Antonio Rafael Mengs, Adoración de los pastores, 1770. Óleo sobre tabla de madera de roble. Museo Nacional del Prado. Madrid
FELIZ NAVIDAD FELIZ NATAL BUON NATALE JOYEUX NOËL HYVÄÄ JOULUA FROHE WEIHNACHTEN MERRY CHRISTMAS BON NADAL عيد ميلاد مجيد
Stille Nacht! Heilige Nacht! – Noche silenciosa, noche sagrada
Austria 1818 Joseph Mohr, letra – Franz Xaver Gruber, música
Stille Nacht! Heilige Nacht! Alles schläft; einsam wacht Nur das traute heilige Paar Holder Knab im lockigten Haar, Schlafe in himmlischer Ruh! Schlafe in himmlischer Ruh!
Stille Nacht! Heilige Nacht! Gottes Sohn! O wie lacht Lieb´ aus deinem göttlichen Mund, Da schlägt uns die rettende Stund, Jesus in deiner Geburt! Jesus in deiner Geburt!
Stille Nacht! Heilige Nacht! Hirten erst kundgemacht Durch den Engel Alleluja. Tönt es laut bei Ferne und Nah: Jesus, der Retter ist da! Jesus, der Retter ist da!
… y serás profundamente infeliz en un agujero infecto atontado por series y videojuegos con suscripción, y drogas reales (Yuval Noah Harari dixit)…, hasta que decidamos que hacer contigo.
No volveré a comprar un libro digital (ya los he descargado los más de 400) ni físico, en Amazon.
Ha sido un año difícil y extraño, y por eso no ha habido ninguna publicación, pero no quiero dejar pasar la noche de Navidad sin saludar a los que todavía se pasan por aquí a pesar del silencio.
La Navidad nos ha sido robada, y una de las cosas que nos han robado es el Belén. El belén sigue existiendo, pero está en retirada como tantas cosas con una simbología claramente cristiana. Sin embargo hoy voy a hablar de belenes, a fin de cuentas es una tradición que se lleva haciendo 801 años.
Algunos años he podido comenzar el año en un lugar diferente de mi casa, hubo años que estuve en Roma y pude ver los preciosos belenes de las iglesias. Este año que acabará en una semana, en su inicio estaba lejos de mi casa, en Sevilla, y vi unos interesantes belenes. Belenes monumentales que dejaban pequeño el belén más grande que pudiera montar en mi infancia.
En los últimos años he visto dos tipos de belenes: el que en un escenario de tipo mediterráneo por su paisaje y arquitectura sucede el misterio de la Natividad y se ven las escenas y personajes principales del evangelio entre escenas populares, y el suntuoso belén napolitano con sus grandes figuras de vestir, sus escenas populares del siglo XVIII, y el nacimiento ocurre en las ruinas de un templo clásico.
Belén napolitano del Museo del Greco (Toledo) imagen propia
No estoy en contacto con asociaciones y artesanos belenistas y no sé cual es la tendencia o la moda ahora, porque lo que vi en Sevilla en dos belenes y he visto en Toledo este año, me sorprende y no me sorprende a la vez. El ambiente donde ocurre la Natividad no es Belén, un Belén imaginario que no sabemos como fue en realidad, sino el barrio de la Macarena en Sevilla, donde se reconoce, el arco, la muralla y la iglesia gótica. Este belén estaba expuesto en el Palacio de la Algaba.
Belén Palacio de Algaba (Sevilla) imagen propia
El otro belén era el belén monumental de Alcalá del Río, no sólo con edificios reconocibles, sino que las figuras, a excepción de la Sagrada Familia, tienen los retratos de los cofrades, algunos de ellos, además, desarrollando su propio oficio.
Belen Alcalá del Rio (Sevilla) imagen propia
Hace pocos días, vi el Belén de la Capilla de la Estrella, en Toledo, donde en el paisaje destacan dos edificios: el Palacio de Galiana, y sobre todo la estación de ferrocarril neomudéjar con su reloj y todo, en el que se supone que es el Belén de Judea del año 1. Está estación, probablemente la más bonita de España, se inauguró en 1919. Quien me habló en Sevilla del belén de Alcalá del Río, dijo que los retratos de los cofrades de la Vera Cruz hacían un contraste «extraño» en el conjunto del belén, pero no me comentó nada del paisaje sevillano.
