domingo, 29 de mayo de 2011

Els guapos son els raros

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"Para mi aparte de cuestiones tècnicas, lo màs importante en la lidia, sean cuales sean los tèrminos en que èsta se plantee, es el acento personal que en ella pone el lidiador. Es decir, el estilo. El estilo es tambièn el torero. Se torea como se es. Esto es lo importante: que la ìntima emociòn traspase el juego de la lidia (...)".

Manuel Chaves Nogales, biografía de Juan Belmonte.



"Me siento orgulloso de ganar así " Pep Guardiola,  Londres 29 de mayo de 2011.
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Llovió a ratos. Desde la madrugada del viernes hasta la tarde, casi todo el día. Al principio, después de esta última semana de calor saharui parecía que lloviera con saña, como si el tiempo se estuviera vengando por algo. Pero tras la sobremesa, el café y los postres el cielo se reconcilió con el fin de semana y se quedó un sábado de aire limpio, muy nuevo, como si empezáramos una nueva etapa. La ciudad estaba en silencio. Por la mañana, en el Mercadona, las cajas estaban salpicadas de camisetas blaugranas. Parecía que aquella legión de no-jugadores del Barça estuvieran guardando cola para entrar a animar a sus jugadores en el vestuario. Los estantes de cerveza estaban vacíos, me tuve que pelear por una coronita, dos ámbar y un paquete abrefácil de San Miguel. Comenzaban los ritos. Casi todo el mundo había quedado para ver el partido. Esa sensación de compartir un cachito de historia con alguien cercano solo se vivió con mayor entusiasmo el día de la final del mundial, pero anoche muchos intentaban revivir aquella euforia. Y el Barça se lo puso fácil. No hubo gol de Iniesta- casi. Si llega a entrar el cuarto nombramos Caballero del Imperio Español al manchego y los próximos cien bebés que nazcan en el Estado de las Autonomías se llamarían Andresito, sin importar de qué sexo fueran- pero nos regalaron chutes de emoción y de fútbol. Lotes de juego, mucho juego.

    Por el barrio, por mi barrio, la gente se alineaba. Santi, el de la tienda, mientras me troceaba las costillas para un arroz al horno que no llegó a ser me explicaba que él, como buen madridista, quería que perdiera el Barcelona. "Pues no sé por qué", le replicaba hecha una cursi yo. "Si la final la hubiera jugado el Real Madrid yo hubiera querido que levantara la copa Iker. Seré tonta, pero es la verdad."  Santi salía del mostrador de la carnicería negándome con el dedo: "Eso no es cierto. Los del Barça no soís así". Dále. Cómo ha calado el espíritu de Mou.
   No sigo la liga. No me quedo en casa a ver el fútbol todos los domingos. Si crecí escuchando por la radio Carrusel deportivo fue porque la familia de mi padre vivía en un pueblo a una hora de Castellón y siempre que subíamos a verlos  mi padre ponía la radio. El camino de regreso, tras la paella familiar,  se llenaba de curvas y goles. No he jugado en equipos femeninos. Cuando yo era pequeña las niñas saltábamos a la cuerda o nos dejábamos los tobillos pisando la goma con "doñaconchitachibirí" pero no participábamos en los campeonatos de futbito. Pero me gusta el fútbol. Mucho. La culpa es de la tele, de la tele en color, claro. No recuerdo partidos en blanco y negro.
   Y es que entonces había tele. Había tele y primos, hermanos, eurocopas, López Ufarte, Superpop, Mundial del 82, Naranjito, Rumennige, Maradona, Arconada, lágrimas ante el gol de Maceda y rizos de Butragueño. Las niñas nos sentábamos en el piso de gres, con las rodillas peladas  y veíamos el partido. Saltábamos con los goles, insultábamos al árbitro, odiábamos a Platiní y teníamos claro de qué equipo éramos. Yo fuí desde muy pequeña del Barça, no sé porqué. No encuentro la razón porque eso se hereda, o parece que se herede y mi padre siempre ha sido del que gana. Es decir que antes era del Madrid (o del Valencia) y ahora define el estilo como "esa manera de salir al campo con un traje de chaqueta que tiene Guardiola".  Así que por familia lo mío no era (mis primos eran del Madrid a muerte, de esos que ayer debieron maldecir la victoria del Barça) ni tampoco por llevar la contraria, pero no sé, me gustaba el Barcelona, por capricho, como se suele hacer las cosas en el juego, por el vicio de participar.
   A los trece años en el sur de Inglaterra me aprendí el himno. Iba cada verano a Canterbury, a un colegio, a aprender inglés y los chicos del grupo eran del Barça. En los autobuses no se cantaba otra cosa. Lo del "clamp" me costó y el "Tan se val d'on venim, si del sud o del nord" me recordaba a las hordas de bárbaros de las que hablaban las clases de historia. Pero uno de aquellos niños- entonces éramos unos críos- me lo transcribió en una hoja de cuadros, con su caligrafía ladeada. Así que no hubo retorno. Años más tarde cuando le reencontré, pasadas las Olimpiadas,  su padre era uno de los miembros de la directiva del Barcelona, con aquel presidente escurridizo (a mí me lo parecía) que era Núñez. Fue él- mi amigo, no Núñez- quien me contó cómo celebraron la primera copa de Europa en Londres y quien me habló de la ingenuidad (um, no sé si calificarla así) de Guardiola aquella noche. Estaban en el hotel todos los jugadores, sus familias, sus novias y todos, menos Pep, que no se lo había dicho a su chica porque no quería quebrantar las normas, durmieron esa noche con sus parejas. Todos menos Pep, que se quedó dando vueltas por allí. Leyenda urbana, rumor o cotilleo, a mí me hizo gracia la historia. Guardiola tenía entonces veintiún años y era un jovencillo de grandes ojos azules o a mí, desde la admiración, así me lo parecían.
   Anoche volvimos a Wembley sin movernos del sofá del comedor. Volvimos precedidos de una polémica de difamaciones, ahora sí, ahora ya - por fin- se puede decir que lo son. Anoche el Barcelona demostró que juega, que juega mejor que el Manchester (que fue un rival enorme, fantástico) y que todos los que hasta anoche le han precedido en los enfrentamientos. Anoche no hubo casi entradas ni tarjetas, no habrá, por tanto, acusaciones de teatro ni vídeos manipulados. Anoche había veintidós jugadores y un campo espléndido; dos caballeros en los banquillos Guardiola y Ferguson y dibujos de estrategias; un ritmo frenético de emoción y riesgo (el gol de Rooney nos dejó sin habla); mucho tesón, mucha cabezonería entre los delanteros (Messi, cómo no adorarlo; el Guaje, que parece el tercero de Estopa y Pedrito, que se ha crecido y superado a sí mismo); hubo banda sonora, la de Manel, el grupo que le gusta a Pep y a toda España (basta con comprobar el "No hay entradas" durante los conciertos en Madrid), también hubo beso , el de Sandro Rosell a su esposa en el palco (muy normal,  nada que ver con el de Iker y Sara, aunque la mujer de Rosell también gaste pelazo) hubo una capitana de las animadoras, Shakira, con coleta y vestida de rosa en la primera diciendo "Fuerza Barsa"; hubo un glosador  que veía el partido con unas gafas mal  enfocadas, Sergio Sauca; hubo una premonición, la de Reina con el gol de Villa, su colega y hubo un savoir - faire constante, pero sobretodo en la forma de ganar, destilando ese espíritu  de buen jugador, de capacidad de lucha en el momento en que Abidal levantó la copa, tras haberle cedido Puyol el brazalete de capitán del equipo.
   Hay que saber perder, pero hay, también, que saber ganar. Anoche el Barça no pretendía dar lecciones de nada. Salió y jugó. Jugó y ganó. Ganó y lo celebró. Todo con sencillez, con naturalidad, sin pretensiones de ser otra cosa. Ni conflictos de banderas, ni políticas nacionalistas, ni golpes en la espinilla del rival. Detalles y alegría. Haciendo caso a las palabras de Cruyff den el primer Wembley, disfrutando de lo que vivían.  
  No me atrevo a hablar de fútbol en grupo, a veces incluso entre mis amigos. Parece que, como sucede con la política, no se pueda sacar ese tema sin ofender a alguien o faltar al respeto. En cualquier caso, siempre hay alguien que se siente agredido cuando no es así y de vez en cuando la genet pierde las razones por la boca. Yo creo que en realidad todo depende de las formas, de cómo se hable. No soy una comentarista de nada, menos de fútbol- deporte, yo soy alérgica al deporte- deporte que ni siquiera practico siguiendo la liga. Respeto y aprendo de la gente que  sí que sabe. Pero anoche sucedió algo excepcional y es que, además de ganar el fútbol, yo creo que ganó un estilo, una manera de entender la contienda, el de Pep Guardiola. Por eso hoy me he atrevido a escribir este post tan raro.
   Guardiola ha reivindicado desde sus comienzos el respeto por las normas, la discrección y la mesura. Se ha centrado en el fútbol, que es su ámbito y ha demostrado que ser bueno, sin más, honesto no significa ser cursi, ni débil. De ahí que haya convertido a un equipo de  bajitos, en el dream team, del que hasta el Marca hoy reconoce que ha hecho historia.Otro final feliz para añadir a la lista de acontecimientos de este año.
  Ahora sí, "tú i jo i la nostra història, al mar".
  

