martes, 13 de enero de 2026

SOBRE HOMBRE DE MIMBRE


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Hombre de mimbre
es un lugar de encuentro entre autor y persona lectora, es esa esquina del verso donde festejamos y celebramos esa complicidad enorme que tienen los grandes poetas, estos que escriben desde el margen, con y por la otredad.

Enrique Villagrasa en Librújula

El poemario más ambicioso del leonés Vicente Muñoz Álvarez. Son sus versos, escritos desde 1999 hasta 2025, los que protagonizan las 568 páginas de la publicación.

Camino Díez en La Nueva Crónica

Hay autores cuyo universo zarandea al lector, dejándole una marca indeleble. Uno de ellos es, por su fuerte personalidad, Vicente Muñoz Álvarez. Por su poesía, se ha ganado a pulso pertenecer a ese olimpo de escritores marginales, salvajes y malditos de la literatura española actual.

Javier Mateo Hidalgo en El Imparcial

Hombre de mimbre no es solo una recopilación, sino una revelación de su corazón y su forma de entender la literatura, entre clásica y futurista. Muñoz utiliza esta metáfora para describir su personalidad y su estilo de vida.

Pacho Rodríguez en Diario de León

Este libro, entre otras muchas cosas, es el manual del buen anarquista, de quien nada tiene que demostrar y ni se vende ni trata de comprar a nadie; sirva el bagaje de más de treinta años en el tajo de las letras, como verdad y marco donde contemplar al hombre, al de mimbre, con un gran corazón latiendo dentro.

Tomás Soler Borja

Volver (siempre) a la poesía de Vicente Muñoz Álvarez es toparse de frente con uno de los poetas más auténticos de su generación. “Hombre de mimbre”, la antología que acaba de publicarle Páramo, es una excelente oportunidad para leer la obra de este imprescindible, injustamente invisible, afortunadamente clandestino.

Enrique Cabezón

La poesía amada y respetada con total honestidad: he aquí el tributo de Vicente, como un auténtico hombre de mimbre.

Julia Navas Moreno

El escritor y gestor cultural leonés Vicente Muñoz Álvarez acaba de presentar su nueva obra, Hombre de mimbre. Antología poética 1999-2025, un volumen de 568 páginas que reúne textos de ocho de sus poemarios publicados y un conjunto inédito que da nombre al libro.

El Heraldo de León

Como decía el gran Hank, lo más importante es saber atravesar el fuego, y Vicente Muñoz Álvarez ha demostrado que sabe cómo hacerlo. Un salvaje y eterno on the road y un privado Ave Fénix.

Julia Roig en Culturamas

Poca gente eriza la piel con su forma de escribir como él.

Raúl Merino

Tiene el lector, por consiguiente, una buena oportunidad de leer una poesía apartada del hermetismo y lo fragmentario, propia en sus imágenes e imaginario, muy personal y alejada de los trabalenguas que parecen decir más de cuanto cuentan.

Rafael Morales en Turia

Hombre de Mimbre es un recordatorio de que la poesía puede ser resistencia, lucha y celebración al mismo tiempo. Un libro que deja huella y que confirma a Vicente como una de esas voces que no se callan ni se doblegan.

Felipe J. Piñeiro

Editada de manera exquisita por la Editorial Páramo, rara vez una antología es tan coherente y necesaria. Desde el primer poema, todo un emblema, hasta el último, la demoledora calidad literaria de Vicente Muñoz Álvarez mantiene un pulso incorruptible contra la realidad de Babilonia y sus verdugos. Absolutamente imprescindible.

Javier Vayá Albert

No olvidaré, nunca, que gracias a Vicente, como tantos, no me avergüenzo de escribir. No lo olvidaré y hoy lo dejo por escrito. Mientras tanto, me sumerjo de nuevo en el ritmo furioso de los tiempos que el bardo, desde hace años, nos ha venido narrando con su voz de rapsoda alucinado.

Pablo Cerezal en Vislumbres del Dorado

A estas alturas, lo que está claro es que este Vicente que conocemos se nos ha hecho imprescindible. Sus palabras y los vacíos que las sostienen son ya un poco también las nuestras. Hacedme caso, devorad esta antología porque os va a llevar muy lejos.

Roberto R. Antúnez

Los poetas isla pagan su búsqueda y denuncia de la verdad con cierto aislamiento. Aunque tienen gran prestigio entre aquellos que les leen, la pena es que no puedan tener acceso a los grandes medios de distribución literaria, pues su literatura está a la altura de los encumbrados por el canon.

Pablo Malmierca

Muchísimos aspirantes a poetas debemos a Vicente Muñoz Álvarez que nos haya guiado a la hora de escribir y en cómo estar siendo lo más libre y honesto en esto de coser versos. Esta antología poética editada por Editorial Páramo deja constancia de una obra mayúscula que ha dejado huellas en toda una generación.

Jorge M. Molinero

Por fin en casa esta maravilla de Vicente Muñoz Álvarez, una parte de su poesía, de su alma y su pensamiento. Ganas siempre de volver a este gran Maestro, uno de los mejores poetas españoles del momento, por lo que anticipo el deleite de cada página, de cada verso, de cada palabra.

José G. Cordonié

Una magnífica obra en la que un yo outsider y vulnerable, figura de mimbre con el corazón ardiendo, convierte su biografía en materia lírica mediante un realismo confesional, existencial y a menudo pesimista, pero a la vez combativo, que se rebela contra la inutilidad de la poesía y contra el circo editorial, apostando por una voz desnuda, sin máscaras, que se psicoanaliza a sí misma y ofrece al lector un espejo ardiente donde vida y literatura se confunden. ¡Enhorabuena también por su bellísima edición!

Joaquín Piqueras

Hay quien acaba ocupando un lugar que no le gusta o donde no se identifica y hay quien ha trabajado ese espacio y eso que llamamos identidad desde la honestidad y la autenticidad absoluta. Ese es el caso de Vicente Muñoz Álvarez.

Nacho Escuín

Vicente Muñoz Álvarez constituye un ejemplo de lucha poética y de resistencia personal, de entrega sin condiciones y sin rendiciones a la literatura y a las combustiones que esta nos depara. La presente antología nos vuelve a demostrar que estamos ante un poeta honesto y necesario, que huye de la falsedad, de las promesas de quienes se venden al circo editorial: alguien que, psicoanalizándose de continuo a sí mismo, nos enseña un espejo en el que también nos reflejamos muchos de nosotros.

José Ángel Barrueco

Solicítalo en tu librería habitual o en la web de la Editorial Páramo:


Booktrailer: 


lunes, 12 de enero de 2026

ENTRE EL ASFALTO, LA GASOLINA Y LA CARRETERA


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Reconozco, tengo que admitirlo, mi debilidad por el autor de este libro, Felipe J. Piñeiro, tanto a nivel humano como literario. Afinidad como persona, por su independencia y elegancia, dos cosas que valoro especialmente en cualquier individuo, y admiración por su obra, capaz de trascender de lo particular a lo universal, haciendo que el lector se identifique plenamente con ella.

Ya en 2014, hace ahora diez años (cómo pasa el tiempo), prologué El ladrón de sentimientos, su segundo poemario, haciendo hincapié en esa capacidad suya para hacernos encarnar sus versos, y vuelvo hoy a insistir en ello porque me parece algo básico y necesario de cara al lector, y una premisa que, como poeta, he tenido siempre en cuenta: escribir sobre lo particular, intentando hacerlo universal, y transformar la experiencia propia en algo de todos.

No solo es cuestión, para mí al menos, de demostrar lo bien que uno escribe ni lo mucho que sabe y ha leído y vivido, sino de lograr que se identifiquen con tus versos los demás.

Esto es lo que yo pienso y opino, que por supuesto es cuestionable, pero que a mí al menos me sirve como faro y guía a la hora de escribir y decidir leer a unos u otros poetas. No me interesan ya, a estas alturas, los fuegos de artificio ni los ejercicios de estilo y de retórica, sino la poesía auténtica que me llega al corazón. Y la de Felipe J. Piñeiro, lo reconozco, siempre me lo atraviesa.

