Podría describir “Mantra” como una novela tan sincrética y fronteriza como el México que retrata, ese México pop recorrido por ojos extranjeros, buscando aquellos símbolos que identificamos con D.F. y su país, un México soñado como uno de esos ídolos paganos que florecen en las infancias. Entrecortados recuerdos de una mente en declive tumoral, glosarios de influencias que suman una personalidad – quién sabe si de la propia ciudad o simplemente del narrador – y el extraño alivio de un horizonte post-apocalíptico y sardónico. Fresán glorifica la construcción de una ficción: el narrador que pretende llenar los últimos momentos de su vida con el espíritu de un tebeo, una novela trágica o una mala película de luchadores mexicanos; mientras, su objeto de adoración, el tylerdurdeniano Martín Mantra, se dedica a la realización de su magnum opus, la película “Mundo Mantra” que le consagre con la inmortalidad divina. Dos posturas para adaptar la vida a un relato que la sublime, y como fin último ese espectador – ya sea de una pantalla del museo de momias de Guanajuato o de un ring del barrio de Tepito – que alcanzará un éxtasis para liberarse de la angustia del dolor, del peso del recuerdo y la asfixia del deseo, alcanzar, en definitiva, un nirvana.
Henrique Lage
A veces miro en la sección de mierdilibros (con todo el cariño) del Oeste en los tenderetes para pasar el rato, aunque intuyo que no sabré valorar el género, en cualquier disciplina, hasta la senectud. Pero el título de esta novelita (publicada en 2001, cuando probablemente «Rancho Drácula» ya adquiría categoría de mito), me llamó la atención; y efectivamente, Juan Gallardo Muñoz / Donald Curtis narra aquí un prodigio de historia ambientada en el Lejano Oeste donde se amalgaman el horror paranormal y el clásico drama de pistoleros. El legendario lonesome cowboy Drury Reno arriba a Carrizo, TX, en busca del asesino de su padre. Y justo después de una trifulca en el saloon, se tiene que medir el lomo con el misterioso conde transilvano Silas Sterling, que trafica con pesados ataúdes y por las noches se transforma alternativamente en hombre-lobo o vampiro. Mientras, un espectáculo circense de payasos vaqueros asesinos a sueldo, y un carromato de zíngaros vendiendo ungüentos, acaban de llegar a la ciudad. Entre tanto forajido armado, tanto escalofrío y con un sheriff Miller tan pusilánime, alguien tendrá que poner orden y ligarse a la guapa. Una singular obra maestra del western paranormal ibérico de kiosko.
Frunobulax





