"Para mi aparte de cuestiones tècnicas, lo màs importante en la lidia, sean cuales sean los tèrminos en que èsta se plantee, es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo. El estilo es tambièn el torero. Se torea como se es. Esto es lo importante: que la ìntima emociòn traspase el juego de la lidia (...)".
Manuel Chaves Nogales, biografía de Juan Belmonte.
"Me siento orgulloso de ganar así " Pep Guardiola, Londres 29 de mayo de 2011.
Por el barrio, por mi barrio, la gente se alineaba. Santi, el de la tienda, mientras me troceaba las costillas para un arroz al horno que no llegó a ser me explicaba que él, como buen madridista, quería que perdiera el Barcelona. "Pues no sé por qué", le replicaba hecha una cursi yo. "Si la final la hubiera jugado el Real Madrid yo hubiera querido que levantara la copa Iker. Seré tonta, pero es la verdad." Santi salía del mostrador de la carnicería negándome con el dedo: "Eso no es cierto. Los del Barça no soís así". Dále. Cómo ha calado el espíritu de Mou.
No sigo la liga. No me quedo en casa a ver el fútbol todos los domingos. Si crecí escuchando por la radio Carrusel deportivo fue porque la familia de mi padre vivía en un pueblo a una hora de Castellón y siempre que subíamos a verlos mi padre ponía la radio. El camino de regreso, tras la paella familiar, se llenaba de curvas y goles. No he jugado en equipos femeninos. Cuando yo era pequeña las niñas saltábamos a la cuerda o nos dejábamos los tobillos pisando la goma con "doñaconchitachibirí" pero no participábamos en los campeonatos de futbito. Pero me gusta el fútbol. Mucho. La culpa es de la tele, de la tele en color, claro. No recuerdo partidos en blanco y negro.
Y es que entonces había tele. Había tele y primos, hermanos, eurocopas, López Ufarte, Superpop, Mundial del 82, Naranjito, Rumennige, Maradona, Arconada, lágrimas ante el gol de Maceda y rizos de Butragueño. Las niñas nos sentábamos en el piso de gres, con las rodillas peladas y veíamos el partido. Saltábamos con los goles, insultábamos al árbitro, odiábamos a Platiní y teníamos claro de qué equipo éramos. Yo fuí desde muy pequeña del Barça, no sé porqué. No encuentro la razón porque eso se hereda, o parece que se herede y mi padre siempre ha sido del que gana. Es decir que antes era del Madrid (o del Valencia) y ahora define el estilo como "esa manera de salir al campo con un traje de chaqueta que tiene Guardiola". Así que por familia lo mío no era (mis primos eran del Madrid a muerte, de esos que ayer debieron maldecir la victoria del Barça) ni tampoco por llevar la contraria, pero no sé, me gustaba el Barcelona, por capricho, como se suele hacer las cosas en el juego, por el vicio de participar.
A los trece años en el sur de Inglaterra me aprendí el himno. Iba cada verano a Canterbury, a un colegio, a aprender inglés y los chicos del grupo eran del Barça. En los autobuses no se cantaba otra cosa. Lo del "clamp" me costó y el "Tan se val d'on venim, si del sud o del nord" me recordaba a las hordas de bárbaros de las que hablaban las clases de historia. Pero uno de aquellos niños- entonces éramos unos críos- me lo transcribió en una hoja de cuadros, con su caligrafía ladeada. Así que no hubo retorno. Años más tarde cuando le reencontré, pasadas las Olimpiadas, su padre era uno de los miembros de la directiva del Barcelona, con aquel presidente escurridizo (a mí me lo parecía) que era Núñez. Fue él- mi amigo, no Núñez- quien me contó cómo celebraron la primera copa de Europa en Londres y quien me habló de la ingenuidad (um, no sé si calificarla así) de Guardiola aquella noche. Estaban en el hotel todos los jugadores, sus familias, sus novias y todos, menos Pep, que no se lo había dicho a su chica porque no quería quebrantar las normas, durmieron esa noche con sus parejas. Todos menos Pep, que se quedó dando vueltas por allí. Leyenda urbana, rumor o cotilleo, a mí me hizo gracia la historia. Guardiola tenía entonces veintiún años y era un jovencillo de grandes ojos azules o a mí, desde la admiración, así me lo parecían.