Más que nunca ahora, con este nuevo poemario, Cáncer, cuyo mero título, como diría Leopoldo María Panero, hace temblar el aire. Un libro nacido del dolor (de estar vivo) y la pérdida (del padre muerto), de la frustración y el desengaño, y un canto de cisne por lo que pudo haber sido y no fue (Suenan mis huesos como casa vieja / y quito importancia a esas canas / como pintura caída), que estremece y pone los pelos de punta, al tiempo que sorprende por su belleza y ferocidad.

Por no hablar ya del subtítulo, Opus Sinistrum, y la cita en latín que lo acompaña, Crucifixus in judiciis tuis, ego, qui nec credo in Deum, nec sum deus, ignosco tibi (Crucificado por vuestros juicios, yo, que ni soy un Dios, ni creo en ellos, os perdono), toda una declaración de intenciones y principios, que el que sepa leer entre líneas comprenderá.

Quizás convendría señalar al respecto que Felipe desapareció voluntariamente del mapa literario de esta ciudad (lejos de ruidos, / lejos de extraños, / lejos de todas esas monedas que tejen los / traidores), hoguera de las vanidades siempre encendida, hace ya mucho tiempo, puede que unos seis años, tras otros tantos de febril e incesante actividad mundana y poética, y que reaparece ahora con este desasosegante poemario/ajuste de cuentas, que dejará a muchos de los que lo conocen boquiabiertos.

Yo fui, me consta, uno de los pocos que durante todo ese tiempo supo de él y lo vio algunas veces, muy pocas, encaramado en su moto al más puro estilo Easy Rider (De nuevo me encuentro entre el asfalto, / la gasolina y la soledad), libre de versos y ataduras, buscando en la velocidad y la carretera su destino (todo ello muy beat) y huyendo del incesante diluvio de la tontería humana (que diría el bueno de Huysmans en Al revés). Y uno de los pocos, también, a los que él confió los motivos de su desaparición (son esas ventanas / las que me resguardan de vosotros, / es la distancia / la que obtiene mis días), harto de la fatuidad de los egos y cenáculos literarios.

Así que reencontrarme de nuevo con él en este libro, después de tantos años y una terrible pandemia, y estremecerme y maravillarme a la vez con sus versos, es para mí un motivo de celebración, por muy desoladores y siniestros que sean.

Por desgracia, como bien sabemos los poetas, la mejor poesía surge del dolor y los momentos duros, de la tristeza y la desesperación, de las pérdidas y las ausencias, y de eso habla mucho Felipe en este nuevo y tremendo poemario.

Suya, ahora, es la palabra: pasen y lean.

Vicente Muñoz Álvarez,
prólogo a Cáncer. Opus Sinistrum,
de Felipe J. Piñeiro
(Ediciones La Crítica, 2025)


sábado, 10 de enero de 2026

EN LOS DÍAS DE LLUVIA por NICOLÁS CORRALIZA


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En los días de lluvia
apostado como un francotirador,
suelo mirar a través de los cristales
la vida en las gotas de agua.
Mientras, bandadas de pájaros
ajenos a mi sentir,
dibujan en el cielo la elipse de tu rostro.
Hoy no hay más partitura
que la que dicta el viento
en el mover de los árboles.
Sucede que volví a recordarte
saltando charcos con botas Katiuska.

Nicolás Corraliza, de La huella de los días (Norbanova 2014).


viernes, 9 de enero de 2026

UN CAPÍTULO de SILENCIO por PEPE PEREZA


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Después de un buen rato deambulando he terminado en el cementerio. Aquí el aire está cargado de un aroma mustio de flores muertas y césped recién cortado. Camino por pasillos flanqueados de cruces hasta llegar a la tumba de mi padre. Por el ramillete que hay encima de la lápida sé que mi madre ha estado aquí hace poco. Me pregunto con qué asiduidad viene a visitarle. Yo es la primera vez que lo hago. Me siento frente a la sepultura y me enciendo un cigarro. Después de días sufriendo el ruido de las obras se agradece dar con un poco de silencio. Miro la tumba con tristeza y pienso en mi padre. Recuerdo que después de jubilarse se pasaba el día viendo la televisión. Y claro, según transcurrían los meses fue ganando kilos. El médico le aconsejó que diera paseos para mantenerse ejercitado. No hizo caso y continuó anclado al sillón. Por eso, mi madre se las ingenió para hacerle andar. Empezó a encomendarle algunos recados. Por ejemplo, ir al supermercado. A su regreso, mi madre le mandaba de vuelta porque necesitaba lejía para la colada y no lo había apuntado en la lista de la compra. Mi padre, refunfuñando, volvía a por lejía. A su llegada, mi madre se disculpaba por haber olvidado mencionar que también trajese detergente. Y a él no le quedaba más remedio que ir a por el detergente. Podían tirarse así toda la mañana. Cuando pasaba a visitarles, mi padre me llevaba aparte y mostrándome su preocupación me decía que mi pobre madre estaba perdiendo la cabeza. Yo tenía que disimular y aguantarme la risa para no delatar la fullería. Otra de las cosas que me viene a la memoria es la imagen que tengo de mi padre cuando estaba ingresado en la UCI. Aunque su cerebro se había apagado a él le mantenían con vida enchufado a una docena de máquinas y monitores. La típica parafernalia que se ve en las películas de hospitales. Pero claro, aquello era real, demasiado real, y dolía. Uno de esos días fui testigo de una de las escenas más entrañables que he presenciado en mi vida. Mi madre, en un intento desesperado por traerle de vuelta a este mundo, se puso de puntillas e inclinándose sobre la cama le besó en los labios. Era la primera vez que veía a mi madre besar a mi padre en la boca. Había visto cómo le besaba en la cara o en la frente, pero nunca en la boca. En medio de la angustia, del dolor, la confusión, el miedo… en medio de toda esa tristeza, pude encontrar un poco de consuelo contemplando aquel beso. Más tarde, cuando los médicos apagaron las máquinas y mi padre murió, yo dejé a mi madre a solas con él para que pudiese despedirse y fui a fumarme un cigarro. Salí por urgencias y crucé la carretera hasta un pequeño aparcamiento que hay enfrente. Mientras fumaba sentí algo extraño que no he vuelto a sentir desde entonces. Por alguna razón, la muerte de mi padre potenció todo rastro de vida que me rodeaba. Casi podía sentir cómo las plantas hacían la fotosíntesis, el pulso de cada insecto, el aliento de los pájaros, el latido de todo ser humano que andaba por allí. Incluso podía notar la sangre que fluía por sus venas. Todo rebosaba vida, el aire, las nubes, el propio asfalto que pisaba. Vida en contraste con la muerte de mi padre. Vida, vida… Me llama la atención un grupo de hormigas que entran y salen por una pequeña grieta que hay en el mármol de la lápida. Mi primer impulso es prenderles fuego con el mechero. Lo que hago es acercarme y echarles por encima una bocanada de humo. Al momento se rompen las dos hileras que habían formado y huyen en todas las direcciones. Adiós a la disciplina, llega el caos.

Pepe Pereza, de Silencio
(Editorial Páramo, 2025)


miércoles, 7 de enero de 2026

MANIFIESTO por NATACHA G. MENDOZA


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Quería que mi protagonista estuviera obsesionada con Schopenhauer, que transmitiera inconformidad y una cierta inclinación hacia el suicidio. Llevaba días creándola en mi cabeza, vistiéndola de mil formas distintas. Durante ese tiempo no logré visualizar su rostro; aún faltaban cosas que solo aparecerían al comenzar la historia.