Belén Capilla de la Estrella (Toledo) imagen propia
Lo que hacen los belenes del Palacio de la Algaba, de Alcalá del Río y de la Capilla de la Estrella quizá pueda parecer muy original hoy, incluso a sus creadores, pero no lo es en absoluto, es algo que el arte cristiano occidental lleva haciendo más de medio milenio. Algo que comenzó a finales de la Edad Media en las tierras de Flandes, donde en la pintura los personajes sagrados y las escenas se representaban en el entorno cotidiano y doméstico de la época, e incluso, no la Virgen María ni Jesucristo, pero sí santos y otros personajes tenían los rasgos reconocibles de personas individuales. Con esto el arte nos está diciendo que la redención está sucediendo aquí y ahora, en nuestro propio tiempo, en nuestro lugar de vida.
Como tampoco, como erróneamente dice la información del belén napolitano del Museo del Greco en Toledo, el que la escena de la Natividad, el portal de Belén, esté en las ruinas de un templo clásico, tiene que ver con los descubrimientos de Pompeya y Herculano. Muy poco después que los pintores flamencos colocaran la Anunciación en una casa burguesa y a Santa Barbara leyendo junto a la chimenea, los pintores italianos del Quattrocento colocaban la Natividad o la Epifanía en las ruinas de un templo clásico porque el cristianismo venía para superar al paganismo.
Belen napolitano Museo Thyssen-bornemisza (Madrid) imagen propia
Quiero volver al belén de Alcalá del Río. Uno de los elementos que destaca en el paisaje es la presa sobre el Guadalquivir, que se empezó a construir en 1928, y que regula el cauce, proporciona riego y suministro eléctrico desde entonces, hace ya casi un siglo. Y no puedo dejar de pensar en ella colocada en un belén que recrea la Judea del siglo I bajo el control romano, desde el 29 de octubre en que una riada de agua, barro y maleza arrasó muchos pueblos de Valencia, zonas de Albacete y también unos días después Mallorca y Malága.
Presa de Alcalá del Río (Wikimedia Commons)
Las presas, los puentes, los acueductos, los canales de riego son maravillosas estructuras creadas por la mente y la mano humana. Con la tecnología del siglo I ¿qué han hecho por nosotros los romanos? ya debió haber en toda la Bética, en la vieja Ilipa Magna, en la Judea en la que nació Jesús, estructuras de ese tipo. Sexto Julio Frontino, militar e ingeniero de los emperadores Flavios y de Trajano, decía que las obras de canalización de agua eran mucho más importantes que las pirámides de Egipto o los más hermosos templos griegos, pues hacían que la vida de todos fuera mucho mejor que sin ellas. Durante siglos, e incluso hasta ahora hemos usado las obras de ingeniería hidráulica romana y hemos construido otras, no eran nada malo…, hasta ahora.
Belén de Alcalá del Rio, presa, Imagen propia
Ahora, esa deidad llamada Planeta, que tiene miles de adoradores analfabetos, marionetas de poderes malvados, una deidad que exige sacrificios humanos, se ha cobrado con creces el tributo de demoler esas estructuras y no mantener limpios los cauces. Esa presa de hormigón casi centenaria, que probablemente esté amenazada de destrucción también, hace su humilde y valioso trabajo y merece estar integrada en el paisaje de la redención.
Siento que estoy torturando al que ha llegado hasta aquí con esta entrada que se supone que es para felicitar la Navidad. Quería escribir sobre los belenes esos escenarios ingenuos que nos indican que es verdaderamente la Navidad, y que integran el entorno en que vivimos, ya sea una estación de tren, una muralla medieval o una presa como el lugar en que nació Jesús. Y quiero un recuerdo para aquellos que sufrieron la furia de la naturaleza aumentada por la maldad, la incompetencia y el fanatismo ecológico-climático. Todos necesitamos esperanza y salir de esta oscuridad totalitaria, encontrar una luz, la que hubo en aquel nacimiento de hace 2024 años en Belén, así que le voy a robar su verso a Guillaume Apollinaire: es hora de volver a encender las estrellas.
Feliz Navidad
BIEN VENGADES PASTORES (Anónimo) – Manuscrito de la Catedral de Toledo (España)
Bien vengades, pastores, ¡he! que bien vengades.
