De Mollepata a Machu Picchu por el nevado Salkantay

16 05 2010

* Amigos, apuntaré que difiero de Estelle… La chicha, que es la cerveza Inca, que sirven en la picantería La Juana de Cuzco está bien rica. Tiene un gusto amargo y, tal y como me ocurrió hace muchos años con la cerveza, el primer vaso no me acabó de gustar; pero al tercero ya era fan. *

En la región de Cuzco existen numerosísimas opciones para perderse en la inmensidad de la cultura inca y, aunque lo más sobresaliente sea la ciudadela de Machu Picchu, uno perfectamente podría invertir más de un mes en descubrir sus inmensos tesoros arqueológicos. Todo el valle sagrado, en las inmediaciones de Cuzco, los yacimientos que se encuentran pegados a la ciudad, la ciudadela de Choquequirao, hermana pequeña de Machu Picchu… Ufff, bien merece otro viaje futuro.

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Nosotros llegamos a Cuzco con unas ganas locas de hacernos una ruta caminando hasta Machu Picchu y las tres opciones más interesantes eran cinco días por el Camino Inca (carísimo y concurridísimo),  ocho días por Choquequirao, la ciudadela hermana de Machu Picchu (mi ruta preferida) o cinco días por la ruta del nevado Salkantay. Al final nos decidimos por esta última porque Virginia, una de nuestras colegas franchutes, andaba con limitaciones de tiempo. ¡¡Perfecto!!

En Cuzco todas las agencias te pintan la opción de ir por libre como imposible aunque la verdad es que es muy viable. El trek de 5 días – 4 noches por Salkantay lo ofertan de $250 a $180 (con un descuento si llevas tu carnet de estudiante). Estos precios incluyen las mulas, un arriero, el guía y 3 desayunos, 4 almuerzos y 3 cenas.

Nosotros, entre regateo y regateo, dimos con Luis, un guía cincuentón con gran experiencia tanto en la reserva del Manu como en el camino Inca y sus variantes… mi idea era ir hasta Mollepata (pueblito desde donde comienza el trek), contratar allá al arriero y las mulas directamente y hacerlo totalmente por libre, cocinándonos y acampando a nuestras anchas… pero la opción de contratar a Luis nos pareció a todos más convincente y segura pues conoce la ruta y se encargaría de prepararlo todo, contratar al arriero y cocinarnos durante el trek. El precio fue de $135 por persona por casi lo mismo que ofrecían las agencias… aunque si estás leyendo esto y estás pensando ir por libre, yo desde aquí te animo a ello; se puede hacer, fácil, por mucho menos de lo que pagamos nosotros. La ruta es difícil de perder porque los senderos son claros y te irás cruzando con otros grupos de agencias durante la travesía cuya “estela” te irá guiando (además de que los arrieros que llevan las mulas son los mejores guías y tú llevarás uno, por lo menos). No es recomendable hacer la ruta sin mulas a no ser que estés en una forma física increíble y seas caminante experimentado porque hay algunos tramos de subida de aúpa.

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El trek no os lo voy a “fusilar”, solo diré que han sido unos 110 Km. atravesando montañas hasta Machu Picchu y otros 15 aprox. de vuelta caminando, ya por camino y via de tren hasta el pueblo de Santa Teresa. Los paisajes, tremendos; acompañamos al río Blanco desde Soray Pampa hasta los nevados Tucarhuay, Salkantay y Huamantay, donde dormimos a pesar del frío helador. Pasamos a 5000 metros por casi alta montaña, recorrimos pampas preciosas por Ccolpapampa, bajamos por ceja de selva hasta Llucma Bamba y volvimos a subir por las ruinas de Llactapata, desde donde avistamos Machu Picchu por primera vez, a través de la bruma, allá a lo lejos… luego ya el último descenso hasta Aguas Calientes, con baño reparador en el río Vilcanota incluido, y un merecido descanso en una cama de verdad antes de subir al Machu.

Machu Picchu es increíble, estremecedor, apabullante, mágico… no hay palabras porque literalmente te quita el habla. Machu Picchu enmudece al resto del mundo como si se tratase de una burbuja en otra dimensión colgada de la realidad.

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Yo volveré pronto, seguro. Y luego, seguramente, volveré de nuevo. Y cada vez trataré de hacerlo por una ruta diferente, siempre atravesando esas montañas que la guardan. Creo que esa gran caminata que nos dimos nos ha redimensionado esta parte del viaje y nos ha proporcionado otro tipo de visión de estas montañas en las que cada valle y cada cumbre, para nosotros, forma parte de lo mismo: Un día el imperio Inca debió de haber caminado por cada sendero por los que andamos para descansar eventualmente en Machu Picchu y, durante cinco días, les rendimos nuestro particular tributo. Y nos enamoró hacerlo.

Niko.





La Paz, Sucre y una de esas maravillas del mundo: el salar de Uyuni

15 05 2010

Varias horas de bus hacia Tupiza, congelados literalmente. Acá es pleno invierno, así que hemos cambiado los bañadores por con guantes. Me temo que ese bronceado con el que os íbamos a dar envidia cochina se ha ido al carajo. Menos mal que en España llegaremos al veranito rico. Me muero por un vinito con jamón serrano, no os podéis imaginar cuánto! Y por una cervecita en las terracitas veraniegas! Tenemos que pegarles la manía de las terrazas a estos chicos sudamericanos!!!!

