I
El agua fría refresca la piel y el alma.
Despertar y descubrirle a mi lado me llenó de regocijo, respiraba el aire a hogar. Una conocida alegría se acrecentaba en mi interior... Más nada era verdad, ¡Qué cruel mentira, cruel, cruel!
Amado, mientras el polvo se disipaba a mi paso, acomodaba mis cabellos para tragarme el amargo sabor a desengaño. La alegría que me elevó a soñar hogar y destino se esfumó en minutos. La sonrisa que me hizo bella se convirtió en la línea expresiva de la incredulidad. La satisfacción se transformó en recuerdo insignificante. Cuánto esplendor costaba dejar atrás, mas sin la ilusión de un mañana se ve destinado a morir.
El afán de las lágrimas en expresarse generó una sonrisa maliciosa. No lo permití, ellas no hablarían por mí. Hombres como aquél, llorados tantas veces, no justificaban una sola vez más.
Debes saber, cuánta tristeza siento pensar en ti y percibir que aún espero la llegada de tu amor al mío. Cuánto tiempo más he de pasar sin conocerte, sin revelarme tus secretos acaso ya tan conocidos para mí. Por conocerte tanto, amarte tanto es inevitable. Lo desconocido es esencial al encanto de quien lo porta. Demasiada belleza para ser ignorada fácilmente por sabios y comunes.
Te necesito para vivir, para reír y llorar a plenitud. Tus ilusiones renuevan mis esperanzas y tus virtudes fortalecen mi confianza. Si otras pudieran amarte como yo te amo, acaso serías más feliz, pero se que también me estas buscando y que deseas como yo el encontrarnos.
Mi alma por ti seguirá esperando, aunque la piel se rinda al encantamiento de las caricias ajenas. Sabes que sufro con todo esto. Por favor, no tardes más.
Tu amada.
II
Esta noche es mansa y los cangrejos que a la luna esperan al borde de una playa atraen al quehacer reflexivo solo por breves instantes. Qué lejanos lugares aquellos y cuánta compasión siento por los cangrejitos que batallan por la vida en el mar y en la tierra. Estoy agotada, lo suficientemente cansada como para desear el cálido abrigo que proporciona el sueño. El cuerpo le reclama, pero a mi mente alguien inquieta. Demasiadas preguntas han desfilado por ella y todas se fueron tan pronto como escuché tu voz.
Me envuelve un halo de cariño que alegra y que duele, a esto le llaman extrañar, y te extraño con tanta desesperación que el sueño no quiere llegar y enferma la razón. Solo hay paz cuando escucho esa voz, tu voz, contándome alegrías y tristezas. Es extraño que así sea, te siento cerca al saberte del otro lado del teléfono y pienso en acariciar tu rostro, en abrazarte y en no soltarte hasta saber que en realidad es cierto, que te tengo junto a mí, que ya no hay distancias. Pero las hay y un día no las habrá más, el tiempo apenas existe en el reloj para el reencuentro de nuestras miradas, nuestras risas y nuestro abrazo.
Te amo como aman las gaviotas al puerto que les provee de alimento y son tus canciones, aquellas que hablan de tus hazañas, las que alegran mi espíritu. Eres tan querido, tan amado.
El gallo canta con insistencia para recordarme que son las primeras horas de la mañana y no consigo dormir porque te deseo aquí, con tu calor, tu ternura y tu pasión. Ha de llegar la calma a mis deseos y el cansancio a mis ojos para reconciliar la inquietud de no tenerte y dejar que el sueño me lleve a reencontrarte. Duermo y lo hago pensando en ti.
III
Jamás pudo esta alma vestida de blanco, imaginar que besaría el pecado en tus labios. Tu amor fue la golosina que sobre una mesa seducía a un jardín de infantas. Todas deseaban disfrutarte y acariciaban tu atractiva envoltura con el deseo de saciar sus fantasías y eso las hacía feliz. Mas yo, miraba los frutos de los árboles que en su divina generosidad ofrecían de si lo mejor a quien estuviera dispuesto a alcanzarlos y ensayé mis saltos y calculé algoritmos para hacer mío el mejor fruto y fue mío porque así lo quise. No, yo no debía mirarte.
Un día el árbol amado no ofreció más sus frutos y neciamente esperé con tesón a que la Primavera volviera y no volvió. Entonces, posé mi mirada sobre ti y tuve miedo de poseerte, tu contenido era un misterio y por lo tanto un peligro. Así cuidé yo mi paladar de tu sabor hasta el día en que aquél misterio se convirtió en deseo, un deseo desesperado y urgente. Sin fórmulas, sin estudios de campo, mis labios se lanzaron a estrechar los tuyos con violencia. Había roto la regla de mi mayor convicción: Tomar sólo aquello por lo que me decido. Fue entonces, tomar la golosina ansiada, pero prohibida. Bendita golosina, cuyo sabor narcotizó la razón para ser arrojada a los peñascos y embelesó de tal modo al alma por tanta ternura que descendió a los infiernos placenteramente y se enfrentó, no sin sufrimientos, a la justicia del cielo y de la tierra. Y pronto tú también me juzgarías.
IV
Este pétalo te hablará en voz baja del jardín y comprenderás. O.W.
He contemplado tu cuerpo desnudo incontables noches de vela y las palmas de mis manos como gaviotas exploraron tu litoral y dibujé tus contornos en mi memoria para controlar los antojos por ti en tu ausencia.No, no pereció el deseo cuando te fuiste, él sigue conmigo y te revive en sus agonías. Si estuvieras aquí nutriría mi piel con tus besos y cruzaría de tu mano el jardín desconocido. Hurtaría de tu huerto todo lo que antes desprecié hurtar y disfrutaría contigo todos los juegos que te tengo reservados. Deseo tu siembra efervescente en el día, tarde y noche de los siglos, pero antes develar debes mi mayor secreto, solo entonces podré decir que soy tuya y no miraré a nadie más, y saciaré en ti, la sed de mis inquietudes, la danza de mis encantos solo serán para ti.
V
Levántate, amor, que he venido a buscarte. El templo abrió al mediodía y debemos entrar en él, juntos. Las arenas del desierto no nos confundirá, antes bien juguemos abrazados y que las dunas nos sirvan de lecho. Encendido el fuego, nos consumiremos en él, hasta hacernos eternos. Seremos uno. Mis brazos te aprisionarán hasta ver caer tu mirada vigilante sobre mi pecho. Dos semidioses a punto de alcanzar la eternidad. Ven conmigo, el oráculo pronunció nuestros nombres y en el templo esperan nuestra ofrenda en la unión de nuestros cuerpos y almas. Me llaman pasión y tú me conoces bien. Aunque nuestras miradas se extravíen en la agonía, no desistirá el esfuerzo, llegaremos juntos al templo.