Monster: The Story of Ed GeinNetflix | 2025 Drama, histórico, suspense | 8 ep. de 45-65 min. Productores ejecutivos: Ryan Murphy, Ian Breannan. Intérpretes: Charlie Hunman, Suzanna Son, Laurie Metcalf, Vicky Krieps, Linda Reiter, Lesley Manville, Tyler Jacob Moore, Charlie Hall, Tom Hollander, Will Brill, Olivia Williams, Joey Pollari. Valoración: ![]() |
PRISAS Y DESGASTE
Las dos temporadas anteriores de Monstruo, la antología de asesinos de gran fama, fueron muy irregulares, pero sus muchos momentos brillantes y la compleja visión global que nos ofrecían Ryan Murphy e Ian Brennan, con inteligentes y críticas lecturas sobre antropología y sociedad, resultaron muy atractivas y emotivas, logrando colarse entre las series más comentadas e influyentes del momento.
La tercera entrega acusa un desgaste muy grande, lo que se ha dejado ver en las notas y críticas así como en las audiencias. Los autores, sea por las prisas o la falta de inspiración, no logran un conjunto que apasione y deje huella. Unos pocos buenos tramos recuperan el ánimo por seguir viéndola tras muchas partes, incluso episodios enteros, de divagaciones sin intenciones ni un rumbo claro.

Casi ninguno de los temas tratados entonces asoman por aquí: las lecturas tan elaboradas sobre el ser humano y la sociedad, las fallas del estado en la detección de las enfermedades mentales y los individuos descarriados, la respuesta de medios de comunicación… Apenas tenemos unos pocos apuntes sobre diversidad sexual y su aceptación en el mundo, mal definidos y mal incluidos. Un nuevo punto de vista aparece tímidamente, pero sin llegar a nada: nos muestran la influencia de la figura tratada en el cine de suspense y crímenes de la época.
LA VIDA Y OBRA DE ED GEIN
La vida de Ed Gein, quien en los años cincuenta conmocionó a la comunidad rural de Plainfield, Wisconsin, e incluso llegó a ser famoso a nivel nacional, está bien detallada en los primeros episodios, siendo el segundo bastante atractivo. El descubrimiento gradual de sus turbias aficiones, la educación de su estricta madre y el acercamiento a una joven del pueblo, Adeline Watkins, con la que entabla su única amistad, tienen un desarrollo algo previsible pero más que funcional, resulta una historia verosímil, con lo justo de sensibilidad.
Pero la concreción no existe, todo se estira y repite demasiado, acabando pronto en un bucle cansino que además empeora con demasiada desviación a aspectos secundarios que no necesitaban tanto tiempo: los largos escenarios imaginarios con la nazi famosa, el soporífero e insustancial receso (un episodio entero) dedicado al viaje personal de Adeline, y las conexiones con el cine inmediatamente posterior.

En el sexto episodo, la revelación de la existencia de este macabro asesino remonta bastante, pero el desenlace se viene totalmente abajo, ninguno de los pocos frentes abiertos llega a un punto álgido o conclusión digna, resultando más que aburrido desesperante. Además, con la invención de que Gein ayudó al FBI a capturar a otros como él y la relación de acercamiento con la enfermera y el psiquiatra, los autores abordan un intento muy extraño y forzado de humanizarlo y darle redención. Es donde más fallan en comparación con el tratamiento más sutil de las temporadas anteriores.
El apartado de los asesinatos se desarrolla con el mismo tono de las etapas anteriores, jugando a combinar el gore, el morbo y el humor negro para que este relato de violencia escabrosa sea un entretenimiento y no solo un documental explícito. Obviamente, su tono adulto y tan escabroso no es apto para todos los públicos, pero la oleada de puritanos que atacó a la primera temporada por «vender violencia» o algo así parece haberse cansado. Claro que vende violencia, igual que otras obras venden romance o comedia.

POCO FIEL A LA REALIDAD
A las carencias de nervio y rumbo se le añade una importante falta de fidelidad a la historia real. Si eres de los que te pones a buscar información sobre las películas y series al acabar de verlas, algo que en el género histórico es aún más atractivo para aumentar tus conocimientos y comprobar la verosimilitud del relato, te llevarás un buen chasco al ver que los autores se han inventado desde detalles de la personalidad de Gein a los asesinatos que cometió.
Gein era rarito y reservado, pero no hablaba como un retrasado mental. No los presentan siempre aseado, algo tampoco consecuente con la realidad, tenía aspecto de rudo hombre de campo, no de guaperas; de hecho, ni encaja con lo que nos muestran: su casa es un estercolero y un matadero, así que no cuadra verlo siempre recién duchado y afeitado.

