

Ya no seré yo, sino el que muere lejos.
Norge Espinosa Mendoza
En la Cuba “revolucionaria” de 1980 se produjo un masivo éxodo de ciudadanos cubanos, huyendo literalmente por el puerto del Mariel hacia el “enemigo del norte”, que representó un gigantesco puente marítimo de un pueblo que escapaba del ya entonces fracasado modelo estalinista; copiado burdamente por el castrismo desde los años 60.
Lo cubanos que huyeron en esa estampida popular ya no eran batistianos ni siquiera latifundistas o burgueses. Mucho menos comerciantes o propietarios, pues ya todos habían sido eliminados. En realidad, por el Mariel salió el pueblo llano y pobre (trabajadores, funcionarios, estudiantes, etc.) porque para esa fecha ya en la isla no quedaba ningún vestigio del capitalismo prerrevolucionario (que fue erradicado entre 1960 y 1968). Tampoco había “cuentapropistas” ni “emprendedores”, porque en ese año todo el pueblo cubano trabajaba para el Estado opresor y, sencillamente, esta descomunal huída a través del Estrecho de la Florida fue una gran espantada (unos 125.00 cubanos) que buscaron el camino de la libertad y el progreso que se les negaba en su patria.
En esa trayectoria de días (una verdadera odisea) salieron decenas de escritores, pintores y artistas cubanos. La lista de autores cubanos que se marcharon en ese inmenso éxodo ha crecido por su obra intelectual posterior, publicada ya en exilio, y que hoy son reconocidos en sus respectivos campos de creación, conformando orgullosamente la extraordinaria generación del Mariel.
No obstante, debemos resaltar -con rotundidad- que estos compatriotas jamás fueron emigrantes, sino cientos de miles de nuevos exiliados políticos, sumándose a un largo exilio histórico que ya contaba con varios millones desde 1959. Vale recordar que las autoridades norteamericanas consideraron a esos ciudadanos cubanos como solicitantes de asilo y no los catalogaron como emigrantes económicos, sino como refugiados.
Solo la lista de creadores e intelectuales cubanos que escaparon en esa arriesgada travesía es una muestra de la gran pérdida de apoyo popular que afrontaba el régimen castrista tras los sucesos de la embajada del Perú y su consiguiente éxodo marítimo.
Reinaldo Arenas en Betania

Como nuestra casa editora se fundó siete años después de esos hechos históricos, en 1987, no fue hasta finales de los 80 y principio de los 90, que publicamos a algunos autores de este bien valorado grupo exiliado, como la poesía casi completa del ícono de esa generación, el narrador y poeta cubano Reinaldo Arenas (Holguín, 1943- Nueva York, 1990):Voluntad de vivir manifestándose (1989) y Leprosorio. Trilogía poética (1990). También los poemarios de «marielitos»: Acrobacia del abandono (1988) de Rafael Bordao y Venías (1990) de Roberto Valero. Además, de Arenas publicamos otros dos libros: Conversación con Reinaldo Arenas (1990) del profesor cubano Francisco Soto y el libro de documentos: Un plebiscito a Fidel Castro (1990) en colaboración con el reconocido pintor cubano Jorge Camacho, como coautor. La edición de este libro fue un proyecto personal de Arenas, al cual dedicó -con sumo ahínco- sus últimos meses de vida. Obra que se difundió gratuitamente entre intelectuales españoles e hispanoamericanos, preferentemente políticos y periodistas, escritores y profesores, etcétera.
Ejemplares impresos de estos cuatro libros mencionados los recibió su autor en su apartamento de Nueva York (antes de su suicidio) y me consta –como su editor- que se involucró en su difusión y promoción, dentro de las posibilidades de ese momento final de su vida. Un año antes de su partida, visitó Madrid donde Betania organizó una presentación de su ya mencionado poemario Voluntad de vivir manifestándose en la prestigiosa Tertulia Literaria Hispanoamericana, dirigida por el ya fallecido poeta español Rafael Montesinos; celebrada en noviembre de 1989 en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) de Madrid.
