea0cf------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/ff1f49708c6b</guid>
            <category><![CDATA[obituary]]></category>
            <category><![CDATA[periodismo-narrativo]]></category>
            <category><![CDATA[narrative-nonfiction]]></category>
            <category><![CDATA[periodismo]]></category>
            <category><![CDATA[poetry]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Marta Bou]]></dc:creator>
            <pubDate>Mon, 13 Dec 2021 10:27:00 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-12-13T10:27:00.720Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/563/1*rc8HcWK2Is_m1m9U8a_ADA.jpeg" /></figure><p>Recuerdo a Adolfo bailando en el salón de casa, mientras escuchaba el piano de Lang Lang o a Vivaldi. Daba igual que fuera música clásica. Es lo único que bailaba. Y lo bien que le salía. Con su espalda ligeramente curvada, que con el paso de los años esa curva se iba haciendo más pronunciada, empezando incluso a convertirse en chepa, movía los brazos como si estuviese dirigiendo una orquesta imaginaria. Adolfo llevaba siempre camisas de vestir de manga corta y pantalones de chándal para estar por casa. «Es mi casa, y en casa hay que estar cómodo», decía para justificarse. A mi madre no le convencía mucho esa respuesta, pero acababa resignándose, y a mí, esa escena que se repetía por lo menos una vez al mes, no podía más que hacerme bastante gracia.</p><p>Adolfo tenía barba, de dos o tres días normalmente. Tenía alguna que otra cana, el pelo negro y era bastante alto, con un poquito de tripa, culpa de las <em>Voll Damm</em> que solía tomar mientras cenaba, o cuando salía con sus amigos a tomar algo. Desayunaba siempre café, medio paquete de galletas María, o incluso uno entero, y por lo menos, tres manzanas. Al día podía llegar a comerse nueve. Tres al desayuno, tres a la comida y tres a la cena. Empecé a pensar que era su fruta favorita. Yo le empecé a coger un poco de manía, la verdad. De vez en cuando me caía alguna bronca por no comer suficiente fruta y, a día de hoy, me sigue cayendo, aunque me obligo a comerla de vez en cuando. Pero no como manzanas. Muchos recuerdos, supongo.</p><p>Se pasaba las horas leyendo. Tenía una librería inmensa en la buhardilla, donde estaba su despacho. Un escritorio, una silla con ruedas, un sofá y la librería. Todo de madera, que envolvía el habitáculo con ese olor que supongo que será lo más parecido a hogar que voy a oler nunca. Muchas veces me escapaba de mi habitación mientras él dormía la siesta –que solía ser todos los días, una hora por lo menos–. «En la cama, pero sin tapar, así son las buenas siestas», decía. Subía a la buhardilla y me ponía a investigar autores, descubría nuevas voces, nuevas palabras y me perdía allí durante horas. Me sentaba en el suelo de madera, templado por la calefacción, sin ser consciente del paso del tiempo ni de que él ya había subido y estaba con el ordenador. No me quería interrumpir en mi momento íntimo en el que estaba físicamente, pero mentalmente me encontraba a muchos kilómetros de distancia.</p><p>Adolfo estaba mucho con el ordenador. Sobre todo después de jubilarse. Se podía pasar horas y horas grabando música, aprendiendo inglés por su cuenta, ordenando fotos, mirando las últimas novedades en tecnología –porque le encantaba estar al día de todo–, leyendo <em>El País</em> o incluso algún libro online. Había sido médico y probablemente el médico con mayor vocación que he conocido nunca. Trabajó en Villada y Baltanás, donde ejerció la mayor parte del tiempo, y finalmente acabó trabajando en Valladolid. En el mismo barrio donde trabajaba mi madre. Lo que es la vida.</p><p>Cuando era joven era un culo inquieto. Bueno, siempre lo ha sido. Daba clases de teatro, de lo que me enteré mucho más tarde y me arrepiento bastante, por no haberlo podido aprovechar. Era una de las personas más buenas que he conocido, lo daba todo por su familia y sus amigos, nos anteponía siempre, quedando él en último lugar.</p><p>Siempre estaba allí, dispuesto a ayudar, a echar una mano. Era una persona transparente, generosa y muy feliz. De esas que solo con verlas ya te alegraba el día. Se te olvidaba todo. Desprendía una luz y una energía que muy pocas personas tienen. Era un inconformista, muy inteligente y siempre estaba estudiando, leyendo, aprendiendo. Una de las veces que fue a una manifestación, la policía le dio con una pelota de goma, que guardaba en un cajón de su escritorio a modo de «trofeo» y siempre enseñaba a sus visitas.