Soneto del Héroe Triste
Publicado: 29 julio, 2006 Archivado en: Sin categoría 1 comentarioNada sino tus ojos me da vida,
bello cristal de nístal que me engaña,
y es tu risa ideal tela de araña
donde quedo hecho presa contenida.
Por tu cuerpo huracán, cárcel dormida,
nenúfar de silencio que me daña,
ahora rompo el compás y no hay guadaña
que me siegue de ti, desconocida.
A la deriva vengo, dulce anhelo,
Sin rumbo, sin timón, sin esperanza,
sin luz, sin fe, sin aire, sin consuelo.
Y en la boca, sabor de amargo hielo,
que hasta intuyo tu vela en lotananza
y no atino a servirte de pañuelo.
Los Merrows
Publicado: 27 julio, 2006 Archivado en: Sin categoría 1 comentarioA los sirénidos irlandeses se les llama Merrows, y se les distingue de los otros seres moradores de los mares en que llevan gorro de plumas rojas para impulsarse hasta sus hogares en las aguas profundas. Si se les roba el gorro ya no pueden volver a sus líquidas moradas.
Los Merrows hembra son muy bellos y, como las otras sirenas, se aparecen como un presagio antes de la tormenta, pero son de naturaleza afable y a veces se enamoran de los pescadores mortales. Esto se explica por la extremada fealdad de los Merrows macho.
Pese a su aspecto inquietante, los machos poseen otros rasgos en compensación, pues por lo general son afables y joviales de carácter.
Lo mismo los machos que las hembras llegan a veces hasta la costa en forma de reses pequeñas y sin cuernos.
Lutey y la Sirena
Publicado: 27 julio, 2006 Archivado en: Sin categoría 1 comentarioEn otros tiempos, los pescadores de Cornualles solían peinar las algas acumuladas en la playa por si entre ellas había objetos valiosos arrastrados a tierra desde los muchos naufragios que eran el tributo impuesto por aquella cruel costa rocosa.
Un día, Lutey de Cury, que está próximo a Lizard Point, descubrió una adorable sirena varada en uno de los muchos charcos que forma la marea entre las rocas.
Era una preciosa criatura y le fue fácil convencer a Lutey para que la devolviese al mar en retirada. Apretándose contra él, le ofreció cumplirle tres deseos por su bondad, y Lutey, que era una buena persona, pidió primero tener la facultad de romper los embrujos; después, la facultad de obligar a los espíritus protectores de las brujas a hacer el bien a los demás, y tercero, que estas dos facultades las heredaran sus descendientes.
La sirena le concedió gustosa estos deseos, y en vista de que había elegido sabia y desinteresadamente, le añadió dos dones: primero, que nadie de su familia estaría necesitado jamás, y segundo, la forma de llamarla utilizando su peine mágico siempre que la necesitase. Le dio las gracias sinceramente y, llevándola en brazos sin esfuerzo, se encaminó hacia el mar.
Ahora bien, Lutey era un hombre bien parecido y fuerte. Y la sirena comenzó a sentir deseos de volverle a ver. Ella era una criatura realmente encantadora, con una pálida cabellera de tonos plateados, ojos grandes y verdes y una ronca voz líquida de gran dulzura. Cuando, por fin, llegaron a la orilla del mar, ella comenzó a suplicarle que se adentrase un poco más en el agua agarrándose a su cuello cuando se disponía a soltarla. Su voz era tan suave y tan dulce el movimiento de su cuerpo elástico entre sus brazos, que Lutey avanzó en el mar y se hubiera perdido para siempre si no hubiera sido porque su perro ladró furiosamente desde la ribera y le recordó a su esposa e hijos amados. Pero entonces la sirena se aferró a él con más fuerza queriendo arrastrarle hacia la mar gruesa, hasta que, al fin, Lutey desenvainó su cuchillo y la amenazó con él.
Era el cuchillo de hierro, metal repulsivo para los sirénidos, por lo que ella se lanzó rápidamente al mar gritando:
“¡Adiós, adiós!
¡Que sigas bien, mi amor!
Nueve años esperaré por ti
y te llevaré en mi corazón, amor.
¡Entonces, volveré!”.
Se realizaron todos los deseos de Lutey y su familia y sus descendientes se hicieron famosos sanadores. Pero también se cumplió la promesa de la sirena, ya que volvió a los nueve años del día en que la arrojó de sí. Pescando estaba con uno de sus hijos, cuando se alzó sobre las aguas verdes como sus ojos líquidos, agitó su sedosa cabellera y le hizo señas. Lutey se volvió hacia su hijo y le dijo: “Ya es la hora. Tengo que pagar mi deuda.” Pero no parecía nada triste al lanzarse al verde abismo con su amor de voz de plata.
También se dice que, desde entonces, cada nueve años se pierde en el mar un Lutey de Cury. Pero si se marcharon tan gozosamente como el primer Lutey, eso nadie lo sabe.
Las sirenas
Publicado: 27 julio, 2006 Archivado en: Sin categoría 1 comentarioLas sirenas seducen con sus cantos fascinadores a sus adoradores humanos.
Desencadenan tormentas que hacen zozobrar los barcos y se las ve con frecuencia peinando su larga cabellera y contemplándose en los espejos
Encontrar un alma
Publicado: 13 julio, 2006 Archivado en: Sin categoría 1 comentarioQuería más. Se moría por sentirlo dentro de su cuerpo. Por reclamarlo como ninguna mujer lo había hecho jamás en más de dos mil años. Quería su corazón.
No, sus deseos iban más allá: quería reclamarlo como ninguna mujer lo había hecho jamás. Quería ser todo lo que él necesitaba: su aliento, su corazón y, sobre todo, su alma perdida.
Ansiaba devolverle su alma. Rescatarlo de su sufrimiento. Liberarlo de su pasado.
Esa noche, ella sería su consuelo.
Fragmento extraído del libro “Placeres de la noche”, de Sherrilyn Kenyon