En Tupiza nos fuimos al mercado negro y a la feria: miles de puestos con ropa de segunda mano y pelis piratas. Allí unas mantas, unos jerseys gordos, unas calzas (esos pantalones de abuelo que van hasta el tobillo y que son la panacea para el invierno), calcetines gordos, guantes y un par de pelis.

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Fuimos con una agencia que no está nada mal: Tupiza Tours. Fuimos con dos australianos y un alemán. Gente majeta aunque un poco callada. Cómo os echamos de menos, Gaelle, Rodolpho, Virginie y TomTom… la de veces que os estamos recordando en este último trayecto del viaje, chicos!

En otro coche iban otros 3 australianos (Sarah, Luque, Bianca) y un irlandés (Ryan). Gente de puta madre con quien conectamos sobre todo a la vuelta, en Sucre. De hecho ya estamos invitados a la boda de dos de ellos en marzo de 2011 en plena playa. No está nada mal, ¿no?

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El salar… a ver, antes de llegar al salar hicimos 3 días de 4×4 que bien podríamos habernos ahorrado, la verdad. Los sitios eran espectaculares, pero a una media de 12 horas de coche diarios… no sé. El frío era inmenso, dormíamos como cebollotes, capa tras capa, que para moverse en la cama te llevabas hasta el somier en tu movimiento.

Atravesamos lagunas inmensas con flamencos rosas, otras irrespirables por tóxicas, la mayoría blancas por el vorax, un polvo blanco que sirve para lavar, ¿no es increíble? Lo más sorprendente era atravesar llanos sin fin, algunos a 4.600 metros de altura. Como es el altiplano no te das cuenta de la altura, pero os juro que el aire llega malamente a los pulmones. Atravesar esos llanos con el 4×4, rodeados de montañas a los lejos, de rocas inmensas, de fallas erosionadas, de inmensísimos cactus, de rebaños de llamas… era mágico. Los geisers nos dejaron boquiabiertos. Parecía que estábamos en la superficie lunar. Las entrañas de la tierra salían a burbujas calientes, el aire se llenaba del olor nauseabundo de azufre y de grandes humaredas aquí y allá.

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También nos bañamos en aguas termales naturales, aguas deliciosas, tan calientes que a los 5 minutos teníamos los 20 dedos como pasas. Vimos un volcán humeando… impactante, justo en la frontera con Chile, donde arranca la vía de tren. El cementerio de trenes está muy descuidado, pero es curioso de ver. Los trenes dejaron de funcionar en 1950, cuando un nuevo gobernador dijo que no a la comunicación vía férrea con Chile, así que allí andan todos abandonados, llenos de herrumbre.

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La tercera noche dormimos en un hotel de sal. Muy bonito pero el polvo que levanta y que se respira en el aire… La noche fue deliciosa con los del grupo: roncito, cartas, risas, guitarrita. Una gozada.

Pero la guinda estaba reservada para el último día: el salar de Uyuni. 14.000 km2 de desierto de sal. El suelo es duro como una piedra y respira por unos poros de sal que se elevan al aire como diminutos pelos. El horizonte no acaba y allí empieza el juego de las perspectivas.

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Tú te colocas en primer plano y al fondo se pone otro, así que si abres la boca parece que te lo comes, si levantas el pie parece que le vas a aplastar… ahí veréis algunas fotos. La profundidad de la capa de sal es de unos 70 metros hacia abajo. Hay pequeños ojos de sal, charcos profundos de agua con olor a azufre de donde se pueden sacar cristales de sal. Pero lo más impactante es estar allí en medio. No hay fin, no hay referencia alguna, no hay principio. Si alguien fuese allí solo creo que no olvidaría jamás la sensación de ser la cosa más diminuta e insignificante. Hicimos torres humanas, hicimos el pingüino. El blanco intenso era insoportable sin gafas de sol.

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Y la isla Pescado, de 4.000 cactus, en medio de aquel desierto, me dejó clavada al suelo. Imaginad un islote en medio del salar, lleno hasta arriba de cactus. Al parecer los incas hacían allá su parada después de caminar y caminar. Dicen que esos cactus son cada uno de los incas. Los de brazos las mujeres, los de una pieza (los fálicos, para que nos entendamos) los hombres. También cuentan que el volcán se enamoró de una de las montañas y que de su amor salió toda aquella extensión de sal, que es semen y lágrimas. Qué drástico pero qué curioso.

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A la vuelta nos fuimos a Sucre en un bus diminuto en el que todos dábamos hombro con hombro como latita de sardinas. Y llegamos a la ciudad. Un sitio precioso. Mucho coche, eso sí, pero bien bonito. Lleno de plazas, de garitos, de mercados callejeros. Comimos como reyes en el mercado para bolivianos. Todo barato, no tanto como en la Paz, pero lo suficiente para que empezáramos a tener los dientes bien largos. Allí cenamos con nuestros australianos y fue una velada deliciosa. Mi inglés ha mejorado un poco gracias a ellos y a los ratitos de vocabulario que me dedica Niko. Le hago tantas preguntas…

Y en fin, resumiendo: volvimos a La Paz Niko y yo y tras 27 horas de bus estamos de nuevo en Lima, pasado mañana tenemos el avión para Madrid.