Debía vivir encerrada, odiar la luz del sol. Detestar a su madre y enterrar con vida a ese padre que la ignoraba. No quería belleza exterior ni dulzura. Necesitaba que desprendiera rudeza y, al mismo tiempo, una fragilidad que no cualquier lector sabría encontrar. Debía arrancar algunos llantos de compasión, incluso el mío.

Quería llorar con ella, desahogarla por completo, vaciarla de todo ese maldito peso al que iba a someterla. Llorar, sí: incluso ese mundo que aún no le había creado, llorarlo todo, hasta empapar mis papeles en blanco.

Debía matarla antes de nacer.

Natacha G. Mendoza


martes, 6 de enero de 2026

LAS PUTAS por DAVID GONZÁLEZ


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¡David, no corras, ven aquí!,


gritó mi viejo desde la puerta
de Automáticos Rodríguez,
el salón de juegos recreativos.

Esa noche sobé en un descampado,
en una caseta metálica prefabricada.
Había dos colchonetas de espuma.
Una la compartíamos el Yago y yo,
mientras que la otra
era propiedad exclusiva de Paulino,
alias el Lin,
un canoso chulo putas
que si esa noche dormía con nosotros
era debido precisamente
a que a una de ellas, a una de sus lumis,
una gallega que se le había puesto farruca,
la tenía encerrada,
atada de pies y manos,
en el baño del cuarto del hostal
en el que habitualmente se alojaba.

Lleva así tres días, nos dijo.
A pan y agua la tengo, comentó.
Y chupando hostias cada poco, añadió.

Entre las dos colchonetas,
había dos latas de conserva furruñosas.
En una de ellas, el Lin aplastó
la chicharra del flai que estábamos fumando

Ya veréis cuando salga,
lo suave que va a andar,

dijo, y después, por último,
apagó la llama de una vela
que ardía de vergüenza en la otra lata,
se dio la vuelta
y al momento ya estaba roncando,

como mi padre.

Antes de que me duerma yo también,
he de admitir que el Yago y yo
nos buscábamos la vida (y la ruina)
levantando radiocasetes de los tequis,
pegando palos en los pisos
y xirlando a la gente por la calle,
y que Paulino, el Lin, era el encargado
de darle salida a todo el material.
Después, a la hora de echar las cuentas,
nuestra parte era siempre la más pequeña,
aunque él tratara de arreglarlo, de compensarnos,
llevándonos de compras, o al bingo,
o pagándonos la entrada a la discoteca
más todas las consumiciones que quisiéramos.
Pero así y todo salíamos perdiendo nosotros.
Era evidente que nos estaba tangando de mala manera,
o por decirlo de otro modo: nos estaba
chuleando,
pero bueno, creo haberlo dicho antes ¿no?,
creo haber dicho ya
que Paulino, el Lin, era un canoso chulo
putas.


David González, de Algo que declarar. Poesía de no ficción (Bartleby, 2007).

lunes, 5 de enero de 2026

QUE ME DUELAS por MIGUEL ÁNGEL BERROCAL


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Que me duelas como cicuta a medias
Como noches mirando fotografías
Como aquel último güisqui
sin tu marca de labios en el vaso
Que me duelas entre renglones
entre tus piernas que no toco ahora
entre labios mordidos
Que me duelas como todas las drogas
y ninguna
Como cuando se fue todo
y no quedaban ni las colillas a mis pies
Que me duelas siempre para saber que estás
Que me duelas como sólo duele sonreír
a solas
contigo
en ti
por ti
Que me duelas como sólo duele ser feliz
Me da igual cómo
Pero que me duelas

Miguel Ángel Berrocal

sábado, 3 de enero de 2026

EL ACTO IMPÚDICO DE LA MASTURBACIÓN EN PÚBLICO


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No creas todo lo que lees,
no hagas caso de todo lo que te cuentan;
ni soy todo lo que escribo,
ni escribo todo lo que soy,
ni puñetera falta que hace.

Los poetas
somos
tan...
exagerados.

Si buscas realidad,
bucea en libros de auto-ayuda,
en novelas basadas en hechos reales,
en tochos de texto, religión, filosofía, historia,
pon la tele, la radio,
ojea el periódico,
haz caso a tu mejor amigo,
confía en tu jefe,
vete al psiquiatra,
saca a tu perro a pasear...

pero nunca
en un poeta, no,
nunca busques realidad
en la poesía.


Francisco Soto

domingo, 28 de diciembre de 2025

FOTOGRAMA DE UN INSTANTE por MAICA BERMEJO MIRANDA


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La mano, pequeña y blanca, descansa laxa entre los dedos morenos del hombre que viaja a su lado. Los dos, relajados, se dejan mecer por el suave traqueteo que les imprime el convoy. Es hermoso contemplar su abandono, el ensamblaje rítmico de los cuerpos, la tranquilidad amorosa que transmiten, su confianza, su entrega, su armonía.

Nada hay que perturbe el lánguido reposo. Se saben en buen puerto, a salvo. Son, no cabe duda, la imagen de la complicidad que dan los años.
Miembros únicos de un club particular, desconectados de todo lo que no sean ellos, transitan en paz. Conscientes de que el tiempo que les queda por disfrutar es más corto que el que han vivido, no desperdician en dimes y diretes la generosa oportunidad que les brinda la existencia.

Compañeros de vida y aventuras, sufrimientos y alegrías, buenos y malos momentos, han aprendido que cada instante cuenta, incluido éste, sentados muy juntos en un vagón abarrotado, de una línea saturada, en un furgón de metro que atraviesa los túneles negros del viejo Madrid.


Maica Bermejo Miranda,
del blog Al sur de los tambores


sábado, 27 de diciembre de 2025

TINIEBLAS


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Otra estupenda película que se merece y es justo desempolvar: Tinieblas (The Man Who Haunted Himself, 1970), de Basil Dearden, basada en una novela de Anthony Armstrong (The strange case of Mr. Pelham), que aborda de una manera muy inquietante la figura del doble o doppelgänger.

Desde Los elixires del diablo, de E.T.A. Hoffmann, al William Willson de Poe, pasando por El retrato de Dorian Gray de Wilde o El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, por citar algunos de los ejemplos más conocidos, el doble en la literatura es un tema recurrente, que explora la dualidad del ser humano, su lado luminoso y oscuro y esa capacidad de ser ángel o diablo al mismo tiempo.

En esta película es el actor británico Roger Moore, como anillo al dedo para la ocasión, quien sufre las consecuencias de ese desdoblamiento tras un fatídico accidente automovilístico, sumergiéndonos en una angustiosa espiral de sospechas y persecuciones, intrigas y desencuentros, un juego del gato y el ratón que nos mantiene en vilo hasta un sorprendente y epatante final.

Con una magnífica fotografía y banda sonora, unas interpretaciones de lujo (además de la de Roger Moore, en uno de sus mejores papeles, las de los secundarios Freddie Jones, siempre histriónico e hiperbólico, y Olga Georges-Picot, la musa de Alain Resnais) y una deliciosa estética setentera, este thriller psicológico, kafkiano y estremecedor donde los haya, se merece por méritos propios ser rescatado del olvido.

Aunque ya Hitchcock había adaptado en 1955 la novela de Anthony Armstrong a la televisión en un capítulo de la serie Alfred Hitchcock Presenta, la versión ampliada de Basil Dearden es una muy disfrutable y fascinante cult movie, que hará las delicias de los amantes del cine de suspense y la cultura pop.

Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 24 de diciembre de 2025

FELIZ NAVIDAD

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SILENCIO: Pepe Pereza.


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Pepe, un joven escritor, se enfrenta a su ópera prima. Busca vivir de las letras en un piso que se cae de viejo, sin agua caliente ni calefacción pero que le han dejado gratis. Para ello deberá enfrentarse a obstáculos como las drogas, el sueño, y también, en cierta forma, el hartazgo y la consciencia de la derrota que todo peón lleva consigo desde el nacimiento.

Silencio es la última versión, aumentada y reformada, de la novela anteriormente publicada como Se ruega silencio.

