miércoles, 21 de septiembre de 2016

Berlín.


La última - y la primera- vez que estuve en Berlín escuchaba a Leonor Watling y pegaba mi nariz en los cristales.
Era diciembre y  la ciudad se desparramaba a lo largo de las vías del tren. Partíamos del Zoologischer Garten con un café, bufandas y mitones hacia todos los lugares que recomendaban las guías turísticas, los ojos bien abiertos, la sonrisa llena de escarcha y algunas canciones de Marlango en el ipod.
Vivíamos en el prólogo de la Navidad.
Habían encendido bombillas, adornado las plazas, colocado mercadillos.
Las calles olían a salchichas y se sucedían con sorbos de vino caliente.
Berlín podría haber sido una fiesta, pero se nos escapaba de las manos, huidiza, como una liebre, se escurría por los callejones de Mitte o del barrio Judio. Apenas podíamos seguir su ritmo:  era una okupa saltando de noche a una casa vacía de la parte Este.O una sombra entre las estelas del Monumento del Holocausto. O un famoso arquitecto observándonos desde las ventanas del hotel Adlon.
Cerrábamos los ojos y allí estaban los edificios de "Good bye Lenin",  los ángeles y  Colombo de la peli de Wenders y el famoso Günter Schabowski repitiendo "Ahora, inmediatamente".
Los besos encima del muro.
Al otro lado.
Una muchedumbre rodeando el Ángel de la victoria
Tiergarten.
Al cabo de cinco días buscando la esencia de la ciudad  una sensación de "todo es posible aquí" se nos había enredado en los tobillos. Tuvimos que retrasar el viaje de vuelta.
Era emocionante creer que eras de allí.
"Ich bin ein Berliner", zasca al traductor, Mr. Kennedy.
Han pasado diez años una crisis y la Merkel.Amores, fotografías, dietas, jerseys, zapatillas, cervezas, bodas, saltos, mar, despedidas, trabajo y varios otoños.
Hoy- bueno, mañana- de madrugada volamos a Berlín.
Hemos llenado una maleta de patines y en el equipaje de mano apenas dos vaqueros, una cazadora y calcetines.
El viernes desayunaremos bajo el cielo de Wenders.
Nos esperan cuarenta y dos kilómetros. Ha sido necesario recorrer un maratón de vida para llegar hasta aquí. Por eso la puerta de Brademburgo tiene mucho de quimera.
No me imagino cómo me sentiré cuando patine Unter den Linden.
"Prometo ser ligera como la brisa y decirte al oído secretos que harán brotar tu risa."
(Mientras hago el equipaje sigue con  sus berlín,versiones Leonor)
Me pierdo entre las listas de cosas por hacer, me aprietan los nervios.
Pero vamos allá, a lo Schabowski: "Ahora inmediatamente".
Como donuts cremosos, con errores en la traducción.



viernes, 30 de mayo de 2014

La tira del sujetador

Image
Hay que colocar el ladrillo justo en el centro de la columna, allí donde está la tira del sujetador. Mi profesora de yoga lo repite como un mantra todas las semanas, en todas las clases, a todos sus alumnos, con independencia del sexo y de lo que les afecte la ley de la gravedad.
La tira del sujetador es un punto geográfico.
Están los puntos cardinales por todos conocidos, los cinematográficos- el Nueva York de Woody Allen, el Paris de Casablanca, Kenia de Meryl Streep y Benidorm cuando llegaron las suecas- los históricos- el Muro de Berlín, Tiananmén, Vietnam-y los reales, los que no sitúan en la vida un martes: la caja de galletas en la despensa, la tapa del váter y la tira del sujetador.
Este último es un agujero negro. La palabra que abre la cueva de Aladino. Es el pasadizo que deja que se resbalen las bragas y caigan los vaqueros la primera noche. Es la etiqueta que no conseguimos quitarnos del cuerpo las temporadas de soledad. El interruptor que ilumina un paisaje nuevo cuando cierras los ojos, se eriza la nuca y te dejas morder.
La tira del sujetador es una linea de meta, un puesto fronterizo abierto al tráfico de todos los secretos.

martes, 6 de mayo de 2014

La intensidad y el tocino


Hubbell deja a Katie. Él ya ha tomado la decisión hace tiempo. No queda ningún resquicio al que ella se pueda agarrar para renovar su historia.Katie- Barbara Streisand- lo sabe, pero poseída por sus miedos, le llama una y otra vez por teléfono, le llora, le suplica, le arrincona y si Robert Redford en lugar de ser en la película un guionista de éxito fuera la rosa del Principito, veríamos como es ahogado por las súplicas de Katie y cómo esta se quedaría sin razón para volver a su planeta.
Estamos en 1973, fecha en la que Sidney Pollack se arriesga uniendo en una película a dos actores con la fuerza de un cometa y le sale un peliculón de amor con temazo incluído- "The way we were"- que asusta. Las críticas llueven por todos lados: dulzona, larga, melodramática, etc. Pero la química entre Redford y Streisand es tan fuerte que de la colisión de esos dos- había dicho antes, cometas, sigo pues con la metáfora- cometas, saltan meteoritos.
Han pasado treinta y un años y la cinta resulta con el tiempo hasta ingénua. Sin embargo, hay una escena precisamente en la ruptura de la que yo me acuerdo día sí, día no, y sucede precisamente cuando,después de las veinte mil llamadas de ella, Redford accede a conversar y le explica por qué ha decidido poner fin a su relación:

