EFEMÉRIDE DEL 18 DE ABRIL DE 1879: BOMBARDEO EN PISAGUA Y DEFENSA DEL BATALLÓN AYACUCHO N°3

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Después de la declaratoria de guerra de Chile al Perú a inicios de abril de 1879 iniciaron las incursiones marítimas chilenas en nuestras costas, podemos mencionar el bombardeo en Mollendo (17 de abril), el cañoneo a un tren de pasajes en Iquique (27 de abril) y el ataque a Mejillones tres días después (Dellepiane, 1941, p. 39). El 18 de abril de 1879 se desarrolló el primer ataque sobre el puerto de Pisagua, el objetivo era claro: desembarcar en las costas de Tarapacá. El chileno Williams Rebolledo envió al Chacabuco y el Blanco con la misión de destruir embarcaciones y emplazamientos portuarios para impedir actividades comerciales en Pisagua (Carvajal Pareja, 2004, p. 416).

“En la mañana del siguiente día (Abril 18) se presentaron en la bahía de Pisagua el blindado «Blanco» y la «O’Higgins,» desprendieron siete bote bien tripulados, y acercándose á la playa, comenzaron á destruir las lanchas, haciendo fuego sobre los dueños de ellas que intentaron salvarlas; el fuego fue contestado por la pequeña guarnición de tierra; (tres compañías del batallón «Ayacucho» al mando del Teniente Coronel Fernandez), con tan buen éxito que las lanchas enemigas se retiraron, perdiendo alguna gente entre muertos y heridos.” (Paz Soldán, 1884, pp. 144-145).

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Le Monde Illustre (1879, 26 de julio)

            Luego, de la primera respuesta y huida de los primeros contingentes chilenos Rebolledo ordenó de nuevo enviar botes que fueron nuevamente rechazados por el fuego de fusilería. Ante esta situación los chilenos hicieron uso de fuerza desmedida al reiniciar los bombardeos contra el pueblo de Pisagua. Como resultado quedaron cinco chilenos heridos y un capitán muerto, mientras que la parte peruana tuvo un oficial y cinco soldados del Batallón Ayacucho heridos y dos rabonas muertas. También hubo pérdidas civiles, tres mujeres, dos niños y un asiático (Carbajal, 2004, pp. 417-418). Este primer episodio solo representaría la antesala de mayores ataques en donde las fuerzas chilenas no repararon en el uso de violencia en contra de la población civil. Incluso en prensa extranjera justifican tales acciones:

“Los bombardeos de Pisagua i de Mollendo (Traducido del Sun de New York). Mayo 26 de 1879.- Según informes que hemos recibido de fuentes privadas, aparece que los bombardeos de Pisagua i de Mollendo no fueron actos de vandalismo como la prensa i gobierno peruanos quieren hacerlo comprender al mundo.” (Academia Nacional de Historia de Chile, 1979, p. 239).

Volvemos a destacar la participación del Batallón Ayacucho N°3 en nuestra defensa nacional, en esta unidad militar estuvieron oficiales como Vicente Ugarte y Lobón (1858-1906), abuelo del historiador y jurista Vicente Ugarte del Pino (Linares Mascar, 2020).

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Bibliografía

Academia Nacional de Historia de Chile (1979). Boletín de la Guerra del Pacífico 1879-1881. Santiago: Editorial Antártica.

Carvajal Pareja, Melitón. (2004). Historia Marítima del Perú. La República de 1879 a 1883. (Tomo XI, Volumen 1). Lima: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú.

Dellepiane, Carlos. (1941). Historia militar del Perú (Tomo II). Buenos Aires: Taller Gráfico L. Bernard.

Linares Mascar, Ernesto. (2020, 18 de abril). Primer combate e incendio de Pisagua en 1879.

https://elinaresm.blogspot.com/2020/04/primer-combate-e-incendio-de-pisagua.html

Paz Soldán, Mariano Felipe. (1884). Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo.

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EFEMÉRIDE DEL 17 DE ABRIL DE 1750: NATALICIO DE TORIBIO RODRIGUEZ DE MENDOZA

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Nació en Chachapoyas el 17 de abril de 1750. Hijo de Santiago Rodríguez de Mendoza y de María Josefa Collantes. Luego de seguir estudios religiosos se ordenó de sacerdote encargándose del curato de Marcabal en la provincia de Huamachuco. Viajó a Lima donde continuó sus estudios en el Seminario de Santo Toribio. Colaboró en el “Mercurio Peruano” (1791-1795) y en la “Sociedad Amantes del País”, donde se reunía con miembros de la intelectualidad de entonces.

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Toribio Rodríguez de Mendoza firmando acta de indpenedencia de Lima. Real Felipe.

En 1770 obtuvo el grado de doctor en teología en la Universidad de San Marcos, y en 1779 el título de abogado. Fue docente en el Real Convictorio de San Carlos, desempeñando a partir de 1788 el rectorado, cargo que mantuvo por treinta años. En San Carlos, “adelantó con sus innovaciones, consideradas entonces como temerarias, y a paso de gigante, el movimiento que aquella organización joven iba a recibir y a comunicar, y así puede decirse que la revolución peruana, que desde 1810 tuvo su foco en el Colegio San Carlos, nació en las manos de aquel eminente americano”. Enseñó e inculcó en sus discípulos el ideal de la libertad de la patria y cuando esta libertad se materializó con el Acta de la Independencia, estuvo entre los primeros en suscribirla. Durante el gobierno del Protectorado, fue presidente de la Junta Eclesiástica de Purificación.

En 1822 presidió las sesiones preparatorias del Primer Congreso Constituyente, “en el solemne día en que el Perú se llamó a legislar como nación, y cuando el ilustre anciano tomaba su puesto para presidir la Primera Asamblea de la Patria, estaban a su lado, en los bancos de la representación nacional, treinta y cinco de sus discípulos … Él los contó y lo dijo a sus amigos, asomando a sus ojos, prontos a cerrarse a la luz de la tierra, una lágrima de santo regocijo. Todos eran patriotas, todos republicanos, todos hijos del Perú”.

En 1825 fue elegido decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lima y Rector de la Universidad de San Marcos (1824-1825). Falleció el 10 de junio de 1825, a los 75 años de edad, rodeado de sus discípulos a quienes había formado y educado en los principios de la libertad y la soberanía del pueblo.  En el Panteón Nacional de los Próceres un busto y un cenotafio con su nombre honra su memoria.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Lic. Guillermo Sánchez Ortiz (UNMSM)

Bibliografía

Leguía, Jorge Guillermo. (1922). El Precursor. Ensayo biográfico de D. Toribio Rodríguez de Mendoza. Lima: Librería Francesa Científica y Casa Editorial E. Rosay.

Instituto Libertador Castilla, Centro de Estudios Histórico Militares del Perú (1970). El Perú y su independencia (Antología) (Volumen I). Lima: Instituto Libertador Castilla, Centro de Estudios Histórico Militares del Perú.

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EFEMÉRIDE DEL 14 DE ABRIL DE 1814: CONSPIRACIÓN PATRIÓTICA DE FRANCISCO PAULA DE QUIRÓS

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En el año 1814, en plena capital del Virreinato del Perú, se gestó una importante conspiración patriótica encabezada por el abogado Francisco de Paula Quirós, “conocido por acérrimo enemigo del gobierno español, era el obrero más tenaz en trabajar con exaltación y sin cautela por promover la revolución” (Mendiburu, 1887, p. 19). A movimiento se sumaron Don Matías Vásquez de Acuña, Conde de la Vega del Ren, y el teniente coronel Juan Pardo de Zela, natural de la península ibérica, pero que honró a su patria adoptiva luchando por la independencia.

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Firma de Francisco Paula de Quirós (1808). Archivo General de la Nación

En abril de aquel año, los tres lideres de la sublevación “notando cuan desguarnecida estaba Lima, a consecuencia de los refuerzos enviados al Alto Perú … [comprendieron] que aquella era la ocasión más propicia de dar un golpe de mano rápido y decisivo al gobierno español” (Vicuña Mackenna, 2024, p. 184). El plan consistía en emitir un pronunciamiento popular de insurrección contra el gobierno del virrey Abascal, antes de la llegada de nuevas fuerzas realistas a la ciudad. Como respaldo contaban con el apoyo de la pequeña tropa de Lima, el batallón de milicias Número, cuyo jefe era el Conde de la Vega del Ren. Lamentablemente, “hubo vacilaciones, aplazamiento, contradicciones; y como el asunto no era de combinación sino de circunstancias” (Vicuña Mackenna, 2024, p. 188) la conspiración no llegó a concretarse. Los refuerzos llegaron y la oportunidad fue perdida. A la ciudad arribó el regimiento Talavera, famoso por los violentos saqueos que realizaron en Chile. El Batallón Número fue disuelto y el Conde de la Vega del Ren puesto en prisión.

La conspiración del 14 de abril de 1814 nos recuerda que, incluso en medio del dominio hispano, la llama de la libertad ardía en los corazones de peruanos decididos. Aunque falló en su ejecución, este intento refleja el profundo deseo de independencia que ya no podía ser sofocado.

Bibliografía

Mendiburu, Manuel de. (1887). Diccionario Histórico-Biográfico del Perú (Tomo VII). Lima: Imprenta “Bolognesi”.

Vicuña Mackenna, Benjamín. (2024 [1860]). La revolución de la independencia del Perú, desde 1809 a 1819. Lima: Ministerio de Cultura del Perú.

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EFEMÉRIDE DEL 12 DE ABRIL DE 1539: NATALICIO DEL INCA GARCILASO DE LA VEGA CHIMPU OCLLO, PATRONO DEL CEHMP

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Gómez Suarez de Figueroa, mundialmente conocido como el Inca Garcilaso de la Vega, nació el 12 de abril de 1539 en la ciudad imperial del Cusco. Es considerado como uno de los más grandes escritores que ha dado el Perú, cuyo genio literario y profundidad histórica trascendieron en el tiempo. Procede de la unión de dos familias de gran nobleza andina e hispana, lo que lo convierte “no sólo uno de los primeros mestizos americanos sino que es, espiritualmente, el primer peruano” (Porras Barrenechea, 1989, p. 191). Su madre fue la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo, nieta de quien fuera en su tiempo el emperador Túpac Inca Yupanqui. Su padre fue el capitán Sebastián Garcilaso de la Vega, miembro de uno de los linajes de mayor arraigo en la Península ibérica, que lo emparenta con el gran poeta del renacimiento español Garcilaso de la Vega.

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Busto de Garcilaso de la Vega en el Centro de Estudios Histórico Militares del Perú


La niñez y juventud del Inca transcurrieron en compañía de su familia materna, “el ambiente del Cuzco incaico y los recuerdos cercanos a la grandeza imperial influyeron grandemente en el ánimo del infante” (Porras Barrenechea, 1989, p. 192). Por sus parientes recibió hermosos y melancólicos relatos que lo introdujeron en la historia y cultura del Tahuantinsuyo. “El niño Garcilaso escuchaba en la materna lengua el relato maravilloso de los tiempos felices” (Valcárcel, 1939, p. 3) y años más tarde, lo plasmó con profunda nostalgia en sus famosos Comentarios reales.

Al mismo tiempo recibió un importante influjo paterno. Se le inculcó todos los usos y costumbres propias de los conquistadores hispanos, como montar a caballo, herrar y cinchar las cabalgaduras y a jugar cañas y sortijas. Incluso, conoció a los protagonistas de la conquista y de las guerras civiles (Porras Barrenechea, 1989, p. 193). Sin lugar a dudas, no existió persona que refleje mejor la unión de estas dos tradiciones que el Inca Garcilaso de la Vega.


En 1560 el Inca partió rumbo a España con la esperanza de reclamar el patrimonio de su padre que le correspondía legítimamente por derecho de sangre. Lamentablemente, no pudo lograrlo y tampoco pudo regresar al Perú, por lo que terminó estableciéndose de manera definitiva en la península ibérica (De la Barra, 1968, pp. 17-18). Su vida en España puede dividirse en dos etapas. En la primera se dedicó a la carrera de armas, sirviendo al rey en diversas empresas de guerra. La segunda etapa se dedicó a las letras y a Dios (Porras Barrenechea, 1989, p. 195). Es en esta segunda etapa donde escribió sus más importantes obras. En 1590 publicó la traducción de Diálogos de Amor. En 1605 La Florida del Inca. En 1609 la Primera parte de Los Comentarios Reales, y en 1617 la Segunda parte de manera póstuma.