Ha sido un gran viaje. Una inmensa aventura. Estoy satisfecha de verdad. Gracias por seguirnos…  🙂

Un abrazo a todos.

Estelle.





Primer lazo con Bolivia: el Lago Titicaca

15 05 2010

Cómo explicar Bolivia, chicos… tanto nos decían que era el caos, que La Paz era para estar de paso y como mera curiosidad, sólo para sentir de cerca esa locura de coches, gente… algo similar al infierno. Bien, pues en absoluto ha sido así. Ocurre lo mismo con Colombia. Toda Europa pinta Colombia como el reino del revólver, de la inseguridad, del fuego que quema, y sin embargo ya hemos perdido la cuenta del número de personas que nos han dicho que es el paraíso, tanto a nivel de gente como de la tierra misma. Pues creo que en ese aspecto Bolivia nos ha encandilado. Nos decían que eran fríos, que resultaba muy complicado entablar conversación con sus gentes, que no querían saber nada o casi nada del turista. Bien es verdad que nos hemos quedado cortos de tiempo y que hacer todo un speech sería arriesgado, pero llevamos en este país más de 2 semanas y la sensación es más que positiva. La gente es despierta, es cosmopolita, llena de vida. Hay algo que flota en el ambiente de La Paz que es rico. Ves el día a día, se te haría posible vivir con ellos, muy posible. La ciudad bulle pero no ahoga, respira. Sus calles arriba y abajo, su bullicio, las millones de tiendas improvisadas en la acera. No te agobian con la venta, están ahí para el boliviano y para el extranjero. Simplemente están ahí buscándose la vida. Las calles son mucho más limpias de lo que me esperaba y el ruido mucho menor. El mercado de las brujas es para no perdérselo. Ayer entramos en una para comprar palosanto. ¿Señora, por qué venden todas ustedes fetos de llama? Para la madre tierra, dice la cholita colocando sus ungüentos, sus inciensos. La tienda tiene el techo alto, es estrecha y llena hasta el último hueco de velas, de libros de magia, de golosinas con formas reales para colocar en los altares. Fuera esas ceremonias a lo miniatura: un feto escuálido de llama rodeado de espumillón; a sus pies esas golosinas, billetes, velas. Huele a plástico y dulce. Cuelgan de la puerta uñas de animal.

En la calle las cholitas son todas grandes mamás gorditas. Comen todo el día, ríen entre ellas enterradas entre sus bordados, esperando la venta. Otras preparan sus jugos de miles de frutas. ¿Me lo dejas a 35 bolivianos, mamita? Es que está muy caaaaro (con muchas “a” de por medio). Respuesta de la cholita mientras le hinca el diente a una fruta: “Te lo voy a dejar, ¿ya?”. Has ganado el regateo y ya es tuyo.

Hay muy pocos restaurantes, es complicado dar con uno, pero la comida es bien rica cuando das con uno auténtico. Me gusta cómo se hablan entre ellos, con esos diminutivos, y esas mamitas y esos papitos, y esas risillas de derrota cuando no han logrado vender, pues no es importante en realidad.

Y te vuelves loco con los precios… por el equivalente a un euro compras unas cosas… Hemos llegado a comer por 8 bolivianos todo un señor menú en un segundo piso, con un salón lleno de gente local. 8 bolivianos… si 10 bolivianos hacen un euro, imaginad mi sorpresa. En fin.

Copacabana y el lago Titicaca: la Isla del Sol

Nuestra entrada en el país: Copacabana, turístico pero lleno de restaurantes donde sirven rica trucha. Una lanchita hacia la Isla del Sol y 4 horazas de caminata con todas las mochilas a la espalda a 3 mil y pico metros de altura. Casi muero. Pero la isla rodeada de islotes, el agua cristalina, las montañas que se adivinan al fondo, algunas nevadas, la cadena de montañas verdes que se despliegan, aquella puesta de sol. Reconozco que no hubo caminata que me costara más, y le di la tabarra a Niko, pues quiso que durmiéramos al norte de la isla en vez de al sur, y os juro que caminar con aquel muerto a la espalda y sin aire en los pulmones, además de la resaca que me dejó la pastilla antimareo que me tomé para llegar a la isla en barco. Ay. Pero la vista no tenía palabras.

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Nuestra llegada a oscuras a la parte Norte, preguntando a las cholitas sentadas junto a sus burros, fue de aúpa. No podíamos con nuestras almas. Pero encontramos un restaurantito de una familia humilde, pescadito, cervecita y un juego de cartas. Nada mal. Al día siguiente rumbo a La Paz.

Estelle.





