
Mi padre me traía folios y lápices bicolores del despacho.Yo aún no sabía escribir pero pintaba filas de hormigas y las salpicaba de puntos. Así empezó todo. Desde entonces no he dejado de rayar cualquier cosa: desde los folios del juzgado hasta el cartón de las medias. Esto no se cura, así que lo mejor es vivir rodeada de letras.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Brindis al sol

lunes, 29 de diciembre de 2008
domingo, 28 de diciembre de 2008
La mujer de Lot

Virginia no soporta los días en blanco. Odia las horas muertas, las salas de espera, los callejones sin salida. Virginia es experta en llenar de puntos finales los párrafos de cualquier historia por interminable que sea. Domina la técnica de dinamitarse por dentro y sabe que todas sus relaciones están condenadas a muerte desde el mismo momento en que comienzan.Tal vez por eso se involucra en ellas, porque no arriesga, no aguanta la incertidumbre y sabe desde siempre que no prosperarán. Virginia fuma poco, procura hacerlo en sus intermedios solo porque considera que no hay mejor forma de ahuyentar los minutos baldíos que con un cigarro entre los dedos. Ahora acaba de encenderse el primero del día. Ha pagado la cuenta de su habitación, ha pedido la factura para desgravarse la escapada y aguarda antes de llamar a un taxi. Espera un final que sabe no va a llegar nunca. Con la primera calada trata de quemar su rabia.
Mira la maleta, el trolley que parece tan aséptico y que simboliza todos los viajes de esta historia donde ha suicidado su pasión.Dentro ha tirado el vestido sin estrenar y con el que imaginaba una cena la noche anterior; ni siquiera ha sacado de él los zapatos, las medias y el liguero de blonda que suelen guardar en sus mesitas de noche las mujeres normales y corrientes. Las que parecen acostumbradasa esperar. Como hace hoy ella. Se siente ridícula mientras alarga injustificadamente el momento de tomar una decisión. Tiene que llamar un taxi, llegar al aeropuerto, pasar el control y esperar que le sirvan un vaso de zumo. Nada más. No es demasiado difícil, pero en este instante se le antoja una odisea insalvable. Solo se repite que él no vendrá y mientras el cigarro se le va consumiendo entre los dedos imagina su corazón acribillado por balas de plomo. Todo lo que parecía amor ahora le produce cansancio.
Trata de recordar el deseo y las imágenes llegan con aristas de hierro oxidado.Tiene que irse, el dolor se está alargando demasiado pero no se mueve de ese rincón próximo a la puerta. Juega con la colilla, remueve el cenicero, se tizna las yemas de los dedos. Respira.Maldice. Se deja la esperanza de volver a verlo al otro lado del ventanal. Escucha todas las voces del mundo diciendo su nombre salvo la suya. La suya se le ha clavado en la nuca y el silencio la obliga a levantarse, otra vez, de nuevo, desencantada, tan asquerosamente de vuelta.
Pide un taxi.Hace frío. Busca unos guantes en el bolso y se mira las manos sin uñas, descarnadas y ahora grises, impregnadas de autocompasión. Arrastra el trolley y se queda quieta.Una palabra tuya bastará para sanarme. Una palabra suya. Solo una. El viento le llena los ojos de lágrimas. Nadie le dice nada. Cuando el taxista le avisa "Señora,va al aeropuerto, ¿no?" ella se ha convertido en estatua de sal, mira hacia atrás y no sabe cómo resucitarse de nuevo.
Sigo con Lionel
que acompaña a House, oh how I miss your kiss...
Honey come and save me
I’m so sorry
Wasting your time
When you are not mine
Hold on
Baby, hang on
It’s been so long
Since I saw your face
Oh how I miss your kiss
Oh ooo ooooh.
Slow down, wait
Don’t go now
Cuz I don’t know how
I’ve been sleeping
Without your breathing
Hold on
Baby, hang on
It’s been so long
Since I saw your face
Oh how I miss your kiss
Un regalo de Navidad
Your eyes have more power than vampires
You bit my mouth and then left me
On the floor shivering and aching for more
Your smile is more dangerous than reptiles
You shot your poison in my skin
And now I can’t get you out of my mind
[Chorus:]
Help me babe, I got a hole in my heart
My head is spinning I feel so high
Release me darling from this pain in my side
And please, freeze my senses with your kiss
Your lips more addictive than sugar sticks
Make me dizzy and so light I could fly
I think my brain has melted down
[Chorus]
So there, now that you know
That I care for you, yeah
Be fair cos I'm a fool in despair
And you got your hands round my neck
Lionel Neykov, Freeze my senses
Me arqueo como un gato cada vez q escucho esta canción. Ha llegado casi al final, durante los últimos días del año y ahora ya no puedo prescindir de ella. De lo mejor del 2008.
martes, 23 de diciembre de 2008
Preparativos
Quince días sin poder escribir en el blog con calma me están haciendo hablar de forma telegráfica. No sé quién soy: vivo sin vivir en mí.El monólogo interior que acababa recogido en esta pantalla se ha evaporado y ahora solo pienso en franjas horarias, como las de las horas en las agendas. La mía del 2009 se me aparece hasta en sueños llena de olvidos. Busco un espacio para volver a mis formas antiguas, para sentarme con los calcetines de cinco centímetros de grosor frente al portátil y perderme en el blog del Guaje, contestar a Isaac, Fran, Richi y leer a Agustín mil veces. Pero ultimamente y aunque la excusa ya no tenga sentido- la hemos desgastado- no he tenido tiempo.
Primero fue lo del proyecto, del que no quiero hablar hasta q no firme-confirme y cierre del todo, que espero q sea ya por mi corazón y mis uñas (ultimamente me las muerdo tanto que en lugar de falanges solo veo tuétano) pero del q contaré si puedo, porque me ha absorbido durante el último mes y medio. Después, continué con la operación "arregla tu casa" y me enrolé en una excursión a Ikea el viernes. Lo de Ikea tiene su jugo, porque como en la comunidad valenciana los empresarios del mueble se han opuesto a la entrada del imperio sueco nosotros tenemos que montar un convoy cada vez que necesitamos una librería lack o un sillón pjöang, y en ese sentido hemos desarrollado un protocolo germánico: haz la lista con catálogo- apunta referencias (hasta aquí todo más o menos normal)- consulta disponibilidad en las cuatro tiendas más cercanas (es decir, Hospitalet, Badalona, Murcia o Zaragoza)- alquila furgoneta- convence a amigo/a que te acompañe y no tenga miedo a conducir un trailer- haz bocadillos para el camino- pide el día en el trabajo para comer las auténticas albóndigas suecas y llegar a casa con un muestrario de ralladores poppies!!! Yo, desde que ibamos a Andorra para comprarnos las Nike y los Levi's- mi madre cargaba de galletas danesas, mantequilla president y queso de bola...cada uno a lo suyo- no he vuelto a sentir tanta ilusión por el consumismo en la vida. Tanta que eché de menos una aduana- pequeñita, pero aduana- al abandonar Teruel. Porque me sentía igual que a los trece años en la fila de coches tras un fin de semana en Andorra la Vella, con el coche tapizado de las bolsas de banderitas de Pirynees, las maquinas de juegos escondidas en la guantera, el casio reluciente y con la batería a punto de fundirse de tanto encender la lucecita y los Levi's con el dobladillo a mano:
- ¿Algo que declarar?.