viernes, 27 de mayo de 2011

Viva la rutina.

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   Me gusta el mercado.
Me dan envidia las señoras armadas de monedero que tienen un doctorado en puestos de tomates y saben cómo asar las sardinas sin dejar huellas.
Le he pillado el punto a la lluvia los viernes: hay libros, televisión y copas en el Raspa. Además así las plantas crecen y mi terraza se convierte en la envidia del barrio. Cualquier día mis geranios aparecen en la guía peugeot como  lugar de interés del downtown.
Ya no salgo a cenar y a comer tan a menudo. Hoy me he comprado una fiambrera pistacho -preciosísima- para llevarme el taboulé y la ensalada de pasta al despacho. No lo he hecho nunca, pero seguro que así adelanto más y no me pierdo con bocadillos. Antes, cuando no había crisis y creía que el desastre urbanístico de mis calles convertían a mi ciudad en una pequeña NYork,  no me gastaba menos de veinte euros si picaba algo. Ahora tengo mi guía secreta de los menús de la ciudad y la disfruto mucho. Más de diez euros me parece innnecesario, cero interesante.
  Sigo con el parqué levantado, con la vida en obras, y soy felizmente mediocre. Pero no me importa, todo lo contrario. Sé que estoy moviéndome y que este agobio de calendarios, viajes que se aplazan y fiebres en mayo no es    inercia.
Pido disculpas por mis odas a la melancolía, por convertir en fuente tipográfica la nostalgia. Hoy llueve; Mario Vaquerizo y Alaska se casan; hay un ratón en el piso de Carrie Bradshow- diossss- he comido en un patio con miss B y me han  faltado tiempo y palabras; tengo que organizar los armarios; se me ha mojado la ropa que había tendido en la terraza y después de la primera siesta del verano no tengo ganas de salir.
 Pero estoy contenta. Me gusta mi rutina.
Y no sé por qué, pero no puedo dejar de pensar en el Fary cuando lo digo.

Tierra de fuego

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Ibiza se nos quema. 
El fuego avanza.
El viento no se detiene.
Desalojan. 
Toda una vida dentro de una bolsa. Corres. Te llevas lo más esencial y dejas atrás lo más importante: tus rincones, tus recuerdos. Los sitios que querías llenar de futuro. 
Hace unos años- cinco, qué rápidos son los inviernos- descubríamos la isla. Nos alojábamos en unas casas rurales en las que los desayunos olían a pino e higuera. La bruma nos acompañaba a todas las excursiones. Ellas llevaban sombreros, pantalones suaves en el mercado de las Dalias. Había puertas azules, restaurantes casi vacíos que vigilaban los perros mientras hacían la siesta. Elisa llevaba las manos llenas de bungavillas. Ángeles se movía con tanta suavidad que parecía estar hecha de brisa.
  Esta mañana, con las noticias, he vuelto a ver las fotos de aquel viaje. Entre ellas, esta de mis pies, descalza- me pasaba el día así, como mowgli- el día después de la boda de Manolo y Elisa. Entonces tenía la sensación de que todo nos quedaba por hacer. Hoy las noticias hablan del incendio de la sierra de Morna, los bancos nos envían cartas, las tarjetas, señales de catástrofe. La inercia nos ha traído hasta aquí, hasta estos viernes de agenda y bildu.  Queda lejos el sabor a té de aquellas noches. 
Ibiza se nos quema . Cualquier verano pisaremos nuestras propias cenizas.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Quién alimenta a Virgina Woolf.