Pastores del ganado, dezidnos buen mandado. Que bien vengades.
Pastores do andubistes, dezidnos lo que vistes. Que bien vengades.
Vimos quen Betlem, señores, nasció la flor de las flores. Que bien vengades.
Esta flor que oy es nasçida nos dará fructo de vida. Que bien vengades.
Es un niño y rey del çielo, que oy ha nasçido’n el suelo. Que bien vengades.
Está entre dos animales, embuelto en pobres pañales. Que bien vengades.
Virgen y limpia quedó, la madre que lo parió. Que bien vengades.
Al hijo y madre roguemos les plaga que nos salvemos. Que bien vengades.
Libro de Horas de René d’Anjou, Rey de Sicilia (1434-1480). Bibliothèque nationale de France. Département des Manuscrits. Latin 1156 A
Había escrito en mi anterior entrada que reanudaría pronto las publicaciones pero las circunstancias laborales y de salud, mis ojos no están para trabajos extra, lo han ido demorando. Pero no quiero que pase este día sin felicitar la Navidad, sí eso la Navidad, no las fiestas, la caída de la bellota por el solsticio de invierno o cualquier otra memez. Esa celebración cristiana, que se intenta eludir de un tiempo a esta parte tantas veces, y que provoca ridículos vergonzantes como la felicitación de la Universidad Complutense.
Mirad ese pobre establo donde sólo al fondo vemos una chimenea, en la casa, donde se ha calentado el agua que vierte la mujer vestida de rosa, pero no es allí en el interior cálido donde están los personajes principales. Observad a ese San José anciano que contempla y medita. Mirad a la Virgen María de mayor tamaño porque junto con Jesus niño es la figura más santa e importante, que pese a su manto azul ultramar que simboliza la eternidad y su precioso velo blanco, se arremanga su elegante vestido dorado para comprobar la temperatura del agua de ese barreño o palangana, donde Jesús con su nimbo crucífero que simboliza la divinidad, es sin embargo un recién nacido que va tomar su primer baño.
Y ese segundo plano donde a la derecha tenemos los animales de trabajo en un cercado de mimbre que miran la escena, ut animalia viderent Dominum natum, pero fijaos a la derecha ese otro cercado a la derecha, más pequeño, donde probablemente haya otros animales, quizá unas cabras.
Alli hay un ángel. Ha bajado de los cielos, ha venido del empíreo, pero el lugar que puede ocupar es el que comparte con los animales en ese pobre cobertizo. Ese lugar que ocupa el pequeño ángel es también el nuestro.
Feliz Navidad, espero que, ya sea en compañía de los vuestros o en soledad, sea una noche de paz en estos tiempos de traición y mentira.
Edi beo thu hevene quene – Bendita seas, Reina de los Cielos Anónimo inglés del siglo XIV
Siento no poder esta vez ofrecer una traducción de este precioso villancico.
FELIZ NAVIDAD HYVÄÄ JOULUA FROHE WEIHNACHTEN MERRY CHRISTMAS FELIZ NATAL BUON NATALE JOYEUX NOËL BON NADAL عيد ميلاد مجيد
El Bosco, Triptico del Carro de heno cerrado. El caminante. 1512-1515. Museo del Prado
Este blog o web nunca ha tenido muchas publicaciones, comenzó como un divertimento cuando hace ya años estudiaba el grado de Historia del Arte en la UNED y volvía a la universidad veinte años después, pero desde 2017 está prácticamente detenido. Una entrada, dos al año como mucho, e incluso hubo algún año que no tuvo ninguna, sin embargo por aquí siguen pasando lectores e incluso hay alguna suscripción nueva, quizá esperando que la autora vuelva a publicar.
He comentado alguna vez, y está enlazado, que llevo otra web de tipo profesional, Historia del Arte para estudiantes de 2º de Bachillerato, que me lleva bastante del tiempo que tengo para estas cosas de internet. Además los años desde 2019 han sido complicados. Primero realicé cambios importantes en mi vida, y luego vinieron otros que nos afectaron a todos y que creo que nadie quiso encontrarse con una mezcla de la peste negra y el tercer reich en su horizonte vital. Nada ha vuelto a ser igual.
