Pereza sonando a todo saco en la oficina. Estoy solo - para variar - así que me he traído mis propios cds. Para amenizar el día. Para recordarme lo increíblemente feliz, relajado y aliviado que me siento. Lo de "aliviado" es un guiño al maestro...
Señores, suena Pereza pero no me siento perezoso, aunque dicen que soy uno. Estoy relajado, contento, ilusionado. Donde tenía que haber estado desde el comienzo. Este es el final de una larga historia de desamor a primera vista.
Estoy sentado en mi garita - ahí queda. Ocupado, revisando un legado de varios años y algunos meses. Igual ayudará a alguien a arrancar. Igual. No sé, ya no es mi guerra.
De vez en cuando dejo de teclear y separo la vista de la pantalla. El día ha salido frío pero despejadísimo. Miro por la ventana, sonriendo, bobalicón. No, agilipollado no: bobalicón. Que estamos en época navideña y no hacen falta tacos.
Gaviotas vuelan alto, a su bola, y el sol va ganando centímetros en los tejados. No calienta pero me da igual: es un día precioso. Perfecto, luminoso. Buena despedida del 2008. Esta noche es, como diría mi padre, NocheNueva o AñoViejo. Cambiamos el 8 por el 9. Los últimos doce meses no me dieron tregua sino mucha estopa.
Propósito para el año entrante: ser feliz y, si hay estopa, que sea yo el que la dé.
Pero en serio, paso de Estopa, me quedo con Pereza. Dejo de teclear el excel. Me levanto para ir a la cocina. Un vaso de agua en la zurda. Una mandarina en la diestra. Pero no vuelvo directo a mi cuarto. Paseo brevemente por la oficina. Tarareo las canciones que me sé... Y vuelvo a mi puesto. A seguir con mi trabajo. En calidad de mercenario, no de soldado.
Se hace camino al andar. Se hace.
Feliz Año Nuevo a todos.
Wednesday, December 31, 2008
Monday, December 8, 2008
Mudanza a ritmo de samba
Pongámonos al día.
No escribo desde hace mucho tiempo. Agradezco a todos los seres humanos que, con su corazoncito y su paciencia, me dejaron comentarios y me siguieron visitando pese a la sequía.
Dado que no tengo ganas de pensar - menuda novedad para un lunes - voy a escribir un poco a loco, ideas y temas sueltos y en desorden y ya vosotros os montáis la peli por vuestra cuenta.
Primero, para que no se me pase: el viernes 12 estaré en Barcelona pero apenas tendré minutos sueltos para ver a nadie. Pa que os digo que sí, si no. Muy probablemente estaré pillando el tren para Alicante que sale a las 17h desde la estación patrona de Barcelona.
Para los menos avispados: obviamente, voy a Alicante. Llego el viernes y me quedo hasta el domingo por la tarde - horario por definir - y aunque mi principal objetivo es reunión familiar con hermano y hermana incluidos - no sé cuándo fue la última vez que coincidimos los cinco! - también sacaré tiempo para los amiguetes. Apuntaros en la agenda que el sábado de sobremesa y tarde estaré de cañas en algún bareto de la Playa de San Juan y encantado de saludar a cuantos más, mejor.
El domingo me piro a Madrid para pasar unos días pero los únicos ratos libres que tendré serán lunes, martes y viernes noche, y ni siquiera es seguro. Pero bueno, se aceptan propuestas.
Pasada esta oportunidad, no me atrevo a aventurar cuándo será la próxima vez que baje a España. Espéin para los amigos. The land near Mallorca para los alemanes.
Siguiente asunto, que no decaiga: la mudanza de Mäkelänkatu a Pitäjänmäki fue un exitazo - los nombres mejoran con el tiempo, como veis.
Os cuento.
La semana del 27 al 31 de octubre la dedicamos a limpiar y empaquetarlo todo. Todo. La idea era que cuando llegasen nuestros refuerzos el sábado in da morning no hubiése nada suelto. Y cumplimos.
El viernes 31 por la tarde habíamos alquilado un coche para empezar a llevar bártulos, todas las plantas - tenemos entre 15 y 20 - y sacarle provecho a un servicio de alquileres de coches al que nos apuntamos hace un tiempo. Recogimos el coche en el lugar acordado. Cargamos el vehículo, un muy espacioso Ford Ka, hasta los topes y más allá. Imprimimos mapas para encontrar fácil y eficientemente nuestro camino. Nos perdimos. Nos perdimos más. Nos encontramos. Pillamos un bache. Otro. Las plantas volcadas, un caos de la leche. Al final: recogimos las llaves, descargamos el coche, volvimos a casa usando el GPS del Nokia de Catta y yo acabé encerrado en el coche con el aspirador - llovía mucho - dejándolo como una patena.
Sábado de todos los santos. A las 7.30 tenían que llegar los padres de Cat. A las 7.30 llegaron. A las 7.45 tenía que llegar el amigo del padre con el camión. A las 7.45 llegó. A las 8 le había sugerido yo a mi amigo francés Steve que se plantara en mi casa para ayudar con la promesa de café, pizza y cervezas. A las 8 en punto llegó. Acojonante. Y lo mejor de todo fue que cuando llegaron los padres, pues apretón de manos y abrazos y gracias por venir etcétera pero cuando llegó el colega del camión - cuyo nombre nunca llegué a conocer, no saludó, no parpadeó, no. Entró, miró a su alrededor, se agachó, pilló una caja y salió. El padre de Catta lo siguió con otro petate, sin mediar palabra. Y así fue. Palabras las justas, eficiencia la máxima. 60 minutos después Steve y yo estábamos sentados en el sofá, a oscuras, en la parte de atrás del camión, camino al nuevo hogar. Una hora. Y mejor: otros 90 minutos después estábamos todos - incluidas Cat y su madre que se habían quedado para limpiar lo que pudiera haber quedado por limpiar - en el salón ya amueblado comiendo las prometidas pizzas y cervezas. Hay que joderse.
Sin ánimo de ofender - y basado en hechos reales - pero si esta mudanza se organiza en España me imagino el percal. Como si lo viera. La peña llegando a las once y media, como pronto. Nada empaquetado, por supuesto. El del camión viene pero al final mi hermano sólo me ha podido prestar el Megane, pero es un gran coche y el maletero cunde un huevo. Y nada, todo el día para arriba y para abajo, carga, descarga, amontona y suerte tendrás de acabarlo en un día...
Me imagino que estaréis deseando ver fotos del apartamento. Pero no va a poder ser: no tengo acceso a fotos ahora pispo así que tendréis que ser pacientes. Total, si habéis estado esperando semanas a que escriba algo - no lo neguéis, sé que habéis estado esperando, leales lectores - podéis aguantar unos días más.
Dejando el piso de lado, creo que una de las mejores cosas que Cat y yo hicimos en noviembre fue ir a un concierto de música brasileña. Tuvimos la oportunidad de ver a Farofa Carioca y a Elza Soares. Hubo otra banda antes pero, bueno. Eso. La pobre Elza tuvo un accidente de coche el mismo día de la actuación y quedó, para qué ponerlo en dulce si era salado, hecha una piltrafa. La mandíbula hinchada, coja, renqueante. Un cuadro. Y cuando en el hospital le preguntaron no irá usted a cantar esta noche, señora, que entre la edad y el leñazo debería relajarse, cuentan que la tía casi le arranca la cabeza al médico, al manager y la madre que los parió a todos. Y allí estuvo, cuarenta y cinco minutillos improvisando y haciendo que la sala entera se moviera. Impresionante. Y muy recomendable. Tengo fotos y vídeos de ese evento pero, no os lo vais a creer, me los he dejado en casa. Otro día, vale? Os lo casi-prometo por la sombra de Peter Pan.
Y un último mensaje respecto al concierto. Esto que escribo a continuación va para las cuatro señoras que estaban a mi derecha al principio del concierto, justo al lado de la mesa de control. No sé si hablan español pero seguro que alguien se lo traduce. Por su bien. Voy: Señoras, bailar samba, bossa nova, choro o cualquier otro género en público a su edad me parece un ejercicio sano, saludable, divertido y espero poder hacerlo yo mismo cuando cumpla esas primaveras sin vergüenza al qué dirán. Ahora bien, aprovechar la vorágine y euforia colectiva para bailar haciendo el imbécil, a esa misma edad, es muy muy triste. Porque ni siquiera iban borrachas que, digno o no digno, al menos aportaría algo de luz al asunto, van ciegas, qué le vas a hacer. Pero no era el caso. O sea, me explico: que un grupo de Erasmus haga un corro en una discoteca porque uno de ellos baila haciendo el pescador, el crupier, el tenista o el camarero me parece cojonudo. Yo tengo 24 y hago lo que me sale del pito en un bareto. Pero que cuatro tordas de 45 para arriba monten bulla y actúen como petardas meneándose como si estuviesen sufriendo un ataque de epilepsia me da vergüenza ajena y ganas de echar la papa. Porque daban pena. La gente las miraba, se apartaba y meneaba la cabeza preguntádose por qué. Y no me llaméis borde o rancio que no me apetece mandaros a paseo a vosotros también. Que una señora o señor adultos bailando con gracia y estilo siempre es bienvenido, pero una cosa es una cosa y otra, otra.
Lo bueno de haber ido al evento brasileño fue que nos dio la excusa perfecta para ir a Bossa, un restaurante más caro de lo que Cat y yo solemos frecuentar pero que valió la pena probar. Absolutamente todo lo que nos sirvieron estaba delicioso. Todo. El servicio también fue bueno - tardaron un huevo con el postre pero no seamos pijoteros - y quizá lo único mejorable fue la temperatura ambiente, no muy brasileña sino más bien finesa. Así que como veis, la noche fue carioca de principio a fin - y el fin fue pasadas las tres de la mañana, no creáis.
Sigo escribiendo esta semana antes de salir hacia latitudes latinas. Abrazos y demás!
Por último, y como última hora: MUCHAS FELICIDADES, JUAN.
No escribo desde hace mucho tiempo. Agradezco a todos los seres humanos que, con su corazoncito y su paciencia, me dejaron comentarios y me siguieron visitando pese a la sequía.
Dado que no tengo ganas de pensar - menuda novedad para un lunes - voy a escribir un poco a loco, ideas y temas sueltos y en desorden y ya vosotros os montáis la peli por vuestra cuenta.
Primero, para que no se me pase: el viernes 12 estaré en Barcelona pero apenas tendré minutos sueltos para ver a nadie. Pa que os digo que sí, si no. Muy probablemente estaré pillando el tren para Alicante que sale a las 17h desde la estación patrona de Barcelona.
Para los menos avispados: obviamente, voy a Alicante. Llego el viernes y me quedo hasta el domingo por la tarde - horario por definir - y aunque mi principal objetivo es reunión familiar con hermano y hermana incluidos - no sé cuándo fue la última vez que coincidimos los cinco! - también sacaré tiempo para los amiguetes. Apuntaros en la agenda que el sábado de sobremesa y tarde estaré de cañas en algún bareto de la Playa de San Juan y encantado de saludar a cuantos más, mejor.
El domingo me piro a Madrid para pasar unos días pero los únicos ratos libres que tendré serán lunes, martes y viernes noche, y ni siquiera es seguro. Pero bueno, se aceptan propuestas.
Pasada esta oportunidad, no me atrevo a aventurar cuándo será la próxima vez que baje a España. Espéin para los amigos. The land near Mallorca para los alemanes.
Siguiente asunto, que no decaiga: la mudanza de Mäkelänkatu a Pitäjänmäki fue un exitazo - los nombres mejoran con el tiempo, como veis.
Os cuento.
La semana del 27 al 31 de octubre la dedicamos a limpiar y empaquetarlo todo. Todo. La idea era que cuando llegasen nuestros refuerzos el sábado in da morning no hubiése nada suelto. Y cumplimos.
El viernes 31 por la tarde habíamos alquilado un coche para empezar a llevar bártulos, todas las plantas - tenemos entre 15 y 20 - y sacarle provecho a un servicio de alquileres de coches al que nos apuntamos hace un tiempo. Recogimos el coche en el lugar acordado. Cargamos el vehículo, un muy espacioso Ford Ka, hasta los topes y más allá. Imprimimos mapas para encontrar fácil y eficientemente nuestro camino. Nos perdimos. Nos perdimos más. Nos encontramos. Pillamos un bache. Otro. Las plantas volcadas, un caos de la leche. Al final: recogimos las llaves, descargamos el coche, volvimos a casa usando el GPS del Nokia de Catta y yo acabé encerrado en el coche con el aspirador - llovía mucho - dejándolo como una patena.
Sábado de todos los santos. A las 7.30 tenían que llegar los padres de Cat. A las 7.30 llegaron. A las 7.45 tenía que llegar el amigo del padre con el camión. A las 7.45 llegó. A las 8 le había sugerido yo a mi amigo francés Steve que se plantara en mi casa para ayudar con la promesa de café, pizza y cervezas. A las 8 en punto llegó. Acojonante. Y lo mejor de todo fue que cuando llegaron los padres, pues apretón de manos y abrazos y gracias por venir etcétera pero cuando llegó el colega del camión - cuyo nombre nunca llegué a conocer, no saludó, no parpadeó, no. Entró, miró a su alrededor, se agachó, pilló una caja y salió. El padre de Catta lo siguió con otro petate, sin mediar palabra. Y así fue. Palabras las justas, eficiencia la máxima. 60 minutos después Steve y yo estábamos sentados en el sofá, a oscuras, en la parte de atrás del camión, camino al nuevo hogar. Una hora. Y mejor: otros 90 minutos después estábamos todos - incluidas Cat y su madre que se habían quedado para limpiar lo que pudiera haber quedado por limpiar - en el salón ya amueblado comiendo las prometidas pizzas y cervezas. Hay que joderse.
Sin ánimo de ofender - y basado en hechos reales - pero si esta mudanza se organiza en España me imagino el percal. Como si lo viera. La peña llegando a las once y media, como pronto. Nada empaquetado, por supuesto. El del camión viene pero al final mi hermano sólo me ha podido prestar el Megane, pero es un gran coche y el maletero cunde un huevo. Y nada, todo el día para arriba y para abajo, carga, descarga, amontona y suerte tendrás de acabarlo en un día...
Me imagino que estaréis deseando ver fotos del apartamento. Pero no va a poder ser: no tengo acceso a fotos ahora pispo así que tendréis que ser pacientes. Total, si habéis estado esperando semanas a que escriba algo - no lo neguéis, sé que habéis estado esperando, leales lectores - podéis aguantar unos días más.
Dejando el piso de lado, creo que una de las mejores cosas que Cat y yo hicimos en noviembre fue ir a un concierto de música brasileña. Tuvimos la oportunidad de ver a Farofa Carioca y a Elza Soares. Hubo otra banda antes pero, bueno. Eso. La pobre Elza tuvo un accidente de coche el mismo día de la actuación y quedó, para qué ponerlo en dulce si era salado, hecha una piltrafa. La mandíbula hinchada, coja, renqueante. Un cuadro. Y cuando en el hospital le preguntaron no irá usted a cantar esta noche, señora, que entre la edad y el leñazo debería relajarse, cuentan que la tía casi le arranca la cabeza al médico, al manager y la madre que los parió a todos. Y allí estuvo, cuarenta y cinco minutillos improvisando y haciendo que la sala entera se moviera. Impresionante. Y muy recomendable. Tengo fotos y vídeos de ese evento pero, no os lo vais a creer, me los he dejado en casa. Otro día, vale? Os lo casi-prometo por la sombra de Peter Pan.
