miércoles, 21 de enero de 2026

Asorey

La vida cultural en Santiago está en vías de extinción, al menos en lo que a exposiciones se refiere. En la Ciudad de la Cultura las hacen de los de siempre: Castelao, Rosalía, Díaz Pardo, Maside, Laxeiro y vuelta a empezar. Esta vez tocaba Asorey, del que ya han expuesto miles de veces obras. Es un escultor que me resulta interesante: me llaman la atención sus obras. Tampoco me importa que durante el franquismo trabajara con encargos del régimen. En la exposición intentan blanquearlo relacionándolo con los galleguistas de los años 20 y 30. Pues vale.

A su exposición fui andando, bajando hasta la Colegiata del Sar y subiendo al monte Gaiás desde allí: casi echo los higadillos subiendo la cuesta donde han puesto el "Bosque de Galicia", doce mil árboles autóctonos (nada de forasteros, aquí eso vale). Hay una vista buena de la ciudad desde arriba, aunque yo estaba más preocupado de recuperar el resuello.

La exposición era decente, con obras suyas en madera y piedra. Salvo los bustos de gente concreta, la escultura religiosa y los monumentos civiles que hizo ya los conocía todos.

Le hice una foto a sus herramientas:

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Estaba la máscara mortuoria de Valle-Inclán, que impresionaba:

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Y le hice una foto a este libro porque que me gusta la portada. Lo habían puesto para asimilar y blanquear a Asorey, como si no se valiese solo por su obra:

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De la tierra sometida, es el título: échale un galgo.

No hice fotos de las obras, pero aquí tenéis un vídeo:

martes, 20 de enero de 2026

Más cosas que no entiendo

Me ha dado por ampliar la lista que hice en septiembre de las cosas que no entiendo:

-Las chirigotas de Cádiz.

-La deuda pública. Saber si es sostenible o se puede gastar como si no hubiera un mañana.

-El sistema de pensiones. Saber si es una estafa piramidal o no.

-El Máster de profesorado.

-Las reuniones de moteros.

-Los percebes.

-Los Carnavales en general y los carnavales de Galicia en particular: los generales del Ulla, cosas así.

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lunes, 19 de enero de 2026

Desde la última vuelta del camino I de Pío Baroja

Yo comenté aquí, con críticas, dos novelas de Baroja: El árbol de la ciencia y La busca. Parecía que iba a darle cerrojazo, pero un comentario de Vicente me llevó a curiosear en la época más tardía de su obra. Vi que teníamos Desde la última vuelta del camino en tres tomos y como eran memorias, me puse a leerlo. El primer volumen, que abarca tres partes de la división original, lo he terminado ahora. Lo he leído con gusto. 

Es Baroja diciendo sus verdades como muy a ras de suelo, a la pata la llana: frases breves, una retórica mínima. Opiniones, gentes, escenarios hasta principios del siglo XX. Comienza recogiendo citas tomadas de críticas a su obra y esa parte inicial se hace un poco pesada, pero luego entra en el relato biográfico y a mí me ha resultado todo esto muy entretenido de leer. No está la sordidez de esas novelas que comenté: hay de todo, presenta todo todo de modo más variado, más real. 

Va dejando muchos comentarios sobre la vida literaria. No quedan muy bien ni Maeztu ni Valle-Inclán. Muchos otros, da ya lo mismo que hable bien o mal de ellos, porque ya son solamente nombres que no nos dicen nada al 99 por ciento de los que leemos algo, no digo ya a la humanidad en general. 

Es curioso su retrato de sus primeras estancias en París, de un viaje a Londres. Su época de médico en Cestona es impresionante. El mundo literario de Madrid era como pequeñito: se conocían todos y se estaban todos echando a la chepa unos de otros: como ahora, supongo. 

Me dispongo a leer con interés los otros dos tomos.

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viernes, 16 de enero de 2026

jueves, 15 de enero de 2026

Andrea Mantegna, Camera Picta

Justo el martes pusieron en Smarthistory un vídeo largo (pero que me sigue sabiendo a poco), de la Camera PictaSala de los Esposos de Mantegna en Mantua, que yo visité en 2019, como conté en esta larga entrada con muchas fotos mías.

Es uno de los sitios que más me han impresionado en mi vida. Voy a tener que decir aquí lo tópico, que hay mucha diferencia entre verlo en directo y ver fotos o un vídeo, pero es solamente para dar envidia:
 

En el relato que hice hace seis años había puesto este vídeo también de Smarthistory, más breve, que se complementa muy bien con el otro:

miércoles, 14 de enero de 2026

La bendición de la tierra de Knut Hamsun

Vi que recomendaban esta novela y me animé, Hace años había leído Hambre, otra novela de Knut Hamsun: me impresionó, la recuerdo como muy realista, intensamente dura y vivísima en mi recuerdo por la descripción del hambre del protagonista. Esta, La bendición de la tierra, no sabía ni de cuándo era. No quise indagar nada sobre ella y me lancé a leerla sin más. Ahora he mirado y Hambre es de 1889 y La bendición de la tierra de 1917: toda una vida entre ellas, que explica un tono distinto. Esta última me recordó muchas veces a los libros de Jon Fosse, especialmente Trilogía. Es un modo de narrar como manso, dejando que vayan sucediéndose los acontecimientos, como si no pudieran ser de otra forma, pero con una gran espontaneidad en el modo de contarlos.