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Es curioso, no la recuerdo con el vestido blanco, aquel verano, mirando fija a cámara. Es su rostro desfigurado por el alcohol y los miedos lo que persiste. Han pasado dos meses desde que falleció y la imagen está inmóvil. Las palabras se repiten: "Quién teme a Virginia Woolf", en bucle, una madrugada cualquiera. Quién teme a Virginia Woolf.  Quién la teme. 
Cada día le destroza. Cada noche se suicida con whisky, vodka o ron mientras él la observa. Sus ojos ya no son azules, ni verdes como el último rayo del día, se han nublado. Quién teme a Virginia Woolf, sí, quién la teme, pero quién la alimenta. Quién la ha empujado con su silencio hacia el abismo.
    Una historia de amor como la de ellos: Liz Taylor, Richard Burton. Rupturas, desengaños y varios matrimonios. Se complementaban. Se herían hasta la médula. Se iluminaban. Y sin embargo.
    La historia del "Y sin embargo, te quiero" todas las tardes. Mañana a las diez, si no hay retrasos. Tú me haces invisible, yo te hago notar. Tú te callas, yo te grito. Tú me olvidas, yo no puedo. En los juzgados no dan abasto, nadie entiende qué sucede. Centro mujer, institut de la dòna, violencia de genero...no hay aduanas.Cualquiera puede quebrantar sus fronteras. Todos somos víctimas y asesinos potenciales, aunque suene subersivo y nada progresista, basta con despertar nuestros miedos para perder la razón.
     No puedo recordarla como aquel verano, en "La gata sobre el tejado de zinc caliente". La veo desdibujada, con el vestido blanco y retorciéndose en un plano superpuesto en la película de Mike Nichols, "Quién teme a Virgina Woolf". Es curioso, las dos películas hablan de algo muy parecido. Ha pasado un par de meses desde que murió y sin embargo hay algo de esa desesperación a la que dió vida Liz Taylor que se ha quedado dentro.  
   Sin embargo. 
   Y quién no la teme.

PS: Giro radical.
Gracias por los comentarios que dejáis en el otro blog, "Asegurada de incendios". Tomo nota de todo lo que decís.
  

martes, 24 de mayo de 2011

A través del cristal

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"Life is a marvellous thing that dances, jumps, flies, laughs and passes"
                        Jacques Henri Lartigue


No existe entre la alegría y el dolor un estadio intermedio. Un descenso de volumen semejante a un fundido en negro. Un día te despiertas enamorado y a la mañana siguiente el olor a destino ha desaparecido de la almohada. No hay tiempos paralelos que ralenticen los cambios, que salpiquen la felicidad con melancolía o la amargura con grietas de esperanza. La vida sucede, en la mayor parte de ocasiones sin interludios, ni pausas para la publicidad. La vida no entiende de audiencias ni de episodios pilotos, jamás deja su argumento latente. Ocurre, baila, se tropieza, salta, se celebra, vuela, se complica, ríe y  pasa. Todo ello sin atender a razones. Simplemente se vive. Sin más, porque sí.
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Regresé el domingo a casa.  Llegué cuando cerraban los colegios electorales y de camino  pasé por la Plaza Mª Agustina donde la spanishrevolution gritaba sus últimas consignas. Apenas había en torno a la fuente setenta personas. Sus gritos me resultaron disonantes: habíamos pasado varias veces por Sol el sábado y la sensación que allí se respiraba era de calma. El ambiente en Castellón parecía distorsionado. Eran las mismas palabras pero sonaban desafinadas. Tal vez era yo la que escuchaba mal y abría los ojos por primera vez a la realidad sin romanticismos de leche de soja y churros.No lo sé. A veces cuando vuelvo de viaje las casas me parecen puntiagudas, excesivamente estrechas y oscuras. Y no se trata de castellón, sino de mí misma que me niego a asumir los domingos, el final de la adolescencia, la vuelta al colegio. Soy yo la que quiere negar la rutina.
ImageHe pasado el fin de semana en Madrid, con mis amigas del colegio, las de toda la vida. Las mismas que me conocieron con el babero y los bolsillos llenos de piedras en el patio del colegio. Las que compartían excursiones, bocadillo y bolsa de chucherías. Las que me votaron como delegada en quinto de egebé y a las que yo, en ejercicio de mi derecho al tráfico de influencias, no apuntaba en la pizarra si hablaban. Las que me empujaron a dejar el colegio (de monjas, solo niñas con uniforme de cuadros)y crecer yéndome al instituto (público, con chicos y carpetas forradas con el superpop). Con las que me colaba en las fiestas de Navidad en L'Hostal. Las que me llevaban en vespino a escondidas de nuestros padres que no querían que fuéramos "de paquete". Las que no me juzgan. Con las que me tomé el primer gin tonic. Con las que hablábamos de chicos, pero sin entrar en ningún detalle por vergüenza (no por señoritas de provincias, que también).Las que me escribían largas cartas-crónicas en la universidad. Con las que siempre me encontraba en verano. Las que viajaban por medio mundo (China, Vietnam, EEUU) y nos contaban sus aventuras como si hubieran descubierto (y es que era así) la ruta de la seda. Las que se casaron y me hicieron leer unas cuantas veces la epístola de San Pablo a los corintios. Las que se reunieron tras la tristeza de una muerte y construyeron una barrera muy firme, de argamasa y cemento, para que no se escapara el cariño que nos unía. Con las que descubrí los entresijos de la Sagrada Familia en Barcelona. Con las que quedo de tanto en cuando y van llegando los niños rubios, de ojos grandes y boca de fresa. 
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   Con las que estoy porque sí, sin necesitar razones ni excusas ni citas previas. Con las que, sospecho, acabaré pasando las tardes de los domingos frente a una clarita con gaseosa, un chocolate o un martini. Con las que seguiré repitiendo- como en un día de la marmota eterno- las mismas anécdotas acumuladas primavera tras primavera. Con las que me preguntaba el sábado, mientras disfrutábamos de la exposición "Un mundo flotante" de Latirgue en Caixa Forum si era posible atrapar la felicidad de un instante en una fotografía. Y todas callaban, saliendo al paso con respuestas poco comrpometidas y suspiros por no haber nacido en los años veinte. 
  A las que esta mañana sé decir que sí. Que solo basta con dejarse llevar. Que la vida te arrastra y te deja entre las manos ese polvillo de alegría, ese brillo dorado de la amistad.

jueves, 19 de mayo de 2011

Nuestra comunidad.

