martes, 18 de enero de 2011

Fugaz

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Los lugares adquieren importancia, como todo en esta vida, en función de cómo los percibimos.

Una noche me encontré en la trastienda de una tienda de recuerdos para turistas al pie de las pirámides de Gizah. La familia que unos minutos antes trataba de venderme cosas fabricadas en Taiwan con motivos egipcios me invitó a tomar un té. Les había dicho dos cosas: que no me interesaba comprar nada y que era español. Jugaba el Barça y a mí me importaba un carajo; pero el fútbol tiene este poder de abrir puertas y conversaciones por esos mundos. A través de la ventana, entre reflejos verdes y rodeado de uys y gooooles en árabe, podía ver las tres pirámides de los libros de historia y las películas, las que tanto me impresionaron, iluminadas para el espectáculo nocturno que preparan para los visitantes que quieren pagar por verlo. Yo no podía dejar de mirar por la ventana cuando me daban una tregua en su empalagosa hospitalidad. Para ellos, sin embargo, las pirámides y su lucha contra el tiempo, perdida según dicen, eran poco más que el bloque de enfrente. Así es la vida. Lo que importa no es la realidad, lo único que cuenta es cómo la percibimos.

Estoy aburrido de pasar por Atocha. Estaba. Ahora, cuando puedo, dedico un momento a pararme ahí mismo y darme cuenta de que alguien creó un espacio singular y de mucho mérito.

Desde que alguno de mis amigos ha decidido morirse antes de tiempo me estoy planteando mirar más las pirámides, por muy cerca que estén.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Mañana batalla.



Tomó la novela, la olió y pasaron doce años por sus narices, observó detenidamente su propia firma y la fecha. Intentó recordar en qué lugar vivía entonces, dónde compró el libro o tal vez a la persona que se lo regaló. En la portada una hermosa mujer joven se apoya en la grupa de una cebra, lleva un jersey de punto, una cadena con un camafeo -era un camafeo- y descansa su cabeza sobre el puño derecho, la mirada perdida, sueña o recuerda o espera, es rubia y su rostro es antiguo, sus labios deseables. La cebra sólo muestra un ojo a causa del encuadre y una absurda -para toda cebra que se precie- rienda parcial de cuero sugiere un tíovivo ausente.

Al final resulta que todo es absurdo si lo piensas bien.

En "Mañana en la batalla piensa en mí" el que iba a cenar y retozar se encuentra con una muerta y un niño de dos años que no quiere dormirse. Un papelón, vamos. De ese libro es la imagen de la cebra con la pensadora-soñadora.

Sí, todo es absurdo si lo piensas bien.

Tengo anotada una frase que leí por ahí que dice que "la diferencia entre ficción y realidad es que la ficción debe tener sentido"

sábado, 18 de diciembre de 2010

Lluvias


Eran lluvias calientes aquellas lluvias.

La primera me impresionó. La de aquella playa turquesa, o no, me paró el corazón justo en el ventrículo donde luego cayó el rayo que dejó esta cicatriz y la siguiente vez que la vi no estabas tú y era una foto. La segunda me asustó como los relámpagos asustan a Trufa, la perra que no sabe que lo es. La que duerme conmigo y cuyas pesadillas me despiertan algunas noches con ladridos apagados y tiriteras. Qué soñará mi perra. Otro día fue una carretera a medio asfaltar y un cobertizo de cañas que se quedarán allí, ya para siempre.

Hoy la lluvia es esta calle limpia a la que me asomo desde las alturas con los auriculares, Sabina y reflejos azules en la ventana azul. Humo blanco. Y no hace frío.

Tantas cosas que contar y no poder hacerlo.


miércoles, 13 de octubre de 2010

Navegaciones y descubrimientos.


Miedoso Cerval nació en Rincón de la Victoria, provincia de Melonia Occipital en el año de la Derrota de 345'34 (según el calendario Mah Arón), hijo de un cromagnon ebrio y una australopitecus albina. Desde muy pequeñito desarrolló habilidades para la cocción sin par de la haba, el canto desafinado y la estrategia del camuflaje.

Cuando cumplió los ciento doce suspiros amontonó, un mediodía como otros, maderos desusados, telas desarrapadas y cabos del golfo y construyó un navío de tres puentes. Lo bautizó con sifón con la inestimable ayuda de Sue Madrina con el nombre de "Barco" y se hizo a la mar llevando un petate que contenía un ejemplar de "La carta esférica" de Pérez-Reverte, otro del "Corazón de Ulises" de Reverte sin Pérez y unas páginas amarillas de Guanahani, por si acaso, dijo. Olvidó por dejadez en el aparador, junto al recuerdo de Calahorra, la brújula, las cartas náuticas y el botijo.

