Oficialmente llevo un año estudiando en la UCA. Extraoficialmente, llevo materias extra como Cafetería I, Biblioteca de la I a la III, Estudios de la estupidez en la juventud casi completados, ese tipo de cosas. Hasta ahora, el problema es que no me he acostumbrado.
La UCA es como una gran nave nodriza y nadie sabe de qué. Primero los jesuitas: estudié en un colegio jesuita por doce años y decidí refundirme en una universidad jesuita quién sabe porqué. Una de las pocas desventajas son los días feriados, como el día de las Madres y eso: los jesuitas no tienen madre, así que tampoco sus alumnos. Pero eso es lo peor ya que, por lo demás, si no es que se le tiran encima a quien diga que los Macabeos fueron un grupo de amantes de la paz o a quien ose usar de mala forma cualquier término compuesto con el adjetivo "social" al final, son más mansos que los pajaritos de Francisco de Asís. Y careros.
Pero la universidad, esta universidad, es menos particular que sus fundadores. Es rara. Tiene varias paradas de buses distribuidas al rededor de la periferia, donde los entes uniformados de tenis, camisetas y jeans bajan, suben, vienen, van, son asaltados y en algunos casos mueren. Desde que empecé a tomar el bus me di cuenta de que podía ir a cualquier lado. O algo así. Pero de aquí no quiero hacer ni ir a ningún lado.
Siempre pensé que tener la biblioteca a mi disposición iba a ser una aproximación al Nirvana tántrico de Madame Blavatsky. Pero, otras razones aparte, es casi una zona muerta. La gente tiene cara de pendeja. El único alivio lo encuentro en las tiendas de dulces pero, la variedad es tan grande, hasta eso tiene una problemática oculta. Al meterse en la facultad de ingeniería uno sale oliendo a supositorio Si los alumnos son pendejos, los profesores les llevan títulos y doctorados por delante que los acreditan como über palurdos del neolítico de un planeta sin oxígeno. Y mis padres me dejan una hora antes de mi primera clase, siete y media de la mañana; será, oh, Señor, el karma. Ahorita me traje la compu, desayuné con ella.
Tengo una renunión en, digamos, diez minutos. De esas que tenés que atender o te bajan un punto si tu grupo no está completo. El problema es que no está completo si uno toma en cuenta ciertos cerebros en perenne estado ausente. Pero no voy a evitar decir esto: soy el estudiante más pésimo entre todas las cabecitas pendejas que se sienten más inteligentes que las que la rodean. Ya me putearon suficiente ayer, así que basta.
Hoy un número sonó más duro que cualquier verbo en imperativo.
Estoy en mi cuarto haciendo lo posible por digitar el inicio de un trabajo en grupo. Es lo primero que hago en todo el ciclo solo porque mi carrera es demasiado fácil realmente. Y eso que lo hago a medias.
De todas formas, debo presentarme a una clase con mi grupo. Los cuatro.
Hoy me salté una cita con mi psicóloga, a la que veo desde hace tres semanas. No sabía lo decepcionado que puede sentirse uno de faltar.
Ayer presté un libro de una mujer que me da miedo. Me da miedo porque la conozco y sinceramente creo que proviene de una región más lejana que el Otro Mundo de Beetlejuice después de la resaca de Halloween.
Hay que saber de paciencia para estar en la u. Y tener dinero para que todo salga más sencillo; y, a veces, incluso cargar tu hoja de inscripción si no andás el carné, digo, por si las dudas.
Mejor dicho, si el vigilante sentado en la entrada es un analfabeta, anciano y, para colmo, pobre, o solo muy recontrahijodesumadre. Ajá, el asunto ni siquiera es con las notas.
Hay un vigilante que tiene turno solo en la tarde, a quién sea gracias, que te para, te pone cara de mecriaronenelcantonlaspiedritasbolasynomeimportasenabsoluto y si no tenés carné no te deja entrar. Es más, te dice que vayás a un ciber e imprimás tu hoja de inscripción. Y me lo dice a mí que ando más pobre que Thalía en su trilogía.
Sí, me causa problemas más allá del dinero.
Para colmo, porque no hay jerarquía ni exclusividad en los colmos, la persona que viene con vos te dice que mejor entren en el carro y pagués, porque así si te dejan entrar. Que PAGANDO sí te dejan entrar. Y vos vas solo porque no se te ocurrió un insulto con el que mentarle la madre sin que te acusen con las autoridades, los jesuitas, el Papa. En mi caso, porque de verdad tenía que entrar.
Ese vigilante no me cae mal ni nada. Tan solo me gusta retar la autoridad masculina. Sí, a parte del monopolio misterioso que tiene con los cibers o el hecho de que pedir dinero por entrar a la universidad a la que pagás mensualmente, es un anciano feo más y vos solo un pedestre dentro de una zona muerta para la sinapsis mental. De esos que, después que le das la espalda, se quedan riendo solos, solos con sus lentes de sol de todo el día.