En la Navidad del año pasado publiqué una entrada de iconografía unos días después de haberme fijado en la pintura en el Museo del Prado, es una cita a la que suelo acudir, quizá la única publicación del año. Los días de navidad y año nuevo pueden ser complicados, y el curso pasado también lo era pues fue uno de mis cursos de intercambio internacional, lo digo porque no respondí a los comentarios que hubo en esa entrada navideña. La idea era seguir, pasó enero y el 3 de febrero ocurrió el desastre: se desprendió la retina de mi ojo derecho, hubo unos días terribles de angustia para organizarme, fui operada de urgencia y retirada del trabajo más allá del final de las clases. Durante ese tiempo, ese limbo que trajo el posoperatorio y la baja me planteé muchas veces tanto borrar definitivamente este bosque como ponerlo de nuevo en marcha, hoy al fin me he decidido por esto último.
Las publicaciones seguirán siendo erráticas, no puedo comprometerme a algo constante, el tiempo del trabajo y mi situación ocular, que es delicada y no han acabado las cirugías, no me lo permiten. Hay muchos borradores en el escritorio y alguno me gustaría desarrollarlo, y por otro lado también tratar otros temas, que suelen pasar desapercibidos y me hacen preguntarme en que mundo absurdo vivimos.
Pues comencemos a caminar de nuevo.
Franz Schubert – Quinteto de cuerdas en Do mayor, D. 956 – II. Adagio
Ayer, saliendo de la galería central de la planta baja del Museo del Prado, a la derecha de la puerta, ahí está colgada. Me paré unos minutos en mi trayecto hacia las salas medievales donde iba a tomar unas notas.
Federico Barocci, La Natividad, 1597. Óleo sobre lienzo, 134 x 105 cm. Museo del Prado
Finales del siglo XVI, aparentemente sencilla, un pobre establo o granero con luz sobrenatural, el Niño envuelto en el manto azul de María, el color de la eternidad y de la divinidad. Y los animales, en primer término, cercanos. No los nobles animales heráldicos, no los que son símbolo de imperios, sino los humildes trabajadores desde hace ocho mil de años, o quizá más, los que un día fueron salvajes y los fuimos convirtiendo en otros. Los que tiraron del carro y fueron uncidos al arado, los que movieron norias y ruedas de molino, los que junto a caballos, ovejas, cabras, cerdos, gallinas y patos, perros y gatos, permitieron la civilización. Esos animales, compañeros de trabajo, de los que dependió la vida humana durante siglos, y el día 17 de enero eran bendecidos. Esos animales, que en lo que fue el núcleo de nuestra civilización, la religión cristiana, fueron admitidos en la Natividad. Esos animales, a los que en este presente distópico se les ha declarado la guerra.
XIV 1.El tercer día después del nacimiento del Señor, María salió de la gruta, y entró en un establo, y deposité al niño en el pesebre, y el buey y el asno lo adoraron. Entonces se cumplió lo que había anunciado el profeta Isaías: El buey ha conocido a su dueño y el asno el pesebre de su señor.
2.Y estos mismos animales, que tenían al niño entre ellos, lo adoraban sin cesar. Entonces se cumplió lo que se dijo por boca del profeta Habacuc: Te manifestarás entre dos animales
Pseudo Evangelio de Mateo
O magnum mysterium – Tomás Luis de Victoria
O magnum mysterium et admirabile sacramentum, ut animalia viderent Dominum natum jacentem in praesepio. O beata Virgo, cujus viscera meruerunt portare Dominum Jesum Christum. Alleluia!
Ahora que el Museo del Prado ha abierto todas sus salas, incluyendo mis salas preferidas de la pintura flamenca y holandesa en la tercera planta junto al Tesoro del Delfín, he pensado hacer algunas visitas a las salas y a las obras que tienen menos visitantes, esa pintura de pequeño tamaño muchas veces, que no nos cuenta historias, que no tiene grandes personajes, que representa las cosas que nos acompañan en el día a día, las cosas que amamos, le cose piccole como decía Giorgio Vasari con un punto de desprecio.
Hace años, en los inicios del bosque, comenté como tuve que llegar al Rijksmuseum de Ámsterdam en el verano de 1999 para conocer la palabra más correcta para dar nombre a la pintura de las cosas: still leven, la vida quieta, la vida silenciosa, la vida en suspensión.