Cuzco y sus Siete Diablillos

5 05 2010

Hace mucho que no escribimos, pero es que no paramos ni un segundo… Cuzco ha resultado ser la ciudad fetiche. Nos ha encandilado. Allí TomTom, Virginie, Gaelle, Rodolpho, Niko y yo hemos sido una piña bien jugosa. Hemos compartido bocatas magistrales cubiertos de mayonesa de curry y salsa de aceituna, hemos recorrido calles, tejido, cocinado, nos hemos emborrachado (hemos roto una cama en una batalla campal de rones y risas), mirado series absurdas y hemos caminado 120 km. en un trek de 6 días hasta el Machu Picchu (bueno, 7, pues un día de ocio en Aguas Calientes mojados por el cielo nos obligó a retrasarlo un poco). Hoy hace 2 días que nos separamos y juro que les echo de menos, y MUCHO. Pero ahora seguimos viaje Niko y yo por Bolivia. Aunque esa es otra historia para otro post (adelanto que La Paz nos está encantando, muy al contrario de lo que escuchamos mil y una veces sobre su caos y la frialdad de sus gentes).

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Llegamos en tropa, Niko se pateó la ciudad en busca de un buen guía y allí dio con un personaje de aúpa, el gran Luis, perezoso pero buena gente. Así que por unos 160 dólares por persona planeamos un trek de 6 días hasta el Machu Picchu, acampando aquí y allá, caminando como jabatos, y llegando a la delicia… pero esto se lo dejo a Niko, a quien se le escaparon unas lagrimillas cuando amanecía en la cima del Machu frente a nuestros ojos. No hay palabras; no sé si él las encontrará para contároslo. Lo mejor es que vengáis a verlo con vuestros propios ojos. Cada kilómetro ha valido la pena. Y vivirlo los 6 ha sido la guinda.

Cuzco es cosmopolita, tiene chispa, tiene magia. Sus callejones estrechísimos, la montaña cubierta de casas inacabadas, sus calles de adoquín, pocos coches, el verde de las plazas, la calma (a pesar de que cada tres pasos te quieran vender pinturas, collares, llamas de peluche, gorros y llaveros… masajes, treks, restaurantes, amigo, amiga, venga venga… sabéis? la mejor técnica es convertirse en sordo integral y la cosa mejora sustancialmente, os lo aseguro). Tiene una luz especial a media mañana, hay ambiente relajado, no esa desesperación por conseguir y agarrar lo que sea. Es cierto que es turístico, pero he de decir que tiene un punto de mezcla entre lo auténtico y lo ficticio que, cuando llevas casi tres meses de ruta, se agradece, tengo que reconocerlo. No es del todo caro, se encuentran tiendas familiares (una mezcla de latas de conserva, papel WC, cerveza, caramelos, champús y papas para freír…), así como tascas de lo más auténticas. Niko nos llevó el último día de nuestra estancia allí (antes de viajar hacia Puno y Copacabana) a una picantería (tasca de tierra underground, para que nos entendamos) donde se emborrachan obreros (y obreras) a base de chicha de jora (un mejunje asquerosito que les vuelve locos de alegría… el líquido que desprende el choclo (maíz) al hervir y no sé qué más ingredientes que fermentan). Los niños por allá, el guitarrista, la cantante, los currantes que hacen su última parada tras el curro allá para dormir a pierna suelta. Buen sitio. Nos sentimos bien a gusto. Y así nos despedimos de Cuzco; poco a poco todos se fueron marchando y nos alejamos rumbo a Puno en un bus que pudimos tomar de milagro… Era el día del trabajador; el tipo que me vendió los boletos nos dijo el día antes que viajáramos en su compañía, pues el día del trabajador todo el mundo tomaba (y no agüita precisamente) de lo lindo y la mitad de los buses no viajaban. Bien, pues cuando fuimos Niko y yo, el tipo no estaba en su stand. Esperamos, esperamos y, como quedaba ya apenas 15 minutos para la hora, le llamamos al teléfono que nos dio. Al rato llegó tambaleándose, disculpándose cien veces con un zapato en la boca, saltando el stand y confundiéndose de bus. Niko se reía, dice que es lo que le gusta del país, lo imprevisible que es. Yo he de reconocer que no siempre lo llevo bien, pero qué se le va a hacer. No puse mala cara, me resigné, no te preocupes, Julián, todo está bien, amigo, vete a dormir la mona, quieres?

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Imprevisible, de eso no hay duda. Y Bolivia otro tanto. Todo es posible en Perú y Bolivia aunque nada es seguro, como bien dijo nuestro canadiense Marc. Esa frase nos acompañará todo el viaje, no cabe duda. Por ahora sólo puedo decir que lo que de verdad nos acompaña es la felicidad. Viajar es cojonudo.

Un arrumaco paceño.

Estelle.





EL CAÑÓN DEL COLCA y el viaje continúa

21 04 2010

Los días pasaron y nos hemos unido mucho. Noches de cenas multitudinarias (anoche éramos 16), paseos por Arequipa buscando libros e hilos para tejer (he aprendido 2 chorradas de artesanía y he enseñado a la tropa; ahora somos unos viciados de cuidado)… Hemos ido juntos al Cañón del Colca, sufrido sus bajadas y disfrutado de una de las vistas más espectaculares: mirar desde el fondo de la garganta del cañón, sus paredes rojas, verticales, desde una piscina construida contra una inmensa roca. No digo más. No vimos el vuelo del cóndor, pero aquel cañón, sus cactus desafiando la gravedad, el precipicio… no hay palabras. Tampoco puedo describir las agujetas que tuvimos todos tras casi 4 horas de bajada. Pensamos que en la subida moriríamos, pero en dos horas y media más que aceptables, llegamos a la cima, armados de palos, gritando como héroes a cuatro mil y pico metros de altitud.