ImageAnoche hacía fresquillo en Madrid. No es que la primavera se hubiera echado a temblar, es que se levantó un poco de viento y el cielo estaba gris enfurruñado, de ese color que no anuncia nada bueno. La Junta Electoral no autorizó la concentración de los grupos de Indignados, Democracia Real o 15M en la puerta del Sol y sin embargo aquello estaba más lleno que en nochevieja. Pancartas que decían "Si no nos dejáis soñar no os dejaremos dormir" y saludos con las manos, copiando en el lenguaje de los sordomudos el signo de los aplausos. "No hay causas de urgencia que justifiquen la concentración" argumentaba la Junta Electoral. Esperanza Aguirre y el PSOE salían escopetados a desmarcarse de ese razonamiento vía twitter. Nadie quiere perderse las manos de estos indignados. Eso sí: nadie asume que están cansados de ellos.
   En Castellón apenas llenaban la plaza MªAgustina, pero la brisa era tranquila. Había caras nuevas y sonrisas. Parece que sí, que algo está cambiando. No había crispación ni rabia, solo gestos suaves, firmes, expresiones de desencanto. Nuestro cielo se sumaba al de la concentración de Madrid, amenazando lluvia. El domingo habrá una razón más para no ir a votar: la pereza de llenarse los pies de charcos. No es excusa, pero cualquier razón sirve para cualquier postura. Yo no voy a ir a votar. Lo decidí al conocer las listas de candidatos para las municipales y generalitat. Estoy cansada de lo que sucede en la Comunidad Valenciana y en Castellón, pero estoy harta también de no tener otras opciones, otras voces serias  que trabajen para cambiarlo. Para mí todas las opciones, en esta ciudad, son peores. Mi voto no será. O será otro ausente por desencanto.
  En un universo paralelo habrá una mujer que deposite mi sobre en las urnas de un colegio público en Madrid. En un universo paralelo yo seré la chica de "I saw her standing there" y seguiré allí de pie, sin bailar con ninguno que no sea él.
  

miércoles, 18 de mayo de 2011

Obras y pruebas.

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Ahora que no podemos escaparnos de la primavera y que todas las tardes se prestan a consumirlas en una terraza, yo ando de pruebas. Me resisto a pasar por la tortura de arreglar armarios; me desordeno ante los expedientes del juzgado; me muero de calor con las medias de colores y cuando llego a casa solo me apetece leer tumbada en una hamaca y quedarme hipnotizada frente al azul de una piscina. No sé aún si me cambiaré de servidor- tengo el manual para linamorgans del wordpress esperándome- ni si este verano dispondré de mi habitación propia en Oxford, con derecho a bicicleta. Tengo que mirar aviones, trenes y fechas por si- entre el verano y las terrazas- cabe una fuga a Cádiz, para celebrar el cierre de la temporada de Mirador Pop. De momento este fin de semana nos subimos en el Alvia- ese sucedáneo de AVE chiquitito que nos han montado a los de Castellón- el grupo de amigas del colegio para celebrar que cuarenta años no son nada y nos detendremos en Fuencarral. Realmente no hay ningún motivo que nos haga ir, salvo las ganas de estar juntas y reirnos, poco más. Aprovecharemos para estrenar el mercado de San Antón, en Chueca; intentaré pasarme por el Neu para ver a Fran y a Richi, que actúan el Viernes; haremos cata de tortilla de patatas (la del Lateral del mercado de Fuencarral; la de Juana la Loca; la del Ardosa y admitimos sugerencias) y el sábado por la mañana nos arrastraremos hasta el Reina Sofía para ver la exposición de Yayoi Kusama que tiene unos mares de coral y remordimientos que a mí me apasionan.
  Toda esta introducción esun despiste premeditado. En realidad, lo que quiero es presentaros el boceto del nuevo blog en el que debería estar trabajando y pediros opinión. No sobre el texto, que es un borrador y a saber dónde acaba, sino sobre la idea en sí. Pasáos por allí si os apetece y sin compromiso- como siempre- me contáis. 
  Este es el link, ya me diréis, yo sigo con mi caos: http://aseguradadeincendios.blogspot.com/ Besos y gracias.

martes, 17 de mayo de 2011

La silla de las brujas

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 En Canterbury, muy cerca de la catedral, hay una silla sobre el río. La silla es tosca, de madera muy recia y data, poco más o menos, de la Edad Media. Se la conoce como "la silla de las brujas" porque en ella sentaban y amordazaban a aquellas mujeres que eran acusadas de brujería. Después las sometían a una probatio diabólica: las sumergían en el agua del canal, las dejaban allí un buen rato y si cuando sacaban el artefacto la mujer aún respiraba la sentencia era condenatoria, pues solo podía haber conseguido salvarse utilizando la magia negra y otras artes oscuras, así que lo mejor era quemarla; por el contrario si tras el chapuzón la pobre infeliz moría y no conseguían reanimarla, se daban cuenta del error que habían cometido, dejaban el cuerpo en una fosa común y su nombre quedaba limpio para el resto de la eternidad.
   Con todas las noticias de juicios, detenciones y escándalos que están tomando los telediarios ultimamente, hoy me he despertado acordándome de aquella silla. Anoche mientras hacía zapping ví una reconstrucción que había hecho un canal de televisión japonés de la supuesta - que no presunta- agresión de Dominique Strauss-Kahn a la camarera del Sofitel en Nueva York. Las imágenes  me parecieron vergonzosas, ofensivas ante la gravedad del asunto. Entre aquella ridiculización y la visión del propio Strauss-Kahn la noche en que había sido detenido me horroricé.
   No voy a entrar a juzgar el fondo, no lo haría nunca porque para eso están los tribunales, pero vaya por delante que para mí Strauss- Kahn (de aquí en adelante DSK, como si de un personaje de  serie de televisión se tratara) es hoy y seguirá siendo hasta que haya una sentencia que diga lo contrario, inocente y debería respetarse su condición.
    Pero no, parece que a la masa, sin distinción de paises ni culturas, nos va más el escarnio y la humillación sin límites de los que ocupan el banquillo. Así lo hacemos siempre, por muy adelantada que sea la sociedad en la que nos veamos y con  independencia de que nos sentemos en la  plaza del pueblo, en los bancos de un juzgado neoyorquino o entre la audiencia del "Sálvame". Arruinar la imagen del detenido o acusado, aumentar su dolor o su preocupación por el hecho de recibir una acusación- fundada o no- es el castigo voluntario y generoso que sus congéneres le damos a los que son tachados de delincuentes. No nos importa lo que hayan hecho. No nos importa nada si lo han hecho. No nos importa nada como nos sentiríamos nosotros en su lugar. A la mierda la empatía y viva la lapidación, que es barata y no entiende de culpas.  ¿Alguien ha visto cómo entra Maria José Campanario en los juzgados de Cádiz todos los días? ¿Alguien me puede explicar qué ha hecho su madre para que se apiñe esa jauría de gente y no se le permita acceder con dignidad en la sala donde la van a juzgar?¿Alguien encuentra algún sentido a todo esto?
 Sinceramente, a menudo me da miedo la gente y no me refiero al grupo como algo ajeno a mí. Todo lo contrario, me asusta pensar que cuando utilizamos el plural a veces olvidamos nuestra cuota de responsabilidad y de coherencia. Que yo misma a veces me escucho y me doy miedo. No sé por qué nos divierte la crueldad, pero me preocupa. Cualquier día sentaremos a la Campanario (desde el principio le colocamos el despectivo artículo para señalarla como la mala del culebrón) en la silla de las brujas. Y después si respira, que le haga el boca a boca Jorge Javier Vázquez que está acostumbrado a nuestra porquería. 

