XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

PARTICULAR ENCIERRO

María Ester Navarro Calero

7 de Julio de 2025: un día trascendental. Mi padre va a pasarme el relevo generacional. Ese que llevo deseando recoger desde hace mucho tiempo. Hoy cumplo 18 años y por fin puedo formar parte de ese ritual. Como pamplonica no podría pedir un regalo mejor; recorrer los Sanfermines junto a él, figura referente a la que siempre he idolatrado. Hoy es el día, la cuenta atrás ha comenzado.
Tras rezar los cánticos pertinentes, nos deseamos buena suerte. Hermanados ante el acontecimiento más esperado del año y, en mi caso, de mi propia vida. Busco recuperar mi sangre fría entre tantos sudores previos. Todos y cada uno de los que estamos ahí sentimos la presión del momento, esa adrenalina que se dispara junto con la responsabilidad de hacerlo bien, no solo por nosotros sino por los que nos quieren y nos ven al otro lado. Prefiero desviar la atención ante la multitud de camisetas blancas y pañuelos rojos que me rodean. Mi madre estará como un manojo de nervios porque su única hija no ha hecho otra cosa que querer participar cuando llegara ese día. No puedo evitar que ella experimente su propio encierro, muy distinto al mío que me dará la eterna libertad.
 

ESTEBAN DOMEÑO LABORRA

María Eugenia Manzano Sánchez

Los hombres que van a correr llevan las camisas blancas. Los de Sánchez Tabernero enfilan la calle Estafeta.
— ¡Échate a un lado, Vicente! ¡La curva por la derecha! —al final de Mercaderes gritan los de Tafalla y Sangüesa. Todos con la sangre al cuello, todos rojo en la cadera.
Y Vicente Gironés, dos hijos, mujer y madre, casi llega al callejón.
Pero, en medio del gentío agolpado, el morlaco Bocanegra lo alcanza en el tramo anterior con sólo meter la cabeza y el pobre muchacho, tieso, tratando de subir al vallado, en lugar de tirarse al suelo, no puede esquivar la cornada.
¡Ay, qué ciento dieciocho, qué tercero de la tarde! Lo mata Pedro Romero y pide la oreja la plaza. La capilla de San Fermín se abre para velar el cadáver, con los tambores detrás y música de txistu delante.
A Vicente Gironés, Esteban, primer muerto en un encierro, Pamplona le rindió homenaje y hoy, como cada año, todos los corredores, a los pies del capotico, se encomiendan al Patrón y gritan como uno solo:
¡Que nos guíe en el encierro!
¡Que nos dé su bendición!
¡Gora y viva San Fermín!
¡Y que Dios tenga en su gloria
a Esteban Domeño Laborra!

 

SOL FERMÍN

María Fátima Moreira Frutos

Fermín estaba amarrado a mi barbilla. Iba sobre mis hombros, tal y como mi padre había hecho conmigo aquella primera vez de procesión. Sus ojos se mostraban ausentes ante aquel bullicio de blanco y rojo a las puertas de Casa Navarra, el lugar de los sanfermines en la Costa del Sol. Fermín no conocía los porrazos de Caravinagre, aunque un día se quedó mirando un retrato suyo. Tampoco había probado los churros de La Mañueta, ni se había montado jamás en las barracas. Temíamos su reacción ante el toro de fuego o los títeres de la Plaza de la Libertad. “Trastorno del espectro autista” nos dijeron los médicos del hospital cuando me trasladaron a Málaga. Desde entonces le procuramos las figuritas de los cabezudos y su madre se pone tras el carretón con la cabeza de un torico de juguete a perseguirlo por el pasillo, intentando sacarle una sonrisa. De pronto, las jotas empezaron a sonar, la gente rodeó al lanzador del cohete, una cuenta atrás se improvisó y, por fin, el chupinazo: ¡PUM!
¡VIVA SAN FERMÍN! Fue el grito de mi pequeño dando un saltito sobre mí. Nos miramos fijamente su madre y yo con lágrimas. “Xabier, el año que viene a Pamplona”.
 