Y un último mensaje respecto al concierto. Esto que escribo a continuación va para las cuatro señoras que estaban a mi derecha al principio del concierto, justo al lado de la mesa de control. No sé si hablan español pero seguro que alguien se lo traduce. Por su bien. Voy: Señoras, bailar samba, bossa nova, choro o cualquier otro género en público a su edad me parece un ejercicio sano, saludable, divertido y espero poder hacerlo yo mismo cuando cumpla esas primaveras sin vergüenza al qué dirán. Ahora bien, aprovechar la vorágine y euforia colectiva para bailar haciendo el imbécil, a esa misma edad, es muy muy triste. Porque ni siquiera iban borrachas que, digno o no digno, al menos aportaría algo de luz al asunto, van ciegas, qué le vas a hacer. Pero no era el caso. O sea, me explico: que un grupo de Erasmus haga un corro en una discoteca porque uno de ellos baila haciendo el pescador, el crupier, el tenista o el camarero me parece cojonudo. Yo tengo 24 y hago lo que me sale del pito en un bareto. Pero que cuatro tordas de 45 para arriba monten bulla y actúen como petardas meneándose como si estuviesen sufriendo un ataque de epilepsia me da vergüenza ajena y ganas de echar la papa. Porque daban pena. La gente las miraba, se apartaba y meneaba la cabeza preguntádose por qué. Y no me llaméis borde o rancio que no me apetece mandaros a paseo a vosotros también. Que una señora o señor adultos bailando con gracia y estilo siempre es bienvenido, pero una cosa es una cosa y otra, otra.
Lo bueno de haber ido al evento brasileño fue que nos dio la excusa perfecta para ir a Bossa, un restaurante más caro de lo que Cat y yo solemos frecuentar pero que valió la pena probar. Absolutamente todo lo que nos sirvieron estaba delicioso. Todo. El servicio también fue bueno - tardaron un huevo con el postre pero no seamos pijoteros - y quizá lo único mejorable fue la temperatura ambiente, no muy brasileña sino más bien finesa. Así que como veis, la noche fue carioca de principio a fin - y el fin fue pasadas las tres de la mañana, no creáis.
Sigo escribiendo esta semana antes de salir hacia latitudes latinas. Abrazos y demás!
Por último, y como última hora: MUCHAS FELICIDADES, JUAN.
Thursday, October 23, 2008
Almost Transformers
Lo que viene a continuación es un homenaje a mi buen amigo Martin - no, no lleva tilde porque el acenta va sobre la primera vocal. Ya he hablado alguna vez de él: es un tipo sensacional al que poco a poco estoy volviendo más y más latino: fan de Mecano desde hace meses, amante de la comida española - y la sangría - desde que hicimos tapas en casa y ahora adicto a la música de Buenavista Social Club tras escucharla un finde en casita.
Pero, además, es un fan de la película Transformers. No sé cómo pero el tío incluso consiguió un casco que te cubre cabeza y cara y que cuando lo pones en modo "on" te hace hablar como uno de los personajes de la película - no, no recuerdo cuál.
Hoy a la hora de comer me he encontrado con este vídeo y, obviamente, he pensado en él...
Matin, you're a great guy! I'm not affraid of saying it: I love you too and I miss you!!!
¡Un saludo a todos!
Pero, además, es un fan de la película Transformers. No sé cómo pero el tío incluso consiguió un casco que te cubre cabeza y cara y que cuando lo pones en modo "on" te hace hablar como uno de los personajes de la película - no, no recuerdo cuál.
Hoy a la hora de comer me he encontrado con este vídeo y, obviamente, he pensado en él...
Matin, you're a great guy! I'm not affraid of saying it: I love you too and I miss you!!!
¡Un saludo a todos!
Wednesday, October 22, 2008
Abandonaos
Pues eso, que os tengo abandonaos a todos, queridos lectores. Como profetizaba hace unas semanas, el mes de octubre está siendo una putada y, además, últimamente he estado perezoso - normal, es mi estado habitual - a la hora de escribir.
Sin embargo, no quisiera dejar pasar esta oportunidad para invitaros a todos a un increíble evento que tendrá lugar el sábado 1 de Noviembre. No, no es Halloween. Es... ¡¡¡Otra mudanza!!! ¡¡¡La tercera en dos años!!! Qué alegría, con lo que me gustan las mudanzas...
En fin, a todos los que estéis por Helsinki ese día - o sea, Juan - os invito a acercaros a Mäkelänkatu 25C para ayudarnos a llevar sofás, estanterías, sillas, mesas, cajas... ¿No me diréis que no suena a planazo de sábado? Además, como esta es una mudanza finesa empezaremos a las 8 de la mañana en punto.
El único punto positivo - aparte de que el piso tendrá unos metros más, sauna y balcón - es que yo retomé la idea de tener un blog a raiz de una mudanza así que celebraré el aniversario de este espacio con otra. Qué ilu.
Antes de cerrar, si tenéis un rato pasaros por el blog de Juan porque el tío loco ha abierto una encuesta para saber si son mejores las pochas o la fabada. La polémica/tensión están servidas y sé que tengo un par de lectores riojanos que tendrán algo que decir al respecto...
Bueno mozos y mozas, me despido por un ratillo.
Sin embargo, no quisiera dejar pasar esta oportunidad para invitaros a todos a un increíble evento que tendrá lugar el sábado 1 de Noviembre. No, no es Halloween. Es... ¡¡¡Otra mudanza!!! ¡¡¡La tercera en dos años!!! Qué alegría, con lo que me gustan las mudanzas...
En fin, a todos los que estéis por Helsinki ese día - o sea, Juan - os invito a acercaros a Mäkelänkatu 25C para ayudarnos a llevar sofás, estanterías, sillas, mesas, cajas... ¿No me diréis que no suena a planazo de sábado? Además, como esta es una mudanza finesa empezaremos a las 8 de la mañana en punto.
El único punto positivo - aparte de que el piso tendrá unos metros más, sauna y balcón - es que yo retomé la idea de tener un blog a raiz de una mudanza así que celebraré el aniversario de este espacio con otra. Qué ilu.
Antes de cerrar, si tenéis un rato pasaros por el blog de Juan porque el tío loco ha abierto una encuesta para saber si son mejores las pochas o la fabada. La polémica/tensión están servidas y sé que tengo un par de lectores riojanos que tendrán algo que decir al respecto...
Bueno mozos y mozas, me despido por un ratillo.
Thursday, October 2, 2008
Sigo vivo
Han pasado más de diez días desde que escribiese por última vez y he recibido centenares de emails y toneladas de cartas de fans que se preocupan por mi estado de salud y se preguntan el porqué de tanto silencio. Por lo tanto, para responderles a todos: sí, mamá, sigo vivo, todo va bien.
Eso sí, el mes de septiembre ha sido una verdadera putada. He trabajado como un animal. La vuelta de las vacaciones - no las mías, que no tuve, sino las de todos los amigos con los que hablo a diario - y la coyuntura económica - o puta crisis, según se mire - ha dejado tras de sí muchos nervios, incertidumbres, recortes y, bueno, que ha tocado remangarse y bregar. No he tenido tiempo para el blog ni para muchas otras cosas que tenía en mente. Ha sido, insisto, un mes muy duro.
Pero tranquilos, octubre pinta mucho peor...
Sea como sea, tengo en la recámara - sí, yo tengo recámara, que queda guay - varias ideas para ir escribiendo y las pienso empezar a publicar muy prontito. No prometo escribir cada día - eso no lo alcanzo ni borracho - pero sí recuperar el tono.
Hasta entonces, os dejo con algo. No puedo decir "algo divertido", "algo curioso" ni nada por el estilo porque, sinceramente, me cuesta mucho clasificarlo. Sólo diré que hace muchos años una tropa de ocho amiguetes del colegio nos disfrazamos así en unos carnavales y nos fuimos de fiesta por Alicante...
Obviamente, triunfamos más que la San Miguel - aunque mucha gente nos señalaba y decía "¡Mira, el Chavo del ocho!". Aficionados...
Eso sí, el mes de septiembre ha sido una verdadera putada. He trabajado como un animal. La vuelta de las vacaciones - no las mías, que no tuve, sino las de todos los amigos con los que hablo a diario - y la coyuntura económica - o puta crisis, según se mire - ha dejado tras de sí muchos nervios, incertidumbres, recortes y, bueno, que ha tocado remangarse y bregar. No he tenido tiempo para el blog ni para muchas otras cosas que tenía en mente. Ha sido, insisto, un mes muy duro.
Pero tranquilos, octubre pinta mucho peor...
Sea como sea, tengo en la recámara - sí, yo tengo recámara, que queda guay - varias ideas para ir escribiendo y las pienso empezar a publicar muy prontito. No prometo escribir cada día - eso no lo alcanzo ni borracho - pero sí recuperar el tono.
Hasta entonces, os dejo con algo. No puedo decir "algo divertido", "algo curioso" ni nada por el estilo porque, sinceramente, me cuesta mucho clasificarlo. Sólo diré que hace muchos años una tropa de ocho amiguetes del colegio nos disfrazamos así en unos carnavales y nos fuimos de fiesta por Alicante...
Obviamente, triunfamos más que la San Miguel - aunque mucha gente nos señalaba y decía "¡Mira, el Chavo del ocho!". Aficionados...
Saturday, September 20, 2008
Requiem por un... ¿verano?
Nada. Ni verano ni nada de nada. No hemos tenido más que unos poquitos días con temperaturas por encima de los 20ºC. Y por si fuera poco, ha llovido mucho. Pero mucho mucho. En pocas palabras, ha sido un verano muy decepcionante.
Estamos a día 20 de septiembre - cumple de Catta fue ayer, para los rezagados - y ahora nos toca mirar hacia el otoño. Cada vez menos luz, árboles quedándose en pelota picada, tiempo lluvioso - para variar - y barrillo en las calles a falta de nieve y heladas. Pero pese a todo, me gusta. Los innumerables matices entre rojo y naranja en los árboles, el ruido ahogado de tus pisadas al perderte por un rato en el bosque, las primeras cenas románticas a la luz de las velas... el otoño tiene magia.
Por lo tanto, aunque admito estar triste por no haber disfrutado de la estación estival como se merece, sí que le tengo ganas a estos próximos tres meses. A ver cuándo llega la primera nevada - cuaje o no cuaje - y venga, a disfrutar cada de día sea soleado, lluvioso, cálido o frío.
Lástima que el clima sea tan rácano últimamente: Ni sol o calor en verano, ni nieve o frío en invierno. Esta foto, aunque parezca de otoño, fue tomada en febrero. ¡Espero que el invierno que viene pueda sacar la misma foto en el mismo sitio con el culete clavado en la nieve!
Estamos a día 20 de septiembre - cumple de Catta fue ayer, para los rezagados - y ahora nos toca mirar hacia el otoño. Cada vez menos luz, árboles quedándose en pelota picada, tiempo lluvioso - para variar - y barrillo en las calles a falta de nieve y heladas. Pero pese a todo, me gusta. Los innumerables matices entre rojo y naranja en los árboles, el ruido ahogado de tus pisadas al perderte por un rato en el bosque, las primeras cenas románticas a la luz de las velas... el otoño tiene magia.
Por lo tanto, aunque admito estar triste por no haber disfrutado de la estación estival como se merece, sí que le tengo ganas a estos próximos tres meses. A ver cuándo llega la primera nevada - cuaje o no cuaje - y venga, a disfrutar cada de día sea soleado, lluvioso, cálido o frío.
Lástima que el clima sea tan rácano últimamente: Ni sol o calor en verano, ni nieve o frío en invierno. Esta foto, aunque parezca de otoño, fue tomada en febrero. ¡Espero que el invierno que viene pueda sacar la misma foto en el mismo sitio con el culete clavado en la nieve!Thursday, September 18, 2008
El sargento de hierro
Ya os comenté que no tendría muchos ratos libres para escribir esta semana. Pese a todo, no podía dejar de compartir con vosotros esta joya del cine de todos los tiempos. Un tipo duro donde los haya: Clint Eastwood en el sargento de hierro.
Sobran comentarios.
Sobran comentarios.
Pongo el vídeo con los diálogos en español porque la he visto tantas veces que se me hace raro en inglés! Tendré que probar...
Impresionante. Hay otros vídeos con más réplicas sacadas de la película pero tampoco quiero abusar. Os dejo que investiguéis por vuestra cuenta...
Sunday, September 14, 2008
Dos fotos y a correr
Tenía que haber escrito más durante este finde cuando tuve tiempo. La semana que viene, que empieza mañana, va a estar muy apretada y no creo que tenga mucha ocasión de publicar nada. Lástima. Ahora se me ha hecho un poco tarde así que me conformo - y por lo tanto os tendréis que conformar también vosotros, mis pequeños saltamontes - con un par de fotos. Y a correr.

Esta primera foto fue tomada en Barcelona hace, no sé, veintipico años. Y sí, soy yo. Para los que dudan: insisto, lo juro por la sombra de Peter Pan, que esa cosita de pelo rizado y mirada pícara soy yo. Os agradecería que os ahorraseis el comentario "¡qué mono eras!" porque llevo mal el contraste con los tiempos verbales y los reales. Por cierto, la foto está cortada - no sé dónde tengo la original, si la tengo - dado que en principio allí salimos los tres hermanos Carrizo. Pero bueno, lo que sí tengo claro es que la próxima vez que vaya a Barcelona me tengo que hacer una foto en eso mismo lugar. Eso sería un contraste de los buenos...

Esta segunda está tomada en León, allá por... 2004? 2005 quizás? En fin, sea de cuando sea, vuelvo a ser yo. Esta vez he perdido la naturalidad de cuando era un crío y salgo en plan "qué guay voy a quedar si me pongo pensativo-duro-serio-profundo". Sea como sea, sí recuerdo bien el paseo que me pegué aquel día con mi padre.
No sé qué habría cambiado si hubiese sabido con antelación que me iba a quedar en Finlandia. Quizá nada, quizá mucho. Sí sé que, pese a que durante la edad del pavo lo único que quería era quedarme en Alicante con los amigotes, a día de hoy echo mucho de menos ir a León y a Normandía. Daría mucho por una Semana Santa en La Virgen del Camino o un verano en Manneville-la-Goupil. Pero bueno, mirada al frente.
Y mirando al frente, os invito a echar un vistazo al blog de Catta para que os hagáis una idea de cómo es la casita de veraneo que nos vamos a comprar de aquí nada. (Ojo: la foto salió torcida por accidente, ¡pero la casa está perfectamente!).
Esta primera foto fue tomada en Barcelona hace, no sé, veintipico años. Y sí, soy yo. Para los que dudan: insisto, lo juro por la sombra de Peter Pan, que esa cosita de pelo rizado y mirada pícara soy yo. Os agradecería que os ahorraseis el comentario "¡qué mono eras!" porque llevo mal el contraste con los tiempos verbales y los reales. Por cierto, la foto está cortada - no sé dónde tengo la original, si la tengo - dado que en principio allí salimos los tres hermanos Carrizo. Pero bueno, lo que sí tengo claro es que la próxima vez que vaya a Barcelona me tengo que hacer una foto en eso mismo lugar. Eso sería un contraste de los buenos...