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My beloved monster

He estado buscando una foto antigua que tengo con mi madre. Estamos en la villa de mi abuela, al borde del mar, saltándonos la ley de costas. Yo tendré un par de años y ella diez menos que yo ahora. Le cojo la cara con las manos y la beso. Es uno de los pocos besos a mi madre que recuerdo. Las dos somos poco cariñosas con la otra, no sé por qué.  Nos comportamos como gatas, tal vez porque nos parecemos demasiado y nos exigimos mucho más. Esperamos demasiado la una de la otra y esa carrera de expectativas nos ha separado durante años. Buscaba esa foto para ilustrar un post sobre todo lo que me ha hecho pensar el libro de Mark Everett y solo he encontrado fotografías con mi padre. No sé por qué, pero desde luego ya es significativo, una señal de que algo pasa o ha sucedido durante este tiempo.
  Leí "Cosas que los nietos deberían saber" en un día. Me impresionó. Volví a leerlo. Me dejó sin palabras. Tras un estilo directo y una estructura sencilla se esconde una de las reflexiones más profundas que he visto en años: la asunción de uno mismo, con sus circunstancias y su realidad. Dejé de lado el prólogo de Rodrigo Fresán, me fuí directamente a las palabras de Mr. E y acerté. Rodrigo Fresán  despista al lector, le confunde con su propia percepción musical y literaria y no acompaña al libro. De hecho, creo q lo mejor que se puede hacer es arrancarlo o saltarse la presentación y dejarse llevar después por "El verano del amor". Hay páginas para todo tipo de emociones y rebosan sinceridad, pero al final lo que transmite es algo más difícil: serenidad, mucha lucidez, calma.
  Al hilo de esta lectura, comentaba, he vuelto a pensar en la relación con mi madre. Durante años he creído que acabaría escribiéndole una carta, en plan Kafka, explicándole mi necesidad freudiana de matarla para encontrar mi sitio. Pero no, no ha sido así.Del mismo modo que Everett al final del viaje se reconoce en su padre, el físico Hugh Everett,  yo me reconozco en ella ahora, que ya he alcanzado la mitad de la vida . Ella ha reducido su velocidad de circulación y seguimos sin ser muy expresivas, pero hemos descubierto territorios comunes por los que caminamos sin problemas. Hemos dejado el enfrentamiento contínuo y estamos bien juntas, sin decepcionarnos. Esa placidez solo se alcanza después de asumir quién se es uno solo y con el otro. Algo parecido a lo que explica Everett sobre su vida y su familia.
 Me sorprendió. Debo reconocer que ahora escucho a Eels de otra manera. Que he encontrado una salida poética para escaparme del caos en el que normalmente me muevo, pero de eso ya hablaré otro día.

 

Ps: ¡La encontré ! Aquí estamos, my beloved mother, and me.
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Ahora que nos veo y me abobo mirándola, se me viene a la cabeza la frase que, en mitad de su siesta- y en plan revelación- me espetó el otro día: "Eva me duele que hayas perdido el interés por el arte y la cultura". Joder con mi madre...¡yo que esperaba que me pidiera el mando de la televisión! Pues acertó. Acertó en el fondo, aunque claro erró en las áreas. Yo me sentí (me lo dijo un amigo, Migue y dió en el clavo con la interpretación) como el marino de Mishima que había perdido la gracia del mar. Algo de todo eso había. Ella lo detectó y me abrió los ojos. Estaba diciéndome algo así como: "Muévete, venga."

miércoles, 11 de mayo de 2011

Regalos para la bella durmiente.