Su trabajo cumbre, Los Comentarios Reales es testimonio de la grandeza del Tahuantinsuyo y constituye una de las fuentes más valiosas para el estudio del Perú prehispánico. Su obra “se halla saturada de espíritu que no podía encontrarse en los cronistas españoles, porque nació con él, porque le era propio: el espíritu de mestizo indohispano y poniendo por delante, con orgullo y cariño, su estirpe incaica” (De la Barra, 1968, p. 18). Nadie antes que él se había atrevido a colocar a América —y en especial al Perú— al mismo nivel que los pueblos más ilustres de todos los tiempos, equiparando su civilización con las más antiguas y situando a sus gobernantes a la altura de los grandes personajes de la historia universal (Valcárcel, 1939, pp. 50-51).

El Inca Garcilaso de la Vega falleció el 23 de abril de 1616 en Córdova, España. Hoy en día, su legado perdura como un faro de sabiduría e identidad. Su figura representa el testimonio vivo de nuestra memoria y la voz inmortal de los pueblos andinos. Por ello, con legítimo orgullo, el Centro de Estudios Histórico Militares del Perú (CEHMP) lo reconoce como su Patrono Institucional, rindiendo homenaje a quien supo ser cronista de los tiempos y defensor de la historia con la pluma y con la espada.


Bibliografía


De la Barra, Felipe (1968) Homenaje de Roma al Inca Garcilaso de la Vega. Lima: Biblioteca del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú.


Porras Barrenechea, Raúl (1989) “El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616)”. En: Toro Montalvo, Cesar. Los Garcilasistas. Lima: Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología CONCYTEC.


Valcárcel, Luis Eduardo (1939) Garcilaso El Inca. Lima: Imprenta del Museo Nacional.

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EFEMÉRIDE DEL 5 DE ABRIL DE 1879: DECLARATORIA DE GUERRA DE CHILE AL PERÚ

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El 3 de abril de 1879 el gobierno chileno rompió relaciones diplomáticas con el Perú y su ministro Joaquín Godoy declaró al Perú enemigo de Chile con carácter de “beligerante”. El 5 de abril se declaró formalmente la guerra, dando inicio a uno de los conflictos más trascendentales de nuestra historia. Esta declaratoria fue consecuencia directa de la invasión chilena al litoral boliviano el 14 de febrero de ese mismo año, “declarando que reivindicaba el territorio al sur del grado 23” (Basadre, 2014, p. 232). Esta invasión activó el Tratado de Alianza Defensiva suscrito entre Perú y Bolivia en 1873, tratado que fue ampliamente buscado por el gobierno boliviano y que halló en nuestro país un aliado natural por su cercanía, vínculos comerciales, entre otros aspectos (Dellepiane, 1941, p. 20).

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Encabezado de la Orden General del 06 de abril de 1879. Archivo Histórico Militar, CEHMP.
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Fragmento de la Orden General del 06 de abril de 1879. Archivo Histórico Militar, CEHMP.

Lejos de permanecer indiferente ante la agresión chilena al territorio de Bolivia, el Perú se mantuvo firme en su deber, intentando hasta el último momento evitar la guerra mediante las gestiones diplomáticas de José Antonio de Lavalle. Lamentablemente “el Perú se veía en vuelto con rapidez creciente en un conflicto tremendo, sin tiempo casi para presentar la acción conciliatoria propia” (Basadre, 2024, p. 246). Día a día, semana a semana, la situación se tornaba más complicada. Lavalle no pudo cumplir con su misión debido a la negativa chilena de abandonar el territorio ocupado y porque además estaban perfectamente enterados del Tratado de Alianza Defensiva de 1873. En ese sentido, a fines de marzo “nuestro ministro fue llamado por [el presidente chileno] Pinto y este le expreso que comunicara al gobierno que el único modo de evitar la guerra, sería la declaración por parte del Perú de una neutralidad absoluta e incondicional” (Vargas Ugarte, 1979, p. 55).

Pese a la claridad con la que el Perú explicó el carácter estrictamente defensivo del tratado, Chile desoyó las razones y exigió una neutralidad imposible, ofendiendo así nuestra soberanía y el respeto a nuestros compromisos internacionales (Dellepiane, 1941, p. 22). Ante la exigencia chilena, el gobierno peruano respondió que postergaría cualquier decisión hasta la reunión del Congreso prevista para el 24 de abril (Basadre, 2014, p. 247).

“En consecuencia, antes de obtener respuesta alguna sobre la solicitada neutralidad peruana, se reunió en Santiago el Consejo de Estado el 1.º de abril de 1879; el 3 se dieron por rotas las relaciones diplomáticas y el día 5 del mismo mes y año fue declarada la guerra al Perú” (Dellepiane, 1941, p. 22).

Frente a la amenaza externa, el pueblo peruano respondió con dignidad y entereza. Desde el primer disparo hasta el último combate, miles de peruanos de todas las regiones se levantaron en defensa de la soberanía nacional. Esta fecha marca el inicio de una guerra que, más allá de sus resultados, puso a prueba la voluntad, el coraje y el amor patrio de quienes ofrendaron todo por el Perú.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Bibliografía

Basadre, Jorge (2014). Historia de la República (Tomo VIII). Lima: Producciones Cantabria.

Dellepiane, Carlos (1941) Historia militar del Perú (Tomo II). Buenos Aires: Taller gráfico Luis Bernard.

Vargas Ugarte, Rubén (1979). Historia General de la Guerra del Pacífico. Lima: Editorial Milla Batres.

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EFEMÉRIDE DEL 31 DE MARZO DE 1880: EMBOSCADA DEL CORONEL GREGORIO ALABRRACÍN EN LOCUMBA

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El 31 de marzo de 1880, una vanguardia chilena constituida por 30 efectivos de caballeria, comandados por el teniente coronel Diego Dublé Almeida, fue emboscada y derrotada completamente por el escuadrón “Flanqueadores de Tacna” al mando del coronel EP Gregorio Albarracín Lanchipa “El Centauro de las Vilcas”. Apenas escaparon cuatro invasores, entre ellos, Dublé Almeida, quien fue el primero en huir.

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Monumento en Tacna del Coronel Gregorio Albarracín Lanchipa (2021) Gral. Brig. EP Marco Vásquez Patiño.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Lic. Guillermo Sánchez Ortiz

Bibliografía

Vargas Vaca, Francisco. (2015). Albarracín. El Centauro de las Vilcas. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

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EFEMÉRIDE DEL 13 DE FEBRERO DE 1829: ENFRENTAMIENTO DE SARAGURO

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La Guerra con la Gran Colombia (1828-1829) fue el segundo conflicto internacional del Perú que derivó de los problemas limítrofes de los nacientes estados sudamericanos del siglo XIX. Las operaciones empezaron por el mar, el gobierno peruano bloqueó la costa colombiana desde el 19 de septiembre de 1828, más de dos meses después se bombardeó la ciudad de Guayaquil (22 al 25 de noviembre de 1828), acción en donde perdió la vida Jorge Guise antes de poder desembarcar. Luego, de ocupar Guayaquil inició la campaña terrestre de la guerra (Dellepiane, 1941). Después de la invasión peruana a Bolivia, las relaciones entre la Gran Colombia, personificado en Simón Bolívar, se tornaron tensas, “Bolívar y Sucre se encontraban resentidos con el proceder de Gamarra y las fuerzas peruanas” (Pons Muzzo, 1956, p. 146).

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Mapa del territorio ocupado por el Ejército peruano en 1829 (1962) J. Galvez Almeida.

El general Agustín Gamarra asumió la comandancia de las tropas del ejército peruano que llegaron a Loja el 18 de enero de 1829, las fuerzas estaban compuestas en cuatro divisiones de infantería y una de caballería. En la Primera División se encontraban el batallón N. 1 de Ayacucho y el N. 3. Mientras que en la Segunda División se conformó del Batallón Zepita y Pichincha, a cargo del general Blas Cerdeña. El Batallón N.2 de Ayacucho y el N. 2 de Callao eran parte de la Tercera División. En la columna independiente estaba el Batallón N.1 de Callao y compañías de cazadores de los anteriores batallones. La caballería estaba encabezada por los Húsares de Junín, junto con los regimientos Dragones de Arequipa y Lanceros del Callao. Eran 7500 efectivos aproximadamente y poseían 4 piezas de artillería. Por el lado enemigo, se organizaron en dos divisiones de infantería y una de caballería, a cargo del general Juan José Flores (Dellepiane, 1941, p. 310).

El ejército peruano se había posicionado en Saraguro entre finales de enero (Dellepiane, 1941, p. 311) e inicios de febrero (Paz Soldán, 1929, p. 74). Luego el 10 de febrero se realizó la acción de Cuenca en donde el coronel Pedro Raulet atacó a las fuerzas grancolombinas de forma efectiva, causando la ocupación peruana del sur de lo que hoy es Ecuador (Dellepiane, 1941, p. 311), mientras que al mismo tiempo se daban infructuosas reuniones de negociación entre comisionados de ambas naciones (Paz Soldán, 1929, p. 77). Ante el fracaso de la diplomacia, José de la Mar ordenó el 12 de febrero un movimiento general en dirección a Yunguilla, por la hacienda de la Papaya, para tratar de replicar la maniobra de Raulet. En Saraguro el parque del ejército se quedó bajo el resguardo del coronel Luis Jimenez, quienes serían sorprendidos en la madrugada del 13 de febrero por un destacamento formado por José Antonio de Sucre. Está acción generó que se dispersen las fuerzas en dirección a Loja y se perdieron la mitad de las municiones, repuestos, dos piezas de artillería, provisiones, bagajes y armamento (Paz Soldán, 1929, p. 77).

Carlos Dellepiane (1941), basado en Manuel de Odriozola, describe que la imprevisión del coronel Jimenez, como la falta de vigías y centinelas, fue por directrices del general Gamarra. Este ataque sería de gran importancia, generando grandes perdidas materiales como el incendio de la ciudad, pero también en las siguientes contiendas como la Batalla del Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829).

Área de Investigación Histórica del CEHMP

LESN

Fuentes y bibliografía

Dellepiane, Carlos (1941). Historia militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Taller Gráfico L. Bernard.

Pons Muzzo, Gustavo (1956). Historia del Perú. emancipación y Republica. Para el tercer año de secundaria. Lima: Ministerio de Educación.

Paz Soldán, Mariano Felipe (1929). Historia del Perú independiente. Tercer periodo 1827-1833. Lima: Librería e Imprenta Gil.

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EFEMÉRIDE DEL 13 DE FEBRERO DE 1579: ATAQUE DEL CORSARIO FRANCIS DRAKE AL CALLAO

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El 13 de febrero de 1579 aconteció uno de los episodios más sorpresivos en la historia del Perú colonial, cuando el famoso corsario inglés Francis Drake atacó el puerto del Callao. Por aquellos años, las posesiones ultramarinas españolas eran comúnmente asediadas por piratas[1] y corsarios[2], muchos de ellos ingleses, los cuáles buscaban apropiarse de las riquezas americanas. Sus incursiones y ataques ocurrían principalmente en las costas atlánticas de América, pues eran de mayor proximidad a Europa. En cambio, llegar a las costas del Pacífico era realmente un reto, pues implicaba atravesar el complicado Estrecho de Magallanes, al sur del continente. Esta dificultad generó una falsa sensación de seguridad en el Virreinato del Perú. “El gobernante se cuidaba de las naves en mar abierto únicamente; respecto de puertos y ciudades vecinas, el peligro se consideraba remoto e indigno de tomarse en cuenta” (Valdizán, 1980, p. 154). Por ello, el ataque de 1579 fue completamente inesperado. Cabe destacar que “a la luz de la Historia no puede disculparse la total ausencia de medios defensivos” (Valdizán, 1980, p. 155).

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Sir Francis Drake (1591). Marcus Gheeraerts. National Maritime Museum.

Muchos corsarios ingleses han pasado a la historia, entre ellos Thomas Cavendish, Sir John Hawkins y, principalmente, el temido Francis Drake, quien “era uno de los famosos «Sea Dogs» de la Reina Isabel de Inglaterra y no un simple pirata. Ejercía más bien el corso auspiciado y apoyado directamente por su soberana” (Valdizán, 1980, p. 152). Es justamente este corsario el primero en atravesar el Magallanes y llegar a las costas occidentales de América. “Drake había logrado vencer el estrecho, el corsario inglés se halló con su nave [el Pelican] en pleno Pacífico, dispuesto a iniciar su arriesgada empresa” (Valdizán, 1980, p. 154).

