sábado, 17 de enero de 2026

La avaricia rompe el saco.




Tenía su estanco en la esquina de casa, allí iba  todos los jueves a comprar lo último del Capitán Trueno y el Jabato, bueno alguno de Azucena también, eran de una cursilada que en aquel entonces era incapaz de captar, hablaban de príncipes y hermosas doncella, también tebeos de Carpanta, que era uno que se comía todo porque siempre tenía hambre, todos los Colorines colgaban de una liña cada uno con su traba de la ropa. Era el estanco de doña Armanda.

 

Después iba a la Venta de doña Carmita, compraba medio paquete de mantequilla, medio kilo de azúcar, envuelto en papel de una manera muy especial, unas papas y unos huevos. Lo metía todo en una bolsa de tela que le daba su madre y volvía a casa.

 

Han pasado unos años desde aquello, ahora las bolsas son de plástico, los cuentos son de aluminio, cobre, plástico, cobalto, tungsteno, plata, neodimio, paladio… la infancia juega con coches de plástico, muñecas  Barby articuladas con ropa de marca que tienen novios que se llaman Kent con coches carísimos para lucirlas por la ciudad, recuerdan a las princesitas y los príncipes de antaño, la misma limpieza mental.

 

Cuando esta infancia crece quiere seguir viviendo aquel sueño de plástico, pero en muchos, muchos casos no es posible, así que se inventan  unos Viernes Negros donde casi todo es asequible. Compran coches, viajan, se hipotecan por encima de sus posibilidades, van envejeciendo, pero no quieren, así que recurren a cirugías e implantes, compran todo tipo de mejunjes para paliar el paso del tiempo.

 

Pero, según muchas opiniones, los que han provocado el CAMBIO CLIMÁTICO son

las generaciones anteriores, aquellas que leían en papel y acababan con los árboles, aquellas que zurcían un calcetín para seguir usándolo, aquellas que lavaban compresas y las reutilizaban, aquellas que tenían tres vestidos para ponerse los domingos porque el resto de semana iban de uniforme, que heredaban de sus hermanas mayores todo lo que se podía aprovechar, aquellas que caminaban a los colegios y a los trabajos porque sus papis no tenían coche para llevarlas, aquellas que bebían una Coca Cola en Navidad y se sentían transportadas a un mundo mágico de burbujas.

 

Hemos convertido todo en negocio y no queremos cambiar, es la triste realidad, nos creemos los propietarios de la naturaleza, en nuestra supuesta superioridad, despreciamos todo lo que realmente es vital para nosotros, hasta que llegue el día en que será un hecho que no podemos comer cemento, ni coches, ni perfumes, ni plástico.

 

 

 

 

 

martes, 13 de enero de 2026

Fortunas


 

Te puedes hacer de oro, Antonio, escuchó en medio de aquel batiburrillo de conversaciones cruzadas. ¿Cómo se podría conseguir eso? La verdad es que lo veía bastante complicado en su caso, con un sueldo mínimo, Eva cobrando el subsidio y dos hijos…lo tenía crudo. Pero en aquellas cenas navideñas había que hablar de algo, claro. 

 

Terminó su copa, y se despidió, salió al frío de la calle, al frío de su realidad, cruda y dura, sin oro, con escaso margen para afrontar sus obligaciones. Luego pensó en su pequeña familia y sonrió, a lo mejor ya estaba hecho oro.

Las expectativas.

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Las expectativas son los deseos que guardamos allá en lo más profundo de nuestro ser y que nos hacen desear que los otros sean como nosotros esperamos o creemos que tienen que ser. Pero, no es así, la mayoría de las veces no se cumplen esas esperanzas y nos decepcionamos. ¿Es culpa del otro o nuestra?

Partiendo de la base que no debería haber sentimientos de culpabilidad, pues para mi forma de pensar, son lo peor que se puede sentir, lo más inteligente sería tomar al otro como es, no querer que sea la imagen que ilusoriamente nos hemos formado nosotros, nos ahorraríamos tantos sinsabores... la otra persona, al sentir que no está siendo como tú quieres, también se siente mal y esto es el cuento de nunca acabar.

Así que una propone, pero si el otro o la otra no reacciona como esperábamos, simplemente aceptamos, sin rencor, cada ser es una individualidad que aporta precisamente eso que es, no hemos de darle más vueltas. Sencillamente aceptar lo que es.




lunes, 24 de febrero de 2025

El despertar tardío.