*

Pepe Pereza. En 2012 publicó su primer libro de relatos: Relatos del humo (y hachís), con la Editorial Origami. Dos años más tarde Esquinas, con Ediciones Lupercalia. En 2015 se estrenó con su primera novela, Se ruega silencio, también con Ediciones Lupercalia. En 2019 volvió a los relatos con A pesar del frío, publicado por Canalla Ediciones, al que siguió en 2023, La química del color, con Aloha Editorial. Además ha colaborado en una docena de antologías y ha sido guionista en varios cortometrajes.


martes, 23 de diciembre de 2025

DICCIONARIO DE LAS ESTRELLAS: Susana Barragués.


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Diccionario de las Estrellas es una obra profundamente original, inclasificable, que exige del lector una actitud constante de apertura y asombro, a la manera de Borges, que buscaba el asombro donde otros encontraban solamente costumbre.

Al cerrar el libro, es posible que el lector experimente algo parecido a lo que William Blake llamaba, más allá de la razón y el pensamiento convencional, «las puertas de la percepción», una ampliación de la mirada, una limpieza de las ventanas del alma para vislumbrar lo sagrado oculto en lo cotidiano, en lo banal. Las definiciones imposibles de este diccionario nos invitan a percibir el mundo como un gran misterio ininteligible, un texto cifrado por deidades antiguas o el azar cósmico.

Diccionario de las Estrellas consigue algo que pocas obras escritas en tiempos de palabras vacías y desgastadas logran: reconciliar la erudición con la poesía y la razón analítica con la imaginación desbordada. Y acaso, tras recorrer este firmamento de palabras, experimentemos nuestra propia metamorfosis, la de quien vuelve la vista atrás, hacia la vida cotidiana, y descubre que nada es solo lo que percibimos cuando uno ha aprendido, al fin, a leer las estrellas.

Miriam López Santos


sábado, 20 de diciembre de 2025

ESCRIBIR PARA SEGUIR VIVO: VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ Y EL NUEVO REALISMO


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El límite espacio temporal de la narrativa posmoderna, estético o paisajístico, según se quiera indagar o depende cuál sea la dirección de la mirada, está ineludiblemente ligada a una experiencia real. Quizá deberíamos insistir, incluso, en la idea de que lo real, lo experiencial, aquello que deviene de lo ya vivido por el autor es la esencia de la narración posmoderna. Cada una de estas palabras es siempre discutida por aquellos que no creen del todo en este concepto teórico y abre a la propia experiencia la aceptación de la del autor, generando así un requerimiento subjetivo y libre en el campo de la teoría literaria.

Esta experiencia contará para algunos con el concepto de lo real o de lo verosímil de forma muy precaria, pero quizá como sentencia Brian McHale (1988) hay que asumir que el presupuesto de lo real lo sea para quien alcance un acuerdo con los términos básicos que definen a la posmodernidad:

We do not claim that our story is “true” […], but only that our story is useful and interesting to a particular audience. To escape the general posmodernist incredulity toward metanarratives it is only necessary that we regard our own metanarrative incredulously, in a certain sense, profferin it tentatively or provisionally, as no more tan a convenient or satisfying, i the key of “as if”. (McHale, 1988:20)

Este margen para la interpretación que genera el halo de la posmodernidad es siempre amplio y laxo, caótico y libre también y pone en jaque los presupuestos teóricos y estéticos anteriores, esos que producen nostalgia a los estudiosos que admiran las etiquetas y los compartimentos estancos para determinar lo que debe o no formar parte de su historia de la literatura y su canon.

De tal forma, trazar una línea de trabajo vinculada a un autor que es al cien por cien un hijo de la posmodernidad por concreción temporal y convencimiento absoluto, generará siempre un hipervínculo entre la vida y la obra, y una relación estrecha entre estos dos conceptos. Así pues, como la propia vida, la trayectoria literaria estará gobernada por la impredecibilidad, la paradoja y las variaciones propias de una vida. En palabras de Lozano (2007:13): “Más allá de una teoría separada de la vida, la posmodernidad es la experiencia cotidiana del mundo en que vivimos, nuestro día a día”.

Y además de cotidiana es urbana. Esta afirmación debe matizarse pues no se trata de un concepto urbano como el heredado del s. XIX, en realidad va más allá pues habla de la democratización cultural y la fragmentación. Esa nueva urbe desde la que proyecta el autor puede estar ya ubicada casi en cualquier lugar del mundo y desde el mismo escribe y lanza proyectos para el resto de las urbes, para el resto de la sociedad. En ese paradigma de posmodernidad hiper tecnologizado se mueve el creador y hacedor de proyectos con libertad, allá donde sea su casa, y en este caso es la ciudad de León.

Amendola siguiendo los preceptos de Vattimo, Lyotard y Jameson señala el siguiente listado de rasgos definitorios:

Características constantes de la experiencia urbana postmoderna son: indeterminación (ambigüedad, indeterminación y fracturas); fragmentación (la ruptura de los metarrelatos, la valoración de las diferencias, la fragmentación, el patchwork y el bricolage proyectual); decanonización (deslegitimación masiva de los códigos y las convenciones, los metalenguajes, la desmitificación y el “parricidio de masas” subversión y revuelta); crisis del yo y falta de profundidad (la identidad como problema y la difusión de identidades ligeras y cambiantes); hedonismo y búsqueda de la belleza como valor difundido); valoración de lo impresentable y de lo no representable; ironía, hibridación; parodia, travestismo, pastiche (la reducción del pasado al presente y la reproposición de la equitemporalidad heideggeriana en clave irónica y posmoderna); carnavalización (la vida como juego, el antifaz y la fiesta); protagonismo y participación (la ciudad como work in progress abierto a los significados de cada uno); subjetivismo (la primacía de la construcción individual, el individuo partidario de sí mismo, coexistencia de diversas hipótesis, incluso en conflicto, del mundo); casualidad y estocástica (caída de la previsibilidad y de la predeterminación, primacía de la casualidad y de la probabilidad). (Amendola, 1997:71-72)

Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966) es uno de los principales autores vinculados con el nuevo realismo en España, esa ramificación del realismo que se ha expandido en el contexto posmoderno con total libertad. Ha desarrollado desde hace más de veinte años una obra sólida vinculada siempre a la autobiografía, los géneros vinculados al yo y una vinculación real con su ciudad y su paisaje.1

Fundador de importantes publicaciones (desde 1996) como el fanzine Vinalia Trippers, cabeza del movimiento contracultural de los años noventa y el primer espacio en el que publicaron autores tan significativos como David González o Miriam Reyes, es autor de poemarios como Canciones de la gran deriva (Ateneo Obrero de Gijón, 1999 /// Origami, 2012), Privado (Baile del Sol, 2005), Estación del frío (Eds. del 4 de agosto), Días de ruta (Ediciones Lupercalia, 2014) o Haga lo que haga en la tierra (Canalla ediciones, 2020) y de volúmenes de narrativa como Monstruos y prodigios (Amargord, 2007), El pueblo oscuro (Premio Letras Jóvenes de Castilla y León, 1995), Perro de la lluvia (Iralka, 1997), Los que vienen detrás (DVD ediciones, 2002), El merodeador (Baile del sol, 2007) o Travesía (Chamán Ediciones, 2018). Es también autor de los ensayos El tiempo de los asesinos (Iralka, 1998), Cult Movies: Películas para la penumbra (Excodra, 2015) o Películas que erizan la piel (Canalla Ediciones, 2019).

Además, ha realizado antologías nacionales temáticas como Golpes, ficciones de la crueldad social, con Eloy Fernández Porta (DVD ediciones, 2004), Hank Over: Resaca. Un homenaje a Charles Bukowski, con Patxi Irurzun (Caballo de Troya/Random House Mondadori, 2008), 23 Pandoras: Poesía alternativa española (Baile del sol, 2009) o Beatitud: Visiones de la Beat Generation (Baladí, 2011).