Luego de atacar Valparaíso, Tarapacá y Arica, se dirigió hacia el Callao, al que llegó en la noche del 13 de febrero de 1579. Ingresó por “el llamado «Boquerón», que es un peligroso pasaje situado entre las dos islas que están frente a dicho puerto —«San Lorenzo» y el «Frontón», actualmente— y la costa aledaña” (Valdizán, 1980, p.156). Aprovechó “la oscuridad, aunque esta no lo defendió bastante por ser noche de luna” (Del Busto, 1983, p. 524). Drake logró ingresar al Callao y tomar los objetos de valor que encontró en los barcos del puerto. El saqueo, si bien no resultó en un botín considerable, conmocionó a la población local. En el Callao “se lanzaron al vuelo las campanas de las iglesias llamando a los vecinos a defender el puerto, mientras un correo de a caballo era despachado a Lima a poner en autos al Virrey don Francisco de Toledo” (Del Busto, 1983, p. 524). En la capital del virreinato la confusión fue muy grande al conocerse la noticia. “El desconcierto era tal que Lima presentaba el aspecto de un carnaval militar, porque casi todos los vecinos estaban aún con prendas de dormir —camisas y barretinas— y espadas y rodelas, alabardas y partesanas” (Del Busto, 1983, p. 525).

Lamentablemente, la falta de preparación y armamento impidió hacerle frente al corsario que pudo escapar sin mayor dificultad. “Afortunadamente —y por la circunstancia de contar con un solo barco— su actividad fue prudente, limitándose al robo de caudales y a algunos desembarcos sin trascendencia mayor” (Valdizan, 1980, p. 155). Este ataque marcó un punto de inflexión, que a partir de entonces se vio obligado a reforzar sus defensas. La osada incursión de Drake quedó grabada en la memoria del Callao, recordando el constante peligro que representaban los piratas y corsarios.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

VACC

Bibliografía

Del Busto, J. A. (1983) Historia marítima del Perú (T. III, vol. 2). Lima: Instituto de Estudios Históricos Marítimos del Perú.

Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana (s.f.) (Tomo XV: CONST-CRAZ). Madrid; Espasa-Calpe S.A.

Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana (1921) (Tomo XLIV: PET-PIRZ). Madrid; Espasa-Calpe S.A.

Valdizán Gamio, J. (1980). Historia Naval del Perú (Tomo I). Lima: Dirección General de intereses Marítimos.


[1] “Pirata: Ladrón que roba por el mar. Dícese del buque que á ese ejercicio se dedica y de cada uno de los que lo tripulan, y singularmente del que hace de capitán” (Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, 1921, p. 1301).

[2] “Corsario, ria: Denominación aplicada al buque de propiedad particular armado con autorización del gobierno de la nación cuya bandera arbola […] || m. El capitán y cualquier otro individuo de la dotación de un buque corsario” (Enciclopedia universal ilustrada europeo-americana, s,f., p. 986.).

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EFEMÉRIDE DEL 12 DE FEBRERO DE 1906: DÍA DEL HISTORIADOR PERUANO Y NATALICIO DE JORGE BASADRE GROHMANN

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La instauración de un día dedicado a homenajear a los historiadores peruanos fue recién materializada con la disposición complementaria final de la Ley N° 31393, publicada el 18 de enero de 2022, que estipula la creación del Colegio Profesional de Historiadores del Perú. Al respecto la norma dice: “Se reconoce el 12 de febrero de cada año como el Día del Historiador Peruano, en homenaje al nacimiento del ilustre historiador peruano Jorge Basadre Grohmann.” (Ley N° 31393, 2022).

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Jorge Basadre con la Comisión Directiva del CEHMP (1967, 20 de diciembre) Área de Audiovisuales del CEHMP.

Jorge Alfredo Basadre Grohmann nació en la ciudad de Tacna, en 1903, es decir en plena ocupación chilena. Estuvo en escuelas clandestinas peruanas, luego en Lima culminó sus estudios en el Colegio Guadalupe. Es considerado uno de los máximos historiadores del Perú a pesar de que se formó en una época previo a la profesionalización de la historia. Basadre estudió Letras y Derecho en la Universidad San Marcos, logró doctorarse en ambos campos en 1928 y 1936 respectivamente. Posteriormente, ocupó las cátedras de Historia del Perú, entre 1928 y 1954, e Historia del Derecho Peruano, entre 1935 y 1954 (Davies, 1981, p. 84).  Como vemos, Basadre “Hizo del Perú una inspiración que lo llevó a estudiar su historia con pasión y a vivirla con intensidad.” (Pease, 1980, p. 1).

Basadre fue historiador y abogado, pero también ejerció la docencia en la Escuela Militar del Perú (CIMP) desde 1940, fue “quien redactó un curso especial para sus alumnos, los Cadetes de la Escuela Militar de Chorrillos.” (Escuela Militar del Perú, 1962, pp. 578). Lideró la reconstrucción de la Biblioteca Nacional en 1943, tarea titánica que abordó su dirección por cinco años y que incluso requirió la donación de su biblioteca personal (Davies, 1981, p. 84). También administró la Dirección del Departamento de Asuntos Culturales de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948, donde logró impulsar programas en el Instituto Panamericano de Geografía e Historia (IPGH). En el ámbito nacional ocupó el cargo de ministro de Educación Pública en dos ocasiones, primero en 1945 y luego entre 1956 y 1958 con el segundo gobierno de Manuel Prado. El historiador de la República al poco tiempo de su muerte fue descrito de la siguiente forma por César Pacheco Vélez:

“Era Basadre un hombre meditativo, de figura menuda, pasos cortos, nerviosos y urgidos, mirada escrutadora lanzada al horizonte. Su vida fue la de un trabajador incansable, de un incitador cordial y generoso, con fino sentido del humor y de la ironía, que administraba con cautela. Lector omnívoro y conservador vivaz, sabía interrumpir el diálogo con risas de niño ingenuo sorprendido ante el mundo. Delataba a veces, como alguien ha observado, la profunda nostalgia de una juventud placentera desposada con la naturaleza.” (Pacheco, 1981, p. 213).

El doctor Jorge Basadre se inscribió como miembro del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú (CEHMP) el 29 de diciembre de 1952[1], mientras que para el bienio de 1961 y 1962 era parte de la Comisión Directiva del presidente General Felipe de la Barra, tuvo el rol del primer vicepresidente (Revista del CEHMP, 1961). A su muerte en 1980 se escribieron una gran diversidad de homenajes y discursos, José Jimenez Borja, director de la Academia Peruana de la Lengua, el 30 de junio de 1980, exclamó: “Compañero de infancia, de juventud, de carrera docente, de vida académica, de lucha plebiscitaria en 1925-26 que determinó la recuperación de Tacna puede testimoniar que hoy, desde su lejana y gloriosa provincia, llega una brisa para besar su frente.” (Jiménez, 1980, p. 10). Sin embargo, las palabras de Thomas Davies tienen más peso con la siguiente sentencia en el obituario de Basadre: “On that day Peruvian history lost one of its true giants and Peruvianists everywhere lost a mentor”[2] (Davies, 1981, p.84).


[1] Archivo Administrativo del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú. Oficina de Tesorería, Padrón de Miembros de Número del CEHMP; f. 2v.

[2] “Ese día la historia del Perú perdió uno de sus verdaderos gigantes y los peruanistas de todo el mundo perdieron a un mentor”.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

Archivo Administrativo del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú. Oficina de Tesorería

Comisión Directiva (Bienio 1961-1962). (1961). Revista del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, Año XII, N. 14, s/p.

Congreso de la República del Perú (2022. 18 de enero). Ley N° 31393. Ley que crea el Colegio Profesional de Historiadores del Perú. Diario Oficial El Peruano. https://busquedas.elperuano.pe/dispositivo/NL/2031393-1

Davies, Thomas (1981). Jorge Basadre (1903-80). Hispanic American Historical Review, 61(1), 84-86.

Escuela Militar del Perú (1962). Historia de la Escuela Militar del Perú. Lima: Talleres Offset “Reprografica”.

Jiménez Borja, José (1980). Jorge Basadre (1903-1980). Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, 15, 9-10.

Pacheco Vélez, César (1981). Jorge Basadre (1903-1980) o la Pasion por la Historia. Revista de Historia de América, 92, 195-213.

Pease, Franklin (1980). Jorge Basadre (1903-1980). Histórica, 4(1), 1-2.

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EFEMÉRIDE DEL 7 DE FEBRERO DE 1866: COMBATE NAVAL DE ABTAO

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El 7 de febrero de 1866, en el contexto de la guerra contra España, se libró el combate naval de Abtao, enfrentamiento en el cual las naves de la cuádruple alianza, dirigidas por el contraalmirante peruano Manuel Villar, se impusieron a las fragatas hispanas.

En los meses previos al combate, la armada española que llegó a América para ocupar las antiguas posiciones hispánicas en el continente, sufrió graves reveses. El 26 de noviembre de 1865, gracias a la acción de la corbeta Esmeralda, fue capturada la goleta Covadonga, causando un duro golpe a las fuerzas navales invasoras. Después, el 29 del mismo mes, “el General [José Manuel] Pareja, al conocer este hecho [la captura de la Covadonga] que podía afectar su responsabilidad como comandante en jefe de la escuadra, se suicidó, sucediéndole en el mando el Brigadier Casto Méndez Núñez” (Dellepiane, 1941, p. 425). Luego, el 5 de diciembre de 1865, se concretó la alianza defensiva-ofensiva entre Perú y Chile, a la que posteriormente se unieron Ecuador y Bolivia, con lo cual “desde el cabo de Hornos hasta Guayaquil, la escuadra española no tenía dónde abastecerse y descansar. Entre tanto, Méndez Núñez recibía instrucciones de no abandonar el Pacífico” (Basadre, 2014, p. 274). Por último, el 14 de enero de 1866 el Perú le declaró la guerra a España y con ello, estalló el conflicto internacional. La situación hispana era complicada, pero seguía manteniendo una armada fuerte y mejor equipada que las fuerzas de la alianza.

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Contralmirante Manuel Villar (siglo XIX) Colección del Centro Naval del Perú

En medio de esta coyuntura, se desarrolló el brillante combate de Abtao. En esta lucha, la escuadra aliada compuesta por la goleta Covadonga (comandante Manuel Thompson), la corbeta América (comandante Manuel Ferreyros), la corbeta Unión (comandante Miguel Grau) y la fragata Apurímac (comandante Manuel Villar), se impuso a las fragatas españolas Villa Madrid y Blanca. Es importante mencionar que en este enfrentamiento “todos eran buques peruanos, excepto la Covadonga” (Basadre, 2014, p. 275). También es resaltante el hecho de que las naves españolas contaban con 86 cañones, mientras que los de la alianza solo poseían 57 (Basadre, 2014, p. 275).

“A pesar de hallarse los aliados en tan desfavorables circunstancias, sin movimiento, y en un callejón cuya salida estaba ocupada por el enemigo, sostuvieron el fuego durante dos horas, a órdenes del Contraalmirante peruano Manuel Villar” (Dellepiane, 1941, p. 427). El combate fue duro, pero la alianza logró la victoria. “Según el parte que sobre el combate dio don Manuel Villar, se hicieron 1,500 disparos por ambos lados, siendo rechazados con averías los buques españoles” (Pons Muzzo, 1966, p. 192), que después de la lucha tuvieron que retirarse. El Combate naval de Abtao representa un momento clave en la historia del Perú y su lucha por defender la soberanía americana frente a la intervención española.

En la actualidad, los restos del héroe de la Marina Manuel Villar reposan en la Cripta de los Héroes de la Guerra de 1879.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

VACC

Bibliografía

Basadre, J. (2014). Historia de la República (Tomo V). Lima: Producciones Cantabria.

Dellepiane, C. (1941) Historia militar del Perú (Tomo I). Buenos Aires: Taller gráfico Luis Bernard.

Pons Muzzo, G. (1966) Historia del conflicto entre el Perú y España (1864-1866). Lima: IBERIA S.A.