- No, señor policía compruébelo Ud. mismo
Yo rezando, con el sudor frío del extraperlista, como me saque del coche me muero: soy el cuerpo del delito, parezco un tenderete de feria, lo llevo todo encima....Y nos daban alto. Una vez pasábamos la barrera yo gritaba a mi padre, dále gas, cooorre para que el Renault dieciocho se convirtiera en una nave espacial y despegara, no fuera a ser que el policía en el último segundo se arrepintiera. Qué fugitiva me sentía por unos segundos. Qué felicidad el lunes cuando llegabas al colegio con tu casio después de haberte peleado con tu madre por ponerte las nike wimblendon con el uniforme.Los restos de la hucha de cerámica aún rodaban por la habitación.
Pero ahora existe Ikea. Y eso es otro paraíso. Como llevaba más de doce meses estudiándome los catálogos en cuanto cogí la bolsa amarilla empecé a gritar los nombres de los productos, como si fuera una niña de San Ildefonso que no deja de sacar el gordo: ¡¡¡la librería Billy!!! No está en blancooooo¡¡¡La mecedora Lillberg!!! Nos la llevamos en abeduuuul. ¡¡¡El especiero Gröndtel!!!¡¡¡El especiero Gröndtel!!!¡¡¡El especiero Gröndtel!!!! Me-lo-que-do. Así hasta que encontré mi aparador Körssten y casi me arrodillo y rezo a Juncal Rivero. Menos mal que Antonio no había perdido el uso de razón y me lo impidió.
Las compras un éxito. La furgoneta daría envidia a los Chichos- aunque uno de los mejores momentos fue cuando sonó, gracias a mis cedés popurrí, "Carmen, Carmen" de los Chunguitos y Paula y yo echamos a faltar los pendientes de plástico y el delantal con bolsillos, para darle un toque de vidilla a la furgoneta ante el desmayo de Antonio que seguía aferrado al volante, eso sí más tenso- y podría haber llevado detrás media mudanza de los Beckham. Zaragoza ni la vimos, aunque a la ida se nos antojó muy lejos (tal vez porque nos paramos a desayunar en Calamocha y nos abdujo el escaparate que tenían montado en el bar para una rifa con los números de Navidad, hasta un coche había escondido tras unos jamones y varias latas de piña tropical...) y a la vuelta más cerca. El sábado me desperté de madrugada como si hubieran llegado los Reyes y con el eskijama puesto fuí desempaquetando cosas de pura emoción. Ya está todo montado. Ahora solo falta ordenarlo. Mi casa es un laberinto de cartón.Esto no se toca, con el sofá no se juega...las gatas bailotean por los suburbios, la, la, laaa
De golpe me encuentro en el día veintidós y empiezan a cantar décimos. Mi despacho está situado frente a una administración de lotería. No hay quien trabaje con un niño de uniforme en el oido medio. Así que ando trasteando con los plazos y la lista de regalos sin poner mucha atención. Me llama mi amigo Miguel q están en valencia, de vacaciones navideñas y me acerco para comer con ellos. Brindamos por el éxito de la novela sobre un arrocito a banda en la Pepica. Ni Manuel Vicent lo hubiera hecho tan nuestro. La Pepica es uno de los restaurantes más antiguos de Valencia, en la playa de la Malvarrosa. Mis abuelos ya iban a comer arroz allí. Sus dueños han tenido el gusto de mantener el aspecto inicial, con los azulejos y el ventanal a la playa. El arroz exquisito, con cuchara de madera y comiéndolo en la paella en el centro. Miguel y su familia, como siempre, para llevárselos a casa. Después le pido que me firme algunos ejemplares para regalar y aunque nos reimos porque ninguno de los dos nos imaginábamos en esa situación a mí se me saltan las lágrimas con las dedicatorias. Uno de los acontecimientos mejores del 2008 ha sido la publicación de su novela, "El hijo ausente". Se lo merecía, había mucho trabajo y mucho talento tras esas páginas.
Después me vuelvo a casa y encuentro a mi madre y a mi tia en la cocina, con la libreta de recetas de la bisabuela. Momento "Como agua para chocolate". El rellano huele a trufa y sigo el aroma hasta darme con otra cuchara de madera: "prueba"-ordena mi madre- y yo obedezco. Me veo transportada a la casa antigua de mi abuela, cuando yo jugaba con harina y agua mientras ella preparaba la carne trufada para Nochebuena. Hoy toca cocinar las pelotas de Navidad. Ahí entro yo en el terreno de juego. Como ese es el plato estrella de estas fiestas le dedico un post aparte. De momento sigo con los preparativos navideños. Que vosotros también los disfrutéis.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Patchwork navideño
I wanna wish you a merry xmaassss,
I wanna wish U a Merry Xmassss...
wowowowowoow
Felissss Navidad
(golpe de cadera, yeah!!!)
feliz, feliz navidad!!!!
ps:¿¿¿ quién es el cabrón q le compra las camisas a José Feliciano???
domingo, 14 de diciembre de 2008
El aperitivo de los sábados
Siempre era en el Eurosol, la terraza más setentera de las que aún permanecen en Benicàssim. Mi padre nos compraba un tebeo a cada uno, pedíamos fanta de limón, papas y leíamos los cuatro. Ahora me escapo allí cuando puedo- preferentemente en invierno, cuando es más decadente y está más solitaria- mantengo lo de la fanta (una clara, por ejemplo) y me doy a los boquerones. En verano aún hemos visto algún partido de fútbol entre gritos de fuera de juego y faltas. Sigue teniendo encanto, aunque sea tan kitsch, aunque ya no nos martiricen por la noche con las versiones de un dúo musical.Tal vez sea porque allí los perfiles nunca cambian, como los camareros.El cielo es el del mediodía, la luz sí que es diferente. Eso es lo bueno.
¿Me sacas a bailar?

Propongo corromper al puritano,
Nada de margaritas a los cuerdos,
La vida no es un blog cuadriculado
Se aconseja dormir a pierna suelta
La rana esconde un príncipe encantado,
Y jugar por jugar
Conviene entrar penúltimo en la meta
Por qué no doctorarse en cremalleras
Hacen falta cosquillas para serios,
En la "d" de contradicción

Vuelvo a Carmen C.:
Estrategia poética"
sábado, 13 de diciembre de 2008
La sonrisa ancha
Astrud me gusta. Me gusta tanto como para partirme la siesta y los planes y acercarme a sus conciertos sola, de incógnito hasta de mí misma, en el FIB. Me gustan sus letras("Los novios instantáneos", "A mí me pasa lo mismo", "La boda") sus títulos ("Todo es lounge, pero mi vida es Lynch", "Noam Chomsky") sus versiones ("Algo cambió", "El bello verano"), los taconazos de Genís, los artículos de Manolo...y estos vídeos que se encuentran por youtube, con rarezas.
"Te recuerdo Amanda" de Victor Jara es una de las canciones que siempre me pone los pelos de punta. Es una historia tan bien narrada que cada vez que la escucho espero que no termine así, que no llegue el minuto en que Manuel desparezca. Estremece lo de "la vida es eterna en cinco minutos". Cuántos cinco minutos guardamos cada uno de nosotros que hayan cambiado nuestra vida. Lapsos de tiempo en los que el destino se ralentiza y pasa la moviola del pasado y futuro (los recuerdos de lo no vivido) por debajo de nuestros párpados. Las manos de Victor Jara entre un montón de cuerpos. Leí que su viuda reconoció el cadáver por las manos. Es lo mismo que identificarlo por su amor, por todas las caricias que te han regalado unas manos.
Me gusta "Te recuerdo Amanda".Me gusta el presente en el que se desarrolla, desde la memoria, esa canción, con la esperanza de que salga Manuel y vuelva a abrazarla.Su pelo mojado. Me gusta que Astrud haga esta versión de Victor Jara. Y que la saquen a la calle, en mitad de los semáforos, a guitarra y flauta.