Esta segunda está tomada en León, allá por... 2004? 2005 quizás? En fin, sea de cuando sea, vuelvo a ser yo. Esta vez he perdido la naturalidad de cuando era un crío y salgo en plan "qué guay voy a quedar si me pongo pensativo-duro-serio-profundo". Sea como sea, sí recuerdo bien el paseo que me pegué aquel día con mi padre.
No sé qué habría cambiado si hubiese sabido con antelación que me iba a quedar en Finlandia. Quizá nada, quizá mucho. Sí sé que, pese a que durante la edad del pavo lo único que quería era quedarme en Alicante con los amigotes, a día de hoy echo mucho de menos ir a León y a Normandía. Daría mucho por una Semana Santa en La Virgen del Camino o un verano en Manneville-la-Goupil. Pero bueno, mirada al frente.
Y mirando al frente, os invito a echar un vistazo al blog de Catta para que os hagáis una idea de cómo es la casita de veraneo que nos vamos a comprar de aquí nada. (Ojo: la foto salió torcida por accidente, ¡pero la casa está perfectamente!).
Wednesday, September 10, 2008
El argumento
Mi padre me comenta que la idea de venir a visitarme a Finlandia le ronda la cabeza. Después de dos años parece que realmente le pica la curiosidad y no me suena a farol. Mi madre lo tuvo claro desde que llegué. Incluso cuando era Erasmus me comentaba aquello de "me encantaría ir a Finlandia, tiene que ser la hostia". Bueno, vale, mi madre no lo dijo así pero es que las charlas con ella suelen ser largas y hoy estoy en plan resumir porque me he pegado una jornada de trabajo de once horas: empecé hablando con chinos, luego hablé con europeos y acabé con latinoamericanos. Pero a lo que voy, que igual un día de estos recibo un telefonazo informándome que mis padres se animan y vienen a visitarme.
Claro, uno que trabaja en ventas siempre busca el argumento que acabe de asegurarte que el trato está en el bolsillo. El problema era encontrar ese detonante para que mi padre se abalance sobre el ordenador a sacar un par de billetes.
Pero lo encontré. Lo tengo.
Papá, puedes venir sin problemas: en Finlandia tienen helado de "Dulce de leche".
Buenas noches.
Claro, uno que trabaja en ventas siempre busca el argumento que acabe de asegurarte que el trato está en el bolsillo. El problema era encontrar ese detonante para que mi padre se abalance sobre el ordenador a sacar un par de billetes.
Pero lo encontré. Lo tengo.
Papá, puedes venir sin problemas: en Finlandia tienen helado de "Dulce de leche".
Buenas noches.
Tuesday, September 9, 2008
Los clones de Disney
Dios, vaya título para un post, podría ser una película de terror. O también podría ser una de esas teorías que dicen que el Sr. Disney está criogenizado y cualquier día de estos le despiertan para que se vaya al cine a ver una peli de Pixar. Pero no, ni lo uno ni lo otro.
Hace unas semanas publicaba una serie de anuncios de una campaña de Disney que me encantan, hoy publico una cosa que me encontré por la red y que me ha llamado bastante la atención. Mucho ojito a los parecidos entre las escenas seleccionadas.
Igual algunos de vosotros ya sabíais que Disney empleaba esta técnica de reciclado pero yo no tenía ni idea.
En fin, lo dejo aquí que no tengo tiempo para más, quien quiera más debate o opinión al respecto que deje un comentario. ¡Todos los comentarios son bienvenidos!
Hace unas semanas publicaba una serie de anuncios de una campaña de Disney que me encantan, hoy publico una cosa que me encontré por la red y que me ha llamado bastante la atención. Mucho ojito a los parecidos entre las escenas seleccionadas.
Igual algunos de vosotros ya sabíais que Disney empleaba esta técnica de reciclado pero yo no tenía ni idea.
En fin, lo dejo aquí que no tengo tiempo para más, quien quiera más debate o opinión al respecto que deje un comentario. ¡Todos los comentarios son bienvenidos!
Monday, September 8, 2008
Moverse por Helsinki con transporte público
Existe una web que te permite de forma rápida, sencilla y fiable planificar cualquier desplazamiento que vayas a hacer en Helsinki. Basta con una dirección de partida, una de destino y una hora de salida o llegada para que el motor de búsqueda te ofrezca diversos resultados. Los resultados te indican el itinerario que seguirás - con mapas y todo - y te dicen paso a paso lo que debes hacer. Es decir, a las 17.04 subes al bus 43 y a las 17.23 te bajas para subirte al tren E que sale a las 17.30. Y como por estos lares los medio de transporte son bochornosamente puntuales, pues mola. Te preparás tus movimientos con la certeza de que nada fallará. Y si fallase algún enlace, bueno, para qué engañarnos, es una putada.
Aquí tenéis un ejemplo de cómo ir desde Pitäjänmäki - donde Cat y yo viviremos a partir de noviembre - hasta casa de dos amiguetes.

Si ampliáis la imagen podréis ver cómo el tema es sencillico. La primera línea te ofrece un trayecto con dos trenes de cercanías y te pone hora de salida y llegada y, muy importante - sobre todo en invierno - cuánta distancia a pie se recorre. El mismo patrón es usado en las dos líneas siguientes. Tú eliges si prefieres ir en bus, en tranvía, en metro o en tren, y tan feliz. Y cuando clicas en una opción te la muestra más detallada.
Ahora bien, ésta era una búsqueda muy facilona con un horario de sálida en pleno día. Pero ¿qué sucede si mis amiguetes han venido a cenar a casa y se les ha hecho tarde? ¿Qué pasa si ya no hay buses normales o trenes? ¿Qué opciones quedan?
Para responder a éstas preguntas - por anticipar lo que seguro nos pasará más de una, dos y tres veces en los próximos meses - me planteé investigar un poquillo. Imaginemos que mis amigos deciden marcharse pasada la una de la mañana...
Básicamente: si salen a la una y veintitrés, no hay problema. Enlazan dos trenes, caminan mil metros y pa la cama. Mil metros son muchos metros a -25ºC y nevando pero bueno, somos jóvenes, ¿no?
Ahora bien, si salen seis minutos más tarde, a la una y veintinueve, chungo: empalmarán dos autobuses y, hecho esto, tendrán que caminar seis kilómetros y pico. No hace falta que os diga si son muchos metros o no. El programa estima el total de la operación en hora y tres cuartos. Un planazo.
Pero ¿qué pasa si uno de ellos tiene que ir al baño y salen a la una y media? ¿Cuánto afecta ese minutos a su vuelta a casa? Bueno, básicamente lo que pasa es que les toca caminar nueve kilómetros. Ni autobús, ni tren, ni tranvía ni leches. A pura suela.

Me encanta que la web te dé como opción irte a patita. Podían haber puesto sólo dos resultados y en la tercera línea poner un "no more service available" o incluso ponerte la primera combinación de la mañana siguiente. Pero no. Son fineses: caminar nueve kilómetros en mitad de una ventisca de invierno es una posibilidad totalmente válida y razonable. Con un par.
Este ejemplo era si nuestros amigos venían a cenar a casa pero ya os digo que el tema es igual o peor si somos Cat y yo los que vamos a su casa... Así que ¡suerte que también hay taxis en Helsinki!
Aquí tenéis un ejemplo de cómo ir desde Pitäjänmäki - donde Cat y yo viviremos a partir de noviembre - hasta casa de dos amiguetes.
Si ampliáis la imagen podréis ver cómo el tema es sencillico. La primera línea te ofrece un trayecto con dos trenes de cercanías y te pone hora de salida y llegada y, muy importante - sobre todo en invierno - cuánta distancia a pie se recorre. El mismo patrón es usado en las dos líneas siguientes. Tú eliges si prefieres ir en bus, en tranvía, en metro o en tren, y tan feliz. Y cuando clicas en una opción te la muestra más detallada.
Ahora bien, ésta era una búsqueda muy facilona con un horario de sálida en pleno día. Pero ¿qué sucede si mis amiguetes han venido a cenar a casa y se les ha hecho tarde? ¿Qué pasa si ya no hay buses normales o trenes? ¿Qué opciones quedan?
Para responder a éstas preguntas - por anticipar lo que seguro nos pasará más de una, dos y tres veces en los próximos meses - me planteé investigar un poquillo. Imaginemos que mis amigos deciden marcharse pasada la una de la mañana...
Básicamente: si salen a la una y veintitrés, no hay problema. Enlazan dos trenes, caminan mil metros y pa la cama. Mil metros son muchos metros a -25ºC y nevando pero bueno, somos jóvenes, ¿no?
Ahora bien, si salen seis minutos más tarde, a la una y veintinueve, chungo: empalmarán dos autobuses y, hecho esto, tendrán que caminar seis kilómetros y pico. No hace falta que os diga si son muchos metros o no. El programa estima el total de la operación en hora y tres cuartos. Un planazo.
Pero ¿qué pasa si uno de ellos tiene que ir al baño y salen a la una y media? ¿Cuánto afecta ese minutos a su vuelta a casa? Bueno, básicamente lo que pasa es que les toca caminar nueve kilómetros. Ni autobús, ni tren, ni tranvía ni leches. A pura suela.
Me encanta que la web te dé como opción irte a patita. Podían haber puesto sólo dos resultados y en la tercera línea poner un "no more service available" o incluso ponerte la primera combinación de la mañana siguiente. Pero no. Son fineses: caminar nueve kilómetros en mitad de una ventisca de invierno es una posibilidad totalmente válida y razonable. Con un par.
Este ejemplo era si nuestros amigos venían a cenar a casa pero ya os digo que el tema es igual o peor si somos Cat y yo los que vamos a su casa... Así que ¡suerte que también hay taxis en Helsinki!
Sunday, September 7, 2008
Nokia en Finlandia
El otro día os contaba la anécdota de un chico de telemarketing que quiso venderme una amoto y se despidió de mí con un "compra Nokia!" cuando le comenté que vivía en Finlandia.
Pero es cierto: Nokia y Finlandia van de la mano.
El E51 es el mío. A mí me importa muy poquito el tema de los teléfonos pero reconozco que éste está bastante chulo. Práctico, fácil de manejar, ligero.
Ayer sábado fuimos a casa de dos amigos, Pernilla y su novio. Nos apuntamos así a la fiesta que celebraban con motivo de su nuevo pisito. Éramos unas quince personas, chavales todos de entre 20 y 30 añitos, y, para variar, yo era el único guiri. Pese a ser ejtranjero hice lo mismo que todos los demás: antes de acomodarme en el sofá dejé mi móvil sobre la mesa. Pa que lo quiero en el bolsillo, llevando vaqueros molesta.
Diez minutos después se me ocurrió que probablemente podría conectarme a internet vía wireless con el móvil. Quería chequear y clicar un par de cosas que tenía pendientes - un abrazo para ti, Maestro - y sabía que si Pernilla y su novio no tenían Internet inalámbrico al que pudiera enchufarme, algún vecino lo haría. Y cuando miré hacia abajo para recoger mi teléfono me encontré con que la mesa estaba literalmente plagada de terminales, todos Nokia. Todos.
Yo a veces tengo dos en mi mochila, el viejo número prepago de cuando era Erasmus y el de cada día, el del trabajo. Ambos terminales son del connecting people clan. Catta, lo mismo. A bote pronto, si pienso en mis amigos y colegas, sólo se me ocurre una persona - Cia - que no tiene Nokia como su primera opción. Incluso Istvan, que es húngaro y prefiere Sony Ericsson, ha cedido y se maneja con la marca patria de estos lares.
Así que nada, un abrazo a todos desde la tierra de Santa Claus... ¡y Nokia!
Pero es cierto: Nokia y Finlandia van de la mano.
El E51 es el mío. A mí me importa muy poquito el tema de los teléfonos pero reconozco que éste está bastante chulo. Práctico, fácil de manejar, ligero. Ayer sábado fuimos a casa de dos amigos, Pernilla y su novio. Nos apuntamos así a la fiesta que celebraban con motivo de su nuevo pisito. Éramos unas quince personas, chavales todos de entre 20 y 30 añitos, y, para variar, yo era el único guiri. Pese a ser ejtranjero hice lo mismo que todos los demás: antes de acomodarme en el sofá dejé mi móvil sobre la mesa. Pa que lo quiero en el bolsillo, llevando vaqueros molesta.
Diez minutos después se me ocurrió que probablemente podría conectarme a internet vía wireless con el móvil. Quería chequear y clicar un par de cosas que tenía pendientes - un abrazo para ti, Maestro - y sabía que si Pernilla y su novio no tenían Internet inalámbrico al que pudiera enchufarme, algún vecino lo haría. Y cuando miré hacia abajo para recoger mi teléfono me encontré con que la mesa estaba literalmente plagada de terminales, todos Nokia. Todos.
Yo a veces tengo dos en mi mochila, el viejo número prepago de cuando era Erasmus y el de cada día, el del trabajo. Ambos terminales son del connecting people clan. Catta, lo mismo. A bote pronto, si pienso en mis amigos y colegas, sólo se me ocurre una persona - Cia - que no tiene Nokia como su primera opción. Incluso Istvan, que es húngaro y prefiere Sony Ericsson, ha cedido y se maneja con la marca patria de estos lares.
Así que nada, un abrazo a todos desde la tierra de Santa Claus... ¡y Nokia!
Saturday, September 6, 2008
Telesales
Trabajo muchas horas al teléfono y este audio me encanta. ¡Suerte que nunca me ha pasado! Para el chaval que hizo la llamada tuvo que ser un mal rato de cuidado pero hay que reconocer que el tal Tom Mabe lo bordó. Está en inglés pero podéis leer la transcripción al mismo tiempo. Vale la pena.
Yo todavía recuerdo dos llamadas recibidas que me hicieron gracia.
La primera, hace años, de un tipo argentino que trabajaba en el típico servicio de telemarketing para ya.com, jazztel o alguna de estas.
La historia es que seis meses antes en mi casa ya nos habíamos hartado del pésimo servicio de internet que teníamos y habíamos decidido cambiarnos a una de estas empresas más pequeñas que, se suponía, funcionaban mejor, más rápido, con mayor calidad de atención al cliente, etc. Fue un fiasco. Decidimos volver a la empresa original y no volver a mencionar el asunto.
Y en eso que me llama el muchacho este y me comenta que si me quiero pasar a Guaytel - no recuerdo a quién representaba. Tras unos pocos segundos le comento que no, gracias por llamar, pero no nos interesa para nada. Claro que ese tío no era de los que abandona fácilmente una venta. Me preguntó el porqué de mi espontánea negatividad "si ni siquiera te he explicado lo que ofrezco". Te cuento, le digo, "hace unos meses nos cambiamos a una empresa que nos vendió una moto muy muy parecida y cuando llegó, no tenía ni seguro, ni faros y si me apuras, ni ruedas". Pero nada, como buen argentino - esto es un cumplido - el chaval tenía mucha facilidad para hablar y, sobre todo, para hacerlo bien.