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EFEMÉRIDE DEL 7 DE FEBRERO DE 1836: BATALLA DE SOCABAYA

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Después del resultado favorable en las acciones del puente de Uchumayo, el ejército victorioso del joven caudillo Felipe Santiago Salaverry marchó hacia Congata, no sin antes declarar que: “No es glorioso al ejército peruano conseguir triunfo sobre fuerzas moralizadoras, esperemos batirlas en acción formal” (Basadre, 2014, p. 108). Esta decisión tendría implicaciones casi inmediatas, la batalla de Socabaya o Alto de la Luna (07 de febrero de 1836), la última batalla antes de la formación de la Confederación Perú-Boliviana y el final de la revolución de Salaverry.

El joven caudillo en Congata dio una breve proclama: “Soldados: El puente de Uchumayo intimidó á vuestros enemigos, porque en él disteis pruebas de vuestro valor” exclamó Salaverry en el Cuartel General (Valdivia, 1874, p. 145). Después, el ejército de Salaverry arribó a Laja y Tingo Chico, mientras que Andrés de Santa Cruz se había estacionado en Apacheta, por sugerencia de Blas Cerdeña. Ambas fuerzas se volvieron a encontrar, las fuerzas salaverrinas arribaron a la posición de Santa Cruz. Él respondió emprendiendo la marcha en dirección hacia el enemigo hasta que el enfrentamiento se generalizó en una batalla (Dellepiane, 1941, pp. 336-337). Sin embargo, según la tradición habría aparecido en la noche “una humilde mujer de la campiña de Arequipa, se presentó, jadeante y semidesnuda, en el campamento de Santa Cruz, a advertirle que Salaverry llegaba” (Basadre, 2014, p. 108). Ante esto, Santa Cruz tomó las alturas del Paucarpata, otra acción decisiva en el resultado de la batalla.

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Plano detalle del mapa Peru and Bolivia (1835) Henry S. Tanner, J. Warr y W. W. Warr. David Rumsey Map Collection

 El dispositivo de Santa Cruz se formó en la derecha por los batallones “Guardia” y “Zepita”, reforzado por tres compañías del batallón “Arequipa”, al mando del general José Ballivián. En el lado izquierdo se concentraron el 2° del “General” y el “4° de Línea” a cargo de los generales Francisco Anglada y Francisco Burdett O’Connor. Por último, la reserva y la caballería eran dirigidas por el coronel Valdez y el general Otto Philipp Braun respectivamente. Por el lado de Salaverry, las fuerzas se organizaron en dos, para enfrentar la izquierda enemiga, se formaron los batallones “Victoria” y “Chiclayo”, por el otro lado, se alinearon los “Cazadores de la Guardia” y los “Cazadores de Lima”, apoyados con el primer y segundo batallón de “Carabineros”. La caballería apoyo la retaguardia, los “Húsares de Junín” en la izquierda y los “Coraceros de Salaverry” y “Granaderos del Callao” en la derecha (Dellepiane, 1941, p. 337). Basadre sobre la batalla menciona que:

“La ola boliviana bajó para interceptar el avance enemigo y fue rechazada por la acción impetuosa de la caballería peruana, cuyas corazas parecían dar un buen resultado; por otro lado, se produjo una carga peruana a la bayoneta. Dos veces se lanzó al ataque la caballería y dos veces regresó, después de agotar su embestida sin destruir la retaguardia adversaria.” (Basadre, 2014, p. 110).

            Ballivián contratacó a los cazadores peruanos que habían roto la defensa derecha de las fuerzas confederadas, en respuesta el batallón Victoria intervino, pero es detenido por el batallón Zepita. Los batallones Victoria y Chiclayo empezaron a retroceder, los Húsares de Junín atacaron, logrando disminuir al Zepita y Guardia. Lamentablemente, los húsares son perseguidos por dos escuadrones de lanceros. Salaverry lanzó al primer y segundo Batallón de Carabineros, que no duraron mucho ante el ataque del batallón Zepita. En la derecha de Salaverry, se desarrolló la carga a bayoneta, por los Cazadores de la Guardia y Cazadores de Lima, esto logró acabar con lo que quedaba del batallón Zepita. Por último, Braun condujo dos escuadrones de Guías sin ser detectados, para luego atacar el flanco derecho del escuadrón Granaderos, ante esto Salaverry tomó una lanza y junto al segundo del Coraceros lanzó una carga que hizo retroceder a Braun, Anglada y Santa Cruz (Dellepiane, 1941, pp. 337-338).

            A pesar del aparente dominio de Salaverry del campo de batalla, el azar jugó en contra cuando los Coraceros no aprovecharon el avance del último ataque. El “6° de Línea” disparó contra ellos, diezmando a la mitad y generando el caos en los demás escuadrones de Coraceros. Finalmente, Braun aprovecha la situación y emprende la última carga de la batalla que decidió la derrota de Salaverry (Dellepiane, 1941, pp. 338-339). Como reflexión, cabe recordar el siguiente dato:

“El desastre se produjo en las filas nacionales que contaban con menos soldados que sus adversarios. La batalla duró de nueve a once de la mañana y quedó fuera de combate la elevada cifra del 35% de cada ejército, proporción que es mayor que la de la batalla de Ayacucho, donde las bajas ascendieron solo al 25% del total de combatientes.” (Basadre, 2014, pp. 110)

Área de Investigación Histórica del CEHMP

LESN

Fuentes y bibliografía

Basadre, Jorge (2014). Historia de la República del Perú. Tomo II. Lima: El Comercio.

Dellepiane, Carlos (1941). Historia militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Taller Gráfico L. Bernard.

Valdivia, Juan Gualberto (1874). Memorias sobre las revoluciones de Arequipa desde 1834 hasta 1866. Lima: Imprenta de la Opinion Nacional.

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EFEMÉRIDE DEL 5 DE FEBRERO DE 1882: COMBATE DE PUCARÁ

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El 5 de febrero de 1882, en el contexto de la Resistencia de la Breña, se libró el Combate de Pucará, donde las fuerzas de Andrés Avelino Cáceres vencieron al ejército chileno comandado por el coronel Estanislao del Canto. Este episodio marcó un hito en la guerra de resistencia que el Perú desarrolló tras la invasión chilena. Desde que la ciudad de Lima fue tomada por el ejército enemigo, el legendario Andrés Avelino Cáceres se dio a la tarea de organizar un nuevo ejército en los Andes. “Cáceres formó su ejército con estas fuerzas dispersas, y, sobre todo, con el aporte de hombres entusiastas de la región donde se encontraba” (Basadre, 2014, p. 210). Con este ejército que ascendía a 1000 efectivos (Dellepiane, 1941, p. 416), Cáceres fue capaz de movilizarse estratégicamente por las breñas andinas con el objetivo de enfrentar a los invasores.  

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Primer combate de Pucará (1882, 5 de febrero) (1981). La guerra del Pacífico 1879-1883. La Resistencia de la Breña. Tomo I. De los reductos a Julcamarca. 16 Ene. 1881-22 Feb. 1882

Desde 1881 “el ejército chileno de ocupación en Lima, comenzaba a inquietarse con la presencia de varias partidas de guerrilleros peruanos que, en defensa de su territorio, se organizaban” (Montani, 1981, p. 166) en torno a las figuras del coronel José Agustín Bedoya y luego del general Andrés. A. Cáceres. En ese sentido, los chilenos prepararon una expedición para perseguir y dar batalla a las fuerzas peruanas. La expedición chilena estuvo al mando del comandante Patricio Lynch, luego al mando del general José Francisco Gana Castro y, por último, fue dirigida por el coronel Del Canto. Este comandante y su ejército avanzaron por la sierra del Perú, no sin sufrir contratiempos y pérdidas, hasta que se encontraron con las fuerzas de Cáceres en febrero de 1882.

En Pucará, las fuerzas peruanas lograron vencer al ejército chileno, que se vio sorprendido por el orden y la superioridad táctica del ejército de Cáceres, quien supo aprovechar la geografía para tornar el combate a su favor. “Las pérdidas en las filas peruanas alcanzaron a 21 muertos y 27 heridos; las de los chilenos pasaron de 200, lo que se explica por la facilidad que tuvieron los defensores para hacer fuego, parapetándose en posición dominante” (Dellepiane, 1941, p. 417). Una vez más, Cáceres logró imponerse en batalla. “Como Letelier, como Lynch, como Gana, Canto no había logrado acabar con Cáceres” (Basadre, 2014, p. 215). Este triunfo fue un símbolo de la voluntad inquebrantable de los combatientes peruanos, quienes, a pesar de las adversidades, continuaron defendiendo la soberanía de su patria.

Valientes aquellos que lucharon junto al legendario Cáceres y doblegaron a la fuerza invasora que, aunque era superior en número, era inferior en moral. Valientes los “cabitos” subtenientes Ezequiel Toledo y Celio E. Tomasini, pertenecientes al batallón Tarapacá, que defendieron a la patria en este combate. Valiente el batallón “Zepita”, tan heroico en esta jornada como en toda la campaña. ¡Gloria eterna a los guerreros de Pucará!

Área de Investigación Histórica del CEHMP

VACC

Fuentes y bibliografía

Basadre, J. (2014). Historia de la República (Tomo IX). Lima: El Comercio.

Dellepiane, C. (1941) Historia militar del Perú (Tomo II). Buenos Aires: Taller gráfico Luis Bernard.

Montani, A. (1981) “Primer combate de Pucará”. En: Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú (CPHEP) La Guerra del Pacífico 1879-1883. La resistencia de la Breña. (Tomo I: De los Reductos a Julcamarca. 16 Ene. 1881-22 Feb. 1882). Lima: Imprenta del Ministerio de Guerra.

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EFEMÉRIDE DEL 04 DE FEBRERO DE 1836: COMBATE DE UCHUMAYO

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El combate de Uchumayo (04 de febrero de 1836) fue parte de los enfrentamientos entre las fuerzas del joven general Felipe Santiago Salaverry y el ejército de Andrés de Santa Cruz, apoyado de algunas unidades peruanas. La sublevación de Salaverry inició el 22 de febrero de 1835, en contra del gobierno de Luis José de Orbegoso, fue un conflicto marcado por el faccionalismo político a mediados de la década del treinta del siglo XIX. En ese sentido, se plantearon varias alianzas, pero solo se concretaron algunas. Por ejemplo, la alianza entre Orbegoso y Santa Cruz, al respecto Basadre escribe que:

“Orbegoso había designado sucesivamente a cuatro personas para que hablaran, en su nombre, a Santa Cruz: (…) En menos de 48 horas, Quirós acordó y firmó el tratado de 15 de junio de 1835, por el cual Bolivia debía dar al Perú un ejército, cuyo jefe sería designado por Santa Cruz, para pacificar ese país y proteger la formación de una asamblea de los departamentos del sur, que, separada de una asamblea de los departamentos del norte, decidiera sobre la nueva forma de gobierno. Los gastos de este ejército serían pagados por el Perú.” (Basadre, 2014, p. 101).

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Felipe Santiago Salaverry (1896) Tradiciones peruanas. Séptima Serie

Tras meses de persecuciones y movilizaciones de las tropas salaverrinas, el 30 de diciembre de 1835, Salaverry ocupó la ciudad de Arequipa, tan solo por 20 días debido a la hostilidad de los arequipeños.

“Dueño de Arequipa, fueron incesantes sus demandas de hombres, armas, monturas, equipo, ganado y dinero. Además se negó a que fuera convocado un cabildo abierto. En las afueras de la ciudad, sus tropas estuvieron tiroteándose varios días con destacamentos enemigos.” (Basadre, 2014, p. 107).

Un mes después, el 30 de enero de 1835, Santa Cruz llegó a la Ciudad Blanca, desde Ayacucho, en respuesta, el ejército de Salaverry se apoderó de un puente para impedir el paso del enemigo. Sin embargo, Santa Cruz ordenó la construcción de un puente de madera que permitió rodearlos y obligarlos a huir hacia Uchumayo (Dellepiane, 1941, pp. 335-336). La localidad de Uchumayo, al oeste de Arequipa, era un pequeño poblado con un puente del mismo nombre, espacio que se disputaría en el enfrentamiento.  Salaverry llegó al puente de Uchumayo el 4 de febrero a las 8 de la mañana aproximadamente, ahí contaba con artillería en el centro del camino y la infantería en las alturas, mientras que la caballería aguardaba en la Pampa Negra (Bilbao, 1867, p. 28).