Todos decían que su empresa sería un fracaso. Bueno, todos menos Sue, que era sabedora de pro y oriunda de Alfarnatejo, ambas cualidades, bien sabido es, tendentes a dotar a las criaturas de profunda clarividencia.

Cuando la nao capitana, y única, de Miedoso Cerval superó el rebalaje y dejó de oscilar pendular y peligrosamente puso rumbo "pallá". Adoptó su capitán, tripulante y polizón una estudiada posición fetal y se dejó llevar. Cuando cesaron los temblores, angustias y agonías que atenazaban su corazón, Miedoso tomó el timón, y sabiéndose solo escupió por la borda correcta, miró al horizonte y se dijo: " a tomar por culo ".

Llegó una tarde, a las siesta y cuarto, a una isla bonita y rodeada de agua por todas partes menos por el suelo. Soltó el ancla. Se escondió durante dos horas y asomó la cabeza cuando se le pasaron las ansias nerviosas. Lo que vio le dejó pasmado: un equipo de "CNN Plus Ultra" estaba retransmitiendo en directo el descubrimiento de aquellos pagos a cargo de un pavo con peluca y mal olor corporal llamado Colón que decía no se sabe qué necedades.

Como no le interesaban los realities, hizo un grandísimo corte de manga tras asegurarse de que no le veían y siguió viaje; pero antes arrojó por la borda la guía de teléfonos.

Sin darse importancia, claro.


domingo, 10 de octubre de 2010

Libros por escribir.


La tarde se ha desvanecido tranquila, escribió mirando a poniente. Ejecutó por enésima vez su tic, se levantó con un escalofrío y se fue a la casa en la que vivía pensando que un día podría ir a casa.

Los colores del atardecer en este pueblo son increíbles, pensó. Hizo una foto con el móvil, exhaló una bocanada con sabores de ajo y ginebra y siguió caminando. En su bolsillo tintineaban unas llaves.

Mira, mamá, el cielo está rojo. Y vio naves interestelares surcando universos llenos de vacíos y distancias minimizadas por su metro veinte y su esperanza desconocida. Su cara lucía tremendos churretes.

Madre mía, qué precioso atardecer, se dijo. Se agachó para recoger la pelota, comprobó que llevaba la bici, la rebeca, los patines y la niña. Miró a su marido que, escondido tras unos auriculares, estaba en el fútbol. En cualquier parte menos con ella.

Levantó el vuelo sacudiéndose. Sintiéndose cada vez más ligera, de reojo vio ponerse el sol y enfrentó su cuerpo a sus últimos rayos. Picó de nuevo como sólo lo saben hacer los cormoranes y se zambulló tras el último boquerón de plata.

Borracho, sucio de seis días sin agua, mirado con desprecio y sintiéndose el más feliz de los hombres sacó la cabeza por entre los plásticos improvisados entre dos barcas y se tumbó a ver llegar la noche. El contenedor de la hamburguesería será hoy.

Cogidos de la mano se miraban emocionados porque mañana no hay instituto y podrán verse de nuevo, como este verano. Y harán planes que no cumplirán y sentirán aquel pellizco.

Y todos envueltos por la misma luz, cada uno con su libro por escribir.











lunes, 26 de julio de 2010

Antonio Atónito

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Dicen las comadres y los copadres de Rincón de la Victoria que una vez veraneó en el pueblo un personaje llamado Antonio Atónito que llegó un día primero de julio con una maleta de cartón, unas gafas de sol de cuello vuelto y una bandurria.

Por lo visto por quienes lo vieron, se abrió la puerta del aLtobús, salieron los del interior como empujados por chisporroteante torrente achampanado, se lanzaron sobre las hamacas y detrás salió Antonio, lento, cargado de hombros, estrecho de pecho y con pies de plomo, se quedó mirando el mar, soñó y entonó esta tonada con aires de bossaboba:

Toda mi vida soñé
con poner en la orilla mis pies.
Olas, gaviotas y arenas
sepultarán todas mis penas.

ESTRIBILLO

Ole, ole, ole.