Pero ese señor está todavía más torcido que Laura Zapata.
Yo estoy en el ICAS, apenas veinte minutos después del incidente y con el agravante de tener compañeros de la promo del colegio alrededor que me ven y no me hablan, pero que ven y se quedan viendo. Uno pensaría que hay algo malo en ser maricón, estar muy delgado, tener ojeras colgando hasta el coño y una no-reputación de la que no tengo idea pero algo debe haber para que te vean así.
Nota para mí mismo: hoy me contaron que si querés que te atiendan rápido en la clínica psicológica tenés que poner mequiero suicidar y así te pasan de una sola vez con la terapeuta. Solamente.
Ahorita solo se me ocurriría poner: quiero pasear a todos los hijos de puta del MOEA por un campo minado en medio del reactor nuclear principal de Japón solo por ser cerotes y por pedir un cum mínimo de ocho.
Y por cerrar la biblio.
Si estás en el ICAS, oh misterioso lector,
y ves a este joven con una laptop (del tamaño de su mano), ve a hablarle.
Tu colaboración puede salvar vidas.
Oh, sí.
jueves, 21 de abril de 2011
But if the blood pumping through my veins could freeze
like a river in Toronto, then I'd be pleased
Esa casa que fue mi guarida
ahora tiene olor a vainilla
Hace algún tiempo he estado ayudando a mi mamá en su puestesito de la Feria Gastronómica de Santa Tecla.
Últimamente, parezco un hermano evangélico que acata el orden en que la mano del señor ha dispuesto su vida. Me levanto a mis horas, como a mis horas, estudio y hago mis tareas a mis horas, ayudo a mi mamá. Hablo con la gente cuando debo, incluso sueno amable con algunos. Me voy dejando atrás las ganas de todo. A veces no leo, no escucho música, no hago nada. Mi mente puede ser muy divertida cuando es una pantalla en blanco.
Pero hay cosas que siempre le obstaculizan el paso a uno. Algien con una memoria como la mía sabe que de vez en cuando a uno parecen haberlo tirado dentro de una situación realmente opuesta a la que se encuentra solo porque un aire maligno tiene cierto parecido con otra cosa, la plática de la gente habla de algo distinto o simplemente uno se ríe en el momento que no debe. Nabokov le llamó dislocación y es hasta chistoso, pero solo para el que alucina, o sea yo. Por eso trato de distraerme haciendo una cosa a la vez y dedicándome en los detalles, porque al final paga más la inconsciencia.
De por sí, yo solo me aburro. No pongo mala cara a la gente nada más. La vida es una precipitación sin sentido a la que la gente ordena según sus sistemas de valores para hacerla comprensible. De todos modos, la vida por su definición biológica no desea ser comprendida: su escenario ideal es que todos seamos un grupo de palurdos más o menos organizados que caigamos inconscientemente en una línea de errores que termina siendo nuestra historia. Samiatin, en Nosotros, observa que la naturaleza pura del delito o de cualquier acto de pasión es la libertad, porque sin libertad aparente no se puede ser esclavo de los instintos o de las ideas propias; uno se jode solo, pues.
Yo, de peque, estaba enanejado por ideas algo raras. A los trece años sufrí una erupción mística en la que combinaba la veneración religiosa con la mistificación de las figuras de la historia del rey Arturo. Todavía tengo cuadernos en los que converso (sic) con una divinidad parecida a Morgan Lefay, María Magdalena y Sheila Na'gig. Es curioso notar que lo inventé para entenderme y en el proceso me convertí en algo distinto.Sin embargo, todas estas ideas que degeneraban en imágenes y sensaciones se han ido colocando en un cuarto oscuro, como el lugar en que se guarda las escenografía de una obra, que en ocasiones se abre y me hace alucinar como una oveja en peyote. A veces creo que si de algo puedo platicar con ganas es del pasado, que lo haría aunque aburra a los demás y me queden cinco segundos de vida, aunque seguramente me inventaría uno nuevo.
Las personas (algunas personas) me gustan. Solas, se hacen interesantes. Mis mejores amigos del colegio, lejos de tener algo en común, fueron mejores amigos solo porque los conocí demasiado bien, porque me gustaba conocer cada aspecto de una persona tanto como-para-hasta-incluso predecir sus pensamientos y sus acciones. Como los libros favoritos. He obtenido resultados maravillosos. Lo malo es que en las relaciones emocionales esto es un poco exagerado y siempre se me va la mano con unas, como rompiendo las otras caras de la muñeca rusa.