Como simpática anécdota de esa velada madrileña (y noche cubana, porque asistió casi toda la nutrida colonia de intelectuales cubanos exiliados, encabezados por Gastón Baquero -sentado en primera fila- además de José Mario, Pío E, Serrano, Luis Cartañá, Waldo Balart, Pancho Vives, Edith Llerena, Carlos Manuel Suárez Radillo, etcétera) recuerdo que en medio de la lectura se fue la luz y Reinaldo Arenas que leía con su cadencia habitual, gritó, como horrorizado. “¡Dios mío, por un momento pensé que todavía estaba en Cuba!” y siguió declamando sus poemas –de memoria y sin luz- lo que motivó que tan pronto se acabara el apagón, un sonoro aplauso del público le premió por continuar leyendo a pesar de la adversidad de la oscuridad.
Además de estas obras de Arenas en Betania, hay que señalar que poemas suyos fueron seleccionados por Felipe Lázaro para la antología Poetas cubanos en Nueva York (1988) con prólogo del profesor cubano José Olivio Jiménez: “Aportes”, “Sinfonía”, “Premio”, “Cuando te dijeron”, “Un cuento” , Esas espléndidas diosas” y “Voluntad de vivir manifestándose”. También, Lázaro seleccionó poemas de Arenas para Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos muertos en el exilio, 1959-2002 (2003 y 2026) con prólogo del poeta cubano Manuel Díaz Martínez y Prefacio de la escritora cubana Uva de Aragón: “Aportes”, “Voluntad de vivir manifestándose”, Cuando le dijeron”, “Mar”, “El otoño me regala una hoja” y “Autoepitafio”.
Referente al libro de poesía Voluntad de vivir manifestándose, este se divide en cuatro partes: Esa sinfonía que milagrosamente escuchas, Sonetos desde el infierno, Mi amante el mar y El otoño me regala una hoja, mientras que el poemario Leprosorio. Trilogía poética tiene tres divisiones: El Central (Fundación), Morir en junio y con la lengua afuera (Ciudad) y Leprosorio (Éxodo). Es de destacar que Arenas sumó a esta segunda entrega betaniana su primer poemario publicado con anterioridad en España: El Central (Barcelona: Seix Barral, 1981). O sea, que estos dos poemarios betanianos (Voluntad… y Leprosorio) reunían toda la producción poética de Arenas hasta la edición de Inferno. Poesía completa (Barcelona: Lumen, 2001) y su segunda edición (Argentina, 2018) con prólogo del escritor cubano Juan Abreu.
Algún crítico ha señalado de Arenas fue un poeta tardío porque publicó su primer libro de poesía –el citado El Central (1981)- a sus 38 años, pero con toda certeza podemos afirmar que ya escribía poesía desde su llegada a La Habana a principio de los años 60, aunque no la pudo publicar por la represión imperante. Como se sabe, él publicó su primer libro con 24 años: su reconocida novela Celestino antes del alba (1967), única obra publicada en la Cuba castrista, pues su segunda novela El mundo alucinante (1969) la tuvo que publicar en el extranjero y con su destierro de 1980 publica (en cascada) toda su magnífica obra: innumerables novelas y libros de cuentos, ensayos y teatro, además de su mencionada poesía que suman una extensa bibliografía y lo convierten en una de las voces literarias más representativas del siglo XX cubano.
Sin embargo, como autor cubano (él siendo tan cubano y guajiro confeso) tuvo que publicar la mayoría de su obra literaria en el destierro hasta su temprana muerte a los 47 años en su exilio neoyorkino (1990) cuando hizo pública su estremecedora carta de despedida, donde culpaba al dictador Fidel Castro de su tragedia personal y la todo un pueblo.
Hoy en día, no solo sus libros siguen censurados por el oficialismo cultural castrista y no se publica nada de él, sino que su obra está prohibida y borrada, como si no existiese, pero todo este intento represor ha sido en vano, pues Reinaldo Arenas ya es un símbolo de la lucha de los cubanos por su libertad.
35º Aniversario de su muerte en el exilio
Al cumplirse otro aniversario del fallecimiento de Reinaldo Arenas (un 7 de diciembre, como la muerte de Maceo) hay que destacar que su trayectoria literaria ya ha trascendido a su muerte con una obra espléndidamente lúcida y rebelde, atrevida y contestataria, profundamente cubana, de una constante oposición al régimen del 59. Su genuina literatura siempre ha sido disidente y su narrativa, poemas, ensayos y teatro han desafiado a todo poder represor, pero, sobre todo su vida y sus obras son irrefutables testigos y veraces testimonios que condenan al Estado totalitario castrista que lo machacó sin piedad -lo trituró en vida- tanto en la isla, como en el exilio.