ImageVega nació ayer por la tarde, después de treinta y seis horas de dudas. Imagino que estaría pensando "qué hago salgo o me quedo un poco más, con lo feliz que vivo dentro de Eva". Eva trabaja conmigo en el despacho. Llegó a la calle Mayor cuando yo estaba estudiando la carrera y como tiene una paciencia infinita se quedó. A mí está soportándome diecisiete años y eso, en EEUU, ya le hubiera valido tres condecoraciones al mérito, porque día a día y con tensión soy realmente insoportable. Peor que un gremlin. Por eso con Eva me llevo tan bien, porque ella parece que no se altere nunca y yo, ando todo el día subida en una montaña rusa. Vega debe haber heredado esa calma de su madre, así que ayer, sobre las seis de la tarde y viendo que no le daban de merendar se decidió a sacar un piececito y posarlo sobre la realidad. Pelirroja, rizos- ¿un bebe con rizos? nunca había oído nada así- boca de fresón y tres kilos trescientos cincuenta.  Yo estaba en el Raspa dándole el parte médico a Emilio- que es muy amigo del padre novato- cuando este, el papá de Vega, me llamó. Parecía que hubiera descorchado nueve botellas de Möet Chandon. De tanta alegría me puse a saltar sobre los taburetes del Raspa. Menos mal que a esas horas solo estamos los habituales y nadie se extrañó.
  El nacimiento de Vega un día que se había alargado por dos (llevaba desde las cinco de la mañana despierta, había ido-vuelto a Albacete) cortó de raíz- taló- una crítica que estaba escribiendo a la cultura en Castellón. De repente la primavera se derritió entre las manos y todo se volvió celofán rosa. Las casas de mi calle estaban hechas de algodón. Y eso que desde que nos dejó Eva mi rutina es cualquier cosa menos dulce: intento atender a tantos asuntos que se me corta la masa cerebral, como si fuera leche con aceite o algo parecido; las ideas se aglutinan antes de llegar a la boca formando un archipiélago de grumos, sin saber cómo salir; las decisiones se ralentizan; las citas se plazan; los folios planean sobre la moqueta... Pero ayer por la tarde, entre el cansancio, la imagen de aquel bebé irónico- le presumo el humor de su madre- y pelirrojo y el calor de esta mayo,  volví a casa canturreando. Después me zambullí en el libro que me compré la tarde anterior- "Cosas que los nietos deberían saber" de Mark Oliver Everett- y resucitó mi placer por la lectura. Recuperé las ganas de escribir y de leer, algo que me preocupaba mucho porque no disfrutar con algo que me había entusiasmado tanto me tenía desolada. Pero resucité entre carcajadas y momentos en los que, de emoción, me temblaban los labios. Resucité con el libro acompañándome a todas partes. Recomendé su lectura en el facebook, pensé en regalarlo a tres amigos que lo saborearían como yo. Y me he despertado con las canciones de mr. E. No he ido al gimnasio y lo he hecho sabiendo que me gusta quebrantar mis propias normas más que nada en el mundo.
   Como la crítica se quedó colgando-como ropa tendida en otras azoteas-  he pensado reconvertirla en una lista de deseos para que, cuando Vega crezca esta ciudad se haya convertido en una casita en el árbol. Una casita sobre el ficus de Mariagustina (norodesaixina) que espero esté libre ya de la plaga de estorninos. Así que, cierro los ojos, hincho mis pulmones de ambientador de jazmín de zara home y como si rezara, casi de rodillas, digo:

1. Sería fantástico que hubiera algún cine dentro de Castellón. Uno al menos, con un par de salas o tres:
  -Una para las abuelas que quedan a merendar y ver una película amable, que yo sufro por ellas si tienen que desplazarse todos los domingos al puerto para ver "El discurso del rey". ¿Quién coge el coche, la que tiene menos dioptrías? O peor aún, cuando tienen que llegar hasta la salida de la autopista y llenar el bolso de palomitas o de bragas de algodón egipcio en el Primark porque solo allí encuentran veintisiete salas enmoquetadas (allí es en el centro comercial) ¿qué hacen?¿Sobornan a sus nietas prometiéndoles barra libre en H&M?¿Hipnotizan a sus yernos hablándoles del sillón masajeador? ¡No por favor! No a las abuelas poligoneras que hacen botellones de "Agua del Carmen" antes de entrar a doparse con las películas que les recomiendan los de intereconomía. Devolvámosles la dignidad: un cine Rex, Goya o Savoy- uno clásico, con acomodador y todo- en el centro, para que vuelvan a traficar con caramelos de anis mientras aplauden el Movierecord. Por favor.
 - Otra para películas en v.o. Y no películas imposibles, de esas de filmoteca y gafipastis, que también son cojonudas, no, para cualquier película en otro idioma. Una sala en v.o a la que pueda ir cualquiera. Para que los de Castellón conozcamos la voz de Colin Farrell, Kristen Durst, Emma Thompson o Bruce Willis por citar algunos ejemplos. Para que dejemos de desconfiar de los subtítulos y seamos multitasking, es decir capaces de mirar la pantalla sin concentrarnos en la lectura casi en voz alta de las letritas blancas de abajo. Difundamos la palabra, eso es.
- La tercera para cine español. Solo. Que como no tenemos grandes distribuidoras aquí nos quedamos sin ver la película de Jonás Trueba- la pusieron un fin de semana en el cine de Benicàssim- y sin cultura patria no podemos ni bloggear, ni tomar cañas a gusto, ni enamorarnos de Unax Ugalde, ni poner a caldo a Pérez Reverte por pirata, cosas absolutamente necesarias para que crezcamos en ciudadanía. Que solo se eternizan aquí las que ganan once goyas y claro, luego...¿cómo podemos seguir el resto de la gala los de esta provincia?
Así que un cine para Castellón, por favor, reposición de clásicos, algún documental...vayan picando.