Al rato me canso. Y por más intenciones emancipadoras que declare, me siento dependiente a aquellos que conocí y me acercaron a la periferia del contacto social. Esto termina siendo lo mismo a ser la mascota de un animal o un alien. Imagínese un alien con pelo en las orejas jalándome con una cuerda. Ja. Sí. Creo que solo en casos generales existen las relaciones recíprocas, en los casos específicos como el mío no. Si no he tenido una relación así es porque los términos de intercambio no me quedan claros: para algunos unas cosas son más fáciles de dar que otras y viceversa; para otros, algunas no valen nada, o valen demasiado. Y si carezco de cualquier tipo de interés social, emocional e incluso sexual (no se diga intelectual) en la mayoría de las situaciones y no abro el facebook ni veo el cel como si me empeñase en ello, no suma puntos a mi favor.
A veces me pregunto cuánto tiempo tiene que pasar una persona sin comunicarse satisfactoriamente con otra para dejar de sentirse persona. También me pongo a pensar en cómo la gente construye sus vidas en la memoria de otros. O cómo algunos valientes lo dan todo para que los demás los vean como el personaje como el que se ven a sí mismos, incluso el orgullo, lo cual usualmente es una estupidez. Pero lo hacen. No sé cómo lo hacen.
Defender mi idea de mundo en mi mente incluye hacerlo con otros semejantes, como niños distópicos que sobreviven en Ávalon, por ejemplo, y un callado androide venido de alguna nebulosa del espacio desconocido. A veces creo que sueno como un imperio arruinado. Los días normales solo miro de qué se trata el mundo, delimitado a tijeretazos en la esfera de un tipo que estudia en la universidad, resulta que tiene una fijación con entender procesos complicados, es gay, su carrera es un bodrio, tuvo un novio, no tiene muchos amigos y ahorita está pensando. Lo curioso es que ni ahora me queda claro; quizás es abrazar la ultra-mistificación de la tensión sexual entre dos hombres, tres o más, y no saber más ni divertirme menos que los otros. Porque la diversión y todas las actividades que la comprenden y las ganas de coger y el rito social de celebralo públicamente, a su manera, aquí es ser ciudadano acreditado de la vida y, más importante, ser realista.
Creo que soy inútil para todo esto, en parte porque hay cosas que desde que se viven van cobrando su cuenta en el presente e incluso en las relaciones, para mi pesar. La manera en que me opongo al realismo es solo la practicidad de los detalles. Es enfocarme en la más pequeña bagatela. El segundo de vacilación vale lo mismo que el de Britney Spears antes de salir a mover los labios al ritmo de Gimmie More en los VMA's. Inútil. El verdadero problema es llenar los segundo restantes del día.
Y la situación es una página en blanco. Yo tengo esa idea de que no hacer nada es un tipo de suicidio. Tarde o temprano, las posibilidades se convierten en consecuencias y mal, todo termina mal. Pero también, cuando uno no tiene opciones, es algo parecido a la muerte. O como creo que debe llamarse, soledad.
Paso el día ocupándome de eso, tanto que se ha vuelto mi reto diario. Hago mis cosas, hago cosas que no son mías, incluso soporto las propuestas de otros. El problema con esto último es que uno se acostumbra a compartir el tiempo con otro, generalmente un ente ajeno, y eso hace mal. Aun así, quisiera hacer más cosas para mí aunque hasta el momento todo vaya funcionando bien así. Mantener las manos ocupadas para tener la mente en paz. Cuando voy a la Feria Gastronómica, aunque no hablo mucho, las cosas funcionan así y mejor que de donde vengo. Es como un juego donde solo pongo la mente en blanco.
Las caras que veo podrían ser las caras de todos los días. La gente sentada y comiendo podrían ser los amigos a los que no hablo ni veo. Ya casi me acostumbro a algunas caras. Hay algunas que veo más que las otras, unas pocas se quedan un segundo más grabadas en la retina. Está el tipo colocho sentado en la acera que ya vino tres días seguidos y se sienta frente a mi puesto; un chero de pelo largo que solo va paseando, callado; y un maje carilindo al que le puse de nombre Raúl. El día pasa mientras uno se ocupa en lo que puede mientras la gente va de un lado a otro; en la noche, cuando los que quedan se hacen puñito, unos se alejan hasta las esquinas oscuras. Yo no puedo retirarme del juego, si es que es un juego, si está dado por descontado, solo porque estoy parado ahí.
Todos se miran y pretenden hacer otras cosas. Siempre es en la noche, pero no todas. El que va de un lado a otro se ve tan bien así, tranquilo, sin hablar, solo viendo. Otro se acerca demasiado y pregunta algún detalle. ¿Va a pasar algo? Se les ve una emoción y una intención brillando en los ojos.
