domingo, 4 de enero de 2026

La lámpara de Pandora


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Viñeta de La caja de Pandora (Garbuix Books), de Ángel de la Calle

Ángel de la Calle brinda al lector de su último cómic un puzle de ideas, vivencias, ilusiones y desencantos para construir su propia memoria de la Transición.

Por Álvaro Pons y Noelia Ibarra

La transición política tras la muerte de Franco ha levantado ríos y ríos de tinta, con análisis profundos que han estudiado una época que, cinco décadas después, deambula entre la idealización y el desencanto, según los intereses que se quieran apuntar. Sin embargo, la elección del historietista Ángel de la Calle resulta tan sorprendente como diferente: a partir de la autoficción, el dibujante crea un andamiaje de ficciones que funciona como inmensa matrioska de relatos paralelos desde los que revisa su memoria de la Transición, la de un joven recién entrado en la universidad con motivaciones que no tenían por qué responder a los principios establecidos, sino a mundanas aspiraciones que, años después, ya no hay motivo para ocultar.

De la Calle construye un particular juego de espejos con la figura de Juan A., un misterioso dibujante planteado como seudónimo suyo, pero que en las viñetas adquiere la dimensión de personaje y le permite un diálogo entre lo real y lo imaginado desde el que construye una historia de esos años a través de voces no convergentes pero, quizás, complementarias. Los tebeos aparecen como impulso vital de una curiosidad que se extiende por todas las ramas de la cultura para terminar abrazando la política, para trazar esa delicada ruta que va de la militancia apasionada a la pérdida de la ilusión colectiva, de ese retrato de las batallas no ganadas, de las victorias que parecían al alcance de los dedos pero que el tiempo pone en sus sitio.

Con un rico despliegue de citas y referencias de diferentes disciplinas como contexto cultural que en enmarca lo político. De la Calle va desgranando su memoria, a través de una alternancia entre lo personal y lo público, en la que muestra, sus inseguridades como narrador, al desvelar que las ficciones nunca son inocentes y plantear las dificultades para encontrar nuevas formas de contar lo ya contado. Y, en esa confesión al lector, reflexiona sobre el difícil equilibrio entre el compromiso y la motivación, que convierte la obra en una suerte de artefacto ficcional a la búsqueda de la complicidad del receptor.

De la Calle completa así una inesperada trilogía, junto a Modotti y Pinturas de guerra, donde protagoniza su particular búsqueda de la verdad en la historia como un personaje perdido en su propia creación, como un retrato en el que no se reconoce pero que le brinda razones para seguir adelante. El juego borgesiano se enfrenta a la propia desesperación del autor ante los problemas para descubrir un motivo que justifique seguir escribiendo, seguir componiendo, sin poder escapar de la constante y feroz autocrítica, pero conocedor de la paradoja que estriba en la necesidad última de aprobación del lector.

Hoy, 50 años después del punto de partida de esa Transición, De la Calle halla en sus recuerdos los hechos que llevaron a ese momento, y en la viñetas una forma de configurar un archivo de pensamientos y sentimientos que esos acontecimientos le hicieron vivir, mientras las ficciones que después plasmaría en la página se cocinaban a fuego lento en su mente, alimentadas al compás de lecturas, películas, tebeos, música, arte o manifestaciones culturales de diversa índole.

Hoy, en 2025, esa caja de Pandora se abre y deja salir un caos de ideas y vivencias, de recuerdos y realidad, de ilusión y desencanto, que el lector debe ordenar para extraer sus propias conclusiones de una época y de un autor que solo quería hacer un tebeo sobre los japoneses en Perú y terminó contando la historia de este país.

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La caja de Pandora. Vivir y morir en los tiempos de la Transición.

Ángel de la Calle

Garbuix Books, 2025

240 páginas. 24,95 euros


Babelia núm. 1780. Sábado 3 de enero de 2026

Entre ballenas, sangre y frío

EL FARO DEL FIN DEL MUNDO/ JACINTO ANTÓN


Libros, cómics, una serie fenomenal y hasta el Nobel Krasznahorkai sirven para adentrarse en el territorio siempre fértil de Melville y el “¡por allí resopla!”


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Una imagen de la serie 'La sangre helada'.