La propuesta teórica que aquí se presenta pretende establecer un itinerario real del autor a través de su trayectoria y las vinculaciones de las misma con su comunidad autónoma y su ciudad. Por lo tanto, esta podría vincularse tanto al área de la escritura autobiográfica y memorialística como al complejo espacio de las relaciones entre vida y literatura en la producción literaria en el s. XXI.

Hay tres hitos temáticos referenciales en la carrera literaria de Vicente Muñoz Álvarez, a saber: Charles Bukowski, la beat generation y el pulp. La afinidad del escritor leonés con la obra de Charles Bukowski va más allá de algunos temas comunes dentro de su propia obra o guiños directos a algunos de sus relatos y escrituras diarísticas. De hecho, encabezó un trabajo coral junto al escritor navarro Patxi Irurzun, editado por Caballo de Troya titulado Hank Over con la participación de los autores Eva Vaz, Hernán Migoya, Miquel Silvestre, Raúl Núñez, Vicente Luis Mora, David González, Sergi Puertas, Alfonso Xen. Rabanal, Karmelo Iribarren, José Angel Barrueco, José Daniel Espejo Balanza, Vicente Muñoz Álvarez, Lluís Pons Mora, Javier Marroquín, Agustín Fernández Mallo, Josu Arteaga, Pablo Casares, Kike Babas, Kike Turrón, Pablo G. Bao, Ignacio Escuín Borao, Ana Pérez Cañamares, Kutxi Romero, José Manuel Vara, Lucas Rodríguez Luis, David Murders, Manuel Vilas, Roxana Popelka, Sofía Castañón, Sor Kampana, Angel Petisme, Salvador Gutiérrez Solís, Nacho Abad, Safrika, Patxi Irurzun, Abel Debritto, Eloy Fernández Porta.2

En esa alineación, además de la destacada presencia de teóricos de la posmodernidad (Fernández Porta) y de escritores que han construido una estética distinta (los “nocilla” Gutiérrez Solís o Fernández Mallo) o que han hecho de la autobiografía de ficción su sello de identidad (como Manuel Vilas), le acompaña el también leonés3 Alfonso Xen Rabanal, un autor que es crucial en la trayectoria de Muñoz Álvarez por la creación de su fanzine Vinalia Trippers.

Hay una fascinación hacia el Bukowski contracultural por parte de Muñoz Álvarez. Esa idealización de la estética se puede explicar como base creativa bajo el filtro de la posmodernidad y sus herramientas, como “la anulación de la frontera entre alta y baja cultura que se realiza mediante el eclecticismo de cine negro y ciencia ficción con estética publicitaria y diseño de cómic” (Lozano, 2007:13). Lo contracultural será el punto de partida no solo como estética sino también como modo de vida, una versión contraria al escritor profesional entendido en su percepción tradicional, mucho más cercano a ese Bukowski que era cartero y escribía y que se representa en Vicente Muñoz y su oficio de representante de calzado4 en las carreteras que parten de León hacia la zona noroeste de España.

HASTÍO

2 meses después
de haber comenzado la ruta

el hastío

se apodera de mí
harto ya de la crisis
de tantas quejas
problemas cobros
maletas zapatos
menús baratos

solo una palabra
en letras de neón
brilla en mi mente

TERMINAR

y que Fortuna
luego
reparta suerte

(Muñoz Álvarez, 2014:52)

La fascinación por la beat generation quizá nace del mismo lugar, de lo contracultural y de la creación que nace de la mayor libertad. En su homenaje a esta generación la crítica destacaba la crítica lo siguiente:

De ello, de la influencia de aquellos alucinados escritores, quizás los últimos rebeldes y bohemios auténticos de la Literatura, quiere dar testimonio Beatitud (visiones de la beat generation), un libro donde 33 autores, de diferentes edades y nacionalidades, escriben sobre la manera en que poemas como Aullido, o novelas como En el camino, Los vagabundos del Dharma o El almuerzo desnudo condicionaron su pensamiento y, en varios de los casos, su forma de vida, sobre la base del viaje, de la búsqueda continua de no se sabe muy bien qué, pero en todo caso al margen de lo fácil y de lo establecido, de la sensibilidad y las reglas comunes, tanto vitales como estéticas. (Baquero, 2001)5

En esta ocasión la nómina de autores estuvo compuesta por Carla Badillo Coronado, Patxi Irurzun, Ana Pérez Cañamares, Joaquín Juan Penalva, José Ángel Barrueco, Carmen Beltrán, Uberto Stabile, David González, Carmen Camacho, Miquel Silvestre, Raúl García, Sergio Gaspar, Safrika, Nacho Abad, David Mardaras, Mario Crespo, Roxana Popelka, Eduardo Almiñana, Octavio Gómez Milián, Estelle Talavera Baudet, David Mayor, Pepe Pereza, Almudena Vidorreta, Lucas Rodríguez, Inma Luna, Diego Urizarna, Alfonso Xen Rabanal, Pablo Casares, Sonia San Román, Eloy Fernández Porta, Déborah Vukušić, Vicente Muñoz Álvarez. Muchos de ellos ya habían aparecido en otros proyectos vinculados a Muñoz Álvarez, pero en este caso destaca la convivencia intergeneracional, lo que el escritor leonés siempre ha llamado “la tripulación”, vinculado a su sello Vinalia Trippers y al concepto de independencia y libertad.

No es casual pues esa fascinación por los escritores que no se atan a las modas o los paradigmas más tradicionales de la cultura. La propuesta que defiende Muñoz Álvarez comparte el espíritu “on the road” de Kerouak y esa necesidad de ser absolutamente distintos a las propuestas más formales o más ancladas a la tradición literaria. La propuesta contracultural que se ejemplifica en las dos referencias mencionadas se verá además reforzada por la fascinación por los géneros vinculados siempre al cine de serie B, como el Pulp.

Esos ingredientes suponen la esencia del estilo del escritor leonés. Es sentimental siempre y duro al mismo tiempo, es rebelde desde la absoluta independencia dentro del sector del libro y su vinculación eterna a sellos editoriales pequeños, indies, undergrounds o emergentes. No se presenta a premios convocados por importantes editoriales e instituciones públicas, tampoco forma parte de alguna de las alineaciones habituales de los núcleos poéticos adscritos a las denominadas poéticas críticas o de la conciencia, y no es deudor de nada ni de nadie salvo de su propia obra, su propia ruta, su manera de entender la vida y la literatura.

Es reflejo de su propia vida y de la reconstrucción de la misma, como señala Julio César Álvarez en el prólogo a Regresiones (2015):

Mirar atrás y recrearse en los detalles. Con una mirada lúcida y tierna, donde no hay que demostrar absolutamente nada a nadie. “vive tu memoria y asómbrate”, afirmación rotunda de Jack Kerouac que Vicente Muñoz Álvarez hace suya aquí como dogma de fe, empeñado, ya desde sus primeras obras, en desenredar la propia vida como una gran maraña de lana, dejándonos presenciar la faena con curiosidad voyeur. Un atractivo tira y afloja con la memoria selectiva, los afectos personales y las distintas instantáneas de una vida que, aunque lejos, parece la de cualquiera de nosotros (Muñoz Álvarez, 2015: 

Siempre ha peleado por dotar de un espacio a aquellos que no contaban con el mismo, y en sus propias palabras, Vinalia, su fanzine, fue desde su origen esa utopía posible sobre la que teoriza Alfredo Saldaña (2007), un espacio en el que todas las estéticas pueden expresarse en igualdad de condiciones:

Vinalia fue en su origen un fanzine de relatos ilustrados para adultos que comenzamos a editar en 1995 en León con la idea de dar salida a un tipo de literatura subterránea, alternativa y políticamente incorrecta que no solía encontrar hueco en publicaciones de corte oficial, pese a la calidad indiscutible de sus propuestas. Conocíamos ya de aquellas a un montón de escritores de talento ninguneados por el sistema y el canon, y nos propusimos crear para ellos una plataforma de expresión al tono, con una estética pulp y underground, fusionando la literatura con otras ramas paralelas, como el cómic y la ilustración, la música, el cine independiente, etc. (Muñoz Álvarez, 2011)