Hallábame yo en mi gimnasio entrenando mi cuerpo serrano  cuando al encontrar uno de los ejercicios propuestos muy difícil,  de broma, comenté a mi entrenador de unos veintimuchos años que pronto me iría a hacer ejercicios más sencillos al Club de la Tercera Edad, pues con mis setenta y cinco añazos no me veía yo para mucho más tiempo con esa marcha gimnástica,  a lo que me contestó: -Pues mi abuela,  de setenta y dos años ya quisiera yo que tuviera tu agilidad y fuerza además de tu actitud,  siempre le digo que se mueva,  pero ella no hace caso-


Después de oír esas palabras fue como un despertar a la vejez, es más,  como un mazazo. ¿Su abuela? Pensé,  de repente me dí cuenta de que ya no estoy a la altura de sus madres, no, sino de sus abuelas. Alucinante,  pero,  la culpa de todo esto yo sé quién la tiene. Mis hijos, que me ha hecho abuela tan tarde y claro,  con nietos tan pequeños yo estaba segura de que era una joven,  pero no, hoy me han abierto los ojos a mi realidad.  Ahora tengo que empezar a aceptarlo, me va a costar porque no me siento vieja en absoluto,  me encuentro en una etapa tremendamente fructífera y llena de energía,  no entiendo cómo he llegado hasta aquí,  no me lo creo. Voy a mirar en Google a ver si encuentro una explicación. 

miércoles, 12 de febrero de 2025

Resiliencia vital.

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 En su caso, el único maltrato que había sufrido por parte de un hombre había sido el abandono del progenitor. No es poca cosa, pues deja una marca indeleble en la vida de cualquier persona.

Con los años trató de entenderlo, y lo buscó, lo buscó por medios oficiales, pues ni sus tíos, hermanos del sujeto en cuestión le quisieron dar su ubicación. Le escribió, pero ni él mismo supo justificarse, muy al contrario devolvió todo su veneno en frases lapidarias que ni siquiera quiere repetir.

Pero, fue un camino de aprendizaje temprano que la ayudó a crecer, a aprender que no todos los hombres son así, que se puede confiar, tener esperanza, amar sin miedo, levantarse y seguir erguida por la vida.



lunes, 10 de febrero de 2025

Seres digitales.



Todos somos libres. Nos diferencia la forma en que elegimos ejercer nuestra libertad.

En cien años no seremos nada, nadie nos recordará, nuestra huella habrá desaparecido. Pero hoy, ocupando ese pequeñísimo espacio que la vida como la entendemos nos proporciona, nos creemos el centro del universo y no dudamos en aprovechar cualquier resquicio de opulencia, nos merecemos todo y más.

¿Qué nos ha pasado? ¿Cómo hemos derivado en tamaña desproporción? ¿En qué momento nos convencimos de nuestra superioridad? Hace muy poco que éramos más sencillos, que disfrutábamos mucho más con mucho menos, que reíamos más, hablábamos los unos con los otros, teníamos TIEMPO con menos ayudas, escribíamos largas cartas contando nuestras anécdotas y el receptor nos leía, leía nuestras letras escritas a mano a veces ilegibles, pero nos esforzábamos porque era interesante saber del otro.

Creímos falsamente que estábamos evolucionando, no está siendo así, creo yo. Hemos convertido la vida, las emociones, las virtudes y los fallos, los sentimientos, en meros espectáculos para entretenimiento de los demás, hemos digitalizado nuestras vidas para ir más rápido ¿Hacia dónde? Quizá ya no cortamos tantos árboles para hacer papel, ahora tenemos guerras y abusos por el coltán y otros minerales necesarios para continuar con nuestra falacia.

Sin duda están siendo de ayuda las nuevas alternativas, pero todo en su justa medida,  sería bueno recapacitar sobre toda nuestra actualidad. Por nosotros y por las nuevas generaciones. 

Hoy quiero romper una lanza por la escritura a mano, con lápiz, bolígrafo o pluma, por eso este pequeño homenaje a esos utensilios que tanto nos ayudaron y, según parece, nos siguen ayudando, pues según estudios mejora la memoria, la comprensión y la capacidad de retención. ¿Lo intentamos?

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