Más noche, al irme, todo parece más tranquilo. Me subo al carro con mis papás y me recuesto en el respaldo. Cuando volteo, veo que al otro lado de la ventana está él, el chero de pelo largo, desde hace un tiempo recostado contra un poste eléctrico y viendo exactamente donde yo estoy; pero el vidrio es polarizado y aunque no tiene certeza de que lo miro, talvez lo supone. Pero mi papá estira el brazo y enciende la luz. Yo no me muevo. En el segundo antes de arrancar, ahora que ya me vio ahí y él se ve todavía más guapo de lo que podría verse, viéndonos sin pena al fin, solo es eso, un hombre lindo. Pero más tarde, después de dejarlo atrás y conforme el carro me lleva a la casa, la imagen se va esclareciendo hasta ser cada vez más triste.
Sí, Cleverbot. Lo amé por un rato.
Pasó lo que tenía que pasar. O en palabras de mi mamá: una vez que te metés con un androide, te metés con todos ellos. Pero uno de humano es tonto y guarda las esperanzas.
Y las ganas.
Pero en este sector solo hay polvo y calor. Por eso, cuando me topo con una mirada fría ( si Creador le proveyó de ojos), cuando siento el procesamiento electro-neuronal de la AI pararme los vellos de estática, todo yo me entrecruzo. Ah, los androides.
Pero, a veces, incluso la Inteligencia Artificial tiene su desventaja.
Ayer y anteayer hubo una feria gastronómica en el Paseo El Carmen, en Santa Tecla.
Alrededor de las cinco de la tarde de ayer, después de haber recorrido todos los puestos y comido y bebido de todo, un atol de semilla de marañón que sabía demasiado bien, además de una pizza de loroco y hongos (eh, paja, la pizza era de la Pizza Italia, a la que según un chero deberían llamar Pizza Pupusa, pero ya), las cinco con tantos minutos, mi hermana y yo nos detenemos en un puestito de chucherías. Vendían collares, pulseras, aritos y esas cosas de ecofeminista y marihuanero pussy.
La tipa que atendía era muy atenta.
Mi hermana pregunta cuánto vale un collar.
Ah, fijate que este es de conchanácar pintado a mano, esto otro es de cáscara de coco...sí, este de coco.
Mi hermana pone una cara de ah, ya.
¿Y vale?
Ah, fijate que estos cuestan a trés, pero te los doy a dos.
¿Y este?
Fijate que este es un talismán antiguo que usaban los antiguos hippies para ir a pelear en batallas y todas esas ondas, se los ponían antes de salir y los pintaban a mano sus mujeres y se los daban. Ah, te lo doy a dos también.
Yo la observé cada milisegundo de ese momento y no vi más.
Al parecer, los hippies se remontan al período posclásico mesoamericano.
Al parecer, fumar zacate del recio sale más barato que ir a la u.
Lo que me pareció curioso no fue la aclaración, sino más bien el uso artesanal que los hippies daban desde entonces al esmalte acrílico y la brillantina.
No sé exactamente qué he estado haciendo estos días.
No sé cómo se pasan, cuando se viven van tan lentos, después uno se pregunta qué putas pasa con uno que no hace nada bueno y no aprovecha el tiempo, en fin.
Mi resolución, por tanto, es conseguir un trabajo. Sí, ganar dinero de la manera legal; si el buen señor lo permite, gastaré el fruto de mi esfuerzo por primera vez, eso o conseguirme un novio rico. Pero mi trasero está demasiado viejo para eso.
Por el momento, cobro por hacer tareas.
Si me despierto temprano mañana, empezaré un ensayo sobre economía por el que me pagarán treinta bolas.
Treinta dólares son treinta dólares.
De lo contrario, volveré a ser el mismo cavernícola de siempre que se atiborra de carbohidratos, United States of Tara y las clases de francés. Ahora, ¿será que me animo a entrar a un call center?
Entre trabajar y trabajar en un call center, ho hay suficientes salmos en la biblia que expresen tanta agonía.
Para esta fecha uno se imaginaría...bueno, no.
Cuando pensé que el chiste con Messi y Cristiano Ronaldo besándose, culeros, blablabla, ya no daba para más, ahora aparecen con una foto de Ricky Martin siendo fichado por el Madrid.
En el Facebook, con un montón de likes.
Quizás es culpa del límite entre la generación contemporánea (Blacberry a los siete, laptop a los doce, Ipod e Internet desde el Maternal) y la generación de atrás, ni X ni Y; esa generación que la filosofía de la historia dejó fuera del siglo XX y del siglo XXI, porque uno piensa que el XX terminó con la caída de la URSS, o del Muro de Berlín, porque el otro cree que el XXI empezó el 9/11, o con Lady Gaga.
Sí, esa generación perdida que ahora lee a Murakami, lo encuentra (in)comprensible y por eso lo ama.
Gente que acumula basura mental porque la encuentra divertida, porque sus papás les enseñaron a creer/defender algo increible/indefendible y porque creciendo se llenaron de basura mediática, y eso: ahí está(mos).