Resumiendo:
- Si cambiaste es porque no estabas contento. Luego buscas algo diferente. Y si el cambio falló una vez no significa forzosamente que vaya a volver a pasar. Al contrario, nosotros somos Guaytel y con nosotros puedes tener esto, esto, esto y aquello por sólo equis euros al mes. Una mala experiencia con una empresa más chica no tiene que crucificar a todas las demás. No puedes cerrarte todas las puertas alternativas porque una de ellas no fuese buena. Nunca lograrás nada mejor.
- Te concedo el punto de que no estábamos contentos y buscamos el cambio. Pero entonces me tienes que conceder que tú, personalmente, aquí y ahora, no puedes garantizarme que Guaytel tenga la cobertura que dices que tiene ni que va a ser técnicamente capaz de cumplir su palabra. Y no puedes hacerlo porque no es tu trabajo garantizar que lo vendido al teléfono y sobre el papel cumple con lo que el cliente recibe. Cuando la cosa se joda sabes que no será contigo con quien me las veré sino con un número de atención al cliente desesperante enlazado a un faz que nadie mira. Paso de cambiar otra vez: malo conocido por bueno por conocer. Desde que volvimos Internet va razonablemente bien y punto pelota. Lo siento. Eres majete y en otras circunstancias veríamos pero, macho, el cableado pertenece a quien pertenece, ahora nos va bien y paso de cambios: cuesta un huevo darse de baja, tardas mucho en recibir el material nuevo que igual ni se configura bien con tu ordenador y encima nadie tiene la certeza de que todo esto será para cambiar a mejor.
- O sea que te vas a quedar toda la vida con ellos aunque te toreen. Incluso cuando su servicio vaya mucho peor. Incluso cuando en el mercado hayan decenas de opciones mejores. Vas a guardar un servicio mediocre por pereza al cambio?
- Pereza no, desilusión. Ya me cambié una vez, me habían prometido un paraíso como el del Guaytel y me encontré en una ciénaga. Por cierto, poco faltó para que tuviera que pagar dos facturas dado que mi viejo proveedor me quería cobrar pese a que me di de baja y mi nuevo quería cobrarme por algo que no funcionaba. Qué quieres que te diga, igual en tres años me lo planteo de nuevo. Cuando cicatricen las heridas de la hostia que me pegué por probar una de las 'decenas de opciones mejores'.
- Pero es que nosotros no tenemos nada que ver con esas empresas. Con ninguna de las dos. No puedes ponernos en el mismo saco. Te estás montando tu propio monopolio.
- O sea que ¿vendrás tú a mi casa a instalarlo y me darás tu móvil para que te llame por si se jode el asunto? ¿Tienes el poder de decidir cómo actuar si sale mal? Es decir, entiendo que si hay el más mínimo problema, me garantizas tú personalmente que lo solucionarás y no estaré perdiendo pasta y tiempo.
- Pero ¿por qué iba a salir mal? Vale, mira, olvídate del Guaytel. Déjalo de lado. Pero hablemos de esta situación."
Y así estuvimos un rato. Francamente, fue muy interesante. Los teleoperadores tienen como regla que no pueden pasar más de un cierto número de minutos al teléfono por cliente, especialmente si éste ya empieza diciendo que no. Pero este muchacho se lo pasó todo por el forro y charló conmigo media hora. Él acabó admitiendo que no me podía garantizar con certeza que funcionaría y yo acabé admitiendo que era una lástima quedarse con un servicio mediocre por temor o pereza.
A día de hoy seguimos con quien estábamos si bien, según me informan desde Alicante, no ha habido mayores problemas desde hace mucho.
El siguiente ejemplo es más cortito. Hace unos pocos meses recibí una llamada a mi móvil español. Casualmente estaba en casa y cerquita del terminal así que alcancé a ver quién llamaba. Número desconocido. Fui curioso y descolgué.
Era un chico que representaba a Movistar. Me ofrecía cambiarme a uno de sus planes, de Orange a Movistar, gratis y con varias ventajas. Yo le corté lo más educadamente que pude - ahora gran parte de mis tareas está en ventas y sé que duele que te traten como escoria en llamadas a puerta fría:
- "Mira, te agradezco mucho que te hayas tomado la molestia de llamar pero no me interesa, de verdad.
- Pero ¿por qué? Hazte a la idea que...
- Perdona que te corte pero no me interesa porque estoy en Helsinki, Finlandia, y está llamada me está costando dinero, ¿sabes?
- Ah, joer, Finlandia. Vale, entonces ahora no. ... ¿Y cuándo vuelves?
- No, mira, que no me entiendes. Que yo VIVO EN FINLANDIA desde hace dos años. O sea, que mi número prepago español me importa muy poquito. Gracias por llamar y que tengas un buen día.
- Ah, vives allí. Woah. Ok, claro. Pues nada, gracias a ti y... COMPRA NOKIA!!!"
La primera, hace años, de un tipo argentino que trabajaba en el típico servicio de telemarketing para ya.com, jazztel o alguna de estas.
La historia es que seis meses antes en mi casa ya nos habíamos hartado del pésimo servicio de internet que teníamos y habíamos decidido cambiarnos a una de estas empresas más pequeñas que, se suponía, funcionaban mejor, más rápido, con mayor calidad de atención al cliente, etc. Fue un fiasco. Decidimos volver a la empresa original y no volver a mencionar el asunto.
Y en eso que me llama el muchacho este y me comenta que si me quiero pasar a Guaytel - no recuerdo a quién representaba. Tras unos pocos segundos le comento que no, gracias por llamar, pero no nos interesa para nada. Claro que ese tío no era de los que abandona fácilmente una venta. Me preguntó el porqué de mi espontánea negatividad "si ni siquiera te he explicado lo que ofrezco". Te cuento, le digo, "hace unos meses nos cambiamos a una empresa que nos vendió una moto muy muy parecida y cuando llegó, no tenía ni seguro, ni faros y si me apuras, ni ruedas". Pero nada, como buen argentino - esto es un cumplido - el chaval tenía mucha facilidad para hablar y, sobre todo, para hacerlo bien.
Resumiendo:
- Si cambiaste es porque no estabas contento. Luego buscas algo diferente. Y si el cambio falló una vez no significa forzosamente que vaya a volver a pasar. Al contrario, nosotros somos Guaytel y con nosotros puedes tener esto, esto, esto y aquello por sólo equis euros al mes. Una mala experiencia con una empresa más chica no tiene que crucificar a todas las demás. No puedes cerrarte todas las puertas alternativas porque una de ellas no fuese buena. Nunca lograrás nada mejor.
- Te concedo el punto de que no estábamos contentos y buscamos el cambio. Pero entonces me tienes que conceder que tú, personalmente, aquí y ahora, no puedes garantizarme que Guaytel tenga la cobertura que dices que tiene ni que va a ser técnicamente capaz de cumplir su palabra. Y no puedes hacerlo porque no es tu trabajo garantizar que lo vendido al teléfono y sobre el papel cumple con lo que el cliente recibe. Cuando la cosa se joda sabes que no será contigo con quien me las veré sino con un número de atención al cliente desesperante enlazado a un faz que nadie mira. Paso de cambiar otra vez: malo conocido por bueno por conocer. Desde que volvimos Internet va razonablemente bien y punto pelota. Lo siento. Eres majete y en otras circunstancias veríamos pero, macho, el cableado pertenece a quien pertenece, ahora nos va bien y paso de cambios: cuesta un huevo darse de baja, tardas mucho en recibir el material nuevo que igual ni se configura bien con tu ordenador y encima nadie tiene la certeza de que todo esto será para cambiar a mejor.
- O sea que te vas a quedar toda la vida con ellos aunque te toreen. Incluso cuando su servicio vaya mucho peor. Incluso cuando en el mercado hayan decenas de opciones mejores. Vas a guardar un servicio mediocre por pereza al cambio?
- Pereza no, desilusión. Ya me cambié una vez, me habían prometido un paraíso como el del Guaytel y me encontré en una ciénaga. Por cierto, poco faltó para que tuviera que pagar dos facturas dado que mi viejo proveedor me quería cobrar pese a que me di de baja y mi nuevo quería cobrarme por algo que no funcionaba. Qué quieres que te diga, igual en tres años me lo planteo de nuevo. Cuando cicatricen las heridas de la hostia que me pegué por probar una de las 'decenas de opciones mejores'.
- Pero es que nosotros no tenemos nada que ver con esas empresas. Con ninguna de las dos. No puedes ponernos en el mismo saco. Te estás montando tu propio monopolio.
- O sea que ¿vendrás tú a mi casa a instalarlo y me darás tu móvil para que te llame por si se jode el asunto? ¿Tienes el poder de decidir cómo actuar si sale mal? Es decir, entiendo que si hay el más mínimo problema, me garantizas tú personalmente que lo solucionarás y no estaré perdiendo pasta y tiempo.
- Pero ¿por qué iba a salir mal? Vale, mira, olvídate del Guaytel. Déjalo de lado. Pero hablemos de esta situación."
Y así estuvimos un rato. Francamente, fue muy interesante. Los teleoperadores tienen como regla que no pueden pasar más de un cierto número de minutos al teléfono por cliente, especialmente si éste ya empieza diciendo que no. Pero este muchacho se lo pasó todo por el forro y charló conmigo media hora. Él acabó admitiendo que no me podía garantizar con certeza que funcionaría y yo acabé admitiendo que era una lástima quedarse con un servicio mediocre por temor o pereza.
A día de hoy seguimos con quien estábamos si bien, según me informan desde Alicante, no ha habido mayores problemas desde hace mucho.
El siguiente ejemplo es más cortito. Hace unos pocos meses recibí una llamada a mi móvil español. Casualmente estaba en casa y cerquita del terminal así que alcancé a ver quién llamaba. Número desconocido. Fui curioso y descolgué.
Era un chico que representaba a Movistar. Me ofrecía cambiarme a uno de sus planes, de Orange a Movistar, gratis y con varias ventajas. Yo le corté lo más educadamente que pude - ahora gran parte de mis tareas está en ventas y sé que duele que te traten como escoria en llamadas a puerta fría:
- "Mira, te agradezco mucho que te hayas tomado la molestia de llamar pero no me interesa, de verdad.
- Pero ¿por qué? Hazte a la idea que...
- Perdona que te corte pero no me interesa porque estoy en Helsinki, Finlandia, y está llamada me está costando dinero, ¿sabes?
- Ah, joer, Finlandia. Vale, entonces ahora no. ... ¿Y cuándo vuelves?
- No, mira, que no me entiendes. Que yo VIVO EN FINLANDIA desde hace dos años. O sea, que mi número prepago español me importa muy poquito. Gracias por llamar y que tengas un buen día.
- Ah, vives allí. Woah. Ok, claro. Pues nada, gracias a ti y... COMPRA NOKIA!!!"
Tuesday, September 2, 2008
Helsinki - Kokkola
Aquella tarde Cat y yo salimos de casa, mochila al hombro, sonrisa en la cara. Íbamos a Jakobstad a visitar a Martín y Catzo a disfrutar del mar, de la fiesta local y del buen tiempo. Aterrizaríamos en Kokkola - cuatrocientos kilómetros al noroeste del país - y allí Martin nos recogería y llevaría hasta el campo base. El vuelo Helsinki-Kokkola dura una hora. Luego, en dos horas y media estaríamos allí.
Lamento la baja calidad del mapa, no tengo tiempo para más. Al sur, Helsinki; al norte Jakobstad; al oeste Vaasa.
Llegamos al aeropuerto o, para ser más exactos, a la terminal de salidas nacionales. Ninguno de los dos había estado allí antes pero tampoco tiene perdida: es una cajita de zapatos. Lo único es que habíamos reservado los billetes por Internet con una compañía bochornosamente desconocida y no había forma de encontrar el mostrador adecuado para el "chequin". Preguntamos a una muchacha de Finnair y ella nos indicó adónde ir.
No íbamos a facturar nada pero queríamos acercarnos al mostrador para sacar las tarjetas de embarque. Ninguna de las máquinas para sacar la tarjeta de manera automática con el número de la reserva nos eran de ayuda alguna: ni rastro de nuestra compañía.
Llegados al mostrador, una moza muy amable nos toma nota, DNI, tal, sonrisa, ok, venga, puerta de embarque XY y a correr.
- "¿Y la tarjeta de embarque? - pregunto yo.
- No, bueno, arriba, antes de embarcar ya os lo solucionan todo - contesta la muchacha.
Hombre, vale, si tú lo dices... Pero como no me lo solucionen en la puerta de embarque, ya me dirás. Y así nos piramos, yo un poco mosca, a comer algo y a pasar el rato.
Comimos en un restaurante majo con vino tinto - qué queréis, pa dos días que nos vamos a un sitio diferente con avión y todo al menos dejadnos celebrarlo en condiciones - y de allí a las tiendas. Relajadetes.
Luego, una vez sentados en el hall de la dichosa puerta de embarque le comento a Cat que me voy a acercar al mostrador a ver si consigo las tarjetas y a preguntar si todo va bien. Primero, porque me sigue mosqueando que me dejen subir al avión con un cacho de papel cochambroso y segundo, porque hay un ir y venir incesante de gente que le pregunta algo a la zagala responsable del tinglado y se marcha con cara mustia.
- Buenas tardes, viajo con mi novial a Kokkola en este vuelo. ¿El tema de la tarjeta de embarque...?
- OK, un segundo, A ver vuestros nombres..., sí, aquí estáis. Oye, una preguntilla: si el vuelo se llenase, ¿os presentáis voluntarios para el siguiente vuelo a Vaasa, el de las 23.45h y de allí os enlazamos a Kokkola?
- Eh... a ver, ¿me puedes repetir la pregunta? ¿Qué vuelo a Vaasa? Yo voy a Kokkola.
- Si, pero debido a un problema técnico hemos tenido que reagrupar ambos vuelos.
Problema técnico. Ahora lo llaman así. Le digo que no, gracias, que voluntarios ni al rancho, y me marcho con la misma cara mustia que antes me llamó la atención en los demás. Básicamente, en vez de tener dos vuelos, Helsinki-Vaasa y Helsinki-Kokkola, van a poner uno: Helsinki-Vaasa-Kokkola. Con un par. Y lo que es peor, la chica me ha dicho que en este momento, con los datos actualizados al segundo de manera infalible - poniendo cruces a lapiz en la lista de pasajeros - parece que "nos sobran 12 pasajeros". Nos sobran. Ojo. Y ante la pregunta cómo vais a seleccionar quién sube y quién se queda en tierra me contesta que están buscando voluntarios que quieran viajar más tarde y, si no, iran mandando gente al minibus y cuando éste se llene ya veremos. Logística de última generación.
Cat está leyendo. Se la ve relajada y contenta porque, francamente, el finde que nos espera es de ensueño: buen tiempo previsto, dormir en un velero con dos muy buenos amigos, el pueblo entero en fiestas y, sobre todo, escapar por unas horas de Helsinki. ¿Cómo le digo que igual ni subimos al avión?
Las últimas semanas han sido un infierno y necesitamos un respiro. ¿Con qué cara nos vamos a volver a casa si nos falla este vuelo? Porque eso es lo malo: no tenemos margen para el siguiente vuelo: nuestro amigo no vive en Kokkola sino en Jakobstab y no puede esperarnos hasta la 1 de la mañana para ver si, con suerte, algún avión nos lleva hasta allí. Nada, hay que meterse en ese vuelo cueste lo que cueste.