Jacinto Antón

03 ENE 2026 

He acabado el año y empezado el nuevo entre ballenas. No se deduzca de esto que estoy en un viaje aventurero en plan Melville, Conrad o Jack London por esos mares de dios, no, mis ballenas son como casi siempre —algunas he visto en su elemento y una vez hasta me hicieron probar una en las Feroe: la grasa te inunda la boca como la cubierta del Pequod— ballenas de libros. Y también de una estupenda serie televisiva que he recuperado ahora gracias a Filmin, La sangre helada, basada en la sensacional novela de Ian MacGuire publicada en castellano con el mismo título por Roca Editorial.

El mensaje de las ballenas es grande y frío, con un punto existencial y metafísico y vinculado, además de a la melancolía por su destino, al capitán Ahab y a Moby Dick. Es imposible sustraerse, en la ficción y hasta en la larga sombra del cachalote blanco, su terrible y fascinante influjo, la imagen de algo a la vez majestuoso y aterrador que nos acecha para pasar cuentas y deslumbrarnos: la vida.

Y empezamos directamente por ellos, el loco capitán de para de hueso y el cetáceo mortal, han caído en mis manos dos preciosos álbumes de cómic en los que aparecen. Uno es Achab, de Patrick Mallet, que he conseguido en la edición completa de Glenát (2025) y que cuenta, inventándosela en parte a los elementos de la novela de Melville, la biografía del ficticio capitán previamente a la historia que todos conocemos. Termina en el momento en que le colocan la prótesis de hueso de ballena para sustituir la pierna perdida en la lucha con el leviatán blanco.

El otro cómic que decía es un álbum extraordinario, una edición de 2022 (Lo Scarabeo) del Moby Dick de 1967 de Dino Battaglia, considerada una de las mejores adaptaciones de la novela a las viñetas, que incluye diversos materiales complementarios como ilustraciones y artículos acerca de la historia de la caza de la ballena y sobre la manera en que se ha plasmado la novela de Melville en las historietas.

Coincidiendo con los dos álbumes, me he leído el gran clásico de 1898 La travesía del cachalote, de Frank Thomas Bullen (Ediciones del Viento, 2022), en el que el autor, un Ismael de carne y hueso, relata sus experiencias como marinero en un ballenero estadounidense.

En cuanto a La sangre helada, me compré el libro seducido por la sugerente portada y el argumento, antes de saber que existía la serie. Lo he leído al acabar de ver la adaptación, y ambas, novela y miniserie, me han parecido magníficas. La historia es la de un cirujano irlandés que se embarca en 1859 en un ballenero británico, rumbo a los cazaderos del Ártico. En el barco se enrola también un violento y brutal arponero psicópata, Henry Drax, un personaje memorable. La interpretación que hace de él en la serie Colin Farrell es colosal. Está que se sale y valga la palabra visto cómo se ha engordado para el papel. Desde luego, no es una novela, ni una serie, para los aprensivos. Pasajes como el de la revisión médica del grumete violado por el ballenero, la de la caza de focas o la de la operación de intestino ciego al misionero que se ocupa de los inuit son de aúpa.

Me resisto a acabar esta historia de ballenas sin mencionar la ocasión en que tuve una discusión por una de ellas con el luego premio Nobel Lászlo Krasznahorkai. Fue en 2024 durante las Conversaciones Literarias de Formentor celebradas en un lugar tan alejado de Nantucket como Marrakech y a las que acudió de invitado Krasznahorkai para recibir el premio Formentor. Aproveché la ocasión para tratar de que nos hablara sobre la metáfora de la ballena a partir de la disecada que pasea un circo ambulante en la hipnótica novela Melancolía de la resistencia (Acantilado, 1989), pero el escritor se resistía, precisamente a hacerlo. Se produjo una situación tensa al yo insistir y él salir por peteneras una y otra vez. ¿Dios, el Mal, el destino, Moby Dick, el estilinismo?, le apremié. "Ni en mi novela ni en la película sobre ella de Béla Tarr la ballena es una ballena y punto", acabó zanjando molesto. Peero yo me asomé a sus ojos azules, tan satánicos en el arrebato como lo de Ahab, y les juro que allí, el Nobel me perdone, nadaba la ballena, nuestra ballena.


