Los Soprano. La doctora Melfi es violada.


He visto, una vez más, el episodio cuatro de la tercera temporada de Los Soprano. En él, la doctora Melfi sufre una violación cuando va a recoger el coche al garaje. Cuando casi está recuperada físicamente del ataque habla con su psicólogo de un sueño que ha tenido. En el sueño un rottweiler ataca al violador, que es un puto camarero de McDonalds. Ella piensa que en realidad el rottweiler encarna a Tony Soprano y dice a su psicólogo: “¿a quién le echo encima a ese hijo de puta y consigo que lo destroce?”. Doctor y paciente devanean en una conversación sobre la civilización y la justicia. Es entonces cuando ella finaliza la escena diciendo: “oh, no te preocupes, no voy a romper el pacto social, pero no por eso dejo de sentir una cierta satisfacción al saber que podría aplastar a ese cerdo como a un insecto si me diera la gana”.

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Yamaha R1


Navegaba yo en los últimos días para las vacaciones trabajándome algún artículo-prueba de verano (ninguna novedad, ninguna premura) allá por julio del año 1998 cuando, en esas, aparece Augusto Moreno de Carlos (director de Motociclismo) y pregunta:

¿De quién es ese Opel Astra que hay en el garaje?

Obviamente, no preguntaba literalmente por el dueño, preguntaba por el responsable de su prueba, reportaje o, como era mi caso, custodia durante el periodo, llamemos, vacacional.

Yo, dije.

¿Me lo dejas? Es que tengo pensado comprar uno y quería probarlo. Yo te dejo una moto para ir a casa.

Augusto, vivo en Las Rozas (unos 30 km de distancia) a ver que me dejas, dije.

No te preocupes, te dejo una moto que acabamos de recoger para hacer una prueba de 50.000 km que te va a encantar.

Hecho.

 

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Canadá, de Richard Ford


 

Hay libros que empiezan enseguida, no hace falta darles un tiempo ni esperar a completar algunas páginas, las primeras líneas son suficientes para encontrarnos el corazón. Acabo de leer uno de esos libros y aun estoy recuperándome de la lectura y de las emociones. Se titula Canadá y lo escribió Richard Ford. Lo compré a instancias de Elvira Lindo, que lo recomendaba en El País. Si no hubiera sido por eso, y porque iTunes te permite leer las primeras páginas gratis, quizá nunca lo hubiera comprado, porque nada más leer la sinopsis hubiera huido de una historia así.Image Sigue leyendo

Luisito


Luisito era un chaval especial. Yo le conocí una tarde de agosto y desde el principio me dejó flipado. Le vi pasar cerca de casa cargado con varias latas de conserva de tamaño industrial más un tambor de detergente Colón vacío. En el cinto llevaba una bolsa atada que contenía varios palos de varios tamaños que le estorbaban para andar. Salí a la puerta a ver adonde iba y vi que paraba detrás de mi casa, justo al lado de las escuelas, en un pequeño talud. Sigue leyendo

Arte en Mallorca.


Cerca de mi oficina he localizado una galería de arte, una más, en Palma.

En la calle Sant Feliu hay varias bastante buenas y también cerca de la Plaza Mayor y en el barrio de Cort; el caso histórico está lleno. Los escaparates de estos locales dan un toque especial a las calles. En realidad los objetos que en ellos se muestran las decoran. La mayoría son galerías de arte moderno, con mucho color y mucha fuerza. Así, el casco antiguo de Palma en invierno, bastante más vacío que en verano, se alumbra con cuadros pos modernos, figuras de animales de colores, retratos de Marilyn y de Chaplin como los hubiera hecho Warhol, y luces blancas que iluminan espacios blancos minimalistas. Incluso hay escenas taurinas muy potentes e irreales. No digo que sea como pasear por un gran museo, no hay que exagerar, pero si uno tiene suerte o conoce la ciudad, el paseo puede recopilar contrastes tan interesantes como mezclar fachadas del siglo XVI con obras muy kirsch muy art nouveau muy modernistas. No son obras originales, que no cunda el pánico, nadie va a encontrar un Klimt o un Hopper, tampoco hay Banksys o Dalís, pero los escaparates vomitan el estilo de estos artistas y Palma oculta un gusto por el contraste imposible de ver en los primeros paseos y más fácil de disfrutar cuando uno convive con la ciudad todo el año.

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Cosas que marcan II.


Mi padre trabajaba en “la empresa”. Allí, a veces, iba a horas intempestivas: fines de semana, noches, fiestas. Hacía turnos. Se encargaba de que el edificio principal de “la empresa” funcionara con normalidad. Trabajaba en una especie de «cuadro de control» al que llegó después de, por lo visto, participar en la construcción del edificio; era electricista.

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