- "Cariño, hay un problema técnico y han juntado los vuelos de Vaasa y Kokkola. Así que el vuelo de una hora ha pasado a ser de dos, con escala en Vaasa incluida. Pero lo peor es que hay demasiada gente para el avión y corremos el riesgo de quedarnos en tierra.
- ¿Y qué hacemos?
- Mira, en cuanto la pava esta se acerque al micrófono para anunciar el embarque, nos metemos allí entre los primeros. A codazos o a hostias, me da igual. Pero tenemos que meternos en el primer bus".
Diez minutos después, la chavala del mostrador se acerca al micrófono y allí que salimos disparados. Funciona. Dos minutos después estamos en el bus. Nos ponemos en el medio, ni en la salida ni en la entrada. Y de aquí no me saca ni la guardia civil.
Pasan los minutos y la gente va llenando el minibús poquito a poco. Me pongo muy nervioso. Cat está tristona por lo que pueda pasar. Dos señoras comentan que "la compañía compensa con 75 Euros a los que cojan el siguiente vuelo o cancelen el viaje". Nos miran. "Y si yo fuese un estudiante me quedaría, siendo tan joven, seguro que me lo puedo pasar genial igualmente con ese dinero", añaden. Me muerdo la lengua, no quiero contestar. No crear polémica. Pasar desapercibido. Pero esos 75 Euros, señora, se los puede usted cobrar en monedas de céntimo y metérselas por el... Suerte que me mordí la lengua. Casi sangro y todo.
Llega una azafata. Mira. Observa. Silencio suyo. Silencio en el minibús. Entonces, tranquila, como si fuese lo más normal del mundo, nos anuncia por megafonía que sigue habiendo gente arriba -pobres desgraciados - y que si hay algún voluntario de última hora sería un detallazo. No se mueve ni Dios. No se respira. La azafata se queda en el bus y repite el mensaje otras dos veces. Yo rezo para que la cifra de gente en ese bus sea la exacta para el avión y no haya que hacer criba. La tía habla por walkie talkie cinco minutos, echando miradas furtivas al bus. Se masca la tragedia. Y al final le hace una seña al conductor, se cierran las puertas y allí que nos llevan ¡rumbo al avión!
Subimos al avión con cuarenta minutos de retraso. Primero aterrizamos en Vaasa y luego en Kokkola - que a esas alturas de la vida yo ya había rebautizado como CocaCola. Martin nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja pese a la demora. Metimos las maletas en el coche y, sólo entonces, al filo de las diez de la noche, comenzó uno de los mejores fines de semana de mi vida.
Como detalle final: cuando nosotros hicimos la primera escala en Vaasa, hubo gente que de hecho subió al avión con destino a Helsinki - y que obviamente tendría que ir primero a Kokkola. Así que supongo que el avión que cubría la ruta Helsinki-Vaasa-Helsinki debió de joderse de mala manera.
A mí plin. Con retraso, pero llegamos. El fin de semana fue increíble y, la vuelta, como la seda.
Unas fotillos...
Catta y la luz de la tarde
El embarcadero a la caída de la noche
Bodito y herposo
Herposo y bodito
El agua estaba fría al principio pero luego no querías salir por nada del mundo (salvo cerveza).
La sobrinica de Martin vacilando de moto. Lo cachondo es que esa pedazo moto no es del padre de la criatura - en la foto - sino de la madre de mi amiguete. Mamá, no, ni lo pienses.
¡No iba a faltar la foto del perro! Una monada y con una vitalidad tremenda.
El tax free del aeropuerto de Kokkola. Una cabina de 2 metros cuadrados. Si no le hago una foto reviento.
Llegamos al aeropuerto o, para ser más exactos, a la terminal de salidas nacionales. Ninguno de los dos había estado allí antes pero tampoco tiene perdida: es una cajita de zapatos. Lo único es que habíamos reservado los billetes por Internet con una compañía bochornosamente desconocida y no había forma de encontrar el mostrador adecuado para el "chequin". Preguntamos a una muchacha de Finnair y ella nos indicó adónde ir.
No íbamos a facturar nada pero queríamos acercarnos al mostrador para sacar las tarjetas de embarque. Ninguna de las máquinas para sacar la tarjeta de manera automática con el número de la reserva nos eran de ayuda alguna: ni rastro de nuestra compañía.
Llegados al mostrador, una moza muy amable nos toma nota, DNI, tal, sonrisa, ok, venga, puerta de embarque XY y a correr.
- "¿Y la tarjeta de embarque? - pregunto yo.
- No, bueno, arriba, antes de embarcar ya os lo solucionan todo - contesta la muchacha.
Hombre, vale, si tú lo dices... Pero como no me lo solucionen en la puerta de embarque, ya me dirás. Y así nos piramos, yo un poco mosca, a comer algo y a pasar el rato.
Comimos en un restaurante majo con vino tinto - qué queréis, pa dos días que nos vamos a un sitio diferente con avión y todo al menos dejadnos celebrarlo en condiciones - y de allí a las tiendas. Relajadetes.
Luego, una vez sentados en el hall de la dichosa puerta de embarque le comento a Cat que me voy a acercar al mostrador a ver si consigo las tarjetas y a preguntar si todo va bien. Primero, porque me sigue mosqueando que me dejen subir al avión con un cacho de papel cochambroso y segundo, porque hay un ir y venir incesante de gente que le pregunta algo a la zagala responsable del tinglado y se marcha con cara mustia.
- Buenas tardes, viajo con mi novial a Kokkola en este vuelo. ¿El tema de la tarjeta de embarque...?
- OK, un segundo, A ver vuestros nombres..., sí, aquí estáis. Oye, una preguntilla: si el vuelo se llenase, ¿os presentáis voluntarios para el siguiente vuelo a Vaasa, el de las 23.45h y de allí os enlazamos a Kokkola?
- Eh... a ver, ¿me puedes repetir la pregunta? ¿Qué vuelo a Vaasa? Yo voy a Kokkola.
- Si, pero debido a un problema técnico hemos tenido que reagrupar ambos vuelos.
Problema técnico. Ahora lo llaman así. Le digo que no, gracias, que voluntarios ni al rancho, y me marcho con la misma cara mustia que antes me llamó la atención en los demás. Básicamente, en vez de tener dos vuelos, Helsinki-Vaasa y Helsinki-Kokkola, van a poner uno: Helsinki-Vaasa-Kokkola. Con un par. Y lo que es peor, la chica me ha dicho que en este momento, con los datos actualizados al segundo de manera infalible - poniendo cruces a lapiz en la lista de pasajeros - parece que "nos sobran 12 pasajeros". Nos sobran. Ojo. Y ante la pregunta cómo vais a seleccionar quién sube y quién se queda en tierra me contesta que están buscando voluntarios que quieran viajar más tarde y, si no, iran mandando gente al minibus y cuando éste se llene ya veremos. Logística de última generación.
Cat está leyendo. Se la ve relajada y contenta porque, francamente, el finde que nos espera es de ensueño: buen tiempo previsto, dormir en un velero con dos muy buenos amigos, el pueblo entero en fiestas y, sobre todo, escapar por unas horas de Helsinki. ¿Cómo le digo que igual ni subimos al avión?
Las últimas semanas han sido un infierno y necesitamos un respiro. ¿Con qué cara nos vamos a volver a casa si nos falla este vuelo? Porque eso es lo malo: no tenemos margen para el siguiente vuelo: nuestro amigo no vive en Kokkola sino en Jakobstab y no puede esperarnos hasta la 1 de la mañana para ver si, con suerte, algún avión nos lleva hasta allí. Nada, hay que meterse en ese vuelo cueste lo que cueste.
- "Cariño, hay un problema técnico y han juntado los vuelos de Vaasa y Kokkola. Así que el vuelo de una hora ha pasado a ser de dos, con escala en Vaasa incluida. Pero lo peor es que hay demasiada gente para el avión y corremos el riesgo de quedarnos en tierra.
- ¿Y qué hacemos?
- Mira, en cuanto la pava esta se acerque al micrófono para anunciar el embarque, nos metemos allí entre los primeros. A codazos o a hostias, me da igual. Pero tenemos que meternos en el primer bus".
Diez minutos después, la chavala del mostrador se acerca al micrófono y allí que salimos disparados. Funciona. Dos minutos después estamos en el bus. Nos ponemos en el medio, ni en la salida ni en la entrada. Y de aquí no me saca ni la guardia civil.
Pasan los minutos y la gente va llenando el minibús poquito a poco. Me pongo muy nervioso. Cat está tristona por lo que pueda pasar. Dos señoras comentan que "la compañía compensa con 75 Euros a los que cojan el siguiente vuelo o cancelen el viaje". Nos miran. "Y si yo fuese un estudiante me quedaría, siendo tan joven, seguro que me lo puedo pasar genial igualmente con ese dinero", añaden. Me muerdo la lengua, no quiero contestar. No crear polémica. Pasar desapercibido. Pero esos 75 Euros, señora, se los puede usted cobrar en monedas de céntimo y metérselas por el... Suerte que me mordí la lengua. Casi sangro y todo.
Llega una azafata. Mira. Observa. Silencio suyo. Silencio en el minibús. Entonces, tranquila, como si fuese lo más normal del mundo, nos anuncia por megafonía que sigue habiendo gente arriba -pobres desgraciados - y que si hay algún voluntario de última hora sería un detallazo. No se mueve ni Dios. No se respira. La azafata se queda en el bus y repite el mensaje otras dos veces. Yo rezo para que la cifra de gente en ese bus sea la exacta para el avión y no haya que hacer criba. La tía habla por walkie talkie cinco minutos, echando miradas furtivas al bus. Se masca la tragedia. Y al final le hace una seña al conductor, se cierran las puertas y allí que nos llevan ¡rumbo al avión!
Subimos al avión con cuarenta minutos de retraso. Primero aterrizamos en Vaasa y luego en Kokkola - que a esas alturas de la vida yo ya había rebautizado como CocaCola. Martin nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja pese a la demora. Metimos las maletas en el coche y, sólo entonces, al filo de las diez de la noche, comenzó uno de los mejores fines de semana de mi vida.
Como detalle final: cuando nosotros hicimos la primera escala en Vaasa, hubo gente que de hecho subió al avión con destino a Helsinki - y que obviamente tendría que ir primero a Kokkola. Así que supongo que el avión que cubría la ruta Helsinki-Vaasa-Helsinki debió de joderse de mala manera.
A mí plin. Con retraso, pero llegamos. El fin de semana fue increíble y, la vuelta, como la seda.
Unas fotillos...
Monday, August 25, 2008
Soplar dos velas o soplarse dos botellas
Resulta que la noche de viernes a sábado se cumplieron dos años de mi llegada a Finlandia. Dos añitos, dos añazos. Lo celebré semicomedidamente durante el fin de semana con Catarina y otros amiguetes. Semicomedidamente significa que no organicé una fiesta con ese pretexto pero que eso no me impidió irme de bares viernes y sábado. Es decir que como bien reza el título - pongo reza porque queda culto pero ya me diréis qué narices tiene que ver el rezar con beberse unas litros de cerveza - elegí la buena compañía con unas jarras de cerveza rubia y un par de Guiness para celebrarlo.
Veinticuatro meses en tierra suomi... Da vértigo pensar en todo lo que me ha pasado. Quienes me leéis asiduamente - una risa socarrona se me escapa con la idea de que alguien me lea asiduamente - ya sabéis lo que he vivido en los últimos tiempos. Ha sido increíble pasar de ser un Erasmus soltero vago y despreocupado de todo, sin presión alguna que no fuese otra que mejorar mi inglés y no pasarme con los gastos ha ser un currante totalmente desentendido de la vida estudiantil, emparejado y muy felizmente, responsable de todo lo que se supone que uno es responsable "cuando se hace mayor" - expresión que alguien empleó conmigo hace un tiempo para chincharme. Hay que joderse.
Soy feliz con Catta y sigo viendo muchas cosas en este país que me fascinan y me invitan a quedarme. Es diferente, sí, pero tiene algo que hace que añorar España se me haga complicado. Echo de menos a mis compañeros de batallas, a mis familiares - incluso a mi hermana, qué cosas - al embutido, al queso, al vino y al sol. Vale. Pero la balanza sigue cayendo del lado finés. Hay tiempo para volver y, quién sabe, quizá haya planes para ello a medio plazo...
Dos años en Finlandia. Con un par.
Y ahora, unos fotos pa que mi mamá se alegre ya que, por lo visto, "podría poner fotos más a menudo que pa lo poco que te vemos en persona...". Dado que yo tenía en mente con antelación que se acercaba este aniversario, tuve tiempo de preparar una selección de fotos siguiendo el siguiente criterio: Ninguno. Son fotos que acabo de escoger, a última hora, a prisas, mal. Como siempre. Buen rollo.
Eso sí, todas tienen su historia...
Esta es una foto que me encanta. Los cuatro que vinimos juntos de Alicante en un parque de Helsinki disfrutando del otoño. Calculo que será de octubre 2006.
No sé qué estaría diciendo para haber salido con esa cara de lelo, pero lo mejor es la cara que se les queda a Ninnu y Hanna, dos muy buenas amigas mías. Y de fondo se ve a Christian, Erasmus austriaco con un parecido muy razonable con la idea típica que tenemos del mismísimo Jesucristo - y con lo que fuma Christian os digo yo que sus pregones podrían ser la host... no. Basta de blasfemia.
Mi buen amigo Daví es del Betis-manque-pierda y tuvo el detallazo de regalarme una camiseta de su equipo poco antes de marcharme. Lo mínimo que podía hacer era echarme una foto en el círculo polar ártico - no se aprecia pero estoy literalmente pisando dicho círculo - vestido solamente con esa zamarra. No, no seáis idiotas: vestido en la parte de arriba. En la de abajo llevaba mis vaqueros porque si no, a esa temperatura se me cae la makkara al suelo. Foto de noviembre 2006.
Os presento a la tropa de Erasmus Arcada Polytechnic Otoño Invierno 2006/2007. Somos recordados en dicha universidad como uno de los mejores grupos. Qué cojones, como el mejor. Fuimos una piña y lo pasamos en grande. Como no puedo presentaros a todo diré que a mi derecha está Philip, gran amiguete alemán y a mi izquierda Laura, una muy buena amiga de la siutat condal. Foto dieciembre 2006.
Este mini-montaje nos lo hizo Andreas, en primer plano, para Jean Baptiste y para mí en el duro momento de la despedida. Vivimos en el piso A73 y fue la mejor convivencia que uno pudiera desear. No me pongo a describirlo porque me pongo nostálgico y tristón... Foto: enero 2007.
Esta ya es todo un clásico y me encanta: Vappu 2007, es decir, mayo 2007. Si no sabéis qué es Vappu, investigad.
Esta la tenemos incluso enmarcada. Catta clavándome un besazo en Werket, bar que no es que rozase la legalidad sino que se meaba en ella. Obviamente yo nunca tuve conocimiento de ello hasta que lo cerraron... Calculo que es primavera 2007, vaya usted a saber.