  "Es que eres demasiado intensa"

Hubbell/Redford lo dice entre el hartazgo y la desesperación, como si ya se viera desbordado ( de hecho Redford, Hubbell en la película, ya está enrollado en ese momento con una pánfila que no es más que "un trós de carn batejà"- un pedazo de carne batido- que diría mi madre, o una princesa manca, de esas que digo yo, que parecen de plástico y ni se mueven ni se notan ni traspasan)por algo que ha estado ahí desde el principio.
La cara de Streisand se merece un oscar a toda una carrera. La pobre, por exigencias de su papel y de Sidney Pollack no reacciona, pero en ese momento es para darle a Redford el guantazo que Gilda no le devolvió al tontico de Glenn Ford. Ella es intensa desde el minuto uno de la película, qué digo yo, desde los títulos de crédito (de tan intensa como es canta ella misma la canción de la película) pero no quería fijarme yo en esa intensidad de la Streisand que es como un elefante en cualquier lugar en que no le corresponda estar a un elefante, sino en la intensidad, rasgo de carácter, virtud o defecto que ahora parece ser más reprochable que la halitosis y la violencia sin freno juntas . Esa intensidad que, con frecuencia, se nos adjudica a un tipo de mujeres: las "intensitas", para que nos entendamos.
Ultimamente no dejo de leer comentarios y referencias donde decirle a alguien que es intenso es reprocharle que es un plasta desbocado y advertirle de que además, da miedo. A mí cada vez me afectan menos esos comentarios porque he sido intensa desde que nací- mi madre le dijo un día al pediatra,agotada y con las ojeras por el tobillo, "o sobra niña o falta madre". Yo tenía dos años y medio y para que la pobre mujer descansara de mi intensidad me apuntaron a clases de inglés en el piso de al lado de mi casa, es decir, que les daba la paliza a otras- y porque convivo con ese miedo que provocas en los otros desde hace tiempo.
Sin embargo, a veces me duele, porque en realidad lo intenso solo afecta de verdad a aquellos que lo son, es decir al modo en que tienen de ver la vida quienes caminan por ella con el volumen al máximo. Somos nosotros los que nos despellejamos en las caídas, los que echamos a volar en un orgasmo múltiple cuando nos enamoramos o los que nos clavamos cristales en la planta de los pies cuando discutimos.
A mí la intensidad me recuerda a la velocidad que se coge yendo en patines: asusta, la intentas controlar, pero a veces se escapa y te sientes la chica de martini por las playas de Malibú con su faldita corta, otras se te desboca y los metros siguientes se nublan, te tropiezas, caes de cabeza, haces la croqueta y montas un estropicio de la leche, pero intentas no llevarte a nadie por delante. Y sí, hay veces que no puedes evitarlo y arrollas a quien menos culpa tiene, pero también fumiga el silencio de otras personas como un arma de destrucción masiva y nadie le pone tantas etiquetas con calaveras.
Yo confío en que esto de tachar por intenso sea una moda pasajera, como la de criticar a los que toman gintonic (que algunos ya lo hacíamos desde antes y nos ha tocado pasarnos al vodka para que no nos monten una verbena en la copa cada vez que nos pedimos uno) a las que bailan sevillanas (a mí me gustan) o a los que probamos un poco de todo y hemos sido indies, folclóricas, festivaleras, punkies, yuppies de provincias, novias de opositor, amantes en la distancia, copleras en taberna, investigadoras sin beca o princesas sin pirata cojo.
Que pase. Que no da mal fario ni tiene nada que ver con el fracaso ni con el tocino.
Confío en que con la intensidad podamos vivir y que al final, sea el pánfilo de Robert Redford el que, en la puerta del hotel, se quede pensando en que se perdió lo más importante, que eran las ganas de disfrutar esto en lo que todos andamos metidos.