En total, fueron tres los encuentros ese día, intentos fallidos de traspasar las defensas del puente Uchumayo (Basadre, 2014, p. 107). Es en este episodio que la marcha militar, conocida como salaverrina, asume el nombre de “Ataque a Uchumayo” (Basadre, 2014, p. 108). Finalmente, días después del combate de Uchumayo, Salaverry dio una proclama:

“Cuartel General en Congata, á 7 de Febrero de 1836.

Soldados: ya tenéis al frente á los explendidos vencedores de Yanacocha y á los invasores de vuestra patria. El Ejército Restaurador ha visto amanecer este día de gloria, y en él recojereis los laureles debidos á los valientes.

Soldados: El puente de Uchumayo intimidó á vuestros enemigos, porque en él disteis pruebas de vuestro valor; y buscándolos en su retirada, les obligáis á acepta una batalla, de que quisieran alejarse. Bien pronto conocerán su impotencia, y vuestro valor les arrancará los supuestos laures que recojieron en Yanacocha.

Valientes del Ejército Restaurador: los extranjeros deben ser para vosotros ménos odiosos todavía que los habitantes de Arequipa: ese pueblo desnaturalizado, que se ha convertido en vuestro mas crudo enemigo, es el que mas merece vuestro rigor; yo lo entrego á vuestra venganza, para que experimente todos los males que merece por su criminal obstinación

Soldados: la gloria os llama, y un hermoso botin os espera en el pérfido pueblo arequipeño. En todas partes veréis á vuestro lado á vuestro General Salaverry.” (Valdivia, 1874, pp.145-146).

Área de Investigación Histórica del CEHMP

LESN

Fuentes y bibliografía

Basadre, Jorge (2014). Historia de la República del Perú. Tomo II. Lima: El Comercio.

Bilbao, Manuel (1867). Historia de Salaverry. Buenos Aires: Imprenta «Buenos Aires».

Dellepiane, Carlos (1941). Historia militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Taller Gráfico L. Bernard.

Valdivia, Juan Gualberto (1874). Memorias sobre las revoluciones de Arequipa desde 1834 hasta 1866. Lima: Imprenta de la Opinion Nacional.

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EFEMÉRIDE DEL 27 DE ENERO DE 1881: FALLECIMIENTO DEL TENIENTE AUGUSTO BOLOGNESI MEDRANO

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Augusto Bolognesi Medrano fue el tercer de los cuatro hermanos Bolognesi Medrano y otro guerrero representante de la estirpe del héroe de Arica. Él:

“nació en la ciudad de Lima, el día 20 de enero de 1863, y fue bautizado el día 26 de marzo de 1877 en la iglesia de Santa Ana de Lima. Fue su padrino de agua don Pedro Medrano Silva y, de óleo, don Juan Manuel Paniorbo. Los testigos fueron don Domingo la Hermosa y don José Tello” (García de Naeckel, 2021, p. 176).

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Teniente Augusto Bolognesi Medrano. Fotografía. 1880. Museo Combatientes del Morro de Arica..

Augusto Bernardo estudió en el Colegio Militar, en el arma de artillería, de donde se graduó como subteniente de infantería en junio de 1879. Para finales de 1880 se encontraba en una batería en el Callao. Sin embargo, después de la entrevista con Piérola es enviado a una de las baterías de línea de San Juan (Velásquez, 2005, p. 37-38). Lamentablemente, Augusto fue herido en esa batalla de gravedad, lo que lo obligó a salir del combate. Días previos a su fin pidió auxilios espirituales, al llamado se presentó el padre Lucas Garteiz, quien también confesó a su hermano Enrique (Portal, 1950, p. 93-94). Augusto Bolognesi Medrano nos dejó el 27 de enero de 1881, un representante del valor y patriotismo de los defensores de la capital en aquellas trágicas jornadas de enero de 1881.

Fuentes y bibliografía

González García de Naeckel, Gladys (2021). Genealogía de la familia Bolognesi. Lima: Zumbayllu.

Portal, Ismael (1950). Bolognesi y sus hijos. Familia de héroes. Lima: Imprenta Colegio Militar Leoncio Prado.

Velásquez Silva, David (2015). Los Bolognesi: Orígenes, familia y descendencia (siglos XIX y XX). En Bolognesi. Hasta quemar el último cartucho (29-53). Lima: UCV.

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23 DE ENERO DE 1881. FALLECIMIENTO DEL CAPITÁN ENRIQUE BOLOGNESI MEDRANO

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El eslabón más antiguo de la familia Bolognesi en el Perú es Andrea Bolognesi Campanella, hijo de Giuseppe Bolognesi y Benedetta Campanela, naturales de Génova, quien para 1807 ya residía en Lima (Velásquez, 2015, p. 29). Para mediados del siglo XIX, Francisco Bolognesi contrajo un segundo compromiso con Manuel Basilia Medrano Silva, ella:

“nació el día 17 de abril de 1827, en la ciudad de Gerónimo de la misma ciudad del día 6 de mayo del mismo año. Sus padres fueron don Eustaquio Medrano Mata y doña Juana Paula Silva Farfán. Su madrina fue doña Paulina Miranda y los testigos, don José de la Rosa Manrique y don Fernando Aguirre.” (González García de Naeckel, 2021, p. 176).

De esta unión nacieron cuatro hijos: Federico Pablo, Enrique, Augusto y César Bolognesi Medrano. Ismael Portal, quién conoció a Enrique y Augusto en 1875, relató que su hogar, la denominada casa de la “Medalla”, era:

“una casa pequeña, antigua y de un solo piso. En el patio veíanse algunas plantas, y hacia la izquierda, en una ventana de sala, un anciano de fisionomía severa, de cutis blanco y algo terso aún, barba conocida vulgarmente por la palabra “candado”, y cubierta la cabeza por un gorro de terciopelo azul con bordados de oro y coposa borla de seda pendiente a un lado. Este caballero leía con interés en voluminoso libro.” (Portal, 1950, p. 25).

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Capitán Enrique Bolognesi Medrano. Fotografía. 1880. Museo de los Combatientes del Morro de Arica.

            Enrique estudió como externo en la Escuela superior media y el colegio de instrucción medio del francés Bautista Garnier, así como en el Colegio Militar con la especialidad de arma de artillería. Salió graduado con el grado de caballero cadete de artillería en el contexto de guerra, situación que empujó su inmediato ascenso a subteniente. Fue participe en la batalla de Tacna (26 de mayo de 1880), en donde ya ostentaba el grado de capitán desde abril de ese año y logró salvar un cañón del enemigo en ese enfrentamiento (Velásquez, 2015, 36-37).

            Después de llegar de Arequipa, Enrique se dio cuenta de que “no podía realizar su ensueño de renovar la lucha con el enemigo de la patria” (Portal, 1950, p.79) resolvió dirigirse hacia Lima para adherirse a las labores de defensa de la capital. En Lima, los tres hijos de Bolognesi solicitaron una entrevista con Piérola, facilitada por su secretario personal, ahí Enrique solicitó: “Yo, señor, el que se me dé, pero a la vanguardia; porque no he venido desde Arequipa, a pie, para sino para pelear” (Portal, 1950, p. 81). A lo que el dictador contestó que veía mucho de su padre en él. Finalmente, Enrique participó en las batallas de San Juan y Miraflores, siendo herido mortalmente lo que generó su muerte el 23 de enero de 1881 en la casa de su tío Mariano (Velásquez, 2015, p. 39). Enrique Bolognesi Medrano representa una de las tantas historias de entrega y valentía de los defensores de nuestra capital en la guerra con Chile, honremos su memoria, honor y gloria para los guerreros que conocemos, respeto a los soldados desconocidos.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

González García de Naeckel, Gladys. (2021). Genealogía de la familia Bolognesi. Lima: Zumbayllu.

Portal, Ismael. (1950). Bolognesi y sus hijos. Familia de héroes. Lima: Imprenta Colegio Militar Leoncio Prado.

Velásquez Silva, David. (2015). Los Bolognesi: Orígenes, familia y descendencia (siglos XIX y XX). En Bolognesi. Hasta quemar el último cartucho. (29-53). Lima: Ministerio de Defensa, Ejército del Perú.

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23 DE ENERO DE 1826. TOMA DE LAS FORTALEZAS DEL REAL FELIPE

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El 23 de enero de 1826, el ejército patriota finalmente tomó posesión de la fortaleza del Real Felipe, tras la capitulación del brigadier Rodil el día anterior. Este momento, largamente esperado, puso fin a uno de los asedios más prolongados de la campaña libertadora. Ese día, las tropas independentistas “a golpe de ocho y media subieron por el rastrillo y pasaban el umbral [de la fortaleza]. Rodil estaba viendo este desfile con sus jefes desde la puerta derecha” (Stiglich, 1926, p. 156). Tal como estipuló la capitulación en sus artículos 6 y 25, el gobernador de la Plaza debía ratificar presencialmente la entrega de los castillos y quien pondría a disposición las llaves sería el “teniente de rey, coronel don Pedro Aznar” (Capitulación del Callao en Denegri, 1975).

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Entrega de las fortalezas del Callao (1970) R. Vásquez. Albúm de la Independencia

“El General Salom subió a los torreones y se detuvo en el de la Patria. Ahí, él mismo, mientras la banda de músicos del Caracas entonaba el himno peruano y se rompía la salva, se izaba el pabellón del Perú” (Stiglich, 1926, p. 156). El general Bartolomé Salom, quien fuera el General en Jefe del Ejército Unido de la Costa, tras un férreo bloqueo y sitio de la fortaleza por largos meses, había logrado el cierre definitivo del dominio hispano en el Perú.

Los castillos de Chiloé y del Callao fueron los dos últimos bastiones realistas en América del sur. “La posesión de los fuertes de Chiloé a cargo de Quintanilla y la de los del Callao sostenidos por Rodil, hacía probable la reconquista de los territorios de América” (Dellepiane, 1941, p. 257). Sin embargo, sus respectivas capitulaciones los días 18 y 22 de enero de 1826, concluyeron la guerra por la independencia. “Así desapareció definitiva y totalmente el poderío tricentenario español en América del Sur” (Bacacorzo, 1984, p. 759).

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

Bacacorzo, Gustavo. (1984) “Independencia y soberanía del Perú”. En: Durand, Luis., Temple, Ella Dunbar, Vergara, Gustavo, Bacacorzo, Gustavo. Historia General del Ejército Peruano. Tomo IV, Volumen 2. Lima: Comisión Permanente de Historia del Ejército del Perú.

Denegri Luna, Francisco. (1975). Colección Documental de la Independencia del Perú. Obra gubernativa y epistolario de Bolívar: Legislación de 1826. Tomo XIV, Volumen 2. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú.

Dellepiane, Carlos. (1941) Historia militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Taller gráfico Luis Bernard.

Stiglich, Germán. (1926). El Real Felipe del Callao (Capitulación de Rodil). Lima: Imprenta Torres Aguirre.

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22 DE ENERO DE 1826. FIRMA DE LA CAPITULACIÓN DE RODIL

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El 22 de enero de 1826, el brigadier realista José Ramón Rodil, gobernador de la Plaza del Callao, capituló ante las fuerzas patriotas poniendo fin al segundo sitio del Real Felipe (1824-1826). Este acto marcó la conclusión de una de las resistencias más tenaces del proceso independentista en el Perú.

Durante casi dos años, Rodil resistió el bloqueo con los últimos restos del poder español en la fortaleza. “Rodil, y con él todos los sitiados, tuvieron siempre la esperanza, la convicción, de que un cambio de cosas, imprevisto por los sitiadores, vendría de un momento a otro a modificar su situación” (Stiglich, 1926, p. 7). Sin embargo, eso no ocurrió y con el paso del tiempo la situación se fue tornando desesperada dentro del Real Felipe.

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Fortaleza del Real Felipe. Fotografía. 2018. Ejército del Perú

“El sitio fue reduciendo día a día la capacidad de resistencia del Castillo por la escasez de alimentos” (De la Barra, 1964, p. 46), la proliferación de enfermedades, los motines internos, las acciones de armas y la captura patriota de dos fuertes (San Miguel y San Rafael). Todo ello influyó en la moral realista a tal punto que el 11 de enero de 1826 Rodil “enarboló bandera de parlamento”. Con este acto inició las negociaciones para la capitulación “que fue firmada el 22 de enero y al día siguiente [la fortaleza del Real Felipe fue] ocupada por los patriotas, izándose el pabellón peruano en el torreón de la patria” (De la Barra, 1964, p. 48).