Otro besote, éste antes de ir a una de estas cenas de gala que los estudiantes se montan por estos lares. A diferencia de las cenas en La Traviata de Alicante - ya sabéis que odio la Traviata y el Coliseo, aquí se visten de etiqueta, se lo toman muy en serio pero las cenas son el despiporre: cánticos, brindis, muchísimo alcohol, entrega de premios, discursos, chistes... Impresionante. Marzo 2007.
Tiene cojones: la única foto que tengo con los cuatro tíos con los que comparí piso mientras fui Erasmus y salgo mirando a Irún por culpa de un críomierda que casi se nos cuela en el plano. De izquierda a derecha: Andreas, austriaco, muy buen tío, otoño; Viktor, húngaro, tipo peculiar, primavera; yo pispo, hispano francés, bellísima persona, año entero; Jean Baptiste, francés, de mis mejores amigos, otoño; William, canadiense, ser humano sin más, primavera. Coincidieron en febrero, Will y Viktor llegando un par de días antes de hora y JB y Andy a punto de marcharse. Pues lo dicho: febrero 2007.
Paúl tuvo la feliz idea de escaparse de Valencia durante las fallas para venir a visitarme. Volvió a España con el eslogan "el mejor viaje de mi vida". Claro que al año siguiente se fue a Punta Cana y ahora vamos segundos. Qué se le va a hacer. El día de la foto cayó una de las nevadas más bestias de aquel año. Obviamente Paúl y yo habíamos salido con la idea de dar una larga vuelta y nos pilló cuando estábamos a tomar por culo. También hay un par de vídeos de aquel día: vídeo y vídeo. La fecha, en la propia foto: 18 de marzo 07.
El día anterior - esto demuestra que ni me he molestado en ponerlas en orden - fue St. Patricks day, patrón irlandés, y Cat, Paúl y yo nos sumamos a la fiesta. Un par de bares en la ciudad se lo toman siempre muy en serio y montan un desfile y regalan gorros y, bueno, eso, que te lo pasas bien. 17 de marzo 07.
Durante el crucero a Estocolmo que hicimos con Cía y Nalle. El día que me presentaron a la madre de Cía esta me dijo, para romper el hielo y en finés: "Un placer, eres el hermano de Nalle, no? Porque tenéis la misma nariz". La sacaron del error y nos echamos unas risas. Desde entonces llamó a Nalle "Broda", versión macarra-estúpida de "brother".
Pablo y Helena estuvieron cinco o seis meses en Finlandia. Pablo, al igual que Paúl es un amigo de la infancia con el que he pasado un número de horas haciendo trastadas que da vértigo. Es todo un jugón. La cuestión es que mientras estaban aquí la selección española vino a Finlandia a jugar un soporífero amistoso. El partido fue un tostón pero nosotros lo pasamos en grande. La frase que elegimos para la sábana es: "Mamá, envía un cocido que hace mucho frío". Algo así como noviembre 2007.
Cuando vas bien abrigadete es todo un gustazo pasear en Finlandia... Febrero 2008.
Martín fue mi vecino en Majstranden (el ya citado piso A73) durante un año. Es un crack. Un gran amigo al que fuimos a visitar durante el verano al noroeste del país. El capitán.
Foto, Abril 08.
Julio 2008, la tropa de Liljendal emprende la aventura de ir en bici hasta Loviisa. Son quince kilómetros y la idea está en parar cada dos o tres para beber cerveza. Deporte en estado puro. No es de extrañar que la foto salga movida...
¡Un abrazo a todos los que hayáis llegado hasta aquí!
Veinticuatro meses en tierra suomi... Da vértigo pensar en todo lo que me ha pasado. Quienes me leéis asiduamente - una risa socarrona se me escapa con la idea de que alguien me lea asiduamente - ya sabéis lo que he vivido en los últimos tiempos. Ha sido increíble pasar de ser un Erasmus soltero vago y despreocupado de todo, sin presión alguna que no fuese otra que mejorar mi inglés y no pasarme con los gastos ha ser un currante totalmente desentendido de la vida estudiantil, emparejado y muy felizmente, responsable de todo lo que se supone que uno es responsable "cuando se hace mayor" - expresión que alguien empleó conmigo hace un tiempo para chincharme. Hay que joderse.
Soy feliz con Catta y sigo viendo muchas cosas en este país que me fascinan y me invitan a quedarme. Es diferente, sí, pero tiene algo que hace que añorar España se me haga complicado. Echo de menos a mis compañeros de batallas, a mis familiares - incluso a mi hermana, qué cosas - al embutido, al queso, al vino y al sol. Vale. Pero la balanza sigue cayendo del lado finés. Hay tiempo para volver y, quién sabe, quizá haya planes para ello a medio plazo...
Dos años en Finlandia. Con un par.
Y ahora, unos fotos pa que mi mamá se alegre ya que, por lo visto, "podría poner fotos más a menudo que pa lo poco que te vemos en persona...". Dado que yo tenía en mente con antelación que se acercaba este aniversario, tuve tiempo de preparar una selección de fotos siguiendo el siguiente criterio: Ninguno. Son fotos que acabo de escoger, a última hora, a prisas, mal. Como siempre. Buen rollo.
Eso sí, todas tienen su historia...
Esta es una foto que me encanta. Los cuatro que vinimos juntos de Alicante en un parque de Helsinki disfrutando del otoño. Calculo que será de octubre 2006.
No sé qué estaría diciendo para haber salido con esa cara de lelo, pero lo mejor es la cara que se les queda a Ninnu y Hanna, dos muy buenas amigas mías. Y de fondo se ve a Christian, Erasmus austriaco con un parecido muy razonable con la idea típica que tenemos del mismísimo Jesucristo - y con lo que fuma Christian os digo yo que sus pregones podrían ser la host... no. Basta de blasfemia.
Mi buen amigo Daví es del Betis-manque-pierda y tuvo el detallazo de regalarme una camiseta de su equipo poco antes de marcharme. Lo mínimo que podía hacer era echarme una foto en el círculo polar ártico - no se aprecia pero estoy literalmente pisando dicho círculo - vestido solamente con esa zamarra. No, no seáis idiotas: vestido en la parte de arriba. En la de abajo llevaba mis vaqueros porque si no, a esa temperatura se me cae la makkara al suelo. Foto de noviembre 2006.
Os presento a la tropa de Erasmus Arcada Polytechnic Otoño Invierno 2006/2007. Somos recordados en dicha universidad como uno de los mejores grupos. Qué cojones, como el mejor. Fuimos una piña y lo pasamos en grande. Como no puedo presentaros a todo diré que a mi derecha está Philip, gran amiguete alemán y a mi izquierda Laura, una muy buena amiga de la siutat condal. Foto dieciembre 2006.
Este mini-montaje nos lo hizo Andreas, en primer plano, para Jean Baptiste y para mí en el duro momento de la despedida. Vivimos en el piso A73 y fue la mejor convivencia que uno pudiera desear. No me pongo a describirlo porque me pongo nostálgico y tristón... Foto: enero 2007.
Esta la tenemos incluso enmarcada. Catta clavándome un besazo en Werket, bar que no es que rozase la legalidad sino que se meaba en ella. Obviamente yo nunca tuve conocimiento de ello hasta que lo cerraron... Calculo que es primavera 2007, vaya usted a saber.
Tiene cojones: la única foto que tengo con los cuatro tíos con los que comparí piso mientras fui Erasmus y salgo mirando a Irún por culpa de un críomierda que casi se nos cuela en el plano. De izquierda a derecha: Andreas, austriaco, muy buen tío, otoño; Viktor, húngaro, tipo peculiar, primavera; yo pispo, hispano francés, bellísima persona, año entero; Jean Baptiste, francés, de mis mejores amigos, otoño; William, canadiense, ser humano sin más, primavera. Coincidieron en febrero, Will y Viktor llegando un par de días antes de hora y JB y Andy a punto de marcharse. Pues lo dicho: febrero 2007.
Paúl tuvo la feliz idea de escaparse de Valencia durante las fallas para venir a visitarme. Volvió a España con el eslogan "el mejor viaje de mi vida". Claro que al año siguiente se fue a Punta Cana y ahora vamos segundos. Qué se le va a hacer. El día de la foto cayó una de las nevadas más bestias de aquel año. Obviamente Paúl y yo habíamos salido con la idea de dar una larga vuelta y nos pilló cuando estábamos a tomar por culo. También hay un par de vídeos de aquel día: vídeo y vídeo. La fecha, en la propia foto: 18 de marzo 07.
El día anterior - esto demuestra que ni me he molestado en ponerlas en orden - fue St. Patricks day, patrón irlandés, y Cat, Paúl y yo nos sumamos a la fiesta. Un par de bares en la ciudad se lo toman siempre muy en serio y montan un desfile y regalan gorros y, bueno, eso, que te lo pasas bien. 17 de marzo 07.
Durante el crucero a Estocolmo que hicimos con Cía y Nalle. El día que me presentaron a la madre de Cía esta me dijo, para romper el hielo y en finés: "Un placer, eres el hermano de Nalle, no? Porque tenéis la misma nariz". La sacaron del error y nos echamos unas risas. Desde entonces llamó a Nalle "Broda", versión macarra-estúpida de "brother".
Pablo y Helena estuvieron cinco o seis meses en Finlandia. Pablo, al igual que Paúl es un amigo de la infancia con el que he pasado un número de horas haciendo trastadas que da vértigo. Es todo un jugón. La cuestión es que mientras estaban aquí la selección española vino a Finlandia a jugar un soporífero amistoso. El partido fue un tostón pero nosotros lo pasamos en grande. La frase que elegimos para la sábana es: "Mamá, envía un cocido que hace mucho frío". Algo así como noviembre 2007.
Cuando vas bien abrigadete es todo un gustazo pasear en Finlandia... Febrero 2008.Foto, Abril 08.
¡Un abrazo a todos los que hayáis llegado hasta aquí!
Thursday, August 21, 2008
¿Buscas bronca?
Hace dos fin de semanas Catta, su hermana y un servidor fuimos al zoo de Helsinki a pasar parte del día, ver animalicos y, de paso, saludar a la prima de mi muchacha que trabaja allí y que es muy maja. Es decir, la chica es maja de por sí pero cuando encima te cuela y te ahorras unos euricos pues te cae incluso mejor. Qué le vamos a hacer si la pela es la pela y yo nací en Barselona, ciutat molt bonica y tal.
Bueno, mejor voy al grano porque no me quiero alargar. Estoy a punto de salir hacia el centro para pasar una "noche artística": hoy hay conciertos y diversas actuaciones en varios puntos de la ciudad, todo con trasfondo cultural e intercultural. Incluidos en el pack géneros como salsa y reguetón. No, no sé si se escribe así y no me importa un puto carajo.
Al grano, como decía. Caminábamos por el zoológico - palabra que tiene que molar bastante hacer en el scrabble - cuando vimos un pajarraco por ahí suelto, a su aire, en medio del camino. A su bola. Y no era una gaviota, pato o cisne, que esos te los podrías encontrar en un parque y los reconozco. No. Era un pajarraco raro. Como veis, el hecho de ir al zoo, con el trasfondo didáctico que conlleva, me ayudó mucho a mejorar en mi conocimiento de las especies animales: pájaro, pez, gato grande. Y no me saquéis de allí.
- "Oye Catta, este bicho como se habrá escapado, ¿no?
- Pues... no sé. Tiene una chapita identificativa en una pata.
La prima de Cat no estaba con nosotros por aquel entonces. Nos había dejado una hora antes para volver a su puesto de trabajo. Pero, por suerte, íbamos precisamente a pasar por delante de su puestecico - de venta de entradas e información - con sólo caminar doscientos metros. Así que pensé que sería buena idea echarle una fotico al ave - me pongo literario - en cuestión para mostrársela luego a la muchacha. Y si el bicho - se acabó la literatura - se ha escapado, se le atrapa y se le manda de vuelta a su jaula. Y listos.
Claro, esto desde el punto de vista de los que trabajan en el zoo es un detalle. Es echarles una mano. Es asegurarte de que no se les ha escapado un bicho más espabilado que la media y de paso es garantizar la seguridad del parque. Toma ya.
Pero, ojo, esto mismo, lo de la foto y preguntar a la prima, desde el punto del pájaro es un chivatazo en toda regla. Y tú eres un chivato asqueroso, sucio y rastrero que merece que le caguen encima todas las bandadas de cigüeñas, patos e incluso gorriones que pasen cerca. Por cabrón. Y una cagada de cigüeña ya os digo yo que igual te disloca un hombro. Sobre todo si comió arroz la víspera. ¿Comen arroz las cigüeñas? Bueno, basta, me estoy perdiendo.
La cuestión es que el tema de pasar por un chivato probablemente explique que cuando me acerqué para sacarle una foto al presunto prófugo, el muy animal se me pusiera un poco chulo.

Al final resulta que no se había escapado. Resulta que es un puto pájaro común. Pos vale. No me suena habérmelo cruzado en dos años que llevó en Helsinki. Ni a él ni a sus primos. Pero bueno. Si lo dice el zoo, me lo creo. Pero, para más inri, resulta que tanto él como su primo tienen una bien merecida fama de despiadados ataca-turistas. Según parece cuando se cabrean pueden llegar a ponerse algo agresivos. Y se cabrean fácilmente. Claro, ahora veo la foto con otros ojos. Yo jugándome la vida por el bien del zoo, y sin saberlo. Hay que jorobarse.
Para cerrar, os dejo con la intriga de que me digáis qué raza de pájaro es. Más que nada porque no lo sé. Me lo dijeros y se me olvidó. Dejádmelo escrito en comentarios y podréis ganar algo. Ya veremos qué. Igual es un abrazo o una botella de vino.
Bueno, mejor voy al grano porque no me quiero alargar. Estoy a punto de salir hacia el centro para pasar una "noche artística": hoy hay conciertos y diversas actuaciones en varios puntos de la ciudad, todo con trasfondo cultural e intercultural. Incluidos en el pack géneros como salsa y reguetón. No, no sé si se escribe así y no me importa un puto carajo.
Al grano, como decía. Caminábamos por el zoológico - palabra que tiene que molar bastante hacer en el scrabble - cuando vimos un pajarraco por ahí suelto, a su aire, en medio del camino. A su bola. Y no era una gaviota, pato o cisne, que esos te los podrías encontrar en un parque y los reconozco. No. Era un pajarraco raro. Como veis, el hecho de ir al zoo, con el trasfondo didáctico que conlleva, me ayudó mucho a mejorar en mi conocimiento de las especies animales: pájaro, pez, gato grande. Y no me saquéis de allí.
- "Oye Catta, este bicho como se habrá escapado, ¿no?
- Pues... no sé. Tiene una chapita identificativa en una pata.
La prima de Cat no estaba con nosotros por aquel entonces. Nos había dejado una hora antes para volver a su puesto de trabajo. Pero, por suerte, íbamos precisamente a pasar por delante de su puestecico - de venta de entradas e información - con sólo caminar doscientos metros. Así que pensé que sería buena idea echarle una fotico al ave - me pongo literario - en cuestión para mostrársela luego a la muchacha. Y si el bicho - se acabó la literatura - se ha escapado, se le atrapa y se le manda de vuelta a su jaula. Y listos.
Claro, esto desde el punto de vista de los que trabajan en el zoo es un detalle. Es echarles una mano. Es asegurarte de que no se les ha escapado un bicho más espabilado que la media y de paso es garantizar la seguridad del parque. Toma ya.