2. Podría ser interesante que en el centro de la ciudad- no he ampliado el campo de estudio a los barrios, circunvalaciones y campamentos dormitorio- hubiera más de dos tiendas de discos. Sé como está el tema de las descargas y lo poco que se vende, pero cada vez q voy a la Fnac me pregunto por qué en Castellón la gente no compra discos o si lo hace por qué son todos los de Bisbal, Tamara la mala (la de los boleros) y recopilaciones.
Es absolutamente naïf y nostálgico acercarse a Medicinales para buscar un disco que te gusta. El dueño de la tienda, Miguel Ángel Villanueva, era el cantante de Los Auténticos y después del grupo Los Brujos y por eso ya tiene de entrada toda mi admiración y la del resto del censo. Pero es un tipo bastante peculiar y, en confianza, a mí me da pavor.No es que me haya tratado mal, ni me haya dicho nada pero siempre que he entrado en la tienda he tenido la sensación que si no era un entendido-entendidísimo consumidor de música, de esos que compraban los elepés antes por correo y bajo pedido a la revista Tipo, él nunca iba a acercarse a uno solo de los estantes donde aguardaban los vinilos para mirar si entre ellos estaba el mío.
Y qué decir de la otra tienda mítica de Castellón, discos Ritmo, que casi he reformado yo que era de las últimas ingénuas que se gastaba la paga semanal y los ahorros de Navidades en cedés. El otro día fuí buscando un disco de "Amigos imaginarios" y encontré a su dueño enjaulado entre mochilas de Barbie, princesas Disney y Bob Esponja. Casi se me saltan las lágrimas- ¿dónde hemos llegado pordiosss?- y con un nudo en la garganta le pregunté por "El maestro de Houdini". Me miró como si le hablara de una maqueta de una banda finlandesa ganadora del concurso de composiciones para aurora boreal. Mientras él tecleaba en el ordenador yo me puse a mirar entre las celdas de madera, las vitrinas donde lucen primorosamente colocados los grandes éxitos de Ramoncín. Busqué en poprockespañol, letras A, I, S y C(de Santi Campos, por si acaso) mientras él seguía rastreando la pista de mi pedido en su computador. La tensión se podía cortar, como en las últimas escenas de "Juegos de guerra". Al final nos miramos él y yo: con cara de decepción él, de periquito yo.
 - "Nada. No sale ni la discográfica, pero te lo puedo buscar" .
 - "Rock Indiana, creo..."- gorgojeé yo, presa de remordimientos. Quería equivocarme, equivocarme para no hundir al de Ritmo que tantas alegrías musicales me ha proporcionado (aunque caras, eso sí, que los discos llegaron a estar a dos mil setecientas, joder y eso ni el Corte Inglés con caja regalo). Pese a que se hubiera llevado parte de mi fortuna él era mi dealer y yo, por eso, le respetaba. Sin embargo, el lunes por la tarde, al verlo rodeado de mochilas y trolleys de Dora la exploradora, Patito y Spiderman supe que nos estábamos ahogando. Los dos: él y yo. Por eso, solo a modo de ventana, para que entre un poco de aire fresco, Miguel Ángel Villanueva sonría, el de Ritmo salde su colección de nuevo flamenco y los adolescentes le hagan boicot a Spotify premium, subvencionen las pequeñas empresas de venta de discos. Bandasonorícenos.
Yeah!!!

3.Que en la feria del libro se hable de eso, de libros. Es difícil explicar el concepto sin caer en lo obvio. No todo lo que se escribe, edita, publica y se vende en el carrefour es literatura. No. A veces los envoltorios tienen un formato parecido, los mismos colores, hasta letras incluso, pero no, la gran mayoría no son literatura. Sí, ya sé que es terrible y que es un fraude feísimo, pero existe un pequeño universo más allá de la autoayuda, cómo adelgazar haciendo el pino puente, los monólogos del club de la comedia, las novelas chisposas de Nuria Roca y tantas otras cosas. La vida del parany también puede tener su punto, se nombran muchas especies animales y se adquieren conceptos de botánica al entrar en su universo, pero desgraciadamente el concurso de reclamo aún no se puede comparar a "Luna de lobos" y ya sé que León queda muy lejos, pero tiene su catedral- un poco  más vieja que la nuestra, eso sí- por lo que añadamos otra razón para acercarse  a la novela de Julio Llamazares de vez en cuando, además de su honestidad, su historia y su prólogo (el de la última edición de Catedra es fantástico).
 Literatura. ¿Hablábamos de eso?¿Era feria del libro, no? Pues miren, que a las siete de la tarde un lunes de estreno se hable de "Ayurveda" y otras terapias puede parecer, con mucho cariño, pintoresco, pero oigan, yo no pido que en la feria del azulejo se interrumpa la actividad para celebrar los nuevos diseños de Loubotin en calzado, ¿no? Pues lo mismo. Sí, lo sé: el saber no ocupa lugar, está claro, pero podríamos dejar los calzoncillos en el cajón o en la lavadora y no en la nevera, entre el jamón de york y las bolsas de diferentes lechugas.


4. No voy a hablar de librerías, eso me lo guardo para mí, por si acaso. Tampoco voy a hablar de Castellón cultural, ni de la Ciudad de las lenguas (en la que el idioma oficial es el silencio, básicamente porque no existe más que en intenciones y ..¿sueldos?) ni del Espai d'art- toso, toso de manera muyyy afectada- ni de la noche blanca que se nos avecina, ni de la política cultural del ayuntamiento, ni de lo carísimos que son los conciertos en el Auditorio, ni de ese Teatro principal que se nos muere de tristeza trescientos sesenta días al año y solo resucita con el Tanned tin, porque ya solo levanta su telón para producciones de Moncho Borrajo y las Leandras. No voy a hablar porque son elecciones y bastante tenemos en los telediarios para amargarle a Vega su primera mañana con este rollo. Cuando ella tenga diecisiete años, seguro que Castellón habrá perdido su estigma "Donde nunca pasa nada" y que se recordará este momento como un cambio, pequeño, pero cambio.

Veinticinco grados, sunshinning, "La estrella" de fondo. Jazmín en los pulmones. Primavera recién estrenada para una pelirroja. 

martes, 10 de mayo de 2011

E para el alma

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De noche pasan muy cerca
helicópteros,
velad por mí,
(¿velar por mí?)
y luego
que se desvanezcan.

Novocaína: Procaína administrada como clorhidrato, de nombre comercial novocaína. La procaína es un polvo cristalino blanco (nombre comercial Ethocaine) que se administra cerca de los nervios como un anestésico local en odontología y medicina.

"Una de las cosas que debo mencionar es que de niño se me hizo muy cuesta arriba darme cuenta de que los objetos inanimados no tenían sentimientos ni eran capaces de pensar. Era algo a lo que daba vueltas constantemente , pero no era capaz de entender que elarmarito del baño, por ejemplo, no tenía sentimientos, y que desde luego no estaba pensando nada en ese momento.Intentaba imaginarlos como simples piezas de madera o metal, pero no acababa de tener sentido. Me acuerdo de estar al borde de las lágrimas, de pie en el baño, mientras mi madre intentaba hacerme comprender que no iba a hacerle daño al armarito del baño si lo cerraba con demasiado ímpetu. Yo consideraba al armarito uno de mis muchos amigos. Quizá lo que me confundía es que identificaba a mi padre con un mueble. Superé esa fase más o menos hacia la época en la que me desperté una noche y vi que mi madre salía de puntillas de mi habitación después de haberme dejado debajo de la almohada los cincuenta centavos del ratoncito Pérez."

"Cosas que los nietos deberían saber", Mark Oliver Everett.

domingo, 8 de mayo de 2011

Beso, atrevimiento y acción.