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Juliette (qué delicia de tía) nos llevó a Niko y a mí al orfanato donde curra como voluntaria. 14 niños increíbles. Nada más llegar te abrazan, te acogen, escuchan tus cuentos, tejen… imaginadnos a mí con 2 niños tejiendo y yo sujetándoles los hilos con los dedos, una tercera niña sujetándome un cuento mientras leo, una cuarta dibujando el esqueleto humano para el cole…yo tocándole la clavícula para que vea dónde está (qué árida la forma de enseñar un esqueleto en el cole, ay), ella descojonada… y Niko delante explicando matemáticas y lengua, otro haciéndole una trenza con hilos, otro preguntándole por su pelo largo mientras pasa de estudiar. Y luego un balón prisionero en el patio, menudo griterío. El estado de este lugar me ha gustado. Limpio, se respira aire de casa, los niños están bien. Salvo Jasmina, 6 años y cara de absoluta tristeza. Lleva 3 días allí, con dos hermanas mayores. Qué habrá pasado para que tengan que estar con desconocidos.

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Algunos padres son alcohólicos o con retraso mental, otros no quieren saber nada de ellos, otros han fallecido, y los chavales, a los 18 años, vete a saber qué harán con su vida. Pero por el momento Juliette hace una labor increíble. Fue una tarde muy especial. En un mes una familia americana adopta a 3 hermanos de 13, 11 y 8. Qué gusto.

Ahí van algunas fotos del Monasterio de Santa Catalina, un convento de monjas de clausura. Unas historias por detrás… Ves las camas diminutas, la austeridad de cada celda, la cruz, la luz cenital y el baúl con las mudas. Si entras y dejas volar la imaginación… En el jardín trasero (mamá, se te caería la baba literalmente) se encontraron muchos fetos enterrados. La historia siempre tiene su cara negra… El exterior es espectacular, un contraste de rojos, azules y vegetación que merece la pena ver. Es una ciudadela dentro de un convento. Es cara la entrada pero merece la pena.

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Hoy estamos en Cuzco, una ciudad IMPRESIONANTE. Si dije aquello de Arequipa, ahora con Cuzco a la cabeza me preparo para la gran tarta que es el Macchu Picchu. Pero eso más adelante.

Besotes.  🙂

Estelle.





Arequipa y la familia Yunta´s

18 04 2010

Pues qué decir de esta nueva etapa del viaje… Arequipa es, por el momento, la ciudad más bonita de todo Perú. Cierto es que nos falta Cuzco (vamos para allá mañana finalmente).

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Calles empedradas, bullicio pero no caos, encanto en las calles, los garitos, vida cosmopolita, ruido más que aceptable, cuidado, limpio, lleno de encanto, de verdad. Y para colmo nos alojamos en el Yunta Wasi (Vallecito, Avda. Lima, 610 / [email protected]), un lugar para ver, os lo aseguro. El cacho personaje que lo regenta, Pichín, es un papá Noel que está como una cabra y que disfruta de sus inquilinos como un loco. 10-15 soles por noche y dispones de toda la casa a tus anchas, desayuno, terraza gigante arriba (buenas hemos hecho allí), Internet, cocina… y sobre todo una compañía bien rica.

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Todas las paredes están pintadas, dibujadas y con fotos de cada inquilino que ha pasado por la casa. En general vienen a pasar dos días, como nosotros, y se acaban quedando casi 15… como nosotros… Aquí, para colmo, dimos con un grupo de gente de la que nos hemos enamorado de tal forma que ayer Niko cambió nuestros billetes para Puno (salíamos hoy a las 12h) por el lunes a Cuzco, así vamos todos juntos el Machu Picchu.

Nuestra familia: los pollitos Juliette y Rémi (daljon.blogspot.com), la calma y cordura de Rodolphe y Gaelle (rodetgaelle-enargentine.overblog.com), la tranquilidad y la risa de nuestra indú Priscilla, los ojazos del angelote Virginie, la paciencia del rubio Thomas y el dinamismo de Isolda.

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Nada más llegar ya estaba la familia al completo. Llegamos el 9 y ya catamos la noche pisco… nos acostamos (tras un par de horas incluso en discoteca, concierto en directo) a las 6 de la mañana… y el 10 por la noche montamos la de dios en el hostal… a las 00h sería el cumpleaños de Niko. Fue bonito ver que todo el mundo se volcó (la idea fue de ellos, incluso) en la sorpresa de decorar la azotea de globos, serpentinas, velas, música… y una pedazo de cena en la barbacoa. Tuvimos la suerte de que Niko se echó agotado la siesta y pudimos montarlo bien montado. Cuando subió a la azotea no se lo podía creer. Vinito, carnecita, ratatuille, Janis Joplin a todo trapo y un ambientazo.