HUAMANTLA CORRE EN PAMPLONA

Maria Guadalupe Hernandez Muzquiz

Nadie recuerda al viejo de la guayabera blanca, pero siempre está ahí. Nunca bebe, nunca grita. Solo espera el cohete y corre.
Dicen que vino desde México en 1954, poco después de que Huamantla trajera su versión, inspirada en Pamplona… No por nostalgia, sino por deuda.
—“Los toros viajan más que nosotros”—, murmuró al desembarcar, sacudiéndose el polvo de Tlaxcala con un pañuelo carmesí.
Ese año, el encierro duró 204 segundos exactos. Dos minutos y cuatro segundos de patas furiosas y alaridos. Un niño murió frente a Santo Domingo, sin marca alguna, salvo sus pupilas dilatadas, fijas en algo con cuernos más allá de los balcones.
Desde entonces, el viejo corre cada amanecer, puntual como el miedo, siempre hacia la curva de Estafeta, donde hoy tropecé con su cuerpo tendido.
No sangraba, sonreía con los labios manchados de un color que nadie quiso nombrar. En su puño, el pañuelo, hecho trizas por pezuñas invisibles, proclamaba:
“Huamantla cobra siempre sus deudas.”
El reloj marcaba las 8:04 cuando levanté la vista. Los últimos corredores gritaban, pero sus sombras… Corrían en dirección contraria, y entre ellas, una figura negra sin ojos avanzaba sin prisa, arrastrando algo invisible tras de sí.
No era un toro.
Era la deuda. 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

LA VARA DE FRESNO.

María Dolores Marcos Santateresa

Un tímido escalofrío recorre mi espalda, se acerca, es el final.
      Minutos antes, mi sensación era distinta, esperaba impaciente el sonido estrepitoso del chupinazo.
     Estoy algo débil pero es mi primer día, mi gran día, y no, el miedo no me debilita, un pastor nunca tiene miedo. Pienso en lo que significa ser pastor en esta gran fiesta, debo tener serenidad, templanza, sangre fría, nunca miedo.
      En la curva de Mercaderes, echo a correr, intento dirigir a los morlacos para que no se desvíen de su camino. Todo sucede con normalidad, de pronto, el último toro de la manada, un enorme miura, negro como la noche, se vuelve hacia mí, sus ojos ensangrentados se clavan en los míos, siento las piernas pesadas, mis pies se clavan en el asfalto, un segundo, dos segundos, tengo que hacer algo. Con gran esfuerzo intento recuperar las fuerzas y con movimiento lento, seguro, casi sin respirar, coloco la vara de fresno sobre la testuz del toro y, como si entendiera mi orden, el astado da un giro y continúa su carrera calle abajo, hacia la gran plaza.
     He salvado mi primer gran día.
     La fiesta continúa.

 

LA ANTIGUA CAJA DE LATÓN

María Dolores Rubio Aparicio

El sonido del timbre rompió el silencio. Deslicé mis manos sobre aquella antigua caja de latón y la cerré con cuidado. Las silenciosas habitaciones parecían despertar de su letargo entre las risas de mi nieto y los nervios del inicio de las fiestas de San Fermín. La nostalgia pesaba tanto como mis viejas piernas. Ya no podía ir a los encierros, ni al chupinazo, ni compartir la bota de vino, o correr como un niño al ver a Caravinagre.

Me extrañó que él todavía no hubiera salido rumbo a la plaza del Ayuntamiento. Le escuchaba andar para arriba y para abajo mientras yo recogía el desayuno en la cocina. Encendió la tele, mis torpes pasos me dirigieron hacia allí. Un mar de pañuelicos rojos estaban por todo el salón y un gran póster del balcón protagonista del día ocupaba casi toda la pared…

—­¡Gora San Fermín, abuelo! ¡Este año vemos juntos el chupinazo! —me dijo con una gran sonrisa.