DOS POEMAS DE REINALDO ARENAS
Aportes
Carlos Marx
no tuvo nunca sin saberlo una grabadora
estratégicamente colocada en su sitio más íntimo.
Nadie lo espió desde la acera de enfrente
mientras a sus anchas garrapateaba pliegos y más pliegos.
Pudo incluso darse el lujo de maquinar
pausadamente
contra el sistema imperante.
Carlos Marx
no conoció la retractación obligatoria,
no tuvo por qué sospechar que su mejor amigo
podría ser un policía,
ni, mucho menos, tuvo que convertirse en policía.
La precola para la cola que nos da derecho a seguir en la cola
donde finalmente lo que había eran repuestos para presillas
(“¡Y ya se acabaron, compañero!”)
le fue también desconocida.
Que yo sepa
no sufrió un código que lo obligase a pelarse al rape
o a extirpar su antihigiénica barba.
Su época no lo conminó a esconder sus manuscritos
de la mirada de Engels.
(Por otra parte, la amistas de estos dos hombres
nunca fue “preocupación moral” para el Estado).
Si alguna vez llevó una mujer a su habitación
no tuvo que guardar sus escritos bajo la colchoneta
y, por cautela política,
hacerle, mientras la acariciaba, la apología al Zar de Rusia
o al imperio Austrohúngaro.
Carlos Marx
escribió lo que pensó.
Pudo entrar y salir de su país.
Soñó, meditó, habló, tramó, trabajó y luchó
contra el partido o la fuerza oficial imperante en su época.
Todo eso que Carlos Marx pudo hacer pertenece ya a nuestra prehistoria.
Sus aportes a la época contemporánea han sido inmensos.
(La Habana, junio de 1969).
Voluntad de vivir manifestándose
Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra
y piedra
que me cubre.
Me aplastan y vituperan
repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.
(Prisión del Morro, La Habana, 1975).
Estos dos poemas pertenecen al libro Voluntad de vivir manifestándose (Betania, 1989).
Bibliografía de Reinaldo Arenas:
Poesía: El Central (1981), Voluntad de vivir manifestándose (1989), Leprosorio. Trilogía poética (1990) e Inferno. Poesía Completa (2001 y 2018).
Narrativa: Celestino antes del alba (1967), El mundo alucinante (1968 y 1969), Con los ojos cerrados (1972), El palacio de las blanquísimas mofetas (1980), La vieja Rosa (1980), Termina el desfile (1981), Cantando en el pozo (1982) es otra edición de Celestino antes del alba, Otra vez el mar (1982), Arturo, la estrella más brillante (1984), La loma del Ángel (1987), El portero (1989), Viaje a La Habana (1990), El color del verano y El asalto (1991), Antes que anochezca (1991), Adiós a mamá (1993), entre otras.
Ensayo: Necesidad de libertad (1986), Un plebiscito a Fidel Castro (1990) con Jorge Camacho, Conversación con Reinaldo Arenas (1990).
Teatro: Persecución (1986).
Revista: Mariel (1983-1985).
Algunos libros sobre Reinaldo Arenas: El desamparado humor de Reinaldo Arenas (1990) de Roberto Valero, Reinaldo Arenas: Recuerdo y presencia (1994), A la sombra del mar: Jornadas Cubanas con Reinaldo Arenas (1998) de Juan Abreu, Ideología y subversión: Otra vez Arenas (1999) de Reinaldo Sánchez y Humberto López Cruz y La sátira, la ironía y el carnaval literario en Leprosorio (Trilogía poética) de Reinaldo Arenas (2002) de Rafael Bordao, entre otros.
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Libros de Reinaldo Arenas en Betania (disponibles):
Voluntad de vivir manifestándose(1989), 128 pp. Colección Betania de Poesía. PV: 15.00 euros.
Leprosorio. Trilogía poética (1990), 144 pp. Colección Betania de Poesía. PV: 15.00 euros.
Un plebiscito a Fidel Castro (1990), 152 pp. Colección Documentos. PV: 15.00 euros.
Conversación con Reinaldo Arenas (1990), 72 pp. Colección Palabra Viva. PV: 10.00 euros.