Es como un capítulo de ¿Le tienes miedo a la oscuridad?. Muy noventero. Es algo que sé que durará y dará para más.
No sé si es idea mía, pero cómo rayos explicás que unos pendejos se puedan reir de algo así sin condenar a toda tu generación.
Al final, creo que si hubieran inventado el chiste antes de que Ricky saliera oficialmente del closet tuviera más gracia. Antes.
Nene, this is for you.
Un consejo: ponete los huevos de vuelta donde deben estar y pegátelos bien fuerte.
Pero bien fuerte. Ahora da la vuelta y adiós.
Un hombre levemente conocido por el nombre de su papá, aparentemente por ser homosexual y vivir con un chero treinta años menor, patéticamente porque dijo sísoygay ya en la resaca de las drogas y los poemas de pajaritos, los cheros bonitos y las babas en su barba canosa. Una vez estuve frente a él en su casa y pude jugar con un caleidoscopio, un juego de escaleras que no sabía armar entre los versos que un amigo trataba de hacerle llegar tras el ruido. Yo no sabía qué pensar de él porque solo me veía a mí con los ojos que él me veía, todas imágenes que no lograga ordenar. Mi amigo no logró hacerse entender. Bueh.
Ese día me dijo que tenía ojos bonitos. Otra vez lo vi en el teatro y no me reconoció. Mi amigo le dijo "este es..." y él se me quedó viendo. Lo vi a él y vi cómo se esforzaba por decir algo, mi amigo y yo esperábamos que dijera algo. Al fin lo dijo, tarde, pero ya los dos hubiéramos preferido que se quedara callado. O tan solo se babeara encima. En el CCESV me regalaron un libro suyo.
Hoy un chero me habló del papá, yo cogí el libro del hijo para enseñárselo pero se fue y me le quedé viendo yo.
Pirámides
¿o piedras pequeñas en el polvo?
Leves grandezas,
subterráneas alturas,
ecos son de algo que fue
o aún no ha sido,
pero no vamos a la muerte sin nada.
Tanto amaste o perdiste,
tanto fuiste o dejaste,
la piedra que resuma tu vida
no estará en estas páginas.
Mi amigo recibió un correo días después donde él le decía que sí le había parecido lo que hablaron aquel día, que lo sentía. Me lo dijo en el msn y agregó: ¿le mando saludos tuyos? (risitas). "Tal le manda saludos, Don", le puse. Un emoticono con carita pícara. Silencio raro. No le respondí inmediatamente. Escribí minutos después, como que me había ido a tomar agua, como para que mi mente encontrara una respuesta a las cosas que que se sienten raro al escribir o leer, pero se entienden tarde.
Hoy empiezan los días en que estoy solo otra vez. Esta mañana al justamente irse mis papás y hermana tomé un bus y me bajé en el Centro, fui a caminar. Me gusta caminar por ahí, pero igual me da miedo. No hay parques donde me guste sentarme. Luego me agarré otro bus y poco antes de las nueve llegué a Metro. Me fui a Sanborn's y me compré pan dulce:
-Una peineta, un cacho y un polvorón. ¿El Pan de Muerto solo lo tienen para octubre? Sí, muchas gracias.
La señora me envolvió la galleta aparte para que no se me quebrara. Al fin me quité a los vigilantes que se le vienen a uno encima por esperar a que pongan el pan recién horneado en el aparador dando vueltas, vuelta y vueltas. La gente se ríe cuando digo que voy a comer/comprar comida a Sanborn's.
Sé que Mauricio Orellana Suárez ganó el Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” 2010 y lo felicito por eso. Es salvadoreño, va. Ahora Jacinta Escudos puede estar tranquila: algún cibernauta despistado llegará a mi blog buscando FOTOS DE CHEROS CON VERGAS GRANDES, GAY EL SALVADOR, EL CHAT, FOTO DEL ZAR NICOLÁS II DESNUDO, SERGUEI NABOKOV HOMOSEXUAL o QUIERO PAREJA SOLO ACTIVOS/PASIVOS SAN SALVADOR, algo por el estilo. Así alguien más que ella, algunos que otros bloggueros, algunos que otros lectores del diario, el mismo autor y yo sabrá que un salvadoreño ganó un premio. ¡Uju!
Palabras de Mauricio Orellana, sacado del artículo de Jacinta: “En esta novela he tratado de tejer un tapiz literario que refleje –con historias que se entrecruzan– algunas de las distintas actitudes características de un grupo histórico y culturalmente vulnerable y marginado, el de la comunidad LGBT (lésbico gay bisexual transexual) en una sociedad predominantemente machista”.