Tras vivir los Sanfermines más emotivos de mi vida, mi temblorosa letra asomaba en la nota junto a aquella caja repleta de fotos antiguas: “Para mi nieto, Aimar. El legado más valioso que te dejo es el amor a nuestra tierra y a nuestras tradiciones.” 

SIN PRISA PERO SIN PAUSA

Maria Elisabe Ugarte Echeverria

– Mamá, ¡por allí!
– Aimar, que los gigantes están por la Estafeta.
– A mí me gustan los kilikis mamá, correr detrás de ellos, y escaparme, y pegarles con mi verga.
– Aimar, los kilikis y cabezudos siembre van con los gigantes, también estarán en Estafeta.
– ¡Pero yo quiero ir por allí!
– Aimar, que se nos escapan que ya están llegando a la curva de Telefónica y suben hacia la calle Amaya.
– Mamá, que yo quiero ir por allí, como me contaba el aitona, buscándolos por las calles, parándonos a por unos churros, mirando hacia todos lados, encontrándome a mis amigos, arrastrando a más gente hacia ellos…Y si no les encontramos a tiempo, mañana lo volvemos a intentar, mamá.
– De acuerdo cariño, apago el móvil y vamos por donde tú quieras.
– Rápido mamá, a ver si lo conseguimos hoy.
– Eso es Aimar, ¡tú al final vas a correr y a cantar!
– ¡Con el palo no!¡Con la verga sí!

Y él me dio una lección. Y la ilusión por fin iluminó su sonrisa. Y yo me dejé llevar por los txistus y las charangas. Y al día siguiente volvimos a buscar.
 

HAY CELEBRACIONES QUE EL TIEMPO NO DOMÉSTICA.

María Ester Sánchez Sánchez

Pamplona, 1591. Las campanas repicaban mientras los toros se agitaban tras las vallas de madera. La fiesta en honor a San Fermín, patrón de Navarra, había comenzado. Lo que antes era una celebración religiosa, entre rezos y procesiones, comenzaba a transformarse. Los pastores, que llevaban a los toros hasta la plaza, se convirtieron en los primeros corredores. Aquel año, por primera vez, el júbilo popular se mezcló con el riesgo.

Pasaron siglos. Llegó Hemingway con su cuaderno, inmortalizando la adrenalina en tinta. Los encierros se hicieron leyenda. En cada julio, el blanco y rojo se adueña de las calles. Jóvenes de todo el mundo desafían al miedo al correr junto a las astas, mientras las peñas cantan y bailan sin descanso.
Hoy, las cámaras transmiten en directo. Hay ambulancias, normas, turistas, críticas, defensores de la tradición y voces por los derechos animales. Pero la esencia sigue: una mezcla de fervor, locura y memoria compartida.
En el alma de Pamplona, San Fermín sigue corriendo. No importa el año ni el idioma del grito. Cuando suena el cohete y se eleva el pañuelo, la ciudad recuerda que hay cosas que el tiempo no domestica. 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

CAPOTICO DE SANTO MORENO

María Del Carmen Nevado Llandres

Los móviles no paraban de grabar a aquel personaje. Rubicundo, con tacones y cocido de calimocho. Solo le falta un cartel donde rezara: «Zaino, ven aquí que te voy a estampar un beso».
Cuando el reloj de Kukuxumusu marcó el minuto cuarenta, echó a correr por la curva de Telefónica. No se fijó en aquel espécimen hasta que lo tuvo codo con codo. Intentó llevárselo hacia un lado, invitándolo a que saltara la valla. ¿Cómo habría pasado el cordón policial con esa facha?
El muy mamón se resistía a no ser el centro del espectáculo. Saludaba a la afición como si estuviese en el tendido; hasta se atrevió a lanzar un churro a la rubia que lo filmaba desde el balcón.
Se produjo un choque en cadena en la entrada de la plaza al ver al fiera travestido a cuatro patas. Andaba tan beodo que no podía con sus mantecas. Intento enderezarse, pero dio con el trasero en la arena.
Uno de los miuras se había escapado de la manada y todos vieron cómo enfilaba directo hacia él. No se lo pensó dos veces; el corredor agarró el periódico doblado y, frente al morlaco, lo abrió como una capa, recibiendo del coso una ovación.
 