Anoche volvimos a Wembley sin movernos del sofá del comedor. Volvimos precedidos de una polémica de difamaciones, ahora sí, ahora ya - por fin- se puede decir que lo son. Anoche el Barcelona demostró que juega, que juega mejor que el Manchester (que fue un rival enorme, fantástico) y que todos los que hasta anoche le han precedido en los enfrentamientos. Anoche no hubo casi entradas ni tarjetas, no habrá, por tanto, acusaciones de teatro ni vídeos manipulados. Anoche había veintidós jugadores y un campo espléndido; dos caballeros en los banquillos Guardiola y Ferguson y dibujos de estrategias; un ritmo frenético de emoción y riesgo (el gol de Rooney nos dejó sin habla); mucho tesón, mucha cabezonería entre los delanteros (Messi, cómo no adorarlo; el Guaje, que parece el tercero de Estopa y Pedrito, que se ha crecido y superado a sí mismo); hubo banda sonora, la de Manel, el grupo que le gusta a Pep y a toda España (basta con comprobar el "No hay entradas" durante los conciertos en Madrid), también hubo beso , el de Sandro Rosell a su esposa en el palco (muy normal, nada que ver con el de Iker y Sara, aunque la mujer de Rosell también gaste pelazo) hubo una capitana de las animadoras, Shakira, con coleta y vestida de rosa en la primera diciendo "Fuerza Barsa"; hubo un glosador que veía el partido con unas gafas mal enfocadas, Sergio Sauca; hubo una premonición, la de Reina con el gol de Villa, su colega y hubo un savoir - faire constante, pero sobretodo en la forma de ganar, destilando ese espíritu de buen jugador, de capacidad de lucha en el momento en que Abidal levantó la copa, tras haberle cedido Puyol el brazalete de capitán del equipo.
Hay que saber perder, pero hay, también, que saber ganar. Anoche el Barça no pretendía dar lecciones de nada. Salió y jugó. Jugó y ganó. Ganó y lo celebró. Todo con sencillez, con naturalidad, sin pretensiones de ser otra cosa. Ni conflictos de banderas, ni políticas nacionalistas, ni golpes en la espinilla del rival. Detalles y alegría. Haciendo caso a las palabras de Cruyff den el primer Wembley, disfrutando de lo que vivían.
No me atrevo a hablar de fútbol en grupo, a veces incluso entre mis amigos. Parece que, como sucede con la política, no se pueda sacar ese tema sin ofender a alguien o faltar al respeto. En cualquier caso, siempre hay alguien que se siente agredido cuando no es así y de vez en cuando la genet pierde las razones por la boca. Yo creo que en realidad todo depende de las formas, de cómo se hable. No soy una comentarista de nada, menos de fútbol- deporte, yo soy alérgica al deporte- deporte que ni siquiera practico siguiendo la liga. Respeto y aprendo de la gente que sí que sabe. Pero anoche sucedió algo excepcional y es que, además de ganar el fútbol, yo creo que ganó un estilo, una manera de entender la contienda, el de Pep Guardiola. Por eso hoy me he atrevido a escribir este post tan raro.
Guardiola ha reivindicado desde sus comienzos el respeto por las normas, la discrección y la mesura. Se ha centrado en el fútbol, que es su ámbito y ha demostrado que ser bueno, sin más, honesto no significa ser cursi, ni débil. De ahí que haya convertido a un equipo de bajitos, en el dream team, del que hasta el Marca hoy reconoce que ha hecho historia.Otro final feliz para añadir a la lista de acontecimientos de este año.
Ahora sí, "tú i jo i la nostra història, al mar".















