La “Inutilidad Productiva”: el Poder de los Hobbies (y por Qué Necesitas Mancharte las Manos)

En un mundo obsesionado con enseñar o monetizar, tener una afición que no sirve para nada es la estrategia profesional más inteligente que puedes elegir.

El Poder de los Hobbies

Hablaba el otro día con Carolina (miembro de Vivir Enfocados) sobre el impacto brutal que estaba teniendo en su vida retomar la pintura los fines de semana.

Me lo decía con esa mezcla de sorpresa y alivio que veo a menudo en mis mentorías:

«Berto, no es solo que me relaje. Es que el lunes, cuando me siento delante de la documentación de un cliente, mi cabeza funciona de otra manera. Tengo más mecha. Aguanto mejor el foco».

Carolina descubrió algo que la mayoría de personas ha olvidado: el gimnasio de la atención no está en una app de “brain training”, está en el garaje.

Vivimos en un entorno profesional que va a velocidad x2. Todo es para ayer. Todo es urgente. Y en esa carrera loca, hemos comprado la mentira de que el descanso es una pérdida de tiempo o, peor aún, una oportunidad para seguir produciendo.

Hoy quiero proponerte algo que de primeras puede sonar contraproducente. Quiero hablarte de lo que yo llamo “Inutilidad Productiva”.

O de por qué, para disparar tu rendimiento como profesional, necesitas urgentemente buscarte una afición que no tenga ningún retorno económico.

La Trampa del “Hobby de Escaparate”

Antes de nada, tenemos que aclarar conceptos. Porque lo que muchos llaman ‘hobby’ hoy en día, en realidad es otra forma de consumo.

Date una vuelta por redes y verás el fenómeno: el algoritmo nos ha convencido de que tener una afición consiste en comprar cosas y mostrarlas. Gente enseñando colecciones de 300 rotuladores impecables (que nunca usan), bibliotecas enteras (que nunca leen) o equipamiento deportivo de 2.000 euros para correr una vez al mes.

Es la trampa del ”Haul”. Hemos sustituido el verbo (pintar, leer, correr) por el sustantivo (el rotulador, el libro, las zapatillas).

El problema es que comprar es fácil y pasivo. Por así decirlo, es trabajo fake aplicado al tiempo libre. Aparenta pero no es. Te hace sentir que estás haciendo algo, cuando en realidad solo estás moviendo dinero de tu cuenta a la de Amazon.

Para que esto funcione, para que tu mente realmente se reinicie, tienes que mancharte las manos. Tienes que pasar de ser un consumidor de experiencias a ser un creador de realidades. Y eso, requiere interés genuino y esfuerzo tangible.

La Utilidad Oculta de lo Inútil

Aquí es donde entra el concepto de la Inutilidad Productiva.

Sé cómo funciona tu cabeza porque funciona igual que la mía. Llevamos años programados para buscar la eficiencia. Si haces algo, tiene que servir para algo.

Y por eso, cuando alguien empieza a hacer fotos bonitas, su entorno (y su propia voz interior) le ataca: «¡Son buenísimas! Deberías abrirte un Instagram y venderlas. O hacer un curso. O monetizar esto de alguna forma».

En el momento en que conviertes tu afición en una línea de ingresos, has matado la magia. De repente, ya no haces fotos para disfrutar del proceso. Las haces para el like. Las haces pensando en el cliente. Y ¡zas!: el estrés ha vuelto a entrar por la ventana.

Necesitas proteger ferozmente espacios de tu vida que sean, a los ojos de la mayoría, absolutamente inútiles. Necesitas una actividad donde tengas permiso para ser torpe. Donde nadie te evalúe. Donde el único objetivo sea el placer de hacer.

Porque es en esa “inutilidad” donde tu cerebro encuentra el espacio para repararse de la fatiga de decisión que arrastras de la oficina.

En un mundo acelerado, donde sobran mentes rotas y la IA no para de crecer, tu capacidad para enfocarte es lo único que te hace insustituible.

Tu Gimnasio de Atención (Monotarea Radical)

Pero vamos a lo que te interesa como profesional. ¿Por qué te digo que esto te dispara en tu trabajo?

