El capítulo de hoy es un homenaje a la década de los ochenta y su influencia sobre nuestros ideales, actitudes y espesor de las hombreras. Debí de dibujarlo uno de esos días en que mi querida compañera la poligonera me hablaba abiertamente sobre lo que yo vine en denominar: «romances de inodoro», haciendo referencia a que pasaban por su vida sin dejar rastro ni trascendentalidad y a que, por norma general, tenían su materialización dentro de un váter público. Como la visualización de sus anécdotas era práctica y dolorosamente inevitable imagino que me aferré a símbolos de mi infancia, totalmente inocuos o, en su defecto, enrollados para poder pasar el día de trabajo sin llegar a golpearme la cabeza contra la pantalla del ordenador hasta procurarme una deficiencia del 33% de incapacidad que me consiguiera un curro mejor.
Así que Bruce Willis y Spock are in the air; como se puede ver en el siguiente gráfico:
A modo de aclaración, él se llama Elliot y está tomando Tang de naranja, lo de la sombrillita es únicamente por estética hawaiana y porque probablemente haya visto muchas películas de Dudley Moore. Ella es la idea que tengo yo del diseño de vestuario de Star Trek cuya serie televisiva o de películas jamás he visionado, se llama Tricia y en lugar de genitales, ya sabés, tiene un tercer sobaco. Ese giro de guión que la lleva a Ibiza en calidad de drag queen, bueno, es demasiado caprichoso y únicamente está motivado porque posiblemente estábamos aproximándonos a la hora de salida o bien mi compañera había gritado en voz alta algo como: «Pues a mí me encanta que me peten el culo» y, vaya, todo son asociaciones de ideas.
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