Le acreditan muertes dudosas (la del hermano, donde podían haber jugado con la ambigüedad) y se inventan otras por completo: los dos cazadores perdidos y la niñera. Tanto en durante el juicio como en la actualidad, se considera que solo asesinó a la camarera Mary Hogan y la dependienta Bernice Worden. Además, la relación sexual con esta última no tiene base. El uso de restos de cadáveres desenterrados del cementerio para la recreación de su madre así como la confección de adornos del hogar y trajes humanos es todo auténtico, y es lo que causó gran impacto en la sociedad, pues con solo dos asesinatos no entra en el rago de asesino en serie.
Se han sacado de la manga su relación con otros asesinos famosos, Ted Bundy, Jerry Brudos, Richard Speck… Y se les ha ido completamente la pinza al inventarse la colaboración con el FBI para ayudar a capturar a alguno. Cabe señalar que los dos agentes que representan a la agencia son los que pusieron en marcha el departamento dedicado a investigar este tipo de crímenes, Robert Ressler y John Douglas, en un posible guiño a la serie Mindhunter (Joe Penhall, David Finchern, 2017) de la propia Netflix.

Por el otro lado, hay partes difíciles que resuelven bastante bien. En el acercamiento a Adeline Watkins tenían complicado cómo abordar el posible noviazgo y el conocimiento de los pensamientos turbios de Gein, pues ella no tardó en desdecirse de la afirmación inicial de que habían salido juntos durante veinte años y hablaban de asesinatos, para distanciarse completamente de los medios sensacionalistas o posibles investigaciones policiales. La opción elegida por los guionistas es más que plausible: tontearon durante muchos años, ambos tenían interés en la muerte y los cadáveres, y podía haber visto algunas de sus obras pero sin llegar a aseverarse que participara en ningún crimen concreto.
LA INFLUENCIA DE ED GEIN EN EL CINE
Aparte de mostrar la vida de Gein, los escritores nos ofrecen una nueva perspectiva, la influencia de los personajes morbosos en el cine posterior a su captura. Pero la salida de la monotonía y el recién despertado interés no se logra mantener mucho tiempo.

Saltamos a los años sesenta y setenta para ver la creación y recepción de Psicosis de Alfred Hitchcock (aunque se basó en una novela, la que causó sensación fue la película) y La matanza de Texas de Tobe Hooper, y en menor medida y ya entrando en los noventa, El silencio de los corderos de Jonathan Demme.
En mi caso, el fervor cinéfilo me embriagó: quiero ver qué tal están las recreaciones de Hitchcock, Hooper y los actores principales, destacando al que más tiempo se lleva, Anthony Perkins, protagonista de Psicosis. La versión del director que vemos no me convence nada a pesar de estar en manos del enorme talento de Tom Hollander; el maquillaje que no logra encontrar el parecido y el actor no se encuentra nada cómodo, con lo que se provoca más distracción que conexión con el rol. En cambio, Joey Pollari como Perkins está muy bien y el parecido es asombroso.

Pero el problema es que todas estas historias no adquieren trascendencia alguna, quedan como anécdotas triviales que ocupan demasiado tiempo. Además, resultan un tanto exageradas a veces; por ejemplo, Hitchcock no se construyó una casa replicando a la de Gein, y este no persiguió a gente con una motosierra, llevando a Hooper a poner lo mismo en su película.
El único momento en que los autores buscan algo de contenido, con el intento de hablar la diversidad sexual con la vida personal de Perkins, llega tarde, se siente muy descolgado, y supone una alteración incomprensible de la realidad: nada indica que Perkins fuera homosexual o bisexual, al contrario que otras estrellas que sí tenían que mantenerlo en secreto para no contravenir las convenciones morales de la época.

REPARTO Y ACABADO COMPETENTES PERO SIN BRILLAR
El reparto de secundarios está muy bien, destacando a la tenebrosa madre, Laurie Metcalf, y la dulce novia, Suzanna Son. Pero el más importante queda un poco en el limbo. Tenía mucho interés por ver a Charlie Hunnam salirse del papel en el que está encasillado, el de tipo carismático del mundo del crimen: Hijos de la anarquía, The Gentlemen, Rebel Moon: Parte 1. Pero si bien logra resultar espeluznante con su forma de gesticular y moverse, rechina muchísimo esa voz tan fingida y además inventada, y en el registro dramático no logra una buena evolución ni llega a conmover.
La puesta en escena es sólida, manejando bien con los escenarios oscuros, pero no ofrece nada como para dejar huella. La primera etapa estuvo bastante más trabajada en este aspecto, tenía un aura insana fascinante, y la segunda mostró más versatilidad en los cambios de escenario o punto de vista.

Ver también:
– Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer (2022) 
– Monstruo: La historia de Lyle y Erik Menéndez (2024) 
-> Monstruo: La historia de Ed Gein (2025) 























































