No es un Amor pasajero ni condicionado, sino una fuerza viva, silenciosa y eterna que irradia desde lo más profundo del Alma. Es como si la existencia entera respirara a través de nosotros, y cada mirada, cada palabra y cada acto se impregnara de una luz que no busca poseer, sino revelar.
El Amor verdadero no se impone, se expande. No domina, eleva. No exige, comprende. Cuando habita en el corazón, todo juicio se disuelve como la niebla ante el amanecer, y emerge una visión clara: todos somos parte de una misma fuente luminosa. Ya no hay separación entre “yo” y “el otro”, porque el Amor nos hace recordar la Unidad.
En ese estado la mente deja de ser tirana y se vuelve servidora del Espíritu. Las heridas encuentran espacio para sanar, y las sombras dejan de ser enemigos para convertirse en maestros. El Amor transforma nuestra presencia en un templo vivo, donde cada gesto cotidiano puede ser un acto sagrado.Cuando el poder del Amor mora en nosotros, no necesitamos convencer a nadie: simplemente somos. Y en ese Ser, el mundo cambia…no porque lo forcemos, sino porque el Amor, al manifestarse, ordena todo a su manera divina.
“No hay fuerza más transformadora que un corazón habitado por el Amor. Desde allí, toda la creación encuentra armonía.”
Que sea un mes lleno de mucho amor y prosperidad para todos.
Un infinito abrazo de luz.