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Así es esto.

Un beso, amores.

Estelle.





HUACACHINA, un oasis en medio del desierto

12 04 2010

Huacachina, el paraíso a 15 minutos de mototaxi de ICA.

Cómo explicar este lugar… Nos hospedamos en La Carola del Sur, la casa de todos por y para siempre… en medio de un mar de dunas un lago rodeado por palmeras.

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Y allí nosotros, subiendo de vez en cuando a ver las puestas de sol en el horizonte de arena… El hostal poblado de gente deliciosa, de tiempo que se estira, de naturaleza, calma… uf.

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Cada uno con su tema, su historia en la cabeza, su propio ritmo. Te encuentras en la cafetería, en la habitación de cojines en el suelo, en la hamaca de fuera, en la piscina, en la cumbre de la duna, en el lago, en el paseo, en el café del español…

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Una jornada en el desierto, llegamos a otro oasis. Allí no había agua, el contraste entre la arena y los árboles verdes de mangos era impresionante. Allí fuimos todos de la mano de Patrick (big Patrick): el japonés Tomo (Popopipeeeeeeeeee), los argentinos Pato (pintó toda la fachada del bar) y Josei (leyó 27 paraguas de una sentada, cenicero hasta los topes y cara de satisfecho), la española todoterreno Cristina (ay, mi nena!!), nuestra niña de Quebec Sofie (qué pasó, qué pasó!), las peruanas Liz y Yngrid (bonitas), Niko y yo. Preparamos San Pedro y partimos rumbo al desierto. Allí me perdí por las dunas, ocurrió algo especial que no sabría explicar. Me sentía tan niña con el mundo, tan ancho para mí y tan afortunada de rodar en él, de empaparme de él.

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Lo que en principio iban a ser 2 días terminó siendo 8. Fiestas en la habitación común (la de batalla, la que bien podría ser de la chaqueta metálica, pero más dócil, más tierna), noche pisco y ron, al punto de mearnos encima de la risa… no sabéis el potencial humorístico de Tomo, el japonés más increíble que he visto en mi vida. De vez en cuando, en medio de su “futuro”, “entiendo”, “ehemploo” y “popopipeee”, intercalaba esas explicaciones interminables pero emocionantes de su alma oriental. Un filósofo, un ángel, una persona absolutamente única a la que echaré largo tiempo de menos. Lo juro.

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La despedida fue dura. Es increíble lo intenso que puede resultar compartir tan pocos días pero con esa intensidad. Chicos, yo quiero volver a veros a todos.

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Los saltos en los buggies, el sand board, la alegría más intensa y los desayunos en el bar de David y Rocío: El juglar: tostadas de tomate con ajito y aceite, café de verdad, jugo de melón. La vida, así, resulta muyyyy convincente, ¿no?

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Más tarde rumbo a Arequipa… pero esa es otra (rica riquísima) historia. Durante 4 días no estaremos localizables, nos vamos al Cañón del Colca!!

Estelle.





Reserva de Quirococha

8 04 2010

La reserva de Quirococha me ha parecido una aberración, una caricatura dramática de la vida salvaje que rebosa Perú. Ya hacía mucho que no visitaba ningún parque zoológico y este me ha parecido el más tétrico de los que he visto; por eso no le voy a dedicar muchas líneas.

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Felinos que vagan, erráticos, siguiendo una inercia que su propio encierro les ha inflingido, paseando de barrote a barrote en sus quasi celdas de castigo. Parece que ya no saben qué son. Monos sin árboles en sus jaulas, peces de 50 centímetros de largo en peceras de 70, un delfín triste y desgraciado en una piscina oscura, jabalíes en pocilgas, un pumita que lloraba transformando su gruñido en un chillido audible por todo el zoológico…

Para cuando nos cruzamos con el puma de mirada acusadora de la foto ya sabíamos que el lugar no era digno. Por eso lo incluimos en el blog, para animar a todo viajero a que no lo visite y guarde sus soles para otras cosas más interesantes y menos brutales.

Niko.





Rumbo a Pisco y Paracas

2 04 2010

Marc tenía que volver a Lima y le acompañamos al aeropuerto. Allí preguntó si podía ir en algún avión de carga, que él es muy bueno y no hace ruido… a ver si le salía más barato. No puedo dar más datos, pero finalmente nos marchamos los 3, Niko, Marc y yo, en un avión militar. Como en las pelis americanas, con esas mayas rojas en vez de asientos, preparados para lanzarse en paracaídas vete tú a saber adónde. Fue auténtico. Un precio de risa y en dos horas y media estábamos en Lima.

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Allí encontramos una tasca que parecía bien castiza, llena de vinos y piscos en enormes cristaleras, mesas de madera, etc… Tres tortillas de verdurita rica y mucha cerveza. Nos despedimos de Marc, guapo él, y nos dejó un poco tristes.