Pero, ojo, esto mismo, lo de la foto y preguntar a la prima, desde el punto del pájaro es un chivatazo en toda regla. Y tú eres un chivato asqueroso, sucio y rastrero que merece que le caguen encima todas las bandadas de cigüeñas, patos e incluso gorriones que pasen cerca. Por cabrón. Y una cagada de cigüeña ya os digo yo que igual te disloca un hombro. Sobre todo si comió arroz la víspera. ¿Comen arroz las cigüeñas? Bueno, basta, me estoy perdiendo.
La cuestión es que el tema de pasar por un chivato probablemente explique que cuando me acerqué para sacarle una foto al presunto prófugo, el muy animal se me pusiera un poco chulo.
Al final resulta que no se había escapado. Resulta que es un puto pájaro común. Pos vale. No me suena habérmelo cruzado en dos años que llevó en Helsinki. Ni a él ni a sus primos. Pero bueno. Si lo dice el zoo, me lo creo. Pero, para más inri, resulta que tanto él como su primo tienen una bien merecida fama de despiadados ataca-turistas. Según parece cuando se cabrean pueden llegar a ponerse algo agresivos. Y se cabrean fácilmente. Claro, ahora veo la foto con otros ojos. Yo jugándome la vida por el bien del zoo, y sin saberlo. Hay que jorobarse.
Para cerrar, os dejo con la intriga de que me digáis qué raza de pájaro es. Más que nada porque no lo sé. Me lo dijeros y se me olvidó. Dejádmelo escrito en comentarios y podréis ganar algo. Ya veremos qué. Igual es un abrazo o una botella de vino.
La vaca que ríe
Mira que estaba acostumbrado desde siempre al nombre en francés, "La vache qui rit". Evidentemente, también en español, "La vaca que ríe" o, según Ibáñez en algún Mortadelo y Filemón, "La vaca que se pitorrea".
Y no sé por qué me hizo tanta gracia verlo en inglés. De veras, no sé, es que me suena a cachondeo. A parodia. Pero allí está, "The laughing cow"!
Las fotos las tomamos en un supermercado en Saaremaa, Estonia. Me pregunto cómo se dirá vaca que ríe en Estonio...
Bueno, tras el gran esfuerzo intelectual que ha supuesto escribir este post, lo dejo. Estoy agotado...
Y no sé por qué me hizo tanta gracia verlo en inglés. De veras, no sé, es que me suena a cachondeo. A parodia. Pero allí está, "The laughing cow"!
Las fotos las tomamos en un supermercado en Saaremaa, Estonia. Me pregunto cómo se dirá vaca que ríe en Estonio...
Bueno, tras el gran esfuerzo intelectual que ha supuesto escribir este post, lo dejo. Estoy agotado...
Tuesday, August 19, 2008
Por la boca muere el pez....
Ayer me preguntaban desde Ejpaña cómo está el tema de encontrar piso de alquiler en Finlandia. Yo, seguro de mí mismo, contesté que "no conozco a nadie a quien le haya costado más de seis u ocho semanas encontrar un sitio donde caer muerto - después de una excesiva ingesta de Vodka - a un precio razonable".
Normalmente cuando eres estudiante es la propia universidad la que te busca el piso y te organiza el asunto. Luego el sitio te puede gustar o no, pero no tienes que andar haciendo lo típico de dormir una semana en un hostal hasta encontrar alojamiento. Te lo ponen en bandeja.
Y si no eres estudiante basta que te metas en un par de páginas web y que tengas un ojo puesto en la prensa y, en principio, algo caerá a los pocos días o semanas. Eso es lo que pensaba ayer a las tres de la tarde, cuando todo iba bien. Y, como reza el título, por la boca muere el pez.
A las seis y media me llamó Cat visiblemente triste. Nos ha llamado la casera, dijo. Tenemos que buscar otro piso porque ella necesita el que tenemos, añadió. Juré en voz alta, tanto por el hecho en sí como por notar a Cat tan deprimida. Me toca las narices ver a mi muchacha de bajón.
Pero mira, ahora veremos si es tan fácil encontrar piso. Tenemos entre uno y tres meses para mudarnos. Ojo, encontrar un piso es muy fácil. En una semana está hecho. Pero no estoy yo aquí currando como un capullo para acabar viviendo en un sitio que no me gusta. No me sale de los cojines mudarme donde sea debido a las prisas. No. Ambos queremos un piso como el que tenemos ahora. O sea algo a un precio asequible, con un tamaño nunca menor a lo que ya tenemos, en una zona que nos permita ir a trabajar - especialmente a ella que es la más estable - sin coger cuarenta buses y tranvías e incluso a ser posible con sauna cerca.
Perderemos el VideoClub, la tienda adorable llamada Amppeli, los cuatro supermercados a menos de cinco minutos, el Quiosco, los tres tranvías e infinidad de autobuses, el Metro, los Kebap, Subway y Pizzería - ya conocíamos a los dependientes de los tres -, correos y qué sé yo, hay más cosas. Sin contar que nuestro piso ya era nuestro hogar, nos gustaba y ni siquiera habremos tenido la oportunidad de quedarnos un año.
La casera no ha dado un motivo claro. Ha dicho que necesita el piso. Bueno, pues cuando firmemos el papelajo para recuperar la fianza yo le diré que necesito cagarme en su estirpe. Así, de amigos. Porque a no ser que tenga un buen motivo es una tocada de cojones. Todavía recuerdo cuando me preguntaba con insistencia si me iba a quedar en Finlandia o no para tomar la decisión de darnos el piso "porque, hombre, me gustaría tenerlo alquilado con la certeza de que os quedáis unos años". Hijaputa.
Y tendremos que ir al padrón, avisar a correos y a la madre que los parió, incluso igual tengo que avisar a la embajada de que me mudo. Y organizar la mudanza, colocar los muebles... Dios mío, me canso de pensarlo.
Pero venga, seamos positivos: estoy seguro de que encontraremos un sitio chulo, "barato", bien localizado y que la mudanza y todo lo demás irá como la seda. Al menos, haré todo lo posible por que así sea.
Normalmente cuando eres estudiante es la propia universidad la que te busca el piso y te organiza el asunto. Luego el sitio te puede gustar o no, pero no tienes que andar haciendo lo típico de dormir una semana en un hostal hasta encontrar alojamiento. Te lo ponen en bandeja.
Y si no eres estudiante basta que te metas en un par de páginas web y que tengas un ojo puesto en la prensa y, en principio, algo caerá a los pocos días o semanas. Eso es lo que pensaba ayer a las tres de la tarde, cuando todo iba bien. Y, como reza el título, por la boca muere el pez.
A las seis y media me llamó Cat visiblemente triste. Nos ha llamado la casera, dijo. Tenemos que buscar otro piso porque ella necesita el que tenemos, añadió. Juré en voz alta, tanto por el hecho en sí como por notar a Cat tan deprimida. Me toca las narices ver a mi muchacha de bajón.
Pero mira, ahora veremos si es tan fácil encontrar piso. Tenemos entre uno y tres meses para mudarnos. Ojo, encontrar un piso es muy fácil. En una semana está hecho. Pero no estoy yo aquí currando como un capullo para acabar viviendo en un sitio que no me gusta. No me sale de los cojines mudarme donde sea debido a las prisas. No. Ambos queremos un piso como el que tenemos ahora. O sea algo a un precio asequible, con un tamaño nunca menor a lo que ya tenemos, en una zona que nos permita ir a trabajar - especialmente a ella que es la más estable - sin coger cuarenta buses y tranvías e incluso a ser posible con sauna cerca.
Perderemos el VideoClub, la tienda adorable llamada Amppeli, los cuatro supermercados a menos de cinco minutos, el Quiosco, los tres tranvías e infinidad de autobuses, el Metro, los Kebap, Subway y Pizzería - ya conocíamos a los dependientes de los tres -, correos y qué sé yo, hay más cosas. Sin contar que nuestro piso ya era nuestro hogar, nos gustaba y ni siquiera habremos tenido la oportunidad de quedarnos un año.
La casera no ha dado un motivo claro. Ha dicho que necesita el piso. Bueno, pues cuando firmemos el papelajo para recuperar la fianza yo le diré que necesito cagarme en su estirpe. Así, de amigos. Porque a no ser que tenga un buen motivo es una tocada de cojones. Todavía recuerdo cuando me preguntaba con insistencia si me iba a quedar en Finlandia o no para tomar la decisión de darnos el piso "porque, hombre, me gustaría tenerlo alquilado con la certeza de que os quedáis unos años". Hijaputa.
Y tendremos que ir al padrón, avisar a correos y a la madre que los parió, incluso igual tengo que avisar a la embajada de que me mudo. Y organizar la mudanza, colocar los muebles... Dios mío, me canso de pensarlo.
Pero venga, seamos positivos: estoy seguro de que encontraremos un sitio chulo, "barato", bien localizado y que la mudanza y todo lo demás irá como la seda. Al menos, haré todo lo posible por que así sea.
Friday, August 15, 2008
La distancia existe
- "Por muy lejos que me vaya, siempre estarás conmigo, siempre te llevaré en el corazón. Te quiero.
- Vale, lo que tú digas. Pero cuanto más lejos te vayas más complicado lo tenemos para irnos de cañas juntos. Y es quién carajo te mandar aceptar un puesto en Lesotho..."
No no engañemos, la distancia existe. Es algo intangible pero pesa como una losa. Y las losas son muy tangibles, ya os lo digo yo.
A veces me invento historias, frases bonitas, me amparo en recuerdos, me hago adicto al móvil, al correo, al facebook, vaya, me aferro a todo con tal de no admitir que me he ido lejos. Lejos. Muy lejos.
Y lo puedo intentar disfrazar como quiera pero los días que me levanto con la sonrisa torcida o, directamente, de mala hostia - como hoy - pues dejo de ver escalas de grises y lo veo todo con una perspectiva más sencilla: no me iré de cañas con Jorge hasta Dios sabe cuándo. Y punto. Y le puedo mandar cuarenta correos - cosa que no voy a hacer porque soy un vago irresponsable para estas cosas - o llamarle setenta veces al mes - cosa que podría hacer porque no pago yo la factura - pero no es lo mismo. Que te olvides de las barbacoas playeras, de darle una colleja a Paúl o de pedirle a Mario que eche el humo pa otra parte, me digo. Que no. Que te pongas como te pongas, tres mil kilómetros os separan. Es entonces cuando siento en el pecho tres millones de punzadas. Sí, he dicho tres millones. No, no es que sea manchego, es que tres mil kilómetros son tres millones de metros, majos. Una punzada por kilómetro.
Pero alto, espera. Para, calma. Respira. Piensa. Deja tu mala leche de lado. Olvídate de tus preocupaciones, tómate un par de minutos. Escucha al silencio, busca en tu cabecita: ¿estás seguro de que estás triste?
Ahora lo veo más claro. Tengo amigos en Finlandia. Muy buena gente. Me ayudan, confían en mí, nos reímos juntos. Lealtad, coraje, ánimo. Felicidad, respeto. En definitiva, amistad. Pero cómo explicarle a Jorge que pese a que la distancia es real y que un puñado de losas se acomodan sobre nuestros hombros cada vez que pensamos en el otro, ¿cómo explicarle que nada ha cambiado? Eso: que nada ha cambiado.
Nos nos vamos de cañas juntos. No jugamos al fútbol. No hacemos barbacoas. No comemos pipas. No pasamos tardes en el Toys'r us - no preguntéis -, no bajamos rodando de Benacantil, no tenemos charlas tirados en la playa, no vemos pasar la vida mirando el mismo mar. Sea.
Pero la lealtad por el otro, las ganas de infundir coraje, la capacidad de transmitir ánimo, la felicidad por los logros ajenos, el respeto por nuestro pasado en común, en definitiva, su amistad ya forma parte de mí.
Cuando decides entregar tu amistad - no, no me estoy poniendo blando, no me toquéis las pelotas, dejadme escribir - estás aceptando de manera tácita una responsabilidad: estás asumiendo el peso de preocuparte por alguien, para lo bueno y para lo malo. No es un matrimonio pero, en el mundo, muchas amistades gozan de mejor salud que muchos matrimonios. Y si no quieres pasarlo mal cuando un amigo se marche, no tengas agallas para tener buenos amigos. Cobarde feliz, valiente amargado. Yo prefiero ser valiente.
Así que cuando me entra la vena depresiva de "quién te manda irte a Lesotho" o "cómo voy a hacer para mantener la magia viva estando en Finlandia" me paro, respiro hondo, y me pongo a recordar grandes momentos con Jorge, Paúl, Daví, Miguel Ángel, Susana, Anita, Dani, Luna, Carla y un larguísimo etcétera de nombres, cada cual con su historia. Todos anclados en mi corazón. Porque, chavales, chavalas, esa amistad no se puede resquebrajar: está cimentada, muy bien cimentada, en algo muy profundo, sentimientos tan puros que no tienen quién les ponga nombre.
Y ¿sabéis lo que se pone sobre cemento?
Losas.
...
Y la satisfacción de pisotearlas cuando nos reencontremos no nos la quita nadie.
- Vale, lo que tú digas. Pero cuanto más lejos te vayas más complicado lo tenemos para irnos de cañas juntos. Y es quién carajo te mandar aceptar un puesto en Lesotho..."
No no engañemos, la distancia existe. Es algo intangible pero pesa como una losa. Y las losas son muy tangibles, ya os lo digo yo.
A veces me invento historias, frases bonitas, me amparo en recuerdos, me hago adicto al móvil, al correo, al facebook, vaya, me aferro a todo con tal de no admitir que me he ido lejos. Lejos. Muy lejos.
Y lo puedo intentar disfrazar como quiera pero los días que me levanto con la sonrisa torcida o, directamente, de mala hostia - como hoy - pues dejo de ver escalas de grises y lo veo todo con una perspectiva más sencilla: no me iré de cañas con Jorge hasta Dios sabe cuándo. Y punto. Y le puedo mandar cuarenta correos - cosa que no voy a hacer porque soy un vago irresponsable para estas cosas - o llamarle setenta veces al mes - cosa que podría hacer porque no pago yo la factura - pero no es lo mismo. Que te olvides de las barbacoas playeras, de darle una colleja a Paúl o de pedirle a Mario que eche el humo pa otra parte, me digo. Que no. Que te pongas como te pongas, tres mil kilómetros os separan. Es entonces cuando siento en el pecho tres millones de punzadas. Sí, he dicho tres millones. No, no es que sea manchego, es que tres mil kilómetros son tres millones de metros, majos. Una punzada por kilómetro.
Pero alto, espera. Para, calma. Respira. Piensa. Deja tu mala leche de lado. Olvídate de tus preocupaciones, tómate un par de minutos. Escucha al silencio, busca en tu cabecita: ¿estás seguro de que estás triste?
Ahora lo veo más claro. Tengo amigos en Finlandia. Muy buena gente. Me ayudan, confían en mí, nos reímos juntos. Lealtad, coraje, ánimo. Felicidad, respeto. En definitiva, amistad. Pero cómo explicarle a Jorge que pese a que la distancia es real y que un puñado de losas se acomodan sobre nuestros hombros cada vez que pensamos en el otro, ¿cómo explicarle que nada ha cambiado? Eso: que nada ha cambiado.