En España se le llama bodegones, pero es una denominación sólo hispana que es muy restrictiva, sólo seria correcta para aquellas pinturas relacionadas con la comida y la bebida, ya sea para representar alimentos u objetos relacionados con la comida, o ambas a la vez en el mismo cuadro. En la España de los siglos XVI y XVII el bodegón era la parte de la despensa, las casas que la tenían, más oscura y fresca, donde en aquellos tiempos sin refrigeración se guardaba la manteca, el queso fresco, todos aquellos alimentos más perecederos y susceptibles de estropearse pronto. También bodegón era la taberna donde se servían comidas, esas escenas de inicios del siglo XVII de gente grosera y vulgar que tanto molestaba que se pintaran a Vicente Carducho, y que desconcertaba a Francisco Pacheco, cuyo yerno y alumno, el dotadísimo joven Diego Velázquez, pintaba siendo infiel a su maestro. Y esas escenas de figón con sus vulgares clientes tenían gran éxito en la cosmopolita Sevilla imperial de principio del siglo XVII, y seguro que le dieron sus buenos ingresos al joven Velázquez.
Bodegones en España, una denominación incorrecta o incompleta, que abarca no sólo representaciones de comida, sino de otras cosas como puede ver quien navegue por la web del Museo del Prado. Lo que si he odiado y detestado siempre es esa denominación francesa del siglo XVIII, nature morte, naturaleza muerta, horrible donde la haya, creada por ilustrados que el rayo de Zeus fulmine. Quizá ahí, en esa denominación necrófila, si que se entendería, cuando en el concepto, en el género de la naturaleza muerta, del bodegón se incluyen las vanitas. Esa si que es una naturaleza bien muerta, al menos una parte de sus elementos. Pero de las vanitas, que son otras cosas, ya hablaré en otra ocasión.
Horrible denominación que muchos siguen, que hacen de la palabra «muerta» del sintagma toda una teoría de la pintura y no dicen y escriben más que una tontería detrás de otra. ¿Cómo pueden estar «muertas» estas sandías de, que vi reunidas con otras en la exposición de Luis Meléndez de 2004?
Luis Meléndez Bodegón con sandías y manzanas en un paisaje 1771. Óleo sobre lienzo, 63 x 84 cm Museo del Prado Sala 088
Sandías como las de mi infancia de pulpa densa y jugosa, con sus pepitas, que viéndolas me venían al recuerdo algunos días de aquellos lejanos veranos. Hace casi dos mil años un pintor desconocido pintó un cesto de higos en la que parece que fue la villa de verano de la emperatriz Popea en Oplontis, viéndolos nos traslada a como serían aquellos veranos en una domus de la costa napolitana antes de que el Vesubio enterrara toda aquella vida un 24 de agosto o quizá un 24 de octubre del año 79.
Cómo pueden ser muerte las uvas de Juan Fernández el Labrador, nuestro Zeuxis campesino, el misterioso pintor extremeño, de una materialidad palpitante que surge de la oscuridad. Cómo pueden ser muerte los dulces que aparecen en tantas pinturas españolas, flamencas y holandesas, las empanadas saladas o dulces con su relleno visible, iniciado por la cuchara o el cuchillo en las obras de Clara Peeters, las copas de vino blanco con la transparencia del vidrio en los cuadros deWillem Claesz Heda, los reflejos de la loza o de la porcelana. Y como pueden ser muerte las flores de Juan van der Hamen, de Juan de Arellano, de Tomás Hiepes, de Jan Brueghel, porque son las flores las que me llevarán de nuevo a esas salas del Museo del Prado.
Juan van der Hamen Bodegón con alcachofas, flores y recipientes de vidrio 1627. Óleo sobre lienzo, 81 x 110 cm Museo del Prado Sala 008A
Cada uno de esos alimentos, pan y dulces, pescados y carne, frutas, hace mucho que fueron consumidos, porque dudo que en una época de escasez para la mayoría de la población dejaran que se estropeasen y pudriesen. Esas flores, que sí, que pudieron ser modelo en el cuaderno de bocetos del pintor para luego ser reproducidas en otros cuadros, existieron en un momento, fueron frescas, hermosas y vivas, y hace siglos que se marchitaron. Como también hace siglos esas copas de cristal se rompieron, y la loza de la cocina se hizo añicos, y puede que alguno de platos o jarrones de porcelana, que en España llegaban gracias a la odisea del galeón de Manila, estén en algún museo de cerámica de nuestra geografía, o como reliquia de otros tiempos en algún palacio de la nobleza con colección abierta al público. Pero para la mayoría de ellos su única existencia actual es la que puso el artista como Clara Peeters o Juan van der Hamen en sus composiciones.