Me gusta que duren las sonrisas anchas.
jueves, 11 de diciembre de 2008
Greguerías de Carmela

"Calladita estoy más triste"
miércoles, 10 de diciembre de 2008
That's how it goes
Everybody knows that the dice are loaded
Everybody rolls with their fingers crossed
Everybody knows that the war is over
Everybody knows the good guys lost
Everybody knows the fight was fixed
The poor stay poor, the rich get rich
Thats how it goes
Everybody knows
Everybody knows that the boat is leaking
Everybody knows that the captain lied
Everybody got this broken feeling
Like their father or their dog just died
Everybody talking to their pockets
Everybody wants a box of chocolates
And a long stem rose
Everybody knows
Everybody knows that you love me baby
Everybody knows that you really do
Everybody knows that youve been faithful
Ah give or take a night or two
Everybody knows youve been discreet
But there were so many people you just had to meet
Without your clothes
And everybody knows
Everybody knows, everybody knows
Thats how it goes
Everybody knows
Everybody knows, everybody knows
Thats how it goes
Everybody knows
And everybody knows that its now or never
Everybody knows that its me or you
And everybody knows that you live forever
Ah when youve done a line or two
Everybody knows the deal is rotten
Old black joes still pickin cotton
For your ribbons and bows
And everybody knows
And everybody knows that the plague is coming
Everybody knows that its moving fast
Everybody knows that the naked man and woman
Are just a shining artifact of the past
Everybody knows the scene is dead
But theres gonna be a meter on your bed
That will disclose
What everybody knows
And everybody knows that youre in trouble
Everybody knows what youve been through
From the bloody cross on top of calvary
To the beach of malibu
Everybody knows its coming apart
Take one last look at this sacred heart
Before it blows
And everybody knows
Everybody knows, everybody knows
Thats how it goes
Everybody knows
Oh everybody knows, everybody knows
Thats how it goes
Everybody knows
lunes, 8 de diciembre de 2008
Debajo del puente
Antes de levantar la cortina y mostrar qué se esconde tras estos tres días de puente, tengo que pedir disculpas: He escrito este post dieciocho veces y creo haberlo colgado en cuatro ocasiones. Si alguien se ha visto salpicado en sus RSS por culpa de mis dudas y la afición a darle antes de corregir al botón azul que me perdone y desactive en actualizaciones. Pero sobretodo que me lea con paciencia, no se le vaya a atragantar.He vuelto a caer en mis redes: yo soy muy de escribir y tachar.
2. Estos días, después del caos operativo de las últimas semanas, han sido unas pequeñas vacaciones con amigos, siestas, trabajo y un concierto. Empezaron el viernes con cena en casa de Paula y Migue, ya de vuelta de la Costa Oeste, quienes nos enseñaron las fotografías del viaje entre mojitos. Me quedé flipada con la cantidad de focas que se agolpan en los pantalanes de San Franciso. Si me he de reebcarnar proximamente ya sé qué naturaleza adoptar: foca en Morro Bay. Comeré cuanto me apetezca, seré brillante y resbaladiza, y al atardecer quedaré con toda una colonia de primos segundos para charlar y tomarnos unos tragos sobre las pasarelas del puerto. Seguro que cualquier noche suspiraré y me arrastraré hasta la punta para ver el rayo verde.
3. El sábado fuimos al concierto de Francisco Nixon en valencia, en la sala Wah Wah. En realidad el sábado fue la noche en que conocí a Nínive Drake, algo que me ilusionaba tanto que estuve toda la mañana nerviosa dando vueltas alrededor de las gatas. Hicimos una pandilla de avatares para ver a Richi y a Fran, de ahí la dificultad que tiene este post: tantas emociones juntas me hacen una cortina de nudos en la garganta. A ver quién me dice cómo salir del atasco. Nínive es tal y como yo la leía. Mejor porque es real. Aunque cuesta creerse que alguien tan inteligente, honesta y dulce exista y además viva cerquita. Me encantó que cenáramos con ella y con n., otro sol.
4. El concierto fue estupendo. La luna no era la de Endor, sino la de Valencia y los que allí nos reunimos no formábamos parte de la Alianza Rebelde, sino que solo llevábamos sus avatares: ( esos nombres ficticios con lo que nos movemos por la galaxia blog) pero había algo de irreal en la noche. Al llegar llovía. Nos cruzamos con Fran cuando íbamos a comprar la entrada. Costaba reconocerlo porque se resguardaba de las primeras gotas con la capucha de su trenca. Parecía un caballero Jedi: Obi Fran Kenobi. Una vez en el escenario su voz sonó mejor que nunca.Lo cierto s que fueron los dos, Richi y él, los que sonaron como nunca. Richi ha crecido: estuvo rotundo, seguro con sus letras, ("Banderas rojas" ya es un manifiesto; la ternura glaciar y sinestésica de "Amor bajo cero", se ha convertiedo en el mejor cómic romántico; hay mucho talento en este profesor de filosofía, ya se verá...) y como compinche, es tan de verdad que a nadie le extraña que Fran se confiese con el micro: "Tú sigue, que yo me emociono luego". Pondrá como excusa la letra de las canciones, pero en realidad se pone nervioso al recibir tanto afecto (interpretación de Evarosaquintana, de sofá y rulos por la mañana).Los avatares- muchos de ellos reconocibles por facebook, ese invento demoníaco- nos las sabíamos todas: las antiguas, las de la Costa Brava y las que aún están por estrenar. Nínive bailaba a escondidas, los perdidicos se habían adueñado del fondo sur, Guialven -cada vez más vikingo- observaba desde su musicoscopio arropado por las majoneys de Onda (besos para sigronet: le echo de menos en los conciertos y espero verle muy pronto, haciendo los coros con Elia) y cada uno se apropiaba de la canción, la refería a una realidad distinta, incluso nos atrevíamos a cambiar las letras. Yo me preguntaba qué nos unía a todos. Miraba a mi alrededor y encontraba las miles de especies que se reunían en la cantina de Mos Esley, en la primera parte de "La guerra de las galaxias". La respuesta es sencilla: nos unen sus canciones, su forma de concebir la realidad. Estas son nuestro mínimo común múltiplo y nuestro máximo común denominador. Sin embargo nadie tiene dos interpretaciones iguales de su repertorio.Cada uno hace propia la canción, cada uno traza su mapa del concierto. El de Fran estaba guardado en su moleskine, donde dibujaba el tracking este Fran Estrella. Hoy escribía en su blog que antes de cantar estaba nervioso, sin embargo, yo cuando le escuché pensaba que había vuelto lleno de serenidad y de fuerza. Por eso mi primera crónica comparaba el concierto con el retorno de un Jedi. Después lo borré porque me entraron los miedos escénicos y no conseguía subir "Natalia Verbeke" para disimular mi lado oscuro de fan.