La esencia del fanzine es la esencia de toda su obra. Vicente Muñoz Álvarez construye su literatura desde sus principios estéticos y los ejerce como autor, compilador y antólogo o gestor cultural. Se trata de un autor de su tiempo que afronta los conflictos de su época sin evitarlos, con las palabras justas y sin subterfugios literarios. En sus propias palabras:

Nunca me han importado ni gustado las etiquetas y escribo cada libro tal cual me lo dicta mi corazón, sin atenerme a ningún tipo de norma preestablecida. Pero creo (o al menos eso he intentado) que entre los tres títulos6 hay un nexo argumental común y un hilo conductor que les confiere unidad y sentido: ser una crónica (poética y crítica) de los tiempos que corren y estamos viviendo, de la debacle del capitalismo y el desmoronamiento de la economía de mercado, y al mismo tiempo de la dinámica y sinsabores del oficio de la escritura (don y maldición), el segundo gran eje temático de la trilogía. (Muñoz Álvarez, 2020)

Desde estos dos lugares, la crónica de un tiempo y el oficio de la escritura, construye un complejo mosaico en el que los ensayos, los poemarios y los libros de carácter narrativo conviven con las antologías que coordina o todas las publicaciones que son testimonio de una nueva manera de hacer narrativa en las que aparece. Su idea de contracultura reivindica una literatura “alternativa” a la que el canon dicta. Al mismo tiempo su literatura se aloja entre lo real y la plasmación de esa realidad desde su visión, desde el simulacro que puede generar desde esta estética determinada que marca su punto de vista e intencionalidad.

Reconoce a sus referentes desde la escritura y la reescritura y corrección de sus textos y no oculta sus fuentes de inspiración y sus cadencias temáticas:

En ella encontrará ecos de voces para mí muy queridas: Ramos Sucre, Huysmans, Lovercraf y Norberto Luis Romero, a los que está dedicado, y Baudelaire, Rimbaud, Nerval, Poe, Paré, Mache, Blackwood, Dunsany, Yeats, Lautremont, la Beat Generation… así como (cambiando radicalmente de registro y extremo) del cine independiente y gore, la psicodelia y el rock, el cómic, la prensa underground, la televisión y otras disciplinas comúnmente tachadas como cultura pop(ular) o basura, que han sido para mi evolución personal igualmente determinantes. (Muñoz Álvarez, 2008: 6)

El hecho es más que significativo en esta introducción a la reedición de Marginales, título que destaca en la bibliografía del autor por la naturaleza del texto y por el título mismo del volumen que ya lo coloca en un lugar determinado del contexto literario y social. También lo es porque, a su juicio, es un libro diferente dentro de su producción:

En cualquier caso Marginales, tanto por su estilo como por su proceso de reelaboración continua, puede considerarse una rareza en mi bibliografía. Para empezar, el único libro de ficción pura (o eso quiero creer: no dejo de reconocerme una y otra vez en estas criaturas) que he publicado, siendo el resto de tendencia realista (en sus diversas graduaciones) y autobiográfica. Pero sobre todo, y muy especialmente además, por el tono pretendidamente truculento y bizarro, gótico y onírico que le caracteriza, que jamás he vuelto a utilizar del mismo modo en mi escritura. Un tono con el que he pretendido rendir un sentido homenaje a algunos de mis maestros de juventud y a todo el acervo de alta y baja cultura que desde niño he ido devorando y asimilando en mi forma de escribir y concebir la propia vida. (Muñoz Álvarez, 2008: 6)

Equipara el autor su forma de escribir con su manera de concebir la propia vida, y ese es quizá el elemento definitivo para entender la singularidad que representa. Muñoz Álvarez escribe como vive y vive para escribir. Valgan sus propios versos para entender la mezcla de referencias, vida vivida y el deseo literario:

me considero un hombre y escritor esponja, fetichista y mitómano hasta la médula, miro hacia atrás y veo todo lo que me ha arrebatado (que diría Iván Zulueta) reciclado e integrado en mí, en lo que soy, en lo que escribo y edito, desde mis queridas Historias de la cripta a Castaneda, de Dario Argento a Baudelaire, de Bukowski a los Ramones, de JK Huysmans a Tom Waits, de Spiderman a Céline, de Cesaria Evora a Rimbaud, de Thomas Bernhard a John Huston, de Parálisis permanente a Malcom Lowry, de los Clash a los beatniks y de los quinquis a Blake… todo lo que me ha fascinado y marcado lo absorbo y reflejo en mi de forma de estar en la tierra […] y de Vinalia Trippers a El canto de la tripulación… lo pienso y lo repienso mientras subo al blog las fotos de los colaboradores de este último número, Spanish Quinqui, cuánto le debemos a esta revista, El canto de la Tripulación (y también, de paso, a Pierre Mac Orlan), cómo la seguimos en su día, con qué entusiasmo, cómo nos enganchó y lo mucho que ha influido posteriormente en nuestro propio camino… aquella gente, aquella estética, su filosofía y su insurrección… se reflejan, sin duda, en lo que algunos, contracorriente, seguimos intentando hacer: formar una tripulación para evitar que nos devore el sistema… (Muñoz Álvarez, 2014:159)

De eso es, precisamente de lo que trata esta propuesta, de alguien que ha hecho de su forma de vida y de sus convicciones un proyecto literario y estético que va mas allá de su propia obra. Desde León, su ciudad, ha construido una biografía y una bibliografía propia y ha tirado de un gran número de autores que hoy son ya deudores de Vinalia, de la fuerza y la pasión de Vicente Muñoz Álvarez. Ese autor que sabe que para escribir y ser independiente debe trabajar como antes otros grandes de la literatura lo hicieron, de aquel que hoy es capaz de unir a generaciones diferentes para homenajear a los beat, a Bukowski o a la literatura más vinculada a la posmodernidad. Larga vida al leonés que cuida del resto de los hijos del nuevo realismo español.

1 Hay referencias directas en su obra a lugares de la ciudad de León como la Casa Botines, a la que se refiere desde su libro Regresiones como “Torre y llave de plata”. Hay un juego de referencias reales y literarias en esta frase, en sus propias palabras:

En Regresiones hablo de este edificio como «Torre y llave de Plata» en referencia a uno de mis autores fetiche, sobre todo en mi juventud: Howard Phillips Lovecraft. En uno de los relatos que incluye su Viajes al otro mundo, menciona una llave de plata que le transportaba a los recuerdos de su infancia. Era como una especie de salto temporal, de máquina del tiempo. Yo lo asocié en seguida con la Casa Botines y la torre de mi abuela, que de manera parecida me hace retrotraerme a mis recuerdos más tempranos, de ahí el nombre (Muñoz Álvarez, 2018)

2 La propia editorial lo lanzó al mercado con la siguiente descripción: “Un homenaje colectivo, «Made in Spain» al incomprendido escritor norteamericano Charles Bukowski, representante de una estética cruda, cruel e impudorosa. Los treinta y siete jóvenes y emergentes autores aquí reunidos son representantes de una vanguardia de lo «literariamente incorrecto». Sus textos, cuentos, crónicas y poemas se mueven en esa línea descarnada y provocadora donde la realidad muestra su cara más oscura, obscena e incorrecta”, tal y como puede verse en uno de los portales donde todavía puede adquirirse https://www.amazon.es/Resaca-Hank-Over.../dp/8496594211

3 También está presente en la nómina de autores el leonés y miembro del colectivo Leteo, Nacho Abad.

4 Así lo expresa él:

Con exactamente treinta años cambié de prefijo, de trabajo, de objetivos, de vida… Fue un cambio muy grande y, efectivamente, un contraste que traté de reflejar en Días de ruta. Está dedicado ex profeso a mis dos facetas: la de representante de calzado —a la que me dedico medio año, una campaña en primavera y otra en otoño— y la de escritor —a la que le dedico el otro medio—. Intenté plasmar esa especie de juego de balanzas extrañísimo de mis dos oficios, que van desde el estrés máximo, el trajín, el mundo del capitalismo llevado al extremo más crudo y descarnado, hasta la ensoñación pura y dura de pasear por el bosque con el perro y escribir. (Muñoz Álvarez, 2018)

5 Reseña publicada en el blog de crítica “la tormenta en un vaso”, todo un referente de las publicaciones singulares en la literatura del siglo XXI.