Sólo los ilustrados pueden hablar de muerte en unas obras en las que cada pincelada es una celebración de la vida. De la vida humilde de los objetos que nos acompañan, que a lo largo de los siglos los seres humanos han ido creando para hacer más fácil y agradable la vida, el cambio de la aspereza de una cerámica tosca a la suavidad y belleza de la porcelana. Cómo se pueden llamar muertas a la materialidad de esas uvas que se consumieron un día frescas o que se convirtieron en vino. Cómo llamar muertas a las flores que dieron hace siglos su belleza, sus colores y perfume ante el artista que las dibujaba o pintaba para dejar una constancia de esa belleza para siempre, en una época en la que el intercambio botánico abarcaba todos los continentes.
Vida quieta, vida en suspensión, vida en silencio, naturaleza y cultura en la misma obra, cada pincelada un triunfo sobre la muerte. Naturaleza viva.
Juan Hidalgo – Peynándose estava un olmo
Peynándose estaba un olmo sus nuevas guedejas verdes, y se las rizava el ayre al espejo de una fuente. Y viéndole alegre,se iba de risa, cayendo una fuente de cristal, murmurando entre dientes.
Por verle galán del prado, las flores se desvanecen, que vanidades infunden aún la hermosura silvestre.
Y viéndole alegre…
Continuará, si la peste del siglo XXI me permite volver al Museo del Prado.
Este bosque es uno de tantos lugares de la telaraña de internet que quedó un día completamente quieto. Hace casi tres años que no hay ninguna publicación, y si miro los datos el bosque languidece desde 2015. Me he preguntado muchas veces en este último año de más de doce meses si valía la pena desencantar el bosque y volverlo a la vida. Pero el bosque sigue teniendo caminantes, el día 27 nada menos que 342, y los artículos y pequeños ensayos tienen visitas y creo que se siguen leyendo. Pasan los meses y hay quien deja un «me gusta», un comentario, incluso quien se suscribe a pesar del silencio. Esos nuevos seguidores esperan que alguna vez se se publique de nuevo.
Hay varias razones por las que el bosque quedó en silencio, la principal fue que el tiempo que le dedicaba empezó faltar de forma angustiosa. Cambiaron mis condiciones laborales y me puse a desarrollar una web profesional de Historia del Arte que ha llevado, y lleva, mucho tiempo crear su contenido y sus materiales. Además, cuando se publicó la felicitación de Navidad de 2018 ya tenía en marcha un proyecto de cambio vital y profesional que se pudo llevar a cabo en 2019. En ese cambio estaba también volver a publicar en el bosque los borradores que se iban acumulando. Todo parecía ir bien y en unos pocos meses todo cambió, llegó la peste, yo llamaré siempre así a la pesadilla distópica en que vivmos ahora, y todos mis proyectos, todos mis planes, como los de tantas personas, se vinieron abajo.
Durante todos estos meses he pensado varias veces en retomar las publicaciones, porque a los borradores sobre historia, arte y literatura se han ido uniendo otros temas. Todo a la larga acaba relacionado, porque el universo de cada persona gira en torno a unos temas, unos intereses que se van entrelazando. Pero el tiempo me ha faltado cuando quería publicar, y otras lo que me sobraba es desánimo. Este mismo mes de octubre ha sido frenético, cada curso académico es peor que el anterior, y el derecho a la ignorancia ya ratificado por ley, no alivia el trabajo sino que lo aumenta hasta el absurdo.
Mi tiempo siempre será escaso durante el curso pero la única manera de reanudar las publicaciones es ponerse a escribir de nuevo, volver a tener un espacio para tratar temas que no interesan a casi nadie, poner música antigua, ver aspectos de las cosas que pasan desapercidibos o se estan perdiendo. En tiempo de vídeos de menos de un minuto escribir es un acto de resistencia ante una realidad absurda. Sólo por eso creo que vale la pena volver al bosque.