BISES

Acto seguido fue detenido por las fuerzas y cuerpos de seguridad del municipio, esto es, por Mauricio el costalero mayor, alguacil, ventero y resucitador de amores imposibles que le presentó ante las justicias, a la sazón, Don Justo Perdido, que le impuso, en calidad de imponedor, la pena de hombre, multa y accesoria de cosquilla con pluma de rana por los delitos de desazón colectiva, atentado contra la rima simétrica, descojonación másIVA y perturbación del medio ambiente.

Tras cumplir su deuda con la ciudadanía, pudo, por fín, Atónito, remojar sus corvas y entresijos en las playas litorales de nuestra costa playera y lo hizo con pompa, ceremonia y boato, como era de imaginar: se postró arrodillado en la orilla, pero siendo como eran las 19'34 le asaltó la ola de rigor y fue a dar con sus huesos y su bandurria a doce metros de distancia con grandes aspavientos, ahogos y recomposiciones vergonzosas, sin que ello menguase un ápice su afán mediterráneo y meridional. Retomó la posición con elegancia y disimulo, extrajo un pañuelo preventivo y observó la luna llena, la curva de la playa, El Tajo y empezó a hacer unos pucheros tristísimos, seguidos de graves aspiraciones nasales y una lágrima que cayó en la arena.

Qué espectáculo, qué emoción aún comentan por aquí. Antonio Atónito estuvo treinta días con nosotros y los treinta repitió el espectáculo: corría por la mañana hasta su lugar preferido (el único que conocía en la playa), clavaba la bandurria, se aproximaba a la orilla y prorrumpía en desconsolado llanto. Unos dicen que pensaba en el fin del verano, otros que el mar le había oxidado el seso, otros que una enfermedad natal y testamentaria le hacía refractario a la felicidad.

Yo no sé qué le pasaba a este veraneante, pero la idea de marcharse de aquí debe ser dolorosa para ellos, los pobres. Y eso que no saben lo bien que estamos en invierno.

Va por ellos. Los pobres.


sábado, 19 de junio de 2010

Oasis.


Cuando las gallináceas corean el sálvese quien pueda, cuando los medios se lanzan basura y contrabasura unos a otros y, en medio, los ciudadanos tienen que pagar a incompetentes, chorizos y mangurrinos de la más siniestra sinvergonzonería uno tiene que buscar oasis, como esta 3ª Sinfonía de Brahms o Sefarad de Antonio Muñoz Molina.

Este mundo nuestro, que es el sueño de medio mundo, está angustiado por una palabra de seis letras que queda en segundo plano contrapicado cuando empieza un partido de fútbol. Vivimos en el país de la histeria, de las alertas amarillas por si acaso, de la desesperación angustiosa y deprimida del exceso y el aburrimiento.

No vio este rinconero mucha depresión en aquella selva en la que un matrimonio anciano, harapiento y sí en crisis había adoptado como propios a una docena de niños cuyos padres habían sido asesinados. Crisis. ¿Qué sabremos nosotros lo que es una crisis? Lo que es vivir en crisis permanente, haber nacido en crisis sabiendo que te morirás en crisis. Amos anda.

No somos el ombligo del mundo.

Cuenta la lengua triperina que hace unos años vivió en Rincón un asombroso personaje llamado Asombrosio Peculiar, conocido por su calva incipiente de nacimiento, su orondez paralelepípeda y una peca con forma de triángulo escaleno levemente ascensórico e invertido en su vértice sur.

Era Asombrosio un ciudadano umbilical que estaba perfectamente convencido de que la tierra, la luna y el sistema solar y las norias giraban en torno a su ombligo; todo lo medía en función de su antojo, conocimiento o experiencia. Nunca jamás se le conoció expresión de ternura o afecto, salvo el día en que cruzándose con la Niña Nueva de sopetón al salir del Colmado de Los Insaciables, se rozaron los codos y sufrió un colapso felicitorio agudo con descolgamiento de facciones y papadismo boquiabiertural, según consta en informe médico emitido por D. Calcio Ilegible, a la sazón médico, astrónomo y maquinista de la general. Lo dicho, que salvo ese día nunca Asombrosio se puso en pellejo ajeno o consideró la remota posibilidad de que su vida no fuera la medida de todas las cosas. Tampoco llegó a la conclusión de que antes, ahora y después muchas personas viven en crisis permanentes, apartados o aquí al lado.

¿Qué? Sí, sí viene a cuento.

Buen finde, si hay alguien.