Por imperativo legal, la mayor parte de los niños europeos pasan una tercera parte de su tiempo de vida entre los seis y los dieciocho años entre las paredes de su centro escolar. Durante ese tiempo el profesor es la primera figura a la que veneran y también la primera contra la que se rebelan y a la que desafían. Cantet coge una idea de base que tenemos interiorizada todos y se limita a dejar que una cámara la filme, con el mínimo de artificios y la mayor porción de verdad posible. Cualquiera que sea o haya querido ser alguna vez profesor de secundaria se sentirá apelado e identificado con ambas partes -qué gran personaje el profesor Marin, qué autenticidad la de sus alumnos-, lejos de poses heroicas y evitando que los chicos hablen como si fueran una sola voz, como tiende a hacer el cine habitualmente imbécil que se ambienta en el aula. Entre les murs es una obra maestra definitiva y absoluta como película, pero llega aún más allá: es pura pedagogía.
Fanshawe
Huston siempre trata de contar una película parecida, esos famosos perdedores, pero sumergiéndose de lleno en la estética y el espíritu del momento en el que la rueda. The Mackintosh man es una película seminal en el sentido más amplio de la palabra, donde el guión de Walter Hill, hermano amargo y seco del que escribió el año anterior para La huida de Peckinpah, ayuda a colocar parte de las bases de un cine, el de los espías modernos, que hoy día sigue usando Europa como tablero de juego de acceso fácil y escondiendo al héroe moral de siempre bajo una máscara, la de Paul Newman, sobria y desapasionada. Los esquemas sólo se rompen del lado del villano, un desagradable James Mason que cambia la megalomanía de siempre por un punto de vista mucho más realista y menos atractivo: el malo no es demoníaco, simplemente es un cínico muy práctico. La frialdad de la partenaire femenina, Dominique Sanda es el reflejo del espíritu gélido de toda la película, un intento consciente de narrar una historia clásica de espías del modo más voluntariamente antirromántico posible.
Fanshawe
Si de la poderosa imaginación de Tolkien surgió una de las últimas mitologías modernas, plagada, bajo su manto épico, de conservadurismo, buenas intenciones y nostalgia mal disimulada de tiempos mejores, Andrzej Sapkowski acomete en La Saga de Geralt de Rivia (de la cual éste es el segundo volumen, siguiendo su cronología interna, pero el primero en orden de publicación) no tanto la construcción de un universo personal (que también, y de qué forma) como la recopilación de su propio bestiario íntimo y colectivo, erigiendo sin otras armas que su ironía (un humor negro a la vez tierno, marciano e hilarante), su prodigiosa inventiva y un estilo narrativo tan peculiar como cautivador, no sólo la subyugante y profunda historia de un brujo marcado por el Destino en un mundo decadente, sino también una lúcida y devastadora crítica de nuestros tiempos y nuestras sociedades, que cultiva con mimo los tópicos del género para luego pervertirlos y dinamitarlos, en un alarde de versatilidad que hermana el cuento tradicional eslavo con el terror, la novela policiaca o la fábula económica (sic) que haría las delicias del Dr. Zito. Y además, hay película. Y videojuego.
Fleischman
Pídanme un instante que resuma lo bello y lo grande de ser humano y yo les mostraré, una noche antigua frente a una hoguera, al primer hombre que concibió una historia. Luego les hablaré del cuento, de las pulsiones íntimas y universales brotando de entre la imagen y la palabra, de Alicia y del Decamerón, de la infancia y la inocencia, del horror y de la magia. Y al final, les hablaré de Burton. De cómo quiso ser de nuevo el primer hombre y de cómo, en el intento, parió una criatura germinal de nieve y cicatrices, frágil y fugaz como los sueños, vulnerable y definitiva como el sabor que dejan las pesadillas. De cómo le inventó una cárcel y un amor, un mundo podrido al que desafiar con su pureza, y una tarde invernal con labios agrietados de los que escuchar su historia. Celebraré el estigma de la diferencia, lamentaremos juntos su expolio y su maltrato, y les contaré al oído un secreto absurdo que se me antoja (Edward Scissorhands, King Kong y Dogville son finales alternativos del mismo cuento). Invocaré al placer necesario de ser embaucados y fascinados por los sublimes mentirosos. Pero todo eso ustedes ya lo saben. Por eso llevan toda la vida reuniéndose en torno a este fuego.
Fleischman
Un típico pueblecito norteamericano trata de hacer frente a la amenaza de unos murciélagos mutantes con ganas de comer carne humana. El sheriff de la ciudad y una especialista en quirópteros tratarán de acabar con tan peliaguda amenaza…
Cuando la serie B se disfraza de superproducción cargamos contra ella por su temerario descaro. «Mucho ruido y pocas nueces» o «para este viaje no hacían falta tantas alforjas» se suele decir. A veces con más mala leche de la necesaria. Cuando uno se enfrenta a ‘Bats’ no puede evitar sentir una innegable simpatía por un producto que nunca intenta ocultar lo que es: una clásica y perfectamente ensamblada peli de monstruos con aroma, tacto y presencia de la serie B más clásica y necesaria. La que sólo busca ofrecer ochenta minutos de entretenimiento pseudo-terrorífico.