El Pais. Cultura, Sábado 3 de enero de 2026

martes, 30 de diciembre de 2025

Casi un dios entre los hombres

 

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Estatua de Alejandro Magno en Tesalónica (Grecia).

Por Manuel García

Alejandro Magno es uno de aquellos personajes de la historia cuya vida y muerte tienen algo de mítico o sobrenatural. Por lo que respecta a la vida, su talento precoz como militar y gobernante y la conquista del vasto Imperio Persa entre el 334-330 antes de Cristo lo convirtieron en un mito viviente, porque nada más y nada menos había derrotado en cuatro años al temido imperio aqueménida que amenazó a los griegos en Maratón y  Salamina y dirigió la político griega desde la guerra del Peloponeso hasta la conquista de Grecia por Filipo de Macedonia. Por lo que atañe a la muerte, quizás de malaria o fiebre tifoidea, demasiado joven, sin dejar resuelta su sucesión y más orientalizado que griego, su legado iba a ser una nueva manera para el mundo occidental de entender la monarquía y la fusión de Oriente y Occidente en aquel fértil hibridismo cultural conocido como mundo helenístico.

En Alejandro en el fin del mundo la historiadora Rachel Kousser se adentra en lo que se define erróneamente -en un subtítulo que no consta en el original inglés- como Los últimos años olvidados de Alejandro Magno, una etapa muy estudiada y divulgada incluso por la novela histórica, desde la conquista del imperio y el incendio de Persépolis, la épica aventura del Hindu Kush, la expedición hasta el rio Indo y los combates contra el rey indio Poro y sus elefantes hasta el regreso no menos dramático y accidentado a Babilonia en donde el héroe viviría sus últimas horas tras la desolación producida por la muerte de su amado Hefestión unos meses antes de Ecbatana. El reparo es menor cuando avanzamos seducidos por esta apasionante aventura enhebrada por Rachel Kousser no solo con solvencia analítica y agilidad narrativa, sino con la virtud de no hacer incompatibles en su efectiva prosa el rigor académico y la divulgación.

No menos acertado es el cambio de perspectiva. Lo habitual es que las narraciones sobre la vida, hazañas y muerte de Alejandro se centren en las épicas batallas de Isos o Gaugamela, o en la hazaña no menos grandiosa de recorrer un accidentado e inconmensurable itinerario desde su Macedonia natal hasta la India y los confines míticos del mundo. El acierto de Kousser es centrarse más en lo humano, en el desgaste y deterioro personal, que en lo divino y heroico de su épica odisea, en el contraste entre la gesta de conquistar y el reto de gobernar, en la desmoralización, fractura anímica y desafección de sus generales y soldados y en la orientalización progresiva del soberano, como un nuevo déspota oriental, y el rechazo provocado entre los macedonios, en la alienación de los griegos en un mundo exótico de geografías extremas y costumbres ajenas, a miles de kilómetros de sus hogares y rodeados de una algarabía de pueblos y culturas, desde Irán hasta el Indostán y pasando por Afganistan o Pakistán antes del retorno a Babilonia.

Siempre es fácil para los especialistas presentar alguna crítica. Por ejemplo, que no sea verdad que el Imperio alejandrino fue un experimento sin precedentes, cuando precisamente el mérito de Alejandro fue asimilar la administración persa de eficacia más que probada en un ámbito multiétnico y multicultural. Alguna más sería de recibo, como que el editor nos prive de la bibliografía en papel y nos invite a descargarla de la web de la editorial. Pero todo ello son reparos menores para un ensayo histórico cuyo mérito consiste, frente a muchos otros que acostumbran a caer en la idealización del macedonio, en recordarnos una y otra vez que Alejandro, no por ser estadista excepcional, dejó nunca de ser humano, a veces incluso hasta demasiado humano; o si se prefiere, heroicamente humano, paradójicamente casi un dios entre los hombres.

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Alejandro en el fin del mundo

Rachel Kousser

Traducción de Ricardo García Herrero

Arpa, 2025 459 páginas. 24,90 euros


Babelia Núm. 1.779. Sábado 27 de diciembre de 2025