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Pero Lima nos pareció mucho más bonita en esta ocasión, no sabemos por qué. Tenía más dinamismo, más luz, más rollito, más calma. Luego un bus nocturno nos abandonó en Pisco, en medio de la nada un poco tarde. Pisco sufrió en 2007 un terremoto que la destruyó. El gobierno ha dado algo de pasta, pero muchos han aprovechado para comprarse una buena tele (dicho por los propios peruanos, no me lo invento) y muchas de las calles siguen como el día después del movimiento. El contraste es bestial. Calles llenas de escombros, a veces casas de tan sólo tres paredes, como una U abandonada, sin techo, en medio de la nada. Pero tiene algo especial. Las zonas de vida, por contraste tienen mucha más vida de los normal. Se come bien rico y hay buena onda, algo bonito en el aire. Tal vez lo que se huele es el respiro de seguir vivo tras algo tan dramático. Familias enteras han desaparecido. Las que quedan ponen música en sus locales, comen rico y se achicharran bajo el sol con un helado en la boca. Pisco no es bonito, pero gusta.

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Islas Ballestas: Qué maravilla de la naturaleza. La isla es un conjunto de rocas de formas deliciosas (arcos sobre el mar, montañas en punta que tienen la forma de una ola rompiendo…), y allá viven en armonía leones marinos, muchísimos pájaros de distinta especie y pingüinos de Humbolt (por las corrientes frías que recorren esta agua). Tuvimos la suerte de ver al lado de la lancha a una madre lobo marino enseñar a su cría a nadar (11 meses de gestación y abandonan el seno materno a los 3 años), mágico, a apenas 3 metros de nosotros.

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De nuevo en Pisco nos metimos en una peluquería. El peluquero se enamoró de Niko… y hoy no reconocerías a mi chico: os juro que ha retrocedido a 1998, cuando volvió de los estates y yo le esperaba con mi amor adolescente. La primera noche no podía parar de mirarle, no daba crédito, le volvía a tener delante! Pelito corto y sin barba… (Rogu, te caerías de la silla… De nuevo felicidades, bonita, no eres más vieja sino más sabia).

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Y sin quererlo a mí me dejaron también similar a aquellos años. Estaba harta de los nudos, las rastas improvisadas, el pelo estropajo… así que le di licencia para cortar mucho (a una peluquera!!) y me ha hecho el peinado más cómodo del mundo! Así que de vuelta a 1998, de nuevo en BUP, nos fuimos a acampar por primera vez, y estrenamos la carpa (así la llaman aquí) en la playa de El Chaco (desde donde salen las lanchas hacia las Ballestas), un sitio muy turístico pero no sin cierto encanto, donde se come rico pero por 15 soles en vez de 4… Repleto de artesanos que hacen collares, pulseras, trenzas, ya sabéis. Nos cortaron 3 hierritos en una ferretería y Niko hizo 2 pescaítos en la misma playa, colocando los hierros entre dos piedras. Qué rica cena, madre mía!!!!!!! Mi chico, que parecía tener de nuevo 18 años, se convirtió en Robinson Crusoe mientras a mí se me llevaba el sueño, y caí como un tronco en el saco con el sonido de las olas.

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A la mañana siguiente había un montón de tiendas de campaña alrededor… y de una de ellas salieron los angelotes con los que estamos hoy día en un lugar paradisíaco: Cristina (crisporelmundo.blogspot), madrileña, Sofie, también de Québec; y la sirena Zuzu, un ser que se alimenta del viaje y más viaje…

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Y con ellas nos lanzamos la noche misma, mochila a la espalda, a caminar en medio del desierto de la Reserva Natural de Paracas, luna llena, infinito blanco, sin fin… fue mágico. Y poco a poco llegamos al mar, alguna playa tenía cadáveres de lobos marinos, pues van allí a morir (algunos juntos, cabeza con cabeza, mismo tiempo de descomposición, tal vez mismo día… una decisión dura, no?) y de allí, duna arriba duna abajo, bajo la luna, llegamos a la Playa de La Mina. Un sueño en pleno acantilado. Playa limpia, agua casi cristalina, pájaros buceadores, barbacoa…

Y así pasaron 4 días. No hay fotos de todo, pues no había electricidad, ni ducha, ni cocina, ni relojes. Es curiosa la progresiva sensación de adaptación. La sal del mar ya no molesta, la arena en la tienda tampoco, el yodo, la suciedad de la ropa, escamar y destripar pescado para comer, rebozarse en la arena mojado para empanarse al sol.

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Allí coincidimos con varias personas: 2 italianos (uno de ellos con acento del sur español) y una ucraniana (Irina, un ser diferente de verdad, pura energía positiva, cantaba en ruso, bailaba, tocaba la flauta, se encaramaba a las rocas a ver amanecer, estiraba su espalda y se dormía en la orilla sobre la arena…); y luego llegaron Eric y Ricardo (peruano el uno y portugués el otro), dos tipos bien majos, antropólogos, que fotografiaban todo tipo de ave. Muy buena gente, muy buen ambiente. Estos dos últimos chicos nos llevaron en 4×4 por toda la reserva hasta Laguna Grande, un lugar hecho por y para el pescador, donde un tipo bien humilde nos intentó arreglar el coche (sí… se paró varias veces en pleno desierto… qué palo, mal sitio, un viento de infierno y dunas y más dunas, nada a la vista hasta llegar al mar). El tipo nos enseñó huesos de ballena de un tamaño inexplicable (no daba crédito) y que nos enseñó su nuevo motor para lancha; el tsunami le inundó la casa y estropeó sus máquinas, y el estado no quiso saber nada, pues todas las lanchas seguían en pie. La frase al entrar es de premio: disculpen la pobreza. No me preguntéis por qué pero me enterneció esta frase hasta el infinito. Disculpen la pobreza. 

