Imaginé que el Serpa era una liga de superhéroes. Personajes creados a sí mismos, como pinturas meditadas tras una partida de cartas de los Superamigos. El Guasón con sus escasas cinco peleas ganadas viéndoselas contra un Superman invencible encima de una tabla sostenida por dos caballetes, castigado por el sol junto a frascos de cerveza caliente y paquetes medio vacíos de papas fritas. Un libro ajado de Manet, un pequeño anotador con grafitos de quién sabe quién y, a un lado, los resabios de un fuego agónico bajo los barrotes de una parrilla.
Los personajes de este mazo nacen de sí mismos y construyen sus propias series unitarias. Pero invariablemente crecen en el marco de un equipo. El Serpa nació como un palacio de la justicia cromática, y al tiempo creó a sus propias superentidades terrenales, indestructiblemente sensibles y faliblemente humanas.

35 x 50 Pintura – 10 de diciembre de 2016 (Foto: Liliana Navarro Ibarra)
Sobre el Serpa sobrevuelan bátmanes y hombres halcones, superchicas y linternas verdes, pero desafiando la tiranía de la continuidad, algunos serpianos se lanzan a la construcción de nuevas sagas con las cuales proseguir la historia. En mis días visitando el espacio de arte, Nicolás Guardiola emprendió un nuevo recorrido mediante la creación de un laboratorio hermético que lleva por nombre un símbolo. Transmutación y búsqueda del propio destino que confirman la cruzada. Matías Cosentino se reencontró con los trazos del lápiz y el universo de la ilustración le devolvió la fuerza, como a quien gritara ¡Shazam! Mientras tanto, en la oficina del comisionado, Juan Manuel Barrientos y Leandro Gutiérrez encendieron la serpa-señal que conduce al palacio de la justicia cromática y, el sábado 10 de diciembre, dieron inicio a la última muestra del año, el infaltable encuentro de artistas con obras pictóricas en formato mediano que fue bautizado en sus orígenes 35×50.
Superhéroes y archivillanos de diversas partes del terruño se convocaron en aquel espacio para interactuar y compartir sus planes de conquista o defensa figurativa del planeta. Anatomía, paisajes, óleos, acrílicos, tela, madera, arpillera. Fragmentos y totalidades en un festival de colores del que el Serpa fue justo anfitrión.
Hubo amigos, hubo refrescos, hubo el espíritu de Federico Fellini husmeando entre los vientos de La César Pavón Orkesta. Hubo observación y exploración en cada obra, en cada retrato, en cada anochecer y en cada incendio (simbólico o descarnado). Hubo pintura. Hay y seguirá habiendo Serpa.

Participantes:
Héctor Meana – Martín Prado – Fer Pietra – Santiago García Pilotto – Fernando Bellini – Pablo Zweig – Andrés Mendilaharzu – Martín Bustamante – Tata Monie – Juan Manuel Barrientos – Tobías Wainhouse – Sonia Kovalivker – Ricardo Ajler – Héctor Nichea – Fede Porfiri – Emiliano Catena – Pablo Suarez Olivera – Majo Caporaletti – Guido Mauas – Javier Infante – Ariel de la Vega – Joaquín Nudel – Leandro Gutiérrez – Juan M. Santana – Tomás Fracchia – Omar Isse – Mariano Perarnau – Ximena Paz – Bastién – Damián Crubelatti – Alejandro Pietrovito – Federico Milano – Alejo Boquet – Alejandro Manríquez – Adrián Paiva – Jorge Requena – Luis Canova – Florencia Bothlingk – Mauro Vento – Martín Palottini – Adrián Outeda – Carlos Muslera – Julián De la Mota – Mauro Gallina – Teresita Bravo – Marco Pinta – José Nelly – Hugo Lazzarini
35 x 50 PINTURA – 7a edición
Desde el sábado 10 de diciembre de 2016
EL SERPA espacio de arte – Pringles 1488
Palermo
Entrada libre y gratuita










películas, títulos, Charlton Heston, rostros. Perturbador descubrimiento cuando los objetos de lo cotidiano son lo borroso, lo que es difícil de observar, no por carencia de realismo, sino por el coqueteo con la explicitud de la pincelada, del impresionismo que de a ratos decae en la distorsión, que impone una máscara, que no deja ver el interior de quien crea, que funciona como coraza. Las películas, los rostros, los títulos, las arquitecturas monumentales, juegan desde un realismo más transparente, la reproducción de aquello que sí puede ser representado en todo su detalle, que no está oculto porque no participa de lo sagrado, porque es lo festivo, lo que se comparte. El símbolo permanece oculto, la mirada del caballo loco es una mirada religiosa. Sólo a través de las películas, los rostros y la arquitectura monumental se nos deja ver con claridad, sólo se puede ver desde la mirada de otros.

Matías Cosentino tiene mucho de punk rock, pero de ese punk rock de introspección melancólica que coquetea con lo que acá se conoció como sónico, indie y alternativo: sus pinceladas son acordes en downstroke, pero su mirada revela la nostalgia de un disco de Los planetas o de un aullido de los Peligrosos gorriones.

























La colgada de cuadros la realizamos durante la semana con ayuda de los otros amigos serpianos. Llegado el viernes, sólo restaba colocar el texto en el correspondiente panel de la galería. Nos tomamos nuestro tiempo y la bebida de nuestros vasos, y a minutos de la apertura de la muestra, un amigo del Serpa que había arribado hacía apenas un momento suplió mi impericia técnica y colocó junto a Leandro el afiche con el texto en el panel. Pudimos brindar nuevamente, serpianos y amigos, por la muestra ya dispuesta. Cuando el reloj marcó las 19:30, la exposición se dio por inaugurada.