Termino este post y dejo aquí el esquema. Hoy es un mal día para los aniversarios. Hace un año se nos metía en la sangre el frío de un hospital. Ayer llamé a Antonio por la noche para decirle lo mucho que me gusta tenerle tan cerca. Hay veces que se nos escapan las oportunidades de expresar ese tipo de cosas y luego lo lamento. Yo me echo mucho la culpa de no haber disfrutado más del tiempo con algunos amigos que no están. Por eso hay que celebrar los momentos dulces y correr los riesgos que nos avergüenzan (asaltar a Richi con el libro y un camión lleno de cariño, me faltó sacar de la cesta una gallina, un queso tierno y un flan) sin perder el sentido de la realidad. Entenderéis si alguno ha seguido la evolución del post q le haya dado al corto y pego: es mi propio factor de autocorrección.
ps: sé que suena a hacer la pelota, pero es sincero, yo eché mucho de menos a otros costabravistas y blogueros como Guaje, Groucho e Isaac.
jueves, 4 de diciembre de 2008
De categoría

martes, 2 de diciembre de 2008
Queso de plastelina (o plastilina de quesos)
Ultimamente mi cerebro está más dividido que una caja de "La vaca que ríe". Eso quiere decir que no funciona con la precisión germánica que yo desearía, sino que intenta ocuparse de compartimentos estancos y termina guardando los calcetines en el cajón de la verdura del frigorífico. Lo que significa que estoy cercana al caos, pero no a punto de explotar en el cosmos, sino a convertir la ficha del trivial de la que acompaño imagen (así me imagino mi cerebro) en bola de plastelina. De ahí que en las últimas entradas haya echado mano de canciones, poemas y vídeos varios. Intento hacer un collage con lo que se me va ocurriendo cada día, pero acumulo borradores de posts que probablemente no colgaré nunca porque perdieron su minuto de gloria y ya están desfasados. Me consuela la productividad de algunos bloggeros en cuyos callejones me pierdo. De no ser por ellos empezaría a plantearme si esto es el principio de la caída del imperio blogspot que a mí tanto me gusta. Tal vez lo que tenga q preguntarme a partir de ahora es si me quedan ideas, puede que con tanto ajetreo mi cerebro sea un conjunto vacío. A ver qué hago entonces con los quesos de plastelina. Jugar con Aíto y con Mar, que es lo que mejor se me da ultimamente.domingo, 30 de noviembre de 2008
Los discursos del pintor de brocha gorda
"Ya sé que sólo agrada
quien es feliz. Su voz
se escucha con gusto. Es hermoso su rostro.
El árbol deforme del patio
denuncia el terreno malo,
pero la gente que pasa le llama deforme
con razón.
Las barcas verdes y las velas alegres de Sund
no las veo. De todas las cosas,
sólo veo la gigantesca red del pescador.
¿Por qué sólo hablo
de que la campesina de cuarenta años anda encorvada?
Los pechos de las muchachas
son cálidos como antes.
En mi canción, una rima
parecería casi una insolencia.
En mí combaten
el entusiasmo por el manzano en flor
y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda.
Pero sólo esto último
me impulsa a escribir"
Malos tiempos para la lírica, Bertold Brecht.
La canción, un clásico de Golpes Bajos, de idéntico título.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Avvocato
Siempre nos queda una esperanza, aún cuando la crisis aprieta. Paolo Comte era licenciado en derecho y aficionado al jazz, y aquí lo teneis con su "Gelato al limón". Me envían un saludo con una frase q merece ser resaltada "las pasiones- se refiere a la literatura- nunca desfallecen". Me gusta mucho esa idea, me alegra el saludo. La pido prestada para este sitio. A menudo tenemos que coger mil carreteras secundarias para encontrar nuestro sitio en la vida, pero yo también soy de las que piensan que el instinto nos va dirigiendo hacia lo que realmente nos llena. Es viernes y me espera un fin de semana lleno de trabajo y de letras, pero me gusta lo que me está provocando este caos temporal: los libros. Preparo otro cuento para una exposición en enero y tengo que seguir buceando en la mal llamada "generación Nocilla". De ahí que ande medio fragmentada, intertextualizándome y rebelándome contra mi lado afterpop. Mientras fuera se ha aposentado el invierno.Espero no quedarme "pajarito".
martes, 25 de noviembre de 2008
Nacional, veinticinco por ene
Hoy he hecho como las grúas que estaban junto a la carretera: me he puesto a mirar hacia otro lado. "Que sale el sol y brilla que es un gusto en invierno- se decían a sí mismas las grúas- pues nosotras le damos la espalda. Hasta que no nos consideren las flores más coquetas del pavimento con nosotras que no cuenten". Las grúas de colores reivindicaban sus derechos mientras yo casi me estampo con el coche. Es veinticinco de noviembre, día de las mujeres maltratadas y todas nos miramos por dentro, como si no pasara nada.Pero en el fondo sabemos que es mentira, que algo sucede. la violencia además de ser género va en contra de nuestra condición de mujer y por eso no nos da la gana continuar callando. Pero ahora que ya nos escuchan, ahora, ¿es necesario gritar desde lo alto? A mí es que me matan las dudas porque, entre tantos actos y lágrimas de partido, entre tanta desconfianza ante la ley cada vez que nos asomamos al telediario, las mujeres parece que queramos olvidarnos de los hombres. Que busquemos apartarlos de nosotras, marcar aún más las diferencias que ya nos hemos aprendido, para después alejarlos. Yo ya estoy harta de hablar de igualdad sin ellos. Si vuelven a hacer otra ley que parta de un precipicio la feminista que llevo dentro se convertirá en gorila y bramará. "Que hay de todo, ¡¡¡de todo!!! Hombres femeninos, mujeres camión, personas confusas...y de mañana, si no vas muy rápido, por la nacional 340 flores grúa..." Hasta que no nos convenzamos de eso, yo me voy a poner de espaldas. Me duele, porque me hace falta un poco de sol este invierno.
lunes, 24 de noviembre de 2008
Algún día
Algún día terminaré algo. Algún día cumpliré lo que te dije. Algún día no defraudaré tus expectativas.
Habían apartado su centro de rosas y se acercó para arrancar una. Se salió de la fila y quiso volverse transparente, pero sólo era invisible a la hora de recibir afecto y escuchó el reproche mudo de su madre. Escondió la flor en el bolsillo de la chaqueta, para que borraran el gesto. Le dolieron los dedos y un poco más adentro.
La abuela llevaba más de seis años muriéndose, pero aquella mañana nunca llegaba. Ninguno, al menos de forma pública, lo deseaba- o sí, quizás todos necesitaban que llegara ese día para separarse y lo escondían en los huecos de palabras- y mientras se alargaba su respiración asistida vivían con esa sombra sobre la cabeza. Ella sí. Ella hubiera preferido que su muerte hubiera tenido lugar hace mucho tiempo para no perderla de aquella forma; para no manchar su recuerdo con la esperpéntica imagen de la agonía; para verla en los sueños fuerte y enérgica como siempre se había mostrado, y no añadir al eco de su voz aquellos gritos de angustia, de miedo ante el vacío en el que se hallaba sola. Ella hubiera querido matarla antes, ahorrarle el epílogo, pero no podía hacerlo y había vivido con su cuerpo descarnado convertido en remordimiento.
Porque las llagas, los momentos de coma, las pupilas dilatadas, todas aquellas bromas crueles con las que la muerte jugaba, las hospitalizaciones sin alta, las sopas que no tragaba, todas esas señales del final que como humo se escapaban de sus días, le estaban robando el recuerdo de aquella mujer a la que seguía queriendo y ese hurto la rebelaba contra el innecesario paso del tiempo.
Su abuela había ido degradándose lentamente, tan poco a poco, que ella, siempre que al despedirse la besaba le parecía encontrar en ese gesto un cierto aire sacramental, como si cada caricia tuviera que llevar atada la coletilla de la última vez que lo hacía. Pero nunca lo era. Se acercaba a la silla de ruedas, le tomaba la mano como quien sujeta un zapato de cristal y le susurraba su nombre. La mujer no se movía. La mirada se le había descolgado en un punto desconocido del pasado y lo que fueron un día unos ojos llenos de palabras parecían nadar deshechos en una piscina de un azul pegajoso. Pero ella se acercaba cada tarde, como si todas fueran una despedida y la besaba con la misma tibieza, tratando de animarla para dar el último paso, mientras maldecía la decrepitud de aquella ausencia de gestos y cerraba los ojos para no verla convertirse en estatua de sal. Pero la verdad olía, gemía y se mostraba rabiosamente cierta, gritando colores, hedor, silencio y ella se tragaba lo que no quería ver y se mordía los labios para hacerse sangre y llenarse de dolor, para notar algo más caliente que el tacto de aquella carne que estaba muriéndose entre sus manos.