El 23, los realistas desocuparon el castillo, sin embargo, “los defensores del Callao no salieron cabizbajos, no obstante el desgaste físico, sino muy orgullosos de su renombre y de su hazaña” (Stiglich, 1926, p. 10). Y es que, incluso, llegaron a conseguir un indulto “o perdón general a todos, y a cada uno de los individuos de cualquiera clase, sexo o condición” (Capitulación del Callao en Denegri, 1975) respecto a su conducta pasada hasta la rendición de la plaza, tal como quedó establecido en la capitulación.

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Caricatura de Rodil y Torre Tagle en el sitio del Callao (ca. 1826-1830) Marcelo Cabello

La capitulación de Rodil no solo marcó el fin de la ocupación española en el Perú, sino que también simbolizó el cierre definitivo del dominio hispano en América del Sur. Con este acto, el Real Felipe fue entregado a los patriotas, consolidando así el triunfo total de la independencia peruana.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

Denegri Luna, Francisco. (1975). Colección Documental de la Independencia del Perú. Obra gubernativa y epistolario de Bolívar: Legislación de 1826. Tomo XIV, Volumen 2. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú.

De la Barra, Felipe. (1964). Monografía histórica del Real Felipe del Callao y Guía del Museo Histórico-Militar. Callao: Imprenta del Colegio Militar Leoncio Prado.

Stiglich, Germán. (1926). El Real Felipe del Callao (Capitulación de Rodil). Lima: Imprenta Torres Aguirre.

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22 DE ENERO DE 1981. INICIO DEL CONFLICTO DE LA CORDILLERA DEL CÓNDOR

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En este mes de enero de 2025 se cumplen 45 años del Conflicto del Perú con el Ecuador en la Cordillera del Cóndor.

El 22 de enero de 1981, la tripulación de un helicóptero de nuestro Ejército que efectuaba un vuelo de rutina detectó un Campamento Militar Ecuatoriano, en las nacientes del Río Comainas, en territorio peruano. Campamento con una construcción rústica, una ametralladora anti aérea de “Cuatro bocas”, dos helipuertos, tropa y la bandera ecuatoriana. El helicóptero Mi 8 fue impactado por un proyectil.Se comprobó que, desde el año 1977, el Gobierno del Ecuador y sus Fuerzas Armadas, aprovechando el acuerdo que tomaran los Comandantes Generales de los Ejércitos de Perú y Ecuador: retirar sus tropas 50 kilómetros a cada lado de la frontera, los ecuatorianos ocuparon clandestinamente los Puestos de Vigilancia desocupados por el Perú, construyendo cuarteles con material noble.

Utilizando la doble TOPONIMIA, a las instalaciones de las nacientes del Río Comainas la denominaron. “PAQUISHA”; a las del puesto de vigilancia PV 4, “MAYAYCU” y al campamento que construyeron en el río CENEPA “MACHINASA”, nombres de pueblos ecuatorianos. Motivo por el cual el Presidente Belaúnde lo llamó “FALSO PAQUISHA”.

Los invasores fueron expulsados violentamente por los valientes Soldados transportados en helicópteros del Ejército y del Glorioso Grupo Aéreo Nª 3 de la FAP, protegidos por los aviones MIRAGE, Sukoy 22 y A37, que desde un principio consiguieron la Superioridad Aérea.

Por las características del terreno de la Cordillera del Cóndor, extremadamente accidentado, con profundos desfiladeros y mal tiempo, la victoria fue posible gracias a la Extraordinaria experiencia y pericia de las tripulaciones de los helicópteros, especialmente de los 3 Mi 6 que transportaron 77 soldados equipados y 3 mil kilos de municiones en el momento y lugares más críticos. Operaciones únicas en el Mundo.

El 30 de enero, a medio día, se arrió la bandera ecuatoriana y se IZÓ LA BANDERA PERUANA EN EL LLAMADO FALSO PAQUISHA.

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Paquisha con la bandera peruana izada. (1981). Colección del autor.

El 31 de enero, llegó a Falso Paquisha el Presidente Fernando Belaúnde, con los ministros de Guerra, General Jorge Muñiz Luna, y de Aeronáutica, General José Gagliardi Schiaffino, el Comandante General del Ejército, Hoyos Rubio, y otros personajes del Gobierno, en dos HELICÓPTEROS Bell212 escoltados por dos HELICÓPTEROS Mi8 y los aviones MIRAGE.

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Presidente Fernando Belaunde Terry, Coronel Muñiz, Edecán Comandante FAP Granthon, Mayor FAP Domínguez y Teniente FAP Carlos Samam. (1981). Colección del autor.

El 1 de febrero se recuperó el PV 4, “Falso MAYAYCU”, con la participación de 7 helicópteros FAP y 2 del Ejército. Se declaró el ALTO AL FUEGO para que puedan llegar los Agregados Aéreos de los 4 Países Garantes.

Los acontecimientos de estos 11 días, más los ocurridos durante la ausencia de los GARANTES en la recuperación de FALSO MACHINASA, en el río Cenepa desde el 17 de febrero al 7 de marzo, se encuentran minuciosamente detallados en los libros “La FUERZA AÉREA DEL PERÚ EN LA CORDILLERA DEL CÓNDOR” y “HOMENAJE A LA FUERZA AÉREA DEL PERÚ 1981”.

Para cumplir con el compromiso de DIFUNDIR los acontecimientos históricos, en este caso el 40 aniversario del Conflicto con el Ecuador, se ha escrito este artículo que figurará en la página Web del CEHMP. 

Es importante tener en cuenta quevarios miembros de Número y Correspondientes, así como distinguidos integrantes del consejo directivo han desarrollado interesantes trabajos de investigación relacionados con acontecimientos históricos, que las nuevas generaciones deben conocer para enriquecer su conciencia histórica. Para lo cual está a disposición de los lectores los libros relacionados a los conflictos del Perú con Ecuador. Es importante saber que desde la firma del Tratado de Paz Amistad y Límites, el Perú no ha perdido ni un milímetro de su frontera. Los libros informativos se encuentran en nuestra biblioteca.

Como representante del CEHMP, siento una enorme responsabilidad, ya que cada uno de estos aniversarios significan, la obligación de hacer un alto en el camino para entrar por la gran puerta de la historia y llegar a lo más profundo de nuestros ideales patrios, nuestras esperanzas, sentimientos, hechos, retos y logros. En fin, existe la imperiosa necesidad de conocer todo y, en esta búsqueda sincera, descubrir nuestra riqueza y engrandecer nuestro patriotismo, sintiéndonos orgullosos por la calidad de hombres que dan honor a nuestras instituciones de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional. Teniendo en cuenta que siempre hay escollos que vencer para llegar a la gloria.

Es arduo el trabajo por mejorar las cosas, lo importante es que las metas están claras y se hace denodados esfuerzos por conseguirlas. Por lo que resulta imprescindible cultivar el intelecto, la sensibilidad y la práctica de los valores humanos. Estos ideales son la esperanza del Perú, el camino de aspirar a un pueblo con sus Fuerzas Armadas y Policiales educadas, cultas y bien informadas.

Cada Institución tiene sus metas definidas y hay hombres lúcidos en ellas que se proponen alcanzarlas. La sociedad debe comprender, en toda su dimensión, esta titánica tarea. Todos conocemos que es realmente titánica, en un país donde todavía no se ha erradicado él analfabetismo y donde los medios de comunicación familiarizan a los niños con la violencia en programas que traen mensajes subliminales perniciosos. El Internet está haciendo estragos en los jóvenes que carecen de una adecuada formación. El mal uso del Internet, perjudica aún más a  la juventud desorientada mientras que en los jóvenes cultos estos avances de la tecnología producen resultados asombrosos.

El Perú es un país con muchas heridas por curar. Nuestra historia es un libro que aún se está escribiendo. Somos herederos de un pueblo milenario. De la única cultura que floreció al sur de la línea Ecuatorial y ahora con múltiples contradictorias realidades, virtudes y defectos. Las virtudes nos auguran un futuro resplandeciente. Los defectos constituyen un gran desafío.

Tenemos dos caminos, el de la Gloria o el de la derrota, ser vencedores o vencidos. El Perú lleva en sus venas sangre heroica, la suficiente para encender nuestra esperanza. A nuestra diversidad cultural se suma la complejidad geográfica, nos hemos expandido desde las cumbres más altas hasta la orilla del mar. Tenemos casi todos los climas y una biodiversidad que maravilla al mundo. Nuestro territorio es complejo. Hecho más para separar que para unir a sus habitantes, el problema se duplica, Unir a los peruanos y dominar la agreste geografía. He allí un gran reto. ¿Cómo enfrentarlo? ¿Con qué recursos?

La historia nos demuestra que para una sociedad bien encausada no hay imposibles, cuando hay salud física, mental y moral en sus habitantes, todos los caminos son accesibles. Un excelente sistema educativo, la medicina preventiva y unas Fuerzas Armadas y Policiales bien preparadas son la garantía de nuestra sociedad.

Valga esta oportunidad para conmemorar los acontecimientos históricos como El cuarenta Aniversario del triunfo rotundo de nuestras Fuerzas Armadas al derrotar y expulsar a quienes osaron ocupar clandestinamente nuestro Territorio en la Cordillera del Cóndor el año 1981. Nuestro Ejército y nuestra Fuerza Aérea dieron una demostración de lo que es capaz una Fuerza Armada, bien preparada, unida y con la moral alta.

Estos acontecimientos históricos que rememoramos en el Centro de Estudios Históricos Militares durante todo el año, sirven para avivar la llama de la pasión qué necesitamos para llevar adelante esta gran empresa. Sean pues estos homenajes programados, las Antorchas Simbólicas que recorran por todos los rincones de nuestra Patria avivando la fuerza del entusiasmo, incentivando a los niños, a los jóvenes, a los hombres y mujeres de toda edad.

Todas las realizaciones del hombre nacieron de unos sueños, concedámonos ese beneficio y empecemos a trabajar.

Para ser miembro de Número o Miembro Correspondiente del CEHMP, se tiene que trabajar y sustentar una tesis relacionada a la Defensa o al Desarrollo del Perú, lo que significa INVESTIGAR, ESTUDIAR Y DIFUNDIR los acontecimientos de carácter histórico militares.

En esta oportunidad que conmemoramos el 40 aniversario del conflicto en la Cordillera del Cóndor, destacamos los libros escritos por dos Miembros de Número y ex Vicepresidentes del CEHMP” :

“Homenaje a la Fuerza Aérea del Perú 1981”, que narra todos los acontecimientos relacionados a los conflictos del Perú con Ecuador en la Cordillera del Cóndor, cuyo texto será difundido por Internet junto con los siguientes libros:

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Homenaje a la Fuerza Aérea del Perú 1981
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Libro La FAP en la Cordillera del Cóndor hasta paz definitiva
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Libro – De Chávez a Quiñones Espiritu Aeronautico
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Libro Helicópteros en el cielo de Quiñones

Como nuestro ideal es tener un pueblo “EDUCADO, CULTO y BIEN INFORMADO”, estos libros de la biblioteca del CEHMP pueden ser descargados en forma gratuita.

Gloria eterna a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas que viven, trabajan y actúan siguiendo el ejemplo de entrega total al PERÚ que nos legaron GRAU, BOLOGNESI, CÁCERES y QUIÑONES.

!!!Viva el Peru!!!

Teniente General FAP Mario Muñiz Ortega

Primer Vicepresidente del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú y Miembro de Número

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21 DE ENERO DE 1823. BATALLA DE MOQUEGUA

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Luego del desastre en la Batalla de Torata del 19 de enero de 1823, las fuerzas patriotas se vieron en la imperiosa necesidad de replegarse hacia Moquegua, buscando reorganizarse tras la derrota. Lamentablemente, una vez más se pudo comprobar la pasividad del general Rudecindo Alvarado, pues “el caudillo patriota permaneció inactivo en Moquegua, sin adoptar acuerdo alguno y vacilando entre combatir nuevamente o retrogradar, sea hacia Tacna, sea hacia Ilo” (Dellepiane, 1941, p. 163). Esta indecisión dio tiempo para que lleguen desde Puno los últimos batallones realistas y se sumaran al grueso de su ejército. “El 20 se unieron a las tropas de Valdez los Batallones «Burgos» y «Cantabria» y el total de dos escuadrones de «Granaderos de la Guardia» y dos de «Dragones de la Unión», traídos por Canterac” (Dellepiane, 1941, p. 163).

