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Carreteras secundarias

Las circunstancias nos llevan a hacer un viaje imprevisto de Cervera del Río Alhama (La Rioja) a Santander. Decidimos dejar la autopista y viajar por carreteras secundarias. El viaje es más largo pero más bonito. Circulamos entre viñas y campos de cereales, girasoles en flor, desfiladeros, montañas, pequeños pueblos, huertos, helechos y prados rumbo al mar. Es un viaje entre sol y nubes, con algunas gotas de lluvia, como la vida. Me acuerdo de esos versos famosos de Jorge Manrique y apunto los ríos que cruzamos en el recorrido: Alhama, Ebro, Najerilla, Oña, Oca, Nela, Trueba, Cerneja, Calera, Ruahermosa, Cubón… Las vacas y la niebla nos indican que nos acercamos al norte. Vamos a despedir al tío Javier y por la ventanilla se cuelan recuerdos infantiles, fotos, Nochebuenas, veranos, libros, rabas, el “paipo” que nos regaló para saltar olas, imágenes de la playa de Canallave (nuestra preferida), la merluza que nos preparaba cuando íbamos de visita, los sobaos del desayuno, los quesos y anchoas de Santoña, conversaciones de cine y de historia, relatos de viajes, sardinas a la brasa, las vistas de la bahía. Ya huele a mar. Llegamos al final del viaje, convencidos de que merece la pena dejar atrás las prisas, salir de la autopista, no seguir siempre el camino más recto o el más fácil, cambiar la perspectiva, bajar la ventanilla y que entren los recuerdos, disfrutar de las carreteras secundarias.

Javier, aunque no te gustaran mucho los deportes, te cuento que hemos ganado la Eurocopa y que pronto empiezan los Juegos Olímpicos. Y te prometo que volveremos a bañarnos en Canallave.

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(Artículo publicado el 21 de julio en Heraldo de Aragón)

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Formas de volver a casa

Las chicas aplauden cuando se vislumbra el perfil del Pilar llegando por la carretera (igual que hacíamos mi hermana y yo de pequeñas en el asiento de atrás). Se emocionan cuando pasamos junto a la piscina de Balsas, cuando vuelven a ver el cole todavía cerrado, y nuestra plaza, y sus habitaciones con sus cuentos y sus juguetes.

Nos gusta viajar y también volver a casa. Ahora quedan unos días para recuperar poco a poco nuestra rutina y nuestro espacio, ordenar las fotos de las vacaciones, preparar la vuelta al cole (Vega y Luna tienen que decidir si quieren mochila para Primaria de colores, del Barça o de superhéroes), y la vuelta al trabajo, montar en bici e ir a la piscina, repasar la lista de recados pendientes… Y echar de menos el mar.

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Reviso las fotos. En el álbum de estas vacaciones se mezclan en un collage colorido prados, amigos, moras, familia, nubes, sol, sidra, quesos, Los Secretos, el Pozo Largo, cachopo, estatuas de Oviedo, tarta de la abuela, helados, las playas de Arnía, Andrín y otras del Cantábrico, el mercadillo de Cervera, los Picos de Europa…

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(Carreras. Y cubos de Ibarrola, en Llanes)

Recojo los libros que me han acompañado este mes: “Correr”, de Jean Echenoz; “Lo raro es vivir”, de Carmen Martín Gaite; “Formas de volver a casa” (de Alejandro Zambra), y “La buena reputación”, de Ignacio Martínez de Pisón, con el que todavía estoy viajando. En todos han quedado frases subrayadas y esquinitas dobladas.

“Leer es cubrirse la cara, pensé. Leer es cubrirse la cara. Y escribir es mostrarla”.
(“Formas de volver a casa”, Alejandro Zambra)

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