Y después, al cerrar la puerta de la casa donde guardaba los juegos de su infancia, imaginaba que aquella era la última vez que la dejaba a su espalda, enterrada sin caja, y ese deseo la reconfortaba porque ya no quería verla pudriéndose entre sus sombras. La tarde antes así lo había imaginado y por eso el teléfono no la sorprendió, muy al contrario, su timbre casi la alivió. Soñó que la llamaban para decirle que había nacido una niña y su propia fantasía la estremeció. No sabía bien qué hora era, pero esperaba todas las palabras que escuchó. Las había vivido antes, se las decía hacia dentro, conjurando a la muerte que se desperezaba a los pies de aquella cama de vieja, así que no le parecieron extrañas, sino lentas. Y entonces, al descubrirlas en la voz cansada de su madre, repitió la escena tantas veces ensayada, pero no lloró. No le parecía real después de todo ese tiempo.
No pudo recuperar el sueño, pero tampoco quiso tomarse un tranquilizante, ni lo pensó. Quería aprender a vivir su ausencia y prepararse para lo que su hueco comportaría en su existencia. Ella había sido, aún era, una de las personas más importantes de su vida y deseaba permanecer despierta a contrarreloj, recordándola, recogiendo sus frases, buscando en otras épocas, imaginándola en su juventud. Quería celebrar su duelo.
Las horas pasaron rápidas, pero insoportablemente frías. Ella no se movió de la cama y su cuerpo se fue quedando helado pese al nórdico, las mantas y lo que tenía encima. Fue la radio quien la sacó de aquel encierro de escarcha y le pareció grotesco amanecer con una cumbia a un paso de la Navidad. Tras desayunar náuseas con café Carmen se puso un jersey negro, unos vaqueros y se fue hasta la casa de sus padres. Allí estaba esperándole la realidad.
En la cocina se desdibujaban las horas. Su madre, llena de actividad, quebraba la lentitud de una mañana sin contornos, húmeda y oscura. La besó levemente, de pasada, y ella notó como su mejilla se helaba tras el gesto. Cuándo se rompió el espejo; cuándo se congeló el cariño en nuestro cuento, mamá, cuándo. Nadie hablaba mucho. Los silencios se comían los recuerdos. Formó filas junto a las cazuelas y se dejó organizar el luto, sin saber porqué se sentía tan ajena a aquel cortejo fúnebre.
Salieron hacia el tanatorio con una puntualidad exquisita y durante el viaje imaginó que se marchaba al círculo polar. Desde ese momento su ciudad se convirtió en un mar de glaciares.
Al morir era tan pequeña que podrían haberla enterrado en la funda una guitarra. Fue lo primero que pensó. A ella le hubiera gustado más que aquel ataúd de cerezo brillante, tan correcto y frío como la habitación de un hotel de tres estrellas, y hubiera buscado el eco de “Caminito” por las esquinas de terciopelo rojo. Estaba segura. Durante los últimos meses, cuando apenas hablaba, solía cantársela a media voz mientras le desinfectaban las llagas – no muy fuerte, tratando de evitar que el médico de turno le oyera y girara un volante a su nombre para el psiquiátrico más cercano- y ella intentaba disfrazar su miedo, o eso le parecía, dibujando una media sonrisa al llegar al estribillo. Pero no le pudo regalar esa melodía arrabalera para la cura definitiva porque llegó tarde, como siempre, y la muerte les había puesto un tanatorio como escenario de nuestra última actuación y había llenado su despedida de público.
No quiso mirarla a través del cristal, prefería conservar la levedad de su mano en su palma, y no congelar su recuerdo con la imagen de una mujer maquillada y torcida que ni siquiera sabría reírse como lo hacía la abuela, con la boca llena de olas. Así que entró y escondida en sus ropas de cuervo consiguió confundirse con nadie, o lo que era lo mismo, entre el grueso de viejos desconocidos que aparecían por allí. Afortunadamente las primeras horas de día eran de tráfico intenso y casi todos los de esa rara especie de familiar estaban rodeados de gente. Imaginó que intercambiando pésames y frases planas como guiones, tartamudas como el comunicar de un teléfono, bocadillos de un cómic que para ella eran imposible en aquel día sin palabras. Buscó un rincón y se sentó para contarle su despedida. Quería llorárselo todo con la misma lentitud con la que le confesaba sus secretos desde que era una cría y ella le interrogaba frente a un plato de macarrones y un vaso de vino con gaseosa o de suero de la verdad. Porque en esta tardía ocasión era la nieta quien le guardaría el secreto, quien le arroparía y borraría su miedo, quien la cuidaría. Y le había costado llegar hasta allí para regalarle ese momento de calma toda una vida.
Quién heredará tu voz. Fue lo único que acertó a preguntarle. Después el calor de aquella sala de hotel de muertos, las voces de las mujeres que rayan historias, el muestrario de coronas sobre la mesa, los bloques de hielo de los abrazos que faltaban, el murmullo de los años enterrados, el caos de la irremediable ausencia…todos aquellos gestos desenfocados la asfixiaron y sintió la náusea llenar su cuerpo.
Apenas pudo llegar a casa. La bruma la condujo, un día más tarde, hasta el cementerio. "
sábado, 22 de noviembre de 2008
Etiquetas

Viernes, 13.30hrs: Despega el fin de semana. Abro el armario y me encuentro:
viernes, 21 de noviembre de 2008
El futuro en una taza de té.
Mi canción.
Enloquezco.
Me doblo como el del teclado.
No salgo de este video en todo el fin de semana.
Palabra de blog.
jueves, 20 de noviembre de 2008
Aviso de bomba
Los trenes de los deseos
Me desborda este hombre: en el pasado, en el presente (vacaciones en Castellón) y seguramente me desbordará en el futuro.
Aún así: qué despedida más digna.
martes, 18 de noviembre de 2008
lunes, 17 de noviembre de 2008
Asilo en Pekín

domingo, 16 de noviembre de 2008
Tinitaneando (anchoas con pimientos)
"...Yo miraba al castillo
y me creía Franz Kafka,
y escribí una canción
que acabé en una tasca.
Pudo ser un amor del montón,
pero todo el montón era mío..."
"Del montón", Sr.Chinarro.
"Es una lata lo de ser bohemio"
Sr. Mostaza
Cuánta razón escondida tras unas gafas de pasta: es agotador lo de ser bohemio. A mí, como dice Belu, no me da la vida. No me da la vida para tanta bohemia. Y menos en Castellón, que es tan pequeño. El jueves por la tarde, mientras cerraba un expediente en el despacho llamé a uno de mis amigos del Teatro, Nacho:
Él: Y tú, ¿no tanetineas?
Moi: Yo sí, pero hoy...¡uf! Me da un cansancio...
Él: Pues va a estar chulo. En las pruebas sonaba muy bien.
Moi: Ya. (sonrisa al revés)
Me vuelvo a casa, tengo que crear- que no me creo nada- algo que me da aún más cansancio. "¿Y tú qué haces? Soy comisaria de exposiciones de macramé. No sabéis lo que me cuesta. También hago unos documentales preciosísimos con la oveja negra de chapa que tengo en el llavero del coche y el gato manga de ojos morados que me abre las puertas del piso." Qué tranquilidad saberse creativo. Ahora ya respiro mejor...