 Descubrimientos como este hacen que me reconcilie con mi ciudad. El disco del mes, sin duda, es cualquiera de este chico- Santi Campos- y su grupo, Amigos Imaginarios. Actúan el veintiuno en la sala el Loco (Valencia) y el diecisiete en la sala Sol (Madrid). Como mi mundo va siempre al revés, yo, que iría a cualquiera de los dos conciertos, estaré el diecisiete en Castellón y el veintiuno en Madrid. Atrapada en la rutina primero,  perdida en Malasaña, después.
El viernes Santi Campos actuó junto a su anterior banda, Malconsejo, en uno de los acontecimientos músico sentimentales del año: la presentación del disco-libro "Historia de la música pop en Castellón". Y el auditorio fue una fiesta: exitazo, no quedan entradas, bolsa festivalera color navelate/clemenules y nostalgia, sobredosis de nostalgia. Noche remember, revival, facebook o guateque de los ochenta: todo a una. Vaqueros, camisetas del Ricoamor y mucho pasillo del instituto. Imágenes que vuelven al pedir un vodka con limón, quemadas como las películas antiguas sobre la pared. Lugares tan comunes que se desgastan:  la puerta de Madeira, las tardes en Piropo o el amanecer a la salida de Saxo. Caras conocidas, más arrugas, menos pelo, los mismos grupos. Yo que fuí una adolescente invisible sigo sin estar allí: ni abrazo, ni me sorprendo ni echo la vista atrás con la lágrima en el rabillo del ojo. A mí me gusta más este momento, aunque a veces la realidad nos plante cara. Yo soy más de la calle Vera ahora que hace veinte años, cuando solo me acercaba al callejón de las tascas para que me cambiaran la suela de las botas en el zapatero. Pero sí, la noche del viernes fue un cruce de tiempos y la selección de canciones del disco es estupenda. Ahí sí que me ha dado un ataque de emoción. Había perdido algunos recuerdos atados a muchas de ellas.
  Me reconcilio con mi ciudad cada atardecer mientras vuelvo a casa. Mi calle huele a bocadillo de tortilla, a sartén en el fuego, bandeja y telediario. Yo no gasto de eso, así que me gusta despedir el día, ahora que ha llegado el buen tiempo, con una cerveza fresquita en la terraza, sin tacones ni medias rotas por el frío. Ultimamente le dedico tanto tiempo a mi horticultura de salón que parece que compita en ecopatios y balcones nazaríes. Me paso los ratos muertos aplaudiendo los progresos de mi rosal Katemiddleton- de un  fresa anaranjado imposible, entre la aurora boreal y las camisetas surferas de los ochenta- y pensando como crear el ambiente acequia en el lado nordeste de la casa. Apenas leo: acumulo libros a medias. Marías y Bolaño, Mankell y Giralt Torrent me esperan en la mesilla de noche, pero no, no me dejo seducir. No estoy fácil esta primavera, qué horror.
  Madrugo a rachas, pero madrugo. Hay días en los que me despierto en la elíptica, subiendo al Fuji a ritmo de "Video Killed the radio star" y concluyo que los martes son una pesadilla. Hay otros en los que se me amontonan las ganas de cambiar: cambiar la casa, cambiar el blog, cambiar los muebles de sitio, cambiar de semana, cambiar de nombre, de personaje, de ciudad...pero cae la tarde, la luz se vuelve acogedora y fresca, el barrio huele a tortilla y descubro que mi ciudad tiene cosas como esta, canciones que hacen que me vuelva a emocionar. Así que deshago la maleta y me quedo vagando por las azoteas, entre la ropa tendida al sol.
  Entre las tres opciones siempre elegí beso. Nunca atrevimiento ni acción.

domingo, 1 de mayo de 2011

Carmesí entre campos de lavanda.

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Un cliente con conversación.
Yo, si fuera puta- y no quiero ser frívola- sería lo primero que pediría: un cliente con buena conversación. Un hombre apasionado sin extralimitarse; tierno, sin tener las manos de flan; decidido, sin caer en la arrogancia; dulce, sin parecerme baboso, o resbaladizo; torpe sin tacharlo de inútil;  honesto, en la medida que no me regateara sus miedo, eso sí, capaz de asumir sus contradicciones. Yo, si fuera puta-y no quiero caer en los tópicos- lo último que pediría es enamorarme. De ahí que prefiera, según la temporada, asegurarme de incendios.
    La llama se prende en una escena del primer capítulo de "The Crimson petal and the White": Sugar y William se encuentran en un local de los barrios más pestilentes del Londres victoriano. A él le sobrepasa su vida, a ella le mantiene despierta la rabia. Velas, borrachos y el mismo sabor agrio de la desesperación en los labios de los dos. Una mesa. Un comentario absurdo de él sobre un escritor  provoca una respuesta más inteligente de ella. De repente  se produce ese click: los dos se escuchan al borde del encantamiento. Ella es prostituta y traduce sus miedos en reservas, él es rico y pusilánime, jamás podrá cambiar su condición.Los dos escriben:él sin norte, con más vanidad que destino; ella por pura supervivencia, porque no tiene sitio en su personaje. Los dos huyen de algo, los dos están atrapados en un callejón sin salida.
     Locura, campos de lavanda, miriñaques, tuberculosis, cuentos infantiles y poemas de Shakespeare entrelazan su historia. Una dirección artística sobresaliente (a veces recuerda a Tim Burton), música de contrarios que hipnotiza (un organillo o un piano, el viento presente en los espacios vacíos, melodías de bañeras) escenas de sexo sin satén, necesarias y explícitas, de esas a las que no se les puede encontrar un "pero" y actores que son el personaje. La palidez de los labios de Sugar está cargada de tanta humanidad que atrapa a cualquiera, de ahí que cuatro capítulos sean insuficientes, que termines la producción con ganas de acudir al libro y seguir a Romola Garai por toda Inglaterra.
   Fuegos artificiales o eternos en la pantalla del televisor. Debería pasarnos algo así más de una vez en la vida: deberíamos poder sentarnos en esa casa de alterne victoriano para borrar lo que nos rodea y ser una puta con su cliente. Que a partir de ahí solo importara aquello que el otro nos dice con la mirada. Que fueran las palabras de quien tenemos sentado frente a nosotros las que nos dieran fuerza, tacharan el día del calendario, las miserias de la rutina o el barro de las botas. Deberíamos arriesgarnos a caer en nuestras contradicciones al menos una sola vez y despertarnos en una cama temida para saber que no pasa nada, que los campos de lavanda siguen floreciendo.
   Que son nuestras contradicciones las que demuestran que hemos existido.