EZTI-EZTI

María Del Coro Alemán Carrica

EZTI-EZTI

Goizeko hamarrak ziren Elena leihora hurbildu zenean. Zaragoza Etorbidetik gora arropa txuriz jantzitako jendetza zihoan. Bestaren urduritasuna haztatzen zen kaleko giroan. Sukaldeko paretan zuen egutegia begiratu eta uztailaren 6a zela ikusi zuen, txupinazoaren eguna. Aurten, uztailaren 6a egun berezia zen Elenarendako, ez sanferminak hasten zirelako, auzoko gizarte langilearekin hitzordua zuelako, baizik.
Goizeko 11etan etorriko zen bere mendekotasun-egoeraren ebaluazioa egitera. Duela hilabete batzuk, bitrozeramika itzali gabe utzi zuen eta esne lapikoa erre zitzaion. Erre usaina hain izan zen handia, non bizilagun bat gizarte-zerbitzuetara hurbildu baitzen eta Elena eguneroko bizitzako oinarrizko jarduerak egiteko gai ez zela jakinarazi zien. Jakinarazpen honen ondorioz, mendekotasunaren balorazioa eginen ziotela ebatzi zuten egunerokoan moldatzeko laguntza beharrean zegoen ala ez erabakitzeko.
Emakumea urduri zegoen baina dena ongi kalkulatuta zuen. Bart egutegia zegokion egunean jarri zion hilobak, txupinazoaren eguna, sanferminen hasiera, zela erran zezan. Banabar gorriak ere prest zeuzkan 10:30etan sutan jartzeko eta horrela, ezti-ezti egin behar zirela kontatuko zien. Badaezpada, buruz ikasi zituen erabiltako osagaiak neurri zehatzekin.
Andreak bazekien noizbait zaharren egoitzara joan beharko zuela baina momentuz bere etxean bizitzen segitu nahi zuen sanferminek zekartzaten alaitasunak eta iskanbilak bizipoza sortzen baitzioten. 15 minutu falta ziren 11etarako. Jaietako programazioa birpasatu behar zuen etorriko zen langileari sasoian zegoela eta erabat autonomoa zela erakustarazteko.

 

BLANCO Y ROJO.

María Del Mar Serrano Arnay

Cada julio, Pamplona despierta envuelta en blanco y rojo. Las calles, aún húmedas del amanecer, se llenan de pasos ansiosos, risas compartidas, abrazos entre desconocidos. El bullicio no distingue edades ni acentos; todos corren al mismo ritmo de un corazón colectivo que late al compás del txistu y el tamboril.

Julián, un anciano del Casco Viejo, observa desde su balcón. Cada año promete que será el último, pero algo en la energía del momento lo convence de quedarse un poco más. Abajo, Lucía, una joven turista, tropieza con los adoquines. Julián baja a ayudarla. No comparten idioma, pero se entienden en sonrisas.

Mientras el encierro se avecina, la ciudad entera contiene el aliento. En ese instante suspendido, no hay diferencias ni soledades. Solo una promesa silenciosa de unión.

Más tarde, entre cánticos y vino derramado, Lucía baila con Julián. Nadie pregunta de dónde vienen, solo celebran que están ahí.

Y cuando cae la noche, la música aún resuena. El festejo no termina: se transforma. En cada mirada, en cada historia naciente, algo nuevo germina.

Pamplona duerme… pero algo queda latiendo. Quizá mañana. Quizá el próximo San Fermín. O tal vez… algo cambie para siempre. 