6 Se refiere a lo que él considera una trilogía compuesta por los libros Días de ruta, Travesía y Haga lo que haga en la tierra.

Ignacio Escuín Borao, en Teatro y géneros autobiográficos: (literatura actual en Castilla y León, 4). coord. por Nuria María Carrillo Martín. Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, 2021.


viernes, 19 de diciembre de 2025

ADEPTOS DE MACHEN por SERGIO MAYOR


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Carlos M. Pla, amigo, editor de Aurora Dorada. Hablamos de Psicogeografía. Machen, por supuesto. Congeniamos porque congenio con los iniciados en Machen. Somos hermanos de la fe en Machen. ¿Contraseña? Machen. Adelante. Usted es un adepto.

He caminado las noches de Londres siguiendo los itinerarios de Machen (Gray´s Inn Road, bocacalles, alrededores…), flanneur, walker, psicogeógrafo un poco loco de la escuela de Machen.

Alberto Ávila ha traducido a Machen. Carlos no escatima maravillas de Alberto, el escritor, el hombre. Vive para la literatura, dice.

Hablamos de Ian Sinclair y las iglesias de Hawksmoor. Le cuento que he estado en el púlpito de St. George´s Church, en Bloomsbury, la nave vacía, oscura, la resonancia de los siglos. Allí el sistema nervioso siente la espesura de las oraciones, la coagulación de los himnos, los funerales, las homilías, la densidad física de lo sagrado.

Hablamos de Atlantic Bookshop, la librería esotérica cerca de Charing Cross donde descubrí a Austin Osman Spare, el pintor, y compraba extravagancias de Steiner, Blavatsky, Ouspensky, esa clase de visionarios.

Fue una temporada mística. Acudía a la Swedenborgian Church y a la Temenos Academy (¡Jeremy Naidler! ¡La filosofía hermética de Egipto!), conocí a Gary Lachman en un pub de Southwark, me enamoré de una reverenda, me internaba en un monasterio benedictino en Worcestershire…No encontré lo que buscaba, pero fue divertido.

Luego regresé a Granada por razones psicogeográficas. Creo, conozco el genius loci de esta ciudad. He recordado Londres con Carlos M Pla, a quién temí, en un principio, algo satanista, por editor de Aleister Crowley. Nada que ver. Hombre brillante, santo varón, iniciado en la fe de Machen, una fe que nos hermana.

Sergio Mayor


miércoles, 17 de diciembre de 2025

HORIZONTES PERDIDOS por JOSÉ PASTOR GÓNZÁLEZ


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cuando ya no queden
ni las ruinas de los molinos
ni los rotos de los palomares
ni las bodegas derrumbadas
ni las espadañas desmoronadas de las iglesias abandonadas
ni los muros caídos de las casas
ni el rastro de las fuentes
ni siquiera el camino que llegaba a ellas
ni vestigios de dónde estuvo el bar o la última peña
cuando ya no queden
ni cigüeñas ni milanos ni bandadas de estorninos
ni árboles ni remansos
cuando ya no quede nadie con quien echar un rato
cuando ya no quede nada en pie
ya no tendré paisaje donde mirarme
ni lugar al que volver

José Pastor Gónzález


martes, 16 de diciembre de 2025

ENVUELTO EN PAPEL DORADO por GORDON HASKEL


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Recréate como aquel niño que eras,
con el olor a tierra mojada
que empapa la lluvia en las tardes de otoño,
con las mariposas que alteran
las tripas de adolescente
al ver pasar a la persona
que desmonta tu mundo.

Recréate, aunque solo sea por un instante,
con esa sensación de libertad
que emana de los amaneceres
cuando la juventud viaja
en un tren sin destino ni equipaje.

Olvida por un momento la prisa urgente,
y colorea de luces el árbol de las ilusiones,
como aquel año que no esperabas
encontrarte a sus pies, envuelto en papel dorado,
el juguete que tanto deseabas.

Vuelve a pasear entre las nubes de tus sueños,
imaginando ser un ave que vuela sin cadenas.
 
Recréate en las noches descontroladas
sin relojes ni horarios,
en los atajos que tomabas
para burlar la soledad,
en el carmín que empaña su copa,
en ese tango que siempre quisiste bailar.

Despega con las luces de neón
para alumbrar el horizonte.
Que no te engañen los espejismos del desierto,
ni te envuelva la desazón
que rubrica la desesperanza.
Y recréate con la magia de las estrellas,
con la música que compone el aire.

Embriágate del sabor
de las caricias que sus manos
dejan en tu piel,
de los abrazos sinceros,
de las sonrisas transparentes.

Recréate al fin, con los cuentos de hadas,
aunque digan que no existen
y el final de este poema
solo sea el principio
de los días que vendrán.
 
Porque siempre es agradable regresar
a la estación donde siempre esperan,
los que nunca se olvidaron de ti.


Gordon Haskel


domingo, 14 de diciembre de 2025

CANSADO por PABLO OTERO


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Cansado
de terapias, de dimes y diretes, de
aguafiestas, de
llorones y lloronas, de
egos vacíos, de
amiguísimos y amiguísimas, de
filósofos analfaburros, de
escritores expres, de
poetas champiñoneros, de
selfies morritudos, de
palabras huecas, frases huecas
actitudes huecas.

Cansado de egoísmos de ida y vuelta, de
vendedores de miedo, de
multiversos y multitudes, de
hedonistas y arribistas, de
culeros y vanguardistas de cartón, de
medios de comunicación y medias tintas.
 
Cansado de advenedizos de novela negra, de
poetas del yo me mi conmigo, de
mírame y no me toques que tu mirada mancha la pulcritud de mi pensamiento divino, de divinísimo, de divinísimas,
de divinísimos.

Muy cansado del buenos días mundo
buenas noches universo
buenas tardes corazones, de
trapiches y pazguatos, de
fakes news y falsos profetas, de
días de y black friday, de
fascistas y facinerosos.

Cansado, en definitiva
de un mundo cansino y vacío, donde
el que te vean, el que sepan de ti
y el que te quieran, por encima de todo
lo es todo, y el silencio
adormece y adolece de sentido.
 
CANSADO DE MÍ, básicamente
por mirar hacia otro lado
tantas veces.


Pablo Otero 


sábado, 13 de diciembre de 2025

EL HEMISFERIO DÉBIL por PABLO CEREZAL


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De vez en cuando desempolvo álbumes de fotos, de aquellos en que las instantáneas eran material sensible también para los dedos. Andaba buscando un pasaporte que quedó detenido en su atropellada inauguración de trasiegos urgentes. Lo encontré en un altillo que ni recordaba de estos escasos metros cuadrados que se disfrazan de hogar sabiendo que, en ocasiones, lograron serlo. Un altillo en que habitaban regalos sin fecha de caducidad y un álbum de fotos que tenía olvidado.

El caso es que he asomado mi ojo derecho a esa cerradura que es un álbum de fotos y me he mareado. Tengo fiebre, me he dicho. Después, poco después, he asomado el mismo ojo a la cerradura de otra colección de instantáneas, digital en este caso y como intervenida por Jesucristo en su multiplicación de panes y peces. Sobre todo peces, que es de lo que más hambre tengo siempre. A pesar de las espinas. Una se me quedó atravesada un día en la tráquea y casi me asfixia. En vez de ayudarme del pan para intentar tragarla, decidí trocarla en orquídea. Ya he adoctrinado a las espinas para que esquiven las llagas que el hambre esculpió en mi garganta.