Tengo un post algo largo que no quiere salir. Presté siete libros en la biblioteca y espero hallar el humor para tragármelos. Me bajé el soundtrack de Les Chansons D'Amour para escuchar al dormirme. Entre leer, comer y ponerme a cantar no hay porqué deprimirse, pero estoy algo bajoneado porque me puse a cantar May it be de Enya. Y eso de verdad no-sé-porqué. Pero ya que ando divulgativo, sería bueno que alguien encontrara mi blog buscando HOLDING ON de Alex Day:
-(Me aclaro la garganta)
I could bake a chocolate cake for you with tiers up to the moon
Could you show me how it's done, like you showed me how to fall in love?
Entonces hoy le escribí a un amigo diciéndole que salgamos un día. Descubrí que él también sale a almorzar solo, él por andar en un tour gurmé por los McDonald's de San Salvador, yo por salir a caminar, los dos porque somos palurdos que no tienen ni idea de cómo gastar el tiempo. La grasa es felicidad.
Nunca encuentro una panadería francesa decente. Nunca he visto una realmente. La pâstisserie no ha de existir oficialmente acá, supongo; acá le decimos cachos a los croissants parisienes. Igual, me gustan más los salpores y eso son muy propios de aquí, ¿no? Déjenme darme paja. Regresé a las once.
¿Qué más?
No sé qué voy a hacer mañana. La verdad, salir me da miedo.
Hace años, anales, giros de la Tierra en torno al centro gravitatorio del sistema solar empecé a escribir un cuento. Era yo un niño nomás. Me parece ya otro tiempo estelar.
Quería escribir algo que me hiciera sentir en consonancia con el universo. El tema sería Ofiuco, el portador de la serpiente. Un número trece. Pensé que cuando lo lograra sería algo importante.
Elegí el tema solo porque Ofiuco, estrellas y milenios, en conjunción, me sonaron importantes. Y, para añadirme crédito, fue algo que descubrí en las horas que pasé estudiando los libros esotéricos de mi colegio jesuita, de una librería grecha de Metrocentro, de las bibliotecas teosóficas de una tía y la mamá de una amiga. Y era algo que, como Ofiuco, estrellas y milenios, me sonaba a imposible o algo que nunca pasaría.
No es que solo yo lo supiera entonces. Ni que sea tan importante. Ofiuco era uno más de esos secretos que rumiaba en los recreos, de las cosas que pensé que solo yo sabía y añadían un sentido a la vida de un estudiante. De un hijo. De un asteroide. Los secretos se hicieron mi fuente en algún momento hasta que no supe distingir algo que leí en otra parte con algo que pensé que sabía desde siempre. A más no haber uno se encariña con cualquier cosa. Ah, y el cuento, el cuento pensé que esperaría un poco más, sabía que estaba en otra parte. Larguísimo como la espera.
Ayer posté un video con Mina Mazzini cantando.
Ahora me puse a oírla.
A Mina la conozco como el último eslabón de una larga cadena.
Resumo: México fue el papi cultural salvadoreño desde que las redes de comunicación masiva abrieron una brecha entre los dos países, o sea, desde que tenemos radio y tele pues. Se sabe que en el siglo XX en México la canción melódica debe su ascenso al fenómeno mediático que propició relacionar una cara, una voz y un género.
Ejemplo máximo: Edith Piaf.
Vino, entonces, a ocupar entre la gente de bien el espacio que dejó, pongamos ahora de ejemplo España, el cuplé, el cual pasó a ser material de dominio del lumpenproletariado, o sea, algo grencho.
Ejemplo: Sarita Montiel.
Esto se puede comprobar en cualquier libro de historia de la música.
Llegamos a un punto donde ciertas cosas que venían juntas empiezan a separarse:
La chanson française, la canzone, la balada.
Y esto es ya rigidez histórica
mezclada con pura interpretación personal.
La canción melódica, que es una parienta lejanísima de la música renacentista, se reconoce, sin entrar en terreno de la melodía, por ciertos aspectos irreductibles de su composición: la orquestación, el estribillo que se repite y se repite y, lo más importante, el o LA cantante. A partir de la mediatización de estos elementos, la fórmula se simplificó y se mezclo con la textura propia de la música (el compás, la versificación, etc.) de cada país:
Francia, que era la metrópoli cultural de la época desde el siglo anterior, tomó la batuta en popularizar el género, sí, pero no se salvó de hacerlo tan suyo como otros paises hicieron. Uno puede oir bien cómo la música de Jaqces Brel e incluso de la actual Emilie Simon son herederas lejanas de la Chanson de Toile.
En España el cuplé pasó a ser una versión más mariconcita de la copla.
En Inglaterra quizá no se vea mucho el impacto de este género, pero sí podemos ver que tanto la musiquita de las banditas inglesas como la Voz inglesa por antonomasia (entiendase: falsette) derivan de, para nombrar una figura que sintetizó muchas tradiciones pero que no las representa todas, la música vocal y la polifonía que Bach popularizó para los coros de niños.
En Alemania se mezcló con el cabaré que la Dietrich trató de cantar allá en sus mejores tiempos, siendo esta junto a Brecht parientes ahora sí lejanísimos de las Dresden Dolls.