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Batalla de Moquegua (1868) Mariano Felipe Paz Soldán

Apenas dos días después, el 21 de enero de 1823, los realistas llegaron a Moquegua para enfrentarse nuevamente a su adversario. Sin posibilidad de retirarse y con las tropas desmoralizadas, el general Rudecindo Alvarado decidió dar batalla. “Como en Torata, el general patriota tampoco empleó su reserva en el momento necesario, limitándose a esperar en sus posiciones el ataque enemigo” (Dellepiane y De la Barra, 1971, p. 299). Esto permitió que los realistas contaron con toda la libertad y tiempo para desplegar su dispositivo de ataque. “Las tropas patriotas inactivas, contentándose con la defensa por el fuego, permanecían en sus posiciones presenciando su propio envolvimiento” (Dellepiane, 1941, p. 164). La ofensiva de Valdés y Canterac fue contundente y “era muy difícil detener la impetuosidad del ataque de los realistas; todo cedía delante de ellos” (García Camba, s.f., p. 67). Lamentablemente, “las tropas patriotas, atacadas con vigor por todas partes, cedieron el campo y se desbandaron” (Dellepiane, 1941, p. 164). En tales circunstancias, los independentistas nuevamente fueron derrotados.

El resultado final podría haberse evitado, pues “los patriotas tenían la ventaja de la posición, y quizás, no eran inferiores en número; pero se habían originado desgraciadamente disensiones entre los jefes; los soldados estaban desalentados, la insubordinación se percibía en todas las clases” (Miller, 1910, p. 18). Con todos estos factores el fracaso fue inevitable. Los realistas consiguieron la victoria y en su posesión quedaron “las tres piezas de artillería […], muchas armas, banderas, municiones y más de 1.000 hombres prisioneros con 60 jefes y oficiales” (García Camba, s.f., p. 67).

La Batalla de Moquegua significó el fin de la Primera Campaña a Puertos Intermedios, una ofensiva mal ejecutada desde el principio. Aunque el fracaso de la campaña fue un duro golpe para la causa independentista, el ejército patriota no fue vencido. En los meses siguientes, los esfuerzos de liberación continuarían hasta culminar con las gloriosas batallas de Junín y Ayacucho, que sellarían la independencia definitiva del Perú y América.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

Dellepiane, Carlos. (1941) Historia militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Taller gráfico Luis Bernard.

Dellepiane, Carlos, y De la Barra, Felipe. (1971) “Campañas de la guerra de independencia del Perú”. En: Centro de Estudios Histórico Militares del Perú, El Perú y su independencia. Antología. Volumen. III (pp. 267-436). Lima: Gráfica Industrial.

García Camba, Andrés. (s.a.) Memorias del general García Camba para la historia de las armas españolas en el Perú. Madrid: Sociedad Española de Librería.

Miller, Guillermo. (1910) Memorias del general Guillermo Miller al servicio de la república del Perú. Tomo II. Madrid: Lib. General de Victoriano Suárez.

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20 DE ENERO DE 1839. BATALLA DE YUNGAY

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Después del combate de retirada en el puente de Buin, el 06 de enero de 1839, las fuerzas restauradoras se asentaron en las cercanías de la hacienda San Miguel, mientras que el ejército confederado, bajo el mando de Santa Cruz, estaban estacionados en Carhuaz. Ambos ejércitos mantuvieron sus posiciones, pero después de una junta de guerra desarrollada el 17 de enero, los jefes militares del Ejército Restaurador decidieron prepararse para tomar la ofensiva, principalmente por la escasez de recursos y víveres (Basadre, 2014, pp. 149, 151). Dos días después, el 19:

“se impartieron órdenes aunque reservadas á los Jefes de los cuerpos, para que limpiasen el armamento, y estuviesen prontos para marchar á las tres de la mañana de día siguiente en busca del enemigo. Se hicieron todos los preparativos necesarios para este efecto.” (Placencia, 1840, p. 108).

El Ejército confederado se encontraba dividido en 6 batallones bolivianos y 4 peruanos (Ayacucho, Arequipa, Centro y Pichincha), la caballería confederada tenía a su disposición dos regimientos (Lanceros y Lanceros del General), mientras que poseía ocho piezas de artillería. En suma, ascendían a 6000 hombres, a cargo de los generales Herrera, Morán, Urdininea y Quiroz (Dellepiane, 1941, p. 389). Por el lado restaurador, las tropas también se dividían en peruanas (Huaylas y Cazadores del Perú) y chilenas (Carampangue, Aconcagua, Valdivia, Portales, Colchagua, Valparaíso y Santiago), la caballería tenía 1 regimiento y 2 escuadrones, tenían la misma cantidad de piezas de artillería que el enemigo. Entre los jefes peruanos destacan Eléspuru, Torrico, Vidal y Castilla, este último a cargo de la caballería (Dellepiane, 1941, p. 389-390).

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Plano de la Batalla de Yungay, Ilustración en plano. Siglo XIX. Charles C. Wood Taylor [atribuido]. Library of Congress.

El día del enfrentamiento fue el 20 de enero de 1839, en la madrugada las tropas restauradoras al mando del general Agustín Gamarra se movilizaron hacia los atrincheramientos de Santa Cruz, la batalla presentó varias etapas. La primera etapa implicó el reconocimiento y contacto de ambos ejércitos, la toma del cerro Pan de Azúcar marcó la segunda fase, el choque de fuerzas la tercera y el reinicio del ataque restaurador marcó la cuarta fase (Dellepiane, 1941, p. 392-393), así como el resultado. Santa Cruz huyó después de presenciar la desobediencia de algunos batallones bolivianos por entrar en acción, decide huir en dirección a Lima.

Cabe precisar el debate en torno a esta batalla por la orden de retirada que dio el general Manuel Bulnes en el tercer momento de la batalla y la negativa de Castilla exclamando “No hemos venido a correr” (Valdivia, 1874 en Basadre, 2014, p. 151). Esto ocasionó un breve momento de confusión dentro de la organización de las tropas en pleno enfrentamiento que implicó retomar la pelea en la última fase. Las controversias entre el mando peruano y chileno en las operaciones durante las campañas en contra de la Confederación son latentes en la historiografía decimonónica de Perú y Chile. Las consideraciones respecto sobre la batalla de Yungay es que introduce el final del proyecto confederado. Santa Cruz al llegar a Lima parte en dirección hacia el sur, a Arequipa. Mientras que los generales La Fuente y Gamarra llegan a la capital el 18 y 27 de febrero respectivamente. El 22 de marzo se convoca a un Congreso Nacional en Huancayo para el 28 de julio e inicia la Restauración.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

Basadre, Jorge (2014). Historia de la República del Perú. Tomo II. Lima: El Comercio.

Dellepiane, Carlos (1941). Historia militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Taller Gráfico L. Bernard.

Placencia, Antonio (1840). Diario militar de la campaña que el Ejército Unido Restaurador abrió en el territorio peruano el año de 1838 contra el Jeneral Santa-Cruz titulado Supremo Protector de la Confederación Peru-Boliviana. Lima: Imprenta de Jose Masias.

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19 DE ENERO DE 1823. BATALLA DE TORATA

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El 19 de enero de 1823 se libró la Batalla de Torata, el Ejército patriota, bajo el mando del general Rudecindo Alvarado, enfrentó a las fuerzas realistas dirigidas por los generales Gerónimo Valdés y José de Canterac. Este enfrentamiento sucedió en el contexto de la Primera Campaña a Puertos Intermedios, una estrategia creada originalmente por el general José de San Martín. El plan consistía en la creación de tres expediciones, las cuales deberían avanzar en simultáneo con absoluta sorpresa. Debían realizar un ataque avasallador sobre las posiciones realistas que se encontraban en la sierra central y sur del Perú. El eje principal de la operación recaía sobre el ejército que marcharía hacia los puertos intermedios de Arica e Iquique, desde donde lanzaría una férrea ofensiva hacia las posiciones realistas ubicadas entre Arequipa y Puno. Las otras dos expediciones secundarían el ataque fijando al enemigo en el Valle del Mantaro y el Alto Perú.

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Batalla de Torata. 1830. Detalle de plano. Mariano Torrente.

“El plan era muy complicado, como se ve, y su ejecución presentaba serias dificultades” (Dellepiane, 1941, p. 152), dificultades que el libertador San Martín quizá podría superar. Lamentablemente, la Junta de Gobierno que lo reemplazo a su retiro del Perú no fue capaz de asegurar todos los elementos necesarios para la campaña. Tampoco fue capaz de garantizar la participación de las expediciones que secundarían a la fuerza principal. Esta fuerza principal, denominada como “Ejército libertador del sur”, recayó en el mando del general Rudecindo Alvarado, quien tampoco poseía las condiciones necesarias para ejecutar la operación. “El General [Alvarado] designado para llevar a cabo esta magna empresa no era capaz, por su carácter apocado, de efectuar esa ofensiva fulminante y esa maniobra atrevida fundada, exclusivamente, en las condiciones del jefe” (Dellepiane, 1941, p. 154).

La expedición de Alvarado partió del Callao el 17 de octubre de 1822. Tocó Iquique el 11 de noviembre y posteriormente se trasladó a Arica, en la que estuvo el 3 de diciembre. Ya desde los primeros momentos el general dio muestras de pasividad. “Permaneció estacionado en Arica y en sus valles, tres semanas, en vergonzosa inacción. La tropa enfermaba por lo insalubre de esos lugares; la disciplina se relajaba notablemente, y aun se perdía de un modo notable el valor y confianza” (Paz Soldán, 1870, p. 26). Este tiempo permitió al enemigo reorganizar sus fuerzas y definir su estrategia. En los días posteriores las fuerzas patriotas avanzaron sobre Tacna, territorio al que llegaron a inicios de 1823. Paralelamente, el astuto general Gerónimo Valdés, jefe de la vanguardia realista, procuró atraer a las fuerzas independentistas hacia una posición ventajosa que le permitiera luchar en conjunto con las fuerzas de José de Canterac. Este general marchaba desde Puno a su encuentro y caería de sorpresa sobre los patriotas. “La región hacia la cual se replegaría Valdez y que había sido escogida de antemano, es la que queda inmediatamente al NE. de Torata” (De la Barra y Dellepiane, 1971, p. 297).

El 19 de enero de 1823, “Valdez vio coronados sus esfuerzos cuando tuvo á su incauto enemigo tan cerca y en la misma dirección que le convenia, que era el punto en que debían reunirse las tropas de Puno” (Paz Soldán, 1870, p. 27). Ese mismo día, “al amanecer, inició [Alvarado] su avance resuelto por fin a batir a Valdez, pero sin presumir que éste esperaba muy pronto refuerzos”. (De la Barra y Dellepiane, 1971, p. 297). A pesar de la inferioridad numérica, las fuerzas de Valdés lograron resistir el ataque patriota. “El combate fué tomando sucesivamente cuerpo, el fuego vino á ser vivo y por intervalos, horroroso” (García Camba, s.f., p. 61). Finalmente, entre las 3:30 y 4 de la tarde “Canterac llegó acompañado solamente de un pequeño destacamento de caballería, pues el resto de su división aun se hallaba algunas millas a retaguardia” (Miller, 1910, p. 17). Este destacamento fue suficiente para desorganizar y desmoralizar a las tropas patriotas, las cual se vieron superadas por el sorpresivo ataque realista, siendo obligadas a retirarse. “El general Alvarado ha sido, pues, batido y este fracaso ya deja adivinar el resultado final de la campaña. (De la Barra y Dellepiane, 1971, p. 298).

La derrota en Torata fue significativa para los patriotas, pues afectó seriamente los esfuerzos por la independencia y evidenció la necesidad de una mejor organización y liderazgo para los futuros combates.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Referencias bibliográficas

Dellepiane, Carlos. (1941) Historia militar del Perú. Tomo I. Buenos Aires: Taller gráfico Luis Bernard.