martes, 24 de diciembre de 2013

Junito

Image
La Navidad tiene siempre una película, nos pongamos como nos pongamos. Para unos es "Qué bello es vivir"  arruinados pero medio cocidos, con los corchos quemados del cava, abatidos en el sofá de nuestros padres; para otros es la resaca de Shirley MacLaine en "El apartamento", esa soledad comepasillos que se desliza por el umbral de la puerta después de la medianoche, al volver a tu piso y ese momento de, "ah, me pongo un gintonic cortito" con el batín y las nordikas como toda compañía. Lo del cine en Nochebuena es un rito pagano pero que debería estar bendecido por este Papa moderno. No sabe él lo que reconforta.
Esta Navidad la película perfecta la dieron ayer en la dos, y se llama "Juno". Ya sé que todos la conocéis. Ya sé que todos la habéis visto. Ya sé que es una joya. Ya sé que el guión es de óscar. Lo que no sabía yo es que anoche, en televisión española, alguien quiso mandarle un mensaje a Gallardón. 
Ahí va el christmas que esperabas, Albertito.
No voy a contarte, ministro, el daño que nos estás haciendo con tus delirios- llámense tasas, llámese condenas revisables- a los ciudadanos y muy especialmente a los que trabajamos con algo tan lleno de barro como es la justicia. No pretendo, ministro, levantarme la camiseta de felpa y decirte que mi cuerpo es sagrado y que no está hecho para que tú te re-corras siete artículos volviendo al ochenta y cinco. Yo por entonces, ministro, tenía la edad de Juno en la película, dieciséis y ya sabía qué significaba la expresión "charter y a Londres" y ya escuchaba cómo se demonizaba a las mujeres que emprendían ese viaje. 
Solo espero, ministro, que ayer vieras la tele y que no retorcieras lo evidente. Que comprobaras la delicadeza de una niña de dieciséis años que se enfrenta a su vida y sonríe con sarcasmo.
Que aprendieras lo que quiere decir valentía.
Que dale. Que no somos víctimas.
Que somos lo que queremos ser.
Que tenemos voz aunque tú no nos escuches.
Y que ya estamos hartas de que nos minimicen los de tu especie.
La verdad ministro, me produces tal rechazo que ni siquiera puedo ponerme en plan macarra y despedirme con un "que te den". Solo quiero que te falte el poder dentro de muy poco, de muy poquito y que no llegues a dar a nuestras pesadillas boe y alma. Solo espero que te apartemos entre todos y te podamos olvidar. 
Que solo seas un necio. Nada más.
Y que si puedes, te recuperes de tus conflictos viendo películas en Navidad, sin necesidad de que te lo recomienden dos psiquiatras.
Feliz nochebuena a todos.


jueves, 28 de marzo de 2013

El tiempo gana

Image


Soy un animal de digestión lenta, uno de esos que tardan meses, semanas e incluso años en poner final a cada proceso. A veces mis decisiones tienen que pasar por cuatro estómagos, acompañarme desde que me propongo hacer régimen- pasada la Navidad- hasta el momento en que me vencen las cremalleras, allá por marzo. Soy lenta, una tortuga, como decías, aunque reniegue de ello y salga por ahí sin caparazón.
Hace seis años Isaac escribió en "Tentari" un post sobre Carlos Berlanga y sus letras. Como entonces hacía cada mañana, pasé por allí  y lo leí (lo devoré, esa es la verdad). Después continué viviendo y hasta este verano no regresé a  aquel texto: de repente surgió en una conversación telefónica a la vuelta de Cádiz y tuve curiosidad. Ahí quedó larvado, hasta este fin de semana  que me dió por comprar verdurar para llenar tuppers y supe- no entiendo por qué- que había llegado el momento de descorchar a Berlanga. Me metí en Deezer, pensé una etiqueta que me recordara a Isaac- ya que era él quien me lo había recomendado- y  surgió el "oloroso" de las tarbernas  a las que Maria del Mar y él me llevaron en Jerez,  a comienzos de marzo, bajo la lluvia. Durante toda la mañana bailé entre pucheros, repetí algunos títulos en cadena y me dejé llevar por esa melancolía de hotel de playa vacío, esa lasitud tan decadente que al menos para mí  había quedado fija, como en una fotografía borrosa, desde la primera canción de Carlos Berlanga que me perturbó, "Deseo carnal".
  Anteayer me llegó este último disparo de Isaac, "El tiempo gana". Abrí el correo y estaba esperándome, con la mira en mi costado izquierdo, sin silenciador. "En Semana Santa nada que estrenar, en verano viajes al fondo del mar, la luz de septiembre me hace recordar". La escucho hasta cuando cierro los ojos y me escondo debajo de las sábanas. No me suelta y yo no quiero perder ese fogonazo, la carne de gallina del después de la explosión.
Ahora  apenas escribo y si lo hago me sale así, con ganas de hablar hacia dentro. Mudo y cuido mi piel. Me chifla el fútbol cuando juega la selección y he descubierto que el amor engorda, aunque nadie quiera hablar de ello. Todo está bien, hasta mi casa en ruinas que sigue quejándose debajo del parqué se engalana para recibir al buen tiempo. Ese que siempre gana por mucho que tarden las cosas.

Ps: La versión que recibí es otra, acústica, más lenta. Está en el álbum "Reproches y vehemencias", creo.
Ps2: He incluido la canción como hacía antes, cuando escribía con regularidad en el blog, con goear porque ahora parece que los bloggers ya no se llevan y es también por esta razón que me apetece más que nunca volver al principio, a las postales de esquinas de cartón.
ps3: Y por último, cómo no, el post pide a gritos una relectura de "Tentari"- aparece en los enlaces-  que sigue colgado en la red, de Isaac Lobatón, mi  amigo y Cossío musical.