‘Bats’ es una película ejemplar en cuanto a ritmo y diversión (con el apetitoso extra de estar protagonizada por Dina Meyer), que va al grano y no reniega de ni uno sólo de los tópicos de las pelís de género, los cuales integra en la historia con una fluidez y un sentido del humor entrañables. Serie B, sin complejos para gente sin complejos capaz de disfrutar de una buena carnicería de murciélagos carnívoros.
Como curiosidad añadir que el guión es de John Logan, luego popular gracias a los libretos para ‘Gladiator’ o ‘The Aviator’. Y encima sale Lou Diamond Phillips…
Spector
Que el post-rock es un estilo que peca de clichés es algo sabido por todos. En algunas canciones poco inspiradas del género la atmósfera onírica se diluye en paisajes poco concretos. El superar esto no reside en una cuestión de barroquismo, sino de continua genialidad, pues el artista que trabaja con la sencillez ha de estar siempre al máximo, so pena de convertir su obra en mera anécdota para pasar el rato. The Samuel Jackson Five saben esto y deciden trascender el post-rock, sin la necesidad de introducir miles de intrumentos o sabores. Aquí la clave es no rellenar ni un minuto del disco. La premisa es que para preparar el crescendo post-rockero no es necesario el tedio; esos fragmentos son y han de ser igual de intensos que las explosiones. Ellos mismos parodian (con amor pues gustan de ella como placer mundano) la monotonía post-rockera y en su myspace se puede encontrar alguna grabación en directo de post-rock del montón. Sin desmerecer a los geniales GY!BE, Explosions in the sky o God is an astronaut, si tuviera que llevarme al exilio un disco del palo sería éste sin lugar a dudas.
Portrait
Buen chute del gozo de vivir nos traen ésta vez los islandeses Sigur Ros. Tras muchos discos explorando las posibilidades emocionales de los crescendos postrockeros y los pasajes minimalistas hipnóticos, lo que nos ofrecen en éste album son temas hechos con el ritmo de los latidos del corazón cuando se está fluyendo con la vida. Melodías y estructuras mucho más concretas, que harán más fácil la escucha para aquellos que buscan canciones y no estados de conciencia. La portada es casi la mejor manera de describir el disco; gente joven llena de energía corriendo desnudos por los campos de Islandia. ¿Se han preguntado alguna vez cómo han de ser esos veranos de sol infinito? Escuchen este disco, y lo comprenderán.
Portrait
Uno de los juegos más importantes de las pasadas navidades, nacido de las oficinas de los muy grandes Naughty Dog. De mecánica lineal, pone su énfasis en tres aspectos: la facilidad de manejo, lo vistoso y brillante de los escenarios y lo cinematográfico del guión. En lo que se refiere a los dos primeros, la calidad del resultado es sobresaliente. Si bien puede hacerse un tanto repetitivo, la comodidad con la que te atrapa el juego es irresistible.
Sin embargo, la cosa flojea si miramos la trama con las mismas exigencias que tenemos cuando vamos al cine. Ciertamente, se nota un gran esfuerzo en dotar de carisma al protagonista (claramente inspirado en el actor Nathan Fillion; y toda película con Fillion es, automáticamente, un 27% mejor ). Y algunos diálogos son imaginativos. Pero el conjunto es muy poco original, siguiendo en exceso los esquemas de la saga Indiana Jones (¡hasta se las arreglan para meter nazis!). Por no hablar de… bueno. No voy a hablar. Que estos son microcríticas y no estamos para entrar en tanto detalle. Lo que está claro es que hay que empezar a juzgar a los juegos con el mismo rasero que a otras obras narrativas. Y sí: estoy pensando en vosotros, Resident Evil 4 y Metal Gear Solid 2.
Paco Fox
Mister Night Shamalama Dingdong, que es como mis amigos y yo llamamos al muy polémico director de ‘The Happening’, parece tener miedo. Tras las tremendas leches que le llovieron por la muy freak e incomprendida ‘Lady in the Water’, el pobre hombre parece haber optado por refugiarse en lo sencillo. Lo malo es que el resultado es tan ligero y simplón en sus planteamientos y en la forma de resolver los avatares de la trama, que la película parece más bien no tener ni rumbo ni una clara resolución.
Por otra parte, Night sigue con sus constantes: el desfile de personajes extraños, los diálogos claramente humorísticos rodados como si fueran escenas de Bergman y secuencias en las que demuestra gran capacidad narrativa y visual, como todo el principio con los trabajadores de una obra haciendo puenting sin cuerda. La diferencia es que, esta vez, ni los chistes son lo suficientemente buenos como para justificar los errores de concepto (como sucedía en ‘Signs’), ni hay suficiente frikismo o inventiva visual como para salvar la extrañeza de ciertas decisiones de guión (como en ‘Lady in the Water’). Con todo, peores cosas de género hay sueltas por nuestras carteleras. ‘The Happening’ es fallida. Pero no de una manera excesivamente dolorosa. Al menos para mí.
Paco Fox