La ausencia de ansiedad y ese refuerzo positivo que la bohemia regala (a cambio de cupones en las revistas culturetas) me convencen para que el viernes estrene la capa negra- mi regalo de cumpleaños-y me disfrace de ...¿Darth vather?¿Emily the strange? Así ya me atrevo a entrar en el Casino a la hora del aperitivo, para cusiorear y familiarizarme con el ambiente Tanned Tin Festival. Llego tarde-¿acaso alguien esperaba otra cosa de mí?- y del concierto matutino solo quedan los restos.A saber: bafles sueltos , cables que componen figuras extrañas y el chico negro de "No disparen al pianista" acodado en la barra del bar. Hay pocos festivaleros y la mayoría de fuera o ingleses (que son un poco más de aquí porque desde que los Morán vendieron el FIb veranean por estas costas). No reconozco a ningún lugareño y si hay algún vecino debe estar camuflado como yo, que con este corte de pelo, los labios rojos Bettyboop y las rayban Jackie que me he calado parezco,en lugar de poppy o gótica, Melanie Griffith en "Algo salvaje", pero en invierno y sin Jeff Bridges. Porque evito el alcohol (una manía nueva) y me aprietan las botas rojas me vuelvo a mi habitat: calle Mayor, plaza MªAgustina, comida con papás...
Pero él sábado lo intento de nuevo: convoco a mis amigas del colegio en el bar del Casino a las 12.30. Comienza la cita con llamadas telefónicas llenas de incredulidad y dudas: "¿Nos tenemos que arreglar? Es que como hemos quedado en el Casino...""¿En el casino?¿Estás segura? Si mis padres van ahora para allá...""¿Me llevo el DNI? ¿Tú no crees que es un poco pronto para apostar?". Zanjamos el tema con aceitunas partidas, cervezas y papas. Vienen con los niños. Bueno, con uno de los niños, Óscar- otra debilidad- que me pregunta por un juego de la play. Mientras esperamos que Mary Hamptons se haga las coletas Óscar y yo mantenemos una enriquecedora charla sobre superpoderes. Él dice que el héroe que más le gusta tiene el superpoder de pillar desprevenido a la gente. Me gusta ese poder, le pregunto que cómo lo hace: "Pasando desapercibido" me contesta con toda naturalidad. Evidente, vamos. Después su padre me confesará que mi contertulio tiene un superpoder- tápense los oidos los que no aguanten ni una mota de escatología, que esta es infantil, pero me gustó una barbaridad- dice que se tira unos superpedos que ahuyentan a cualquiera. Óscar se rie. Yo aplaudo a rabiar.
Subimos al primer piso, confundidos entre hordas de tannerstinners. Este año se desvanece la pandilla de Scooby Doo y el pelo de Screech en "Salvados por la campana" ya no se lleva; este año ellos han dejado crecer sus barbas y les han pasado a sus chicas las camisas de leñador, que estas, tan creativas, ajustan a su cintura con tiras de cuero. Se me ha pasado la edad para estar al día. Volvemos a la máxima de Belu, no me da la vida para seguir las tendencias (con criterio, of course!). Mary Hamptons nos pide después de una canción más larga que "La sombra del pájaro lira" de Andrés Vicente ibáñez- no sé porqué relacioné música y voz con este libro- que le hagamos los acompañamientos con las llaves de casa y todos los tannerstinners, pese a estar de vacaciones, las llevan puestas. Se crea un efecto de cortina con cuentas de cristal. A Óscar le gusta muchísimo: este niño augura un futuro brillante y ecléctico. Lo que pasa es que tiene tanto entusiasmo que bate mis llaves de casa con la rabia del guitarrista de ACDC y nos lo tenemos que llevar en volandas de allí, porque a los tannertinners que les estropeen la fantasia de caminar por Oklahoma les molesta. Y tienen razón. Bajamos otra vez al bar y allí seguimos con el aperitivo. El chico de " No disparen al pianista", Johann Wald, sigue acodado en la misma esquina. ¿Será de cera? No, descarto mis dudas tras verle zamparse un montadito y cahrlar con una chica guapa vestida- cómo no- con camisa de leñador y flequillo. La modernidad se nos agota entre los hielos del vermú así que descendemos a lo provinciano y nos vamos a las tascas- callejón sobresaliente en vasos de plástico y tapas- para probar las setas con virutas de jamón y huevos rotos o el solomillo con patatas a lo pobre y foie que hacen en la guindilla. Lejos de la onda expansiva de EP3 nos zampamos los platos y hasta mojamos con pan; así nunca llegaremos a nada, me digo, los modernos- sea del ramo que sea- en un noventa y nueve por ciento están delgados. Delgadísimos. Ignoro su dieta, pero a mí tampoco me da la vida para seguirla.
Regreso al festival ya de noche, cargada con varias bolsas de la FNAC. Siento hacerles publicidad gratuita, pero les agradezco que no piensen en ampliar franquicia en Castellón. Su expansión sería mi bancarrota.La FNAC (perdón que consulte una duda : ¿es la o el FNAC?) es a esta etapa de mi vida lo que El Corte Inglés significaba en mi infancia: excursión a Valencia, descubrimiento del consumismo compulsivo, inyección de felicidad con bolsa de plástico. Otro día hablo del paralelismo entre ir a Andorra (infancia) y escaparse a Ikea (afteradolescencia). Entre mis tesoros el libro de Eloy Fernández Porta, "Homo Sampler" que me está llenando los ojos de ventanitas. Lo dejo en el coche y busco asiento libre en el patio de butacas. Antonio Luque se presenta con guitarra y camiseta negra, como en el vídeo, mientras a mí me cede un chico simpatíquisimo su silla en la fila siete. Se apagan las luces y la chica que está sentada a mi lado saca una libreta y comienza a escribir como una posesa. Me cohibo y mi moleskine da latidos en el bolso: un soplo de aire fresco por el colchón/ y al poco una quietud sorprendente. De repente padezco, más allá del síndrome de Stendhal, el síndrome Teletubbie: me dan ganas de entrar en el mundo del que salen las canciones de este Sr.Chinarro. Cuando casi al final termina con una de mis favoritas- el rayo verde- se me pone la carne de gallina y el pulso se desboca. El escenario sigue oscuro y sin embargo yo veo, tras la figura rotunda de este Aute popero (a mí la voz me recuerda a la de Aute, que nadie se indigne), la ilustración de mi libro de Julio Verne de la infancia. Salgo de allí hechizada y abrazada al disco de vinilo: "Ronroneando". Me despido de mis amigos que siguen trabajando entre bambalinas: están cenando después del concierto de Antonio Luque y me cuentan los entresijos del festival.
- ¿ Ves a aquel tipo del sombrero? Sí claro, el que está al lado del inglés que parece sacado de "Little Britain"...lleva tres días sentado en esa silla- entre la puerta del restaurante y la barra- bebiendo vino tinto. Aún no ha tocado.Veremos qué hara...
Al día siguiente tras una jornada intensiva de vida familiar regreso al teatro y a los pobres vigilantes de la puerta ya no les caben más artistan emergentes en las bolsas de los ojos. La de seguridad me dice:
- Yo cuando llego a casa solo pido silencio.
Me invitan a una cerveza en el barstage y digo que sí a cabezazos. No me vendrá mal: en unos minutos escucharé a Nacho Vegas. Tengo más curiosidad que ilusión. A veces me agotan sus canciones eternas. No me da la cabeza para tanta profundidad, lo siento. Aunque asimilada por los colaboradores del tanned tin, no consigo ni estrenando vaqueros confudirme con una festivalera más. Me faltan mis medias de colores (Cañizares style, yo las utilizo para ir al juzgado, por provocar y dar color entre tanto negro de toga) y me sobran diez kilos.Lo primero tiene solución, lo segundo no lo consigo ni aunque empiece hoy un régimen para la edición del año que viene. Me gusta demasiado la buena vida, lo sé, aunque no me asuma. El músico de "Little Britain" se acerca al grifo de la cerveza y saluda a mi amigo. Yo abro mucho los ojos, me hace ilusión ver a alguien conocido. Le saluda con un "¿Cómo estás?" lleno de "th". Mi amigo le contesta sonriendo, mientras el inglés fulmina el contenido del vaso en un flus me sopla:
- Este lleva cinco días en el bar de aquí al lado comiendo solo anchoas y pimientos.