Estelle.





Iquitos y la miseria de Belén

2 04 2010

Tras un breve altercado con un voyeur que me vio tal y como vine al mundo a través de un agujero en la pared de los baños del barco… llegamos a Nauta y allí una combi nos dejó en Iquitos. Cada rincón de esa ciudad desconcierta. Ya sólo la entrada, pasar por encima del uno de los riachuelos… Imaginad los relojes de Dalí, derretidos, informes. Pues así las casas, medio derruidas sobre palos que desafían a la gravedad, se derriten y entremezclan con el agua casi negra del río. Y en vez de helechos, en las orillas crecen óvalos de plástico con restos de líquidos, pieles de fruta, telas, despojos, nebulosa de cosas que algún día fueron algo que estuvo en venta. No tuve ese rechazo que suelo tener ante la suciedad, sino que la vuelta de tuerca ya hizo clic, dio de sí, y sentí que ya no había nada que hacer. La mierda nacía desde el inicio de las arterias y desde allí se propagaría por todo el organismo. Era como un gran cuerpo enfermo. Os prometo que no exagero lo más mínimo. Llamé a Niko y miró. Se quedó quieto. Le oí decir “joder” en bajito. Así nos quedamos unos segundos y no dijimos más, volvimos a ponernos en camino.

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Más lejos del río y la miseria la cosa mejora bastante. Fuimos a La Casa Samantha II, un sitio que nos aconsejó Leandro y que estaba muy bien, la verdad. La zona es más tranquila, casitas pequeñas, tranquilas, niños jugando, la gente cocina por la noche cantidades industriales de delicias y sacan una mesa larga por la noche, colocan todo allá, varias sillas y hala, restaurante montado frente a casa. Una idea brillante. En el hostal estaba Marc, nuestro canadiense de Quebec, preparado a estrujar lo que le quedaba de Perú antes de volver. Qué gran tipo, la verdad, le hemos cogido un grandísimo cariño.

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Decidimos visitar lo que la guía dice… la verdad es que Guía Viva tiene poco de viva. No aconsejo ni mucho menos sus guías… nos está saliendo rana y ya lleva casi un mes como de adorno. De “mercado flotante” olvidaros. En todo caso el barrio es flotante. El mercado de Belén son calles y calles de venta ambulante (como en cada ciudad peruana), nada más. Pero en cuanto comienza la tarde, los puestos se van levantando, la montaña de basura alcanza el sobrenombre de rascacielos (cubierto de aves carroñeras y vagabundos) y los guardias advierten al guiri de no pasar a no ser que quieran perder de vista sus cámaras y su integridad… Cuando te dicen esto crees que son exageraciones, que no es para tanto. Pero nosotros insistimos en conocerlo, y el tipo insistió en acompañarnos por nuestra seguridad. Y cuánta razón tenía. Agarramos bien nuestras cosas y fuimos con mil ojos, y aun así te sentías tan inseguro. Bajamos hasta las casas flotantes a pie, pues ahora no llueve y una gran parte del barrio está instalada sobre tierra y barro. Allí se encuentra el mayor despliegue de miseria que yo haya visto jamás. Puestos de gominolas caducadas, con monitos de feria, niños solos, montañas de basura, enfermedades de piel, paredes de papel, miradas atravesadas, tristes y amenazadoras. Grupos de niños sin un gramo de inocencia. El río negro al fondo, un río que en cada época de lluvias incomunica a las familias del mundo, pues olvídate de barcas y casas firmes. Se respira tal ausencia de lo básico, tal dejadez, se respira tan poco bienestar, tan poca felicidad, que se te encoge el corazón y se te hace muy pequeñito. Sé que esta frase la hemos repetido, la sabemos todos y que todo es relativo bla bla bla, pero en Europa tenemos mucha, muchísima suerte de tantas cosas. He dicho. 

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País de contrastes. Voy a comprar verdura para hacer cena en el hostal (tiene cocina!) junto a Marc y Niko (Marc hará pasta y Niko comprará 3 pescaítos en las mesas improvisadas bajo las farolas nocturnas; yo quiero preparar una buena ensaladita). Y en esa diminuta tienda me encuentro a una niña cantando la lección, a una mulata vendiendo y riéndose de todo, y a un señor que al saber que soy de España me canta un chotis. Y el corazón se relaja un ratito y te ríes a pulmón de lo cómico de la situación. La mulata me enseña a decir remolacha en peruano y se parte de risa con nuestra palabra. Acá los chupachuses son chupetes, importantísimo de verdad saberlo! Cómodo aquí significa barato; se dice ingresar y no entrar; y malogrado, no estropeado; laborar (o laburar) y no trabajar o currar… y tantas más. Me gusta. Y sí, sigo sin saber si Perú me gusta o no. Raro, ¿verdad?

Estelle.








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