El hambre. Y el alimento. Y la fiebre. El pescado aglutina aromas de travesía y sabe a refrán recién inventado, al tacto es pétalo jugando a ser labio, embriaga la mirada como una natación detenida y vierte en tus oídos ritmos del salitre que pulió todas sus escamas. De nuevo, me he mareado, mucho más que en la anterior ocasión, como si este pasado digital supusiese más pasado que aquel analógico de sonrisas en Bahía, Suwon, Monnickendam, Sefrou, Gwalior, Estambul o Berlín. También Cochabamba y Aguas Calientes, pretérito futuro en que se adivinaba la vida de peluche que me habría de recomponer los huesos. Al contrario que en Ollantaytambo, donde una sonrisa amarga intentó quebrar alguno de ellos.

Engaño de los relojes detenidos a esa hora en que todas las sonrisas eran otras. Mujeres que claudicaron ante mi torpeza. Que huyeron en pos de un mejor postor. Y bien hicieron. Mujeres, lolitas ya cuando las miro retratadas en ese álbum que me acabo de inventar. Mecanismos de la fiebre o la melancolía mal diseñada. Porque melancolía de aquellos labios, no. Aunque sí de mi torpe manera de intentar leerlos. La edad te hace más viejo. Algunos dicen que más sabio. No sé, no pongo la mano en el fuego ya por nadie. Menos por quien intente dirigirme el raciocinio sin prestarle oído a mi piel. La piel. Ahí el lenguaje que sigo aprendiendo a pesar de ser consciente de que viene urdido de antaños.

Una ciudad norteña. Al norte de qué. Medianoche y aún gaviotas. Un enclave septentrional se congrega a tus pies mientras desorientas valses cíngaros entre los muslos, acunados por el compás redundante del oleaje, arando idiomas que nunca nadie comprenderá, húmedos vergeles de lo sagrado, sobre el pergamino de arena recién borrado por la mar a la que los dedos de tus pies extirpan poemas hechos de puntos suspensivos. Una ciudad norteña y la música que no dejas de danzar al son lejano de la tempestad cuando engulle otro Pequod. A esa cerradura se ha asomado, de mis ojos, el derecho. Y me ha dolido. Es mi ojo débil, debo decirlo. Toda mi fisiología es débil en su flanco derecho. Mi pierna derecha es más corta que la contraria. Mi pecho carece de vello en su triste musculatura diestra. La barba es sfumato sin pericia en el perfil derecho de mi rostro. Mi falo aparenta más sanguíneo cuando vierte latidos a la izquierda de mi cuerpo, a pesar de llevar más de medio siglo vistiéndose del revés. Y así le va.

Creo recordar que mi pupila derecha lleva a cuestas mayor carga de dioptrías. Algo parecido a una verruga tatúa sus bajos como una lágrima indocumentada. Escribo con la diestra y aún no he aprendido a sostener con ella lápiz ni bolígrafo. De pluma no hablemos, porque la tinta me recuerda siempre la muerte de un pulpo al que prefiero deglutir sin imaginar su sacrificio. La cuestión es que aún no he aprendido a escribir con la mano derecha, a pesar de ser la que uso, sin emborronarlo todo. En ocasiones he tenido que dedicar libros, y ha sido un suplicio. «¿Pero qué ha escrito este? Si está todo manchado». Intenté suplir el estropicio sonriendo. Pero me salió la comisura diestra de los labios nadando sin destreza alguna hacia arriba, como un pez que solicita eutanasia. Sé que no logré convencer a quien me pedía una dedicatoria. Aunque tampoco entiendo para qué la quería.

Firmo con la mano derecha también, obvio, y por eso nunca idéntica grafía. Carece de consistencia. Me engaño pensando que puedan llegar a creer, quienes la intenten desentrañar, que es cuestión de personalidad. Dispersa, disfuncional, pero al fin personalidad. Ni una firma igual a la otra, qué desastre. Así me fue, durante años, mientras recorría las cochambrosas dependencias de las oficinas de migración en Bolivia. Que si intenta suplantar identidad y eso es delito, que si ha debido tomar demasiado, que si unos pesitos y aquí no hemos apreciado nada sospechoso. Cómo explicarles a aquellos funcionarios del hambre que sólo se trataba de mi insistencia en rubricar utilizando la extremidad superior de mi flanco deteriorado. Y sí, ya puestos, por qué no decir, como iracundo le espeté a uno de ellos, que también me masturbo con la derecha. Mayormente para comprender que ni eso me sale bien con esta.

Así que abro de nuevo este álbum digital de fotos. Asomo mi ojo derecho a la cerradura y todo se me aparenta velado, como un presagio de presente que rueda hacia un futuro maltrecho. Después, utilizo mi ojo izquierdo y todo se enjuaga de luz, y me invade la calma. Porque las pupilas tienen memoria y no es la de los peces. Al menos en mi caso. Pienso en mi flanco izquierdo y recuerdo que mi pie siniestro resbaló sobre el mármol de un cementerio en Oporto antes de profanar un cuerpo vivo en la ingravidez de lo aún no escrito, coronó un ochomil de escaleras tras un caminar de milagro en mudanza que después haría juego con las cumbres de Sierra Nevada y sostuvo el equilibrio en las aguas del Atlántico a pesar de acribillado por la risa invertebrada de una sirena. Mi mano izquierda, por otra parte, depositó el primer sendero en el rostro recién inaugurado de mi hijo y caminó de puntillas sobre tu pecho contrario. Que cualquier tiempo pasado fue mejor, dicen. Que cuando miras un álbum de fotos puede parecerlo. Que, en mi caso, tal vez sólo sea mejor si asomo a él mi ojo izquierdo.

Acerco la pupila derecha a la cerradura y comprendo que la llave, tal vez, sea el iris de la izquierda. ¿Qué tanto he leído con mi ojo derecho? Novedades y antiguallas. ¿Qué me resta por leer con el izquierdo? Tal vez sólo la vida que cada vez más me anida en este hemisferio que tú supiste recorrer para recordarle que es donde hace nido el corazón. Me asomo a este álbum y recuerdo que incluso le diste sentido a mi perfil derecho descubriéndole el ahora en una cartomancia de inviernos sin frío y veranos frescos, un desentrañarle las entrañas al animal que, en este hemisferio débil, auguraba batallas en que se perdían vidas. Incluso la mía. Daños colaterales. Hasta que tú, como cuadrúpedo inventado vinieses a inventarlo de nuevo pastando el vello inexistente de mi pecho derecho.

Dice la ciencia que el hemisferio cerebral derecho es responsable de las emociones, la destreza artística, la creatividad y la comunicación no verbal. Todo eso que siempre defendí como raíz de este mi burdo estar en la tierra sin raíz alguna. Al final, va a ser verdad, tan consciente de la debilidad de todo lo que en mi cuerpo queda a la derecha, que soy un impostor, perdóname, hijo. Para no flagelarme demasiado, me digo que las pupilas, cuando tan cercanas a otras que casi las muerden, equivocan el punto de vista logrando abolir derechas e izquierdas.

Mientras me pregunto qué pupila será la que asomas tú a la cerradura, he decidido que mañana me calzaré un parche, a lo Joyce. Lo haré, como él, para frenar las flaquezas de mi contemplar borroso todo aquello que me ha conformado. Pero al contrario que él, lo colocaré sobre mi ojo derecho. Nueva certificación de que jamás podré escribir un nuevo Ulises. Me quedo con el sueño de aprender a escribir cuando mirando las fotos con el ojo izquierdo. Y ya puestos, con el de aprender a firmar con la mano derecha. Y sí, el termómetro lo constata, tengo fiebre.

Pablo Cerezal, 
del blog Postales desde el Hafa