Le miro hacia arriba- es alto y rubio, claro, como la cerveza- sigue sonriendo. Tal vez esa sea la fórmula de su delgadez extrema. O tal vez sea un conjuro para que su actuación sea un éxito. O puede que sea un vikingo, en lugar de inglés como pensábamos, y esté acostumbrado, tras generaciones y generaciones de salitre con descubrimientos al salazón. Su amigo con el tinto, este con las anchoas y pimientos: la modernidad me está desbordando. Apuro la cerveza y mientras bajamos me cruzo con Nacho Vegas: no le reconozco, así que Nacho me apunta con un codazo.El hombre que no conoció a Michi Panero ha sonreído. Por esa sonrisa aguanto todo el concierto sin torcerme.
Me recompone la energía sin pantanos de "Munch Munch" un grupillo de adolescentes de Bristol que nos ponen a bailar a todo el teatro (MUNCH MUNCH WILL PLAY ANYWHERE: PARTYS WEDDINGS BAR MITZVAHS BAPTISMS INTERVENTIONS EXORCISMS SLEEPOVERS ) En cuanto termina su concierto salen al hall y revientan el merchadising con sus singles, cedés y camisetas. Sonríen encantados de la vida, eufóricos mientras la gente corea en pequeños grupos su nombre. Comienzan las despedidas, las camisas de cuadros se van apagando. Yo misma me noto cansada y eso que solo he presenciado cinco o seis conciertos. No me dan los años para ser bohemia, lo noto en la forma en que me escapo mientras actúa el penúltimo grupo: no dejo de pensar en las cosas que tengo que hacer esta semana, repaso la agenda del despacho, hago cálculos sobre lo que necesito de Ikea, confecciono la lista de los correos por enviar...
De vuelta a casa el amarillo de las farolas me pega en el cuello- cómo no - bocados de realidad. La Calle Mayor huele a hervido. No hay ni una sombra en la Plaza MªAgustina. Una señora baja la basura con batín en mi calle. Mi casa está tan fría que necesito la calefacción. No me da la vida para ser bohemia. Ni siquiera me da, Belu, para escribir posts más cortos en el blog.
Lo siento.Buscaré en el armario de mi hermano una camisa de leñador, como penitencia.
viernes, 14 de noviembre de 2008
Mi desayuno favorito
Con nocilla y la Costa Brava de fondo. Empieza el fin de semana y mañana...¡Sr.Chinarro!
Percances y carreteras

¡Por fin otra vez es viernes! Menuda semana...Me he ausentado del blog durante estos días porque con todo lo q pasaba a mi alrededor y de lo q no podía sustraerme me hubiera salido una crónica de sucesos en lugar de un post. ¿Escribe Ud.un blog de autoayuda? Pues no, vaya, intento no dar la paliza y no autoayudarme en público, pero a veces la mano se me escapa y bueno, ya se sabe... Acontecimientos, reveses y golpes de gracia- de todo ha habido- también momentos esperados y sorpresas sin chistera. Buff, estoy agotada...Lo mejor, sin duda, la cita del miércoles: valencia- con minúsculas- nueve y media, salón de grado. Proyecto de ampliación de la Ronda Oeste. Antonio defiende su trabajo en power point. Sensibilidad en los pasos de cebras, buen gusto en las barreras de para evitar la contaminación acústica y metáforas en las rotondas. Elisa, Manolo y yo (la familia) temblamos en nuestras sillitas mientras él expone su proyecto. El tribunal anota, se despereza y le regala piropos cuando termina: "Un lujo". Después abrazos, fotografías y café con leche o capuccino en los italianos del politécnico. Qué envidia de universidad. Cómo me hubiera gustado a mí ser de ciencias puras, hacer una carrera de estas complicadísimas y no salir nunca de un aula. ¿No hay gente que decide pasar el resto de su vida en un aeropuerto? Pues yo preferiría pasarlo entre el césped y los edificios berlineses de este campus. No me plantearía el síndrome de Peter Pan, sino que defendería con tesis incomprensibles llenas de algoritmos la estética de mi decisión.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Todo lo que sale de la tarta
El hombre que conoció al famoso Agustín Fernández Mallo
“Y casi conocí en una ocasión a Michi Panero,
y es bastante más de lo que jamás soñaríais en mil vidas…”Nacho Vegas
Por Darío Cálix
1
Supe de la existencia de este escritor español llamado Agustín Fernández Mallo, por un artículo que apareció publicado hace unos días en un blog de literatura que visito regularmente. El artículo era sobre la novela Nocilla Dream, publicada en el 2006. Hablaban en el artículo de la estructura fragmentaria de la novela, mencionaban algo sobre “zapping literario”, hablaban sobre el argumento de la novela, o más bien, sobre la falta de argumento de la novela. Como un collage, decían, 2666, decían, pequeñas historias superpuestas, decían. En resumen, un artículo bastante interesante, un autor nuevo e interesante. Encontré otras reseñas en otros sitios de internet y todos coincidían: el señor Mallo era el hombre a leer y a seguir en la nueva narrativa.
En aquel mismo artículo daban la dirección del blog de Mallo. Puta, pensé, qué será que a todos los escritores les da por abrir blogs. Click: Alfaguara no sé qué, blog de Agustín Fernández Mallo, El hombre que salió de la tarta. El último post publicado se titulaba “El pop también se lee”, trataba sobre la relación entre las letras de las canciones y la poesía. Mencionaba a varios compositores españoles que yo escucho con fervor actualmente: Nacho Vegas, Javier Corcobado, Sergio Algora, Robe Iniesta, etc. También mencionaba a Dylan, por supuesto; también a Waits, Cave, Cohen y todo el resto de la pandilla. Me cayó bien el tal Mallo, pensé que al menos podría sostener con él una buena charla sobre música.
También había ahí una pequeña biografía del autor. Y decía así:
Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) es licenciado en Ciencias Físicas. En el año 2000 acuña el término Poesía Pospoética —investiga las conexiones entre el arte y las ciencias—, cuya propuesta ha quedado reflejada en los poemarios Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001), Creta lateral Travelling (2004) y el poemario-perfomance Joan Fontaine Odisea [mi deconstrucción] (2005). En 2007 fue galardonado con el Premio Ciudad de Burgos de Poesía por su libro Carne de Píxel. En el 2006 publica su primera novela, Nocilla Dream, que fue seleccionada por la revista Quimera como la mejor novela del año y por El Cultural de El Mundo como una de las diez mejores. Crítica y público han coincidido en el deslumbramiento que está suponiendo este Proyecto Nocilla para las letras españolas, del que Nocilla Experience constituye la segunda entrega de la trilogía, y que concluirá con Nocilla Lab.
