Me gusta escribir mis entradas así como salen en una primera, en borrador. Sin pulir, aunque las leo unas dos o tres veces para corregir y que se entienda, pero sin cambiarle el sentido.
Un café para la chica
Escritos diversos
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Te voy a contar algo. Salió desde que escuché sobre el parto de una amiga. No sé si es porque migré y mi círculo principal son mujeres, o porque ya soy más grande y consciente, pero he escuchado más historias de partos. Y eso que en Colombia escuchaba los de mis abuelas, tías, mi mamá y sus amigas. Pero eran partos distintos… bueno, como cada uno. No te voy mentir, yo alguno los escuchaba con
mucho miedomiedo.Cuando mi amiga me dijo que estaba embarazada, por mi mente pasaron muchas cosas. (Obvio, no le conté sobre lo que ya había escuchado antes, porque no era el caso y ¿para qué ceder el miedo?). Cada parto es una experiencia distinta, se sabe, un mundo nuevo. Le deseé desde el día uno que todo saldría bien para ella.
Prendí una velita por ella.
Hoy me contaron un poco cómo fue su parto. Había estado desconectada porque maternar y ser primeriza -más bien, recién parida-, no da tiempo si no de sanar y mirar por la nueva vida que diste. Pero una amiga en común me contó cómo pasó, y yo me retorcía del dolor mientras me lo contaba. Supe que ahora está en casa, después de cuatro días de estar en el hospital, y ahora sé que está bien y que puede contar con su mamá, que viajó para asistirla. Y eso me tranquiliza, cambia el panorama.
Debe estar viviendo que experiencia que arrasó con ella y todo su corazón, en especial cuando es un bebé sorpresa. Ella está dando lo mejor de siempre, como con todo, como siempre lo ha hecho.
Yo me pregunto: ¿los miedos se heredan?, ¿a qué se debe que tantas mujeres tenemos ese miedo a dar vida/parir? En nuestras conversaciones ese tema nunca salió a flote de mi parte; decidí quedármelo para mí, pero la escuché cuando me dijo que lo sentía. La escuché cada vez que pensaba que si podría lograr parir, y si sería buena en todo eso.
Pero ya pasó, ella lo hizo lo mejor que pudo y tanto ella como el bebé están bien. Ya en casa, en su cama, con la fortuna inmensa de tener a una mamá que apoya cuando estás a kilómetros de distancia de tu otra casa.
La fui a visitar hace unos meses, la vi lactando, cuidando, concentrada en lo que hacía. Ella dio a luz y con ella nació también una nueva versión.
Mi amiga, la de las fiestas y con una de las que salía a bailar aquí. Los planes cambian y con el tiempo todo se reacomodará para ella, porque ya lo ha hecho antes. Y de resiliencia sí sabe.
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Cuando migré sabia que iba a tomar miles de aviones más, porque volver donde mi familia siempre estuvo presente, y ya sabemos que lo mío son los viajes
(y las letras).En dos de esos: «motivos claves para viajar a casa» estuvo el: «se viene la graduación de mi hermana pronto, -y la mía en media pandemia…-«, «es el cumpleaños de mi hermana menor… y hace años no he estado presente en su día». No pude ir porqué los tiquetes estaban muy caros, y en otra ocasión el trabajo no me lo permitía. Finalmente me perdí las tres ocasiones; estaba muy triste, pero mi familia propuso hacer videollamada y brindar así. El corazón estaba mas tranquilo. (Esto es solo unas de las miles de cosa que me he perdido).
La familia crece, las de mis amigas también. Algunas se casa, no he logrado asistir a sus bodas… el corazón se me arruga por no estar, pero siempre me llegan las invitaciones. las fotos y los videos.
Pero hay unos aviones que no había pensado antes si podría tomar, y es… cuando alguien que quiero se vaya. ¿Podré viajar cuando los viejos de la familia se pongan mal? Y entonces caí en cuenta de un tema que, desde que migré, ha estado en mis pesadillas, y que quizá, como miedo, el inconsciente -que lo sabe- me lo repite. Mi pareja ha sido testigo de las veces que me he levantado llorando en pánico porque soñé que una de mis dos abuelas falleció. Él me calmaba y me decía que no era cierto, que ellas estaban bien, que solo era un mal sueño…Y bueno, hay muchas cosas que no se dicen en voz alta, pero las traemos con nosotros. Temas que no se hablan: aceptar la naturaleza, lo inevitable.
Y no sé qué pasa con ellas, pero con mis abuelas siento que son como mi inicio, los recuerdos de mi niñez, mis siestas en conjunto, primeros desayunos y domingos de familia. Ellas son, las mujeres con las que crecí. No tengo ni idea que será de mí cuando ya no estén.
En fin, la lista inmensa de esos aviones que aún no he cogido, pero está en los miedos de los que migramos. El tiempo pasa rápido aquí,
a veces siento que un poco mas lento a comparación de donde vengo, es una sensación extraña. pero también allá donde se quedo tu gente. Y en cada regreso hay una arruga nueva, (esa las veo desde que estamos en videollamada y el primer año todo era risa y regaño porque no se echaban su cremita humectante y protector solar. Ya no mas…) pero un plato servido por una y el saludo alegre de la otra que me dice: «¡Hola mi vida linda!». El contraste de dos historias diferentísimas, pero con un mismo amor.Este escrito sale de un audio que grabe para mí, no sabia si compartirlo. Eran las 3:52pm y me arreglaba para el cumpleaños de una amiga aquí. Un día normal, pero un pensamiento un poco triste para un día tan soleado en esta ciudad gris.