viernes, 16 de enero de 2026

El Saxo

 

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La noche parece detenerse cuando ella levanta el saxo.

Envuelta en negro, la camisa entreabierta deja escapar un destello de piel que no busca llamar la atenci贸n, pero la reclama igual. El sombrero inclina su sombra sobre una mirada que no se ve, pero se siente.

La margarita en su pelo rompe la oscuridad como un secreto blanco, y la curva de su pierna, apenas revelada entre las botas altas, dibuja un deseo que no se nombra.

Cuando alza el saxo, el aire cambia.

No toca, seduce.

Cada nota es un trazo lento, un humo tibio que se enreda en las gargantas, un gemido que se desliza por la piel como un secreto que nadie deber铆a o铆r, pero todos desean escuchar.

Su m煤sica no busca aplausos, busca miradas.

Y las consigue.

Porque hay algo en su forma de respirar entre frase y frase, en ese vaiv茅n suave del cuerpo, que convierte el jazz en un roce invisible, en un deseo que se queda suspendido, vibrando, justo antes de hacerse evidente.

Ella no provoca.

Ella improvisa.

Y en cada improvisaci贸n deja un rastro que arde sin quemar, un deseo oculto que solo el jazz sabe despertar.

Campirela_


lunes, 5 de enero de 2026

Baile de M谩scaras en el Salon 2025-2026

            Un a帽o m谩s, nuestro anfitrion nos ha dejado una invitaci贸n a su Baile de M谩scaras de fin de a帽o.

El Castillo no puede estar m谩s concurrido de bellas damas, y esa aura que rodea todo el misterio que all铆 dentro se condensa, M煤sica, Manjares , Delicadeces , Conversaciones, y qui茅n sabe si en alguna sala haya magia , donde la sensualidad, erotismo, y seducci贸n llegan a los l铆mites permitidos por ellos mismos.
Se abre la puerta Aqu铆, pod茅is sentir , la creatividad y sensibilidad de sus invitadas. Entrad, cerrar los ojos y disfrutar...

                       
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                                  Mi Baile en el Sal贸n

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Aquella invitaci贸n del Se帽or del castillo lleg贸 en el momento exacto, como si hubiera estado esper谩ndola sin saberlo. Solo le hab铆a visto una vez, en el mercado medieval. Le observ茅 desde lejos, y aun as铆 su presencia me atraves贸, misteriosa, elegante, casi peligrosa. Desde entonces, las historias sobre 茅l me persegu铆an.
Cuando pens茅 en ese deseo, 茅l se gir贸. Sus ojos encontraron los m铆os con una precisi贸n inquietante. Sent铆 un estremecimiento que me recorri贸 entera, como si me hubiera tocado sin acercarse.
Y entonces lleg贸 la invitaci贸n, en un sobre lacrado con mi nombre grabado a fuego.
¿C贸mo supo 茅l qui茅n era yo?
Quiz谩 siempre lo supo.
Entr茅 en el castillo sin prisa, como si mis pasos conocieran un ritmo antiguo. No buscaba llamar la atenci贸n, pero mi presencia parec铆a abrir un peque帽o silencio a mi alrededor, un espacio donde las miradas se deten铆an sin quererlo.
脡l me observaba desde la distancia. Lo sent铆 antes de verlo.
Una atracci贸n silenciosa, un tir贸n suave, pero firme, como si algo en m铆 lo hubiera descolocado.
Respiro.
Camino.
Me deslizo por el sal贸n con una naturalidad que no finjo.
Y s茅 que 茅l me sigue con la mirada.
El sal贸n es un universo de luces, m谩scaras y m煤sica sensual. Todo brilla, todo respira, todo invita. Pero aun as铆, siento que 茅l solo ve una cosa, a m铆.
Cuando se acerca, lo hace sin darse cuenta de que ha abandonado una conversaci贸n a medias.
Yo no digo nada.
Solo lo miro.
Una mirada tranquila, segura, que no necesita adornos.
—¿Me concede este baile? —pregunta, y su voz suena distinta.
Acepto con un gesto m铆nimo, casi imperceptible, pero cargado de intenci贸n.
En el centro del sal贸n, cuando sus manos rozan la desnudez de mi espalda, algo se enciende.
No es la m煤sica.
No es el ambiente.
Es la forma en que me mira, como si estuviera descubriendo un secreto que no sab铆a qu茅 quer铆a conocer.
脡l, acostumbrado a dominar cada situaci贸n, siente que soy yo quien marca el ritmo.
Y lo nota.
Y le sorprende.
Y le atrae.
No hablamos.
No hace falta.
El lenguaje est谩 en la respiraci贸n, en la distancia exacta entre nuestros cuerpos, en la tensi贸n suave que se forma cada vez que mis dedos rozan los suyos.
El tiempo se detiene para nosotros.
El baile se vuelve un di谩logo silencioso, una invitaci贸n que ninguno de los dos pronuncia, pero ambos lo entendemos.
Cuando la m煤sica termina, 茅l se inclina para agradecerme.
Yo sonr铆o detr谩s de la m谩scara.
Una sonrisa leve, casi invisible… pero suficiente para que 茅l respire m谩s hondo, como si algo dentro de 茅l se hubiera desordenado.
—Ha sido un honor —dice, intentando recuperar su compostura.
No respondo.
Mi silencio es parte del juego.
Doy un paso atr谩s.
Luego otro.
Y otro m谩s.
No huyo.
No me escondo.
Simplemente, dejo que el sal贸n me envuelva, como si las sombras y las luces me reconocieran como parte de ellas.
Cuando 茅l intenta seguirme, ya no estoy.
No queda perfume.
No queda rastro.
Solo el eco de mi presencia, como una nota suspendida en el aire.
Sobre una mesa —donde 茅l jura que yo no pas茅— descansa una peque帽a tarjeta.
Un s铆mbolo antiguo, casi arcano, dibujado con precisi贸n.
Y debajo, escrito con una caligraf铆a impecable.
“Gracias por dejarte sorprender.”
Siente un vuelco en el pecho.
No entiende por qu茅 lo eleg铆.
S茅 que quiere m谩s.
Y tambi茅n s茅 que esto no ha terminado.
Regreso a mi realidad con una sonrisa que solo yo conozco.
Aquel hombre queda atr谩s…
Una noche en aquel castillo nunca se olvida.