Física, como el buen Parra. Poesía pospoética, ¿qué carajos es poesía pospoética?, ¿la poesía después de la poesía? ¡Qué discurso se echaría el poeta del grado cero, Jorge Martínez, sobre eso! ¿Se echaría un discurso el poeta pospoeta sobre los Poetas del grado cero? En fin, mejor sigamos. “Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del tractatus”, me parece un título genial. Me recordó de nuevo a Parra, que dice en alguno de sus primeros antipoemas: Los mortales que hayan leído el Tractatus de Wittgenstein pueden darse con una piedra en el pecho porque es una obra difícil de conseguir… Con la pena, mi Parra, yo no me puedo dar con una piedra en el pecho todavía.Pospoética, poemario-performance, carne de píxel, dream experience lab, nocilla nocilla nocilla… No tengo idea si el tal Mallo escribe bien o no, pero moderno sí que suena el cabrón.2
¿Qué teoría tendrá el físico Agustín Fernández Mallo sobre el azar? ¿Y el pospoeta, el narrador, el ser humano? Hoy me dejaron de tarea en una clase escribir un ensayo sobre una serie de cuentos que publicó recientemente la revista española Letras libres, entre los cuales uno era del señor Mallo. Ve nomás qué casualidad. Williamsburg, N.Y., es el título del cuento, y trata de ésa ciudad, que es en la que supuestamente habitan más artistas por metro cuadrado en el mundo.El señor Mallo evidentemente no ha viajado nunca a Tegucigalpa, fue lo primero que se me pasó por la cabeza al terminar el cuento. Lo segundo fue que había superado las expectativas que tenía. Y lo tercero, que debía encontrar la manera de leer esas jodidas novelas Nocilla. Pero está difícil, la única manera de conseguir sus libros aquí es ordenándolos por internet, y aun si los vendieran los venderían carísimos, así que da igual (aunque si los vendieran al menos los podría robar). Le pregunté a varios amigos si lo tenían y nada.
Y yo que gasto el poco dinero que me cae en cigarros y pendejadas…
3
Había dejado un comentario aquella vez en el blog del tal Mallo y a los días recibí un correo suyo. Sí, un correo del famoso físico y pospoeta Agustín Fernández Mallo. ¿Y las letras de Patti Smith no te parecen poemas?, le comenté al ver indignado que no la mencionaba por ninguna parte. A lo que contestó: Las letras de Patti Smith me parecen poemas de Bob Dylan en esteroides. Me arrepentí inmediatamente de haber hecho esa pregunta tan estúpida, pero yo qué iba a estar sabiendo que me iba a contestar.De cualquier forma, eso inició una interesante y nada corta correspondencia entre nosotros. Hablábamos casi exclusivamente de música. Una vez le pregunté por la pospoesía y se echó un discurso de tres páginas sobre una fusión entre ciencia y poesía y que no entendí en lo absoluto. Una vez le conté sobre la poesía del grado cero y sólo me dijo: Menudo gilipollas. Una vez me preguntó si había leído alguno de sus libros y yo le contesté que no, que a mi pobre país no llegaban todavía, pero que sí tenía muchas ganas de hacerlo (intenté darle lastima para que me mandara algunos ejemplares pero no funcionó).
Así pasaron un par de meses hasta que una vez me preguntó si no me gustaría ir a España. Pero claro que me gustaría, pospoeta Mallo (así le decía), pero lo veo como imposible. Yo te invito, me dijo. Dejá de joder, pospoeta Mallo. No seas tan gilipollas, me dijo, yo te pago el pasaje y todo lo demás por una semana; te llevaré a varios eventos, considéralo como una mini-beca o algo así que te estoy otorgando. ¿La mini-beca pospoética?, le pregunté yo por joder. No, la mini-beca Nocilla, me contestó. 4
De España sólo diré que es helada, nada más. Recuerdo que iba muy nervioso en el taxi camino a la casa de Agustín Fernández Mallo, recuerdo que inventé una especie de juego para calmar los nervios, ya que el taxista no me dejó fumar (lo cual casi que me espantó, pues hasta ese día siempre que imaginaba un español lo imaginaba con semejante puro en la boca). El juego consistía en encontrar la mayor cantidad de escritores famosos que pudiera entre la multitud. Por un segundo me pareció ver a Vila-Matas en un café, pero un carro se atravesó justo en el momento y no lo pude confirmar. Al que si vi fue a Panero, en un parque, intentando atrapar una paloma y echando grandes carcajadas. Por la risa lo reconocí.
Llegué. Toqué tres veces la puerta y ahí estaba el hombre, el pospoeta, el narrador del momento, Agustín Fernández Mallo. Has llegado al fin. Bienvenido, hombre, pasa adelante. Hola hola, gracias gracias. En ese momento me golpeó todo: el gran cansancio que tenía, el estrés, los nervios y, sobretodo, lo bizarro de estar ahí en una casita española frente al señor Mallo. En pocas palabras me sentí abrumado. Estoy muerto, pospoeta Mallo, le dije. Me llevó al cuarto que más bien parecía ropero en el que iba a dormir y ahí mismo me desplomé.
El día siguiente Mallo me llevó a conocer la ciudad. El miércoles lo acompañé a una conferencia (como espectador, obviamente) que duró toda la tarde y en la cual no pude evitar dormirme. Te tiene jodido el jet lag, eh, gilipollas, me dijo en la noche Mallo mientras nos tomábamos una cerveza. Yo sólo me reí. Agarré al fin valor y le dije que quería leer sus novelas, que me las prestara cuando llegáramos a casa. Mallo le dio un gran trago a su cerveza y me preguntó: ¿Ya llegaron los libros de Julio Cortázar a tu país? Puta, Mallo, no estamos tan jodidos, le contesté. Claro que ya llegaron, la mayoría ya llegaron. Mallo asintió y nos quedamos callados un buen rato. ¿Y qué tiene que ver Julio Cortázar?, le pregunté al fin. Que Nocilla es como una Rayuela serie B, me dijo. Serie B, repetí yo como en trance. Sí, serie B, dijo de nuevo Mallo como en trance también. Y en ese momento me pareció ver a la Maga, o a la imagen de la Maga que yo fabriqué cuando leí Rayuela, salir del bar y me sentí feliz y pedí otra cerveza.
5
Maté al jodido pospoeta Mallo. Lo maté un día antes de venirme de regreso. Lo maté porque no me dejó leer sus novelas. El jueves, viernes y sábado dio aburridísimas conferencias en las que me dormí siempre. No entiendo para qué me invitó, las conferencias no eran ni siquiera de literatura sino de física (de esto me di cuenta hasta en la última), y a mí qué diablos me importa la física. Todos los días le pedía sus novelas y me contestaba con evasivas. ¿Ya llegaron los libros de tal autor a tu país?, me preguntaba con sarcasmo. Sí, hombre, por supuesto. Ahora dame tus novelas, quiero leer las famosas novelas Nocilla. Recordá que esta es la mini-beca Nocilla, le decía yo al pospoeta Mallo, pero siempre se hacía el loco.
El domingo, el último día de mi estadía en España, le dije que ya estaba harto, que me diera unos malditos ejemplares de sus malditas novelas o que se iba a arrepentir de haberme invitado. Pues la verdad es que no mantengo ningún ejemplar de mis libros en casa, gilipollas, me dijo en un tonito bien estúpido. Pues entonces dame dinero para ir a comprar unos ejemplares, mañana me voy y todo lo que quería era leer las famosas novelas Nocilla, carajo. Mallo sólo se rió, y ahí fue cuando perdí la cabeza. Mirá, hijo de puta, le dije, vine hasta acá para leer tus putas novelas de mierda y no me voy a ir sin hacerlo. Vas a tener que esperar a que lleguen a tu país, gilipollas, me dijo. A mí la verdad es que me parecen malísimas, me arrepiento de haberlas publicado. Lo mío lo mío la verdad que es la física, decía Mallo, pero yo ya no lo escuchaba. ¿No me has visto en las conferencias, gilipollas? Soy todo un pro, dijo Mallo, y ahí fue cuando lo maté. Le estrellé en la cabeza una espantosa lámpara de lava color verde que mantenía siempre encendida sobre la mesa.
Le di vueltas a toda la casa buscando algún ejemplar pero todo fue inútil. Sólo habían libros de carácter científico. Tal parece que el pospoeta Mallo había renunciado a la literatura. Sí encontré en cambio el Tractatus de Wittgenstein, así que hice mis maletas, tome mi pasaje de avión, le vacié los bolsillos al gilipollas de Mallo para pagar el taxi y me di con una piedra en el pecho por él, por dios y por Parra."