El Jaguar de Orlando Baltodano

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En el conjunto del arte del grabado de Orlando Baltodano (@orlandobaltodano2025) , la pieza del jaguar se me presentó como una condensación especialmente elocuente de su ética material y de su rigor experimental. La figura no se impone a la madera, sino que emerge de ella: el jaguar parece construido a partir del propio jaspe de la matriz, como si el animal asomara desde la veta-ventana. El estudio y experimento previo de esta obra —al que he tenido acceso gracias a la generosidad del propio Baltodano— permite comprender la densidad del proceso: variaciones de color, pruebas de registro, manchas cercanas al shodo y exploraciones de superficie que evidencian una investigación sostenida, donde cada decisión formal está mediada por la escucha atenta del material.

Para mí, el jaguar no funciona únicamente como un motivo iconográfico más, sino como figura simbólica de su proceso mismo, una fuerza telúrica que acecha toda su producción. La línea cromática, anclada en paletas terráqueas, refuerza esta condición: ocres, negro profundo y tonos minerales que remiten a la noche, a la selva y a la energía contenida del territorio vigilado. El conocimiento de los estudios previos revela que esta potencia no es resultado del azar, sino de un proceso reflexivo que asume el riesgo del experimento como método. Mi agradecimiento por el acceso a estos materiales no es solo personal, sino también crítico: ellos permiten situar la obra de Baltodano en un lugar donde el grabado se entiende como práctica de pensamiento, donde la imagen del jaguar deviene síntesis entre materia, proceso y una concepción de lo telúrico como fuente estética y conceptual.

Ezequiel D’León Masís

Lanzamiento del Archivo Fotográfico Fernando Porta Tückler


Desde Samú LAB celebramos el lanzamiento del Archivo Fotográfico de Fernando Porta Tückler (1927-2007), una página de Facebook que es en sí un proyecto familiar e independiente con el que buscamos resguardar y compartir parte del legado visual de este pintoresco fotógrafo masayés, conocido popularmente como «Chinco Pecho».

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Retrato emblemático de Fernando Porta Tückler (Chinco Pecho) recreado digitalmente por Samú LAB.



Entre las imágenes recuperadas se encuentran retratos, escenas cotidianas y momentos festivos que forman parte de la memoria colectiva de Masaya y lugares aledaños. Aunque una parte del archivo sufrió deterioro con el paso de los años, otra logró ser cuidadosamente preservada y digitalizada, permitiendo hoy reconstruir fragmentos de una mirada única sobre la vida popular y cultural de la ciudad.



El proyecto invita a reconocer el valor del patrimonio visual y la importancia de proteger esas huellas sensibles del tiempo que nos ayudan a entender nuestra identidad cultural.

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El proceso de catalogación del Archivo Fotográfico Fernando Porta Tückler asignar una fecha probable a cada imagen e implica contextualizar con datos históricos.

Link:

https://www.facebook.com/profile.php?id=61582556906739

Hace 9 años en Marduk Gardens – Estelí.

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Por Samú LAB

En retrospectiva, el diseño y la creación del huerto biointensivo del Hotel Marduk Gardens fue mucho más que una práctica agrícola: fue un gesto de escucha y una hazaña creativa.

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En 2016, cuando la idea comenzó a germinar entre sus propietarios y nuestro equipo de Samú LAB, el terreno aún era una zona con suelo ácido. Desde allí, se diseñó un mandala tipo babilónico inspirado en los cuadrantes de un zigurat con bancales y paseos bordeados con piedra bolón en niveles ascendentes hacia el centro, una decisión estética y funcional que transformó el paisaje inmediato y la relación del hotel con su entorno.

El proceso operativo del proyecto inició con un estudio casero del suelo usando agua oxigenada, seguido por una labor paciente de mejoramiento con lombri-humus traído desde La Garnacha. Aquel gesto, casi simbólico, de traer vida de una comunidad vecina reconocida por su autogestión, dio inicio a un diálogo entre prácticas locales, ciencia campesina y experimentación ecológica.

El plan de germinación fue diverso: romero, lavanda, mentas, jengibre, cúrcuma, albahaca, ruda, tomatillo, tomillo y una gama de especies locales que hablan lenguajes distintos entre sí pero que comparten la misma lógica del asocio. Cada trasplante se hizo con doble excavación, honrando la profundidad como una forma de respeto. Se capacitó al personal en el manejo de desechos y se construyó una urna de compostaje anti-roedores: un pequeño monumento a la circularidad, hecha de madera y zinc.

Durante más de un año, el huerto floreció y se monitoreó en bitácora de campo. Fue un espacio de aprendizaje y observación contemplativa, de pequeños descubrimientos y también de silencios.

A 9 años, el huerto sigue ahí, dormido pero vivo, con algunas plantas aún desde su origen. Entre las piedras y los bancales aún late una memoria fértil, lista para ser retomada. Imaginamos una reactivación eventual con un enfoque aromático y floral. Lo que queda es un registro técnico de lo que se sembró, pero también es una enseñanza sobre lo que implica sostener procesos comunitarios y ecológicos: paciencia, continuidad y una forma de afecto que no se mide en cosechas, sino en la disposición de volver a empezar en cada ciclo.

En Marduk Gardens, aquella primera idea semilla no sólo brotó del suelo: brotó de una intención de reconciliar lo humano, lo cultural, con el paisaje natural. Hoy, al mirar atrás, entendemos que el huerto mandala fue el primer laboratorio vivo de lo que Samú LAB busca provocar en proyectos posteriores: una relación entre territorio y cuidado, entre ciencia y poesía, entre tierra y memoria.

Gracias Marduk…

textos errantes

blog, gabinete, cajón de costura de Tamara Díaz Bringas con escritos y conversaciones de aquí y de aquí

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