</p><p>Empezó derecho en Valladolid, hasta que vio que eso de estudiar leyes y durante tantas horas no era lo suyo, así que, como no quería perder el contacto con la gente de la facultad, se metió a la tuna, donde tocaba el único instrumento que cualquier persona que ame la música, pero no es muy hábil tocándola, sino escuchándola, podía hacer sonar: la pandereta. Allí conoció a mi madre, a través de la música.</p><p>Acabó estudiando medicina, como no podía ser de otra forma. Y lo disfrutó mucho. Lo de ser buena persona lo llevaba tan dentro que hasta en su trabajo lo demostró. A parte de lo inherente a la profesión, él siempre trataba a sus pacientes con un cariño tan especial, estuviese donde estuviese, que le acababan regalando de todo: bombones, jamón, verduras, frutas… y llegaba a casa cargado de bolsas. Yo esperaba a que llegase en el sofá viendo <em>Friends</em> mientras mi madre terminaba de hacer la comida. En cuanto sonaba la puerta del garaje ya estaba impaciente para ver qué traía ese día.</p><p>Desde que se jubiló, leía más, aprendía más, andaba –más no, porque antes no lo hacía–, escuchaba más música, veía más los debates de la Sexta y más películas con mi madre después de cenar, cocinaba más e incluso lo disfrutaba, aunque llegó un momento en el que no hacía más que cocinar pescado. Yo no era muy fan la verdad. Pero eso sí, la paella le salía como a nadie. Estaba deseando que llegase el domingo para que saliese al jardín a hacerla en la paellera grande, con la bombona de butano, con el calorcito de primavera o verano, el olor a especias, el delantal y el trapo en el hombro. Me encantaba ayudarle y mirarle tan concentrado.</p><p>Siempre usaba la misma colonia, de <em>Emidio Tucci</em>. Tenía un olor muy característico, olía muy bien. Cuando entrabas en casa sabías que estaba allí sin verle, porque ya olía a él. Había dejado su rastro por todas las habitaciones. Me encantaba beber vino con él. Igual ahí fue cuando empezó mi afición por el verdejo. Y hablar de la vida. Durante horas. Y durante muchas copas. Gracias a él aprendí a valorar la buena música y un buen libro. Aprendí a ser crítica, a pensar en los demás, a cuestionarme todo, a tener ganas de formarme todos los días y a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Y a sonreír desde dentro.</p><p>Adolfo nació en La Línea de la Concepción, un 3 de mayo de 1952. Era el mayor de una familia de cuatro hermanos, tres chicos y una chica, y una madre viuda, pero con una fuerza inagotable. Vivieron en un cortijo andaluz a las afueras de un pueblo que estaba cerca de la frontera con Gibraltar. Arena, agua salada, calor y viento. Allí pasamos muchos veranos. De los mejores de mi vida.</p><p>Siempre que pienso en él, recuerdo los bailes, las risas, las charlas, los libros, la música, los vinos, y, sobre todo, su sonrisa, con sus dientes ligeramente separados. Y me quedo con que, gracias a él, empezó a interesarme la literatura. Y escribir.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=ff1f49708c6b" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
        <item>
            <title><![CDATA[Las 4 y 23]]></title>
            <link>https://medium.com/@martabou_writer/las-4-y-23-2afa18f47e8d?source=rss-67cbedbea0cf------2</link>
            <guid isPermaLink="false">https://medium.com/p/2afa18f47e8d</guid>
            <category><![CDATA[literature]]></category>
            <category><![CDATA[narrative]]></category>
            <category><![CDATA[narrative-journalism]]></category>
            <category><![CDATA[writing]]></category>
            <category><![CDATA[periodismo-narrativo]]></category>
            <dc:creator><![CDATA[Marta Bou]]></dc:creator>
            <pubDate>Sun, 12 Dec 2021 20:10:07 GMT</pubDate>
            <atom:updated>2021-12-12T20:10:07.318Z</atom:updated>