Nos nos vamos de cañas juntos. No jugamos al fútbol. No hacemos barbacoas. No comemos pipas. No pasamos tardes en el Toys'r us - no preguntéis -, no bajamos rodando de Benacantil, no tenemos charlas tirados en la playa, no vemos pasar la vida mirando el mismo mar. Sea.
Pero la lealtad por el otro, las ganas de infundir coraje, la capacidad de transmitir ánimo, la felicidad por los logros ajenos, el respeto por nuestro pasado en común, en definitiva, su amistad ya forma parte de mí.
Cuando decides entregar tu amistad - no, no me estoy poniendo blando, no me toquéis las pelotas, dejadme escribir - estás aceptando de manera tácita una responsabilidad: estás asumiendo el peso de preocuparte por alguien, para lo bueno y para lo malo. No es un matrimonio pero, en el mundo, muchas amistades gozan de mejor salud que muchos matrimonios. Y si no quieres pasarlo mal cuando un amigo se marche, no tengas agallas para tener buenos amigos. Cobarde feliz, valiente amargado. Yo prefiero ser valiente.
Así que cuando me entra la vena depresiva de "quién te manda irte a Lesotho" o "cómo voy a hacer para mantener la magia viva estando en Finlandia" me paro, respiro hondo, y me pongo a recordar grandes momentos con Jorge, Paúl, Daví, Miguel Ángel, Susana, Anita, Dani, Luna, Carla y un larguísimo etcétera de nombres, cada cual con su historia. Todos anclados en mi corazón. Porque, chavales, chavalas, esa amistad no se puede resquebrajar: está cimentada, muy bien cimentada, en algo muy profundo, sentimientos tan puros que no tienen quién les ponga nombre.
Y ¿sabéis lo que se pone sobre cemento?
Losas.
...
Y la satisfacción de pisotearlas cuando nos reencontremos no nos la quita nadie.
Tuesday, August 12, 2008
Un tipo duro
Normal que me pasen estas cosas. Llevo dos años viviendo en un país en el cual la gente te toma por delincuente por saltarte un semáforo en rojo. Una ciudad en la que hace poco a un colega se le cayó un vale de 500Euricos en gasolina al lado del coche y cuando volvió se lo encontró en el parabrisas. La gente es honrada. Y como no cumplas te puedes meter en marrones considerables. Claro, al final te acostumbras y acabas portándote bien.
Pero yo que vengo de una zona tan radical como el Cabo de las Huertas - con una densidad de macarras descerebrados por metro cuadrado de las más altas de España - y con un pasado muy oscuro - que le pregunten a la tropa de la urbanización Jardín de las Huertas cómo nos las gastábamos - en cuanto veo una oportunidad de retar a la autoridad me abalanzo sobre ella.
Estábamos en Estonia, Saarema para ser más precisos, cuando mi instinto de rebelde sin causa-porque-la-perdí-por-el-camino me advirtió de que tenía una oportunidad de demostrar lo duro que soy. Porque yo, señores, señoras y señoritas - los señoritos no se atreven a entrar a este blog - cuando me pongo soy un huracán de irrefrenable afán cuasi anarquista. Además, en Estonia, ni honradez ni tonterías de esas. Así que me sentía en mi salsa, capaz de pasearme por el filo de la legalidad con la cabeza alta en plan "¿y tú qué miras?".
Y ahí me fui, directo al epicentro de la radicalidad, dispuesto a apoyar a mis hermanos busca-broncas ayudándoles a que su causa y su eslogan se propaguen como la pólvora por el mundo. La contundencia de la frase, la fuerza de la ortografía, el valor de la firma... ¿¡Cómo no me voy a hacer una afoto!?
Pero yo que vengo de una zona tan radical como el Cabo de las Huertas - con una densidad de macarras descerebrados por metro cuadrado de las más altas de España - y con un pasado muy oscuro - que le pregunten a la tropa de la urbanización Jardín de las Huertas cómo nos las gastábamos - en cuanto veo una oportunidad de retar a la autoridad me abalanzo sobre ella.
Estábamos en Estonia, Saarema para ser más precisos, cuando mi instinto de rebelde sin causa-porque-la-perdí-por-el-camino me advirtió de que tenía una oportunidad de demostrar lo duro que soy. Porque yo, señores, señoras y señoritas - los señoritos no se atreven a entrar a este blog - cuando me pongo soy un huracán de irrefrenable afán cuasi anarquista. Además, en Estonia, ni honradez ni tonterías de esas. Así que me sentía en mi salsa, capaz de pasearme por el filo de la legalidad con la cabeza alta en plan "¿y tú qué miras?".
Y ahí me fui, directo al epicentro de la radicalidad, dispuesto a apoyar a mis hermanos busca-broncas ayudándoles a que su causa y su eslogan se propaguen como la pólvora por el mundo. La contundencia de la frase, la fuerza de la ortografía, el valor de la firma... ¿¡Cómo no me voy a hacer una afoto!?
Un leoncico
La foto del león algo cabreado que publiqué hace un par de días para explicar la palabra "guedeja" ha herido sensibilidades. "Es un león que no tiene pinta ni de estar de buen humor ni de tener una buena higiene bucal".
Y es cierto que siendo este blog un espacio de paz, armonía, buen rollito y claramente enfocado al niño que todos llevamos dentro - no Paúl, no estás embarazado, es una expresión - creo que sería bueno mostrar un ejemplo de león bonico, mono, tranquilete, majo y sin problemas que le hagan ser digno de la tarjeta Visa-Vitaldent.
Aquí tenéis uno con guedeja sintética pero menos malas pulgas.

Y para rematar este post edulcorado, un vídeo de un tigre chiquitín y adorable.
Hala. Que no se diga que aquí todo son tacos y pijadas. No.
Que se diga que también sé publicar pijadas guardando las formas.
Y es cierto que siendo este blog un espacio de paz, armonía, buen rollito y claramente enfocado al niño que todos llevamos dentro - no Paúl, no estás embarazado, es una expresión - creo que sería bueno mostrar un ejemplo de león bonico, mono, tranquilete, majo y sin problemas que le hagan ser digno de la tarjeta Visa-Vitaldent.
Aquí tenéis uno con guedeja sintética pero menos malas pulgas.
Y para rematar este post edulcorado, un vídeo de un tigre chiquitín y adorable.
Hala. Que no se diga que aquí todo son tacos y pijadas. No.
Que se diga que también sé publicar pijadas guardando las formas.
Monday, August 11, 2008
Una de mosquitos
Son pequeños pero matones. No, eso se me queda corto. Son pedacitos de infierno con alas. Nah, demasiado poético y falta rabia. Canijos pero muy molestos. Bah, quita, parece que tengo horchata en las venas. Bichos de mierda a los que espero erradicar de la faz de la tierra. Sí, mira, me gusta. Y ahora sí parece que tengo sangre corriéndome por las venas. Sangre ejpañola y francesa, roja y, por lo visto, mu rica.
El año pasado me picaron treinta mosquitos durante el fin de semana del solsticio de verano. Tengo testigos que pueden corroborar esta afirmación. Veinte picotazos entre ambas piernas - que ya son - y el resto repartidos por el cuerpo siguiendo cualquiera que sea el criterio lógico que esos chupasangres desgraciados tengan. Lo malo fue que algunos de esos bocados - porque ya se pasa de picotazo - me dieron alergia y acabé con las piernas bacheadas, untado en crema y jurando en arameo para desahogarme las ganas de rascar.
Pasado un año le comenté a mis amiguetes el respeto que me imponía volver a enfrentarme a tan peculiar temporada de caza, siendo yo la presa. Me daba pereza volver a pasar por lo mismo: estar de barbacoa quince y que sólo vayan a por mí. Y, encima, que me produzcan una reacción y escuezca el triple. Pues eso, da pereza. Por saco.
Así que este año cuando hemos hecho barbacoas siempre me he ofrecido voluntario para hacer el fuego. Y me he puesto a propósito dentro del humo. No delante, cerca o detrás. No. Dentro. Acabas oliendo a parrilla, tu novia reniega de ti, pero apenas sufres ataques. Y, gran noticia, las pocas veces que fueron a por mí no me dio ninguna alergia. Nada. Fue como un picotazo normal. Y de un picotazo normal de mosquito normal sin alergia anormal no me quejo. Tampoco vas a ir de llorón por unos miligramos de sangre.
Pero ¡ay amigo! el viaje a Saaremaa fue otra historia. En el trayecto de la playa al hotel - que hacíamos en bici y que dura cinco minutos de reloj - se cebaron conmigo los mosquitos estonios. No sé cómo se las apañaron para machacarme de tal manera mientras pedaleaba - se supone que no soportan el viento o las corrientes de aire fuertes - pero me imagino que se posaron en mi brazo a sotavento cuando aun estaba parado y, hala, festín de sangre latina.
Claro, obviamente, aunque uno tenga una capacidad de autocontrol corporal mayor que la del Dalai Lama - por citar a alguien, no me preguntéis - al final acabas cayendo. Hasta el Maestro Pai Mei se habría rascado. Aunque ya no tomé más fotos os puedo garantizar que después de ensañarme con él, el del codo daba miedo.
Pero se acabaron las vacaciones - de las que creo que volveré a hablar más adelante - y de vuelta a Helsinki. A salvo de los mosquitos estonios y dispuesto a saludar a los ya conocidos mosquitos fineses. Total, este año no dan alergia. No hay problema. Están en el bote.
Y en esas estaba hasta que Cat, hace dos noches, me gritó desde el cuarto que "hay un mosquito en la habitación". Yo estaba al ordenador consultando estupideces - no me acuerdo pero lo presupongo - y le contesté que "si lo puedes matar tú, mejor, cariño que yo estoy líado". Pam, catapam. Listo. Es bastante grande, échale un vistazo. Y en eso que dejo lo que estaba trajinando y miro.
- Cariño, eso no es un mosquito.
- ¿No? Vaya... Pero... ¿Qué es?
- Un helicóptero.
Como no tenía a mano mis utensilios del "kit CSI Cabo Huertas" no pude poner una regla para hacer la foto así que coloqué un portaminas para que os hagáis una idea del tamaño de la criatura. No estoy a salvo ni en Finlandia ni en Estonia.
Para el toque educativo del día, cito la conocida página - a la que siempre recurro para solucionar dudas y preguntas difíciles - Educación Inicial:
Los machos se alimentan de la savia de las plantas y del jugo de las frutas. El alimento favorito de las hembras es la sangre. Aunque el mosquito es una molestia, hace poco daño. (Vete a Estonia a ver qué te pasa, no te joroba... ) Algunos parientes del mosquito doméstico común, sin embargo, pueden transmitir el paludismo o la fiebre amarilla. Y estos si son peligrosos! Si hombre, nada más faltaba que los mosquitos por estos lares transmitieran la fiebre rusa - de la que mejor no hablo o me cierran el blog.
Bromas aparte, para los que quieran fuentes más sólidas: ¿Cómo eligen a sus víctimas estos pequeños hijos de puta?
Para cerrar una de Mecano, en playback, con un par:
El año pasado me picaron treinta mosquitos durante el fin de semana del solsticio de verano. Tengo testigos que pueden corroborar esta afirmación. Veinte picotazos entre ambas piernas - que ya son - y el resto repartidos por el cuerpo siguiendo cualquiera que sea el criterio lógico que esos chupasangres desgraciados tengan. Lo malo fue que algunos de esos bocados - porque ya se pasa de picotazo - me dieron alergia y acabé con las piernas bacheadas, untado en crema y jurando en arameo para desahogarme las ganas de rascar.
Pasado un año le comenté a mis amiguetes el respeto que me imponía volver a enfrentarme a tan peculiar temporada de caza, siendo yo la presa. Me daba pereza volver a pasar por lo mismo: estar de barbacoa quince y que sólo vayan a por mí. Y, encima, que me produzcan una reacción y escuezca el triple. Pues eso, da pereza. Por saco.
Así que este año cuando hemos hecho barbacoas siempre me he ofrecido voluntario para hacer el fuego. Y me he puesto a propósito dentro del humo. No delante, cerca o detrás. No. Dentro. Acabas oliendo a parrilla, tu novia reniega de ti, pero apenas sufres ataques. Y, gran noticia, las pocas veces que fueron a por mí no me dio ninguna alergia. Nada. Fue como un picotazo normal. Y de un picotazo normal de mosquito normal sin alergia anormal no me quejo. Tampoco vas a ir de llorón por unos miligramos de sangre.
Pero ¡ay amigo! el viaje a Saaremaa fue otra historia. En el trayecto de la playa al hotel - que hacíamos en bici y que dura cinco minutos de reloj - se cebaron conmigo los mosquitos estonios. No sé cómo se las apañaron para machacarme de tal manera mientras pedaleaba - se supone que no soportan el viento o las corrientes de aire fuertes - pero me imagino que se posaron en mi brazo a sotavento cuando aun estaba parado y, hala, festín de sangre latina.
Claro, obviamente, aunque uno tenga una capacidad de autocontrol corporal mayor que la del Dalai Lama - por citar a alguien, no me preguntéis - al final acabas cayendo. Hasta el Maestro Pai Mei se habría rascado. Aunque ya no tomé más fotos os puedo garantizar que después de ensañarme con él, el del codo daba miedo.
Pero se acabaron las vacaciones - de las que creo que volveré a hablar más adelante - y de vuelta a Helsinki. A salvo de los mosquitos estonios y dispuesto a saludar a los ya conocidos mosquitos fineses. Total, este año no dan alergia. No hay problema. Están en el bote.
Y en esas estaba hasta que Cat, hace dos noches, me gritó desde el cuarto que "hay un mosquito en la habitación". Yo estaba al ordenador consultando estupideces - no me acuerdo pero lo presupongo - y le contesté que "si lo puedes matar tú, mejor, cariño que yo estoy líado". Pam, catapam. Listo. Es bastante grande, échale un vistazo. Y en eso que dejo lo que estaba trajinando y miro.
- Cariño, eso no es un mosquito.
- ¿No? Vaya... Pero... ¿Qué es?
- Un helicóptero.
Como no tenía a mano mis utensilios del "kit CSI Cabo Huertas" no pude poner una regla para hacer la foto así que coloqué un portaminas para que os hagáis una idea del tamaño de la criatura. No estoy a salvo ni en Finlandia ni en Estonia.
Para el toque educativo del día, cito la conocida página - a la que siempre recurro para solucionar dudas y preguntas difíciles - Educación Inicial:
Los machos se alimentan de la savia de las plantas y del jugo de las frutas. El alimento favorito de las hembras es la sangre. Aunque el mosquito es una molestia, hace poco daño. (Vete a Estonia a ver qué te pasa, no te joroba... ) Algunos parientes del mosquito doméstico común, sin embargo, pueden transmitir el paludismo o la fiebre amarilla. Y estos si son peligrosos! Si hombre, nada más faltaba que los mosquitos por estos lares transmitieran la fiebre rusa - de la que mejor no hablo o me cierran el blog.
Bromas aparte, para los que quieran fuentes más sólidas: ¿Cómo eligen a sus víctimas estos pequeños hijos de puta?
Para cerrar una de Mecano, en playback, con un par:
Subscribe to:
Comments (Atom)