Dellepiane, Carlos. y De la Barra, Felipe. (1971) “Campañas de la guerra de independencia del Perú”. En: Centro de Estudios Histórico Militares del Perú. El Perú y su independencia. Antología. Volumen III. (pp. 267-436). Lima: Gráfica Industrial.

García Camba, Andrés. (s.a.) Memorias del general García Camba para la historia de las armas españolas en el Perú. Madrid: Sociedad Española de Librería.

Miller, Guillermo. (1910) Memorias del general Guillermo Miller al servicio de la república del Perú. Tomo II. Madrid: Lib. General de Victoriano Suárez.

Paz Soldán, Mariano Felipe. (1870). Historia del Perú Independiente. Segundo periodo: 1822-1827. Tomo 1. Lima: Imprenta de Alfonso Lemale.

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18 DE ENERO DE 1535. FUNDACIÓN DE LIMA

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“La fundación de Lima fué obra del azar, si no de la equivocación, y su prosperidad, consecuencia de la buena fortuna de su fundador” (Porras Barrenechea, 1935, p. 23).

Lima, la Ciudad de los Reyes, fue fundada el 18 de enero de 1535 como parte de un proceso de mudanza, después de que las huestes de Francisco Pizarro se habían asentado en Jauja, fundada por segunda vez el 25 de abril de 1534. Uno de los motivos que comúnmente se ha resaltado para comprender el desplazamiento de la capital es la dificultad para la crianza del ganado en el valle del Mantaro:

“otro sy es muy gran perjuicio e falta a los vezinos e pobladores desta dicha cibdad que enela ny en sus terminos ny en ninguna parte de la syerra se puede criar puercos ni yeguas ny aves por Razón de las muchas frialdades y esterelidad de la tierra e porque hemos por espiriencia muchas yeguas que an aqui parido morir sus criancas demás de no poder aver madera para solamente hacer nuestras casas de morada sino fuese mucho travajo para los naturales de la tierra” (Concejo Provincial de Lima, 1935, p. 6).

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Fundación de Lima (1897) Jose Effio. MNAAHP

En respuesta, el 4 de diciembre de 1534 se organizó una comisión para la búsqueda de un sitio para fundar el pueblo, los encargados fueron: “el veedor Garcia de salzedo e Rodrigo de macuelas Regisores desta cibdad / Juntamente conellos francisco de heRera” (Concejo Provincial de Lima, 1935, p. 8). En Lima, estaba la presencia de un curacazgo a cargo de Taulichusco, pero también de Miguel de Orenes y sus mercedarios, quienes emprendieron una labor religiosa y reformadora entre los locales, incluso erigieron una capilla, hoy la basílica y convento de la Merced (Burneo, 2017, pp. 21-22).

Luego de los votos y opiniones de los vecinos, Pizarro decide mudar a esta “provincia de pachacama en el asyento del cacique de lima” (Concejo Provincial de Lima, 1935, p. 10). Una vez listo los preparativos para la ceremonia de fundación, Pizarro y doce españoles principales se acercaron a la mesa del escribano real Domingo de la Presa, se calcula que estuvieron presenten entre 70 y 90 españoles (Burneo, 2017, p. 25-26).

ACTA DE FUNDACIÓN DE LIMA

(15 de enero de 1535)

“E después desto en el dícho pueblo de Lima lunes XVIII días del mes de henero del dícho año el dícho gobernador en presencia de mí el dícho escríuano e testigos yuso escíptos dixo que por cuanto visto el dícho pedímento a el fecho por la Juistíçía e Regímíento e vecinos de la dícha çíbdad de xauxa el proueyo a los díchos Ruí díaz e Juan tello e alonso martín de don beníto para que vinyesen como vínyeron a ver el dícho asyento e pasear el dícho cacique de líma çerca de lo qual díxeron sus paresçeres segund que todo de suso se contiene e que agora el a venydo juntamente con los señores ofíçiales de su magestad alonso Ríquelme tesorero e garçía de salcedo veedor e Rodrígo de maçuelas que fue nombrado juntamente con el dícho veedor por el dícho Regímíento para hazer lo susodicho e a vísto e paseado çiertas vezes la tierra del dícho cacique de líma y examínado el mejor sytío les paresçía e ha paresçído quel dícho asiento del dícho caçíque es el mejor e junto al Río del e contíene en sí las calidades suso díchas que se Requyeren tener los pueblos e çíbdades para que se pueblen y ennoblezcan e se perpetuen y esten bíen situados y por que conuíene al seruíçío de su magestad y bien y sustentación e población destos díchos sus Reynos e conseruaçíon y conuersíon de los caçíques e indios dellos e para que mejor e mas presto sean endustríados e Reducidos al conosçímíento de las cosas de nuestra sancta fee catholíca por lo qual en nombre de sus majestades como su gouernador y capítan general destos díchos Reynos después de auer fallado el dícho sytío con acuerdo e parecer de los díchos señores ofícíales de su magestad que presentes se hallaron e del dicho Rodrigo de maçuelas mandaua e mando quel dicho pueblo de xauxa y ansy mismo el de san gallan porque no estan en asiento conuíníente se pasasen a este dícho asiento e sytío por quanto quando el dícho pueblo de xauxa se fundo arríba en la sierra no estaua vísto para que el dícho pueblo estuuíese mejor fundado el hízo la dícha fundacíon del con adíctamento e condíçíon que se pudiese mudar en otro lugar que mas conuíníese e paresçíese e porque agora como dícho es conuíene que los dhos. pueblos se haga nueua fundacíon acordo e determíno de fenecer e hazer e fundar el dicho pueblo el qual mandaua e mando que se llame desde agora para siempre jamas la çíbdad de los Reyes el qual hizo y poblo en nombre de la Santísíma trinidad padre hijo e espíritu santo tres personas e un solo dios verdadero syn el qual ques prínçípío e críador de todas las cosas e hacedor dellas nynguna cosa que buena sea se puede hazer ní prínçípíar ni acabar ni permanecer e porque le prínçípío de cualquier pueblo e çíbdad a de ser en dios y por dios y en su nombre como dícho es conuíene príncípíallo en su yglesia començo la fundaçíon e traça de la dicha çibdad en la yglesia que puso por nombre nuestra señora de la asunçíon cuya aduocaçíon sera en la qual como gouernador e capítan general de su magestad destos dichos Reynos despues de señalado plan hizo e edífíco la dicha yglesia e puso por sus manos la prímera píedra e los prímeros maderos della y en señal e tenencia de la posesíon vel quasí que sus magestades tienen tomada en estos dichos Reynos ansy de la mar como de la tierra descubierta e por descubrir e luego Repartío los solares a los vecínos del dícho pueblo segund paresçera por la traça que de la dícha çibdad se hízo la qual espera en nuestro Señor y en su bendíta madre que sera tan grande y tan prospera quanto conuiene y la conseruara e augmentara perpetuamente de su mano pues es fecha e edífícada para su sancto seruíçío y para que nuestra sancta fee catholíca sea ensalazada abmentada e comunícada e sembrada entre estas gentes baruaras que hasta agora an estado desbíadas de su conosçímyento e verdadera doctrina e seruíçío para que la guarde e Conserue libre de los peligros de sus enemigos e de los que mal e daño le quísíesen hacer e confía en la grandeza de su magestad que siendo ynformado de la fundaçíon de la dha. çibdad confírmara e aprouara la dícha poblaçíon por mí en su Real nombre fecha e le hara muchas merçedes para que sea ennobleçída e se conserue en su seruíçío y los díchos señores gouernador e ofíçíales de su magestad lo firmaron de sus nombres y ansy mísmo el dícho Rodrígo de maçuelas testígos que fueron presentes Ruí díaz e Juan tello y Domyngo de la Presa escríuano de su magestad estantes en el dícho asyento y caçíque de lima.

Francísco Pizarro                     Alonso Ríquelme

García de Salcedo                    Rodrígo de Mazuelas

(Extraído de https://sisbib.unmsm.edu.pe/exposiciones/fundlima/fundacion/acta_transcripcion.htm)

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

Burneo, Reinhard Augustin (2017). El damero de Pizarro. El trazo y la forja de Lima. Lima: Municipalidad de Lima.

Concejo Provincial de Lima (1935). Libros de Cabildos de Lima. Libro Primero (años 1534-1539). Lima: Impresores Torres Aguirre.

Porras Barrenechea, Raúl (1935). Pequeña antología de Lima. El río, el puente y la alameda. Lima: Escuela de Altos Estudios y de Investigaciones Peruanistas.

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13-15 DE ENERO. DESTRUCCIÓN DE CHORRILLOS Y BARRANCO

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Uno de los momentos más trágicos de la historia del Perú ocurrió entre los días 13, 14 y 15 de enero de 1881. Luego de la derrota de la resistencia peruana fuera en la Batalla de San Juan, “los vencedores se entregaron al saqueo y a la embriaguez a gran escala” (Basadre, 2014, p. 152). De este modo, perpetraron las atrocidades más inimaginables. Destrucción de propiedades, asaltos, violaciones, asesinato y un voraz incendio, fueron algunos de los actos cometidos por los invasores en Chorrillos. Incluso, “el cementerio se volvió un lugar donde soldados beodos celebraron orgías y llegaron a desenterrar cadáveres” (Basadre, 2014, p. 152).

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Destrucción perpretada por los chilenos en Chorrillos (s.f.) Etna Velarde. Museo Andrés Avelino Cáceres.

Además de estos crímenes, “los chilenos fusilaron en Chorrillos, después de la batalla a once bomberos italianos” (Basadre, 2014, p. 152) y al día siguiente a otros más quienes se encontraban en el cumplimiento de su deber. Estos mártires formaron parte de la compañía Garibaldi y sus nombres fueron: Filippo Bargna, Luca Chiape, Ángelo Cipollini, Ángelo Descalzi, Gio Batta Leonardi, Paolo Marzano, Enrico Nerino, Giovanni Ognio, Giuseppe Orengo, Giovanni Pali, Paolo Risso, Lorenzo Astrana y Eginio Valentini (Nolte, 2022, pp. 67-68).

El pueblo de Barranco sufrió una suerte similar. A pesar de no haber resistencia de la población, “en la tarde del 13, aparecen allí algunos grupos de soldados chilenos, venidos expresamente desde Chorrillos, en busca de botín y de casas que incendiar” (Paz Soldán, 1884, p. 661). Además de ser saqueado, en el pueblo de Barranco fue perpetrado un terrible incendio por orden expresa de los jefes del Ejército chileno. El siniestro fue de tal magnitud que el día 15 aún ardía el pueblo entero. Esto ocurrió a pesar de que en paralelo los diplomáticos chilenos y peruanos negociaban un armisticio. Sin lugar a dudas, “después de la jornada de San Juan el comando chileno se dió cuenta de que sus tropas atravesaban por un período de crítico desquiciamiento moral” (Dellepiane, 1941, p. 386), y el punto más bajo de su comportamiento fue la destrucción de Chorrillos y Barranco.

Estos actos bárbaros, cometidos por las fuerzas invasoras chilenas, dejaron una huella imborrable en la memoria histórica nacional. La destrucción de Chorrillos y Barranco fue un golpe a la dignidad del pueblo peruano. En tiempos recientes, en mérito a la valiente resistencia ante la adversidad, el gobierno peruano con la Ley N° 14096 dictó declarar

“CIUDAD HERÓICA a cada una de las ciudades de Chorrillos, Barranco y Miraflores, que en los días 13, 14 y 15 de enero de 1881, respectivamente, fueron atacadas, saqueadas e incendiadas por el ejército invasor, después de cruentísima lucha con los esforzados defensores del honor y de la integridad del Perú”.

Área de Investigación Histórica del CEHMP

Fuentes y bibliografía

Archivo Digital de Lesgislación del Perú (ADLP). Ley N° 14096 Dando el nombre de “Ciudad Heroica”, a cada una de las ciudades de Chorrillos, Barranco y Miraflores (1962, 14 de junio).

Basadre, Jorge. (2014) Historia de la República del Perú (Tomo IX). Lima: Producciones Cantabria.

Dellepiane, Carlos. (1941) Historia militar del Perú (Tomo II). Buenos Aires: Taller gráfico Luis Bernard.

Nolte, Enrique. (2022) Vidas entregadas. Bomberos caídos en acto de servicio. Lima: Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú.

Paz Soldán, Manuel Felipe. (1884) Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo.

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