Porque una afición analógica genuina (sea restaurar muebles, cocinar pan de masa madre o pintar miniaturas) te obliga a practicar la monotarea radical

Piénsalo. No puedes usar una sierra de calar y mirar las notificaciones de WhatsApp a la vez. Al menos, no si quieres conservar todos tus dedos.

Lo analógico no tiene Ctrl+Z. Si te equivocas con la acuarela, te has equivocado. No hay botón de deshacer. Eso te obliga a estar aquí y ahora con una intensidad que el ruido digital, con sus mil pestañas abiertas y sus interrupciones constantes, no permite.

Déjame contarte algo personal. Cuando en 2019 perdí mi capacidad de atención y empecé a recuperarla, una de las actividades que más me ayudó fue la escritura de ficción. Afición que, sin saber por qué, había abandonado con los años.

Cuando estoy escribiendo el diálogo de un personaje, no pienso en notificaciones, noticias o el email de un cliente. Estoy absorto, en modo enfocado y creativo. Y esa capacidad brutal la he recuperado también en (por ejemplo) reuniones o tareas importantes. Ya no salto de tema en tema como antes.

Cuando practicas una afición manual (sin pantallas), estás reentrenando a tu cerebro para:

  1. Sostener la atención en un solo punto durante periodos largos.
  2. Tolerar la frustración de que las cosas lleven su tiempo (no todo es clic y listo).
  3. Terminar lo que empiezas, cerrando ciclos completos de acción.
  4. Ser paciente y profundo, cuidando la calidad y el detalle.

Esas cuatro habilidades son, casualmente, las que definen a los profesionales más enfocados que conozco.

Recuperando la Identidad Activa

Pero hay un beneficio más profundo si cabe. Y es gordísimo: muchos profesionales son lo que trabajan. Si les quitas el horario y las reuniones, se vienen abajo. Vacío total.

Cultivar una afición te enriquece. Te da una identidad activa. Te recuerda que eres capaz de crear orden a partir del caos. Que puedes coger un trozo de madera y hacer una estantería. Que tienes agencia sobre el mundo físico.

Conozco a más de un ejecutivo que se sintió perdido tras un despido. Pero los que tenían una afición sólida (cocinar, pintar maquetas, restaurar muebles) se recuperaron mucho antes. Porque su valía no dependía solo de un cargo que ponía en su LinkedIn.

Esa claridad en la capacidad, esa sensación de “yo puedo hacer esto”, se transfiere inevitablemente a tu lunes por la mañana. Llegas a la oficina con otra seguridad. Con la calma del que sabe que su valía no depende solo de la última notificación recibida.

No Compres Nada, Solo Empieza

¿Quieres empezar? No le preguntes a ChatGPT cómo hacerlo. Tampoco veas algún reel para inspirarte. Y mucho menos compres un kit de iniciación.

Lo analógico es sencillo, accesible y, a menudo, imperfecto.

Recupera aquel cuaderno viejo que tienes en un cajón. Saca la guitarra que lleva años cogiendo polvo. O simplemente, sal a caminar sin auriculares y sin rumbo.

El objetivo no es ser bueno. El objetivo no es enseñarlo en TikTok. El objetivo no es venderlo en Etsy.

El objetivo es distraerte, oxigenarte. Y reconectar con esa parte de tu cerebro que sabe enfocarse, que disfruta de la lentitud y que no necesita la validación de una pantalla para sentirse viva.

En un mundo de IA y automatización, tu capacidad para hacer cosas “humanas”, lentas y profundas no es una debilidad. Es tu mayor ventaja competitiva.

Apaga el móvil, cierra el portátil y haz algo gloriosamente inútil. Tu próximo ascenso depende de ello.


Si quieres profundizar más en cómo reentrenar tu foco para vivir en un mundo hiperconectado, en mi libro Despierta tu Atención encontrarás montones de hábitos y ejercicios guiados. Y si te interesan estas ideas, te espero en Vivir Enfocados. Es mi newsletter semanal, sin atajos ni humo, solo estrategia “de trinchera”.

—Berto Pena
Constructor de atención y hábitos. Te ayudo a enfocarte y crecer.
Escrito por un humano. Sin rellenos ni hype. Solo comparto ideas que funcionan.

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