A partir de aquí iré contando cosas del argumento:

Las treinta primeras páginas son el inicio del mundo, de ese mundo de campo virgen junto a las montañas que Isak tiene que convertir en tierra cultivable, con un trabajo duro y constante, en un proceso de crecimiento hasta formar una granja con Inger, una mujer que empieza a vivir con él y con la que va teniendo hijos. Yo pensaba: ¿será todo así -no me hubiera importado- o habrá algún conflicto que surja? Pronto hay uno, tremendo, un infanticidio cometido con Inger, que tenía labio leporino, al ver que su tercer hijo es una niña con el mismo problema. Podría parecer una cuestión aislada, atribuible a una reacción brutal que se mezcla con la superstición, pero más adelante otra mujer comete otro infanticidio y ahí se extiende la acción para dedicarle páginas, en boca de otro personaje femenino, para rebajar la gravedad del hecho, envolviéndolo todo en el deseo de moderar las leyes penales. En cierto modo, era como los argumentos para despenalizar el aborto en esa línea: no se niega que sea malo, pero se comprende que eso pueda ocurrir.

No acabo de saber, me cuesta hacer una clasificación genérica, si esta novela es realista, de tesis o meramente descriptiva, pero la cuestión de los infanticidios la veo como decisiva: en un desarrollo de la vida que avanza de manera vamos a decir natural, estos crímenes son como bombas -o es que soy yo el que las ve así: infanticidios en la Noruega rural de principios del siglo XX en la línea del aborto como algo asumido desde los años 70 y hasta banalizado y glorificado incluso por algunos seres con los que tenemos que convivir.

He visto alguna crítica, después de leída la novela, y todos coinciden en temas como "la armonía con la naturaleza", "la sencillez de la vida del campo". No puedo verlo así, aunque algo de ambas cosas hay: las figuras femeninas, marcadas muy negativamente, rompen esa armonía. Lo que me pregunto es por qué: no sé cuáles eran los planteamientos de fondo de Hamsun, al que no me atrevo a aplicarle su entusiasmo por el nazismo retroactivamente, aunque ganas no me faltan. Lo único que puedo decir es que en la novela el horizonte máximo es el de una cierta inmortalidad en el sucederse de las generaciones y hay una cierta armonía en relación con la naturaleza (si nos fijamos en algunas figuras masculinas que trabajan el campo) y ahí se acaba todo.

Dicho lo cual, he leído la novela con gusto, aunque parezca que me contradigo: la pena de ver que en sus planteamientos de fondo era donde estaba su núcleo más endeble se compensaba en parte por la suavidad del modo de relatar, la facilidad con la que los sucesos se van narrando.

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martes, 13 de enero de 2026

El lunes más ordinario

Ayer, 12 de enero, lunes de la primera semana del Tiempo Ordinario en el Calendario Litúrgico, no se presentaba como un día prometedor: la previsión era de lluvia a rachas con viento, el cóctel mortífero (peor estarían en Santa Comba: casi 3500 litros en todo 2025, frente a los casi 1800 de Santiago) y lloviendo sobre mojado, dos meses de machaque de lluvia sobre lluvia en noviembre y diciembre, aunque también hubo unos días luminosos en Navidades. Ahora las borrascas se van sucediendo una a otra.

Pero ya a primera hora leí un texto luminoso de Gregorio Luri, sobre la vida liviana y la vida feliz.

Me desvié del camino habitual, a devolver un libro en de la Biblioteca Pública, con lo que hacía más largo el recorrido, dato positivo en mi plan diario de andar más, en el que llevo perseverando los últimos seis meses. Pasé delante de un colegio, donde a esas tremendas horas, las nueve y media de la mañana, tenían educación física, bajo cubierto, unos niños: lo que para mí eran recuerdos tristes, de días heladores en Burgos corriendo en círculo y preguntándome por la nada de la vida si la vida era eso, cuando tenía aquellas clases, en el caso de esos niños era un griterío feliz, como para alegrar la vida de un Scrooge que se hubiera mantenido indemne a la seducción de la Navidad.

Ya en la Facultad, me senté a ver qué tenía que hacer. Por una parte se me presentaban dos semanas de exámenes, es decir, dos semanas sin clase para mí, que podría dedicar a leer muchas cosas que tengo pendientes. En el debe, que tenía que ponerme con los sexenios, y en concreto a preparar las "narrativas", que tanta pupa me hicieron en la acreditación a cátedras. Las "narrativas" son unos textos en los que yo, sin abuela, tengo que cantar las excelencias de cinco publicaciones mías, con un máximo de 8000 caracteres por publicación, que son muchos elogios metidos ahí. Y ahí me entretuve toda la mañana, como tantas veces, a mirarme el ombligo y adornarlo para que sesudas comisiones me den el visto bueno. Luego ya si eso, la ciencia avanzará entre los resquicios.

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