            <content:encoded><![CDATA[<figure><img alt="" src="https://cdn-images-1.medium.com/max/564/1*SDoKMK2yx9lK6H2ilQ3vVQ.jpeg" /></figure><p>Un desfile de teclas. Noviembre. Café humeante. Sol. Hojas en el suelo. Música de fondo. Suena Luis Brea. Una mesita redonda de madera. Olor a magdalenas recién hechas. Mirar el reloj. Más teclas. Son casi las cuatro de la tarde y las palabras no paran de brotar del teclado de su ordenador. Una tras otra. Casi sin pensar. Casi sin darse cuenta de lo que está pasando. De lo que va a conseguir. De que ese lunes 23 de noviembre va a terminar, por fin, su primera novela. Suya. Esa por la que ha estado tantas noches en vela. Por la que se ha acabado tantas botellas de vino y por la que ha hecho tantas llamadas a personas equivocadas. O igual no tanto. Todavía no sabe que ese número, 23, lo va a llevar siempre con ella. Lo va a empezar a ver por todas partes, mire donde mire. En el reloj, en los calendarios, en los portales, e incluso en las personas.</p><p>Cientos de viandantes, ajenos a todo esto, caminan por la calle. Ella ve sus reflejos en la cristalera, pero ni siquiera se da cuenta de ello. Más bien los intuye. Todos ellos son presos de un baile que pasa inadvertido y que se repite una y otra vez. Está inmersa en el torbellino de ideas que se van sucediendo en su cabeza y se materializan en el documento Word de su portátil. Enviar. Ya está. Comprueba los doce borradores que tiene de la novela, sólo por si acaso, más los otros cuatro que se ha enviado al correo. Están todos. Perfecto. Ya está. Suspira. Una ola de satisfacción, alegría y entusiasmo la inunda y se termina el café sintiéndose plena. Las 4 y 23. Disfruta de ese momento durante unos minutos ella sola. Respira profundamente y llama a su editora.</p><p>Cierra el portátil y lo guarda en el bolso. Se pone el abrigo y la bufanda. Coge su libreta de notas. Comprueba que tiene el abono del metro y sale disparada hacia Islas Filipinas para reunirse con su editora. — ¡Mierda! –pisa un charco y se empapa el pie.</p><p>–¡Qué susto! –casi le atropella una bici. Todo esto le resulta familiar, como si lo hubiese vivido antes. Llega al metro y se le va en las narices. Se detiene un momento. Analiza la situación.</p><p>–Como en mi novela –piensa. Se ríe.</p><p>–Ahora solo falta que cuando quede con Laura, me diga que no puedo publicar la novela.</p><p>Llega a la oficina de Laura. Se saludan. Nota algo raro en su mirada. No sabe muy bien lo que es, pero tiene un tono agridulce…</p><p>–Daniela… He hablado con imprenta… y me han dicho que no van a poder publicar tu libro… Que van a cerrar. Temporalmente. No hay dinero. Ya sabes cómo está la cosa…</p><p>–No puede ser… Era mi última opción. La única que me podía permitir… ¿Y ahora qué hacemos?</p><p>–Habrá que posponerlo…</p><p>–¿Hasta cuándo? ¿No hay más opciones?</p><p>–No lo sé… No lo saben ni ellos. Lo siento mucho Daniela… Podemos buscar más imprentas, pero ya sabes cómo están los precios…</p><p>–Si…Bueno, me voy. Tengo que ir a casa. Gracias Laura. Hablamos.</p><p>Se levanta. Sale de allí lo más rápido que puede. Sin mirar atrás. Llora. No puede parar de llorar. No sabe dónde va, pero no puede parar de correr. Mira la hora. Las 18:23.</p><p>–Joder. Igual que en la puta novela –piensa. Se asusta muchísimo. Está viendo lo que va a pasar día tras día. Hora tras hora. Minuto a minuto. Se asusta. Se asusta muchísimo.</p><p>Decide ir al súper. Compra tres botellas de vino. Tinto. Hoy tinto. No viene mal cambiar. –Esto no sale en la novela –piensa. Y las abre, una tras otra, en la mesita redonda de su apartamento. Deseando despertarse de este mal sueño al día siguiente en una vida perfecta. En una vida que no existe. Mira el móvil. Segunda botella de vino. Abre su portátil. Busca por todo internet imprentas. Nada. Llora. Tercera botella de vino. Enciende su tocadiscos. The Script. Qué irónico. Esos acordes que otras veces la llenaban de tanta paz ahora los siente más tristes que nunca. Aún así, baila. Baila durante horas.</p><p>Se ha acabado todas las botellas de vino. Abre la nevera esperando encontrar la que siempre tiene de emergencia. Allí está. Verdejo. –Perfecto. The Script sigue sonando. Está muy mareada. Se acerca a la ventana para tomar un poco el aire. Se le ha olvidado el vino. Vuelve a por él. Sale otra vez. Saca una pierna para sentarse en la cornisa. Va a sacar la otra. Pisa una grieta. Pierde el equilibrio. Cae al vacío. Un silencio perturbador invade la noche de Madrid. Las 4 y 23.</p><img src="https://medium.com/_/stat?event=post.clientViewed&referrerSource=full_rss&postId=2afa18f47e8d" width="1" height="1" alt="">]]></content:encoded>
        </item>
    </channel>
</rss>