En los momentos de desamparo, cuando la realidad se convierte en pesadilla, todos buscamos motivos racionales para sobrellevarla, pero raramente se encuentran. Por ello, cualquier acto que nos procure la sensación de que nuestra angustia está justificada y consiga sublimarla es lícito.
Aunque sea ilusorio.
Aunque sea nada
En realidad lamentaría no leer lo que casi no he escrito.
Quedo y superado por el escarnio de la juventud apisonada por la historia, permanezco.
Ennegrecido como forma de ser un blanco de prejuicios, como descendiente ateo de desaparecidos en cunetas, como racionalista de la confusión, como versador en tiempos de mesías, como devorador en época de fruición.
Discretas, las ventanas corren sus cortinas, la luz deserta de los siglos y las gentes y -queda- se despide sin un mal adiós.