UN PAÑUELO ROJO, A KILÓMETROS DE DISTANCIA

María Del Rosario Lominchar Villacañas

Cierro los ojos y el Chupinazo resuena en mi mente, aunque este año mi balcón no sea el de la Plaza del Ayuntamiento. Desde aquí, a kilómetros de Pamplona, me aferro a los recuerdos de años pasados.
Cierro los ojos y casi puedo sentir el estruendo del ruido al marcar el inicio de la fiesta, la avalancha de gente enrojecida por el pañuelo, la emoción palpable en el aire. Es una mezcla agridulce: el latido de la fiesta que me llega a través de la pantalla, pero sin la vibración real que solo Pamplona sabe dar.
Madrugo para ver las imágenes de los encierros, la tensión de los corredores, la adrenalina desbordada. Escucho los cánticos, el jolgorio de las peñas, la música que nunca cesa. Mi casa se llena del eco lejano de la jarana, y por un momento, casi olvido que no estoy allí. Me visto con mi camisa blanca, anudo mi pañuelo rojo, y brindo con mis seres queridos por San Fermín, por la salud y por la esperanza de que el próximo año sí, el próximo año regresaremos a nuestra fiesta, a sentir de nuevo la magia de Pamplona en la piel.
Viva San Fermín. ¡Gora San Fermín!
 


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DE MAYOR QUIERO BAILAR UN GIGANTE

María Belén Sesma Navas

¡Mira como bailan mamá! ¡Mira mira! ¡Son los gigantes de Pamplona! ¿Como es posible que semejante figura baile así? – Debajo hay un hombre que lo mueve,y es una persona muy fuerte,lleva todo el año ensayando para hacer realidad los sueños de mucha gente,ya que consiguen que la gente sea feliz ,dijo la madre. Tenía solo 3 años cuando los vio bailar por primera vez. – Pues yo de mayor quiero bailar un gigante mamá. – Claro que sí tesoro , como buen Navarrico que eres podrás formar parte de la comparsa de gigantes y cabezudos de Pamplona. De pronto vio salir a un hombre de debajo de uno de los gigantes y el niño se le acercó preguntándole : ¿puedo bailar yo también este gigante? – Claro que sí pequeño,pero cuando seas mayor ¿vale? ¿Quieres ver cómo es un gigante?- Siiiiiii!!! Respondió Javier. Cuando salió de debajo del gigante todo emocionado le dijo a su madre, – de mayor bailaré gigantes. Habían parado a descansar, la gente andaba metida en el ambientico ,sacando cañas, pidiendo friticos,mostos etc y en cuanto comenzó la música de nuevo la cara de Javier comenzó a sonreír y a brillar.Es el efecto que producen los gigantes en SanFermín. 

VALIENTES EN LA PLAZA

Maria Carmen Oliver Abadias

ꟷPero Pamplona no son solamente los toros, tiene muchos más actos y espectáculos para poder gozar en su totalidad de las Fiestasꟷ, les explica IDA a sus acompañantes.
SA lo corrobora,
ꟷSí, tienes razón aunque lo más importante es el encierro, que ha dado fama a la ciudad.
IDA y SA se han reunido en Pamplona con DT, EM, NT, VP y por supuesto con JMA, para disfrutar de la fiesta y negociar asuntos varios.
DT vaticina,
ꟷ Mañana lo vamos a petar. Vamos a confundir al mundo con la actividad que realizaremos.
ꟷ¿A qué juego te refieres?ꟷ Pregunta JMA
ꟷJMA, nadie espera, que nosotros, omnipotentes del planeta, nos pongamos a correr delante de los toros en el encierro de mañana. Vamos a experimentar una sensación nueva, la que sienten los miserables que nos sirven. De esta manera, podremos mejorar el control sobre ellos.
Se miran todos sorprendidos.
ꟷ¿No somos muy mayores?ꟷ Pregunta EM.

Los toros que los han reconocido, deciden dejarlos correr hasta llegar a la plaza. Allí los rodean, los tiran al polvo de la arena y los pisan con sus pezuñas. Más tarde, los entregan al tendido. ꟷVosotros elegís que hacer con ellos.
En la gradería, agachan la cabeza.
 