Campirela_

viernes, 12 de diciembre de 2025

Penumbra

 
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Se arque贸 de espaldas al silencio
las manos alzadas, domando su propio deseo
mientras la camisa, apenas sostenida
dejaba escapar un susurro tibio de piel.
La luz recorr铆a su cuerpo
como un amante que ya conoce el camino
despacio, reclamando cada curva
con la paciencia de un secreto bien guardado.
Su postura hablaba m谩s que cualquier palabra
una invitaci贸n velada
un latido que ped铆a ser descubierto
con labios que saben esperar
y dedos que saben perderse.
No hizo falta verla de frente
su sombra bastaba para encender la noche
y en el leve temblor de su respiraci贸n
se escond铆a el deseo m谩s antiguo del mundo.

Campirela_

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Queridos amigos, os deseo muy felices fiestas, nos leemos despu茅s de todas ellas.

Mis mejores deseos para todos. Sed felices, no es una orden, es un deber ... Besos, gracias por un a帽o m谩s compartido.


viernes, 21 de noviembre de 2025

Orbitando de Placer

 

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En la penumbra de lo no dicho,

tus ojos rozan los m铆os

como cometas 

que no se atreven al choque.

Callamos,

pero el alma grita en susurros.

Y as铆 seguimos,

orbitando de placer,

sin tocar el fuego,

pero ardiendo igual.

 Mi cuerpo gira en torno a tu fuego,

 sin gravedad, sin tiempo.

Solo el pulso de tu universo

Cada noche, cuando el mundo duerme 

me despego de la realidad.

 Mi cuerpo, libre de ataduras, 

comienza a girar 

en torno a un deseo sin nombre. 

 Orbitando de placer,

 como un sat茅lite seducido

 de una estrella 

que nunca podr谩 tocar.

 Y en ese giro eterno,

 encuentro mi libertad. 

Campirela_


s谩bado, 8 de noviembre de 2025

Voz de Mando

 

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Ella apareci贸 en la puerta, empapada, con la mirada encendida, provocadora

脡l no se inmuta. Solo alza la mirada, y con ella, el mundo se detiene.

El vestido  pegado a su piel revelaba m谩s de lo que oculta,

—Qu铆tate eso —dice, sin levantar la voz.

La observ贸, sin pesta帽ear, como quien mide el alcance de una tormenta.

Ella obedece, no por sumisi贸n, sino por deseo.

Cada gesto suyo es una coreograf铆a de fuego,

pero 茅l dirige la m煤sica con una sola palabra.

—Ven.

Y ella va. No camina, se desliza.

Como si sus pasos fueran parte de un ritual antiguo,

donde el poder no se grita… se susurra.

脡l la toma por la nuca, firme, sin violencia.

La lluvia afuera ruge, pero dentro, el silencio es m谩s salvaje.

Ella cierra los ojos. 脡l no.

Porque el arte del dominio est谩 en mirar mientras el otro se entrega.

Campirela_

s谩bado, 25 de octubre de 2025

Sin cadenas, sin promesas

 
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Sin cadenas, sin promesas

No hay nombres,

solo miradas que se rozan como dedos en la penumbra.

T煤 eres la pausa que me desnuda,

yo, el verbo que se arquea en tu espalda.

Nos escribimos con fuego lento,

con palabras que tiemblan al borde del papel,

con la urgencia de un roce que a煤n no ha sucedido.


No hay pactos,

solo el eco de tus dedos en mi memoria.

Somos libres,

pero cada noche me encuentro atada

al recuerdo de tu piel que no promet铆a nada

y todo lo daba.

Nos buscamos sin debernos,

nos encontramos sin pedirnos,

pero el deseo nos escribe

con tinta que no se borra.

Somos el par茅ntesis en medio del mundo,

Y aunque no haya promesas,

aunque el mundo no sepa de nosotros,

en cada poema

nos volvemos a tocar

como si la libertad tambi茅n supiera arder...

Campirela_

viernes, 17 de octubre de 2025

El Claro secreto

 


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El claro secreto

El sol se filtraba entre las hojas, el r铆o murmuraba cerca, c贸mplice de esa amistad

Ella lleg贸 primero, descalza, con la piel a煤n h煤meda del ba帽o en el r铆o, 茅l apareci贸 despu茅s, sin palabras, solo mirada.

No hac铆a falta hablar, una mirada bastaba para encender el deseo.

La complicidad era antigua, como el bosque que los rodeaba.

Se acercaron despacio, como si el tiempo obedeciera su ritmo.

脡l mandaba con un roce. Ella respond铆a con un suspiro.

La desnudez no era provocaci贸n, era entendimiento.

Un pacto secreto entre cuerpos que se conoc铆an m谩s all谩 de lo f铆sico.

Deseo, s铆.

Pero tambi茅n lealtad, locura compartida, intimidad sin m谩scaras.

El campo fue testigo. El r铆o guard贸 silencio

Y aunque el mundo no lo supiera, lo suyo era fuego silencioso, una complicidad que no se explica , solo se vive

Y la tarde se cerr贸 sobre ellos como una promesa cumplida.

Campirela_