Pensé en Nueva York. En Praga. En La Habana. Meterme en un avión que me llevase lejos de este sitio. Me imagine en París. Arrebatada por la idea de vivir en otro lado, otra vida y escapar del lugar ese donde todos son tan frikis como yo, me quede dormida viendo el Señor de los anillos, de la saga de George Lucas sólo he visto película y media y únicamente he jugado al rol cuando me veo obligada por las circunstancias. Bloqueo de sentimientos. De manera provocada y a conciencia me bloqueo mentalmente, en ese bloqueo disfruto y siento muchas cosas ¿Quieres saber qué? No te lo diré. Oye pájaro ¿qué haces, dónde vuelas? ¡Mira qué no verte, tiene delito! Hace mucho que no sé de ti. ¿Tienes novia? ¿Te haces pajas? ¿Sales a menudo? ¿Perfume o colonia? ¡Cuéntame!
En Nueva York. En Madrid. Ni una sola vez me vi paseando por las avenidas, contemplando el mar sentada sobre la arena, rallándome encima de una roca o al pie de un acantilado. Tenía cuentas que ajustar conmigo misma.
Era la distinción de esa tipografía, la procacidad y elegancia de sus contornos. La confusión del autor al crearla y la sutileza del espectador al elegirla. Ese fondo rojo con esa palabra en verde simbolizaba el esplendor de lo escueto, de lo sobrio. Se exponía la limpieza del autor y el saber del diseñador. De quién era ese momento. No sé de quien es esta frase “Nos enamoramos cuando sobre otra persona nuestra imaginación proyecta inexistentes perfecciones” y quizás sea verdad pero todavía no lo sé. No es que llame a mis novios tontos aunque uno de ellos me llamo «Desperada» delante de su amigo, eso tuvo su gracia porque prefería al amigo. Me refiero a que todos nuestros actos creativos formulan lo que tenemos en la conciencia, quiénes somos en ese momento, en un sentido profundo.
No es viable huir de si mismo. Ya podía subir a todos los trenes y cansarme de ver campos, a los aviones y remontar las nubes, en barcos atravesando océanos y meciéndome con el movimiento de las olas, allí donde fuera llevaría a cuestas esa cosa rebelde que destila irritación y ahogo. Dando una y mil vueltas hasta que destrozo lo hecho y me quedo sin nada. Pero estaba harta de desmenuzar mis pensamientos en un rincón de mi habitación. Cuando la pasión te encandila suceden cosas extraordinarias. Tenía que irme. Donde fuera. A cualquier sitio. Lejos. Cómo quedarse sin nada. Son esos momentos en los que desearías que el CTRL+ X durará desde que inicias el programa. Quiero un ctrl+X para toda la vida o irme al pueblo de al lado. Eso no es lo importante. Debería irme a otro sitio. No importa donde.
Volví a casa . Al bonito barrio donde vivo y puede que pretendiese volver el tiempo atrás, a aquellos años del colegio o del instituto y después ya sabiendo lo que sé que es muy poco, volver al presente ya aclarado todo el cuerpo y el alma y con todas las opciones nuevas para no malgastarlas.
Parece ser que la ansiedad es compañera de la creatividad. O dicho de otra manera:»La ansiedad es insoportable”. Sólo espero que dure siempre porque te
recuerdo que un pringado de discoteca en Holywood no es un ingeniero, ni artista contemporáneo, ni tampoco diseñador de renombre. Pero no me voy a poner a hablar de porteros, hoy no toca creo. Me como tu amor y cago en el infierno. El beso que me soplas huele alcohol del malo. Di vueltas por la ciudad. De vez en cuando es bueno enloquecer de deseo por alguien y sentir que ese alguien siente lo mismo.