LISKARZALE

Maria Cristina Zapata Reclusa

1 / 1
El estruendo del cohete ha resonado en mi cabeza con ondas implosivas agitando mis neuronas. Sorprendido y molesto, he soltado un bufido y me he lanzado a correr fuera del recinto en el que estaba. Ni siquiera miraba alrededor, solo veía delante de mí a mis hermanos, musculados, correr despavoridos.
Los primeros metros de carrera han ido bien, pero de pronto me he encontrado sumergido en una barahúnda de corredores que se afanaban por avanzar a nuestro lado. ¡Pero qué lentos iban!. A base de trompicones y cabezazos me he ido abriendo paso entre tanto aspirante a divino. ¡No por nada me llaman el “liskarzale”!.
De improviso, sin sospecharlo siquiera, una pérfida traba ha surgido súbita inmovilizando una de mis patas. Y en medio de un abrumador ahogo, me he visto lanzado al suelo. ¡Diablos! Todos en torno a mí hacían sitio mientras me levantaba penoso.
Y como amparo de un ángel, un fuerte brazo me ha sujetado con firmeza. Emanando su aliento sobre mi oreja derecha me ha dicho: ¡Vamos Joxe! Tenemos que irnos, que te ha sentado fatal el champán y no queda mucho para que empiece el Encierro.
 

PAÑUELICO

María Del Carmen Arangurena

Aimar,muy navarro esperando con su pañuelo rojo,encarnado y presto para ser anudado,cual gorrión pamplonés.Trinando largo y seco astillas uniformemente espaciadas:»Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo, cuatro de abril, cinco de mayo, seis de junio, siete de julio¡San Fermín!»
Pañuelico bordado por su abuela Irati con hilo mouliné y llevando las iniciales A.J .Todo en punto de cadeneta y festón a la usanza familiar.Su padre conservaría uno idéntico desde su partida hacia la contienda.
Aimar se apellidaba Jiménez .Cada año iría y cuando las agujas del reloj se acercaran a las 12:00hs.renacería su esperanza de rodear a su sangre.
El Chupinazo es inminente y el cohete no disimula su premura.Y todos aguardan como buenos vascos los nueve días de fiesta incesante.
La plaza del Ayuntamiento se camufla de pequeñez ante la multitud festiva.
Plétora en punzó y albura.
Vítores por doquier.
Un raudal impaciente con el pañuelo en alto y vivas.
¡San Fermín, San Fermín!
Tres minutos antes de las doce…
Los clarineros darán la orden.
¡Gora San Fermín!
Francisco Javier Jiménez bordado por su madre Irati con hilo mouliné en punto cadeneta y festón.
El abrazo eviterno en Plaza Consistorial.
 


XVII Certamen Internacional de Microrrelatos de San Fermín

NO PARECEN PÁJAROS

María Izkue Apesteguia

Esta mañana me ha despertado un extraño silencio. No oigo los cascabeles de los caballos ni el murmullo de los peregrinos, su caminar descansado.
El silencio, ese lugar que tanto añoro.
Tampoco oigo los pasos exhaustos de los turistas ni el parloteo de sus guías embelleciendo historias olvidadas, cuentos que me provocan una sonrisa y una ternura abstracta.
El cielo está azul y la ciudad blanca sobre sus antiguas piedras, aunque anoche perdieran su color grisáceo.
De los balcones han colgado banderas, trapos de colores, pañuelos nostálgicos.
Las tiendas, que pasaron del blanco y negro a colores chillones importados, esperan con ansiedad el tintineo de sus registradoras.
Tengo un vago temor, un desasosiego. ¿Qué será hoy?
De pronto oscurece. No parecen pájaros. Oigo un sonido familiar, una música que reconozco. Pero no consigo llegar a un recuerdo concreto, es un instante que apenas merece palabras, sólo las justas para que la pena salga de mi vieja memoria.
El sonido de las gaitas cautiva como un amante seductor y trastornado que succiona el entendimiento. Más tarde, en la quietud, su eco inundará tímpanos quejosos.
Quizás mañana alguno de ellos, algún gaitero bueno, interprete el vals que compusieron para mí, el Vals de Mercaderes.
 