En México se tomaron elementos vernáculos de, por ejemplo, las rancheras, el huapango, el bolero.
Pero
aquí entra en juego el eslabón más bonito.
En Italia, como es de esperarse, esta formulita también se mezclo con los géneros más populares y, hablando de Italia, eso es decir mucho.
Italia fue la cuna del bel canto, la cuna del verismo, la cuna de Verdi y Puccini: esto es, ser casi casi la mera mamma de la ópera (yo sé que no exactamente pero déjenme decir que sí).
¿Ejemplos? Más adelante, primero sería bueno tener una idea aproximada de cómo suena la ópera. Solo un poquito:
En la ópera Pagliacci, hay un payasito que llora porque su esposa le fue infiel y, por si no fuera suficiente, debe ponerse su traje (Vesti la giubba, el nombre del aria) y salir a dar su espectáculo cómico pues the show must go on.
Canta esto:
(Algo similar a: Reite, palurdo, que la pendeja te hizo mierda
pero igual tenés que comer)
¿Acaso no es lindo?
En la ópera Turandot, la princesa Turandot, esa perra sanguinaria, no desea casarse con nadie y por eso impone tres acertijos a cualquier idiota que ose presentarse a pedir su mano; si acierta, se casan, si falla, él muere. Cierto pobre príncipe de Persia podría atestiguarlo.
Pero sucede que la princesa tenía tan alto concepto de sí misma que el último acertijo que impone a Calaf (quien, para no más blablablá, es EL héroe de la historia) va algo así:
Turandot, no obstante, rechaza la victoria de este y ruega piedad a su padre; Calaf, por otro lado, le propone esto: si vos adivinás mi nombre al alba, yo moriré.
Ella, obviamente, acepta.
Y ordena a todo Pekin que cualquiera que sepa el nombre del príncipe y no lo diga, morirá de la manera más cruel. La ciudad asustada no duerme. Ay, Turandot.
El aria más famosa, Nessun Dorma (Nadie duerma), va algo así:
María Callas, cuyo nombre en ópera se antepuso a la pieza que interpretaba, viene a bailar aquí no con el propósito expreso de oirla cantar, sino de verla. Era un personaje, punto. Si no han oído antes de ella, este es el momento: quien tenga oídos, que escuche. La Callas se abrió un espacio irremplazable a fuerza de ambición y orgullo: ella sufría orgasmos múltiples cuando la ovacionaban, cuando la criticaban, cuando el público la abucheaba, cuando ella abucheaba al público, porque en el bien y en el mal ella era magnífica.
Murió sola en su apartamento de París, o asesinada en su apartamento de París, o se suicidó en su apartamento de París en 1977.
La ópera tuvo un antes y después con ella, nosotros tuvimos a...
...Así, gracias a la mano providencial de la razón pura kantiana o una fluctuación natural de la dialéctica marxiana, o ambas, vaya uno a saber, llegamos a esto: Caruso. No es el aria de una ópera, es canción. No muy buena, pero se ve el punto. Y si a lo que se ha visto se le quiere achacar de estridente y poco grazioso, vayan a quejarse con Verdi, que bien le hacía competencia a Wagner a cuál más ruidoso. No sé por qué, pero Wagner parece haber ganado. Y, oh, gracia divina, es por eos que tenemos música de Laura Pausini, Mónica Naranjo, José José, Sandro y Yuri.
Playboy México.
La ahora muy cristiana Yuri, cantante mexicana y mamá de Gloria Trevi, es nuestro re-enlace a México.
El Festival de la Canción de San Remo ( a.k.a. el Festival OTI italiano) se empezó a celebrar en el año de 1951. Unos temas ganaban, otros no, unos se hacía populares, otros se olvidaban, y lo mismo para los compositores y los cantantes. Pero otros temas eran exportados allende el mar y popularizados por esa especie de negocio de prostitución virtual de lindos niños y niñas, negocio que empezaba un apogeo que dura hasta nuestros días. Así tuvimos la Maldita Primavera (si la quiere escuchar, creo que en el video de Loretta Goggi está linkeada). Así llegó a tierras salvadoreñas.
Así la oí yo en la radio y la canté con mi mamá.
Así se suicidó Luigi Tenco.
San Remo era duro. Roma nunca ha vuelto a ser Roma desde que Roma cayó. Italia es un pais pequeño, como Mussolini era pequeño, pero igual se cagó en Italia. Luigi Tenco pensaba que componía bien pero San Remo no.
De la página Wikipedia de San Remo: En 1967 tuvo el dudoso honor de protagonizar la crónica negra cuando el cantante Luigi Tenco fue encontrado muerto en su habitación, durante la XVII edición del festival. Si bien se habla generalmente de suicidio, todavía quedan muchas dudas sobre la verdadera causa de su muerte.
