Es una pena que no suela encontrar tiempo para muchas relecturas, porque a veces lo «temprano» de la valoración me hace sostener impresiones no demasiado exactas de algunos libros (sobre todo, aquellos leídos antes de empezar con el blog). En concreto, leí por primera vez «Tras el incierto horizonte», la segunda entrega de la serie de los Heechee de Frederick Pohl, hace veinticinco años, y no me resultó muy satisfactoria. Parte del problema se fundamentaba, paradójicamente, en haberla leído justo después de «Pórtico», cuando originalmente se llevaban tres años. Esto puede tal vez achacarse a un desajuste entre la realidad y las expectativas (replicar las mismas sensaciones experimentadas con «Pórtico«.
Me explico. En aquella época (principios de los ochenta), las sagas no solían publicarse a ritmo de ametralladora, uno o más títulos por año. Entre las fechas de publicación de cada una de las novelas de los Heechee hay tres o cuatro años de lapso, y durante ese mismo tiempo Pohl publicó ocho o nueve libros más. Esto obligaba a que cada entrega fuera mucho más autosuficiente, porque no podía esperarse un recuerdo perfecto de la anterior. Por eso mismo, en lugar de partes correlativas de una historia única, se buscaba a menudo diferenciar claramente cada título, que por añadidura debía ser capaz de sostenerse por sí mismo (incluso siendo secuela de una novela ganadora de todos los grandes premios).
Dejando pues de lado el asteroide Pórtico, varios años después de los acontecimientos narrados en la primera entrega, Robinette Broadhead, el protagonista principal de la serie (aunque aquí asume un papel un poco más secundario, es un ricachón, implicado en la investigación de la tecnología Heechee, que ha patrocinado un viaje, utilizando exclusivamente tecnología terrestre, a la nube de Oort. Allí esperan encontrar una factoría alimentaria heechee, que podría seguir en funcionamiento y que es fundamental para subsanar la grave carestía calórica que aqueja a una Tierra superpoblada (uno de los temas centrales de la época, poco antes de que la revolución agraria incrementara de forma notable la productividad del sector).
La historia se subdivide entre los esfuerzos de la familia que ha aceptado el contrato (cuatro integrantes; una pareja, el padre de ella y la hija menor de este, una adolescente de catorce años un tanto hipersexualizada… hasta extremos incómodos en ciertos momentos) y las dificultades político-comerciales de Robin en la Tierra, al tiempo que ahonda en el misterio de esa antigua raza alienígena que desapareció, dejando tras de sí tan solo un puñado de misteriosos artefactos (por no hablar de la persistente obsesión de este por hacer algo respecto a sus antiguos compañeros y a su novia de entonces, atrapados en un agujero negro).
«Tras el incierto horizonte» no se intenta reproducir el sentimiento de extrañeza, asombro y aventura de «Pórtico» (algo que hubiera sido imposible), sino que busca ahondar en la especulación cosmológica, expandiéndola más allá del fenómeno de los agujeros negros (hasta una escala verdaderamente universal), al tiempo que aprovecha los agentes digitales ya presentados con la IA psicoanalista de «Pórtico» para fundamentar las bases del segundo gran pilar especulativo de la saga, que culminará en el díptico que la cerró temporalmente («El encuentro» y «Los anales de los heechee»).
La parte cosmológica… digamos que mejor cuanto menos profundiza, porque Pohl no entendía muy bien lo que era un agujero negro o un horizonte de sucesos (ni el traductor del título, claro). Lo cierto es que se apoyaba en avances muy recientes de Roger Penrose (la hipótesis de la censura cósmica de 1969) y Stephen Hawking (la radiación de Hawking en 1974) en la caracterización matemática de las singularidades y, de hecho, el problema de qué ocurre más allá del radio de Schwarzschild sigue suscitando un debate candente entre los físicos teóricos, así que se le perdona (y, paradójicamente, con más facilidad a cincuenta que ha veintipocos años vista).
El tiempo ha sido mucho más benévolo con su reflexión sobre las IAs. De hecho, leyendo el libro ahora, en plena efervescencia de esa tecnología, se percibe lo certero que fue en muchas de sus anticipaciones, y el lugar adonde apunta (que se desarrollaría en mayor profundidad en las siguientes entregas) constituye todavía un terreno ignoto a cuya sombra la especulación se recontextualiza de un modo muy intrigante.
Todo ello sin mencionar siquiera el resto de ideas vertidas en la novela, que he de confesar que se habían borrado por completo de mi memoria. Tenemos por ejemplo el diván de los sueños y las desastrosas consecuencias de su mal uso; el misterio de los antiguos, al que es posible que el autor no sepa sacarle todo su partido; o los difuntos, grabaciones mentales (y un poco locas) de antiguos exploradores de Pórtico. Son detalles que le dan mayor entidad a la historia y que justifican el notable reconocimiento crítico de la novela, que obtuvo nominaciones a Hugo, Nebula, Locus y BSFA.
En 2004, diecisiete años después de la última entrega, Frederik Pohl publicó una nueva secuela, «The boy who would live forefer», uno de cuyos personajes centrales es Wan, quien en «Tras el incierto horizonte» es un adolescente que ha pasado toda su existencia solo en la factoría y el aun más misterioso Paraíso Heechee, tras arribar su madre embarazada a la factoría alimentaría en una nave de Pórtico y ser incapaz de escapar de allí.
El Hugo aquel año fue para «Reina de la nieve«, de Joan D. Vinge (primera también en la encuesta de los Locus, justo por delante de «Tras el incierto horizonte»), estando también nominados Larry Niven por «Ingenieros de Mundo Anillo«, John Varley por «Hechicera» (el segundo volumen de la trilogía Geana) y Robert Silverberg por «El castillo de Lord Valentine». En cuanto al Nebula, destacó a Gregory Benford por «Cronopaisaje» (ganadora del BSFA, por delante también de «El verano del pequeño San John«, de John Crowley), mientras que aparte de Pohl y Vinge, estuvieron nominados Walter Tevis con «Sinsonte», Robert Stallman con «The orphan» (su única novela) y Gene Wolfe con «La sombra del torturador«, el primer volumen del Libro del Sol Nuevo.
Otras opiniones:
Otras obras del mismo autor reseñadas en Rescepto:
- Mercaderes del espacio (1952) (Con Cyril M. Kornbluth)
- Corrientes alternas (1956)
- Homo plus (1976)
- Pórtico (1977)
- Jem (1979)
- The cool war (1980)
- La guerra de los mercaderes (1984)
- El mundo al final del tiempo (1990)












































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