ABRÁZAME

María Ordoñez Marina

A pesar de que este año la mar ha estado revuelta, que las olas han llegado al camarote y que empapada no hay quien duerma, los últimos días en el barco se me están antojando como especialmente duros. Queda muy poco para nuestro encuentro, pero sigo inmersa en medio de este maldito océano de incertidumbre que no deja de arrojarme nuevas dudas; ¿y si no me alegro al verle? ¿Y si no sé qué decir? ¿y si esta vez no funci..

Estaba escribiendo esto en mi diario cuando de pronto, sentí que el bote dejaba de mecerse bruscamente. Al salir del camarote para intentar comprender por qué la tormenta se había esfumado fue cuando le vi, llegando a lo lejos. Tenía los brazos abiertos, como dispuestos para un gigante abrazo, y eso me hizo sonreír. Supe que esta vez funcionaría. Corrí hacia el ancla y, preparándome para disfrutar de la paz que me traía para esos días de julio, lo eché al mar y le esperé.

– Ya pensaba que no venías. – dije, abrazando al fin a San Fermín.  

TÓMBOLA

María Encío Peña

– Dame diez, por favor.
Silvia introduce su mano en la urna, revuelve el contenido y agarra un puñado de boletos. Los cuenta uno a uno y separa diez de ellos aleatoriamente.
– Así diez. Pues diez euros.
– Aquí tienes.
Irati posa un billete junto a los boletos.
– ¡Mucha suerte!
– A ver si me has repartido el coche – bromea Irati.
– Todavía están los cinco.
– Confío.
Irati se acerca a un banco del paseo Sarasate donde está sentada Carmen. Divide los boletos en dos grupos iguales y le ofrece uno de ellos.
– Toma, abuela. Cinco cada una.
– Has pedido el coche, ¿no?
– Como todos los días.
– Muy bien.
Ambas empiezan a abrir sus respectivos boletos.
– ¡Mira, espárragos navarros!
– ¡Cojonudo, abuela! – ríe Irati.
Continúan abriendo los siguientes. Nada, no hay suerte. En total cinco sorteos y tres reúnas. Solo queda el último boleto de Carmen. Antes de abrirlo, se santigua y le da un beso. Irati mira la escena con ternura. Carmen abre su boleto cariñosamente y, con apenas un esbozo, levanta la mirada y la fija en los ojos de su nieta. Irati se queda perpleja.
– Cojonudo – dice Carmen sonriente. 

MI PRIMER SAN FERMÍN.

María ángeles García Jimeno

Atrás había su tierra con sus verdes bosques y sus lagunas playa. Ahora estaba desde hace pocos meses con su familia en España tras conseguir protección acceder a un curso de cuidados para mayores con otras compañeras decidieron ir a celebrar el final del curso en el chupinazo.
Raquel, que era su nombre, no tomaba alcohol pero la fiesta merecía una cerveza sin alcohol con sus compañeras que disfrutaban de kalimotxo y sangría fresquita.
Las doce se acercaban. La gente había llenado la plaza del Ayuntamiento y subiendo por las otras calles también la plaza del Castillo.
Llegó la hora y sonó el chupinazo. La fiesta arrancó. Raquel no se había traído pañuelo a pesar de estar la plaza llena de puestos para comprarlos, pero si iba con un vestido blanco que no tardó en mancharse de champán barato y sangría. Una de sus compañeras le colocó un pañuelo rojo bordado con su nombre.
Raquel no pudo evitar llorar.
– Hoy no se llora, amiga. Mañana delante de San Fermín en la procesión da las gracias por tu nueva vida.
Ella sonrió y pasaron a ver el ambiente.
Al día siguiente fue con algunas amigas del curso a la procesión del santo.