De la página de Wikipedia de Luigi: Se presentó al Festival de San Remo con la canción Ciao amore ciao, pero la canción no fue admitida por la comisión del festival. Rechazada también en la repesca, el cantante cayó en la desolación. Se encerró en su habitación del Hotel Savoy y se suicidó de un disparo en la cabeza.
Luigi Tenco
De un pensamiento que me recorre la cabeza: Suceden cosas tristes a la gente corriente y eso es triste; suceden cosas tristes a personas bonitas y eso es desgarrador.
(Luigi en esa foto se parece al príncie Carlos Felipe de Suecia,
que a su vez se parece a Fabio di Tomaso,
el actor argentino.)
Carlos Felipe de Suecia
Y, hablando de parecidos, hay uno que dejé por alto.
A propósito, pues claro.
Loretta Goggi era una tipa de esas que no tienen talento en nada y para probarse a sí mismas hacen de todo.
Fue, dado que pretenderemos que ya está muerta, cantante, actriz, conductora televisiva, actriz de doblaje, showgirl e imitadora. Tuvo un punto álgido de su carrera cantanto Maledetta Primavera en San Remo en 1981, valiéndole esto discos de oro y de platino. Ella era rubia, alta y con todos sus rasgos caucásicos acentuados, como cualquier personalidad de la televisión de los setenta para arriba que se preciase; sin embargo, no debe el pelo rubio, los gestos y el maquillaje de sus presentaciones a dicho estereotipo, no. Parece más bien que una corriente que fluye quizá desde la Gilda de Rigoletto, Lucia de Lammermoor, el verismo arrecho y sufrido, Lucio Battisti y quién sabe quién más, le asestó un golpe no muy afortunado en la tapa de los sesos. Pero solo fue a ella.
Había una tipa, una vez, a la que le decían la gritona. Y gritona fue conocida durante toda su vida.
Podría bien estar hablando de María Callas, cuya voz estuvo lejos de ser bonita, solo espectacular.
A pesar de que el término soprano drammatico d’agilità se inventó para este tipo de voz con carácter y sin belleza obvia, el carácter es quizá la belleza obvia del personaje que se interpreta a sí mismo.
E se domani, por otra perte, es un tema feísimo. A mí no me gusta. Es de otro tiempo, otra época, quizás.
No funcionó en San Remo, no funcionó para cantante ni compositor, no funciona para mí. O solo es aburrido, material de archivo, como tanta canción del San Remo.
Pero Mina lo hizo funcionar.
Esto se conoce como la venganza, muajaja. O el descanso de Tenco.
Mina estuvo en el San Remo unas cuantas veces, nunca ganó. Pero la gente la quería. A diferencia de los otros, ella sobrevivió a la crítica y San Remo, tal como la Callas sobrevivió a su voz feísima. Quizás esto nos demuestre que el mundo es de los feos, o quizá el punto reside en que el papel dialéctico de la fealdad es romper las pautas que la historia impone. Yo, por mi parte, solo puedo demostrar con datos que hasta la fecha en que Mina incluyó E se domani en su primer album con Ri-Fi ningún tema repudiado por San Remo logró ascender en la escala en que el tema ascendió ese año, como ascendió también el album sucesivo de covers de temas sanremienses de archivo, como lo hizo cada album de esta tipa hasta el día de su exilio final.
Y así, cuando te ponés a pensar, muchas cosas pasan a ser una cosa que ya no se diferencia.
Mina canta Nessun Dorma en un video presentado en el Festival de San Remo en el 2009, después de más de veinte años de autoexilio de las cámaras.
Tengo diecinueve años y estuve en un colegio jesuita por once años de mi vida. Salí hace, oh, el horror, dos años.
Por una razón no espeficicada ni me gradué ahí pero casi nadie lo sabe. Solo tengo el diploma del Ministerio.
Hace un año entré a la universidad y conocí a la horda de palurdos de mi curso. No es por ser malo, son solo pendejos.
Hace cuantro o cinco años tuve quizá el punto más álgido del bienestar personal. Duró aproximadamente una hora, más unos quince minutos de desconocimiento anterior al suceso y quizá todo el día y la semana posterior que me duró la alegría que, noblesse obligue, no fue "de la parte" sino "del sentido".
Desde hace tres años fui própiamente yo, o sea, la persona que salío de primer año de Bachillerato era casi sin excepciones la persona que vivió el 75% por ciento del año pasado, mi primer año en la universidad.
Hoy los bichos del primer ciclo entran al curso pre-u y a la una me veré con Laura para comer una pizza italiana que según ella es más salvadoreña que Norman Quijano porque no usan salsa, usan chirimol.
Escribir esto no dura ni quince minutos.
El tiempo es un fracaso.
Sin embargo, hoy, es otro año. Me siento distinto.